Afortunadamente, se siente la cercanía a las vacaciones y no puedo evitar ponerme de buen humor, que es un buen incentivo para escribir. Intenten disfrutar el nuevo capítulo.
Contrario a lo que suponía, la broma de Malfoy no se hizo esperar. Considerando que era sábado, opté por levantarme tarde y saltearme el desayuno. Probablemente fuera a rescatar a Lysander de las garras exigentes de su querido hipogrifo y estudiaríamos juntos en la biblioteca hasta la hora del almuerzo, como gran parte de los sábados. Sabía que Al y el hurón no estorbarían, tenían entrenamiento de Quidditch todos los fines de semana, lloviera o tronara.
El capitán del equipo de la casa de las serpientes, Norman Derrick, un sangre pura, estaba obsesionado con el campeonato, dado que los Slytherins no habían obtenido la Copa desde que había ingresado en el grupo. Era un violento bateador de séptimo año, a quien era recomendable esquivar en los partidos. James solía jactarse de ser mejor jugador que él, ya que Norman se transtornaba en el segundo en el que su equipo comenzaba a perder y erraba magistralmente todos los tiros. Una vez, incluso había mandado a enfermería a uno de sus propios jugadores y éste había renunciado a su posición, alegando que el bateador estaba demente. Y, a pesar de tener una venda en la cabeza y los ojos desenfocados, nadie había dudado de su juicio.
Camino a la cabaña de Hagrid, me interceptó mi primo.
-Hey, Rose-. Llevaba su escoba al hombro y el Mapa del Merodeador en su mano izquierda, pero rápidamente lo guardo en uno de sus bolsillos.
-Hola, Al.
-Sé lo que le hiciste a Scorpius-. Eso había sido directo, no pude evitar mi sorpresa. El morocho me miraba seriamente, escrutándome con sus ojos, como si quisiera poner a prueba mis nervios-. No estuvo bien, y lo sabes. Por Merlín, Rose, él ni siquiera te había hablado la última semana-. Me revolví incómoda en mi lugar-. Además, no puedes jugar así con sus nervios, no te gustaría que hiciera lo mismo.
-¿No tienes que ir a tu práctica?-. La discusión no terminaría bien, podía asegurarlo, por lo que prefería finalizarla lo antes posible.
-Simplemente no entiendo como pudiste hacerle eso, te pasaste, Rose, ¿eres consciente de eso?-. Hice silencio, pero no bajé la vista ni por un segundo-. Scorpius es claustrofóbico, pero claro tú "no lo sabías", me imagino-. Dijo de modo sarcástico e hiriente. No, efectivamente no lo sabía. Quedé estática por un momento, nunca habíamos llegado tan lejos en nuestras bromas, no había sido mi intención lastimarlo de esa forma. No pude sostenerle lamirada a mi primo y mis ojos se posaron en las puntas de mis zapatos-. En fin, me tengo que ir, ¿te puedo dejar el mapa? No quiero que Nott o Derrick me lo roben otra vez.
Albus se agachó y deslizó el pedazo de pergamino en el bolsillo de mi mochila y luego de abrazarme y susurrar "solucionalo" en el oído, se fue al trote al entrenamiento. Sin salir de mi estupor, me apresuré y crucé los límites del Bosque Prohibido.
Lysander se encontraba alimentando al castaño hipogrifo, para el cual solía reservar las mejores comadrejas, hurones y pájaros. Lo malcriaba y eso era evidente en su carácter. Hice una exagerada reverencia frente a la criatura, que, como siempre, rechazó con un bufido y un movimiento de cabeza y tomé a mi amigo del abrigo; no pensaba pasar más tiempo cerca de aquel animal, no ahora que me sentía tan culpable por lo que le había causado a Malfoy. Ya en nuestra mesa en la biblioteca, una de las más ocultas y menos transitadas, le comenté a mi amigo mi dilema: los Ravenclaws suelen ser buenos dando consejos.
-¿En serio no sabías lo de su claustrofobia?¿Dónde has estado los últimos seis años, Rosie?-. Centré los ojos en mi cuaderno, no quería contestar esas preguntas-. Dime, ¿qué piensas hacer?¿Quieres seguir con esto, con las bromas? Se van a poner cada vez peor, cada vez más serias.
-¡Lo sé, Lys, lo sé!- Oculté el rostro entre mis palmas-. Juro que no quería hacerle daño. No sé qué hacer. Necesito tu ayuda.
-¿Al igual que la última vez que necesitabas mi ayuda, cuando te recomendé que terminaras este pequeño juego, o como sea que llamen a esto que tienes con Scorpius? No, Rose, tienes que solucionarlo. Lo heriste y, quién sabe, tal vez se haya enojado en serio-. Malfoy siempre se enojaba cuando le jugaba bromas-. Y no, no hablo de esas escenas de furia e ira que interpretan para el otro; se debe haber enojado mucho, y te traerá consecuencias.
