Bien, bien. Me gusta que de momento la historia vaya llamando la atención jajajaja Hay un pequeño lío con la numeración de los capítulos, no se porque, aunque ponga 3 es el 2.

Me autopublicito un poco y digo para el que le interese que estoy escribiendo otro en esta misma pagina, que tiene ya mas capis escritos y se llama Earthquake, por si alguien quiere pasarse ;)!

Los personajes de OUAT no me pertenecen. Gracias por leer y por vuestros comentarios y espero que os guste =)!


Emma aparcó el tema de Regina a un lado de su cabeza por un rato para preocuparse de la nueva vecina de Storybrooke.

- Tú, ven conmigo.

Le dijo a Gold señalando la puerta de la cafetería. El hombre aún estaba tratando de desentumecerse los pies.

- ¿Yo? Yo no sé cómo hacerla volver.

Respondió el Oscuro sacudiéndose un poco de hielo de un zapato.

- Puede que no, pero vas a contarme que le hiciste. A no ser que prefieras hablar aquí, estoy segura de que todos están muertos de curiosidad.

Rumpelstiltskin miro a su alrededor y vio como todos los presentes le miraban con mayor o menor disimulo, desde luego con ganas de conocer la historia completa.

- Está bien, hablemos fuera. Belle, será mejor que esperes aquí.

Dijo Gold al ver que su ahora esposa iba a acompañarlos.

- No, que venga. Es tu mujer ¿no? No creo que la quede mucho de lo que sorprenderse contigo.

Contradijo Emma haciendo un gesto a Belle con la cabeza y asintiendo a sus padres cuando les vio avanzar hacia ellos para salir también. Hook no se movió, sabía que no sería bien recibido cuando se trataba del cocodrilo.

- ¿No vienes, Henry?

Pregunto a su hijo que ni siquiera se había mostrado interesado, cosa rara en él.

- No, creo que iré a ver como esta mama. Ya me lo contaras luego.

Respondió el chico saliendo de la cafetería y devolviendo a la mente de Emma el sentimiento de culpabilidad que se esforzó por volver a posponer. Hood siguió a Henry con la mirada hasta que salió por la puerta, con expresión dudosa, preguntándose si no debería ser él quien fuese a hablar con Regina, pero la mano de Marian estaba en la suya y no se sentía capaz de soltarla en ese momento.

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Cuando los cinco salieron de la cafetería ya no había ni rastro de Henry por allí cerca. Emma esperaba que la presencia de su hijo ayudase a Regina ya que ella aun no sabía cómo hacerlo y Hood no parecía muy dispuesto a separarse de su mujer.

- Muy bien Gold. Habla.

Dijo sin más mirando al dueño de casi toda la ciudad con las manos en las caderas.

- Y sin rodeos por favor, por una vez me gustaría acabar con esto pronto.

Añadió Mary Margaret antes de que nadie más pudiese hablar, con el pequeño Neal en brazos. Gold se aclaró ruidosamente la garganta, mirando de reojo a Belle.

- En mi búsqueda de un medio para llegar hasta mi hijo escuché hablar de un chico, un joven príncipe, decimotercero en la línea de sucesión, que quizá tuviese algo que pudiese serme de utilidad.

Empezó Rumpelstiltskin casi a la fuerza, no era partidario de airear sus asuntos, más aun si Belle estaba delante para escuchar sus andadas como el Oscuro.

- ¿El príncipe Hans de las Islas del Sur?

Comento Emma casi en tono burlón, aun no podía creerse que la mismísima Elsa estuviese en Storybrooke, y que los personajes de esa película también fuesen reales. Aunque como hija de Blancanieves y el Príncipe Encantador ya no debería sorprenderse de nada.

- Exactamente. Hice un trato con él. Hans no tenía muchas esperanzas de reinar con doce hermanos mayores por delante de él, así que necesitaba un nuevo reino. Él tenía una judía mágica, pero no una judía normal, la suya estaba congelada. Para hacerla funcionar necesitaba magia. Él tenía la judía, yo tenía la magia. El trato fue sencillo.

Siguió contando el hombre del bastón.

- Pero tú no podías saber si esa judía te llevaría hasta Baelfire.

Intervino Belle que absorbía cada nueva información sobre su nuevo marido.

- Oh, pero yo sabía a qué reino conducía aquella judía. Había escuchado historias sobre la Reina de Hielo y su poder. Y yo quería ese poder.

Contaba Gold sin poder evitar una pequeña sonrisa al recordarlo.

- Yo quería el poder de la reina y Hans quería el reino. El conquistó a la joven princesa Anna para que confiase en él, queríamos enfrentar a las dos hermanas para hacer a Elsa más vulnerable, pero…las cosas se descontrolaron un poco y Anna acabo congelada. Momento en que yo me aproveche de la fragilidad de Elsa para trata de hacerme con su poder, pero era más complicado de lo que pensaba, así que…

- La encerraste.

Completo Emma por él. Gold asintió sin más.

- No podía hacerme con su poder y no podía arriesgarme a su venganza, encerrarla parecía la opción más segura.

Tres pares de ojos lo miraban de manera acusadora, incluso él bebe parecía mirarle con reproche.

- ¿No pensaste en liberarla después?

Pregunto Belle siempre dispuesta a pensar lo mejor de Rumpel. Él hizo una mueca culpable.

- Sinceramente, me olvide de ella.

Confesó. Emma suspiro, restregándose la frente de manera nerviosa mientras pensaba.

- Y por supuesto no tendrás a mano más de esas judías congeladas.

No era una pregunta ni una comprobación, solo la confirmación de un hecho.

