Puedo afirmar con toda seguridad que Sherlock por desgracia para mí no me pertenece en ninguna de sus versiones y menos la creada por la BBC.
Muchas gracias a toda la gente que habéis comentado, agregado como favorita o seguido la historia. ¡Gracias!
Este es el momento cuando tengo que hacer una advertencia, (aunque no sé cómo hacer x-x) y pedir disculpas si a alguien, por las razones que tenga, no le parece adecuado este giro de la trama. A partir de este capítulo van a haber referencias a una atracción, sentimiento amoroso amor, por parte de uno de los protagonistas de la historia hacia otro de los personajes que tienen una relación NO de sangre, ni siquiera lejana ya con él, a pesar de existir una fuerte relación familiar entre ellos desde niños.
Editado el 1/10/2014
- Capítulo 6: Hielo azul_-
El Soho, Londres, 24 de enero de 2013
Lestrade no supo cómo reaccionar ante la revelación que acababa de escuchar de los labios de Sherlock. El Inspector casi en una neblina vio como Anderson y Donovan también se habían quedado sin palabras y miraban al joven casi con pena en sus ojos, al menos la segunda. Con una fuerza de voluntad enorme que desconocía que tenía hasta ese crítico momento trató de recordar todos los datos que disponía sobre la familia de Sherlock y solo llegaban a Mycroft. Nunca había conocido a nadie más relacionado con el Consultor o visto que existiera contacto familiar alguno a parte de él que mantenía con su hermano mayor.
Tras ese breve repaso mental a las relaciones de Sherlock se instó a recordar cuál era su obligación como policía y aunque le dolía hacer daño a su joven amigo debían obtener todos los datos sobre ese hermano desconocido, John, que les pudiesen conducir a la captura del asesino en serie al que se enfrentaban desde hacía días. Sherlock asintió en silencio, leyendo sus pensamientos y dando su mudo consentimiento a la encuesta a la que iba a ser sometido a continuación. Sus ojos grises no mostraban ninguna emoción, pero, algo al fondo dejaba entrever el torbellino de emociones que le embargaban en ese momento. A un gesto del sargento, los tres oficiales de la policía y él se desplazaron a una habitación vacía de la casa para poder hablar con tranquilidad y sin oídos indiscretos.
- Siento decirlo, Sherlock, pero no os parecéis mucho entre vosotros nadie diría que sois hermanos. – Sally con una voz tenue fue la que se decidió a empezar a sondear al detective.
- Lógico, sería ciertamente extraordinario encontrar algún parecido físico entre nosotros, y me horrorizaría si lo hubiese hecho. Me alegra comprobar que al menos tiene esas habilidades mínimas de observación, sargento Donovan. John fue adoptado cuando sus padres murieron cuando era apenas un bebé de pocos meses en un accidente de helicóptero en la base McMurdo, en la Antártida. Los Watson eran muy amigos de los míos había incluso cierta relación familiar lejana entre mi tío Henry y mi padre. Eso fue la base para que entre las dos familias se estableciesen unos lazos muy estrechos. Los dos fueron para mí siempre fueron tío Henry y tía Bela, es más, eran mis padrinos.
Lestrade sintió la pena al ver como los ojos grises del detective se perdían en una bruma de añoranza al recordar su pérdida pasada. De manera inconsciente movió una mano en dirección del joven, pero, la mirada airada en sus ojos cortó el movimiento antes de completarlo. Sherlock continuó hablando con la mirada perdida.
- Tras su muerte fue algo natural acoger en nuestra familia a John y criarlo como un hijo más, el benjamín de la familia, por parte de mis padres. Desde el primer momento se convirtió en lo más importante para todos nosotros, nunca habíamos sido una familia muy cariñosa o demostrativa en el afecto pero él siempre conseguía sacar lo mejor de todos nosotros. Lo adorábamos y por algunos problemas derivados de su tutela creció muy protegido. Sólo la insistencia de Mycroft para que se relacionase con gente de su edad convenció a mi padre para mandarle a la escuela en vez de seguir educándole en casa a los doce años. – La voz del joven seguía sonando plana recitando hechos, en un estado de desconexión como si a pesar de las palabras expresadas sobre su familia, sus padres y sus hermanos, no tuviese nada que ver con él el asunto. Pero el Inspector que le había llegado a conocer demasiado bien a lo largo de los años percibía las violentas corrientes que giraban por debajo de la imagen de hielo y temía que llegase a romperse el verdaderamente frágil control que tenía sobre sus emociones.
