Uppss¡ Ha sido un tiempo desde que he podido actualizar ésta historia, pero aquí está el nuevo capítulo, tras mucho, mucho retraso...Quiero agradecer a las personas que dejaron un comentario del último capítulo como Itsaso Adhara, Simsfans, Loki y los invitados, por vuestras opiniones. Y a la gente que a lo largo de estos meses la ha seguido leyendo a pesar de estar siempre muchas gracias por leer y tomatazos los que queráis.
Sherlock sigue siendo de sus dueños legales, bla, bla...pero ahora lo llevó mejor mientras llega fin de año...
Editado el 1/10/2014
- Capítulo 7: Las promesas que se lleva el viento -
Edificio del Gobierno Británico, Whitehall, Londres, 24 de enero de 2013
El hombre al que le gustaba autodenominarse a sí mismo como un funcionario "menor" del gobierno británico observo la taza de té que un secretario sin nombre acababa de dejar sobre la superficie de su escritorio hacia ya varios minutos al mismo tiempo que una serie de archivos. En la soledad de su despacho sin testigos indiscretos de su humanidad, de sus grandezas y flaquezas, el solitario hombre permitió que una triste sonrisa asomase a sus finos labios usualmente inexpresivos a cualquier expresión. Había tantos recuerdos en esa simple bebida caliente para él. Muchos creían que su predilección por ella se trataba de un esnobismo por su parte, un recordatorio de que se trataba de un gentleman inglés, cuando simplemente se trataba que al beberla volvía a recuperar la memoria de tiempos pasados más simples y felices. Su aroma le llenaba la mente de recuerdos del salón familiar en la casa de sus padres, de los juegos de sus hermanos sobre la alfombra persa mientras él leía un libro. Recordaba poder levantar la mirada de sus hojas y verles a ellos reír, siempre juntos. Recordaba con la tibieza del líquido en su boca que una vez había sido feliz y capaz de sentir.
Era una fría tarde de invierno y Mycroft se encontraba sentado en un sillón de cuero al lado de la chimenea encendida donde los troncos chisporroteaban suavemente al ser quemados por el fuego. A su lado descansaba una mesa auxiliar que disponía de todo lo necesario para probar las distintas clases de té. Recordaba como su nariz se llenaba del aroma que desprendía el pelo limpio de su hermano pequeño sentado sobre sus piernas, el champú había olido a campo fresco. Habían realizado distintas pruebas ese día en un pseudo experimento para llegar a saber cuál iba a ser el sabor favorito de té de John y la tarde había pasado en un instante, mientras escuchaba el parloteo y las risas del niño de cinco años que no había parado de revolverse inquieto sobre su regazo. No pudo evitar depositar un beso lleno de amor sobre la pequeña cabeza, feliz por poder estar con él disfrutando de su alegría.
Los ojos grises de su otro hermano le leyeron desde el otro sillón enfrente suyo, por una vez sin resentimientos o celos por no ser el centro de la atención de John, si no expresando en silencio el recuerdo de la promesa mutua que debían cuidarle y protegerle, amarle más que a nada en ese mundo. La pequeña mano de John sobre su mejilla le devolvió su atención al niño y rió en respuesta a la sonrisa desdentada de su hermano que le miraba inocente con sus grandes ojos azules. Sintió que su corazón saltaba de gozo cuando en un gesto inesperado, tan propios de la naturaleza amorosa de su hermanito, éste le envolvía el cuello con sus bracitos y le depositaba un beso húmedo en la mejilla mientras volvía a reír feliz. Le abrazó a su vez con fuerza entre sus brazos mientras le devolvía la caricia en forma de mil pequeños besos sobre su cabello rubio. Sherlock se limito a sonreír con prepotencia al ver la escena sabedor que su amado John solo era merecedor de la devoción más completa por parte de quienes le rodeaban y contento de que Mycroft fuese consciente de ello.
Mycroft se levantó de su asiento y miró por la ventana de su despacho. Su rostro, por una vez en mucho tiempo, mostrando las emociones violentas que no se permitía sentir en compañía de otras personas por miedo a la debilidad que podía mostrar. Tantas promesas rotas, tanto dolor sufrido en una sola vida, tantos secretos para poder derrotar la loca obsesión de un psicópata que había roto todo lo que amaba con sus acciones. Y una promesa por cumplir ya casi fuera de plazo.
