Los personajes no me pertenecen. Vocaloid es de Yamaha Corporation.


No podía dormir; había sido una semana terrible. Estaba agotado, pero el juguetón de Morfeo no hacía más que darle esquinazo. No sabía cómo, ni quién había sido. Lo único que sabía con certeza era que su madre ya no estaría nunca más. Ni ella, ni el conductor del automóvil que colisionó contra el que ella usaba tras volver de visitar a sus amigas. Ahora estaban solos con su padrastro. Había tenido que ser fuerte por él mismo y por Rin. Ella asumiera el llorar por ambos al ver que Len no derramaba ni una gota. Pero resultaba agotador soportarlo todo solo. Lo peor de todo aquello era que, que ellos supieran, no tenían más familia biológica que su padre al que rara vez veían y tan solo tenían once años.

Escuchó otro trueno más de la tormenta que había empezado minutos atrás y cuando cesó pudo notar claramente como la puerta de su cuarto se cerraba suavemente, alertándolo.

-Len, ¿estás despierto? –Escuchó a su hermana preguntar con inseguridad. En realidad la estaba esperando. Siempre había temido a las tormentas, y todas y cada una de ellas las pasaban juntos.

Poco después notó un movimiento en su cama y cómo un bulto se deslizaba bajo las sábanas, pegándose a su espalda. La escuchó sonreír.

-Len…

Lo había pillado. Se giró hacia su lado y la pudo ver gracias a que ella había entrado con un candelabro que había dejado sobre su mesilla de noche. Ella lo abrazó sin perder un segundo y escondió la cabeza en su pecho.

-Ne, Len, he crecido. – Se refería a la estatura, aunque tan solo eran unos centímetros. Ellos dos siempre habían medido más o menos lo mismo, pero desde hacía poco ella le había superado por tres centímetros.

-Estoy pensando en dejarme el pelo largo. – Sugirió él. La sintió apretarse a su cuerpo cuando cayó otro relámpago y la rodeó por la cintura en un abrazo mutuo. –Pareceré un canalla, ¿crees que podría quedarme bien?

-A ti nada puede quedarte bien. – Objetó ella sonriendo un poco.

-Tienes razón. Seguro que con un lazo estaría mucho más mono. –Ella le golpeó ofendida, ya que siempre usaba lazos para adornar su cabello. - ¡Ouch! ¡Para!

Se quedaron unos minutos en silencio, escuchando la lluvia caer al otro lado y algún que otro trueno, protegidos por las paredes de la casa y bajo el calor de otro cuerpo, cada uno sumido en sus propios pensamientos.

-Ahora somos tú y yo.

-Siempre lo hemos sido. –Discutió.

-Digo que ahora estamos solo nosotros.

-No hay tanta diferencia. – Len encogió sus hombros. – Mamá apenas pasaba tiempo en casa. Además tenemos a su marido.

-Ya, pero…

Ella nunca terminó esa frase. Se perdió de nuevo en sus cavilaciones. Entonces fue el turno de Len para dudar. Estaba cansado de contener su malestar. Lo que él no sabía era que su hermana melliza se moría de ganas por ayudarle, pero al mostrarse él tan impenetrable no encontraba oportunidad. En ese momento ella vio su hueco.

-¿Crees que siguen con nosotros?

-Claro. Papá siempre lo decía: "Las personas viven en los corazones tanto tiempo como se les nombre."

-Como se les recuerde.

-Eso he dicho. – Rin besó su pecho y le acarició con suavidad el hombro, en ese punto que sabía que lo tranquilizaba.

-La echo de menos… - Esta vez fue Len quien la abrazó con más fuerza, rindiéndose.

-Yo también… pero mamá no habría querido que sufriéramos por su culpa.