- ¿Sabes quién puede ser el James que firma la nota? ¿Algún amigo? ¿Algún familiar? ¿O algún compañero del ejército?- Donovan continuó haciendo las preguntas también incómoda por las palabras anteriores de Sherlock y temerosa de sus reacciones.
- No, no sé. No había nadie en la familia de John que respondiese a ese nombre. De los amigos no te podría decir, mi hermano y yo no manteníamos una relación muy cercana en los últimos años de su vida.
- ¿Alguna razón en especial?– Donovan seguía intentando tratar a Sherlock como un testigo más, pero, se la veía esperando el momento que lanzase su ataque verbal o que se negase a seguir contestando a sus preguntas.
- Mi hermano tiene, tenía, seis años menos que yo y siempre estuvo muy protegido de lo malo de la vida por todos nosotros como ya os dije anteriormente, eso debería darte la razón. – El detective miro con una cerca levantada a los policías esperando que llegasen a la conclusión obvia tan clara para él. Al ver la falta de contestación continuo hablando, la amargura en su voz era obvia así como el remordimiento final que sentía por sus acciones. Era plenamente consciente de lo que estaba revelando sobre sí mismo, pero al hacerlo era una forma de castigo con la que auto fustigarse por las acciones pasadas. - ¿No? ¿Me debería preocupar por este desconocimiento del cuidado del menor de los funcionarios de Scotland Yard? Cuando tenía diecinueve años ya era un consumidor habitual de heroína desde los dieciséis años. La rehabilitación, la primera a la que me sometí, había fracasado y mis padres me habían congelado los fondos de los que disponía para sobrevivir, incluso llegaron al secuestro para lograr una intervención que me sacase de las drogas. Tras todos esos fracasos se dieron cuenta que habían perdido, que no podían hacer nada para lograr mi rehabilitación si yo no lo deseaba de verdad y que cada intromisión suya me hundía más en mi adicción en vez de salvarme. Y estaba también John: ¿qué padre permite que un niño de trece años se relacione con un drogadicto reincidente, aunque sea su hermano? Ninguno, desde luego. Cortaron todos los lazos conmigo y mi único contacto con la familia debería ser a partir de entonces Mycroft. Y fui advertido seriamente que no permitirían cualquier clase acercamiento entre John y yo. Mis padres me seguirían pasando una asignación pequeña y pagando por los gastos de la universidad si era capaz de seguir en ella, pero sería inmediatamente suspendida si me aproximaba a John. Era una manera de chantajearme, de hacerme reaccionar quitándome el contacto con la única persona que de verdad me importaba en el mundo.
- Parece que no funcionó. – Lestrade rompió el silencio que las palabras del otro habían dejado tras acabar hablar, era muy consciente del estado del detective cuando le había conocido y la relación tensa que mantenía, por lo que se podía observar, con su familia, incluso en la actualidad.
- En ocasiones sí, otras en cambio fue peor. Y John mientras fue creciendo y siendo cada vez más consciente de la situación en la que vivía la familia. Pero a la vez siendo todavía un niño, creyendo que las cosas podían volver a ser como habían sido antes. No había que ser muy inteligente para ver como se sentía en realidad, como le dolía perderme hasta que al final fui yo quien le perdí para siempre.
- Tú hermano te debía odiar. Yo lo hubiese hecho.- No pudo evitar malmeterse Anderson en la conversación, viendo la posibilidad de dañar un poco más al detective, al encontrar por fin un punto débil en su armadura generalmente invulnerable a simple vista a los ataques. Se encontró con las miradas de Lestrade y Donovan de recriminación y se encogió de hombros, incapaz de arrepentirse de su ataque gratuito.