Solo la fuerza de voluntad de un carácter como el suyo podía hacer que se recuperase y volviese a recobrar su fría compostura habitual en pocos minutos. No había espacio para errores en los días por venir. Sabía que el juego estaba en marcha y era necesario jugarlo con todos los instrumentos en sus manos: las mentiras, las medias verdades serían necesarias para poder llegar al final de la partida con alguna posibilidad de vencer. No sólo debía luchar contra Moriarty sino que debía evitar que su hermano cayese al mismo tiempo que el criminal. Siempre había sido su miedo, el miedo de los dos jugadores que habían planeado su estrategia hacía años para jugar a largo plazo por la victoria total. Y ahora con la perdida de John era una posibilidad más cercana, más plausible de convertirse en realidad esa derrota. Sentía la ausencia de su hermano más pequeño como un lastre para su corazón, si él se encontrará a su lado las cosas serían muy diferentes no se sentiría tan solo ni cansado, podría confiar en alguien que llevase junto a él el peso de sus acciones. Era egoísta al desear eso cuando su deseo siempre había sido proteger a sus dos hermanos de cualquier mal. Y había fachado como nunca lo había hecho en su vida al tratar de hacerlo. Era el fracaso más doloroso que le lastraba el corazón.
Se sentó de nuevo ante su escritorio y se llevó con suavidad la taza de té frío a los labios. La infusión estaba demasiado amarga por haber permanecido más del tiempo necesario en reposo en la tetera pero se trataba de su mezcla preferida de té negro, la que John había indicado hace años que era su favorita. Tan típico inglés eran los dos.
El ruido de pisadas le advirtió de la llegada de sus invitados y con la máscara ya firmemente fijada sobre su rostro, las emociones violentas sometidas bajo férreo control, se enfrentó a la entrada violenta de su hermano en el despacho. Se encontraba preparado y listo para el juego final de este set y del partido.
Lestrade sintió como la puerta de madera maciza era cerrada a sus espaldas por la asistente de Mycroft al abandonar en silencio la habitación a la que les había conducido tras llegar a su destino. Había resultado ser un despacho donde se encontraba sentado detrás de un escritorio de madera maciza Mycroft. Los minutos pasaron lentamente después de su marcha sin que ninguno de los tres hombres hablase. El ambiente se sentía lleno de una tensión sobrecogedora mientras los dos Holmes se enfrentaban las miradas sin ceder ni un ápice ninguno de los dos en su silencioso duelo personal. En un gesto raro ajeno a la cortesía tan propia suya Mycroft ni realizó el más mínimo gesto para que se acomodaran en los asientos disponibles. Se limitó a mirarles desde su asiento con frialdad aterradora. El policía deseó en ese momento haberse quedado fuera del conflicto familiar que se avecinaba, el gesto de Sherlock al entrar había indicado claramente que cuando explotase temblaría toda la casa con su furia.
El Inspector había temido que Sherlock se lanzase al cuello de su hermano nada más llegarán a su presencia para sacarle de forma violenta las respuestas que necesitaba tan perentoriamente. Le había provocado temor esa idea ya que no sabía cuál podría ser la reacción del mayor de los Holmes ante un ataque del detective. Pero esa quietud era mucho peor como si toda la lucha se desarrollase delante de sus ojos y fuera incapaz de verla. Ver los ojos grises de Sherlock clavados en su hermano convertido en una esfinge de carne y huesos le producía escalofríos, pero era consciente que su papel era el de escuchar sin intervenir, mero espectador de su enfrentamiento ya que podía hacerlo todo mucho peor si intervenía. Sin contar, que dudaba que cualquiera de los dos le llegase a escuchar.
- Has roto tus promesas antes Mycroft. – El sonido de la voz del detective sorprendió a los otros dos ocupantes del despacho como si se hubieran olvidado de que podían emitir sonidos, tras los largos minutos de tenso silencio. - Pero nunca llegue a creer que traerías hasta nuestra propia casa, hasta John, un monstruo como Moriarty y que permitirías que respirase su mismo aire.
- Sherlock...
- No, nada de Sherlock.- Interrumpió a su hermano furioso, parecía como si el momento de calma antes de la tormenta hubiese pasado y se encontrasen inmersos dentro del furor desatado de los elementos. El cuerpo del pequeño de los Holmes se desplazó por la superficie vacía delante del escritorio donde se hallaba sentado todavía Mycroft y mientras golpeaba fuertemente la superficie de madera con los dos puños le grito con ira al mayor.- ¡Sólo tenías que protegerle! De Moriarty, de mí, de todo lo malo que hay en la vida. Eras su hermano mayor y debías cuidarle. Era tu deber más importante. ¡Me lo prometiste! Rompiste tu promesa de cuidarle cuando no evitaste que se alistase, cuando fue a Afganistán. Cuando se puso a jugar a soldadito de un maldito proyecto secreto, cuando no evitaste que fuese a morir en algún lugar perdido de Dios, pero... el saber que permitiste que algo tan pervertido como James Moriarty estuviera a su lado, que fuese capaz de respirar su mismo aire, de hablarle, de tocarle... es el peor delito de todos. ¡Dios! Creo que te odio con solo pensarlo.
