N/A: La canción de este capítulo es The First Time Ever I Saw Your Face de Roberta Flack, aunque también existe una versión en Glee. No importa cual escucheis, lo importante es que entendáis un poco la letra.
CAPÍTULO 7: THE FIRST TIME EVER I SAW YOUR FACE
El día del "comienzo" de su relación había llegado y los managers de los dos grupos habían preparado todo para su gran momento. Todo empezaba en una playa de Los Angeles. Ambos debían pasar unas horas allí como si estuvieran coqueteando. Los planes establecían proximidad entre ellos pero no besos. En ese lugar todavía eran sólo amigos. Luego irían a casa de Blaine para estar a solas. Después irían a un restaurante y, de manera espontánea, Kurt le daría un beso mientras paseaban tras la cena. Ese beso sería el "comienzo" de su relación. Debían mostrarse sorprendidos y nerviosos e incluso debían hablar como si realmente estuvieran enamorados y acabaran de darse su primer beso. Sólo por si alguien los escuchaba.
Por esa razón, los dos se encontraban acomodándose en un hueco en la playa. Anderson llevaba un bañador negro, una camiseta sin mangas negra y sus inseparables gafas de sol negras. Por su parte, Hummel llevaba un bañador rosa y blanco, una camiseta azul cielo y gafas de sol con montura rosa. Pusieron sus toallas en la arena y se quitaron las camisetas. El castaño sacó una sombrilla para tener algo de sombra, pero el moreno se la quitó para clavarla en el suelo y abrirla, haciendo que los dos estuvieran protegidos del sol. Se sentaron y el ojiazul sacó crema protectora, haciendo que el otro riera.
– ¿Algún problema? – Quiso saber el mayor.
– Estás a la sombra, no sé por qué necesitas eso. – Dijo divertido el ojimiel mientras se tumbaba.
– Mi piel es muy sensible y nunca se es suficientemente precavido con el cuidado de la piel. Tú deberías darte crema también.
– No.
El más alto no hizo caso y cuando terminó de aplicarse el protector se sentó sobre las caderas del menor y comenzó a esparcir crema por el pecho del otro. Blaine se dejó acariciar, aunque sabía que eso sería peligroso. Con el objetivo de llegar a los hombros del joven, Kurt se echó hacia adelante. El moreno se incorporó hasta que su boca estuvo a escasos centímetros de la oreja del castaño.
– Baby, creo que esa postura no es para mantenerla en público. No sé tú, pero yo no soy de piedra. Si no puedes acabar, será mejor que no lo empieces.
Ante estas palabras, el ojiazul se apartó de él como si quemara, provocando la risa del menor. El más alto se quedó observándolo. Ese era el Blaine que le gustaba a Hummel. Un chico divertido, sincero y sensual. Muy sensual. Alguien que le volvía loco, que en un momento se transformaba en otra persona. Alguien capaz de poner una sombrilla por él y al siguiente segundo hacer un comentario pervertido. El moreno se acercó y le dio un tierno beso en la mejilla. Los dos se sonrieron, muy juntos, con Kurt mirando hacia la toalla y su cara de un color rosado que al ojimiel le parecía adorable. Eso era algo que asustaba al menor. No estaba acostumbrado a ese tipo de situaciones.
El pasado de Anderson escondía muchas cosas que él quería olvidar. Una de ellas estaba en su mente en ese momento. Muchos hombre habían pasado por su cama, pero ninguno era como el chico que estaba frente a él. Si lo hubiera conocido tres años antes... Era todo lo que buscaba cuando era un adolescente; guapo, simpático, dulce, romántico, cariñoso, sensible... Alguien que debía estar lejos de un tipo como él. Por eso se apartó y miró al mar, en un intento de olvidarse de todo. Estaba tan inmerso en sus pensamientos que no se dio cuenta de que el castaño se acercaba a él y lo besaba en la boca. En un principio no siguió el beso, pero unos segundos después sus labios comenzaron a moverse.
Los dos estuvieron besándose durante mucho rato, dejándose llevar por lo que sus corazones, sus pieles, y sus cuerpos pedían. Y lo que querían, era hacer de esa unión algo eterno. Se separaron por la falta de aire y juntaron sus frentes. El ojiazul empujó dulcemente al moreno para que se tumbara boca arriba y él se acurrucó sobre él de lado, con un brazo de Blaine bajo él, su cabeza en el hombro del ojimiel y su mano dibujando círculos en el pecho del menor.
– Esto no estaba en el guión. – Susurró el más alto.
– No me importa, me gusta estar así contigo. Es la primera vez que nos tumbamos juntos estando los dos conscientes de nuestras acciones. – Aclaró Anderson.
– También es la primera vez que nos besamos. – Comentó el ojiazul.
– ¿Ha sido tu primer beso? – Quiso saber Blaine.
– Sí.
– Lo siento. – Se disculpó el moreno.
– ¿Por qué?
– Porque no tengo ningún derecho a ser tu primer beso. Porque todo ésto no es real. Porque ésto no es lo que querías ni lo que mereces.
– Te recuerdo que he sido yo el que te ha besado. – El mayor abrazó con fuerza al ojimiel. Se preocupaba por él y eso lo hacía sentirse especial.
El dedo del Hummel bajó por el vientre hasta llegar hasta el único tatuaje que llevaba visible el menor. Eran unas letras chinas en el lado derecho de sus caderas.
– ¿Qué significan? – Cuestionó el más alto.
– "Courage". Al menos eso me dijo el que me lo hizo.
– ¿Eres valiente?
– No, precisamente por eso me lo hice. Para recordarme a mí mismo que, pase lo que pase, no debo rendirme.
