Hola, muchachos, perdón por la tardanza es que he estado ocupada por otras cosas; pero estoy de vacaciones, wiii. Sólo que tengo malas noticias tendré que ausentarme porque chan, chan... jajajaa! Nos vemos.
Gracias por los reviews muchas gracias :D ¡Se les quiere!
¡SALUDOS!
Capítulo doce: La debilidad del Dios
Dios, lo que me platicó Ángela sobre Excella es realmente fastidioso. Ella creerse la dueña de la casa y de Wesker es lo peor que he oído en mi vida. Tener a esa tipa como socia en la corporación es lo peor que ha hecho Wesker aparte de tenerme cautiva en esta casa.
Ángela entró a la habitación con una bandeja de comida en su rostro se veía que había hecho un coraje entonces le iba a preguntar lo que paso y me empezó a narrar lo que paso allá abajo y concluyó:
―Sí, insulto mi comida― me afirmó dejando la bandeja en el tocador― Albert, le dijo que: "Vamos a mi despacho" Planean algo amiga.
―Lo sé, viniendo de Wesker todo es posible… ―se me cerró la garganta al recordar lo que me hizo hace años. Cambiarme el pelo y experimentar con mi cuerpo durante mi coma, porque me siento diferente, ahora quisiera estar con Chris―. Lo sé porque… ya vez lo que me hizo… y…
Ella me notó extraña, Ángela se sentó en el piso para mirar hacia la puerta, su hermana se encontraba arriba de la cama conmigo y su hermana mayor comentó:
― ¿Quiero saber lo que traman?
―También, yo ―respondí abrazando a Magdalena― quiero saber que traman…
―Papá esta con la señora mala… ―habló la pequeña con miedo― siento miedo cuando viene ella.
―No temas, Maggie ―le dije tocándole las mejillas para que riera, lo logré porque se escuchó una risita―. No te puede hacer nada, mientras estemos nosotras, sí.
Ella sólo asintió riendo. Se bajó de la cama para sacar de su mochila color rosa unos crayones y una libreta, se había puesto a dibujar, mientras yo terminaba de cenar junto a Ángela. En un rato Magdalena se levantó del piso y procedió a enseñármelo. Era un dibujo de Wesker con nosotras, en el dibujo me encontraba agarrada de la mano de su "papá". Ella se veía bien ilusionada no evite sonreírle.
Pasaron las horas todo se encontraba tranquilo en la mansión parece que ya se había ido Excella porque no escuché ningún ruido sólo la puerta de Wesker cerrarse, me desperté en ese instante cuando se escuchó el portazo. Por un instante pensé que él era quien me hablaba mientras dormía, pero creo que me equivoque.
Después me levanté de la cama para verme en el espejo. Ahora me siento mal, porque perdí mi castaño y ahora soy rubia igual que él. Dios, porque me hizo esto, porque me tiene en este lugar separada de Chris. No volver a verlo me hace sentir mal, ya que, ahora soy tan parecida hacia mi secuestrador no me gusta, me quiero morir, eso, me quiero morir.
Lo único que hice fue dormirme de una vez deseando no despertar de nuevo, algo dentro de mí decía que algo malo iba pasar, pero hice caso omiso a eso y mejor dormí.
― ¿Te veo extraña?― me preguntó Ángela en la mañana cuando me estaba sirviendo la bandeja del desayuno.
―No te preocupes ―respondí sin ganas, intenté fingir estar bien así que le sonreí―. Enserio, Angie…
―No te creo. Algo te preocupa.
―Sólo quiero irme― respondí con tristeza. Quería dejar esta conversación, pero ella no me dejo.
―Estoy segura que algo pasará realmente increíble.
Pasaron más días ahora estaba nevando, que apetecía estar caminado por ahí haciendo muñecos de nieve. Miraba con atención dos siluetas por mí ventana, creo que eran las hijas de Wesker que jugaban en la nieve se veían tan felices, me gustaría estar ahí con Ángela y Magdalena.