- ¡Basta ya! - Mycroft cortó a su hermano de manera tajante. Lestrade en ese instante no supo que le producía más temor, si la furia que había terminado por invadir al final totalmente a su compañero de piso o la fría indiferencia con la que su hermano recibía sus gritos y se disponía a responder sus acusaciones. Se estremeció ante la escena que se desarrollaba delante de sus ojos incrédulos.- No eres tú quien pueda condenar mis acciones o mi cuidado hacía John en ningún caso ni bajo ninguna circunstancia. ¿De verdad te crees con ese derecho? Fuiste tú quién le abandono en favor de las drogas. Quién prefería dar favores sexuales a un desconocido en un callejón a cambio de las drogas mientras su hermano jugaba la final del campeonato escolar de fútbol y al marcar el gol que les daba la victoria no lo celebró porque al buscarte entre las gradas no te encontró cuando le habías prometido que irías a verle jugar por primera vez en dos años. No estuviste a su lado cuando ganó el Primer Premio de Redacción de la Academia o cuando su proyecto de Biología se alzó con el triunfo en la Feria Científica de Londres. No Sherlock, no estabas. ¿Sabes dónde estabas? Te estabas clavando una sucia aguja en el brazo llena de veneno porque no querías que creciese, porque tenías miedo de perderle. Porque no eras más que un cobarde que no supo admitir sus sentimientos.
- ¿Cómo...
- Te perdiste sus cumpleaños, las Navidades y las tardes de invierno al lado del fuego cuando se quedaba mirando las llamas de la chimenea y sus ojos se llenaban de lágrimas porque le habías abandonado y te necesitaba desesperadamente a su lado mientras crecía. No fuiste tú quién tuvo que consolar a un niño de trece años con el corazón roto porque acababa de ser totalmente consciente del hecho que la persona que más amaba en esta vida era un drogadicto que ponía su adicción por encima de él. Y desde luego no fuiste tú quien le vio durante meses languidecer hasta ser una sombra, sin oír su risa ni ver brillar sus ojos y fingiendo ser feliz ante nuestros padres, ante ti, para evitar más sufrimientos en una familia rota por tu culpa. Un niño, un triste niño de trece años, en medio de su dolor mostró tener más carácter, ser más consciente de los sentimientos de quienes le rodeaban que un hombre de veinte años que presume de ser un genio.
Mycroft permaneció en silencio unos instantes. Si la calma con la que había hablado antes había sido aterradora a pesar de las terribles palabras que dirigía a su hermano menor el frío que se desprendía de su voz, de sus gestos, unido al significado de lo que acababa de decir heló el propio corazón de Lestrade, sus siguientes palabras mostraron todo el abismo que separaba a los dos hombres.
- ¿Crees que me odias? Yo también te he odiado cada vez que he abrazado a John para consolarle, con cada una de sus lágrimas que han caído por sus mejillas por tu causa, por cada herida que le has causado directa o indirectamente con tus acciones. Eres mi hermano y claro que me preocupo y cuido de ti. Incluso a veces puedo recordar cuando eres brillante o haces algún gesto del hermano que perdí en favor de las drogas y de sus propios miedos, que te quise una vez incondicionalmente y estaba orgulloso de llamarte mi hermano. Pero, que Dios y nuestros padres me perdonen, la mayoría de las veces sólo puedo recordar que rompiste el corazón de John, del niño más dulce que conocido y no puedo dejar de odiarte.
Sherlock había permanecido en silencio mientras escuchaba a su hermano. La furia abandonando su rostro mientras las palabras frías de Mycroft calaban en su mente, helando su expresión. Nunca había escuchado a su hermano expresarse con tanta furia a pesar de la calma que parecía mostrar y por primera vez anheló no haberle fallado tampoco a él. Iba a hablar a su vez cuando fue interrumpido por Mycroft que volvió a tomar la palabra, decidido a abordar el tema por el que les había llamado a su presencia. Queriendo abandonar las aguas turbulentas de sus emociones ya que sabía incapaz de vadearlas por más tiempo sin hundirse.
- Carl Powell, tu primer caso, el niño que murió ahogado en la piscina municipal en medio de una competición. Te dedicaste durante meses a enviar cartas a Scotland Yard, a la prensa y a la familia diciendo que había sido asesinado. ¿Te acuerdas?
- Si, pero ¿qué...
