Hola, muchachos, perdón por la tardanza es que he estado ocupada por la escuela, pero al fin les traigo el siguiente. Sigo sin tiempo así que por eso esta corto, bueno, para mí esta corto no sé a ustedes.

Gracias por los reviews muchas gracias :D ¡Se les quiere!

¡SALUDOS!


Capítulo once: Que empiece el juego

Ya estaba en el avión privado. Venía de regreso otra vez a casa, donde me esperaba tres mujeres: mis hijas y mi invitada obligada. Sólo pensar en Jill empecé a sentir algo extraño, cuando me tomó de la mano por inercia y permanecer estos meses con ella, es decir, cuando estuvo dormida en la capsula en estado de coma.

Al verla frágil en ese estado, me sentía que tenía un trofeo al que guardar bien, ya que ella era la novia de Redfield ese maldito bastardo que me arruinó mis planes, destruyendo todo lo que yo cree en varios años junto a William.

Ángela mi imprudente hija adoptiva, siempre teniendo esos sentimientos de un humano simplemente común, ¿Qué quieres que haga si es una humana? Porque se dejan llevar por sentimientos idiotas. Además porque yo sentirlo.

Mis pensamientos se llenaron de dudas ¿Estaré experimentando esos sentimientos humanos que más temó? Que hay en ese par de ojos grises que antes eran azules, me hace sentir ese confort que busqué hace años o que nunca quise buscar… Esto es patético, alguien como yo no debe tener sentimientos, más si esa tipa que me traicionó prefiriendo a Redfield que a mí.

Ahora yo tenía a su novia a mi lado, que no tardaré en someterla, es decir, hacer que ni se acuerde de él, ni de ella misma. Haré que sólo piense en mí, nada más en mí como su amo universal, seré solo su mundo y siempre me nombrará a mí y no a él.

"Solamente quiero estar contigo…" esas palabras nombrará para rogarme que no la deje. Seré su dependencia, seré quien decida su destino ahora que está conmigo. Se arrepentirá de haberme puesto de malas en la mansión al huir con Redfield, irse a vivir con él.

―El sentimentalismo te está ganando, Wesker―me dije a mi mismo. Será que me ponga a pensar sobre el dispositivo que le voy a implementar a Jill.

"―Si, los sentimientos humanos que más temes"―decía una voz dentro de mi cabeza. Esa que se llama conciencia. Nunca me había hablado porque siempre la ignoró y ¿ por qué no hacerlo ahorita?

Estaba mirando mi reloj ya era hora de mi inyección. La única que me lo inyectaba era Ángela porque a pesar que era muy joven era una buena enfermera. Ahora que encontré a Excella ella es quien me lo inyecta ahora. Este gran virus que me dio poder, gloria, grandeza y fortaleza. Este recorre por mis venas como un río de color carmín e igual que mis ojos.

Tengo un recuerdo en dónde empecé a planear como escapar nos esperaba, ese día en el que todos iban a morir por mi ambición esa fecha que jamás olvidaré y ese mismo cuando empezó su pesadilla. 24 de Julio de 1998.


‹‹Antes que mandará al equipo Bravo a su pesadilla en las montañas Arklay miré como Jill y Chris charlaban despacio en susurros en sus rostros reflejaban preocupación, me acerque despacio sin hacer ruido es cuando escuche a Redfield decirle a Valentine:

Jill: estoy preocupado ―susurró Chris a su compañera, le tomó la mano con delicadeza. Dios porque no deja de tocarla, ella le regresa el apretón de manos. Añadió después de una larga pausa: ―Aunque sospecho que algo malo está pasando aquí.

Yo te dije que escuché una charla sin querer de Irons donde decía que los cebos están listos…―La mano de ella estaba apretando más a la de Chris. Será mejor que me acerque antes que hablen más y separar esos dos, ellos son muy astutos; pero ingenuos ya que no sospechan de mí:

Redfield y Valentine. No deberían estar trabajando en lugar de estar charlando en horas de trabajo ―comenté con mis aires de grandeza, esa conversación terminó con sus caras de inocentes. Me acerque al escritorio de Jill, ellos siempre están en ese en lugar de Chris ya que el suyo esta desordenado―Estén listos, partimos en quince minutos.

No, puede ser…―Chris me miró al rostro entonces preguntó― ¿No pudieron comunicarse con los del equipo Bravo, verdad?

