28 de mayo y nieva en las montañas ¡increíble!...pero menos increíble es Sherlock, ni sus personajes me pertenecen, no tan siquiera John¡ sino que como es sabido pertenecen a la BBC y a ACD
Muchas gracias a todos los que habéis dedicado un poco del tiempo de vuestra vida a leer esta historia y a todos los que habéis dejado un comentario. Muchas gracias y un montón de abrazos. Espero que os disfrutéis del nuevo capítulo
Editado 30/09/14
- Capítulo 5: Los lazos que nos unieron_-
Barrio de Mayfair, West Londres, 28 de mayo de1983
Sherlock atravesó con cuidado el elegante vestíbulo de su casa para tratar de averiguar quiénes eran los visitantes recién llegados a ella. En su misión de reconocimiento trató de evitar las miradas entrometidas del mayordomo y el resto de los criados que podían encontrarse en la entrada o en las inmediaciones pretendiendo trabajar y que siempre parecían cernirse sobre él como cuervos tras su presa, aunque no estuviese haciendo nada inapropiado o peligroso (casi siempre). Pero ese día, sabía que sería conducido a su dormitorio si era descubierto, ya que seguía castigado después del fracaso del experimento del día pasado. El niño de apenas cinco años, suspiró ante la incomprensión de los adultos, no era culpa suya que no supieran apreciar sus investigaciones en toda su importancia aunque era cierto que habían sido bastante olorosas en la última fase y no de una manera ciertamente agradable tuvo que reconocer mientras arrugaba la nariz con desagrado ante el recuerdo olfativo de la víspera.
Alto y demasiado delgado para su edad ya que aparentaba ocho años en vez de los cinco que tenía, sus ojos grises reflejaban una mente inquisitiva y demasiado precoz para que la mayoría de la gente que le rodeaba se sintiese cómoda a su lado y su estilo directo y demasiado afilado para un niño tan joven tampoco ayudaba a sentir simpatía hacia su presencia. La verdad, poco le importaba lo que opinasen de él, no tener amigos o ser burlado por sus compañeros de clase era un ligero precio a pagar por ser superior, más listo, se recordaba todos los días antes de enfrentarse a su clase, dos años mayor que él. Prefería leer a la gente, catalogarla y ver sus vidas sin tener que interactuar con ellos, aunque eso no impedía que cuando se sentía molesto les lanzase todos los datos que había obtenido a sus tristes caras y contemplar cómo se retorcían ante sus deducciones acertadas. A veces fallaba, lo tenía que reconocer, pero, se había propuesto que cuando tuviese quince años ya no tendría ningún error en ellas. Le gustaba el sonido de la palabra deducción, había sido Mycroft quien se la había enseñado hacía algún tiempo y la solía usar a diestro y siniestro para dar mayor énfasis a lo que afirmaba.
Sus padres le habían llevado preocupados por su incapacidad de relacionarse con la gente a un psicólogo infantil que le había diagnosticado con una forma leve de sociopatía auto inducida, por su evidente incapacidad de sentir empatía por la gente que le rodeaba como había expresado en su informe final. Sus padres lo habían desestimado, ya que consideraron que el diagnóstico era demasiado cerrado que buscaba la comodidad del profesional que lo había emitido, sin molestarse en indagar más en la psique y personalidad de su hijo. Pero eran conscientes que podía estar muy cerca de la verdad, que a Sherlock le costaba sentir ciertamente empatía hacia las personas que le rodeaban y consideraba normal obviar sus sentimientos a favor de cumplir sus objetivos y deseoas. Les había preocupado más que hubiese sido otro el diagnóstico, pero nunca se habían atrevido a verbalizar ese oscuro pensamiento fuera de sus mentes. No habían perdido el tiempo en lamentaciones ni en auto flagelarse por la situación que vivía su hijo menor. Habían tratado de ayudarle en la medida de sus capacidades, darle calor, amor y todo el cariño que podían a pesar que en ocasiones su trabajo les obligaba a estar lejos de su hogar e hijos. Le habían explicado lo que significaba el diagnóstico del psicólogo y le había parecido algo maravilloso, había razonado con toda la astucia de un niño de su edad que si se presentaba de esa manera ante el mundo, nadie le juzgaría por decir lo que quería, ni tendría que molestarse en hacer amigos, ni los profesores le incordiarían para que fuese más sociable. Pero sabía, en el fondo de su mente, que era algo incorrecto ya que si se preocupaba por sus padres y no quería decepcionarles nunca, sabía que les quería aunque no se molestase en demostrarlo casi nunca. A Mycroft también le tenía guardado un lugar especial en su vida, ya que era la persona más similar así mismo que conocía y era capaz de comprenderle a la perfección. A pesar de su diferencia de edad, su hermano tenía quince años y ya era un anciano total, siempre tenía tiempo para estar con él, le encantaba cuando le ayudaba en sus experimentos o le enseñaba cosas nuevas, más divertidas que las de la escuela. Para el pequeño Holmes su hermano mayor era un héroe al que emular en esos momentos.