- Fue el primer crimen de Moriarty al menos cobrándose una vida humana en el proceso. Por lo visto, Powell era un matón de tres a cuartos que se dedicaba a hacerle la vida difícil sin sospechar lo que se escondía detrás del niño perfecto que era ía unos trece años en el momento de realizar el asesinato. Sospecho que usó alguna sustancia que permitió pasar el asesinato como algo natural, el resultado de una alergia que se sabía que padecía el niño. Moriarty siempre fue un psicópata en ciernes. Si se comprueba los informes policiales de la zona donde creció se ven numerosas menciones de apariciones de animales muertos sacrificados y salvajemente torturados. O en las notas de sus diferentes escuelas sobre su conducta durante sus primeros años escolares hasta que supo enmascarar su verdadero y tortuoso carácter tras una máscara. Detrás se encontraba una mente brillante, comparable a las nuestras y que sabía esconder sus tendencias más antisociales perfectamente
- ¿Le mató con trece años? - El Inspector preguntó horrorizado al escuchar lo dicho por Mycroft. Esa clase de crímenes atroces y sin sentido, siempre le revolvían el estomago y le hacía estremecerse por la capacidad de mal de la humanidad incluso desde su más tierna edad. Pero la verdad que no le extrañaba que Moriarty hubiese mostrado sus inclinaciones para el mal desde tan joven.
- Así es. Puede que ese crimen fuese su epifanía o el punto de no retorno hacía cometer asesinatos, o simplemente su ceremonia de iniciación a la edad adulta como criminal. En este punto, la verdad, ni lo sé ni me importa. Pero en dos años, a pesar de su edad y sólo con el uso de su inteligencia logró levantar una red criminal que sobrepasaba la ciudad de Londres y la mayor parte del territorio de las islas. Consiguió hacerlo sin que los criminales que se iban poniendo bajo su órbita fueran conscientes de quién era o su verdadera edad. Eso fue un hándicap negativo cuando las distintas agencias de seguridad empezamos a notar su presencia y se trato de detenerlo. Era un fantasma que se deslizaba por nuestros dedos y en ese momento cuando todavía no había logrado alcanzar todo su poder y capacidades futuras, por desgracia, no logramos detenerlo.
Los dos hermanos se miraron fijamente otra vez con los rostros ilegibles, al final, de nuevo fue Mycroft quien continúo hablando. La fina ironía y auto crítica en el tono de su voz no se le escapó al oficial de policía y mucho menos a Sherlock.
- Me culpas de que Moriarty llegase a John a través de mí y tienes toda la razón. Es una mente brillante, por desgracia, un verdadero genio criminal y todo lo que estaba haciendo el gobierno fracasaba hasta que tome el mando de la operación. El notó el cambio de la mente detrás de los hombres. Ese hombre es como una araña a la que le gusta jugar mientras envuelve a sus presas y la posibilidad de participar en un juego con alguien que le igualase intelectualmente le debió parecer única, maravillosa. Y mientras tanto, tú te dedicabas a revolver todo el asunto de Powell, llamando su atención hacía algo tan especial como su primera muerte. Y de golpe se encontró a dos rivales disponibles con los que jugar como le gustaba. No puedo menos que imaginar su felicidad enferma al darse cuenta que éramos hermanos. De las posibilidades que se le abrían para su diversión con nuestra presencia. En ese momento creo que es cuando debió elegirte como su principal rival. Tal vez por edad o por qué pensó que erais más similares y sería más divertido el juego entonces, no lo sé. Pero como buena alimaña debía observar a sus presas, descubrir sus fortalezas, sus debilidades...
- Y entre los dos les llevamos a John. - La voz de Sherlock sonó rota, consciente por primera de vez del daño que podía haber causado sin saberlo su curiosidad, su ansia de conocimientos. Había llevado al mal a golpear cerca de casa, a que pudiese conocer lo que amaba.
- Si Sherlock. Le llevamos hasta John, un niño pequeño de ocho años de edad, que era nuestra alegría y nuestra felicidad, nuestro corazón.
- Y lo quería romper, quemarlo para quemarnos a nosotros.
- Creo que fue esa su intención al principio. - Los ojos verdes del funcionario se clavaron en el Inspector, quien detrás de todo el hielo creyó ver durante un instante todo un mar de dolor y culpabilidad en el otro hombre. - John era un niño muy vital, Greg, no hacía nada si no era corriendo y riendo. Siempre estaba feliz y lograba transmitir esa felicidad a quienes le rodeaban. Poseía un alma pura, incluso cuando creció y se convirtió en un soldado había algo en él que llamaba a la compasión y a la esperanza. Era un hombre que buscaba y lograba sacar lo mejor de cada persona con la que se relacionaba. No podía haber nada más contrario al monstruo que es Moriarty, más demonio que hombre y tal fue ese contraste tan fuerte lo que hizo que ese psicópata se obsesionase con nuestro hermano, al que llamaba ángel en sus desvaríos. Sólo la suerte de que verdaderamente no fuese lo suficiente fuerte en esos momentos o al equipo de seguridad que cuidaban de John las veinticuatro horas impidió que hiciese alguna jugada para llevárselo cuando era un niño. Su juego había pasado de ser uno de poder y dominación a algo más oscuro.
- Anthea dijo que había estado en contacto directo con John de pequeño.
- Kate.
