N/A: La canción que acompaña el capítulo es I Want To Break Free de Queen


CAPÍTULO 15: I WANT TO BREAK FREE

Kurt y Blaine decidieron pasar un fin de semana fuera de Los Angeles y de la presión de los paparazzis. No se sentían cómodos ante la idea de que todo el mundo se enterara de donde iban o qué hacían. Y tampoco les apetecía estar todo el día en casa del moreno o en el hotel del mayor. Por eso, el ojimiel había preparado una escapada romántica como sorpresa para su novio. El castaño sabía que salían y que debía llevar bañador, pero no sabía el destino. El menor llegó al hotel y pudo ver como su novio se acercaba al coche. Llevaba unos vaqueros algo más amplios de lo habitual pero no demasiado, una camiseta blanca con un dibujo muy elegante de una mujer, un pañuelo rosa y unas gafas con la montura del mismo color. Se sentó en el asiento del copiloto, se puso el cinturón y guiñó un ojo mirando a su pareja para que arrancara.

– ¿Dónde vamos? – Quiso saber el ojiazul.

– Es una sorpresa. Me ha costado mucho encontrar algo así.

Salieron de Los Angeles y viajaban en dirección sur por la costa. El más alto se extrañó porque no le había dicho que llevara pasaporte y al sur de la ciudad quedaban pocos sitios en los que necesitara bañador.

Poco más de una hora había pasado cuando salió de la carretera principal y comenzó a recorrer un camino de tierra. Hummel estaba cada vez más intrigado. Necesitaba saber donde iban.

Llegaron a una pequeña cabaña a pie de playa, lejos de cualquier ciudad, lejos de todo. Kurt estaba totalmente asombrado y su cara lo reflejaba claramente. Blaine sonrió por la expresión del mayor.

– ¿Te gusta? – Preguntó el moreno cuando salieron del coche, mientras cerraba la puerta.

– Es perfecta. Nadie nos molestará aquí. – Comentó el ojiazul.

– Nadie. – El menor había llegado a él y lo sujetó por la cintura. El castaño le rodeó el cuello con sus brazos y lo besó dulcemente. Iba a ser un gran fin de semana.

Deshicieron la maleta y se fueron a dar el primer baño. Eso removió algo en su interior. Recordaban el día de playa que habían pasado hacía tiempo. Ese día ambos se habían dado cuenta de que lo que sentían por el otro era algo especial. Como aquel día, Blaine se encargó de poner la sombrilla y Kurt se aseguró de que ambos estuvieran protegidos del sol con suficiente crema. Ésta vez el moreno se dejó aplicar el protector sin quejarse y sin hacer ningún comentario insinuante.

Se tumbaron a descansar, abrazados, con el castaño encima de su novio y acariciando el pecho del otro mientras éste le tocaba el pelo.

– ¿Has pensado en el futuro? – Quiso saber el ojimiel.

– Sí y lo tengo claro. Estaré contigo. – Respondió el mayor.

– Me refiero a boda, niños... – Aclaró el más bajo.

– Si es contigo, quiero todo. ¿Y tú? – El ojiazul sonrió.

– No me juzgues, pero lo de la boda... No necesito que un papel diga que te amo, aunque si te hace feliz, lo haré... – El menor apretó más fuerte a su novio entre sus brazos.

– ¿Y niños?

– Me encantará tener a dos o tres mini-Kurts correteando por nuestra casa.

El más alto se incorporó y lo miró curioso. El líder de Big Rock se encogió de hombros, era lo que él se había imaginado y no temía reconocerlo.

– ¿Por qué no algún mini-Blaine? – Quiso saber el más alto.

– Porque quiero que sean tan perfectos como tú. Si se parecen a mí... Será desastroso.

El mayor lo besó dulcemente. Sentía tristeza al ver que su novio seguía considerándose tan poco valioso, pero él se encargaría de solucionar eso con amor y paciencia. No permitiría que eso siguiera así.