― ¿Quieres estar ahí con ellas?
Al escuchar esa voz me dio un escalofrío. Voltee estaba ese hombre vestido de negro ¿Por qué no se pone otro color? Por ejemplo; blanco o algo que se vea mejor con sus ojos azules… al pensar en esas ventanas del alma, me quede pensativa y recordé que sus orbes ya no eran del color del zafiro ahora eran dos pares de rubíes esa piedra preciosa de fuego.
Él se me acercó demasiado con una sonrisa maliciosa, algo tramaba y eso me hace pensar que es algo malo, realmente malo.
―Eso no te incumbe, Wesker ―dije con enfado, porque siempre entra a mi cuarto sin tocar.
―Siempre tan enojada. Me hieres, Jill ―comentó sentándose en el borde de la cama―. Yo queriendo hacer amable.
―Pues pierdes tu tiempo ―fui grosera con él, pero no me interesa tener una amistad con alguien que cambio mi apariencia y me tiene secuestrada.
Una noche. Esa noche donde el capitán Wesker me hizo una pequeña fiesta por mí cumpleaños, en la comisaría. La noche fue maravillosa, pero nunca pensé que esto acabaría un poco mal, ya que, mis compañeros fueron atacados en una misión de reconocimiento e hirieron a uno de ellos, recé que no fuera Chris el que estaba herido, pero mis plegarias no fueron escuchadas, él fue herido. Un día después de mi cumpleaños, fui a visitar a su habitación Chris, lo estimaba mucho porque me dio esas hermosas rosas.
― ¿Cómo estas Chris?
―Ya, sólo fue una bala en mi brazo, no te preocupes. ―Me dijo sonriendo― y tu cumpleaños, ¿qué tal?
―Fue maravilloso, pero faltaron: Brad, Joshep, Barry y tú.
―Lo sé y lo sentimos. Yo quería estar ahí, pero Wesker nos mandó a esa misión. ―Dijo con un poco de vergüenza ―creímos que ya íbamos alcanzar a llegar después de patrullar, sin embargo hubo una balacera y tuvimos que intervenir.
―Debí haber ido contigo ―le comenté avergonzada. Los ojos de él se me posaron en los míos, sentí muy bien al verlo bien―. Chris, creí… que te ibas a morir cuando me informaron.
Wesker entró en ese instante para regañar a Chris de su insolencia y a mí por estar aquí y no en el trabajo como siempre, no sé qué le pasa cada vez está más contra Chris.
―Jill, quiero que nos dejes solos ―me dijo Wesker haciéndome una seña con la mano para que me retiré.
―Capitán, pero…
―Es una orden, Valentine. Quieres que te despida.
Miré a Chris estaba realmente enojado con Wesker por amenazarme entonces los deje solos y seguí mi camino por el pasillo cuando vi algo extraño en el hospital estaba un hombre de cabello blanco con un acento ruso y tenía una cicatriz en el ojo. Él estaba platicando con un hombre, pero no le di importancia la verdad.
Al recordar eso se me hizo algo extraño, parece que había escuchado esa voz en Rusia. Algo parecido con la realidad es mera coincidencia, la verdad sí, pero será mejor que no comenté nada. A lo mejor alucino mucho desde que me encerraron.
―Soñando despierta, Valentine― susurró― será mejor que se ponga un abrigo por que saldrá un rato con Ángela y Magdalena.
Me caí de la sorpresa, ¡me va a dejar salir, después de tanto tiempo! Ya se está volviendo loco. Sí, trata de utilizarme, pero no me dejaré manipular, he dicho que no o ¿sí? La verdad me gustaría salir de aquí un rato para hacer que vuelva mi cordura.
Corrí al closet, ya había ropa extra y pensé ¿a qué hora llegó? Tomé lo primero que vi que fue un suéter rosa con lentejuelas, pero no eran muchas si unas cuantas, ¿Qué gustos tan más raros tienes Wesker?