- ¿Kate? ¿La niñera?- Los ojos verdes se abrieron cuando el rostro volvió a su memoria, una chica insulsa pero que se ocupaba correctamente de John. Recordaba que hubo una época que no paraba de hablar de su guapo novio de ojos negros. El novio, como no iba a ser tan obvio que Jim hubiese logrado introducirse en sus vidas por ese camino.
- Así es. Inició una relación romántica lo que le permitió reunirse con ella cuando salía al parque con John y relacionarse con él de esa manera. El equipo de seguridad hizo las debidas comprobaciones y sólo salió en ellas el expediente de un chico del cuadro de honor, brillante y que disfrutaba de pasar el tiempo con su novia, mayor que él, pero que estaban muy enamorados. La suerte para nosotros fue que Brandon, el jefe del equipo de guardaespaldas, era un militar con mucha experiencia y que se fiaba de su instinto más que de lo que aparecía escrito en un papel. Algo en él le hacía recelar y tras observarle minuciosamente, viendo algunos gestos y acciones que le alarmaron decidió hablar conmigo sobre sus sospechas.
- ¿Y qué vistes? ¿Le detuviste entonces? - Sherlock se sentó en un asiento de cuero mientras empujaba el otro hacia Lestrade. Sus ojos no abandonaban el rostro de su hermano, analizando todas sus palabras y gestos durante su narración. Al mismo tiempo añadía toda la información al archivo del irlandés sin desechar nada que le permitiese obtener la más mínima ventaja sobre él en el futuro. Sólo el leve espasmo de sus dedos traicionaba los sentimientos que le embargaban a pesar de todo, pero sin dudas, estaba logrando dominarlos para centrarse en lo que debía hacer.
- Por desgracia, en ese momento se me escapó totalmente que delante mío se encontraba la mente criminal que llevaba persiguiendo durante meses.- Mycroft, a pesar de su contención no pudo evitar el gesto de auto desprecio e ira ante el recuerdo de su fracaso, uno de los pocos de su carrera, pero el más importante para él. - Pero la obsesión hacia nuestro hermano era evidente y profunda por parte del acompañante de la niñera, así que le intercepte un día y le indiqué que todo contacto entre ellos debía cesar, de no hacerlo se le demandaría por acoso hacía un menor. En ese momento de nuestro enfrentamiento, solo por un instante mostró su verdadera cara, y vi todo su odio y que no cedería, pero creí que no era nadie del que no pudiese ocuparme fácilmente. Era un simple adolescente, ¿qué daño podía hacer? - La risa amarga del mayor de los Holmes mostró todo la amalgama de sentimientos que se escondían tras las capas perfectas de máscaras que le cubrían, pero el hombre parecía ajeno a esa demostración de sentimiento que había realizado a los otros dos hombres en la habitación, demasiado sumergido en su auto censura. - Así logró engañarme y le dejé ir, sin sospechar su verdadera naturaleza y quién era en realidad. ¿Me odias Sherlock? No más que yo a mi mismo al recordar esa tarde en el parque, todo lo que podía haber evitado en el futuro, tanto dolor, tanto sufrimiento... sólo le tendría que haber detenido e investigado en profundidad. Pero fallé, vi pero no observé.
- Carecías de datos para saber a quién te estabas enfrentando en realidad. Era imposible que hicieras un salto intuitivo y lograrás averiguarlo con sólo sospechas de que algo estaba mal en un chaval.- A Lestrade no se le escapó que detrás de las palabras lógicas que esgrimía su amigo para explicar el fallo de su hermano se escondían otras no pronunciadas que venían a significar que no le culpaba por no haberlo reconocido y no debía culparse a sí mismo. Sintió un poco de esperanza de que esos dos hermanos lograran perdonarse y encontrarse con el tiempo.
- Después fue cuando se desató el infierno y cuando mostró el diablo mostró su verdadero rostro. - El detective arqueó una ceja ante esas palabras mientras su hermano clavaba sus ojos en él. - Fue tras el incidente con Harriet en Escocia, cuando John se lesionó con la caída del caballo. La obsesión de Moriarty estalló ante el accidente y al ver el daño sufrido por su "ángel " en nuestro cuidado trató de tomarlo para sí.
- ¿Qué? ¿Cuándo pasó eso? - La agitación de Sherlock fue evidente y más cuando algo existente en las profundidades de los ojos de su hermano pareció clavarle en su asiento limitando sus movimientos.
- Mientras tú te recuperabas de tu primera sobredosis en una exclusiva clínica en Gales. Moriarty no fue el único que se dejó cegar por sus emociones al ver como casi moría John. Recuerda como tu coqueteo oculto hasta ese momento con las drogas salió bruscamente a la luz, cuando el jardinero de casa te encontró medio muerto en el cobertizo de las herramientas tras una sobredosis casi mortal. Por suerte para todos, nuestro hermano esos días todavía se encontraba convaleciente en Inverness y se le pudo ocultar todo lo sucedido contigo. Cuando volvió a los pocos días a casa desde Escocia se le contó que estabas en un viaje de estudios con tu clase y que pronto regresarías.
