N/A: La canción es Bound To You de Christina Aguilera (BSO de Burlesque). Reproducirla cuando se indica.


CAPÍTULO 18: BOUND TO YOU

Kurt estaba disfrutando de la compañía de Elliot esa tarde ya que el moreno había estado con su pareja esa mañana. Mercedes se había ido a un salón de belleza con Quinn y Rachel, por lo que pasarían una tarde de chicos. Sin embargo, dos horas después de llegar al bar del hotel, Sebastian los interrumpió.

– ¡Hola! Hotel Los Angeles Glamour, ve a la recepción y da tu nombre. Pásate antes por tu habitación para recoger un pijama, cepillo de dientes, bañador, cremas y demás cosas que necesites para pasar la noche fuera. – El Big Rocker contó cada una de las cosas que necesitaba su amigo con los dedos y mirando hacia arriba para no olvidarse de nada. Después le pasó a su amigo una tarjeta con la dirección del hotel de cinco estrellas más lujoso de la ciudad. Hummel decidió seguir las indicaciones recibidas y se fue de allí gritando "adiós" cuando salía.

– Hace seis horas que Blaine se ha despedido de nosotros... ¿Tan rápido ha preparado todo? – Preguntó el moreno después de recibir el beso a modo de saludo de su pareja.

– Creo que ya lo había preparado cuando ha venido a hablar con nosotros. – El castaño se encogió de hombros.

– ¿Crees que les irá bien?

– Si Blaine está preparando lo que creo que está preparando, te aseguro que será muy especial.


El joven llegó al hotel y se acercó a la recepción. "Soy Kurt Hummel" fueron sus únicas palabras. La chica que lo atendió desapareció por una puerta y poco después un botones recogió el bolso de viaje con sus cosas y le pidió que lo acompañara. Llegaron a la suite presidencial y el trabajador le abrió la puerta y dejó sus cosas en el suelo. El castaño fue a sacar su cartera pero el otro negó.

– Las propinas ya están cubiertas. Usted sólo entre y disfrute de su estancia.

El botones se fue y el ojiazul entró a la habitación. Era enorme. Había unos sillones frente a una televisión, alfombras por el suelo, una gran mesa con la cena preparada y un ramo de rosas rojas en un jarrón transparente. Había velas por todo el lugar, aunque lo que más le llamó la atención fueron las que rodeaban la cama, que formaban un gran corazón. Además, un montón de pétalos de rosas rojas descansaban sobre la blanca colcha que cubría la el colchón. Al fondo se veía las puertas que daban acceso a lo que parecía que era una terraza y a la derecha, había otra puerta que debía ser la del baño. Una dulce y lenta melodía acompañaba la perfecta imagen.

– ¿Te gusta? – Preguntó una voz tras él. El Little Lover se volvió para verlo. Estaba tras la puerta y entre eso y la emoción por la belleza del lugar hicieron que se olvidara del motivo por el que estaba ahí.

– Es precioso... ¿Es tu manera de pedir perdón?

– No. Es mi manera de pedirte que me escuches. – Aclaró Blaine.

– Está bien. Habla. – Ordenó el más alto.

– Kurt... Yo te amo. Sé la importancia de la primera vez. La mía fue un desastre y quería que la tuya fuera perfecta. En mi cama, sin nada especial... Me parecía que fuera algo... Sucio. Sexo. Yo no quiero tener sólo sexo contigo. Quiero hacer el amor. Le pedí consejo a Sebby. Sabía que su primera vez había sido buena y quería saber como podía hacer algo así contigo.

– No necesitaba algo así. Me vale con que sea contigo y con que me ames. – Hummel se acercó a su novio y lo besó. Cuando se quedaron sin aire, juntaron sus frentes. – Sin embargo, te agradezco que hayas hecho todo esto. Estoy seguro de que no lo voy a olvidar jamás.

El moreno volvió a besar a Kurt antes de dirigirlo a la mesa. Había una ensalada, ostras y de postre, fresas con chocolate.

– Las ostras y el chocolate son afrodisíacos. – Aclaró el ojimiel.