Esa noche, ambos se tumbaron en la cama. Iban a dormir juntos, como otras veces antes. Sin embargo, para Kurt no era como otras veces. Blaine se había encargado de preparar un fin de semana perfecto y creía que eso merecía una recompensa y él estaba decidido a dársela. Se acercó al moreno y comenzó a besarle el cuello. Lo mordía y succionaba para luego pasar la lengua después para aliviar la zona. El menor gemía por ese gesto y se dejaba amar por el castaño. Si se sentía preparado para ese paso, no iba a ser él quien lo apartara. Sin embargo, algo lo puso alerta. El ojiazul bajó las manos y sujetó con fuerza sus pantalones.

– Kurt... – El ojimiel suspiró. – Kurt... ¿Qué haces?

– Te quiero desnudo sobre mí haciéndome gemir. – Exclamó el mayor intentando sonar todo lo sensual posible. Anderson soltó un jadeo necesitado al sentir la excitación recorrerle todo el cuerpo. Pero no quería que la pasión lo cegara.

– Kurt, no. – El más bajo fue tajante.

– ¡¿Qué?! ¿Por qué no? ¿No me deseas? ¿No te gusto? ¿No te atraigo? ¿No te excito? – Hummel se separó y el líder de Big Rock se sentó frente a él.

– No es eso. Amor.. Eres lo que más amo. – Besó su mano. – Lo que más deseo. – Besó su cuello, provocando que el más alto cerrara los ojos. – Lo que más me atrae. – Susurró en su oído y besó su mejilla. – Y, sobre todo, lo que más me excita. – Lo besó en los labios con mucha ternura.

– Entonces... ¿Por qué no te quieres acostar conmigo? Es la segunda vez que me rechazas.

– ¿Te quieres acostar conmigo porque crees que estás preparado, me amas y quieres que sea yo quien sea tu primera vez? ¿O lo haces porque crees que es la recompensa que merezco por haberte preparado este fin de semana?

El castaño no respondió, sólo bajó la mirada para evitar la de su novio. Unos segundos después, se decidió a preguntar.

– ¿Cómo lo has sabido?

– Kurt... Hasta ayer no dejabas que mis manos bajaran de tu espalda ni por encima de la ropa. No hablar de darnos besos más íntimos que en la boca o en la mejilla. Al principió pensé que querías avanzar un poco con besos en el cuello pero veo que me equivoqué. Debí haber parado antes. Lo siento.

– He sido un estúpido. Siento haberte confundido. Me han gustado los besos, podemos repetir cuando quieras. – El ojiazul dijo con una sonrisa sincera.

– Antes de eso, quiero que me prometas que no vas a intentar volver a forzar o adelantar tu primera vez. Ya sea conmigo o con otro, quiero que me prometas que vas a estar completamente seguro antes de dar ese paso. – El moreno suplicó.

– Será contigo, que te quede claro. – El mayor lo señaló amenazante, aunque sólo consiguió que el ojimiel sonriera. – Y te lo prometo. La próxima vez que te pida que nos acostemos, será porque realmente estoy preparado.

El menor se tumbó boca arriba y abrió los brazos para que su novio se acomodara sobre él. Hummel lo hizo con una sonrisa inmensa. El más bajo lo amaba tanto que estaba dispuesto a esperar por él. Lo cuidaba y lo respetaba. Por eso se decidió a continuar besándole el cuello mientras acariciaba su pecho. Notaba lo excitado que estaba Anderson por el bulto en la entrepierna y eso le hizo sentirse poderoso.

– ¿Pue... Puedo acariciarte yo? – Preguntó tímido el líder de Big Rock.

– Claro... ¿Desde cuándo preguntas? – El newyorkino quiso saber extrañado mientras lo miraba.

– Me refiero a... Sin camiseta... Lo siento, no... No debí preguntar... Es una estupidez.

– No es ninguna estupidez. – El líder de Little Love lo besó. – Eso puedo hacerlo, en la playa no llevaba camiseta y no me sentí incómodo. – El joven se quitó la prenda y dejó que su novio lo acariciara. Sus toques eran suaves, casi como si temiera que se fuera a romper. Poco después volvió a tumbarse y siguieron besándose y acariciándose durante horas hasta que el sueño les venció y se quedaron dormidos.

Durante el resto del fin de semana, tomaron el sol, se bañaron en la playa, cocinaron juntos, se besaron, se acariciaron, cantaron, compusieron... Como lo que realmente eran, una pareja de enamorados.