Y después estaban sus padrinos, las dos únicas personas fuera de su familia que le importaban. Su madrina Isabela, siempre tan sonriente y comprensiva, le transmitía felicidad pura. De todos los adultos era la única que siempre tenía tiempo para que el niño disfrutase de su edad auténtica y aún así, enseñarle un montón de datos al ser una doctora en Química pero todo ello jugando y entre risas. El padrino de Sherlock era su marido Henry. si existía algo más opuesto a Isabela sería él; era un hombre serio, un estoico coronel del ejército, con una mirada azul profunda demasiado penetrante en ocasiones pero que escuchaba al niño con seriedad y le incluía en las conversaciones dándole la misma importancia que al resto de los adultos que participaban en ellas. Sherlock no quería defraudarle y siempre se sentía realizado cuando veía la aprobación en los ojos de su padrino. La pena es que trabajaban en un proyecto conjunto con los Estados Unidos en Colorado y su tiempo transcurría entre ese país, Escocia donde vivían con su familia y Australia donde tenían propiedades. Eran pocas las ocasiones que podían verse pero esos días siempre eran especiales.
El reconocer las voces que salían de la biblioteca como la de sus añorados padrinos le hizo abandonar su disimulo en la escucha y sin importarle ya la posibilidad de aumentar su castigo, abrió de golpe la puerta y se lanzo a abrazar a su madrina, que le envolvió entre sus brazos mientras le besaba con delicadeza en la frente. Sintió sobre el hombro el suave apretón de la mano de su padrino y sonrió feliz de verlos.
- Sherlock. – Su padre le llamó, el niño levantó la vista preocupado de haberle enfadado, pero sus ojos, muy similares a los suyos propios, sólo miraron con calma y una leve sonrisa en sus labios. – Deja que tu madrina se siente ya que acaban de llegar desde Australia.
- ¡Oh! Lo siento tía Bela, ¿estás cansada?
- Un poco mi niño. – Le sonrió mientras se volvía a acomodar en el sofá y le hacía sentarse a su lado. Sherlock, de manera automática la analizó: se la veía desde luego cansada, con la cara un poco demacrada pero al mismo tiempo muy bella, irradiando una paz y una felicidad interior por todos los poros de su piel. Se preguntó que la hacía tan feliz ¿tal vez había llegado a un descubrimiento impactante? Tendría que preguntarle después.
Su alegría duró poco al enterarse que sólo se iban a quedar esa noche a cenar y después iban a reunirse con los padres de tío Henry en Inverness. El más pequeño de los Holmes frunció el ceño mientras trataba de recordar la relación familiar que tenía el Clan de los Watson con su padre: las bisabuelas habían sido hermanas, así que eran primos o algo así, aunque se habían criado como hermanos y era frecuente que los Holmes acudiesen a la residencia de Sir Mervin Watson y disfrutasen de las visitas a las islas Orcadas que se encontraban cerca de la misma. La casa, una mansión de estilo Tudor que había pertenecido a la familia durante más de tres siglos, se encontraba perfectamente cuidada ya que la familia, perteneciente a la nobleza terrateniente escocesa, había sabido adaptarse a los cambios de la sociedad del siglo pasado y junto a sus negocios en Australia logrado mantener su riqueza y status social sin merma. Sherlock no pudo evitar la esperanza de que pudiese ir allí con sus tíos, ¿tal vez si se lo pidiese le dejarían? Le encantaría volver a montar en poni por los prados que había detrás de la mansión.