- John era incapaz de odiar a nadie. Si, se podía enfadar pero nunca duraba más de unos pocos días esa ira. Esa capacidad de perdón, de poner su corazón en la esperanza que todo se podía arreglar y que todas las personas eran buenas, incluso las peores, era lo que le hacía único a medida que las personas le iban conociendo.
- Entonces no nos puedes ayudar. Necesitamos saber con qué personas se relacionaba, sus amigo, compañeros, etc.– Lestrade se sorprendió por el tono casi dulce en la voz de Donovan y al ver como miraba a Sherlock, se dio cuenta que era pena y cierto remordimiento. El sargento escuchando al joven se había dado cuenta que detrás de sus máscaras y capas de protección latía un corazón roto. Sentía cierta piedad por él, por su incapacidad de enfrentarse al dolor, pero también culpa por no haber visto antes esa realidad.
- No yo no puedo. Pero sin duda Mycroft si puede. Y mi querido hermano mayor deberá responder a muchas preguntas, entre ellas, cómo es posible que Moriarty conociese a John…
- ¿Moriarty? – exclamó el inspector perplejo ante ese nuevo rumbo en la conversación.
- James. James Moriarty, Jim. – Se limitó a enumerar Sherlock como si la relación tuviera que ser tan clara a todos como a él mismo en ese momento.- Todos estos asesinatos tienen la firma de Moriarty, nos habíamos dado cuenta ya anteriormente sólo que no encajaban en ella los detalles de la nota y las flores demasiado sentimentales para él, pero ahora parece tener todo sentido. Mycroft nos puede terminar de dar las respuestas que faltan para encajar todas las piezas de éste rompecabezas. Y esto también nos explica la lucha existente entre ellos dos y su odio personal que hasta ahora no tenía sentido conociendo la manera de ser y actuar de los dos. Era demasiado personal, demasiado visceral, demasiado fuera de su carácter.
- Tal vez es que nos hemos equivocado de psicópata en la familia y tu hermanito fuese el compañero de aventuras de Moriarty….
El movimiento de Sherlock clavando a Anderson contra la pared mientras le ahogaba con el antebrazo derecho el cuello fue demasiado rápido para que los otros dos policías pudiesen detenerlo, en caso de haber querido hacerlo horrorizados como estaban ante la falta de tacto de su compañero y lo que sus palabras habían implicado. La cara del detective parecía de hielo mientras sus ojos grises le prometían toda clase de tormentos al técnico indeseable, solo su voz reflejaba el odio y la ira que sentía.
- Nunca vuelvas a hablar así de John, ¿me entiendes? Él era todo lo que nunca podrás ser en tu miserable vida aunque vivas mil años.
- Si tan bueno era, ¿cómo se relacionó con ese monstruo de Moriarty? Vamos, no puede ser un santo.
- Si...
- Si continua con esa línea actual en su discurso, señor Anderson, la familia Holmes no tendrá más remedio que presentar una denuncia ante sus superiores por la difamación y hostigamiento del honor del capitán Watson y solicitar la suspensión inmediata de sus funciones, empleo y sueldo. – Los cuatro ocupantes se volvieron con un salto sorprendido hacia la puerta, que se había abierto sin que se hubiesen dado cuenta. Sherlock soltó al otro hombre como si fuera un saco de patatas mientras reconocía a la asistente personal de su hermano. La mujer continuó hablando mirando fríamente al técnico forense. – El capitán fue un miembro destacado del ejército de Su Majestad y condecorado en numerosas ocasiones por el valor demostrado en combate, así como por ejercicio de la medicina salvando numerosas vidas humanas en él. Simplemente le voy a indicar para subrayar este punto, que la máxima condecoración que obraba en su poder era la Cruz Victoria. Creo que no debo indicarle la clase de persona y militar que era para poder haberla obtenido.
