Me desperté de un pésimo humor la mañana del lunes, si es que se puede llamar "despertar" al levantarse de la cama luego de haber pasado la mayor parte de la noche en vela. El hecho de que fuera lunes tampoco contribuía a la mejora de mi ánimo, sino más bien lo contrario. Era culpa del día, del condenado lunes, que no hubiera podido dormir; porque todas las semanas, todas las interminables semanas, que no podían sino comenzar con interminables lunes, tenía tareas de Transformaciones.

Siempre había tenido buenas calificaciones.., bueno, calificaciones aceptables. Era mucho mejor en lo práctico, en la realización de hechizos, de pociones, que en las tareas y exámenes teóricos. Era posible que hubiera procrastinado un poco (pero sólo un poco) ese ensayo en particular, ¡pero no era mi culpa! Derrick no había tenido mejor idea que molernos a golpes en las prácticas de Quidditch, el muy bruto, y apenas pude moverme el resto del fin de semana, mucho menos levantar esos libros sobre Transformaciones o concentrarme en realizar un trazo firme. Y como si eso fuera poco, Rosie y Scorp, mis dos mejores amigos, habían llevado su incesante disputa a otro nivel y había tenido que intervenir.

Di tumbos hasta el baño, tendría que apresurarme, de seguro era tarde. Me miré en el espejo y mi reflejo me confirmó lo que yo ya suponía: me arrastraría todo el día por el colegio, en un vano intento por mantenerme despierto y,lamentablemente, mis probabilidades de alistarme rápido eran nulas.

Por el vidrio, vi reflejado un pie, el cual parecía querer escapar del bollo de tela que era la cama de Nott. Tal vez no fuera tan tarde. Me asomé hacia el interior de la habitación y pude distinguir las otras tres camas deshechas y los pijamas en el suelo. No, era tarde. Maldito lunes, maldito ensayo sobre Transformaciones y maldito Lysander, maldito mil veces. Él fue quien me propuso tomar un café a la noche, para concentrarme mejor. "Siempre funciona", dijo, "yo siempre lo tomo y nunca pasa nada". Pero Lysander era un ravenclaw, y ellos tenían sus propias reglas, sino, ¿cómo se explicaba que pasaran tantas horas en la biblioteca y, a pesar de eso, tuvieran un buen equipo de Quidditch y sonrieran?

Me volví hacia mi otro yo y vi su rostro ojeroso, pálido y su pelo enmarañado, con mechones rebeldes que de seguro se sentían muy a gusto en esa posición y no pensaban seguir mis instrucciones. Creía recordar vagamente un encantamiento para remover las bolsas bajo los ojos. No lo probé, por miedo a quitarme un ojo en el intento.

-Lo siento, amigo, no hay mucho que pueda hacer por eso-. Y el otro Albus se limitó a bostezar, el muy vago. No era la primera vez que iba a comer así y podía apostar que tampoco sería la última.

Otro factor que podría afectar mi humor, era el sueño que había tenido esa noche. Fue breve, no podía haber sido de otra forma, e increíblemente simple. Recordaba el camino arbolado que se dirige a Hogsmeade y a Rose y a Scorpius, riendo. Sólo eso, nada más. Pero ellos no podían pasear juntos tan tranquilamente, para mi pesar. Nunca supe por qué, no creo que ellos lo supieran tampoco, pero el pensamiento de tener una velada pacífica junto a mis mejores amigos parecía una utopía. Era ridículo, la gente no se odiaba de esa forma (a menos que hablemos de van Raffien, cuya existencia no es más que un insulto a la raza humana).

Pero ahora había esperanzas, Scorp había dicho que se disculparía con mi prima y esa extraña tregua que parecía haber existido en las primeras semanas de clases se restablecería y entonces yo podría dormir tranquilamente. ¿A quién engañaba? Esas cosas no ocurrían, y mucho menos lo hacían en un lunes tan desagradable como aquel.

Mirando fijamente el suelo y con mucho pesar, logré poner un pie delante del otro, hasta llegar al Gran Comedor. Había recordado despertar a Nott antes de irme... Le arrojé un zapato. Abrí la puerta. Había pocos chicos en el salón y muchos de ellos eran familiares o amigos míos. La mayoría de los estudiantes tenía períodos libres en la mañana de los lunes, suertudos. No, era lunes, ellos eran imbéciles los lunes.

