N/A: Muchas gracias por vuestros comentarios y por leer la historia... No puedo responder a cada mensaje pero... Gracias...
CAPÍTULO 24: I BELIEVE IN A THING CALL LOVE
Todos los miembros de Big Rock y de Little Love estaban con sus parejas disfrutando de citas y del amor por lo que Kurt se decidió a ir a casa de Anderson. Cuando llegó vio que estaban solos Elliot y Sebastian.
– ¿Y Blaine? – Preguntó confundido.
– Pasa. En un momento te explico. – El otro castaño se hizo a un lado para que entrara.
Los tres llegaron al salón y se sentaron en el sofá. Smythe escribía algo en el móvil y luego lo miraba ansioso como si esperase una respuesta. El teléfono emitió un bip y el ojiverde le pasó al moreno el aparato que leyó lo escrito y se sorprendió.
– Kurt... ¿Te apetece tomar un café en la mejor cafetería de Los Angeles? – Propuso el Big Rocker.
Media hora fue suficiente para que kurt se diera cuenta de que Sebelliot estaban intentando entretenerlo. No sabía por qué ni lo que tramaban. Sólo sabía que allí estaba, riendo mientras el móvil de Smythe descansaba sobre la mesa. Un nuevo bip sonó y el castaño se apresuró a leer.
– Tienes que ir al hotel Los Angeles Glamour. ¿Recuerdas dónde es?
– Sí, claro.
– Una vez allí... – Sebastian comenzó pero fue interrumpido por el otro castaño que se adelantó con una sonrisa inmensa y la felicidad reflejada en sus ojos.
– Digo mi nombre en recepción.
– Creo que sabes lo que tienes que recoger antes de ir. – El ojiverde sonrió al ver tan ilusionado a Hummel.
Kurt salió corriendo de la cafetería dejando a la pareja sola allí.
– ¿Por qué ha preparado todo ésto Blaine? – Preguntó el moreno.
– Porque por fin se siente preparado para volver con Kurt. – Aclaró Smythe.
– ¿Van a...? – Los ojos azules de Gilbert reflejaban su sorpresa y su felicidad.
– Sí, lleva un par de semanas hablando con Sam y conmigo sobre sus sentimientos. Hemos trabajado con él en su seguridad y en su fuerza para que esté preparado. No te negaré que no va a ser fácil, hay cosas de las que no podremos estar seguros hasta que realmente se entregue a Kurt pero... Soy optimista. – El castaño asintió con una sonrisa.
– No hace tanto no queríais ver a Kurt cerca de Blaine ni para que le dijera la hora. – Susurró el Little Lover.
– Necesitábamos que Blaine superara lo que pasó sin presiones. Si Kurt hubiera vuelto con él... Dudábamos de que tuviera la paciencia necesaria. Es un gran chico y me alegra que sea él quien está con B-Days pero... Es impaciente y cuando quiere algo lo quiere inmediatamente. No es malo pero... Nosotros solo mirábamos por Blaine.
Kurt llegaba a la suit presidencial del hotel acompañado por un botones, la misma de su primera vez. Entró temblando por la anticipación. La habitación estaba muy diferente a esa noche. Esta vez había muchas flores pero no había velas. La mesa no tenía preparada la cena debido a que eran las cuatro de la tarde y la cama no tenía pétalos. El sol entraba por el ventanal iluminando el lugar y Blaine lo esperaba sentado en uno de los sillones. Lo miraba con amor y le indicó que se sentara a su lado. El castaño obedeció y tomó asiento.
– Quería hablar contigo y... Tengo muy buenos recuerdos de este lugar. – El moreno se vio un poco avergonzado.
– Yo también tengo buenos recuerdos.
– Aquí fue donde te entregaste a mí y... No puedes imaginarte lo feliz que me hizo. Solo yo he podido disfrutar de ti de esa manera y eso me hace sentir especial.
– Eres especial. – Aclaró el ojiazul, provocando que el otro sonriera.
– No lo soy, es sólo la forma en que me miras... Te amo... Te amo como no he amado a nadie y... Tengo miedo, mucho miedo de que vuelva a pasar algo que nos separe. Miedo a no ser lo que te mereces, miedo a que un día despiertes y te des cuenta de que ya no me amas, miedo a no poder entregarme a ti completamente. Pero tal vez sea el momento de dejar mis miedos de lado y luchar por lo que quiero.
– ¿Y qué es lo que quieres?
– A ti. – El ojimiel se acercó al otro y lo besó en los labios. Era la primera vez que se besaban desde su ruptura y se sintió muy especial. Sus corazones estaban acelerados mientras se demostraban su amor. Dulzura, amor, delicadeza y ternura eran los sentimientos que se transmitían. Ninguno se atrevía a ir más allá, ni siquiera a solicitar permiso para introducir la lengua en el otro. No sabían que hacer con sus manos por no incomodar al otro. Parecían dos adolescentes dando su primer beso.
Se separaron lentamente y se miraron a los ojos. Nunca supieron cuanto estuvieron mirándose pero tampoco les importó. Las palabras no eran necesarias. Sabían lo que sentían y como eran las cosas entre ellos.
– Nunca pensé que volveríamos a estar así. – Susurró el más alto. Su acompañante lo abrazó escondiendo su cara en el hueco del cuello del otro, aspirando su olor para intentar recobrar su cordura.