―Sí estás pensando que fui yo quien te escogió la ropa ―habló después de una larga pausa―, fue Ángela.
Me sorprendí mucho porque ella fue quién me escogió toda la ropa que he estado usando durante estos días, sí que tenía un buen gusto en algunas cosas, no en todas, sin embargo omití todas las preguntas que tenía ahorita recluidas en mi cabeza.
Apresuré ponerme el abrigo y bajar con Wesker esperé a que tecleará el código, pero no alcancé a mirar porque lo hizo demasiado rápido. Perdí mi oportunidad de saberlo para poder escapar un día que no estuviera él y sacar de aquí a mis amigas.
―¡Jill!― me gritaron las dos al verme bajar por los escalones que se encontraban en la entrada corrieron hacia mí― ¿Qué estás haciendo aquí?
―Hola, chicas.
―Sólo estarán un rato, así que diviértanse… ―Albert volvió a entrar a la casa, parece que no le gusta el clima o porque es un ermitaño.
Yo me quede mirando hacia la puerta con tristeza y odio. Los hombres sí que son difíciles de comprender, bueno, Chris si es comprensible aunque sea muy impulsivo, pero Wesker es un caso diferente y la verdad jamás lo entenderé.
― ¿Quieres hacer un muñeco? ―me propuso Ángela enseñándome una bufanda, unas rocas y unos lentes obscuros como los de Wesker―. Nos ayudas amiga…
Magdalena se nos acercó corriendo con un sombrero y una zanahoria en la cual sería la nariz, nos fuimos un poco alejados de la mansión para poder crear el muñeco de nieve, eso sí no nos salimos de los limites porque estaba prohibido.
―Te puedo preguntar algo.
―Sí― respondí haciendo una bola grande para el cuerpo del muñeco. Mientras que me ayudaba la pequeña Maggie poniéndole piedras en la panza del muñeco―. Lo que quieras…
― ¿Extrañas a Chris?
―Sí― al responder eso me sentí mal. A Chris lo extraño mucho, pero no sé qué me está sucediendo últimamente, que ya casi no lo extraño.
―Esto te va hacer sentir extraña, ¿Te gusta Albert?
Me quede con la boca abierta, no podía creer que me pregunté eso más si él es mi secuestrador, quién me tiene secuestrada aquí y no me deja ir. Yo quererlo es como traicionar mis principios y a Chris. Creo que si me hizo sentir extraña, ya que, nunca había pensado eso. Además me preguntó: A ¿Qué viene esa pregunta? Acaso sabe de él algo que yo no sepa. No sé si preguntar.
― ¿Por qué?
―Pues…― ella calló un momento antes de contestarme algo sólo añadió―: No, sólo por curiosidad.
En ese instante cuando le iba a responder llega Albert Wesker por detrás de mí y sentí una mano apretándome el brazo en su expresión estaba llena de furia. Todos se nos quedaron viendo entonces el me besa rompiendo el silencio de la montaña.
―Jill, ¿en qué piensas? Es en la respuesta, te la estás pensando mucho.
Reaccione, estaba soñando despierta, pero porque con él y besándome. No sé porque siempre pienso en Wesker últimamente será que me están naciendo esos sentimientos hacia mi captor o estoy padeciendo el síndrome de Estocolmo. ¡Me niego a amar a ese maldito desgraciado! Traía en mis manos la bola de nieve y la había destruido con la mano por la furia que me había salido en esos instantes.
Ángela para poder alegrarme un momento y tratar de cambiar de tema porque se dio cuenta que me había incomodado. Ella me comenzó a platicar de lo que paso en un lugar específico antes que yo llegará con ellos.
―Una noche estuve con Albert en una fiesta de científicos― me confesó, y añadió―: Conocí a personas muy interesantes.
