Segunda parte ¡oh sí! En teoría este es el final y lo digo así porque quizás —QUIZÁS— haga otro capítulo =P Pero mejor no prometo nada porque qué tal si se me traspapela junto con los demás fics que tengo guardados por aquí y por allá, así que de mientras este es el FINAL.

La la la la la Bleach y todos sus personajes son propiedad de Kubo Tite, hago esto por sana diversión y porque adoro el RenRuki así un montón.

~oOo~

Capítulo 2: De castigos y otros dramas.

El castigo por pelearse en la escuela era simple: pasar dos horas encerrados en el salón después de clases para arreglar sus desacuerdos. El director Ukitake Jūshirō siempre se había mostrado benévolo con su alumnado. Antes de llamar a sus padres, dar un reporte o expulsar a algún estudiante, optaba por el diálogo. Dos horas bastaban para resolver cualquier conflicto, sobre todo si el enfrentamiento había sido entre dos amigos. Dos horas eran suficientes para reconciliarse, esa era su filosofía y la razón del encierro de Abarai Renji y Kuchiki Rukia.

El día pintaba para ser especial; el pelirrojo tenía todo planeado: Un pastel, un lindo dije en forma de conejo y todo el valor guardado por más de cinco años. Pero las cosas no siempre salen como esperas. Ni aunque tengas cada detalle cubierto, ni aunque lo hubieras ensayado diez veces, ni aunque esperaras el momento ideal. Simple y sencillamente no puedes abarcar todos los contextos, sobre todo si la mujer a quien piensas confesarle tu amor es Kuchiki Rukia.

Quizás no era sus destino vivir un romance con la de ojos violáceos, quizás la chica no era para él. Sentado en el piso del salón de clases comenzaba a pensar que era lo mejor. Aun así no dejaba de cuestionarse por qué la vida le daba un golpe tan fuerte, por qué lo dejaba tendido en el piso sin oportunidad de levantarse.

Miró a la joven de reojo, continuaba molesta. Tal vez no sabía cómo reaccionar ante los sentimientos que él le profesaba y por eso colocaba una barrera entre ambos.

—¿Seguirás con la misma actitud? —Preguntó dudoso. Ella no respondió. —Nos encerraron aquí para hablar y resolver nuestros problemas, pero si no pones de tu parte…

—¡Cállate! —Contestó tajantemente.

Él cerró su mano con impotencia. ¿Qué había hecho mal? ¿En qué se había equivocado? ¿En amarla? Sí, probablemente. Pero no estaba planeado que ocurriera, simplemente no pudo evitarlo, cuando se dio cuenta ya era demasiado tarde: estaba completamente prendado a ella. Lo peor de todo es que no se arrepentía ni un segundo, aunque al dolor que en ese momento sentía fuese tan grande. ¿Masoquista? Un poco. Pero no podía dejar de agradecer por ese sentimiento. Y es que era por ella por quien había luchado, era ella quien lo había motivado a ser una mejor persona.

Una hora después la actitud de la joven seguía igual. Continuaba sentada en el piso sin señales de querer hablar, no lo miraba y apenas podía verla respirar. Él en cambio se mostraba cada vez más impotente, mientras más lo ignoraba más se preguntaba que tenía él de malo. ¿No era digno de ella solo por ser un pobre perro vagabundo? ¿En verdad estaba tan molesta por haber depositado sus ojos en ella? ¿Por qué?

—También compré un dije. —Habló de nuevo. —No sabía si elegir entre un peluche o un anillo en forma de copo de nieve, pero la vendedora me ayudó. Me dijo que para declararse lo mejor era siempre una alhaja, que las chicas siempre iban a preferir las joyas antes que cualquier cosa, inclusive antes que los muñecos.

Ella no respondió.

—Le contesté que no siempre era así, que conocía a una muchachita testaruda que se volvería loca con cualquier cosa de Chappy y que preferiría un peluche de él por encima de todo. Y entonces me enseñó esto. —Dijo sacando de su bolsillo un dije del conejo. —No dudé ni un minuto en comprarlo.

Rukia lo miró por primera vez en una hora. No alcanzaba a comprender las palabras de Abarai.

—No lo puedo regresar y no conozco a otra persona que le guste este conejo, además, lo compré para ti, lo mejor es que te lo quedes.