Casi no se entero, tan inmerso estaba en sus propios pensamientos, cuando los mayores cruzaron una mirada de entendimiento sobre su cabeza y sus padres abandonaron la estancia dejándole solo con sus tíos que le miraron felices pero con una ligera preocupación en su mirada ante lo que tenían que decirle. El niño se dio cuenta que le iban a decir algo importante y tuvo miedo de que fuese algo malo.
- Sherlock, cálmate. – Le tranquilizó su tío leyendo su inquietud en la forma en que había comenzado a retorcerse sobre sí mismo. – Queremos darte una noticia, muy especial para nosotros que nos ha hecho muy felices y queremos compartirla contigo para que también lo seas.
- ¿Cuál? – El niño repasó de manera rápida a sus tíos, su manera de comportarse y lo comparó con los conocimientos que tenía sobre el comportamiento social y casi tenía la respuesta, casi….
- Queremos, que junto a tus padres, seas el primero en saber la buena noticia: vamos a tener un bebé nuevo dentro de unos meses.
- ¿Otro? – El niño, sin malicia, dejó escapar su malestar ante esa idea. Su primer pensamiento fue esa cosa, ese bebé ¿le robaría el cariño de sus tíos? Recordando al único miembro de los Watson que no toleraba, más bien le repelía, que siempre tenía palabras para insultarle y meterse con él cuando sus padres no miraban. No se dio cuenta como al escuchar sus palabras se tensaban los dos adultos, conscientes de la actitud de su hija de dieciséis años y que no tenía la menor simpatía hacia los Holmes.- Pero ya tenéis a Harriet, ¿No es suficiente con ella? Mycroft dice que es insoportable y más cuando esta con sus mejores amigos Jack y Johnnie Walker.
- Eehh… - Por primera vez su tío Henry se quedo sin palabras. – Este nuevo bebé va a ser diferente, una persona que no va a tener nada que ver con su hermana mayor.
- ¿Cómo? Van a compartir genética. – El niño dejo de hablar al darse cuenta del razonamiento equivocado que estaba presentando, ya que si era solo genética sus tíos serían tan malos como su hija, demasiado mimada por los abuelos maternos con los que residía habitualmente en Londres, al haberse negado a vivir en Colorado con sus padres o en Escocia con su otro abuelo paterno.
- Porque queremos que tú seas como su hermano mayor, para que le des ejemplo, que le cuides y mimes más que nada en el mundo y trates de evitar que le pase nada malo y que no tomé malas decisiones cuando crezca. Es algo muy importante, una tarea que te puede llevar toda la vida pero sabemos que la puedes realizar. – Isabela observó como el niño miraba sin entender sus palabras y trató de explicárselo. Habían planeado cuidadosamente como presentar la cuestión del bebé por nacer a Sherlock, para que el nuevo niño no fuese visto como una amenaza por el mayor, en ocasiones demasiado posesivo con las personas que le rodeaban y llegaban a entrar en su pequeño mundo y así lograr que lo incorporase a sus relaciones ya establecidas desde un primer momento. – Queremos que quieras a este niño tanto como nosotros te queremos a ti y como sabemos que él o ella te va a querer y admirar. Cuando crezca va a necesitar un hermano mayor que le sirva de ejemplo y no podemos pensar en nadie más que en ti para ese ocupar ese lugar en su vida.
- ¿Yo? Pero, ¿Harriet no va a ser su hermana de verdad? ¿O Mycroft? – El pequeño no creía que le iban a escoger para algo tan responsable, más aún ,cuando podían elegir para esa tarea a su hermano mayor.
- Si, tú, mi pequeño niño.- Su madrina se rió feliz pero no pudo evitar un suspiro al continuar hablando. – No podemos encontrar a nadie más para que pueda ocupar ese lugar tan importante. Pero nos tienes que prometer una cosa y es que lo vas a querer mucho, mucho y que siempre recuerdes que es para toda la vida ese amor.
- Si.- Sherlock se sintió orgulloso al ver como los había hecho felices al asentir simplemente su acuerdo. – Os prometo que voy a quererle y cuidarle. Nadie le podrá hacer nada nunca malo y le voy a enseñar todo lo que yo sé. Ya veréis.
