N/A: En este capítulo no hay canción para Little Love o Big Rock, pero os aconsejo que escucheis Womanizer de Britney Spears para acompañar el capítulo.
Gracias por vuestras recomendaciones, intentaré incluir las canciones que me habeis pedido en el fic, pero no prometo nada...
CAPÍTULO 3: WOMANIZER
Kurt se despertó con un fuerte dolor de cabeza. ¿Dónde estaba? Desde luego que esa no era su cama. Se dio cuenta de que no llevaba pijama o su ropa, estaba en calzoncillos y camiseta interior. Él nunca dormiría en un sitio que no conoce con apenas ropa. Se dio media vuelta y se encontró con un chico moreno que estaba tapado pero que se veía que tenía el torso desnudo. No podía ser... El castaño gritó con todas sus fuerzas, de manera muy aguda y prolongada. El chico que estaba a su lado se cayó de la cama por el susto y unos segundos después entraron dos jóvenes, uno rubio y otro castaño, ambos de ojos verdes.
– ¿Qué ha pasado? – Preguntó Sebastian.
– Ayer me emborraché y él se aprovechó para acostarse conmigo sin mi consentimiento. – El ojiazul dijo esto mientras señalaba a un aturdido Blaine que se había sentado en el suelo y lo miraba con los ojos abiertos, mostrando su asombro.
– Lo sabía. – Evans se exasperó. – Era cuestión de tiempo que ésto pasara.
– ¿Qué? – El moreno susurró.
– Sam tiene razón. Siempre te empeñas en acostarte con cualquiera y nunca tienes en cuenta lo que el otro puede llegar a sentir. – Smythe comentó.
– ¿Tenéis las llaves de mi casa? – El más bajo preguntó mientras se levantaba y sus amigos las sacaron de sus bolsillos. El ojimiel se las quitó. – Yo ahora me voy a dar una ducha. Cuando salga no quiero ver a ninguno de los dos en mi casa, ¿queda claro?. – El tono que utilizó demostraba su enfado. Se volvió hacia el ojiazul y suavizó su voz. – Kurt, si no te importa, me gustaría hablar contigo antes de que te vayas. ¿Podrías quedarte? Te preparo el desayuno y te doy las explicaciones que estoy seguro que deseas conocer.
El castaño asintió más relajado al darse cuenta de que Anderson llevaba unos pantalones de pijama. El más bajo sacó de su armario unos calzoncillos, unos pantalones vaqueros y una camiseta negra y desapareció por una puerta que quedaba a la izquierda de la cama.
– Creo que se ha enfadado con vosotros. – Dijo Hummel para romper el silencio que se había formado en la habitación. El rubio se encogió de hombros, conocía a su mejor amigo y pensaba que en un rato, cuando se le pasase la resaca volvería a ser el mismo loco de siempre. El otro simplemente sonrió.
– Sam... ¿Veinte pavos a que esta tarde en el estudio de grabación está normal con nosotros?
– Yo creo que comeremos con él como si nada. ¿Aceptas la apuesta?
– Hecho.
Ambos se estrecharon la mano, para sorpresa del ojiazul que aun se encontraba en la cama. El otro castaño se acercó al armario de su amigo y sacó unos pantalones deportivos que llegaban por debajo de la rodilla y una camiseta gris sencilla. Se la entregó a Kurt.
– No le importará que te lo pongas. Es su ropa de boxeo vieja. La renovó hace poco y la guardó por si la necesita. Una de las peculiaridades de Blaine es que guarda todo, le cuesta tirar cosas. Siempre les encuentra utilidad.
– Gracias. – Dijo Kurt mientras se la ponía.
– Ya he salido de la ducha y estoy escuchando voces que no debería oír. – El moreno gritó desde el baño.
Los dos ojiverdes sonrieron hacia Hummel, le guiñaron un ojo y se despidieron de él con la mano.
Poco después salió el menor. Llevaba el pelo húmedo y estaba vestido, aunque no llevaba ni zapatillas ni calcetines.
