N/A: La canción es La Suerte de mi Vida de El Canto del Loco
CAPÍTULO 17: LA SUERTE DE MI VIDA
La relación entre Blaine y Kurt estaba mejor que nunca. El moreno se dejaba llevar por sus sentimientos y se entregaba en cuerpo y alma a su novio. El castaño, lo cuidaba y amaba de una manera que el ojimiel no había experimentado nunca. Sam, Sebastian, Mercedes y Elliot eran felices al ver a sus amigos así. Los Big Rocker estaban tranquilos porque sabían que Hummel era lo que su amigo necesitaba. Los Little Lover entendían que era una relación positiva para ambos.
Con éste ambiente, Anderson invitó a su novio a una cena romántica. Hummel no podía creer que fuera tan dulce con él. Se suponía que el menor era un chico de amor de una sola noche, pero con él era muy diferente. Sin embargo, había algo que le preocupaba. Las comparaciones son odiosas y Blaine tenía muchos con quien compararle.
Estaban disfrutando de la cena tranquilamente, con el mayor vigilando que su novio seguía la dieta del médico, cuando Kurt vio que los estaban fotografiando.
– Ya tenemos otro artículo en gossip. com – Mencionó el castaño.
– ¿Por qué dices eso? – Preguntó confuso el moreno.
– Hay un paparazzi cerca. – El ojiazul intentaba evitar mirar al hombre que sostenía una cámara en sus manos.
– ¿Le damos un espectáculo? – Quiso saber el menor levantando una ceja.
– ¿Qué propones?
El ojimiel no dijo nada más, se levantó y se sentó en las piernas de su novio. El mayor sonrió porque supo lo que iba a pasar. Juntaron sus labios y se dejaron llevar por un beso dulce y cálido. Pronto lo profundizaron y la lengua del más bajo se introdujo en la boca ajena hasta encontrarse con la de Hummel. Anderson comenzó a explorar la boca de su pareja, acariciando cada rincón con suavidad y delicadeza. Cuando se separaron, habían olvidado completamente que ese beso era porque habían descubierto a un fotógrafo. Juntaron sus frentes y Blaine acarició dulcemente la mejilla de su pareja.
– Te amo. – Suspiró el moreno haciendo que Kurt sonriera.
– Y yo a ti.
Siguieron con la cena intentando aparentar tranquilidad. Sin embargo, el castaño no estaba nada tranquilo. Su recién estrenada vida sexual reclamaba por más atenciones de su novio. Últimamente los besos no eran suficiente para él. Mientras esperaban el postre, decidió ser espontáneo... ¡A la mierda con la vergüenza! Si todos se enteraban por gossip. com, no le importaba. Se levantó y se acercó al oído del moreno.
– Te espero en el aseo en dos minutos. Voy a hacer que no olvides esta noche.
El ojimiel tuvo que agarrarse a la silla para no dejar escapar un gemido. Su tímido, inocente y angelical novio se estaba convirtiendo en un auténtico pervertido que deseaba dar y recibir placer varias veces al día. Eso no debía ser sano, pero tampoco le importaba. Él también lo quería todo de Hummel.
Blaine entró al baño y fue agarrado por Kurt que lo empujó hacia uno de los cubículos. El castaño cerró la puerta y besó a su novio con pasión. No esperó ni un segundo para meter la mano en sus pantalones y comenzar a masturbarlo. Le encantaba ver como el moreno se deshacía en sus brazos. Los gemidos de placer del ojimiel se ahogaban en la boca de su pareja mientras éste seguía moviendo su mano cada vez más deprisa. El menor se agarró a los hombros del ojiazul y echó su cabeza para atrás, dejando al mayor su cuello para que lo mordiera. El más bajo llegó al orgasmo con un grito y sujetándose con fuerza al otro porque sus piernas temblaban.
Cuando su cuerpo fue capaz de reaccionar, Blaine se agachó para desabrochar el pantalón de su novio y atrapar su miembro con su boca. Las caderas de Kurt comenzaron a moverse por instinto, buscando más placer. El moreno dejó que fuera su pareja el que llevara el ritmo y él sólo movía su lengua para aumentar el placer del castaño. El ojiazul se corrió en la boca del menor, que tragó el semen antes de volver a vestirlo adecuadamente. El más alto estuvo temblando en sus brazos durante un rato debido al placer.
El primero en volver a la mesa fue el ojimiel. Cuando se sentó, una camarera llevó los platos a la mesa. La joven le sonrió cómplice porque se imaginaba lo que había ocurrido en el baño. Un minuto después, se sentaba el Little Lover y terminaban el postre. Aunque lo mejor de la cena ya había llegado antes.
Kurt y Blaine entraban a una tienda de ropa. El castaño estaba feliz porque había convencido a su pareja para que se comprara una camiseta que no fuera negra. No es que quisiera cambiarle el estilo, pero tal vez podría probar con algo de color. Habían llegado a un trato, el moreno se probaría diversas prendas y sólo se compraría aquellas que le gustaran. Sam y Sebastian habían aprobado el cambio. Ellos sabían que su amigo no había sido siempre así y que su vestuario había sido un reflejo de como se sentía. La oscuridad de su alma se veía representada en el negro de sus prendas.
La dependienta que les atendió era una mujer rubia, de ojos oscuros, con un elegante atuendo y maquillada de manera suave. Su belleza era espectacular.
– Buenas tardes. – Dijo ella con una sonrisa.