- Mi niño, no sabes lo felices que nos haces. – Su madrina le abrazaba fuertemente mientras se lo decía.- Ni cuanto te queremos por eso.
Sherlock se pasó toda la cena presumiendo de su nuevo papel ante Mycroft, orgulloso de ser el elegido, su hermano parecía haber perdido algo de su brillo ante sus ojos tras esa tarde. En el universo de satisfacción en que vivía no fue consciente de las miradas de entendimiento que se pasaban sus mayores sobre su cabeza, mientras se encontraban en la mesa ni las sonrisas de satisfacción que lucían en sus caras.
Los meses fueron pasando lentamente mientras el más pequeño de los niños Holmes iba desarrollando una nueva investigación en la que centraba todas sus energías y esfuerzos y que consistía en el desarrollo de la vida que crecía dentro de su tía. Isabela tras recibir concienzudas instrucciones por su parte trataba de mantenerle tan informado como le era posible con llamadas continuas y cartas con todos los datos de la evolución del embarazo. Sherlock se había preocupado cuando había vuelto a sus investigaciones en los Estados Unidos ya que se había enterado de los posibles riesgos que esa actividad podría tener para el bebé, pero se tranquilizo cuando le dieron todas las seguridades sobre su bienestar. Fue feliz al enterarse que esperaban un niño, precisamente el día de su sexto cumpleaños fue el mejor regalo que recibió. Las niñas solían ser incluso más tontas que los niños preocupadas por estar limpias y bonitas así que era un tormento que se había evitado aunque la hubiese querido igual.
El verano pasó y el otoño también mientras esperaba el nacimiento ya más cercano en el tiempo. Sherlock estaba impaciente de ver nacer al bebé y poder examinarlo. Su hermano constantemente le recordaba que era un ser vivo y no una muestra sobre una placa de petri para experimentar con él.
Diciembre trajo al mundo al pequeño John Watson en medio de la nieve de un fuerte temporal que azotaba Reino Unido. Sherlock se enteró de su nacimiento al ser despertado de madrugada por el teléfono del dormitorio principal. Los nervios de la fecha cercana le habían hecho refugiarse los últimos días en la cama de sus padres, durmiendo entre sus dos progenitores, más que por comodidad porque sabía que sería la manera más rápida de saber si sucedía algo. Las noticias de la buena salud de la madre y el hijo, apenas mitigaron su decepción por no poder ir a conocerle en persona a pesar de sus ruegos, pataletas y berrinches, sus padres no podían viajar a Escocia en esos momentos. Observó las fotografías que le fueron enviadas del bebé y se preguntó como esa pequeña cosa rosa y arrugada podía ser tan importante para todo el mundo y si él alguna vez se habría visto así de feo. John esos momentos no era más que una cosita, un poco más importante que el hámster que su hermano le había traído la semana pasada, pero todavía no conseguía verle como un persona real. Pero le encanta ver sus fotos y observar como cada día crecía y parecía tener más vida. Quería conocerle en persona pero parecía que todo estaba en contra de eso, con viajes cancelados y emergencias en los trabajos de los adultos.
Barrio de Mayfair, West Londres, 30 de marzo de1984
Marzo fue lluvioso, más de lo habitual en Inglaterra, parecía que había estado cayendo agua en cada instante del mes como preludio de la fatalidad que estaba por venir sin avisar, solo con la llegada de Zacharias Holmes en medio de la noche cuando en vez de en Londres debería estar en Nueva York en una reunión. En sus brazos acunaba con delicadeza un pequeño bulto que se agitaba débilmente y que Sherlock desde su escondite en lo alto de la escalera no podía adivinar que era. Sabía que algo malo pasaba desde hacía pocos días por la tristeza que veía en los ojos de su madre, pero se negaba a preguntar ya que eso le daría consistencia y realidad a lo que no quería haber deducido. Pero sintió que su corazón perdía algo de su escaso calor, cuando su madre rompía a llorar y cogía, a su vez, con delicadeza, en un tierno abrazo el bulto que sostenía su marido. No lloró, las lágrimas no le devolvería a sus padrinos aceptando finalmente la perdida que no había querido reconocer.