El silencio fue abrumador mientras los oficiales de policía asumían la importancia del acto que tuvo que realizarse para ser concedida, mientras que Sherlock se limitó a bufar.
- Entre el capitán Watson y el señor Moriarty nunca ha existido una relación personal, salvo un breve contacto por parte de terceras personas, cuando el primero era un niño y nunca continuado en el tiempo con posterioridad. – La mujer continúo su discurso abarcando ahora en él al resto de los presentes en él. – Es mi deber informarles que cualquier mayor información actual o sobre las misiones del Capitán está fuera de su nivel de seguridad y de su necesidad de conocimiento para realizar sus tareas en el esclarecimiento de estos crímenes. Así mismo, indicarles que cualquier reproducción de los datos que se puedan obtener directa o indirectamente sobre el capitán Watson conllevarán las medidas disciplinarias y legales que se consideren oportunas, ya que su expediente y datos personales se encuentran bajo la protección de la Ley de Seguridad Nacional y salvo personal autorizado del gobierno británico de nivel 1 nadie puede acceder a ellos.
- Bonito discurso, pero, imagino que has venido por otras razones distintas a ensalzar lo buen militar que era John y a recordar que los simples mortales no podemos saber donde se encuentra enterrado ni porque murió en realidad. Ni siquiera a su familia directa.– La cortó un Sherlock molesto ante las palabras de la asistente personal de Mycroft y ante toda la información personal que había soltado en medio del aturdimiento que le había embargado al reconocer la foto y hacer las conexiones entre toda la información de la que disponía. Temía también la anticipación de los nuevos datos por venir, pero al mismo tiempo anhelaba poder resolver el misterio, derrotar al omnisciente Moriarty que parecía vivir en cada parte de su vida, riéndose de él y que ahora le quería arrebatar a John, haciéndolo suyo.
- Esa información ni siquiera está al alcance de su hermano, por lo tanto menos del mío. – Los dos se miraron en un duelo silencioso de voluntades, hasta que el detective se encogió de hombros y volvió a bufar como un gato furioso irritado con todo y con todos.- Señor Holmes, su hermano desearía que el Inspector Lestrade y usted acudiesen a su despacho para resolver cualquier duda que el desarrollo actual del caso les haya suscitado.
- ¿Cualquier duda suscitada? Mi hermano tiene que dar muchas explicaciones por lo visto. ¿Cómo es eso que John conocía a Moriarty de niño?
- Sherlock. – Le interrumpió el hombre mayor viendo que el estado de ira no dejaba reaccionar correctamente al hombre más joven.- Creo que es mejor que vayamos a verle y responda a nuestras preguntas él mismo en persona. Donovan, Anderson, por favor, sigan procesando la escena mientras tanto.
Abandonaron la habitación mientras Sherlock se abrochaba los botones del abrigo mostrando sus sentimientos en la forma violenta de hacerlo. Lo último que escucharon al salir fueron las preguntas incrédulas de Anderson al aire al tiempo que Donovan le ignoraba deliberadamente.
- ¿Cómo diablos supo el Holmes mayor lo que habíamos encontrado? ¿Y quién cuernos es esa mujer insoportable? ¿Quién se cree para hablarme así?
Sherlock apoyó la frente en la ventanilla de la limusina que les conducía al encuentro con Mycroft, ignorando a la mujer que sentada enfrente suyo no había parado de enviar mensajes con su blackberry desde que se habían subido al vehículo. Ignoró también las miradas de preocupación que su compañero de piso, su único amigo mejor dicho, casi figura paterna enviaba cada poco sobre él. Necesitaba calmarse, el shock, la ira, le habían expulsado de su zona de confort habitual y hecho decir cosas, soltar emociones, como nunca antes. Se sentía en cierta manera desprotegido por toda la situación aunque seguro que sus mayores secretos permanecían aún enterrados en su interior. Cerró los ojos y se permitió, después de años, entrar en la zona de su mente en la que sólo habitaba John. Los recuerdos, las sensaciones, los sentimientos ocultos le inundaron y llenaron como sólo John había podido hacer. Y recordó toda una vida en pequeños flashes de imágenes que inundaron sus pensamientos.
