Otro capítulo más sin ser propietaria de Sherlock, ese honor es sólo de la BBC y ACD.

Muchas gracias a toda la gente que ha leído, comentado o marcado la historia como favorito o la ha seguido.

Editado 30/09/14


- Capítulo 4: La tela de araña -

Barrio de Kensington, King´s Road, 23 de enero de 2013

El Detective Inspector Greg Lestrade no podría decir cuando la vida que tenía dejó de ser la vida perfecta con la que siempre había soñado: un reciente ascenso, una idílica casa de dos plantas donde vivía con una familia amorosa. Una vida donde tenía algo por lo que vivir y disfrutar cada momento para llegar a convertirse en otra en la que todo lo que formaba parte de ella parecía querer morderle en el trasero. En menos de dos años había visto el fracaso de su matrimonio, no veía a sus hijas salvo dos horas robadas a domingos alternos y eran unas desconocidas para él que las veía crecer lejos sin poder evitarlo. Tenía un equipo más interesado, diciéndolo de una manera clara, concisa y siendo totalmente sinceros en follar en la sala de archivos que en resolver los casos y en llevarse bien con el resto de Scotland Yard, empezando por él mismo y con los consultores que trabajaban junto a ellos. Y sin ninguna clase duda, lo peor de su vida era precisamente uno de esos consultores que se paseaba en la actualidad por la última escena del crimen, como si estuviera en un maldito parque de atracciones hecho para su disfrute. Suspiró para sí necesitaba calmarse y tal vez fumar un cigarro, o cinco mejor. Los últimos días habían sido, desde la oleada de asesinatos de hace dos años, lo peor con lo que se había tenido que enfrentar en su carrera dentro del cuerpo. La brutalidad que se había encontrado en ellos le había impedido liberar su mente de las imágenes que se repetían constantemente en ella. ¡Dios! Había demasiada sangre en una sola de esas escenas, como para poder olvidarse un solo instante de ninguna de ellas. Y en siete días había habido diez de esos crímenes. ¡Malditos psicópatas! Juró en su mente tratando de liberar algo del estrés contenido.

- Sherlock – Trató de llamar la atención del detective consultor, que se había puesto en cuclillas mientras con las manos en una posición orante contemplaba la habitación, en busca de algo que hubiese perdido anteriormente en su observación de pie. - ¿Ves algo?

- Nada nuevo. Se trata de un profesor, ya jubilado, solvente económicamente. Vivía solo y no solía recibir visitas en la casa; pero normalmente se reuniría con un grupo de amigos elegidos de su mismo nivel cultural elevado, en un club o café, para escuchar tertulias, escuchar conciertos… Un solitario en definitiva. Hace poco ha regresado de un viaje a Egipto como se ve por los trípticos del Museo del Cairo y la Guía de esa ciudad colocados en esa mesa. Nada que indique como un hombre como él haya podido llamar la atención del asesino ante el que nos enfrentamos, en fin. – Suspiró y Lestrade no se hizo ilusiones que fuera por compasión a la víctima. – El modus operantis del asesinato es el mismo que los otros. Sin duda, la victima ha sido drogada con ketamina y sufrido alucinaciones posiblemente inducidas para lograr que fuesen más profundas y terroríficas, que le han llevado a la automutilación y realizarse numerosos daños corporales de gravedad. Una vez que el pico de la droga ha cedido la victima ha sido atada al arnés preparado previamente por el asesino, con los brazos por encima de la cabeza. Cuando ha recuperado el conocimiento, el asesino le ha seccionado las venas de las muñecas, codos y rodillas, lo que ha hecho que se fuera desangrando lentamente y sufriendo profundamente en el proceso, mientras él ha contemplando la escena, sin duda, disfrutando de toda su obra. Como te he dicho ya nos encontramos ante un psicópata, muy inteligente, que le gusta hacer daño a los demás y disfruta al infringirlo.

- Entonces, podrías ser tú mismo, ¿no? – Anderson le sonrió, mientras continuaba hablando sin darse cuenta de la mirada fulminante de Lestrade sobre su persona. - No creo que puede haber en Londres otro como tú.