De nuevo el silencio presidió opresivamente la habitación. Sherlock sumido en sus recuerdos se limitaba a mirar el suelo con algo parecido a la culpabilidad en sus ojos y Mycroft a observarle a él atentamente. Lestrade volvía sus ojos del uno al otro, sintiendo piedad por una familia rota aunque no expresando sus pensamientos conocedor que su compasión sería mal recibida por los dos Holmes.
- ¿Qué intento? – La voz de Sherlock sonó débil al preguntar a su hermano, mostrando su agitación interior.
- Casi logra secuestrarle con éxito. Fue por muy poco que se logró evitarlo. Pero nuestros hombres lograron detenerle en el último instante antes de que lo lograse.
- ¿John?- La trémula voz de Sherlock mostró su miedo a lo que hubiese podido sufrir durante el asalto su hermano pequeño.
- Fue drogado y se perdió la mayor parte de los sucesos.
- Algo bueno al menos. Nunca supe que había pasado algo así, sin embargo. Nadie me lo comentó al volver a casa.
- Viendo lo que había pasado anteriormente temimos que te hiciese recaer. ¿Gracioso, verdad? Queríamos que estuvieras tranquilo y que nada te molestase. Sabíamos que algo así te volvería loco de preocupación y no quisimos que pasaras por eso. Lo que nos preocupaba era que John te contará algo, pero logramos convencerlo que no debía hacerlo.
- Le engañasteis.
- No, simplemente le dijimos que te podía hacer daño saberlo y él dijo que no quería verte tan triste como cuando se cayó del caballo en casa de su abuelo. John, era muy inteligencia, desde luego no podía compararse a nuestras capacidades mentales, éramos malditos genios pero entendió la situación sin casi explicársela. Tal vez porque a la hora de la verdad que siempre nos ganó a la hora de entender los sentimientos, de simpatizar con los demás y en la capacidad de leer su alma y su corazón.
- Fue entonces cuando supiste quién era Moriarty en realidad.
- Podría decirte que sí, pero la verdad es que todavía estaba ciego de a quién me enfrentaba. Sabía que la mente que estaba buscando era la que había provocado el ataque pero todavía no la relacionaba con el chico del parque. No logré hacer el salto intuitivo entre el criminal que dirigía la que empezaba a ser la principal red criminal del país y el chico de diecisiete años que vivía en una pequeña casa a las afueras de Londres con sus padres y sacaba las mejores notas de su clase. - El mayor de los Holmes suspiró y se levantó a servir una copa de whisky para él y los otros dos hombres que las recibieron en silencio. - La evidencia por fin fue completa cuando encontramos el cuerpo de Kate que se había despedido tras enterarse que no se permitía el contacto de su novio con su pupilo. Había sido violada brutalmente, desgarrada internamente por la violencia del ataque sexual y sometida a tortura durante días, tal vez semanas antes de morir. Todo parece indicar que mientras se la violaba por última vez se procedió a la extirpación de su corazón en vida.
- ¡Dios mío!- Lestrade se atragantó al beber mientras escuchaba a Mycroft.
- Así es Greg. Mis propios hombres se espantaron al ver la escena e investigarla y te puedo asegurar que están muy aclimatados a la violencia y escenas dantescas en su línea de trabajo. Dentro de la cavidad del corazón de la chica encontraron una nota dirigida a mí que terminó de poner en claro la situación. - Con un gesto cogió dos folios que se encontraban sobre su mesa y se los pasó a sus interlocutores. Se trataba del escaneado de una carta dirigida al mayor de los Homes, escrita a ordenador.
Mi querido Hombre de Hielo ¡Oh! Has estado tan cerca casi dos veces de detenerme, pero tu ceguera y tus prejuicios te lo han impedido. ¿Acaso sólo los genios juveniles residen en los genes Holmes? No, no, mi querido Mycroft ese error será el que te perseguirá toda tu vida. Pero no es todavía la hora de jugar la jugada final, cuando os derrote y os haga caer de rodillas a ti y a tu queridísimo hermano Sherlock. Pero sobre todo disfrutare viendo sufrir al pequeño Sherly ya que se ha atrevido a mirar al sol y desearlo para sí. ¿No sabe que los simples mortales como él son indignos de su sola presencia? Pero le voy a ver retorcerse por su pecado. Gritará por su avaricia de querer poseer lo que no le pertenecerá nunca. Cuida bien de mi pequeño ángel, mi pequeño John, porque si fallas sí me lo llevaré de vuestro lado mientras os retorcéis en el suelo entre vuestra propia sangre.
