5.-Disculpas

Eran las tres de la mañana cuando Mycroft llego a su hogar. Guardo su abrigo y paraguas en el armario cerca de la puerta y dejo salir un suspiro de cansancio. Hoy, o mejor dicho ayer Johanna cumplía diecisiete años, y él le había prometido hacer todo lo posible por salir antes del trabajo para poder asistir a la pequeña fiesta que se realizaría en el 221B (idea de la Sra. Hudson). Lamentablemente, la suerte no parecía querer estar de su parte, y apenas puso un pie en su oficina se vio rodeado de papeles, políticos de bajo rango y mandatarios extranjeros amenazando con causar más problemas de los normales. Para cuando tuvo tiempo de ver la hora, la fiesta ya había terminado y no se atrevió a llamar a Johanna para pedir perdón por su ausencia.

Sintiendo como la culpa lo abrumaba, subió a paso lento las escaleras, dirigiéndose a la habitación de su hija. Abrió la puerta con cuidado de no hacer ruido y entro.

Johanna estaba profundamente dormida, con el edredón tapándola hasta las orejas y una pequeña pila de regalos junto a la cama. La observo por unos minutos."Ni siquiera le dije feliz cumpleaños", pensó.

Cuando iba a retirarse a su habitación, escucho una voz adormilada hablarle.

-¿Papá?

-Hola- le contesto Mycroft, dándose la vuelta y sentándose en la cama- no quería despertarte.

-No importa- le dijo Johanna mientras se frotaba los ojos y se enderezaba- en realidad no me había dormido hace mucho, estaba esperándote.

La última frase hizo que el político volviera a sentir una punzada de culpa en su pecho-hija, yo-

-No es necesario que te disculpes- interrumpió con voz firme la adolescente-se que tienes un trabajo difícil y que no siempre vas a poder cumplir con compromisos como fiestas y esas cosas. Además- dudo ligeramente antes de seguir hablando- si te soy sincera, tampoco esperaba que llegaras a la fiesta.

Mycroft sintió que le daban un golpe en la cara al escuchar a Johanna. Su hija ni siquiera esperaba su compañía durante su cumpleaños.

-¡No me malinterpretes!- exclamo rápidamente al ver la mirada de dolor de su padre- no es que no quisiera que fueras, todo lo contrario, pero tampoco quiero que dejes tirado tu trabajo por mí. En el futuro abran muchos cumpleaños, esos podemos pasarlos juntos.

Antes de que pudiera agregar algo mas, se vio envuelta en un fuerte abrazo que no le quedo otra que corresponder.

-Aun así lo siento mucho- dijo Mycroft en voz baja, después de pasar unos momentos en silencio, orgulloso y sorprendido por la madurez de su hija- te prometo que lo compensare, esto no volverá a pasar.

Johanna quería decirle que no era necesario, pero al captar el tono decidido de su padre supo de inmediato que sería un caso perdido.

Estuvieron unos minutos más abrazados, hasta que decidieron que lo mejor era irse a dormir. Con una última disculpa y un buenas noches de Mycroft este se retiro a su habitación a descansar. Unos minutos después los dos estaban profundamente dormidos.