- Si fuera yo, nunca lograrías sospechar de mí y solo habría cometido un asesinato. Te aconsejó que cierres la boca si no tienes nada mejor que hacer que expulsar el aire por ella. – La mirada gris del detective no dejo dudas de quien hubiese sido su víctima, en ese caso, de ser él el asesino. - A nuestro hombre le gusta el espectáculo, todas las escenas, toda la sangre, es para hacerla más brillante que no la perdamos de vista. Quiere que no seamos capaces de olvidar ningún detalle de los que la componen. Sin embargo, los muertos parecen ser escogidos aleatoriamente, no tienen la misma edad, posición social, residen en puntos distintos de la ciudad, ni siquiera sus trabajos parecen coincidir en ningún punto para poder relacionarlos. Parece que, simplemente, tuvieron mala suerte a la hora de llamar la atención de nuestro hombre.

- ¿Y la nota y las flores? – Pregunto Donovan, muy callada hasta esos instantes, su antagonismo hacia Sherlock parecía decrecer a medida que se enfrentaban a más muertes como si la energía para hacerlo le fuese drenada del cuerpo, como la sangre que había caído en el suelo proveniente de las víctimas.

- ¡Por Dios, Sargento Donovan ¡ ¿Tengo que hacer todo su trabajo? – Ninguno de los presentes se llegó a sorprender de la explosión de ira del hombre. Llevaba demasiado tiempo parado, había dado demasiada información a cambio de nada y seguían en medio de ninguna parte para poder capturar al asesino lo que junto a la falta de datos, le hacía más inestable y volátil de lo normal. - La nota, como las anteriores, sólo tiene escrita la palabra Ángel en ella. Tal vez se trata de una referencia a qué las víctimas eran vistas por el asesino como un ente celestial, dignos de pureza, pero el sadismo de los asesinatos, desde luego, muestra que no les tenía en esa consideración. Es más bien como una firma personal del asesino una dedicatoria a alguien para cometer esos asesinatos. Y esa persona está muerta, al menos para él, si hacemos caso al mensaje que nos quiere transmitir con las flores que componen el ramo ya que son las anémonas, de la variedad Anemone hupehensi. Su nombre deriva del griego "anemos" que significa "viento" y representa lo efímera que es la vida humana. En la mitología griega, las anémonas nacen de la sangre de Adonis y simbolizan la muerte, es muy común encontrarlas plantadas en torno a las tumbas en la mayoría de los cementerios ingleses; y las otras son azucenas, que en el mundo occidental, es el símbolo más difundido de la pureza y la perfección. Son también símbolo de la paz, la divinidad y la inocencia. Todo esto sólo puede llevar a una conclusión y es que las víctimas, junto al ramo, son una ofrenda del asesino a una persona que ha perdido, muerto lo más probable, a la que denomina Ángel. Más que un nombre propio yo creo que se trata de una personificación de todas las cualidades positivas que nuestro asesino le otorgaba al difunto, lo que no nos da ninguna información sobre su sexo, edad o condición.

- Un poco macabro realizar estos asesinatos y dejar después las flores a una persona pura ¿no?

- Donovan, se trata de un psicópata, no creo que tenga idea de que es lo adecuado salvo lograr lo que se ha propuesto, su propia satisfacción.

- Deberíamos volver a investigar para ver si hay alguna muerte que relacione los asesinatos, ya sea fortuita, en un accidente, natural o….algo debe haber. – La mujer se mordió los labios, frustrada más allá de lo que las palabras podían transmitir.

- No creo que encontremos nada, la única relación es el asesino y él sólo saldrá al escenario cuando lo crea conveniente hacer. – Pensó en voz alta Lestrade mientras contemplaba la habitación, casi sintiendo impotencia, casi.

Sherlock se levantó y empezó a salir hasta la puerta, mientras Lestrade hacía un gesto a sus subalternos para continuar procesando la escena y se puso rápidamente a su par en las escaleras.

- Espera. – El detective se detuvo en un descansillo y dio tiempo al inspector a llegar a su altura. – Hay algo que me molesta en todos estos asesinatos. Hemos visto antes ese sadismo, ese gusto por la tortura y el dolor, ¿no crees que Moriarty pueda estar detrás de ellos?