Un bebé que empezaba a gatear por la alfombra persa que cubre la sala de estar, mientras un niño de seis años le animaba a que siguiese el sonido de su voz para terminar abrazándole y mirando sus ojos azules con adoración.
Sus brazos sosteniendo al pequeño niño que tambaleante daba sus primeros pasos siempre en su dirección sin dejar de mirarle fijamente con fe que de caer le sujetara siempre y sentir el orgullo infinito de ser la persona a la que había decidido dirigirse en su primera andadura por la existencia, con una confianza absoluta en él.
Escuchar las primeras palabras pronunciadas por esa pequeña vida y sentir la emoción de poder enseñarle más y más hasta que su mente absorba todo el conocimiento. Mientras se sientan juntos en el suelo, rizos negros contra el dorado sol al lado de una chimenea encendida y las pequeñas manos juegan con las suyas, sólo un poco más grandes, mientras se encuentran en un pequeño mundo propio donde nadie más puede entrar.
Las noches en las que antes de irse a su cama propia le leía en la suya echado a su lado un cuento de piratas y le decía que al día siguiente iban a buscar al capitán pirata Barbanegra. Recordaba ver sus ojos azules y cálidos llenos de emoción ante las historias que le narraba antes de sucumbir, poco a poco, en el sueño. Volver una vez que la casa quedaba en silencio y los adultos también dormían a velar el sueño de su mayor tesoro, para evitar que lo robasen de su lado.
Sentir los pequeños brazos que le abrazan con toda su fuerza al volver de clase y le preguntaban si le había echado de menos, si podía ir con él mañana ya que no quería estar separado él. Y tener decirle que cuando fuese mayor, sabiendo que nunca arriesgaran lo más preciado que poseen dejándolo donde lo puedan robar sin vigilancia. Él nunca permitirá que suceda, nadie se lo arrebatará jamás de su lado.
Los juegos por los jardines de la mansión mientras solo existen ellos dos en el mundo, donde nadie puede robar la atención de esos ojos azules llenos de la luz del sol, ni sus padres, ni Mycroft, nadie.
Las tardes lentas de invierno en la sala de estudios mientras escucha como repite las lecciones del día y le ayuda con ellas. Recuerda como hacen experimentos y terminan riéndose uno sobre el otro, ignorantes felices de lo triste y dura que puede llegar a ser la vida.
La alegría al verle jugar con el nuevo cachorro de perro que le acaban de regalar por el parque, sentir las miradas de la gente disfrutando de la belleza e inocencia pura sin adulterar que es su pequeña luz y no poder evitar la posesividad que le invade, el miedo a perderle, de no volver a ver brillar sus ojos llenos de amor hacia él. Y algo más profundo, un sexto sentido parece indicarle que tras la luz hay sombras, que siempre hay demonios listos para llevar el caos allí donde reine la felicidad y la paz. Siente miedo ese día en medio de tanta alegría.
Acariciar su pelo mientras duerme apoyado en su regazo tras leerle cómo cuando eran más pequeños. Su mente analiza su corazón, tratando de dar respuesta a todo lo que siente y con cuidado le besa en la frente. Sabe la respuesta, siempre ha sabido lo que de verdad significa para él pero es demasiado tarde para evitarlo y demasiado pronto para poder lucha por ello. Al levantar la mirada ve los ojos verdes de su hermano fijos en él y ve que sabe lo que esconde en el fondo de su corazón, y el miedo que siente como él mismo por el futuro que está por venir.
Acunar sobre su regazo el cuerpo inerte mientras sangra por una herida en la sien, sentir el terror de que deje de respirar, que no vuelva a abrir sus ojos azules únicos para él, que no le recuerde. Su mente recorre todas las posibles consecuencias de esa lesión y le abraza más fuerte con miedo de perderle. Al fondo de su memoria, ve a su hermano mientras lucha y expulsa a la tambaleante figura borracha y lacrimosa que es Harriet y siente deseos de hacerla sufrir por lo que ha causado, pero, no le puede abandonar, tan indefenso y tan roto yaciendo en el suelo. Un caballo relincha a su lado mientras le invade el pánico al sentir que le puede perder ante la negra parca que es la muerte. Y se jura que nunca nada le pondrá de nuevo en peligro.