―Así, ¿qué tal?― dije distraídamente, mientras construía de nuevo una bola de nieve.
―Pues conocí a un chico ―me respondió apenada mientras colocábamos la bufanda al muñeco―. Era tan lindo, es el hermano menor de Excella: Alexander Gionne.
Ella se había sonrojado demasiado. Ella se había enamorado del hermano menor de la insoportable, todavía no la conozco y espero no conocerla porque yo si me la descuento, es decir, que la golpeo si me insulta.
Ya habíamos terminado el muñeco, esta Maggie le puso unos lentes iguales a los de Wesker hablando de cierta persona regresó por nosotras para encerrarme de nuevo en la mansión tan bien que estaba afuera no me gusta estar aquí adentro, pero estuvo lindo estar afuera.
―Sólo una vez más quiero hablar contigo ―me susurró al oído. Sentí muchos escalofríos― ¡Vayamos a mi despacho!
―¿Qué?― me sorprendí al escuchar eso―, pero…
―Nada de peros es una orden― Dio la media vuelta y comenzó a caminar hacia él, y añadió―: Sígueme por favor.
Seguí caminando detrás de él por un pasillo muy largo en el que había una gran puerta de madera tallada con detallado dorado.
El despacho era demasiado grande había un librero del tamaño de una biblioteca lo que alcancé divisar eran libros de biogenética por todos lados pobre de Ángela tiene que leer eso, pero en el otro lado de la habitación había libros de literatura importantes como Shakespeare, Cervantes, Frank Kafka y esos que son famosos. En un lugar de esta biblioteca debe estar los libros juveniles o infantiles para ellas, pero conociendo a Wesker, creo que las mata de aburriendo.
En medio de esa gran biblioteca estaba un escritorio de caoba claro demasiado elegante para un hombre de gran porte, elegancia… no cabría la lista de tan guapo que es, ¿por qué pensar en eso? Él jamás me vera como su igual. Él me ve como una alimaña que quiere usar para lastimar a la gente.
―¿Por qué estamos aquí?― pregunté, la verdad quería saber que sucedía porque este cambio tan repentino de actitud.
―Porque yo lo ordeno.
¿Por qué siempre hace eso? No puede decirme otra cosa que no sea "yo lo ordeno" no sería mejor que fuera menos posesivo.
Me quedo todavía en la puerta. No quería entrar más adentro del lugar, sería un gran error, claro. Él podría aprovecharse de todo y me puede… violar o algo así, creo.
―¿Por qué no entras?― inquirió sin dejar de verme. Lo odio tanto, no me puede dejar de observar con esos estúpidos lentes. Quise replicar, pero algo dentro de mí me decía: «Cállate o meterás la pata».
Cada segundo de mi mente se pregunta: ¿Por qué me odia tanto? Hay Jill llevas preguntándote eso durante estos meses "no será porque lo traicionaste con Chris o ya se te olvido", me dije a mi misma.
Wesker se sentó en su gran escritorio de caoba cruzando sus manos entre sí entonces señaló con la mano que me sentará; esto es muy extraño para mí. Los ojos le brillaban detrás de las gafas de sol ¿estará enojado? La verdad jamás lo comprenderé.
―E-está bien― dije sentándome en un asiento de cuero, era realmente cómodo. Intenté calmarme, pero no puedo, estoy enfrente de un genocida, y comencé a hablar― ¿Por qué estamos aquí?
El no respondió se quedó mirándome en silencio; algo malo le estaba pasando porque comenzó a sudar mucho. Su respiración era extraña, sin embargo la ignoré por completo.
―Porque… Sólo quiero decirte un par de cosas: Es decir, las reglas de mi mansión, porque creo que no las has captado muy bien… ―enfatizó en las últimas palabras. Realmente no sé de que habla―. Las primeras reglas no sé si ya te las había dicho: Cuando yo digo algo se hace como a mi me plazca eso implica que me tienes que obedecer en todo. La segunda es que jamás saldrás de la mansión, saliste, sí, pero no los limites, es decir, para que se te haga más fácil: estarás en los terrenos, ok.