- Ese fue mi primer pensamiento después de ver la primera muerte, pero dejar una nota y flores parece tan fuera de él, de su comportamiento habitual. - Sherlock se pasó de manera nerviosa la mano por el pelo mientras iba desgranando sus pensamientos, sin ser plenamente consciente del policía que le escuchaba.- Aparte de la cuestión esencial que Moriarty sería incapaz de sentir ninguna emoción hacia otro ser humano y de hacerlo ¿qué clase de amor daría? Más bien sería una obsesión y pobre de quien fuera el destinatario. No puedo descartarlo sin embargo. Hace más de dos años, esa ola de asesinatos que cometió fue el resultado de una ira ciega. Algo produjo esa explosión ¿el qué, sin embargo? Él trabaja como una araña, mueve los hilos y domina muy bien sus emociones en todo momento, solo las deja escapar en instantes puntuales. ¿Podría haber sido la pérdida de alguien o algo lo que produjo ese cambio en el patrón hace dos años? ¿Serían estos su tributo? No tengo datos suficientes para responder a estas preguntas ahora mismo.

- Pero no lo debemos descartar.

- Nunca. Y lleva muchos meses en silencio, como para presagiar nada bueno. Nos vemos. Si hay más datos infórmame.

- Desde luego.


Baker Street, 23 de enero de 2013

Sherlock subió los diecisiete peldaños que separaban la calle de su vivienda, mientras su mente iba repasando los datos del caso, una y otra vez. Su sospecha que detrás de los asesinatos estaba Moriarty era cada vez más fuerte de lo que le había dejado entrever a Lestrade. La sangre fría con que se seleccionaba a las víctimas, la manera perfecta en que se realizaban sin dejar huellas ni pistas, su propia ejecución clamaba que su realizador era el genio criminal. Pero esa referencia "Ángel" le seguía desconcertando.

¿De verdad, había existido alguien en el mundo capaz de llamar la atención a Moriarty? Y si el mensaje oculto en las flores era cierto había sido todo lo contrario a su personalidad y sin duda el consultor criminal lo había idolatrado hasta la locura. Bueno, eso no era demasiado difícil porque ese era su estado mental natural.

El detective se dejó caer con un suspiro sobre el sofá del salón, eran demasiados días sin dormir e incluso él comenzaba a notar el cansancio acumulad. Sentía ralentizar sus procesos mentales y su cuerpo estaba comenzando a pagar la factura de todos sus excesos. No tenía ni fuerzas para levantarse por una taza de café. Sus pensamientos volvieron a su némesis, tantos años detrás de él, casi toda su vida. Primero como una forma difusa hasta que fue adquiriendo forma detrás de la tela de araña que tejía. A veces, más que como el insecto lo veía como a Napoleón, un general capaz de mover sus tropas por todo el tablero de juego, sin que sus adversarios sospechasen sus intenciones hasta que fuera demasiado tarde. Del mismo modo que le aborrecía, no podía dejar de sentir admiración por su inteligencia, no, su genialidad. A veces pensaba si él le podría superar en ese mismo papel de consultor criminal. Sonrió para sí, era más divertido jugar para derrotarle…. y él, nunca le hubiese perdonado que se cambiase al otro lado recordó una pequeña voz al fondo de su mente.

Finalmente, se logró levantar y preparar el café mientras seguía rumiando sus pensamientos para sí. Era consciente que Moriarty le había elegido como su adversario principal, tal vez por edad ya que eran similares en ella, por su mente o por una razón más aleatoria o estúpida con un psicópata nunca se podía saber cuál era la motivación última. Pero a veces no podía evitar el pensamiento que el otro le parecía odiar con un sentimiento que iba más allá de estar en distintos bandos de la ecuación bien-mal, como si hubiera algo demasiado personal en todo el asunto y que las cuotas para tratar de hacerle sangrar eran más elevadas que para el resto de sus rivales. Algo que no parecía encajar de todo con el perfil que había creado de él, como si le faltase un pedazo de información para armar todo el puzle y encontrar la solución final al problema que era Jim.

