Estoy escribiendo el siguiente capítulo, pero mientras subo éste. Espero disfruten.
-Vince
Fijé mi mirada en Malfoy en el segundo en el que entró al Gran Comedor. Caminaba tan confiado, tanto más alegre que el día anterior. Saludaba con naturalidad al resto de las serpientes, reía cuando le hacían un chiste, casi parecía humano. Casi. Se sentó como siempre lo hacía junto al traidor de mi primo Albus, quien relataba alguna anécdota graciosa a un par de chicos sentados frente a él: Ethan Flint y Natasha Bulstrode. Al igual que gran parte de la casa de Salazar, eran de sangre pura, pero eran agradables.
Habían circulado por el colegio ciertos rumores acerca de ellos. En cuarto año había escuchado a mi prima Dominique (quién, por cierto, estaba perdidamente enamorada de Flint) maldecir luego de oír, en el baño de niñas del cuarto piso, que Ethan era gay. Nunca lo creyó realmente y solía odiar a quienes lo insinuaban. Se comprobó a los pocos meses que el rumor era falso: Natasha salía con él y era esa la razón por la cual rechazaba al resto de las brujas. La furia de mi prima no disminuyó, simplemente fue redirigida a un nuevo blanco. Más comentarios corrieron por los pasillos cuando cortaron, a principios del año siguiente, porque él se había enamorado de una chica, cuyo nombre no recuerdo, que vivía del otro lado del charco.
Volví mi mirada hacia el rubio platinado que se servía distraídamente un poco de puré de papas, no quería perderme ni un segundo del espectáculo. "¿Qué espectáculo?", se preguntarán, pues bien, ya verán. Malfoy llenó su plato de comida, como siempre lo hacía, sentado exactamente sitio en el cual se sentaba todos los días desde que llegó al colegio, y el plato estalló.
Sonreía mientras observaba la cara atónita del hurón mientras ríos de salsa se deslizaban entre las montañas de papa que se encontraban adheridas a su cara. Oía las risas de mis compañeros, que habían presenciado tan hermoso acto, y los ocasionales suspiros de Dom, cuya mirada se había fijado en el morocho sentado frente a mi nueva obra de arte. Podía escuchar los gritos de la directora, suplicando por un poco de silencio, pero sólo estaba interesada en ver la reacción de Malfoy, quién, intentando quitarse la comida de la cara y el pelo, no pudo evitar pintarse con salsa los pantalones y la corbata. McGonagal, al borde de la histeria, ordenó a mi querido némesis que se retirara y se limpiara, antes de comenzar su siguiente clase.
¡Oh, cómo disfrutaba viéndolo arrastrarse hacia las puertas dejando un rastro de almidón detrás suyo!¡Cómo me regocija en mi broma, y qué bien que había salido! La serpiente sabía que había sido yo, quién más podría idear tan perfecta trampa, ¡y lo único que tuve que hacer fue reemplazar su plato por uno de los que mi tío tenía en su tienda y esperar! Entre risas y lágrimas veía el desfile que se presentaba frente a mí y la expresión de enojo que me profirió Malfoy cuando, antes de atravesar la entrada del Gran Salón, se volteó hacia mí, expresión a la cual respondí con una mirada desafiante. El juego había comenzado y mi premio, cuando ganara, sería, además de lograr que enloquezca, sus secretos.
No esperé a que Malfoy atacara para volver a la ofensiva, pero tomé otro blanco, uno que supuse cedería más fácilmente.
- No se de qué hablas, Rosie, Scor se está comportando como siempre...- Albus me contestaba. Mentiroso. ¿Como pudo no haberlo notado? ¡Son mejores amigos, por Merlín! Dormían en el mismo cuarto, comían juntos, estudiaban en la misma mesa, ¡hasta pasaban Navidad juntos!
- No es cierto, Al, y lo sabes.
- Creo que me habría dado cuenta si mi mejor amigo estuviera comportándose como dices- yo también lo creía-. ¿Por qué dices que cambió?