– Yo jamás pensé que realmente me amarías. Has tenido mucha paciencia conmigo y sólo puedo agradecerte eso.
– Te amo y no puedo pensar en hacerte daño. Me arrepiento de habértelo hecho y voy a intentar no volver a hacerlo nunca más.
– La otra vez me lo pediste tú y espero que no te importe que esta vez que sea yo... Kurt... ¿Quieres que volvamos a ser novios? – El menor mencionó con una sonrisa nerviosa.
– ¡Sí! ¡Sí, sí, sí, sí!... Claro que sí...
La emoción del cantante de Little Love fue tal que se abalanzó sobre Anderson sin pensar y lo besó, acabando Hummel sobre el otro. Al principio sus movimientos eran dulces pero pronto el mayor se dejó llevar por la pasión. Había extrañado cada célula del cuerpo del otro y necesitaba sentirlo otra vez. Sin siquiera proponérselo, comenzó a retirar las prendas que ambos llevaban. Blaine estaba tumbado boca arriba en el sillón y Kurt se acomodó sobre él, los dos con los pechos descubiertos. Con sus manos acariciaba el cuerpo del otro hasta llegar al tatuaje... ¡Un momento! Ese era nuevo.
– ¿Tienes nuevos tatuajes? – Cuestionó el castaño rodeando con su dedo el ángel negro que tenía en el costado izquierdo, con una de las alas dobladas, y con una expresión triste.
– Dos nuevos. En total tres tatuajes. Ya conocías el de las letras chinas y tengo otro más. – El moreno se dio la vuelta y le enseñó unas letras árabes que tenía en la parte baja de la espalda, en el lado derecho.
– ¿Qué pone? – El ojiazul acarició con un dedo la palabra.
– Love. Coraje y amor, dos cosas que tengo que recordarme cada día y que tengo que conseguir, sea como sea. – El menor volvió a acomodarse, tumbado boca arriba.
– ¿Está bien si tú y yo...?
– No lo sé, sinceramente. ¿Te parece si probamos hasta donde soy capaz de llegar?
Hummel asintió sintiéndose especial. Sabía que su novio había depositado en él mucha confianza. Volvieron a besarse con todo el amor que pudieron demostrarse. Blaine bajó las manos por la espalda de su pareja hasta llegar a su trasero y lo apretó con ganas. Kurt se separó para sacar la botella de lubricante que había metido en su mochila y se quitó los pantalones, los zapatos y los calcetines, quedando sólo con sus calzoncillos.
El castaño volvió al sillón pero prefirió entretenerse besando el cuerpo de su pareja. Estaba más delgado de lo que recordaba pero sabía que eso era normal debido a los momentos difíciles que había pasado. Él se encargaría de que recuperara su salud y su felicidad porque ya no dudaría de él, ya no le exigiría más de lo que le podía dar. Porque había entendido de que no sólo Blaine tenía que cuidarlo a él. El ojiazul también tenía que encargarse de cuidar a su pareja para que fuera feliz y se sintiera valorado.
El mayor decidió retirar las prendas que le quedaban a su novio. Notó el temblor del moreno y se preocupó.
– ¿Estás bien? – Quiso saber el más alto.
– Sí.
– ¿Seguro?
– Sí, sólo... Bésame y acariciame. Sé suave, no... No seas muy salvaje... Sé que será difícil por las ganas que tenemos pero... Inténtalo... ¿Vale?
Hummel asintió y se dedicó a darle cariño a su novio. Todo fue tan lento que pasaron horas acariciándose y la noche llegó sin que ellos lo notaran. Estaban tan excitados que sus miembros hasta dolían pero no les importaba. Necesitaban que todo fuera al ritmo de Anderson.
Cuando pensó que era el momento adecuado, Kurt terminó de desnudar a su pareja y a él mismo, introdujo el miembro de Blaine en su boca y empezó a darle placer. Esa noche era para el moreno, para que olvidara el pasado. Cuando llegó al orgasmo, el castaño sonrió y volvió a besarlo dulcemente.
– Pensé que llegaríamos hasta... – El ojimiel no dijo nada más porque notó el dedo del otro sobre sus labios obligándolo a guardar silencio.
– El día es largo y hoy es para ti. Tenemos todo el tiempo del mundo. – El ojiazul lo volvió a besar.
– Toda la eternidad. Soy tuyo para siempre.
– Para siempre suena perfecto.
Volvieron a besarse otra vez. Los besos subían de intensidad y sabían que el momento había llegado. Kurt cubrió el miembro de su novio con lubricante, haciendo que gimiera sonoramente. Después se situó de manera que el miembro de Blaine quedaba alineado con su entrada y el castaño bajó para introducirlo totalmente en su interior. Después de eso, comenzó a moverse para que ambos disfrutaran. El moreno movía sus caderas al mismo ritmo para aumentar el placer. El primero en llegar al orgasmo fue Hummel, deseoso de sentir esa conexión con su amante. Poco después llegó Anderson. La pareja se miró feliz y se abrazó, sabiendo que en ese momento todo volvía a la normalidad, a donde debía estar. Volvían a ser una pareja, como nunca debieron dejar de serlo y volvían a sentirse conectados de una manera única. Porque eran dos partes de una misma cosa, porque eran las dos mitades de un todo, porque eran uno solo.