Y después está Mycroft, su lucha con el irlandés en ocasiones parece demasiado enquistada, vieja y con demasiados bordes afilados como para no dejar de ser personal. Sherlock sentía que hay más de lo que le ha contado su hermano, que hay una razón personal que se le esconde detrás de todas sus palabras hablando del bien general y del inglés en particular para buscar la caída de Moriarty. Su hermano es demasiado analítico, demasiado frío para no mover sus piezas con una maestría digna del mejor ajedrecistas, pero el genio criminal parecía capaz de hacer nacer en él emociones humanas si eso es posible en un trozo de hielo. El joven ha visto el odio llegar a brillar en los ojos verdes de su hermano y la decisión de que su rival muera a cualquier precio, cuando su opción habitual habría sido capturarle vivo, para aprender todo de su organización, de sus clientes y los secretos que guarda, para su provecho no era lógica. No era una decisión propia de Mycroft ni de su mente. Extraño, tal vez sea un sentimiento fraternal hacia él y que no se vea amenazado pero lo duda. La misma actitud del consultor criminal es llamativa, aunque se enfrenta al mayor de los Holmes de tener que hacerlo parece evitarle por principio. Hay algo, pero no puede desentrañarlo otra pieza que no encaja. Tira enojado un cojín a la pared que derriba una pila de libros al caer al suelo con fuerza. No soporta la frustración de no saber, algo deberá hacer para no estar ciego.

Revisó su móvil para ver si había alguna noticia sobre el caso, pero como se esperaba no hay nada nuevo en el tiempo transcurrido desde que se fue del escenario del crimen. Sólo queda esperar a que se cometa otro y ver si hay un fallo, una pequeña pista que pueda llevar a su captura final. Sus ojos se quedan fijos en la fecha de la pantalla, no había querido ser consciente de ella pero mañana serán tres años, tres largos años. Por suerte para él, en ese momento siente abrirse la puerta y entrar a su compañero de piso en el salón.

- ¿Algo nuevo?

- Nada, estamos igual. – Lestrade dejó caer sin cuidado su abrigo sobre una silla y se sentó en su sillón. – No tenemos pistas, nada que podamos seguir y los de arriba ya se han puesto demasiado nerviosos, ante la presión de los medios y no paran de llamar para meternos prisa en solucionar el caso.

- ¿El alcalde?

- Si sólo fuera él me daría con un canto en los dientes de felicidad. – El inspector bufó, mientras se quitaba la corbata y se desabotonaba el botón superior del cuello de la camisa poniéndose cómodo después de demasiadas horas de trabajo y tensión en él. – Uno de ellos ha sido tu hermano.

- ¿Sí?

- Quería saber que hipótesis teníamos y si había algo nuevo. Solo le pude decir la teoría sobre que la palabra ángel podría referirse a ser alguien importante para el asesino. Por mi parte, le pregunte si podía el ver la mano de Moriarty en los asesinatos.

- ¿Y qué contestó?

- Nada, colgó después de decir que debemos resolverlo rápido. – Lestrade miró al hombre más joven, y carraspeó antes de hablar. – Tengo la impresión que sabe más que nosotros. Llámalo intuición de policía viejo.

Sherlock no contestó sumando esos datos a todos los demás del caso que seguían bailando en su cabeza.


El inspector se encogió de hombros, ya acostumbrado a las rarezas de su compañero de piso y fue a buscar algo para cenar. Llevaba casi dos años viviendo con el detective tras haber tenido que irse de su casa al descubrir las infidelidades continuas de su ex mujer y tener que pedirle el divorcio. Sin lugar donde ir, la propuesta del joven de compartir gastos de vivienda le había sorprendido y tras mucho dudar al final había aceptado. En ese tiempo le conocía desde hacía seis años, en agosto de 2005 había sido su primer encuentro si no recordaba mal. Desde el principio le había sorprendido su genialidad, su capacidad de pensamiento, el poder ver más allá de la media de los hombres. Recordaba su primera impresión: un yonqui en medio de un subidón, que siendo él todavía un sargento había irrumpido en la escena del crimen, situada en un callejón de la City y había deducido correctamente quién era el asesino, sólo contemplado el cadáver y lo que le rodeaba. Había logrado averiguar quién era y desde ese momento trató de ayudarlo, al principio sin resultado, pero vio su oportunidad en el cebo de los casos que le llamaban irremediablemente. Sus superiores al principio se habían negado a que un civil en rehabilitación por su dependencia a las drogas actuase de consultor con el Yard, pero de manera "extraña" habían cedido finalmente.