– Hola. Veníamos en busca de camisetas para mi novio. Algo de color, me gustaría que saliera del negro un poco. Tampoco quiero que sea recargado o extravagante. No sería él. Algo básico, camisetas lisas, nada de camisas. – El mayor se adelantó.
– Azul o blanco. No me siento cómodo con los colores. No me quedan bien. – Aclaró el más bajo.
– El blanco no es lo que llevaba en mente cuando hablamos de poner algo de color a tu armario. – Susurró el ojiazul.
– ¿Por qué no? – Lo cuestionó el menor.
– Pensaba en algo más... Colorido. – Matizó el más alto. La dependienta se quedó al margen, viendo a la pareja dialogar.
– El blanco es la mezcla de todos los colores. – Siguió el ojimiel.
– ¿Qué? – Hummel lo miró curioso.
– El arco iris es la descomposición de la luz blanca que se produce cuando ésta pasa a través de las gotas de agua. La luz blanca es la mezcla de todas las luces de los colores del arco iris.– Comentó Anderson.
– Nerd. – Los dos rieron. – ¿Hay algo que no sepas?
– Déjame pensar. – El líder de Big Rock se tocó la barbilla fingiendo concentración. – No sé como saben tus labios.
Kurt rodeó el cuello de Blaine con sus brazos y se besaron dulcemente. La dependienta estaba incómoda pero no se atrevió a interrumpir.
Después de ese momento incómodo, el moreno entró al probador y su novio y la vendedora iban buscando y pasándole camisetas. Cuellos en forma de V o redondos, diversos colores y tonos, varios materiales... Todo valía para intentar encontrar algo que le gustara y que no fuera negro.
– Blaine... Traigo algo que es negro pero igual te gusta... – El ojiazul le mostró una camisa negra, informal, con las costuras, puños, cuello y botones en blanco. – Me encantaría vértela con unos pantalones blancos pero no voy a presionar. Te quedaría también bien con unos vaqueros oscuros.
El ojimiel la miró y decidió probársela. Durante su vida sólo había tenido las camisas blancas del uniforme de Dalton. Pero sabía que había ocasiones en las que sus camisetas negras y sus vaqueros no eran adecuados. Durante los conciertos seguiría con su antigua imagen, pero tal vez para salir con su pareja podía cambiar.
– Búscame unos pantalones blancos... Pero que no sean muy ajustados. No como los tuyos... A ti te quedan genial pero en mí se verían ridículos... Y si puede ser que no sean muy formales... Ya sabes. – Pidió el menor.
– Claro... Pero para que te quede claro... Estoy seguro que estarías genial con unos pantalones así . – El castaño sonrió antes de irse. Volvió al rato con tres pantalones, unos blancos y dos jeans, uno en gris claro y otro en negro.
Kurt y Blaine llegaban a la casa del moreno totalmente cansados. El día de compras había sido largo aunque muy divertido. Al final, el menor se había comprado la camisa con los pantalones grises, una camiseta blanca, otra roja y otra azul, unos vaqueros y unas zapatillas deportivas negras y rojas. Recogieron las prendas y se sentaron a ver un poco la televisión. El menor levantó las piernas del ojiazul para ponerlas sobre las suyas y así acariciarle suavemente. El castaño estaba preocupado y decidió sincerarse con su pareja.
– ¿Te estoy cambiando? – Preguntó haciendo una mueca, pensando en que no le gustaría ser ese tipo de novio que intenta transformar a su pareja en lo que él quiere que sea en vez de amarlo tal cual es.
– Sí. – La respuesta del más bajo fue tajante. Pronto notó la tristeza en su pareja. – ¿Cuál es el problema?
– No quiero que cambies por mí.
– ¿Quién ha dicho que cambiar es malo? Desde que estoy contigo soy más seguro de mí mismo, me siento feliz y amado, sonrío habitualmente... Todo eso es gracias a ti.
La boca del mayor dibujó una sonrisa enorme justo antes de sentir los labios del moreno besándolo cálida y dulcemente. La mano del más bajo acarició la mejilla de Hummel lo más tierna y delicadamente posible.
Kurt y Blaine estaban besándose en la cama del moreno, ambos llevaban sólo el pantalón del pijama. El castaño estaba sobre su novio y movía sus caderas de vez en cuando en busca de fricción entre ellos. Los dos gemían y disfrutaban de esa intimidad. La excitación de ambos aumentaba conforme pasaban los minutos.
– Quiero sentirte dentro de mí. – El ojiazul susurró, provocando que su pareja soltara un gemido por la imagen mental que había creado.
– ¿Estás seguro? – Preguntó el ojimiel.
– Sí, estoy listo.
– ¿Por qué no al revés? Podría sentirte yo a ti...
– Amor... ¡Te quiero dentro de mí ya! – El mayor no tenía mucha más paciencia.
– Kurt... Yo...
– ¿No quieres acostarte conmigo?
– Déjame explicarte...
– Vete a la mierda. Si no me amas o no te sientes atraído por mí, no tienes más que decírmelo. – El más alto se levantó y recogió su ropa.
– Yo te amo. Kurt, déjame que te cuente...
– ¡No! Blaine, me he cansado de tus evasivas, de que cada vez que intento perder la virginidad con el hombre que amo, me des excusas o intentes hacerme cambiar de opinión. Si no me amas, acabamos con ésto y ya está.
El castaño salió de la habitación, el moreno se levantó e intentó seguirlo pero escuchó como cerraba la puerta de su casa. Anderson se tumbó en su cama y se permitió llorar por lo ocurrido. Si Hummel le hubiera permitido explicarle lo que pasaba... Pero las cosas no quedarían así, él no lo permitiría.