Así estuvieron un rato hasta que Kurt quiso meterse un rato al mar. Durante unos minutos estuvieron haciendo juegos propios de niños, como tirarse agua o sumergir al otro. Sin embargo, tras una batalla de agua, Blaine sujetó las caderas del castaño y lo acercó de manera que la espalda del mayor quedaba en su pecho mientras el otro volvía la cabeza para mirarlo. Tenerlo tan cerca, poder percibir su olor mezclado con el del mar y la manera en la que sus ojos azules brillaban al sol, haciéndolos de un azul más hermoso que el del propio océano... No lo pudo contener más y esta vez fue él quién dio el paso para el beso. El ojiazul no puso ninguna objeción, al contrario, con su lengua pidió acceso a la boca de Blaine, que abrió un poco la boca para permitirle la entrada. En el momento en que sus lenguas se tocaron, todo desapareció a su alrededor. No percibían ningún sentido que no fuera el tacto o el gusto. El más alto temblaba entre los brazos del ojimiel. Su estómago estaba invadido por un millón de mariposas que revoloteaban sin piedad. Su piel ardía, en parte por el calor y el sol, en parte por el cuerpo que estaba tras él. Se separaron por la falta de aire otra vez y el mayor se dio media vuelta de manera que quedaban abrazados, mirándose a los ojos. Pudo percibir un brillo en los ojos del más bajo que le indicaba que estaba conteniendo las lágrimas, pero sobre todo, percibía dolor. Había algo que hacía que el menor fuera así y él quería descubrirlo. Sin embargo, Anderson se separó de él y lo guió de vuelta a la arena. Se secaron con las toallas y se volvieron a sentar. Blaine se puso las gafas de sol rápidamente y se quedó sentado mirando al horizonte. Kurt, por su lado, se quedó mirando al moreno. Mejor dicho, se quedó mirando como una gota de agua caía desde los rizos del ojimiel hasta su hombro y luego comenzaba un camino hacia abajo. Durante unos segundos, deseó ser esa gota y tocar la piel del menor. Se había convertido en una necesidad. Tenía que dejar de pensar en esas cosas, además de que creía que el otro también necesitaba distraerse.
– ¿Siempre vas vestido de negro? – Preguntó deseoso de entablar una conversación que lo hiciera abandonar sus pensamientos.
– Sí. – Anderson se encogió de hombros
– Creo que deberías probar otras cosas.
– No creo que me queden bien otros colores.
Hummel le pasó sus gafas de sol, invitándole a que se las pusiera con un gesto. Con un gesto cansado, el menor se las puso, haciendo que su amigo se quedara sin respiración. Si eso no era la cosa más sexy del mundo, no entendía que podía serlo. Las gafas le quedaban mejor que al propio castaño y, unidas a sus rizos mojados y su torso desnudo, le daban un toque sensual y totalmente deseable. Mala idea para intentar cambiar sus pensamientos.
Kurt y Blaine llegaban al apartamento del moreno después del día de playa. El segundo lugar en el que debían estar. Se suponía que allí sería donde se harían pareja pero, una vez dentro, podían dejar de fingir. Ambos se dieron una ducha, el moreno en el baño de su habitación y el castaño en el general. Cuando salieron, el ojiazul pidió permiso para entrar a componer en el estudio del anfitrión. Cuando lo tuvo, se encerró ahí y comenzó a cantar.
– The First Time Ever I Saw Your Face –
Una lágrima cayó por su mejilla al terminar de cantar. El joven sabía que en esos días con Anderson había comenzado a sentir cosas. Todo lo que había pasado entre ellos los había unido de una manera especial. Tal vez sonara un poco loco pero creía que se había enamorado. ¿Era posible enamorarse en tan pocos días? No lo sabía, pero lo que sí sabía era que había puesto parte de su alma en la canción que acababa de cantar.
La primera vez que vio la cara de Blaine no se sintió tan bien, pero antes de terminar de desayunar con él se dio cuenta de que se había equivocado.
La primera vez que había besado al moreno le había servido para darse cuenta de sus sentimiento. Nunca había sentido algo así. Era cierto que nunca había besado a nadie antes, pero cada célula de su cuerpo reclamaba por volver a sentir los labios del menor. Sabía que tal vez no era lo mejor y que probablemente acabaría haciéndose daño, pero quería arriesgarse. Al menos intentar pasar más tiempo con el más bajo e intentar conquistarlo.
La primera vez que se había tumbado junto al ojimiel, había sentido que pertenecía allí. Que su lugar era esos brazos, que no había ningún lugar más donde pudiera ser feliz.
Se fue a buscar al otro chico y lo encontró viendo una película de acción. Se acurrucó junto a él, contento al notar que no lo apartaba. Ahí no había necesidad de fingir, eran ellos mismos. Se daban cariño, se acariciaban dulcemente y se miraban de manera disimulada y fugaz. Eran conscientes de que eso que hacían no era propio de amigos.
Cuando llegó la hora, se fueron al restaurante en el que habían hecho la reserva. A pesar de que debían interpretar su papel, Kurt notó que había pasado algo. Blaine estaba algo distante y serio. Se comportó exactamente como le habían indicado sus managers y no hizo ningún gesto espontáneo como había hecho el resto del día. Hummel sabía que pasaba algo y decidió que lo hablaría con el moreno cuando estuvieran a solas y lejos de los objetivos de las cámaras de los paparazzis. Sin embargo, esa oportunidad no se dio, ya que después de eso, el ojimiel lo dejó en el hotel y se fue a su casa.
Anderson decidió huir de allí, no podía estar más tiempo con el castaño. No podía fingir una relación, no era bueno para nadie. El ojiazul era un chico dulce e inocente y el menor se veía a sí mismo como un chico fácil y bruto. Dos polos opuestos, dos personas completamente diferentes... Pero a veces, los polos opuestos se atraen...