Kurt y Blaine estaban en un local de moda disfrutando de su compañía y de la música del lugar. El resto de miembros de Little Love y Big Rock estaban allí, pero en la pista de baile mientras que la pareja estaba sentada en un sillón descansando. El castaño estaba sentado sobre las piernas de su novio riendo por algún comentario del moreno. La imagen era la de dos enamorados que disfrutaban de su compañía. Sin embargo, Nate apareció para fastidiarles el momento.

– Hola chicos. Blaine... ¿Podría hablar contigo a solas? – Quiso saber el más bajo.

– ¡No! – La respuesta del ojimiel fue tajante.

– Sólo será un minuto. Después puedes volver con Kurt.

– He dicho que no.

– Es urgente. – El pelirrojo insistió.

– ¿Qué parte del "no" no has entendido? – Anderson estaba muy enfadado.

– Necesito que me escuches.

– Sea lo que sea, dilo rápido y piérdete. – Hummel intervino para acabar con la incómoda interrupción mientras se sentaba en el sillón para ver mejor al más bajo.

– Quiero que sea algo entre Blaine y yo. – Nate pidió.

– No hay ni habrá nada entre tú y yo. Kurt puede escuchar cualquier cosa que yo deba escuchar. – El moreno miró a su ex con todo el odio que pudo reunir.

– Tú lo has querido... Supongo que querrás que sea directo... – El pelirrojo esperó al gesto afirmativo del ojimiel. – Tengo sida y deberías hacerte las pruebas.

El más bajo se marchó dejando a la pareja allí. Anderson se sintió algo mareado, la sangre se le había helado y sintió como si le costara respirar. Nunca había tomado precauciones en sus relaciones con su ex y parecía que pagaría las consecuencias. Lo que más le dolía era que su novio también las sufriría. Quiso levantarse pero sintió los brazos de Kurt rodeándolo. El castaño conocía lo suficiente a Blaine para saber que intentaría alejarse otra vez. Pero él no lo permitiría. Estaban juntos en los buenos y en los malos momentos.

Sam, Elliot y Sebastian se acercaron a ellos. La escena con Nate había sido tan rápida que apenas habían podido reaccionar. Al llegar, fue Hummel quien les contó lo sucedido ya que el menor estaba en shock. Los dos ojiverdes intentaron animar a su mejor amigo, pero sabían que era en vano. Sólo un resultado negativo certificado por un doctor podría tranquilizarlo.

Al día siguiente, los diez componentes de los dos grupos entraban a una clínica y se hacían los análisis de sangre. Todos habían decidido comprobar su estado de salud y comprobarían ETS y otros parámetros para asegurarse de que todo estaba bien. Sin embargo, la preocupación de todos estaba en Blaine y en qué harían en caso de que el resultado fuera positivo. Lo conocían lo suficiente como para saber que se apartaría de todo y de todos.

Los días pasaron entre el nerviosismo de Anderson y el amor que todos le daban para demostrarle que no estaba solo. Llegó el momento de recoger el resultado de los análisis. Uno a uno, los chicos recibieron el sobre con todos los datos. Sin embargo, al llegar el turno de Blaine, la enfermera le indicó que el doctor estaba esperándolo. El moreno se volvió y miró a Kurt.

– Te acompaño. – Dijo firme el castaño.

– Lo siento, pero tiene que entrar él solo. – Informó la trabajadora del hospital.

El ojiazul besó y abrazó a su novio para darle valor para afrontar lo que fuera que tuviera que decirle el doctor.

– Te amo. No lo olvides. – Hummel susurró.

– Te amo. Lo siento.

El mayor lo volvió a besar y le dio un pequeño empujón para que fuera a su reunión con el médico. Anderson fue hacia la sala que le había indicado la enfermera y entró, no sin antes volverse para ver a sus amigos y su novio una última vez. Cuando el menor cerró la puerta, los demás dejaron escapar sus sentimientos. Kurt se puso a llorar en brazos de Mercedes, Sebastian ocultó su rostro en el cuello de Elliot mientras éste le acariciaba la espalda, Sam dio una patada a una papelera vacía mientras Finn y Puck intentaban controlarlo. Quinn y Rachel se sentaron en unas sillas a esperar a que Blaine saliera. Tenían mucho miedo...