– Veo que los chicos te han prestado algo de mi ropa. – Comentó el ojimiel al ver al más alto.
– ¿Algún problema? Dijeron que no te importaría. – Se excusó el castaño.
– No te preocupes, es sólo que yo te hubiera dado otra cosa. No sé, eso es viejo y no creo que sea algo que deberías llevar, la verdad.
– Bueno... No creo que vaya a hacer una sesión de fotos para Vogue con esta ropa, pero para un desayuno con un "semi" desconocido es perfecta. – La ironía en la voz del mayor era notable y más cuando hizo el gesto de comillas al decir la palabra semi.
– Vamos, eres Kurt Hummel, líder de Little Love y yo soy Blaine Anderson, líder de Big Rock. Dejemos de fingir que no sabemos nada del otro, es estúpido. Ven a la cocina, voy a preparar el desayuno... – Para sorpresa del más alto, el otro sacó el móvil y llamó a un restaurante para pedir que les llevaran todo.
– ¿No has dicho que prepararías el desayuno? – Interrogó el mayor.
– Claro, alguien lo tendrá que poner en los platos y llevarlo a la mesa.
Los dos comenzaron a reír. No sabían por qué, pero se sentían bien con el otro. Era una sensación rara, aunque no mala.
Más tarde, los dos estaban sentados comiendo. Sobre la mesa, croissants, tortitas, zumo de naranja natural, macedonia de frutas, cereales, café... Y unas pastillas para el dolor de cabeza del castaño.
– ¿Me quieres contar lo que pasó ayer? Por más que lo intento no consigo recordarlo y me siento mal por ello. – Pidió el ojiazul.
– No te sientas mal. Es más, si lo recordaras me sorprendería, porque en ese caso habría cometido un gran error.
– ¿De qué hablas?
– Eres de Nueva York, ¿Verdad?
– Si, pero no me cambies de tema.
– ¿Has oído hablar de la droga del violador?
– ¿Qué? – El mayor se quedó pálido.
– La utilizan mucho aquí, al menos en los círculos por los que yo me muevo y ayer tú estabas ahí. Es una droga que anula tu voluntad, cualquiera es capaz de hacer contigo lo que desee sin que tú opongas resistencia. Generalmente la usan los violadores para que les resulte más fácil agredir a sus víctimas. Es incolora e inolora, por lo que es fácil ponerla en una copa sin que nadie lo note...
– ¿Crees que...? – Preguntó un hilo de voz.
– Cuando yo te vi, estabas hablando con uno de los chicos que dicen que la utiliza. Yo lo conozco porque me acosté con él. No sé si utilizó la droga o no. Puede ser que no me acuerde porque creo que esa noche tome algo de coca... – El menor entrecerró los ojos como si quisiera hacer que volvieran a su memoria las imágenes de aquella noche. – Es igual. La cosa es que quise advertirte y me acerqué a vosotros. Por lo poco que sé de ti no eres del tipo de chicos que se acuesta con un desconocido y no sabía que otro motivo tendría Chandler para hablar contigo. Te dije al oído lo de la droga pero parecías no razonar, así que intenté proponerte cosas a las que nadie en su sano juicio accedería y tú estabas dispuesto a hacerlo. Ahí sospeché que te había drogado.
– ¿Qué más pasó?
– Le dije que estabas con Sebastian, que eras su novio y que me había mandado a buscarte. Parecía frustrado, lo que confirmó que le había estropeado sus planes. Te saqué del local y fui a buscar un taxi, te quería acompañar a donde te alojas. Para cuando te senté en el coche, ya te habías dormido y no pude preguntarte tu dirección. Cogí tu móvil y comencé a llamar a algunos de tus contactos. A la tercera llamada que no me respondieron, tu teléfono se quedó sin batería y no sabía que hacer, así que te traje aquí. Mi intención era que durmieras en una de las habitaciones de invitados, pero estaban las dos ocupadas. Te llevé a mi habitación y entonces me di cuenta de que no podías dormir con ropa, esos pantalones que llevabas no debían dejar que la sangre llegara a tus pies.
