Invasión.

El planeta tierra.

La Tierra es un planeta del Sistema Solar que gira alrededor de su estrella en la tercera órbita más interna. Es el más denso y el quinto mayor de los ocho planetas del Sistema Solar de la Galaxia Vial actea. También es el mayor de los cuatro terrestres.

Es el hogar de millones de especies, incluyendo los seres humanos y actualmente el único cuerpo astronómico donde se conoce la existencia de vida conocido por los seres humanos.

El 71% de la superficie está conformada por H2O. Encontrado casi perfecto para las condiciones de vida requeridas para los Duranes.

Invasión estimada en 12 horas duranianas. 4 días terrestres.

El planeta Duran es casi por completo agua. Contando con el 94% de su superficie llena de esta sustancia vital para los seres que lo habitan, las pequeñas porciones de tierra son aprovechadas al máximo para cultivar extrañas legumbres que ingieren los habitantes de dicho planeta.

El clima es caluroso, tropical, por lo que la mayoría de los Duranes, como se autodenominaban los seres, prefieren esconderse en ciudades submarinas protegidas por una coraza de metal indestructible que los resguarda de las creaturas bestiales que habitan debajo de la superficie.

El régimen de vida de los Duranes, es estrictamente controlado por los Superiores; seis de los más antiguos Duranes de toda la historia, que son remplazados por los descendientes que ellos creían convenientes para tomar su lugar una vez que ellos asciendan. El tiempo de acendimiento, o mortalidad, de los Duranes, es de 8 años; 3878 años terrestres.

Un día en Duran equivale a 8 días terrestres. Y Rex estaba harto de pasar tres horas duranianas de su existencia observando como discutían unos pelmazos que solamente perdían el tiempo. Quería irse de ese planeta cuanto antes, pero recordó lo que su jefe le había hecho la última vez que subió a la nave.

—No puedes regresar con información carente de sentido. Regresa ahí abajo y observa con cuidado como actúan esos seres —había dicho su superior antes de escupirle saliva en la cara y lanzarlo de nuevo hacia el patio trasero de la casa.

Veía la importancia de derrocar a esas personas que parloteaban cosas sin sentido, pues el mismo había sido el responsable de que se supiera cual importantes eran esos seres para que la invasión fuera exitosa. Pero aun así, creía que tratar de descubrir sus debilidades era una pérdida de tiempo valioso, pues se veían como humanos comunes. Y los humanos son débiles.

Miro de nuevo a todos y cada uno de ellos.

Según su investigación sobre la Tierra, las superficies que no son agua, están divididas en territorios que, a diferencia de las ciudades submarinas en su tierra natal, no son de un tamaño equitativo y tampoco estratégico, para que la población se sienta cómoda y tenga un estilo de vida saludable y satisfactoria. A esos territorios se le denominan países, y cada uno de ellos tiene cultura, lenguaje y costumbres diferentes; y a diferencia de Duran, que sus fechas son celebradas por toda la población, solamente unas pocas celebraciones son festejadas mundialmente.

Para él, que había crecido toda su vida en un mundo muy distinto a ese, le era casi imposible comprender como vivían los humanos sin matarse por tener ideales diferentes. Pero ese no era el caso, se auto recordó, solamente estaba ahí para darle las instrucciones de ataque a su jefe, para que la invasión fuera exitosa.

Solo un poco más.

Romano veía toda la escena con molestia, ¿Qué no podía su día volverse más patético de lo que, de por sí, ya era?

Estaban en la casa del italiano menor, pues su estúpido hermano había decidido tener una comida familiar de último momento y, desgraciadamente para ese pobre italiano, había invitado tanto como al bastardo de España, por considerarlo un hermano más, como a los estúpidos de los hermanos machos patatas.

Su estúpido hermano jugaba y reía, mientras pateaba un balón de soccer, tratando de anotarle un gol al macho patatas; mientras que el albino macho patatas y el bastardo de los tomates reían cocinando la cena. Claramente está por demás decir que él se había negado totalmente a aceptar que el de ojos rojos cocinara, ganándose un leve regaño sobre el respeto hacia la cocina de los demás por parte de España y su hermano (si decirle gentilmente que Gilbert cocinaba bien y debía darle una oportunidad se considerara regaño)

Al final, o desastroso final, había "cedido" a la petición del albino, dejando que este cocinase, después de insultarle y lanzarle una sartén en la cabeza.

Sí, la vida era una porquería que tendría que soportar hasta que ya no aguantase más y se suicidaría en la soledad de un sanitario público. Pero, ¿Qué más daba ya? Era inmortal, después de todo… y sinceramente dudaba ser tan valiente como para poder matarse así mismo.