Y ahí estaba de nuevo tratando de reconciliarse. Ni él mismo entendía porque no dejaba de pedirle que lo aceptara o que aceptara al menos algo de lo que le ofrecía. Quizás era demasiado humillante mendigar de esa manera, pero ¿Qué más podía hacer si la amaba tanto?

—¿Me lo estás regalando? —Preguntó en el momento en que se hincó ante ella y estiró la mano para dárselo.

—Sí, al menos acepta esto.

Rukia lo miró con furia. ¿Qué era eso? ¿La compensación por no amarla? ¿Le daba un presente para no hacerla sentir tan mal? "Me enamoré de otra mujer pero toma, te doy a Chappy para que el dolor sea menos grande". Había planeado no verlo, no hablarle, borrar de su mente su recuerdo y fingir que podía soportarlo pero esto la había rebasado.

—¿Qué estás haciendo? ¿Qué crees que soy? Me dices que no tengo sentimientos pero el que parece no tenerlos eres tú. ¿De verdad pensaste que con esto me sentiría mejor? ¿Qué pretendes?

—Quiero que te lo quedes porque lo compré para ti y porque a pesar de todo sé que en verdad te importo, quizás no sea de la misma forma en que me importas tú a mí, pero al menos quiero creer que me aprecias como amigo.

—Como amigo —Murmuró ella.

—Aún lo somos ¿no? No quiero perderte Rukia. No puedo dejar que te alejes de mí.

—¿Cómo puedes ser tan egoísta? —Gritó. —¡¿Aun conociendo mis sentimientos pretendes que simple y sencillamente me quede a tu lado como tu amiga?!

—¿Y por qué eso es ser egoísta? —La interrumpió.

—Y todavía lo preguntas. Solo estás pensando en ti y en lo que te conviene. Al menos podrías fingir un poco que te importan mis sentimientos.

—¿Y qué hay de ti? ¿No eras tú la que dijo en primer lugar que no le importa lo que siento? ¿No eres tú a la que le da igual?

—Sabes perfectamente porque te lo dije Renji, necesitaba un atajo para salir de todo eso.

De nuevo comenzó a llorar. Limpió las lágrimas que salían con furia; lo odiaba, odiaba no poder contralar sus emociones, odiaba dejarse llevar por sus sentimientos y odiaba mostrarse tan débil. Pensó en golpearlo, gritarle que se fuera, que la dejara sola para siempre, pero no podía… había llegado a un punto en que su fuerza ya no daba para más.

—No Rukia, no lo sé y aun no entiendo cómo puedes decir que no te importa un gramo mi amor.

—¡Porque te amo! —Gritó llorando. —Porque me enamoré de ti como tú lo hiciste de alguien más. Y porque ahora vienes a restregarme en la cara que es esa idiota la que te hace feliz, la que te hace sonreír de esa manera. ¿Cómo puedes preguntarte qué me pasa? Tú… ¿Cómo puedes? —Dijo en un susurro.

—¿Qué dijiste? —Preguntó sorprendido.

Ella no contestó, las lágrimas rodaron por sus mejillas y cayeron hasta el piso. Vio la cara de confusión de Renji, o era muy buen actor o de verdad no sabía nada.

Intentó tranquilizarse y le habló lo más calmada posible.

—No finjas Renji, no tiene caso; tú mismo me has dado a entender que lo sabías ¿acaso ya lo olvidaste?

¿Cómo podía decir que lo amaba si minutos antes lo había rechazado? Se acercó y la tomo por los hombros intentando encontrar la respuesta en la violácea mirada.

—No juegues conmigo Rukia. No es gracioso.

—El que está jugando aquí eres tú. No vengas ahora a hacerte el sorprendido. Si de verdad no sabías nada entonces, ¿qué fue todo eso de "aunque uno de los dos esté enamorado"? Eso solo significa que ya lo sabías.

—¿Tú creíste que lo decía por ti?

—¿Por quién más sería?

—Por mí, obviamente. Soy yo quien te pidió que fueras mi novia. Tú me rechazaste y entonces pensé que quizás podíamos continuar como amigos, por eso lo dije.

—¿Qué hay de Bambietta? Ustedes hicieron un estúpido pastel porque tú —Hizo una pausa y analizó la situación. Había creído en las palabras de esa mujer pero jamás lo corroboró con Renji. —Le declaraste tu amor.