Mejor ponte arreglar tus cosas Redfield―espeté con mala gana, estaba harto este entrometido lo bueno que morirá en un par de horas en la mansión.

Capitán, entendido―habló Jill―estaremos listos en unos minutos―tomó de la mano de Chris y salieron corriendo.››


Al recordar eso, me hizo sentir: Furioso. La verdad me sigo preguntando del por qué sobrevivieron si mis cálculos estaban realmente calculado, pero subestime a esos ineptos, al confiar en que morirían en la mansión, sin embargo para la próxima nadie sobrevivirá si estoy a cargo de la situación.

Ya que llegue a mi casa escuché risas y música. La misma estaba demasiado fuerte ¿Qué estaba sucediendo? Subí las escaleras para averiguar a qué viene tanto escándalo y vi que el ruido venía de la habitación de mi cautiva, entonces entre al cuarto de Jill, estaban ahí ellas divirtiéndose; Magdalena bailaba y Ángela también un tipo de música de adolescentes era el Rock and Roll. Miré a Valentine aplaudiéndoles porque estaban bailando, me di cuenta que no se han percatado de mi presencia.

― ¡Vamos, Jill!―Ángela le toma de las manos― ¿por qué no quieres bailar?

―Es que no sé bailar. Además llevo mucho que no lo hago―admitió con un rubor en sus mejillas. Se ve tan… linda ¿qué estoy pensando? Porque me llama tanto la atención ese rubor en su rostro. ―Bailen ustedes….

―Por qué tanta vergüenza, Valentine. Acaso no recuerdas que bailabas mucho en la fiesta de navidad.

Jill se puso pálida igual que Ángela, parecían dos pares de fantasmas por su rostro blanco como la nieve. Comprobado, no se habían percatado de mi presencia hasta que hablé. Mendoza, así se apellida una de mis protegidas, se acercó diciéndome:

― ¡Albert, pensé que no vendrías pronto!―me dijo sorprendida. La verdad se veía asustada.

― ¿Qué rayos están haciendo?―pregunté aunque es muy obvio, pero quería darles terror a las dos mayores, ya que la pequeña era muy chica para asustarla.

―Será mejor que se retiren a sus habitaciones. ―dije con autoridad detuve a Ángela cuando salía del cuarto abrazando a su hermana pequeña. Ella me miró con los ojos llenos de terror―vendrá Excella a comer, prepara algo decente. Ya sabes que ella es muy… delicada.

Ella se ofendió, lo sabía. Siempre ella cocinaba cuando venía Excella, pero para Ángela no era de su agrado porque siempre se andaban peleando entre ellas tirándose indirectas. Además ya me canse de hacerle de árbitro para controlar las discusiones, no le agradaba a la ejecutiva de Tricell. Ella salió de la habitación sin antes de recoger todas las cosas porque al hablar y hacerme participe de la celebración, Jill había derramado en el piso el refresco porque dejo caer al piso por el susto que le había pegado.

―Adiós―le dijo ella con un gesto en la mano.

―Será mejor que te mantengas ausente. No quiero que se enteré que estas aquí―comenté mirándola―es una orden.

―Está bien―me contestó con cara de aburrida. ―No quiero estar en su cena. Con la cara que puso Ángela ella debe ser un fastidio.

No evité sonreír. Ella tenía una forma de ser sarcástica de vez en cuando. Jill se me quedo mirando sorprendida por mi risa así que comencé a ponerme serio de nuevo y le comenté amablemente:

―Ya te dije, es una orden. Si quieres seguir viviendo.

―Está bien―me respondió con una sonrisa burlona como diciéndome: "Tú la vas a soportar".

Salí de ahí con un portazo. Sí que tenía la manera fácil de fastidiarme. No le daré la oportunidad, esta vez no. Lo prometo.


Eran las ocho de la noche. Excella llegó puntualmente como siempre. Ella era la señorita perfección, nunca fallaba a una cita en mi mansión; sé que le intereso no de la manera profesional, si no sentimental. No entiendo porque los humanos tienen ese estúpido sentimiento.

Ella esta noche traía un vestido con gran escote de color amarillo, siempre trataba de seducirme, pero nunca lo logrará, pero lo que no sabe que sólo me interesa por su posición en la corporación de Tricell. Además porque estar con alguien bastante vulgar para mi gusto, tiene buen cuerpo, sin embargo jamás me interesará como mujer.