―Sí, claro― respondí― me puedo retirar…
―No tan rápido― habló levantándose de su asiento. Ahora su sonrisa era "maliciosa"― hay nuevas reglas aquí: No podrás quedarte en tu cuarto cuando te plazca, si yo lo ordenó tendrás que bajar a la sala, ¿entendiste? Además si yo quiero hacer algo contigo no pondrás resistencia. Recuerda que eres mi esclava a partir desde que llegaste a la casa.
Ahora sí me esta asustando, me dice que podrá hacer lo que quiera conmigo, pero no me dejaré prefiero romper las reglas que tiene. Necesito escapar de aquí, me importa un cacahuate sus normas, eso sí me llevaré conmigo a Ángela y a Magdalena aunque hablen bien de él es un demonio no quiera hacer cosas malas con ellas también.
Se me enchino la piel de sólo pensar en eso. No quiero un futuro malo para ellas.
―Si piensas que vas a escapar, no lo lograrás. Además no creo que mis hijas quieran irse contigo… me son fieles hasta la muerte más la pequeña que es una ingenua e inocente― comentó con una sonrisa ¡Maldito bastardo me leyó el pensamiento!
Ahora hace el ademán con la mano para que saliera, pero sin antes decirme:
―Eres mía, y nadie más te puede tocar― cerró la puerta en mis narices.
Ahora me siento destrozada, estoy perdida; pero peor. Me encuentro entre la espada y la pared. Yo sé que puedo convecer a Maggie y a Ángela que huyan conmigo, pero siento que si lo hacen Wesker las matará.
Han pasado varias horas ya eran como las tres de la mañana. Albert Wesker salió como a las ocho de la noche de la casa diciendo: "voy a casa de Excella, Ángela. Cuida muy bien a mi cautiva o mejor a mi pertenencia" añadió con una sonrisa maliciosa. Eso me dijo Ángela cuando bajé a cenar en el comedor.
Wesker me había dejado bajar a la cocina, pero como no soportó su presencia prefiero estar en mi cuarto; sin embargo mandaba a Maggie a que me dijera que bajará y que era una orden. Entonces como me caen bien ellas preferí bajar para que no las regañe ese maniático.
Sigo despierta será porque estoy preocupada por él, ya que lleva mucho sin llegar, nada me debe importar. Por lo tanto, en la sala lo espero junto a Ángela, pero ella no aguantó, y llevo a su hermana a dormir. Dijo que iba a bajar, pero al parecer prefirió quedarse en la cama que seguir esperando a su padre.
Será mejor que suba a mi cama, creo que se la debe estar pasando súper bien con Excella. Teniendo… Dios, ¡maldita tipa! Quisiera matarla a la tipeja esa…
«Acaso estas experimentando sentimientos por tu captor» se escuchaba mi conciencia.
―¡Cállate, eso no te importa!
«Claro que si me importa, ¿acaso olvidaste a Chris?» Esa maldita conciencia ¿Por qué me fastidia? Claro que no estoy olvidando a Redfield ni lo estoy cambiando por Wesker.
Me iba a costar de nuevo cuando oye algo que cae de golpe, me sobresalté, "¿Será él?", pensé. Oía que se levantaba gimiendo de dolor y después volvía a caer, "¿Estará herido?" Se oye que abren la puerta de una habitación y se cierra de portazo. Dudé si moverme para ir ayudarlo o dejarlo sufrir unos momentos, pasaron los segundos, ya no lo pensé más y me levanté de la cama para poder ir ayudar a mi secuestrador "Estaré sufriendo el síndrome de Estocolmo o algo así"
Me acerqué a la puerta de Wesker y toqué la puerta, yo lo llamaba, pero no se oía ningún movimiento alguno. Tocaba la puerta, pero nadie respondía. Me dio un vuelco en el corazón porque pensé lo peor por ejemplo; que ya esté muerto. Se abrió la puerta despacio, y lo vio en la cama cubierto de sudor y sangre. Me asusté al verlo, pero él se percató de mi presencia y se levanta hecha una furia.