Celos, envidia de la nueva gente que parece llenar su vida en esos tiempos que le arrebatan lo que es suyo por derecho. La escuela, el equipo de futbol parecen robarle parcelas de su tiempo antes dedicadas en exclusiva para él. Miedo de que aparezca alguien que ocupe su lugar parece congelar en hielo sus huesos. Lucha, manipula, para que todo quede igual que siempre porque sabe que él nunca le abandonará si le ve triste. Y es el principio del fin de su relación con Mycroft cuando le obliga a dejarle libre, que crezca, cuando le recuerda que es sólo un niño. Los ojos verdes miran afligidos a los grises que le odian en ese momento sin paliativos, pero, que en el fondo saben en silencio lo que hay bajo la superficie de toda esa lucha y por amor cede, porque sabe que si sigue perseverando en su actitud destruirá todo lo que ama.
Trata de olvidar, de dejar de sentir las emociones que le invaden el corazón, de pensar en los sentimientos que desea no tener y encuentra su oasis de salvación en las drogas. En ellas puede olvidar lo que le carcome el corazón y centrar sus pensamientos. Esos tres años, desde sus dieciséis a los diecinueve, transcurren en una bruma, al principio, solo ciertos días cuando necesita olvidar el sentimiento y solo ser una mente sin restricciones, pero pronto las necesita más y más. Sin embargo, a pesar de su letargo es consciente que está cayendo, que se hunde en el infierno del que quería escapar. Los ojos azules que siempre ha amado van perdiendo la confianza en él, su brillo cuando le miran ya sin la felicidad pasada se va apagando así como su calor. Se da cuenta que ese pequeño sabe lo que está sucediendo a pesar de que todos le han querido ocultar la tristeza de la verdad. Lo que más duele, en los momentos que está limpio es que todavía ve la fe en él y el amor al mirar al fondo de esos dulces ojos que le condenan a caer.
Los gritos resuenan por toda la casa desde la biblioteca mientras se enfrenta duramente a sus padres y hermano mayor. Estos le juzgan, le reprueban sus acciones egoístas y le exilian de su corazón. Se marcha enojado de la habitación para no volver, pensando que no los necesita y, que sus ultimatos y prohibiciones no le afectan ya. Va subiendo las escaleras cuando lo ve sentado en lo alto de ellas, en el último escalón, con el pelo rubio tapando sus ojos pero que no oculta las lágrimas que caen desde ellos. No sabían que estaba en casa, si no nunca se hubieran enfrentado así. Debe de haber vuelto sin que se diesen cuenta. De repente se siente sucio, asqueado de sí mismo, al ver como más lágrimas que caen por las mejillas del niño de trece años. Se arrodilla a sus pies tratando de que le mire a los ojos y de decirle cuanto le quiere, que es lo único que ama en esta vida, que le perdone por todo el dolor que le está causando. Pero cuando se enfrenta a esos insoldables espejos azulados en que se han vuelto sus ojos, solo ve el dolor, la tristeza y la decepción total hacia él. No hay en ellos calor ni perdón que otorgar. Siente el corazón roto cuando le rechaza y se refugia en los brazos de su hermano mayor que le indica que se marche mientras abraza a la pequeña figura que llora desconsolada en su pecho. Todo está roto y ya nunca más será lo mismo.
Su vida se cae en pedazos, a veces trata de arreglarla para poder volver verle, pero tras las primeras veces se da cuenta del daño que le está haciendo, de la incertidumbre y el miedo que causa y decide romper todos los puentes, quemarlos para no regresar. Pero aún así, oculto en las sombras le ve jugar al futbol, reírse con sus amigos, acompañar a su madre por la ciudad y sólo siente el vacio de su vida fracasada. Se recuerda una y otra vez para sí mismo que el sentimiento es la marca de los perdedores, un error químico del recipiente que es su cuerpo y convierte ese pensamiento en un mantra repetitivo de su mente que nunca llega a creerse del todo.