Noté dos pares de ojos fijos en mí, uno gris y frío como el metal y otro celeste y cristalino, sabía que calculaban y analizaban cada uno de mis movimientos desde la mesa de la izquierda, la de Slytherin, y la del otro extremo, la de Gryffindor, respectivamente. Suspiré, sí, era ya muy tarde. Me encaminé hacia una de la mesas del centro, la de Ravenclaw, dónde dos chicos rubios probablemente discutían sobre las razas de dragones más peligrosas. Detuvieron su conversación cuando me derrumbé sobre el banco e intenté ahogarme a mí mismo, hundiendo mi rostro en mis temblorosas manos.

-Oye, Al, ¿qué pasa?¿Te encuentras bien? -Era Lysander, despierto, alegre y descansado.

-Tú. No hables. Te odio.

-¿Por...

-El estúpido café.

-Albie, no te preocupes, siempre puedes dormir una siesta en Adivinación -comentó Lucy, una de las más racionales de mis primas. Pero ella no estaba tomando en cuenta el factor pelea. Porque Rose y Scorp podía parecer muy civilizados y todo, siempre y cuando no estuvieran sentados en la misma mesa. Gruñí como respuesta.

-Mmh, ¿Lys?-pregunté. Aún lo detestaba, pero era el único que me podía contestar.

-¿Si?

-Creí que Scorp se iba a disculpar con Rose y la estúpida pelea terminaría. ¿Qué pasó?

-Supongo que Scorpius iba a disculparse.., pero luego Rosie le dijo que la vez siguiente lo metería atado en un tanque de agua, o algo por esas líneas, a lo que él le contestó que tuvo suerte con la araña, que había estado buscando una venenosa y no la había podido hallar... y que conocía gente que podía conseguirle una...-hizo una pequeña pausa, sólo para agregar drama-. Creo que Rose insinuó algo sobre mortífagos y Scorp le lanzó un hechizo. Llevan intentando asesinarse con la mirada al menos media hora.

-¡¿Y DÓNDE ESTABAS TÚ A TODO ESTO?!

-En mi sala común, Al. Natasha me contó lo que pasó cuando llegué. A decir verdad, no quise acercarme a ninguno de los dos, parecen a punto de comenzar una guerra de comida, o una guerra real.

El lunes seguía empeorando, al parecer, esos días no tenían límite. Debía quedarme en cama el resto del día, era obvio, nada bueno podía pasar, pero ya había terminado el ensayo de Transformaciones y planeaba entregarlo a tiempo. Me fui del Gran Salón antes de que entraran las lechuzas, con mi suerte, recibiría un vociferador de la abuela, otro de mi madre y terminaría enterrado bajo una montaña de excremento de ave. No iba a arriesgarme.

Y tal vez hasta pudiera dormir una siesta en Adivinación.


La clase de Transformaciones había pasado con tranquilidad, no porque Malfoy y yo nos hubiéramos arreglado, todo lo contrario, sino que ambos temíamos lo que McGonagall pudiera hacer si armáramos un escándalo en su clase. Pero Adivinación era diferente, allí, en nuestra pequeña mesa junto a la ventana, no había reglas.

-Oye, Weasley, creo que veo una acromántula en tus hojas de té, ya sabes lo que significa, ¿no?- Él dio la primera estocada.

-Debí haberme quedado en tu habitación, viendo cómo te retorcías. Me contaron que lloraste como una nena.

El olor a incienso contaminaba el aire y las cortinas y los manteles parecían de plomo. La brisa que entraba por la cerradura de la ventana, la cual nos había sido imposible abrir, no era lo suficientemente fuerte como para alterar la pequeña llama de las vela que reinaba en nuestra mesa, mucho menos lo era para refrescarnos a los tres.

-Callense de una vez y dejenme dormir, es su culpa que no haya pegado un ojo en toda la noche. -Albus estaba teniendo un mal día, ¿quién no? Pero él se descargaba fastidiándonos en clase de Adivinación. Por lo general insultaría un poco más a Malfoy o golpearía a Al hasta que se levantase, pero el hurón y yo estábamos más peleados que nunca y mi primo se había puesto de su lado al ayudarle con la maldita araña.