—¿De dónde sacaste eso? Yo ni siquiera le hablo a Basterbine.

—Ella… me lo dijo —Respondió pausadamente.

—Quieres decir que todo este tiempo has creído…

—Que tú y Basterbine se habían hecho novios —Contestó sonrojada.

—Entonces, ¿no me rechazabas? Tú solo estabas…

Rukia se paró de prisa y caminó hacia la ventana del salón, se sentía muy estúpida. Había creado un lío todo por confiar en las palabras de esa loca, no intuyó en ningún momento que se trataba de una mentira, que esa tipa estaba jugando con ella; probablemente ni siquiera lo hizo para que se peleara con Renji sino solo para arruinarles el momento, algo que había logrado de una manera magistral.

Renji miraba el espacio que Rukia había dejado luego de pararse. Comenzaba a entender lo que había ocurrido. Poco a poco ese sentimiento de impotencia se difuminaba y se transformaba en una calidez que invadía su pecho y que le exigía dirigirse hacia donde su amiga estaba, plantarse frente a ella y decirle lo mucho que había esperado ese momento.

Pasaron los minutos y ninguno de los dos se atrevía a hacer un movimiento. El silencio era incómodo, aún más que cuando estaban disgustados.

Ella no tenía ganas de verlo, ahora menos que nunca quería hacerlo. No podía enfrentar su mirada luego de declarar abiertamente lo mucho que lo amaba. Estaba avergonzada por todo y enojada consigo misma por caer en una trampa tan absurda.

Él no sabía qué decir. Cuando planeó confesarle su amor no tenía previsto que sería ella la que lo haría primero y aunque eso podría tomarse como una señal de que lo aceptaría, no estaba tan seguro. Rukia podía sentirse humillada, y en ese caso actuaría como un gatito indefenso que de igual forma podía huir como saltar violentamente hacia él.

Se levantó, caminó hacia donde Rukia se encontraba y se plantó detrás de ella. Lo había decidido, sin importar la reacción de su amiga, él estaría listo para actuar.

—¿Quieres ser mi novia? —Preguntó titubeante. Estaba decidido más no tranquilo. Su corazón bombeaba la sangre más rápido y sus manos reflejaban el nerviosismo que sentía moviéndose constantemente una sobre otra.

Ella permaneció en silencio y mirando hacia el piso. Sentía un cosquilleo que nacía en el estómago y recorría todo su cuerpo lentamente. Levantó la cabeza y respiró hondo.

—Sí. Sí quiero ser tu novia. —Dijo tímidamente.

Renji sonrió ampliamente y se colocó frente a ella. Rukia lo miró a los ojos y entreabrió la boca para luego mirar hacia otro lado. Estaba nerviosa y sin saber cómo actuar.

Él se acercó aún más y acarició dulcemente su rostro. Su corazón parecía una bomba de tiempo que en cualquier momento haría explosión en su pecho. Ella no estaba muy lejos de ese estado, siempre había sentido un vuelco en el estómago cuando Renji se aproximaba.

La vio cerrar los ojos y su corazón se aceleró aún más. La besaría, ella se lo pedía y él lo deseaba como nunca. Se agachó hasta tener la altura adecuada y rozó sus labios. Fue tímido, inexperto e inseguro en un principio, después de todo era la primera vez que besaba a alguien, pero poco a poco se fue soltando; la tomó de la cintura y la pegó a su cuerpo mientras sus bocas reflejaban lo mucho que se necesitaban mutuamente.

Se separaron con lentitud solo para mirarse de nuevo y después, continuar con el vaivén, para seguir demostrándose su amor, para confirmar sus sentimientos. Acarició su cabello mientras lo besaba; no era experta en el tema, estaba muy lejos de serlo, sin embargo, él le causaba tanto placer que parecía saber lo que hacía. Era como si sus bocas estuvieran destinadas a permanecer juntas, como si hubieran nacido para ello.

Se apartaron de nuevo, esta vez por más tiempo. Continuaron amándose pero ahora con dulces miradas y suaves caricias.

—Creí que huirías. —Habló el joven tras unos minutos.

—No soy una cobarde, además ya había sido demasiado con lo de esa loca como para arruinarlo aún más.

—Eso fue tu culpa —respondió sonriendo. —¿Quién te manda a creer en las mentiras de Bambietta?