―¡¿Qué haces aquí?!
―Me preocupe…
―Nada, te ordenó que te vayas, ¡Ahora!― gritó con fiereza. La verdad no me asusta, pero me daba miedo verlo en ese estado.
―¡No me iré, necesitas ayuda y…. no me interesa tu opinión, Wesker!― Lo enfrenté. Él quiso lanzarme una cachetada, pero esa nunca llego, porque cae de espaldas. Además respiraba con dificultad.
―Vete…
―¡Te dije que no! ―refuté―llamaré a Ágela…
Cuando quería irme, me detuvo una mano, era la de él quien me la había tomado. Él me dijo:
―No, no… ―susurró debil―necesito… mi suero…
―¿Suero?
―Sí, ese me ayuda a…
Empezó a retorcerse como un gusano en sal, me soltó de la mano para tomarse la cabeza parecía que tenía un fuerte dolor de cabeza porque no para de gritar.
Se abrió la puerta era Ángela quien se asustó al oír gritos desde el cuarto de Albert. Ella se había escandalizo cuando vio mucha sangre hasta que preguntó:
―¿Qué pasó aquí?― dijo horrorizada mira hacia dónde se encontraba el herido.
―¡Dice Wesker que necesita su suero!― dije rápidamente, la verdad necesitaba ese suero él.
―¿Suero?
―¿No sabes, cuál es?― inquirí incrédula. Yo pensé que sabía, pero ya vi que no. Negó con la cabeza. Ella se quedó pensativa. Después de un rato salió corriendo al baño buscando algo, entonces encontró unas compresas para bajarle la fiebre, preparó agua fría, y me pidió que se las colocara en la frente.
Wesker había caído in cociente. Eso se debe a la fiebre que tiene. Le pedí a Ángela que fuera a dormir y que yo me encargaría de todo, sin embargo al principio decía que no, pero al final aceptó.
Yo me quede con él hasta las cuatro de la mañana había pasado desde entonces una hora, él seguía durmiendo como un angelito. Lo observé con mucha atención no es feo. ¡Jill, por Dios! No pienses en esas cosas. Me estaba quedando dormida cuando oí una voz murmurar, y no era mi conciencia aclarando:
―Jill, no me dejes… ―susurró Wesker delirando. Necesita atención medica, pero para encontrar un doctor es muy difícil― no me dejes…
―No, Wesker no te dejaré. Lo prometo.―Le dije tomándolo de la mano.
―¿Por qué te fuiste con Chris?
Esa pregunta me tomó de sorpresa. La verdad jamás pensé que lo preguntaría, más una persona que sólo piensa en si misma. No sabía que responder, pero siguió hablando; débil claro.
―Sabes que te quiero…
No sé que decir, eso realmente extraño, no estará fingiendo. Espero que sí porque yo jamás respondería a esos sentimientos que anhela bueno puede que este fingiendo, sí, debe estar fingiendo. Seguiré su juego hasta dónde está ahora.
―Sí, yo también, Albert. Yo te quiero…. ―murmuraba― Chris no es mejor que yo, tenías todo… conmigo…
―No, no está fingiendo, si es lo que piensas― dice Ángela a mis espaldas. Había regresado con una taza de café― Porque siempre los enfermos, los niños y los borrachos dicen la verdad…
―¿Cómo sabes eso?
―Llevo tanto tiempo con él. Que ya lo conozco muy bien. Además―dejando la taza a un lado mío― Albert, siempre piensa en ti.
Me sorprendió tanto. La verdad no sabía si decía la verdad o yo realmente siento algo por él, también.
Continuará…