—Oye, Romano—llamo España, mientras se asomaba por la ventana de la cocina— ¿No quieres venir a ayudarnos?

—Prefiero mil veces irme a comer estiércol y tomates podridos a ayudarles a hacer wurtz para almorzar ¡Tengo dignidad aún, bastardo!

Él no ayudaría a nadie a hacer una porquería de comida como esa. El español, derrotado, se alejó de la ventana, volviendo a cocinar la comida.

Trato de recordar el punto de color gris que sobrevolaba los campos de tomates de España, mientras se recargaba en un viejo árbol en el patio de su hermano, observando el cielo.

¿Qué era esa cosa? ¿Sería realmente un extraterrestre como los que el bastardo come hamburguesas siempre presumía de su existencia? ¿o solamente había sido su imaginación? ¿Tal vez había sido que le afecto el sol de esa mañana, cegándole la razón? ¿O se le estaba pegando la locura inglesa?

Realmente, no lo sabía… y tampoco estaba seguro de querer saberlo.

Alfred llego a su casa agotado. Después de la reunión de la ONU, la cual por costumbre resulto ser tan desastrosa como siempre era, llego a la conclusión de visitar a su "amigo" México, para presumir su grandioso taco. Pero claro, el país latino le había dicho que esas cosas no podrían considerarse tacos ni aunque los mexicanos pagaran por ellos. Ese latino si sabía cómo arruinar sus creaciones.

Por otro lado, al darse cuenta que su relación con el latino se había vuelto distorsionada por ese pequeño detalle, decidió volver a su casa para preguntarle a su jefe si necesitaba algo, y saber cómo iban las cosas en su grandioso país. Claro que no espero lo que pasó tiempo después de arribar a la Casa Blanca.

La secretaria de su jefe, literalmente, se le había echado encima en cuanto llego, atosigándole de deberes y sermones dignos de un Inglaterra molesto. O sí, porque ese cejón cuando se enojaba podía dar un discurso de seis horas sobre la cosa más común.

Al final, su viaje a la Casa Blanca había sido completamente inútil.

Se arrojó sobre su sofá, mientras aventaba sus botas por algún lugar de su casa, dispuesto a ver la televisión cómodamente en su hogar dulce hogar, cuando un pitido demasiado conocido para él se escucha por toda la casa, mientras que luces rojas salen desde las paredes cegándolo unos breves momentos.

Se levantó rápidamente del sofá, mientras se dirigía su ordenador privado en su oficina, pues solamente había dos explicaciones para esa alarma; a) Habían cancelado las próximas películas de The Avengers* o b) Los sensores habían detectado actividad alienígena.

Dudando enormemente de que algún día se vayan a cancelar las producciones de sus películas favoritas, decidió ir directamente al sistema contra Aliens que Tony, muy amablemente, le había ayudado a instalar después del ataque de los Nopera. Sonrío al darse cuenta de que no se equivocaba. El sensor había detectado la presencia de Ovni: Objeto Volador No Identificado. El cual había estado sobrevolando Europa y había dado un giro hacia el continente americano.

Localizo el punto rojo en el mapa mundial que pertenecía a ese Ovni, mientras sonreía de lado con superioridad. Ese ovni no invadiría la tierra, oh no, antes él se convertía en un amante de la moda, vestía un tutu rosado con alas de dinosaurio en la espalda y comía los Scones de Inglaterra. Un escalofrió le recorrió al pensar en lo último. Negó con la cabeza y volvió a fijar su vista en el mapa, dándose cuenta que el punto rojo… no estaba.

En el planeta Duran, una figura robusta y oscura sonrió con superioridad, mientras veía por una micro cámara a todas esas abominaciones que se llamaban a sí mismos "Naciones" hacían su rutina diaria, sin pensar siquiera en lo poco que les quedaba de vida. Rio perversamente al ver al americano golpear el teclado frustrado al no encontrar la nave a control remoto que envió para despistarlo. Ahora sabía quién sería su primera presa en ese juego retorcido que se había convertido encontrar un lugar favorable para él y su gente.

Miro de nuevo la cuenta regresiva.

Tiempo de invasión: 9 horas duranianas, tres días terrícolas.

Su sonrisa se volvió perversa, mostrando todos sus dientes afilados. ¿Qué pasaría si reducía el tiempo programado, solo un poco?

Nueva cuenta regresiva para el primer ataque, confirmada: 3 horas duranianas, 1 día terrestre.

Nini: Volví, yo de nuevo. ¡Hola! ¿Cómo están? Espero que bien, al igual que espero que les haya gustado este segundo capítulo. En el tercero, primer encuentro con los Duranes. Espero no tardarme tanto con el otro, pero mi cerebro estaba casi seco jejeje. Nos leemos luego.

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