Jim Moriarty
P.D. Te toca mover.
- Lo sabía. - Murmuró Sherlock para sí, consciente por primera vez que alguien más que su hermano y él había conocido las profundidades de su corazón.
- Y te odiaba con toda su alma por ello, por atreverte a mancillar a su ángel, aún adorándole en la distancia como hacías. Estaba celoso de que tú pudieras estar a su lado y que fueras el receptor de su cariño mientras él no pasaba de ser un extraño en su vida, al que se podía negar el acceso a su ángel, y en cambio nosotros, a quienes odiaba con todo su negro corazón, le teníamos a nuestro lado.
- ¿Qué?- Preguntó Lestrade incierto del tema de conversación actual, aunque sentía una sospecha nacer en su mente.
- Nada. - El Inspector se sintió un poco indignado por el tono cortante del detective, pero lo dejo pasar ante el estrés de la situación que estaba viviendo en la actualidad. Si en algún momento deseaba hablar estaría allí para su amigo. - Imaginó que después simplemente desapareció, que no le pudiste detener.
- Cierto hermano. Sabíamos que estaba ahí fuera, veíamos como crecía su poder y sus redes por todo el mundo pero no lo podíamos evitar ni encontrarle para detenerle. Sólo cuando quedaste limpio de nuevo y ayudando a la policía se hizo notar de nuevo al llamar tu atención para jugar contigo enredándote en su tela de araña. Pero nunca logramos hacerle salir lo suficiente como para poder capturarle o coger un rastro definitivo que nos llevase hasta él. Tuvimos una oportunidad cuando se enteró de la muerte de John, pero a pesar de toda su ira se controlo lo suficiente para que nadie que fuese detrás de él fuese capaz de localizarlo. Cuando se calmó sabía que estaba preparando su jugada final en la que nos iba a quemar por no saber protegerle.
- Pero vuestro hermano era un soldado, sabía a lo que se enfrentaba a la hora del combate, las probabilidades de ser herido o de morir en la batalla. ¡Era un maldito héroe! Y un adulto libre de tomar sus decisiones...
- Eso para una mente perturbada como la de Moriarty no tiene importancia. Él sólo ve la imagen que quiere ver, sus deseos, sus delirios no la realidad de la persona que era John en realidad. Sólo podía ver la cuadro que ha creado de su pequeño ángel nada más tiene valor o sentido para él.
- ¿Por qué nunca me dijiste nada? ¿Ni cuándo ya estaba limpio?
Mycroft se limitó a mirar a su hermano durante unos largos instantes y cuando al final parecía que no iba a contestar habló casi para sí mismo.
- Sigues siendo mi hermano pequeño haya pasado lo que haya pasado entre nosotros y es mi deber protegerte de gente como James Moriarty. No podía dejar que su obsesión dañase el proceso de curación que habías empezado con éxito después de tanto tiempo perdido.
- ¿Nuestro padre sabía lo que estaba sucediendo?
- Se enteró cuando el secuestro que había llevado el trabajo a casa y con la aparición del cuerpo de Kate y al descubrirse la realidad de la situación. Se puso furioso que hubiese permitido que algo así pasase. Creo que nunca me ha llegado a perdonar del todo que fuese incapaz de detenerle o darme cuenta de cuál era la situación realmente. - La mirada del mayor de los Holmes se quedó prendida de un cuadro suspendido en la pared y con una sacudida volvió a centrarse en la situación a la que se enfrentaban. - Pero incluso él y sus hombres han fallado a su vez en su búsqueda y detención así que estamos empatados en nuestra incapacidad de detenerle al final.
- Incluso Moriarty tiene que cometer en alguna ocasión un fallo que nos permita cazarle y más con tantos oliendo detrás de su rastro. ¿Algo más que quieras o puedas contarnos? - Se limitó a decir su hermano pequeño mientras se levanta y preparaba para marcharse haciéndole al mismo un gesto a su compañero de piso para que le imitase en sus acciones.
- Nada más que entre en vuestra necesidad de saber.
- ¿Moriarty trató de volver a relacionarse con John?
- Soy consciente que siempre mantuvo un ojo sobre él controlando su vida.- Asintió Mycroft.
Los ojos de Sherlock se estrecharon al darse cuenta de la ambigüedad de las palabras de su hermano mayor pero decidió no ahondar de momento más en esa cuestión.
- Vamos Lestrade, debemos regresar a casa.