– ¿Estás insinuando que eran muy ajustados?
– ¿Sabes lo que me costó quitártelos?
Los dos rieron. Para Kurt, Blaine había sido su salvador. En ese momento entendió que no había hecho nada con él, simplemente le había protegido. No debía juzgar a las personas antes de conocerlas. El chico que tenía delante era alguien sensible, amistoso y generoso. Podía haberlo dejado allí con ese impresentable, pero se preocupó con él. A pesar de su imagen y de la fama de "chico fácil" que tenía, era alguien que merecía la pena conocer.
– Ok, lo reconozco. Me gusta la ropa a la moda y los pantalones ajustados son casi como mi seña de identidad. – Dijo el ojiazul para intentar seguir con la conversación.
– Intenté dormir en el sillón, pero es muy incómodo. La verdad es que me debato entre cambiarlo o castigar a Sebby y Sammy a dormir ahí.
– Lo siento. – Se disculpó el castaño.
– ¿Qué sientes? – Se extrañó el moreno acompañando sus palabras con un gesto bastante exagerado.
– Haber hecho que tus amigos pensaran que eres un insensible y que te enfadaras con ellos por mi culpa.
– La culpa es suya. Debieron esperar a ver que tenía que decir sobre lo ocurrido anoche. Se supone que son mis amigos, se supone que me conocen. Nunca he hecho nada para dañar a los demás. Es cierto que en mi cama han estado muchos hombres, pero siempre voluntariamente. Nunca he engañado a nadie, ni me he aprovechado. Si alguien me dice que no quiere nada conmigo, me busco a otro.
– Pero ellos me escucharon gritar y vieron lo que...
– Para. No sigas porque no tienen excusa. Para empezar, tú tenías algo de ropa. Es cierto que poco, pero algo. Yo llevaba el pantalón del pijama. Cuando vienen a despertarme y estoy con uno de mis amantes, los dos estamos desnudos. Después de acabar, lo único que me apetece es dormir. Ni siquiera me pongo los calzoncillos. Ellos normalmente tampoco se visten. Además, debieron confiar en mí. ¿No tienes tú algún amigo al que le confiarías tu vida? ¿Alguien con quién sabes que nunca serás juzgado? ¿Alguien que estará a tu lado pase lo que pase? – El mayor asintió pensando en Mercedes y Elliot. – Para mí ellos son eso. O al menos lo eran...
– No seas duro con ellos.
– No creo que pueda, pero se merecen un escarmiento.
– ¿Tienes preferencia por alguno?
– ¿A qué viene esa pregunta?
– Han hecho una apuesta sobre cuando los vas a perdonar.
– ¿A sí?
– Sí, según el rubio... ¿Sam? – El moreno asintió. – Para la hora de comer. Según Sebastian para la grabación de esta tarde.
– Según yo para mañana. – El menor le guiñó un ojo.
Los dos volvieron a reír. Terminaron su desayuno y el más bajo se ofreció a llevarlo en su coche hasta el hotel donde se alojaba. Mientras conducía, el más bajo empezó una conversación.
– ¿Qué haces en Los Ángeles? – Quiso saber el ojimiel.
– Nuestro productor quería que cambiáramos de ciudad para vivir nuevas experiencias para que nos influya en nuestra música. Ya sabes, nueva inspiración.
– Lo entiendo, aunque en mi caso busco un nuevo chico con el que acostarme.
Volvieron a reír. Kurt no se podía creer que ese chico fuera tan divertido, amable y simpático con él, después de todos los problemas que le había causado. Llegaron al lugar donde se alojaba el castaño y se despidieron. Antes de salir, Hummel le dio un beso en la mejilla en agradecimiento y se fue directo a su habitación. Una vez allí cargó su teléfono para llamar a Elliot y Mercedes, le debían algunas explicaciones de lo ocurrido la noche anterior.