– No es que los vayamos a necesitar. Estamos más que preparados para lo que viene después. – El castaño le guiñó un ojo.

El más bajo sacó una botella de agua y otra de champán. Sirvió media copa del líquido burbujeante y se la pasó a su novio.

– ¿Por qué tan poco? – Se extrañó el ojiazul.

– No quiero que te emborraches, yo también beberé muy poco. Sólo quería la botella para que brindemos, pero quiero que estemos totalmente conscientes de lo que vamos a hacer para que nunca lo olvidemos.

– ¿Has pensado en todo? – El mayor lo miró dulcemente.

– Espero que sí. Quiero que todo sea perfecto. Tal como te lo mereces.

Comieron, bebieron y brindaron por su amor. Anderson intentaba ser dulce y romántico porque eso era lo que Hummel se merecía.

Cuando terminaron la cena, Blaine se levantó y alzó un poco la mano para que Kurt la cogiera, ayudándolo a ponerse de pie. El moreno juntó sus labios en un beso lento y tierno. Notaba lo nervioso que estaba el castaño y sabía que en ese momento era él quién debía llevar la iniciativa. Dirigió las manos del ojiazul hacia su nuca y luego lo agarró por la cintura. Lentamente comenzaron a moverse al ritmo de la música que sonaba.

- Bound To You -

Se fundieron en un nuevo beso, pero esa vez, el ojimiel levantó a su novio en brazos. El más alto rodeó las caderas del otro con sus piernas. En ningún momento separaron sus labios, pero seguían siendo dulces y tiernos, no dejaban que la pasión los dominara.

Blaine lo tumbó sobre la cama con mucho cuidado, casi como si se pudiera romper. Con mucha suavidad y sin dejar de besarlo y acariciarlo en cualquier parte del cuerpo, el moreno fue retirando las prendas que llevaban hasta que ambos quedaron en ropa interior.

– Por favor, acelera un poco. – Suplicó Kurt.

– Paciencia amor, quiero que sea perfecto, especial y romántico. – Aclaró el ojimiel.

– Ya es más que perfecto, por favor, te necesito ya. – Pidió el castaño.

El menor retiró los calzoncillos de ambos y, sin avisar, introdujo el miembro del ojiazul en su boca. El gemido que el mayor emitió podría haberse escuchado en las habitaciones continuas. Ambos estaban seguros de que probablemente recibirían quejas. Sin embargo, eso no les importó. El más bajo siguió dándole placer a su pareja hasta que éste llegó al orgasmo, liberándose dentro de su boca. Eso reconfortó a Anderson, si era incapaz de satisfacerlo más adelante, al menos había sido capaz de darle un buen momento antes de su primera vez.

Blaine se estiró para alcanzar el lubricante y el preservativo que había en el cajón de la mesilla.

– ¿Estás seguro? – Preguntó el moreno mirándolo a los ojos.

– Sí. Aunque sobra ésto. – El más alto apartó el preservativo.

– Amor... – Intentó protestar el ojimiel, pero fue interrumpido por Hummel.

– Los dos estamos bien, no lo necesitamos. Relájate, parece que seas tú el que va a hacerlo por primera vez.

– En cierta manera, es mi primera vez. La primera vez que hago el amor con alguien. – El más bajo susurró en el oído de Kurt.

El menor aplicó abundante lubricante en sus dedos y besó al castaño con mucha dulzura mientras acariciaba suavemente la entrada del ojiazul. Anderson empujó un dedo dentro del mayor, haciendo que éste se sintiera un poco incómodo por la intrusión. Blaine movía su mano despacio, buscando que su amante se acostumbrara a la sensación e intentando darle algo de placer. Un segundo dedo fue introducido y Hummel gimió con fuerza. Las sensaciones eran nuevas pero eso no era malo. Se sentía muy bien. El moreno separaba sus dedos para dilatar la entrada de Kurt. Cuando el tercer dedo entró en él, el castaño comenzó a mover las caderas buscando que su novio se introdujera más profundamente en él.