Un encuentro fortuito en las afueras de un estadio, un simple acto de rebeldía de un adolescente que quiere ir a ver a su equipo favorito junto a sus amigos sin permiso de los adultos, al mismo tiempo que él observa al resto del mundo mientras simplemente existe fuera de ese mismo estadio. Cuando lo descubre, le zarandea por los hombros mientras le grita por estar donde no debe, ponerse en peligro inútil por veintidós tíos peleándose por una pelota. Ve los fríos ojos azules mirarle con desafío, diciéndole quién es él para juzgarle cuando es solo una piltrafa rota de la persona que una vez fue. Los altercados posteriores entre las distintas aficiones le permitieron después de tres año, poder verle unos segundos sin nadie a su alrededor que le juzgue y aleje. Es como encontrarse a solas de todo el mundo, le mantiene abrazado contra su pecho porque siente su miedo oculto por la violencia que les rodea, a pesar del valor exterior y desea poder consolarle…pero también le abraza porque él mismo lo necesita, sentir su cuerpo, poder oler el aroma fresco que escapa de su piel. No lo puede evitar sus acciones siguientes y que sea condenado mil vidas lo volvería a hacer, y le besa en el pelo, la frente, las mejillas y una sola vez, con suavidad en los labios atesorando su sabor único, a hogar. Le ve mirarle con desconcierto sin saber que pensar de sus acciones y por una vez Mycroft es su salvador, al aparecer y recoger a su hermano menor. Le ve analizando en busca de daños que haya podido causar y la mirada que clava en él, le recuerda con ese gesto que no se permite su presencia a su lado, que contamina el aire puro que debe respirar John. Y vuelve al infierno que es su vida pero con un pequeño recuerdo robado que es su mayor tesoro.
Dos años más de lucha, de condenación, de miradas en la distancia, de velarle en el insomnio que son sus noches, y en ocasiones se anima una pequeña esperanza en su interior de poder encontrar un camino de vuelta al lado de la luz. Sin embargo, no encuentra nada al tender un pequeño puente salvo un azul helado en los ojos que amó desde el primer instante que vio abiertos hasta la condenación. No hay absolución ni milagro que le devuelvan a su lado. Se va a Escocia le dice a estudiar y habla como su hermano mayor al recordarle que no busque la salvación o la condena en los otros si no en sí mismo. Le sostiene la cara entre las dos manos mientras apoya la frente en la suya, enfrentando gris contra azul, y siente la caída libre al no poder leer nada en los orbes que son sus ojos, su alma se desgarra ante la perdida.
Lasitud es la que siente mientras permanece lejos de él en Edimburgo. Ya no hay miradas ocultas ni esperanzas de que suceda un cambio. Es tal su estupor que desconoce cuando vuelve a Londres y que está cerca de él terminando su formación médica. Se sorprende a verle un día delante del cuchitril que llama hogar, donde malvive, esperándole a la puerta. Desconoce como sabe su dirección pero ve la mano de Mycroft en ello. Ya no es un niño ni siquiera es ya un adolescente, sino un joven, un hombre que mira con disgusto lo que le rodea en la pequeña sala que es salita y dormitorio. Se siente sucio, indigno de que vea lo bajo que ha caído y si no fuera por la esperanza que siempre late el fondo de su corazón de la redención no le habría dejado entrar en su casa por vergüenza, por miedo a su desdén último. Pero sabe que siempre espera por él desde que le sintió en sus brazos por primera vez siendo un bebé.
