Todo lo que reconozcan es de J.K. Rowling, lo que no, mío.


El viaje en tren continuó normalmente, a pesar de su extraño inicio. Malfoy, a quién no recordaba haber visto actuar de esa forma tan extraña, bromeó y conversó con los chicos, como lo hacía cada primero de septiembre y, sinceramente, me alegré. La nueva faceta que había visto en el rubio me había perturbado (y puede que hasta preocupado) bastante.

Como dije anteriormente, desde la partida del halcón, todos los eventos se sucedieron con relativa normalidad. Fuimos interrumpidos por James, otro de mis primos y hermano de Albus, quién alegó no haber visto lo suficiente a su novia en las vacaciones (aunque todos sabíamos que no era cierto) y sin mayor justificación tiró de Carrie hacia el pasillo. Ignorando a Al, que recostado contra la puerta del compartimiento se quejaba de sufrir dolor de estómago (cosa que al parecer no impedía que engulliera una cuarta, no, quinta tarta de calabaza), abrí mi nuevo libro de encantamientos, a la espera del llamado a la reunión de prefectos.

Saltaré la llegada al castillo y la ceremonia de selección, que ninguno de mis parientes debió ponerse el dichoso sombrero sobre las orejas, y comenzaré el relato de los sucesos del primer día de clases.

Durante el desayuno de aquel lunes, tío Neville (o profesor Longbottom, como debería llamarlo en Hogwarts) nos repartió los horarios de las clases que tendríamos en el año. Comenzaba el día con Transformaciones, con los Slytherin, seguía con Adivinación que, como éramos sólo un puñado de chicos los que tomábamos la clase, reunía a todas las casas, y finalizaba con Pociones, con Hufflepuff.

En época de mis padres, Slytherins y Gryffindors compartían las clases de pociones y , a pesar de fomentar la unión de las casas, la profesora McGonagall decidió que, por las tensiones que había entre los grupos, no estudiaran juntos en un sala llena de sustancias tóxicas. Se mantuvo, sin embargo, la organización en Defensa Contra las Artes Oscuras ya que la rivalidad existente hacía que todos se esforzaran más por derrotar a su contrincante.

Carrie y yo nos encontramos, luego de buscar nuestro libros en la torre de los leones, con Albus y Malfoy, que venían de las mazmorras, y entramos al aula, dando por iniciado nuestro sexto año escolar. Las clases de Transformaciones estaban entre mis favoritas, probablemente porque, al ser dictadas por la profesora McGonagall, esa de las más interesantes. Pero eran agotadoras. Agradecía, por esto, tener a continuación lecciones de Adivinación.

En la mesa al fondo de la habitación, descansaba junto a mi primero y su arrogante mejor amigo, inventando ocasionalmente augurios de muerte que Trelawney consideraría certeros y, luego de lamentarse por alguno de nosotros, recompensaría con una buena nota. El incienso llenaba el aire de un olor que rozaba lo nauseabundo y nos envolvía, como adormeciéndonos. La profesora solía prender algunos sobre su escritorio y velas aromáticas en cada mesa, era por esto que ocupábamos siempre la mesa más alejada y la más cercana a la ventana. A principio de cada año, reemplazábamos la vela que estaba dispuesta en nuestra mesa por una idéntica pero inodora. El humo enfermizo que nos rodeaba lograba marearnos en algunas ocasiones e incluso llegué a sospechar que tenían algo más que aceite y cera, ¿no usaban acaso las antiguas sacerdotisas griegas hierbas alucinógenas para vislumbrar sus predicciones?

Carrie, al igual que Lysander, había optado por no tomar la asignación. La primera "preferiría-decía a veces-clavarme agujas en los ojos antes que soportar a esa mujer el resto del año" y el segundo aseguraba que tanto té podría hacerle mal.

-¿Quién quiere morir esta vez?- Preguntó Albus mientras revolvía la borra de té en el fondo de su taza.

-Podríamos morir los tres- sugirió el hurón-. El año acaba de comenzar, apuesto que las probabilidades de morir este año son relativamente altas y a Trelawney le encantará-.

-¿Sugieres un accidente?-. Con la cuchara moví las hierbas hasta formar un dibujo de un perro contra la porcelana blanca. No, el grim era demasiado. Le alargué un poco la cola y le aplasté el hocico. Una pantera, esto estaba mejor. Si mal no recordaba, podía significar tanto aventura como peligro. Dejé inocentemente el pocillo sobre la mesa.

-Un asesinato sería más sensacional.

-Sería un placer- le respondí con una sonrisa torcida al rubio.

-¿Veneno?¿Magia?¿Voldemort retorna? No, demasiado...¡Lo tengo! Harán un duelo a muerte-. La idea de Al parecía hasta plausible.

-¿Por qué?- Malfoy preguntó balanceándose en su silla.

-Pues por mí, obviamente.

-¿Por qué?- repitió.

-Porque soy fantástico y me adoran, ¿acaso tengo que decirles? Me ofenden. Scorp ganaría el duelo, porque es el mejor en eso, pero luego tendría que matarlo. O tal vez Hugo o tío Ron se encargarían de eso. Finalmente, yo, después de pasar años internado en un manicomio por el trauma que me habría producido verlos pelear por mí, me suicidaría- y con este último comentario se llevó dramáticamente una mano a la frente , luego de quitarse lágrimas ficticias del rostro.

-No eres tan genial, Al, lo siento.

-¿Qué sugieres entonces , Malfoy?

-Me parece más probable, Weasley, que un día enloquezcas lo suficiente como para asesinarnos y suicidarte cuando notes que no puede vivir sin nosotros-. Tal vez no sin Albus, pero estaba casi segura que podría continuar sin la mueca arrogante que el rubio llevaba puesta permanentemente. Volví a mirar la taza.

-O tal vez me matará una pantera. Malfoy se dará cuenta de que siempre estuvo perdidamente enamorado de mí-un bufido incrédulo- y se suicidará y, Albie... tu intentarás vengarte del animal y ambos morirán luego de una sangrienta batalla-. Sí, no estaba mal, necesitaba un par de retoques, pero podría funcionar. Satisfecha, posé mis ojos sobre los chicos sentados frente a mí. El pelinegro parecía conforme con la profecía y el hurón se mantenía inexpresivo, pero me pareció notar que sus ojos estaban turbados y su piel, varios tonos más clara.

La profesora, quien había escuchado mi discurso, gritó un "¡Qué tragedia!" y nos obsequió una excelente nota y diez puntos para cada casa por lo que definió como una predicción tristemente acertada. Y creí, por una fracción de segundo, que podía ver a través de la pálida estatua de Malfoy.


¡Hola! Sé que este capítulo es más breve, pero de esta forma puedo actualizar la fic más seguido y evitar que pierdan el hilo de la historia. Sinceramente, no quería mostrar de esta forma a Scorpius, no todavía al menos, pero la progresión de la historia así lo requiere, y yo solo sigo sus indicaciones.

Espero que les haya gustado.

-Vince