― ¡Querido, Albert!―me saludó lanzándose en mis brazos. Observé la cara de Ángela como burlándose de mí porque permito que ella me toque de más.

―Buenas noches, Excella. ―dije con aburrimiento―Traes lo que te pedí.

―Albert, claro que sí―al decirlo sentí repugnancia, no sé porque ando con ella. ―Está aquí.―apunto a la pequeña maleta―Nunca olvido tu medicina, guapo.

Ángela se acercó a nosotros para decirnos sobre que la comida, pero Excella siempre tratando de hacer menos a Ángela.

―Sigues aquí. Sirvienta… ¿Qué es esto? Esto es comida. No sé porque no la despides.

―Mira tú, si no quieres nada que yo hago ¡no comas!―exclamó haciendo énfasis en la última palabra, sí que mi hija tiene mucho carácter. Me voltea a ver y susurró: ―iré con Jill, mínimo ella si aprecia mi comida.

Entonces desaparece por las escaleras. Siempre era lo mismo: Excella insulta siempre a Ángela y siempre le contesta, aunque esta vez se contuvo de decirle una grosería aunque me gustó la cara que puso la ejecutiva de Tricell porque la "sirvienta" le dijo que no comiera.

―Inyéctame el suero―ordené. Me levanté la manga de la camisa; vi cuando ella saca una jeringa y golpea la aguja y me la inserta en la vena. Sentí algo confortante porque me calmaron los síntomas que estaba presentando.

―Magdalena, hay que llevarle comida a ya sabes quién.―alcancé a oír en un susurró. Mis sentidos están muy desarrollados así que nada me puede ocultar. ―Vamos antes que se dé…

―…cuenta―complete la frase de Ángela. Ella se puso pálida ¡odio cuando hace eso! Para tranquilizarla añadí algo más: ―Vayan y no salgan… ahorita voy.

Ángela asintió. Subieron la bandeja, entonces Excella preguntó:

― ¿A dónde van esas… andrajosas?―Excella inquirió mirando que llevaban la bandeja de comida―No sé porque dejas que coman dentro de la casa, ellas deberían estar en un establo, la verdad.

―Guárdate esos comentarios, vamos a mi despacho….

Le di el paso para retirarnos a mí despacho.


Estuvimos charlando sobre el dispositivo P300 en el que consiste implementarlo en un sujeto que pueda soportarlo. Aunque tengo que admitir que Jill es una buena candidata, pero algo dentro de mí me decía que no lo hiciera debo estar confundido.

―Y qué tal tu invitada―sugirió Excella―sí, la que está en las celdas. La que tanto le dedicabas todos los días…

―Ella, tal vez sí―respondí con sinceridad, me gustaría usarla para lastimar a Chris.

Ella se me sienta en las piernas ¡Que vulgar! Y me abrazó de repente. Excella empezó a besarme, pero no moví ningún gesto. No iba a demostrar interés alguno. Aunque la empecé a besar sólo para tenerla en mis manos y así podría controlar la empresa; sería la persona más poderosa y así crear mi propio mundo perfecto.


Pasaron unas horas Excella se fue de mi casa ya eran la 12 de la noche me fui a mi habitación sin antes pasar por el cuarto de Jill Valentine quien se encontraba durmiendo profundamente, se escuchaba su respirar tranquilo. Me senté en la orilla de su cama, le quité un mechón de su rostro angelical ¿Qué me está sucediendo? Porque cuando estoy contigo me siento… bien. Ella parecía un ángel sólo le faltaban las alas, sin embargo aun así se veía hermosa.

Espera esto ya no es normal, debo estar enfermo de la mente. Yo un Dios enamorarme de una mortal. Además ella es mi enemiga porque prefirió a Redfield, prefirió estar contra mí y no de mi lado. Ella arruinó mis planes junto a su noviecito. Ahora yo la tengo en mi poder y destruiré a Chris Redfield junto a su asociación.

―Duerme mi ángel.

Al decir eso me levanté de la cama para dirigirme al ventanal de su habitación me recargue en él es entonces me di cuenta de lo sólo y aburrido estoy: será divertido jugar un rato así como el gato juega con el ratón o cómo depredador juega primero con la presa para después comérsela. A como me divertiré enamorándola y después desecharla como basura.

Salí del cuarto para reírme es la hora de jugar y haber quien cae primero si ella o yo. Aunque lo dudo mucho que yo el gran Dios enamorarme de una mortal. Jamás.

Continuará...