—Tú tienes parte de culpa también. ¿Por qué hiciste equipo con ella para hacer el pastel? Ahí empezó el problema.

—Tenía que trabajar con alguien y obviamente no ibas a ser tú, te recuerdo que era una sorpresa.

—¿Y por qué no lo hiciste con Hisagi o Kira?

—¿Estás loca? ¿Viste como quedó su pastel? Quería que todo fuera perfecto y con esos dos no lo lograría. Es mejor trabajar solo que obtener ayuda de alguno de ellos.

—Lo lamento —comentó apenada, —no quería arruinarlo… El pastel, tú sabes, quedó en el piso y yo…

—Eso no importa. El día que hagas un pastel para mí me vengaré. —Respondió sonriendo.

—¡¿Qué?! Eres un…

—Lo sé, pero así me quieres —Contestó sonrojado.

—Tonto. —Dijo. Ella también había adquirido un tono rojizo en sus mejillas.

Un poco después llegó el director para quitarles el castigo. Sonrió ampliamente al verlos discutir como era su costumbre y no con esas miradas llenas de odio.

—Veo que todo está bien entre ustedes. —Comentó al entrar.

—Sí —Respondieron un tanto avergonzados. De llegar unos minutos antes los habría encontrado en una situación comprometedora.

—¿Se resolvieron sus desacuerdos?

—Sí. Todo resuelto. — Afirmó Rukia con una sonrisa.

—¿Ya no los veré discutiendo en el patio?

—No, para nada. Todo está bien entre nosotros. —Respondió Renji.

—Muy bien ¿Hay algo más que deba saber?

—¿Algo más? ¿Cómo qué? —Manifestó Rukia.

—No sé, alguna nueva noticia. Algún acontecimiento importante en el que necesiten de mi ayuda.

—No, todo está bien Ukitake-sensei, muchas gracias.

—Está bien, ya que todo se arregló pueden irse a sus casas, su castigo terminó. Solo una última cosa: Mucho cuidado con Kuchiki-sama, quiero tener a mis alumnos completos todo el año. —Les sonrió y los dejó solos. Quizás sí había visto un poco de lo que ocurrió.

—Nos vio, ¿cierto? —Mencionó Rukia con la mirada fija en la puerta.

—Sí. ¿Crees que le diga a tu hermano?

—No lo creo.

—¿Crees que debamos pedir su ayuda para hablar con Kuchiki-sama de lo nuestro?

—Tal vez, nii-sama le tiene un gran aprecio, sería de gran ayuda para los dos.

—¿Debería preocuparme por eso?

—Debiste preocuparte desde un principio.

—¿Tu hermano me va a matar?

—¿Podrías dejar de preguntarme todo? Y si tanto miedo tienes entonces dejémoslo hasta aquí.

—Yo nunca dije que tengo miedo, no pienses que te librarás tan fácilmente de mí, ya me aceptaste y no hay marcha atrás. —Contestó sonrojado.

Ella se paró de puntitas y lo atrajo hacia su rostro.

—Lo mismo digo. —Susurró próxima a su boca.

—¡Jóvenes! Me tengo que ir, ¿podrían apurarse por favor? —Gritó el director detrás de la puerta.

—¡S-sí! —Respondieron al unísono.

Salieron del salón rápidamente. En cuanto vieron a Ukitake-sama corrieron lo más rápido posible, solo eso les faltaba para completar ese día repleto de emociones: pasar una vergüenza mayor con un superior.

Llegaron hasta el portón y se despidieron con un simple adiós, para como estaba su suerte, si hacían algo más probablemente encontrarían la furiosa mirada de Byakuya o terminarían saliendo en el periódico, las noticias y la Internet. Tendrían mucho tiempo para aprender a demostrar su amor, al final de cuentas, su historia, con todo y líos, apenas iniciaba.

~oOo~

¡Y fueron felices por siempre jamás! Adasdaasdfgad XD

¡Adoro interrumpir besos! Soy tremenda papá. Como sea, espero que les haya gustado la peque historia, como dije en un principio, tal vez escriba algo más, quizás lo que pasa unos años después y ya no digo lo que sigue, ahora tengo un IchiRuki pendiente y me enfocaré en él ;)… Creo, ayer descubrí más fics medio escritos y eso sin contar los que tengo en la chirimoya. Bueno, ia que estoy divagando. ¡Saludos y gracias por leer! ^^/