A/N: ¡Hola a todos! Aquí les traigo un nuevo capitulo ¡Yay!
Me ha costado bastante saber que va a ser cada personaje, sobre todo con Isuke xD Pero bueno, ya se me ocurrió algo.
Decidí hacerlo en dos partes, pronto subiré la otra.
Espero que sea de su agrado, cualquier idea, corrección, crítica, etc… Dejen un review o PM, me alegrará mucho y me ayudara a mejorar n_n

Gracias por leer y que disfruten el capitulo…


Lyrenneos, Mercado.

- ¡Isukeeee! –Llamaba una voz masculina a lo lejos, o por lo menos así era como lo escuchaba la joven que dormía profundamente.

De pronto sintió su cuerpo siendo zamarreado bruscamente por unas fuertes manos.

Si hay algo que Isuke odia con todas sus fuerzas, es ser despertada.

Lentamente, la chica levantó la cabeza, observó a su alrededor y, bostezando, estiró los brazos hacia atrás haciendo que sus articulaciones crujieran. Llevaba dos horas durmiendo en la misma posición que no era para nada cómoda, pero no era ningún problema para alguien que se duerme profundamente en tan poco tiempo.

Con la vista algo borrosa a causa de las lagrimillas que le provocó el bostezo, intentó distinguir a quien la había despertado. Un hombre alto, de cabellos blancos, se encontraba de pie al lado de la chica sonriendo amablemente. No aparentaba más de cuarenta años y llevaba puesto un delantal en el cual se podían distinguir manchas de suciedad, agua y… sangre.

– ¿Has dormido bien? –Dijo con un tono algo divertido al ver la cara de la joven que hace menos de dos minutos estaba durmiendo.

– Ésta mesa no es lo mas cómodo para dormir que digamos, está húmeda y huele a pescado. –Respondió finalmente la chica con un tono somnoliento y sarcástico.

El hombre no hizo más que soltar una risilla, darse la vuelta y caminar dirección a la pared. Se desabrochó el delantal que traía puesto, se lo quitó y lo colgó en una percha.

– Bueno cariño, iré a dar una vuelta, te dejo a cargo de la tienda. No te duermas, se amable con los clientes y ten cuidado con los estafadores, Papá no tardará en llegar. –Dijo mientras salía, pero se asomo nuevamente para decir:

– Hoy traen mercadería, así que no salgas. –Le recordó antes de salir rápidamente para evitar quejas por parte de la chica.

La joven suspiró, se puso de pie y ordenó los rebeldes mechones de su cabello rosa. La chica tenía solo diecinueve años, era de alta estatura, de cuerpo delgado y bien desarrollado.

Caminó en dirección a la pared donde estaban los percheros, y tomó el delantal que le correspondía. Se podía notar el poco uso de éste ya que a penas tenia pliegues o manchas, a Isuke no le gustaba trabajar.

Luego de haberse puesto su respectivo delantal, se dirigió nuevamente al mesón donde hace unos minutos dormía placidamente y se sentó en la vieja silla provocando un débil crujido de la madera.

Ahora sólo tendría que esperar a algún cliente y a quien iba a traer la mercadería. Isuke no era de tener paciencia, si no fuera por que estaba somnolienta y que su mamá salió rápido del local, hubiera podido reclamarle.

Trabajar no era su fuerte, aun más, detestaba trabajar. Estar en aquella habitación húmeda y mal oliente todo el día, la agotaba.

Ya habían sido varias veces en las que le llamaban la atención por cerrar antes o responderle mal a los clientes para que se fueran, ella solo quería estar en paz. Pero no muy tranquila podía estar en ese lugar. Los gritos de los vendedores, el mar, la gente, las gaviotas … todo era un lío allá afuera.

Aun no sabe de cual de los dos padres fue la genial idea de tener una tienda de pescados y mariscos. Desde pequeña que sus padres tenían la tienda, pero a ella nunca le agradó eso de los pescados, la suciedad, los olores fuertes y el mar. El solo ver un pescado, tener las manos sucias y mal olientes, tener las manos mojadas por agua salada le provocaba nauseas, pero con el tiempo aprendió a tolerarlo.

Pasó casi toda su vida ahí. El local no era muy grande, la construcción era de madera, al igual que el piso. Entrando, se encuentra el mesón en el cual se atiende. A la derecha de éste, hay diversas cajas de madera con distintos tamaños, cada una tiene una tapa y esta llena con sal para mantener los productos. Al fondo, detrás de las cajas, hay una gran mesa de madera con muchos utensilios sobre (en su mayoría cuchillos) y una pesa.

Definitivamente este lugar no va con alguien como Isuke, pero no podía quejarse. Lo mínimo que podía hacer para agradecerles a sus padres por todo lo que le han dado, era cuidar el local en su ausencia.


Lyrenneos, Muelle.

Una chica pelirroja se encontraba cargando unas cajas de madera. Cualquiera diría que deben haber estado vacías como para que una chica llevara tantas cajas a la vez, pero no. Iban llenas, llenas de pescado fresco. Incluso se podía ver el agua que goteaba de las cajas. Pero el peso no era un problema para la chica. Con un paso apresurado, la joven se escabullía ágilmente entre la gente que pasaba con cuidado de no chocar, disculpándose con el mínimo roce.

El muelle estaba algo lleno hoy, numerosas barcas habían llegado con muchos productos marinos, era temporada de pesca.

El sol estaba radiante, la brisa marina pasaba entre la gente dejando su aroma característico que a Haruki tanto le gustaba. Los graznidos de las gaviotas, el ruido de los barcos y la multitud, era lo que animaba a la chica el día a día. Ese era su escenario favorito, y en especial en días como este. Pero había algo diferente hoy, algo que la tenia inquieta, sentía como si algo importante fuera a suceder y que marcaría un gran cambio.

Ya fuera de la multitud, el ambiente se torna más tranquilo. Sintiendo el relajante sonido del mar y la fresca brisa marina, Haruki caminaba tranquilamente por las calles con las cajas en sus brazos buscando el local que le habían asignado.

"Pescadería Inukai" pensaba la chica mirando los letreros de los locales abiertos.

– ¡Bingo! –Se dijo a si misma al encontrar su destino.

Afuera del local, se asomó por la puerta y vió a una chica de pelo rosa casi recostada sobre el mesón. Algo extrañada por no haber visto a los típicos hombres robustos y barbudos que estaba acostumbrada a ver en las pescaderías, decidió entrar.