La joven se alarmó al notar húmedo su hombro, donde reposaba la cabeza de su hermano. Besó su cabello y acarició con más ternura su espalda. Era su turno de ser fuerte. No supo cuánto tiempo estuvieron en los brazos del otro, pero notó que Len se había calmado y conseguido dormirse, por lo que se quedó mirándolo por largo rato. Él era precioso y vulnerable. Ella había jurado protegerlo, animarlo, estar a su lado… Y esa semana fue todo lo contrario. Se reprochó mentalmente por su actitud llorona, haciendo una nueva promesa de no volver a derramar ni una lágrima a cambio de permitirse un capricho. Le besó en su comisura izquierda, sonrojándose y castigándose a sí misma porque eso estaba mal, pero es que hacía tanto tiempo que no le daba un beso… Cuando pillaban a su madre y su padrastro besándose en la boca, él se sonrojaba y su madre les explicaba que era lo que hacían las personas que se querían mucho. Los mellizos se querían mucho, así que siguieron su ejemplo hasta que fueron lo suficientemente mayores como para darse cuenta que hacer eso entre hermanos no estaba bien. Rin se dijo que sería su secreto y cerró sus ojos buscando el sueño.

Len despertó unas horas después. Su hermana tenía su cabeza apoyada en su pecho, a solo centímetros de su cara, por lo que ella fue lo primero que vio. Para su fortuna, sus orbes azules se encontraban ausentes, ya que sintió que algo no estaba bien.

Se levantó con cuidado de no despertarla, pero resultaría inútil; Rin tenía un sueño tan pesado que aunque pasara una apisonadora por su lado no se enteraría.

Bajó las escaleras y escuchó a su padrastro hablando por teléfono. Así que eso era lo que lo había despertado. Se sentó en una esquina para escuchar sin ser visto, abrazando sus piernas.

-¿…ahora?... Eso no cambia nada… ¡No!... Ella la tenía y nosotros estamos casados, ¡me pertenece!… Tienen su vida aquí… –Esta vez fue un silencio más prolongado. Lo siguiente lo dijo apenas con un hilo de voz- ¿Len…?

Al susodicho se le paró el corazón y por un segundo se olvidó de respirar. Hablaban sobre ellos.

-…Entiendo… No, no lo comparto… No, todo menos eso, ¡te lo ruego!... -Incluso el niño pudo escuchar unos gritos salir del teléfono- Es-está bien…

Pese al shock inicial reunió valor para echar un ojo a su padrastro. Estaba pálido, pasándose continuamente la mano libre por el cabello. Se giró hacia Len y fue demasiado tarde para esconderse, por lo que salió por completo, dirigiéndose al hombre que le miraba fijamente y con seriedad.

-... Sí, nos vemos allí. –Colgó con sarcasmo, golpeando el teléfono un poco más fuerte de lo debido. – Len… tengo que hablar contigo. Con vosotros. Ese era tu padre. Seré directo, quiere vuestra custodia. Concretamente te quiere a ti. Le he pedido un juicio e iremos a tribunal a finales…

-No hace falta. Iré con él.

En el pequeño cuerpo de Len se mezclaron en menos de cinco segundos un amasijo de emociones. Por un momento imperó el odio a su padre por pretender desligarlos del lugar al que pertenecían pero fue rápidamente dominado por la preocupación por Rin. Ella no soportaría dejar toda su vida atrás. Sabía que su padre ganaría ese juicio, a fin de cuentas era su padre biológico y tenía una pareja estable. No podía separar a su hermana de sus amigos, pero tampoco quería separarla de él. Hacía poco se había dado cuenta que no sentía lo mismo por ella que hacia Miku, Luka o incluso Gumi. Le gustaba Rin, siempre le había gustado. Y eso estaba mal, muy mal, puesto que ellos eran mellizos. En su madurez infantil Len comprendía todo eso y que si quería olvidar ese cariño especial tendría que alejarse de ella. Esta era la oportunidad perfecta. No pudo evitar las lágrimas, no cabía la posibilidad de comparar la pérdida de su madre con esta otra. Dolía. Dolía demasiado.


Continuará...