Fue una lucha constante para ayudarle a salir de las drogas y tras muchas recaídas y tiempo lo habían logrado. Al principio de conocerle había sentido pena por el joven al pensar que Sherlock no tenía familia ya que nunca los mencionaba ni acudía a ellos en busca de ayuda, así que su sorpresa fue mayúscula cuando Mycroft se presentó en su oficina para hablar sobre la situación de su hermano. A pesar de la frialdad del mayor y de la clara hostilidad del menor hacía éste, Lestrade no podía de dejar de notar la sincera preocupación del primero en su bienestar y el cariño, aunque nunca logró que Sherlock lo aceptase como cierto o cejase en su actitud desafiante desestimando sus palabras como sentimentalismos baratos de un idiota sin cerebro. Nunca conoció a nadie más de la familia, los dos hermanos habían convertido el tema en tabú y nunca había querido atravesar esas barreras por respeto a su intimidad.

Fue una sorpresa cuando se entero de la sobredosis de Sherlock hace casi tres años, parecía que su recuperación era completa, que su vida continuaba con fuerza, cuando de repente, se encontró contemplándole desde un cristal mientras luchaba por su vida. El propio Mycroft, muy apagado y consumido, se había hecho en esta ocasión totalmente cargo de la rehabilitación de su hermano y lo había ingresado en una costosa clínica en la campiña. Tres meses después el detective había vuelto y nunca había hablado de lo que le había llevado a recaer, se limitó a recuperar su vida en el mismo punto donde la había dejado. Pero Lestrade no podía evitar pensar que solo era una cáscara vacía, que había perdido lo que lo animaba anteriormente: una luz que ya no estaba en su interior y que antes lo iluminaba. Su enfrentamiento con Moriarty parecía lo único que le devolvía algo de esa brillantez pasada, pero no podía dejar de pensar que era un espejismo que el joven estaba totalmente roto y nunca podría recomponerse a lo que una vez hubo. Casi fue un alivio irse a vivir con él para poder cuidarle mejor, si no hubiese sido un resultado el perder a sus niñas eso era lo que más le dolía del divorcio. A pesar de un intento de nuevo, de Mycroft para controlarle como espía de su hermano, su vida había continuado adelante con todas las locuras e idiosincrasias propias de Sherlock y ahora lo consideraba casi como un hijo, algo rebelde, pero, que detrás de todas sus asperezas tenía un buen corazón y buenas intenciones. Y aunque nunca se lo dijera, sabía que también tenía el aprecio de su compañero aunque fuese muy en el fondo de su interior encerrado bajo siete llaves.


Baker Street, 24 de enero de 2013

Lestrade gruñó cuando a las tres de la mañana sonó el teléfono en la mesita de noche. Temía contestar al imaginarse las palabras que iba a escuchar, pero, su idea del deber pudo más que sus miedos y lo cogió finalmente.

- Sherlock ¡levanta! Hay un nuevo cuerpo en el Soho. – Gritó a través de las escaleras mientras se vestía rápidamente.

El detective tardó menos de cinco minutos en vestirse e instar al policía, que bebía un café mientras le esperaba a irse.


El Soho, Londres, 24 de enero de 2013

Lestrade suspiró ante la escena que se desarrollaba en el salón del piso de la víctima: una mujer joven, Samantha Leeds de veintisiete años y abogada laborista, lucía las mismas heridas auto infligidas en todo su cuerpo y colgaba como todas las demás víctimas de sus muñecas. Se había desangrado lenta y totalmente antes de morir horriblemente. Nota y flores parecían completar la escena. Macabro, como era la norma en este caso.

Anderson y Donovan ya se encontraban procesando la evidencia y todo parecía indicar que había algo nuevo en ella que les había llenado de energía para realizar su cometido, por una vez.

- Señor.- La mujer le saludó con respeto mientras se lanzaba a hablar rápidamente de lo que habían encontrado hasta ese momento. – A primera vista todo parece igual, la colocación de la víctima, como murió, la nota y las flores, pero está vez entre ellas había una foto y más escrito en la nota, aparte de "Ángel".