No podía asimilar todas las palabras de Lysander a la vez. Lo que tenía con el rubio no era un juego, era una guerra, y claro que nos enfadábamos, nos gritábamos, insultábamos, todo el tiempo, las oraciones del Ravenclaw simplemente no tenían sentido. Sentía culpa, sí, y bastante, por cierto. Dando por terminada la conversación, retiré un libro de mi mochila, lo abrí en el decimotercer capítulo y comencé a estudiar.
Habían pasado ya dos horas y mi mente divagaba. Estaba segura de haber leído el mismo párrafo ya diez veces, pero no me era posible extraer de él la idea más importante. Lysander se había ido hacía ya veinte minutos a pedirle un libro a la señorita Pince, por lo que probablemente estaría gritándole al oído por centésima vez el nombre del autor del tomo que buscaba. Dejé que mis pensamientos se dispersaran y no pudieron evitar girar en torno a cierto rubio de ojos color mercurio. El entrenamiento debía de haber terminado ya y de seguro estaría juntándose con Lucy, otra de mis primas, para ponerse al día con los últimos hallazgos en el campo de la medimagia. ¿Le diría a Luce lo que le hice? No era imposible, y temía que, al igual que Al, se pusiera de su lado. Tan sólo Lys me apoyaba y había logrado que se enfadase conmigo, tal vez sí me merecía que todos me contrariaran.
Volteé la página (luego volvería a descifrar aquel párrafo) para encontrarme con un pequeño recorte de pergamino que rezaba: "¿Era ésto lo que querías?-SM". Era lo único que decía; giré el papel para cercionarme, pero no hallé nada del otro lado. ¿Dónde estaba el truco? Fruncí el ceño, no tenía sentido. Dando un golpe suave al pergamino murmuré un Finite Incantatem y supe a qué se refería Albus cuando me dijo que no me gustaría si Malfoy jugara con mis nervios.
Aún en mi mano, la cual no había sido capaz de mover gracias al pánico que tenía, el trozo de papel se contrajo y se ennegreció, creciendo una infinita cantidad de extremidades peludas y pequeños y feroces ojos negros como el abismo. La araña se agrandaba en mi palma y me encontraba petrificada. Quería huir, salir por la vía de escape más cercana, pero me rehusaba a quitar mis ojos de la bestia asquerosa que me aterrorizaba.
Grité, creo. Mi sangre se abalanzaba por mis venas, como si se sintiera encerrada dentro de mi sistema circulatorio y quisiera escapar, ya que era evidente que mi cerebro no tenía los mismo planes. Mi cuerpo temblaba y, gracias a Morgana, el arácnido no había cambiado su posición. Tal vez es de mentira. El pensamiento cruzó mi mente, pero se esfumó cuando vi al monstruo parpadear con sus seis globos oculares.
Instintivamente cerré los ojos; si iba a morir, al menos no quería ver cómo sucedía. Pero nada se clavó en mi piel, las patas marrones no corrieron por mi brazo hasta mis rojos rulos y mi corazón aún seguía latiendo. Me atrevía a mirar a mi alrededor, con cautela, aunque esperaba que ya no hubiera peligro. Y efectivamente así era. Lysander sostenía entre sus manos a la bestia, a la cual parecía haber atontado con un simple hechizo y parecía estar sosteniendo un debate en su mente. Me sonrió cuando posé la vista en él y yo imité el movimiento.
-Gracias.
-No hay de qué.
Detrás de él, varios chicos de años inferiores me miraban fijamente, como si fuera alguna clase de criatura de circo, pero sencillamente no tenía fuerzas para detenerlos. Un golpeteo constante retumbaba en mis oídos y, cuando me giré para descubrir su fuente, me encontré a una furiosa bibliotecaria, que no cesaba de sacudir el pie derecho en señal de impaciencia. Oh, claro, nunca oye nada y ahora, cuando se me ocurre gritar, corre a ver qué pasa. Típico.
-Este comportamiento es inaceptable en la biblioteca, señorita. Le voy a tener que pedir a usted y a su amigo que se retiren inmediatamente. Y llévense ese bicho de aquí, hay alumnos que están tratando de estudiar- Y no tuvimos más opción que obedecerla.
Ya en dirección al bosque, divisé a Malfoy hablando con entusiasmo con Lucy. Él pareció verme también, porque frenó su discurso para dirigirme una mirada inexpresiva. No podía lidiar con él en ese momento, por lo que le di la espalda y me apresuré a entrar en la cabaña de Hagrid.
Esta vez se había pasado. Una cosa eran las pequeñas bromas que solían realizar para pasar el tiempo, para relajarse, para huir de la presión de los exámenes y los deberes; no se suponía que acabarían así. El último truco de Scorpius había sido en venganza por la jugarreta de la pelirroja, eso era evidente, y no había duda de que Albus lo había ayudado. Entendía por qué lo hacía, en serio, pero no tendrían que haber llevado la broma a ese nivel.