- Henry tenía preparados todos los papeles para que en caso de que sucediese algo así a los dos a la vez, mientras se encontraban en una misión que tuviésemos la guardia y custodia de John como sus padrinos. Es más, añadieron unos papeles a mayores que su abogado me dio para que le pudiésemos adoptar como nuestro hijo propio y darle nuestro apellido a parte del suyo propio.
- ¿Cómo? – Marie Holmes miro a su marido sin comprender la última frase, sabía que era el deseo de sus amigos que cuidasen en caso de necesidad al pequeño John, como era el de ellos que fuese el matrimonio Watson el que se ocupase de sus hijos en caso contrario, pero nunca habrían hablado de ir más allá de una tutela.
- Los padres de Bela están tratando de obtener su custodia demandando que son sus abuelos y tienen derecho a mantenerlo más que nosotros. Hay una posibilidad que un tribunal les de la custodia por ese parentesco, a pesar de las últimas voluntades o que peleen durante más tiempo para poder obtenerla, sin contar a Harriet que puede apoyar de momento a sus abuelos o pedir después ella misma la custodia. – Sherlock bufó, ¿John con esa estúpida? ¿No debía cuidarle él cómo había prometido? Trató de escuchar las siguientes palabras de su padre que se paseaba tenso por el vestíbulo, nunca le había visto así. - En la carta que nos dejo, Henry nos pedía que considerásemos la adopción, para evitar todo esta situación y que no hubiese posibilidad alguna de que nos lo arrebatasen y darle así una mayor seguridad futura a John. Sabía que sus suegros querrían tener el control del fidecomiso y la herencia de su nieto. También conocían perfectamente el mal camino que su hija mayor está llevando precisamente influenciada por sus abuelos. Sir Mervin apoya el testamento de su nuera e hijo, así que eso está a nuestro favor para poder luchar contra los Bennett en su demanda. La única petición, de llevar a cabo la adopción sería que John mantuviese Watson como apellido como heredero de su abuelo, a pesar que pudiese usar el nuestro de manera habitual.
- Pobre pequeño mío, no podemos permitir eso. Sabes cómo son los padres de Bela y Harriet, con diecisiete años sólo sabe vivir de salir de fiesta y el alcohol. – Marie observó al bebe que tenía en brazos y sintió su corazón inundarse de pena por el pobre huérfano, así como de amor por el pequeño durmiente. – Yo sé cuál sería mi decisión respecto a la adopción pero creo que sería justo que Mycroft y Sherlock también opinen sobre ella, ya que les va a afectar personalmente.
El pequeño espía se escondió en silencio tras la puerta de su habitación cuando sus padres empezaron a subir al piso superior por las escaleras y acomodaban a John, en un cuna portable en una habitación al lado de la suya. Espero a que la abandonaran para entrar en silencio en ella y observar al bebe dormido primero a distancia y después desde los bordes mismos de la cuna, apoyándose sobre las punteras de sus pies para verle bien. Le daba pena no poder volver a ver a sus padrinos, por primera vez en su vida sintió el dolor de la pérdida y no le gustaba dejaba una sensación rara en la boca del estomago. Pero no pudo evitar enfadarse con ellos, ¿por qué habían trabajado para el ejército?, ¡Lo odiaba¡ todo el mundo sabía que los militares morían jóvenes y la tía Bela solo era un asesor civil. De su trabajo sólo sabía que los habían enviado a trabajar a la Antártida donde habían sufrido el accidente, ¿por qué tenían que ir allí? Su enfado se traslado al infante, parecía que había venido a ocupar su lugar. Apretó con fuerza los labios tratando de evitar el grito que tenía en la garganta y recordó su promesa a sus tíos: debía cuidarle y amarle, siempre. Se estremeció al pensar en que los Bennett, que no hacían más que sonreír con todo dientes y hacer la pelota, se llevasen a John, sería como otro Harriet: borracho, estúpido, zafio y vulgar.