- Enséñame lo nuevo entonces.- La sargento pasó a su superior las pruebas ya contenidas en bolsas de evidencias. Lo primero que miró fue la fotografía y sintió que se le helaba la sangre al pensar en todos los significados que podría tener esa imagen. Un niño sonriente, de unos escasos diez años, posaba abrazado a un perro. Era tal la sensación de inocencia y pureza que transmitía, que el nombre de Ángel escrito por detrás parecía lo más apropiado para nombrarle. En silencio se la paso a Sherlock, sin darse cuenta de cómo éste se quedaba congelado al verla, pasando el pulgar de la mano derecha en un gesto de ternura sobre ella.

- Es un niño precioso. – Murmuró Donovan casi para sí. – La foto parece ser de hace años, así que ahora tendría bastante más edad posiblemente por la ropa hayan pasado unos veinte años, estaría comprendida entre el ratio de los veintisiete y treinta años. Pero creo que nuestra suposición que estaba muerto es correcta. Lea la nota.

- "Ángel. Tres años muerto, tres años añorando tu ser. Muerto por la reina y por la patria. Por culpa de aquellos que no supieron cuidarte inundaré el país de sangre y lágrimas, quemaré sus tristes corazones. James". – Lestrade volvió a releer la nota, esta vez en silencio para sí, antes de volver a hablar en voz alta. – Parece que nuestro hombre, James, está en una vendetta para vengar la muerte del niño, mejor dicho joven, de la foto. Por lo que parece desprenderse de la nota era un soldado en el momento de su muerte. Debemos localizar si ha habido algún soldado fallecido hace tres años que se llamase Ángel o…

- No hace falta. – Le interrumpió Sherlock. El policía volvió sus ojos hacía él y lo vio más pálido de lo habitual, sus manos siempre de pulso sereno, increíblemente temblaban mientras sujetaban la fotografía del niño, de la que sus ojos no separaban la mirada. Lestrade sintió como un nudo le cerraba la garganta, mientras hacía una relación imposible en su mente: hacía tres años que había muerto ese joven, hacía casi tres años que Sherlock casi se mata así mismo con una sobredosis. ¡Dios! No creía en las casualidades, pero deseaba con toda el alma que solo fuese su imaginación…

- Nos vas a decir que con una simple mirada a un papel sabes decir ya la historia de una persona. – Se buró Anderson. – Tus poderes crecen monstruo, dentro de poco serás capaz de volar.

- Puedo decirte toda la historia de su vida, cada pequeña anécdota de cuando era bebé, lo que le hacía vibrar, cuáles eran sus sueños, su equipo de futbol favorito y el plato que más odiaba…- La voz de Sherlock sonaba muerta, plana de sentimientos, como si estuviera a años luz de ellos. Lestrade sintió como desaparecía todo el aire de sus pulmones, mientras escuchaba las siguientes palabras, no podía ver más que fuego y destrucción tras ellas, el dolor de una herida incurable. – Te podría decir eso y más, porque le conozco desde que nació, vi sus primeros pasos y oí sus primeras palabras. Hace tres años lloré su muerte y con él desapareció lo mejor de mi vida, aquello que me hacía humano. No sé quién está matando en su nombre, pero te puedo jurar aquí y ahora, que le detendré aunque sea lo último que haga en mi vida. Porque nadie tiene el derecho de empañar su memoria de esta manera, más cuando él hubiera sido el primero en condenar y tratar de detener estos crímenes. – Se detuvo un instante, para respirar, sin ser consciente de cómo el resto de la habitación parecía haberse congelado escuchando sus palabras. - Si, Anderson, le conozco y cada segundo de su existencia me lo pasé amándole, adorándole, cuidándole, evitándole todo mal si me era posible hacerlo que nada fuera capaz de dañarlo. ¿Sabes por qué? Porque ese hermoso niño que sonríe con toda la inocencia del mundo en esa fotografía es mi hermano pequeño, es John.


Gracias por leer, al_dena


N/A: Sí, el niño era nuestro querido John, creo que sé me veían las intenciones desde la primera línea, en fin, pobrecito. Pero todavía queda mucho de contar sobre esta familia, demasiados rencores y secretos…

Tengo que confesar que vi el episodio de Elementary titulado M y me inspiré en él para mi método de ejecución, añadiendo algunas cosinas, pero mi mente no lograba encontrar nada que me sirviese como quería.

Como siempre espero que os haya gustado y disfrutado leyéndolo, si no aquí estoy para recibir todos los tomates que queráis lanzar. Un saludo.