-Admite que todo lo que hiciste estuvo mal y terminaremos con esto, Weasley-me había dicho Malfoy hacía varias horas, luego de que le comentara sobre mi plan de atarlo y arrojarlo al lago, y volvía a repetir ahora. Antes me había quedado callada y las verdaderas intenciones del rubio saltaron a la vista segundos después, cuando mencionó lo de la araña venenosa. Él sólo quería que dejara de atacarlo para tener tiempo de pensar en nuevas bromas para jugarme. Bueno, eso no pasaría.

-No haré una tregua contigo, serpiente. Son conocidas por apuñalar por la espalda. -Se había enfadado, y eso estaba bien, eso era lo que buscaba, ¿no es así? Pero no me sentía mejor. Por lo general, pelearme con el Slytherin me daba adrenalina, emoción, y ahora me hacía sentir un gusano aplastado por Hagrid. Malfoy no parecía estar disfrutando tampoco, tenía un aspecto similar al de Albus pero sus facciones denotaban tristeza, además de cansancio. Tal vez Lys tenía razón, tal vez nuestra guerra terminara mal, si no lo había hecho ya.

-Como quieras.

Nadie habló por el resto de la clase. Cada tanto podía sentir al hurón mirándome, pero intentaba ignorarlo. Al había despertado a mitad de la clase y nos observaba extrañado. Había tenido tiempo para reflexionar y me sentía aún peor que antes. Las lágrimas amenazaban con brotar a caudales y abalanzarse por mis mejillas. Me preguntaba que haría Malfoy si así fuera y no pude hallar una respuesta plausible.

-Mis niños-comenzó la profesora Trelawney, y sólo podíamos esperar lo peor-, los siguientes meses viajarán por sus subconscientes para averiguar lo que les depara el destino. Deben encontrar las pistas en el lienzo de sus sueños e interpretarlas, sólo así podrán estar prevenidos para los acontecimientos futuros.

El tono de voz que adquirió para decir todas esas tonterías parecía sacado de una mala película de fantasmas, pero algunas chicas estaban fascinadas y probablemente se imaginaban cuáles serían sus sueños, los que seguramente revelarían quién sería su próximo novio. Sencillamente patético.

-Vamos, vamos, júntense de a parejas.

-¿Profesora? -preguntó un chico de Ravenclaw, que parecía y debía haber despertado recientemente de una siesta reparadora- ¿No cree que los sueños son algo... personales como para tratarlos con otra persona?-. Al fin un ser racional.

-Pobre niño, es claro que no tienes el don. Aún son aprendices en el campo de la adivinación y las ciencias ocultas, ¡los errores que tendrían si analizaran sus propios sueños serían catastróficos! No quiero que eso pase. Trabajarán en parejas.

Todos comenzaron a buscar a su compañero, todos salvo yo. Tenía la esperanza de que la profesora me dijera que mis capacidades proféticas eran nulas y debía irme del curso. Pero no pasó. Sin embargo, Trelawney sí resolvió mi problema, ciertamente no de la manera que deseaba.

-¡Señor Potter!¡Señor Malfoy! Ustedes no trabajarán juntos, no luego de lo que hicieron la última vez. Usted, Potter, trabajará con la señorita van Raffien, quién espero le podrá mostrar las maravillas de la adivinación.- Albus quedó estático. Parecía estar catatónico o a punto de explotar. Cerró fuertemente los puños, insultó al día y nos miró detenidamente a cada uno, cómo si de una advertencia se tratara. Y como quien va a luchar con un dragón desarmado, con la certeza de que va a morir, caminó hacia la mesa de la Slytherin.- Así que, señor Malfoy, usted trabajará con la señorita Weasley.

Tenía que ser una broma.

Quería llorar o reír, saltar por la ventana o caer por las escaleras. Si ese era el destino del cual hablaba siempre la profesora, entonces era cruel y me odiaba. Y yo lo detestaba. No me quedé a ver la expresión de Malfoy, ni fui a la siguiente clase, sino que corrí hacia la cabaña de Hagrid; cenaría allí esa noche.


Para los que estén interesados, escribí otra historia, una sobre los fundadores, que participa de un reto del foro First Generation: The story before books, se llama Los orígenes de Hogwarts

-Vince