Con cuidado levantó al niño de su cuna, ya que nunca lo había hecho antes el tener un bebé en brazos, pero estaba acostumbrado a manejar objetos con delicadeza por sus experimentos. Se sorprendió cuando John abrió en ese mismo momento sus ojos y se le quedó mirando fijamente sin emitir ningún sonido de queja, inconformidad o ni siquiera miedo por estar en sus brazos desconocidos. Los ojos grises de Sherlock se enfrentaron al azul profundo de los de John, que con la luz de la habitación casi parecían negros y en ese momento, por primera vez en su corta vida amó sin condiciones a otro ser distinto a sí mismo, con toda la capacidad que podía en su corazón y en su alma. Sabiendo inconscientemente que nadie podría sustituir jamás en ese sentimiento al bebe que parecía sonreír con toda la inocencia del mundo en muda respuesta a lo que sentía el niño mayor.
Con suavidad avanzó hasta la cama de matrimonio y colocó a John en el centro para evitar que se pudiese caer al suelo y se colocó a su lado, con infinito cariño, como nunca lo había tenido para otra persona, memorizando todos sus rasgos. Empezando por los ojos que parecían reflejar la pureza de un alma pura en sus azuladas oscuridades, la pequeña nariz de forma graciosa, sobre la que no pudo evitar depositar un beso que le hizo arrugarla; los pequeños dedos de las manos con sus minúsculas uñas que trataban de agarrar sus dedos mientras los examinaba y al final se lo permitió, sorprendiéndose de su fuerza. Nadie le iba a separar del pequeño que en un instante había significado todo el mundo para él, de su John. Sabía que sus padres iban a adoptarlo finalmente, había visto como caían enamorados ante el bebé y no dudaba que Mycroft también lo haría nada más verlo. Se fue quedando dormido imaginando tenerle en casa a cada momento de su vida, enseñarle todo lo que sabía, jugar con él y sonrió en sus sueños feliz ante ese futuro glorioso.
Los señores Holmes los encontraron a los dos durmiendo sobre la colcha de la cama y no pudieron evitar una sonrisa al ver como el niño mayor apoyaba sus negros rizos sobre la cabecita rubia del pequeño bebé, mientras que con sus brazos le abrazaba para evitar que se moviese. Mycroft, que había subido junto a ellos no pudo evitar salir y volver con una cámara de fotos para inmortalizar la enternecedora imagen que tenían ante ellos. Mientras Zacharias devolvía a Sherlock a su habitación sin que se despertase, su hermano acunaba al bebé que sí se había vuelto a despertar y gorjeaba tenuemente. Mycroft siempre había adorado a su hermano pequeño a pesar de todas las carencias del carácter de Sherlock y el suyo propio, sabía que los diez años que le llevaba iban a ser un mundo y temía que a su marcha a la universidad el menor resintiese su ausencia, odiándolo. Al verle con John no temió ya tanto ese momento, al saber que ya no iba a estar tan solo a partir de ahora. Como su hermano antes que él, se quedó contemplando los zafiros que el bebé clavaba en él y sintió que con ese niño su familia iba a estar completa y que tenía otro pequeño hermano al que adorar y proteger por encima de todo. Nunca permitiría que nada les dañase, a ninguno de los dos. Con suavidad le meció para volver a dormirle, como años antes había hecho con el propio Sherlock.
La maquinaria de la burocracia se movió apoyada por las influencias familiares y pronto John Watson fue John Holmes Watson. Nada de lo que sus abuelos maternos intentaron impidió su total integración en la familia Holmes. Se convirtió en un verdadero hijo, en un verdadero hermano y en un verdadero todo para la familia que le había querido desde que lo habían tenido entre sus brazos.
Gracias por leer, al_dena.
N/A: Este capítulo ha sido muy difícil de escribir, era necesario para conocer el porqué de la presencia de John en la familia Holmes, pero en ocasiones creía estar escribiendo un capítulo de un dramón de televisión de domingo tarde.
La decisión de hacer adoptado o no a John, dependía de hasta qué punto me decidía seguir el desarrollo de una idea en la trama, y me decidí por esta opción que me pareció la mejor (y evitar meterme en camisas de once varas x_x ), ya que decidí a desarrollar la opción que me parecía que le daba más profundidad y angustia a la historia, pero eso se verá en futuro no muy lejano.
A la hora de basarme en la posición de la familia de John y sus propiedades en Australia he tenido presente la historia de vida que se ha hecho sobre el Watson de ACD, pero adaptada a mis necesidades.