Siente hasta el tuétano de sus huesos que sus ojos siguen estando helados cuando le miran, vacios de sentimientos. Se siente ahogar al no poder leerlos y dolor por haber perdido esa habilidad en las drogas. Trata de averiguar por su pelo, por su ropa, por cualquier dato que le puede haber llevado allí y lo que ve le hace entrar en una furia destructiva. Rompe, rasga, se lo prohíbe a gritos mientras él permanece sentado, sin hablar una sola palabra. Es como si el hielo de sus ojos hubiese abarcado todo su ser finalmente. Sabe que nada le detendrá, que se irá demasiado lejos y que no le podrá proteger, como nunca ha podido le recuerda una voz culpable en el fondo de su mente. Llora al final y es sólo entonces parece volver algo de calor a los ojos amados. Le abraza mientras le promete que volverá y le dice que espera que él vuelva también alguna vez a él, a la familia que le quiere ya fuera de las drogas. Se va al desierto, a la guerra, se va a jugar a ser soldado como su padre antes de acabar en un saco de plástico para muertos. ¿Infierno? Lo de antes había sido el purgatorio ahora conoce de verdad las llamas de la condenación.
Se encuentra con un joven sargento Lestrade y halla algo que le motive a salir de la oscuridad aparte del recuerdo de una promesa pasada. Se da cuenta que estaba equivocado en algo por primera vez en su vida, y la fuerza para salir del agujero en que se halla la debe encontrar en su interior. Empieza a vislumbrar la luz que le espera al final del largo camino que ha recorrido a oscuras desde hace años. Entonces, como recordándole su falta de gracia las nubes que cubren la provincia afgana de Helmand alcanzan Londres y su corazón, pero se niega a hundirse en las brumas de las drogas de nuevo mientras espera en silencio. Una y otra vez le recuerda su promesa en la distancia, orando por primera vez en años a cualquier deidad que le pueda escuchar. El sol vuelve a brillar mientras ve a un héroe recoger un trozo de metal desde la distancia, sus ojos se encuentran un instante y siente añoranza por el calor perdido y miedo de no poder romper ese hielo que parece eterno ahora cada vez que le mira. Se marcha dejando atrás unos padres y un hermano orgullosos del pequeño soldado pero sin haber cruzado ninguna palabra con ellos. Sabe que nada le ata a esa familia ya.
Logra estar limpio tras años de vivir sujeto al poder de las drogas. Ya no las necesita para vivir pero, descubre que su vida se ha congelado como los ojos con los que sueña cada día. No tiene familia alguna, excepto Mycroft, que es incapaz de dejarle solo y vive con sus intromisiones constantes. Lee en los ojos de su hermano mayor la pena por todo lo sucedido, así como la decepción y secretos insoldables que trata de ocultar y que Sherlock ignora por defecto porque no tiene fuerzas para luchar contra lo que oculta.
Un paquete le espera un día al llegar a su casa. Es un Dvd sin título que inserta en el reproductor y vuelve a estar un poco más vivo al verle en la pantalla del televisor. No reconoce el uniforme que lleva, no es el reglamentario del ejército británico pero sabe que está en algún equipo especial, Mycroft le había dicho hace tiempo que ya no estaba en el desierto, así que no le da un segundo pensamiento. Estudia sus gestos y su corazón llora porque se da cuenta que es una despedida, la única razón para que le hable de nuevo tras años de silencio en la distancia. Una misión, existen riesgos de no poder volver, pero ve la ilusión de ir allí a pesar de todo en sus ojos. Sabe que se le escapa su razón de existir, ¿por qué vivir cuando sólo se aleja más de él? Apaga el Dvd mientras le atraviesan sus últimas frases en su mente. Desea sentir esperanzas de que el calor hubiera vencido el hielo y que pueda existir la redención de sus errores pero sabe ver un adiós en sus palabras. Recuerda con anhelo melancólico la promesa que le hizo la primera vez que se fue a luchar al desierto y se convence que pase lo que pase volverá, debe volver a él. Son palabras vacías que suenan en el vacío.
Una llamada de su padre tras años de silencio le da la noticia confidencial: han perdido contacto con su comando. Meses después se produce el anuncio oficial, desaparecido en combate, es tanto como decir que está muerto.
Nunca vuelve.
Gracias por leer, al_dena.