Rose había estado nerviosa el resto del día y decidió pasar el fin de semana en su sala común, donde era menos probable que las pequeñas criaturas que la horrorizaban aparecieran. Discutí el asunto con Pushkin, quien opinó que no merecía su atención ni la mía, que me convenía quedarme en el Bosque Prohibido, alimentándolo y jugando con él y dejar que el problema se solucionara sólo. Pero sencillamente no podía quedarme de brazos cruzados. Tomé mi abrigo marrón del pasto y, luego de arrojarle una última zarigüella al hipogrifo, me encaminé hacia el castillo.
-Bolas de anís... no, no, espera. ¡Bigotes frances! Es esa... ah, ¿no?-. Me había olvidado de mi pésima memoria. Llevaba ya cinco minutos plantado frente a la puerta de la casa verde diciendo palabras al azar, esperando que algún alumno entrara o saliera, pero no parecía ser mi día de suerte. Tendría que tomar el camino largo.
Un par de años atrás, merodeando por el castillo bajo la capa de invisibilidad de Al con él y Scorp, habíamos notado que los únicos poseedores del mapa hasta entonces habían pertenecido a la casa de los leones, por lo cual aún exisistía la posibilidad de hallar nuevos pasadizos dentro de los territorios inexplorados. Así que nos aventuramos a lo desconocido. Habíamos descubierto, el curso anterior, una serie de pasillos laberínticos que conectaban las salas comunes de Slytherin, Hufflepuff y Ravenclaw entre sí y con las cocinas, por lo cual era bastante sencillo atravesar el castillo sin ser descubierto.
Unos momentos más tarde, crucé el umbral e ingresé a la habitación de los chicos. Por suerte, sólo estaban Albus y Scorpius saltando por el cuarto persiguiendo una snitch dorada, no quería tener que lidiar con la diva de Jules. Cuando las serpientes me vieron se quedaron estáticos, ya se imaginaban lo que vendría.
-¿Donde está Ethan?
-Hablando con Quinn.
-¿Y van Raffien?
-Por Morgana, Lys, no lo invoques.
-¿Qué hay de Nott?- pregunté mientras me acercaba a donde se encontraban, pero la única respuesta que obtuve fue una expresión de confusión y una alzada de hombros por parte del pelinegro-. Supongo que saben por qué estoy aquí-. Ambos asintieron lentamente con la cabeza-. ¿Alguien quiere explicarme en qué estaban pensando? ¡Una araña, por las barbas de Merlín! ¿Por qué no una acromántula?
-Ella comenzó...
-Claro que ella comenzó, intenté disuadirla, pero no quiso escucharme- no pude evitar un suspiro antes de desplomarme en la cama más cercana, la de Scorpius-. No tendrían que haberle devuelto la broma, este juego nunca terminará. Alguno debe ceder, y luego del susto de hoy no creo que Rose de el primer paso.
-¿Por qué lo que le hice es peor que lo que ella me hizo a mí? ¡Me ató a la cama, Lys, casi muero asfixiado! Si Weasley puede transtornarme de esa forma, jugar tan desalmadamente con mis miedos como lo hizo, entonces..
-Ella no sabía, Scorp- Se giraron rápidamente para escrutarme con la mirada, era evidente que no habían esperado esa respuesta.
-¿Qué quieres decir con que no sabía?- Albus, cauteloso, me preguntaba dejando escapar la pelota alada de sus manos, mientras el rubio escondía el rostro entre sus manos.
-No sabía que Scor es claustrofóbico- Escuché al pelinegro mascullar insultos por lo bajo mientras Malfoy lanzaba un gruñido seguido por un "no puedo creerlo, me va a matar"-. Chicos, sé que Rosie se pasó de la línea pero... Al, es tu prima, y, Scorp, ¿en serio, hermano? Han caído tan bajo-. Ambos Slytherins me esquivaron la mirada-. Además, ¿saben la cantidad de reglas que rompieron? Tienen suerte que no los hayan descubierto, quién sabe, podrían haber terminado limpiando la sala de trofeos o los calderos sucios el resto del año. Y no me hagan empezar con la araña, ¡pobre criatura!, no pueden ni imaginarse el grito que pegó Rose cuando la vio. Temblaba del miedo cuando la agarré, tuve que aturdirla, no fuera el caso que quisiera picarme.
Fui interrumpido por una almohada arrojada directamente a mi cara, seguido por un tackle por parte de Potter. ¿Qué mierda...? Un instante luego estaba corriendo por mi vida, seguido de dos locos Slytherins a los gritos y carcajadas.
-¡Y eso es por tu discurso!- Una zapatilla cruzó el aire para terminar estrellándose contra una armadura a unos centímetros de donde estaba pasando- ¡Ya verás cuando te atrapemos, maldito Ravenclaw! ¿Qué sabes tú de reglas? No podrás escapar, estamos en el equipo de Quidditch, ¿recuerdas? ¡Ríndete ante nuestro poder, mortal!
Este último comentario fue gritado por Albus en el segundo en el que atravesé las puertas del Gran Salón, dónde ya la mayor parte del alumnado y los profesores cenaban tranquilamente. Una oleada de carcajadas retumbó en las paredes del comedor.
-¡Potter!
-Lo siento, profesora McGonagall.
Eso fue todo, hasta la próxima actualización.
-Vince