– Por favor... – Suplicó el ojiazul sin saber muy bien qué estaba pidiendo.

El menor decidió que había llegado el momento. Se apartó un poco para cubrir su miembro con abundante lubricante y abrazó con fuerza al más alto, que se agarró a sus brazos.

– ¿Estás seguro? – Anderson repitió la pregunta.

– Sí. – Respondió con firmeza el mayor.

– Si en algún momento estás incómodo o quieres que pare por lo que sea, dímelo. Te amo.

El más bajo besó a su pareja con mucha pasión, intentando distraerlo del siguiente movimiento. Entró en él de manera suave, pero sin detenerse. Notaba como el agarre de Hummel en sus brazos se hacía cada vez más fuerte. Le preocupó la mueca de dolor que tenía Kurt, pero ya sabía que era algo inevitable. La primera vez era dolorosa, por mucho cuidado que se pusiera. Sólo podía intentar que fuera lo menos traumática posible. Esperaba haberlo conseguido. Blaine besó las lágrimas ajenas y esperó sin moverse hasta que notó que el castaño se relajaba.

Los primeros movimientos de las caderas del moreno fueron muy suaves. No quería lastimar a su amante. Después de un rato, encontró el punto en el que le causaba más placer al ojiazul y se permitió acelerar sus embestidas. La habitación se llenó de gemidos de la pareja, palabras de amor susurradas, sonidos de besos y pieles chocando y acariciándose. Cuando notó que le quedaba poco, el ojimiel comenzó a masturbar a su pareja. Apenas dos movimientos de su mano después, el mayor tensó todos sus músculos, arqueó su espalda y llegó al orgasmo con un sonoro gemido, salpicando de semen el vientre de los dos y la mano del más bajo. Cuatro embestidas después fue Anderson el que llegó al orgasmo dentro de su pareja. Se volvieron a besar de manera dulce antes de que menor saliera del interior de su novio. Se tumbaron abrazados, con Hummel en los brazos de su pareja y así se quedaron dormidos.

A la mañana siguiente, Kurt se despertó para ver a Blaine despierto con ojeras.

– No has dormido bien. – No era una pregunta, era una afirmación.

– No... Tenía miedo a... – La frase del moreno quedó incompleta.

– Estoy bien, no me arrepiento de nada... Bueno, tal vez me arrepiento de no haberlo hecho antes. – El ojimiel rió con la frase del castaño. – Fue perfecto y no puedo esperar a repetirlo.

Las manos del ojiazul comenzaron a acariciar a su pareja mientras juntaba sus labios. Sin embargo, pronto se enfadó porque el menor lo frenó.

– Todavía no. Tienes que descansar. Sé que te duele y no creo que sea bueno que volvamos a hacerlo tan pronto. – Aclaró el más bajo.

– No me duele... – Intentó moverse pero su mueca llevó la contraria a sus palabras.

– No te estoy pidiendo que esperes al año que viene. Simplemente que esperes un poco. Esta noche, depende de como estés, podremos repetir. O mañana, por eso no te preocupes.

– Sólo si tú duermes un poco. Sé que no lo has podido hacer porque estabas nervioso. Estoy bien, más feliz de lo que he estado nunca.

Anderson siguió el consejo de su novio y volvió a dormir un rato. Cuando se despertó, ambos desayunaron en la cama y estuvieron un rato besándose y acariciándose hasta que no pudieron más y acabaron dándose placer mutuamente con sus bocas. Después de comer durmieron un poco más antes de salir a la terraza, donde había un jacuzzi con vistas al mar. Disfrutaron del atardecer desde el agua, viendo como el sol se fundía con el mar en un momento mágico. Kurt decidió que era el momento de "una segunda ronda" y se quitó el bañador. Los ojos de Blaine reflejaron el deseo que sentía al saber que su novio estaba desnudo sentado sobre sus piernas. Tardó muy poco en quitarse él su bañador y volvieron a entregarse en cuerpo y alma al otro. Todo era más que perfecto, porque estaban enamorados y felices. Pero a veces, la felicidad no es eterna.