- Sherlock, dos cosas. - La voz de Mycroft le detuvo antes de empujar la manilla hacia abajo para abrir la puerta a la que había llegado ya.- No hagas locuras tratando de cazarle. Él habrá seleccionado su escenario final ya y preparado las jugadas para conducirte, conducirnos, hasta él. Recuerda que él deseaba que juguemos los dos para lograr vengarse de nosotros y no tendrá menos que eso para quedar satisfecho. No te niego que no te hubiese involucrado si lo hubiese podido evitar. Pero, por desgracia para mí y quienes nos rodean, mi mente es demasiado racional propia de un estadista de Estado como la describía nuestro hermano, para poder enfrentarme en igualdad de condiciones a los saltos que logra hacer entre una idea u otra la mente de Moriarty. Esa capacidad intuitiva, de deducir, es más propia de ti o como John solía decir posees la mente de un inventor o científico loco a la que no sé puede seguir.
- ¿Y cómo denominaba a la suya? – Sherlock preguntó a pesar de saber la respuesta perfectamente a su cuestión. Recordaba como John de niño les había catalogado a los tres tras un experimento fallido por el enfrentamiento de los dos Holmes mayores.
- La del estratega, la del militar que a través de la fuerza de su corazón escucha asu mente para planear la batalla, incluso a largo plazo. Según él los tres juntos éramos la mente perfecta.
- Niños y sus fantasías. ¿Cuál es la segunda cosa que querías decirme?
- La persona que te paso tu primera dosis, así como la mayoría de los distribuidores de drogas que te sirvieron durante tu adicción pertenecían a los círculos criminales de Moriarty. La primera sobredosis que sufriste fue debido a que la droga estaba adulterada deliberadamente. Esa fue la única vez que trató de eliminarte directamente y a razón de lo sucedido en Escocia. Trató de hundirte, de convertirte en un despojo humano para destrozar la imagen que John tenía de ti.
- Y lo logró ¿no?
La respuesta llegó cuando ya se encontraba fuera del despacho y Lestrade iba a cerrar la puerta. Su peso y significado pareció hundirse sobre los hombros delgados de Sherlock.
- Si no hubieras estado tan ocupado en destruirte a ti mismo y demasiado celoso de lo que no fuese tu presencia en su vida te hubieras dado cuenta que él podría haber llegado a sentir lo mismo hacía ti que lo que tú sentías por él. Te hubieras percatado que los lazos que os unían eran demasiados fuertes para ser destruidos y sólo podían crecer pero...sólo tú podías convertir algo tan puro en tanto dolor que al final solo quedase hielo en donde hubo tanto amor.
Mycroft se levanto y observó por la ventana subir a la limusina que les llevaría a Baker Street a los dos hombres. Sus hombros cansados perdieron su firmeza y se hundieron considerablemente mientras volvía a ocupar su asiento. Se llevó las dos manos hasta su rostro y se frotó los ojos en un gesto de cansancio hasta acabar pasando unos minutos con la frente apoyada en las palmas de las manos, tratando de recogerse a sí mismo y poder continuar adelante con su misión fijada.
Cuando se volvió a mover levantó la pantalla del ordenador y tras dudar un instante abrió una carpeta en el escritorio hasta que una fotografía tomada de John en su último permiso en la finca familiar de Escocia le saludó tras el clic final. En ocasiones necesitaba hablar con su hermano pequeño desaparecido y poder expresar en un entorno seguro sin temor a oídos indiscretos sus miedos y sus anhelos. Porque a pesar de todo seguía siendo humano y la familia que peligraba era la suya y esa pequeña exorcitación le permitía tomar fuerzas para continuar con la lucha y con la máscara correctamente puesta sobre sus emociones.
- Creo que lo he conseguido John al final. Parece que Sherlock está los suficientemente centrado y con todas sus capacidades listas para poder enfrentarse a Moriarty. Pero sin embargo tengo miedo porque como le dije, por desgracia, parece que su mente es la única que puede competir con la suya en igualdad de condiciones. Llamó infantil tu catalogación sobre nuestras mentes. Me pregunto qué diría si supiera que fue tu plan de batalla, tu estrategia, lo que puso la primera piedra de su vuelta a su propio ser y la que ha planteado la situación para que su enfrentamiento con Moriarty fuese lo más parejo posible. Y yo tengo preparado ya todos los recursos para ponerlos a su disposición, quiera o no, en esta pelea final. Pero todavía quedan unos pocos movimientos que jugar de la partida y debemos ser cautelosos aún más que antes. Me gustaría tanto que estuvieras aquí ahora, John. Han pasado ya tres años desde que nos comunicaron tu desaparición y sé que te prometí cinco años de paciencia y espera antes de indagar lo que podría haber ido mal en tu misión, pero me cuesta tanto saber que puedes estar perdido y necesitado de ayuda y yo aquí sentado sin buscarte hermanito. Tienes que volver, por nuestros padres, por Sherlock y por mí. Debes volver. Nunca has roto ninguna promesa y espero que ésta no sea la primera.
Con un suspiro volvió al trabajo, buscando a su enemigo a través de su propia red.
Gracias por leer, al_dena.