- Está actuando raro, ¡sólo tienes que verlo para darte cuenta! ¿No notaste acaso las cartas que le llegan, de las cuales nunca habla?¿No viste acaso cómo observa las chimeneas? ¡Ni siquiera me insultó cuando hice estallar su plato en el almuerzo!- El morocho alzó la cabeza y masculló un "Claro que fuiste tú, ¿quién más podría?"
- Entonces, no te insultó esta tarde, ¿qué tiene eso de malo?- Albus simplemente no entendía nada. Mi "relación" con Scorpius Hyperion Malfoy se basaba en intercambios verbales poco amistosos y alguna que otra broma; competíamos mucho, por las notas, por el chico de ojos verdes y poco sentido común con quién estaba hablando y por cualquier cosa, realmente. Si uno molestaba al otro, éste último la devolvía y, si no lo hacía, era porque estaba maquinando algo más grande, y generalmente respondía a esas pequeñas bromas con una sonrisa maliciosa, advirtiendo que lo que vendría no podría compararse con las travesuras hechas hasta el momento.
- ¡Todo!- Ese chico me exasperaba- ¿Y que hay de las cartas, de las chimeneas?
- Tranquilízate, Rose, Scorp siempre recibe cartas. Y las chimeneas...-se paró un segundo a hacer memoria-. Estaba esperando un llamada anoche, debía ser por eso. No te preocupes, Scorp está bien-. Cómo si yo estuviera preocupara por el hurón, sí, claro, no pude evitar voltear mi ojos. Esperen, él también había mencionado una llamada...
- ¿De quién?- El morocho levantó un ceja- ¿De quién era la llamada?
Al parecer, no esperaba esa pregunta. Me miró, meditó un rato largo (tal vez demasiado largo) y contestó:- No sé...
- Claro que sabes, Potter, no me mientas. Y si no me dices le mandaré una carta a la tía Ginny y le contaré sobre las cosas que has estado haciendo- No tuve más remedio que recurrir a una amenaza, es la única forma de lidiar con serpientes al parecer.
- ¡Oye, si no hice nada malo... aún! No sé, Rose, ¿por qué no le preguntas tú?- Y con este estúpido comentario se despidió de mí.
Preguntarle a Malfoy, por favor, como si eso fuera a pasar. Nos odiábamos, no iba a decirme la verdad, eso era evidente, hasta Albus tendría que saberlo. No, no iba a preguntarle, al menos no de la forma en la que la proponía el despistado de mi primo, tan naturalmente como si fuéramos... amigos. Tendría que presionarlo, molestarlo hasta cansarlo y lograr que se rinda. No importaba lo que dijera Potter, el hurón estaba ocultando algo. Tal vez Albus estuviera ayudándolo a encubrirlo incluso, el muy traidor. Pero yo iba a descubrirlo, tarde o temprano iba a hacerlo.
Tenía que pensar mi siguiente broma y no era algo que podía tomarse a la ligera. Había utilizado una cantidad increíble de trucos para entonces y estaba segura de que Malfoy estaba preparado para defenderse de cualquiera de ellos: tenía que hacer una nueva broma. No podía siquiera consultarlo con mis primos porque, tarde o temprano, Albus terminaría enterándose y, por lo tanto, el hurón también.
No podía explotarle otro objeto en la cara, ya no tendría gracia (porque también lo molestaba para divertirme, no me mal interpreten, no soy como los Slytherins). Podía... ¿poner dibujos de algunos profesores bailando en ropa interior en sus pergaminos? No, lo había hecho el año anterior y no había funcionado. ¿Poner pintura en su sombrero? Sí, claro, como si alguien lo usara. ¿Amortencia? No, pobre víctima, no podría hacerle eso a ninguna chica. ¿Petrificarlo y ponerle un hechizo desilusionador hasta que alguien lo encontrara? No podría ver su cara de ira, no sería lo mismo; además, era muy bueno con los encantamientos silenciosos. No sería sencillo planear el truco, necesitaría un pergamino, una pluma y un largo rato.