- Pero, señorita Swan, no podemos dejar que Elsa deambule por Storybrooke, ella es muy…inestable. Es muy emocional y no sabe controlar sus poderes.

Advirtió Gold. A la Salvadora aún se le hacía raro escuchar el nombre de Elsa como algo real y presente. Y de repente se preguntó a donde habría ido la reina de hielo. Algo la decía que no iba a alquilar una habitación en Granny's.

- Bien, la buscare y hablare con ella, a ver que me cuenta.

- Pero Emma…si el señor Gold dice que no sabe controlar sus poderes…

Intervino David en tono preocupado.

- Bueno, yo tampoco sabía y estoy mejorando bastante.

"O al menos estaba mejorando, gracias a Regina." Pensó con otro pinchazo de culpabilidad, la Reina Malvada había sido una gran ayuda con el tema de su magia, prácticamente era la única que de verdad creía en su potencial, la única que no quería convertirla en una damisela en apuros, si no en su propia salvadora. Se preguntó si Regina accedería a ayudar a Elsa también con su magia. Desde luego sería algo digno de verse.

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Regina había pasado la noche con su hijo tratando de fingir normalidad. Le había sorprendido cuando al abrir la puerta Henry estaba allí, preocupado y queriendo quedarse con ella, apoyarla. Pero ante todo era su madre y no podía romperse delante de él, tenía que ser fuerte, Henry tenía que verla bien para quedarse tranquilo. No sabía si lo habría conseguido o no, el caso es que el chico había caído rendido en su cama y ella había pasado la noche despierta en la suya, con la cabeza llena de imágenes de Robin abrazando a Marian, con imágenes de Emma acercándose a ella convencida de que podría convencer a alguien del pasado de que ya no era malvada, esa pequeña muestra de confianza natural le había gustado, en cierto modo había llegado a tolerar a Emma Swan y era agradable saber que había alguien que confiaba en ella sin dobleces, sin esperar que fallara a cada paso para poder señalarla una vez más como Reina Malvada. Y entonces Robin había corrido hacia esa desconocida, hacia su mujer, la mujer que Emma había traído del pasado. Y el amargo sentimiento de traición, de herida, había sustituido su pensamiento anterior. Una vez más la vida le enseñaba que confiar en la gente solo provocaba dolor. Había confiado en Emma y ahora había vuelto a perder su final feliz. ¿Podía culpar a Emma? Después de todo ella no lo sabía. Pero sabía que cambiar cualquier cosa del pasado, cualquier pequeño detalle tendría sus consecuencias. Y le había tocado a Regina pagar esas consecuencias.

Aun siendo temprano, escuchó como alguien llamaba a su puerta, y eso era extraño. No tenía muchas visitas, al menos no muchas amigables, y la única persona que podía esperar que fuese a verla estaba ya en su habitación dormido. Se puso su bata y bajó a abrir con el ceño un poco fruncido por la duda. Le abrió la puerta a una nuca rubia que se giró para dar paso a la cara de la sheriff.

- No me cierres la puerta.

Dijo la rubia rápidamente extendiendo una mano como para parar el posible portazo que no se produjo.

- Tenemos que hablar.

Añadió mirándola con cara mezcla de súplica y culpabilidad, sabiendo que Regina no la quería allí y aun así allí estaba.

- No tengo intención de escuchar más disculpas ni excusas, señorita Swan.

Emma tenía que admitir que ese "señorita Swan" dolía un poco. No era como cuando lo decía en mitad de una conversación, después de que la rubia sacase de quicio a la alcaldesa o para que la reina sacase de quicio a la Salvadora. Era un "señorita Swan" distante e impersonal, como al principio, como cuando la quería fuera de Storybrooke, de su vida y de la de Henry.

- No he venido por eso…al menos no oficialmente. ¿Puedes salir un momento?

- No voy a…

Emma decidió saltarse todo el tira y afloja de la conversación y cogió a Regina del brazo para sacarla de la casa, con firmeza, sin hacerla daño. La morena iba a quejarse, pero la boca se le quedo abierta al ver el gran palacio de hielo que había surgido de la nada en alguna zona del bosque de Storybrooke.

- ¿Qué es eso?

- Creo que a Elsa no le gustaban los apartamentos de la ciudad.

Las dos mujeres miraban el castillo de hielo, Regina todavía sorprendida y Emma esperando a que se le pasase la sorpresa. Cuando eso pasó se dio cuenta de que la Salvadora aun la tenía sujeta del brazo y se soltó de un altivo tirón.

- Supongo que ya se te habrá ocurrido algún brillante plan para devolverla a su reino.

Dijo Regina tirando de las mangas de su bata distraídamente antes de cruzarse de brazos. Emma le contó todo lo que Gold les había dicho la noche anterior para ponerla al día de cómo estaba la situación.

- ¿Por qué yo no sabía nada de esto?

Pregunto la morena indignada.

- Porque saliste disparada por la puerta.

"Para no verme" añadió internamente Emma, aunque seguramente esa no sería la mejor manera de completar la frase.

- ¿Y qué pinto yo es todo esto?

Dijo despectivamente la reina alzando una ceja.

- Bueno, Gold no sabe qué hacer y tú eres la persona más poderosa que conozco. Además a mí me ayudaste a controlar mi magia.

- Para que luego la perdieras en los labios del pirata.

Contesto Regina con un chasquido molesto, disimulando el orgullo que le había dado escuchar a Emma decir que era la persona más poderosa que conocía.

- No te lo pido por mí, te lo pido por la ciu…por Henry. Si Elsa es tan inestable como dice Gold podría ser peligrosa. ¿Has visto la película? Congelo todo su reino.

Regina volvió a mirar al castillo de hielo, pensativa. Claro que había visto la película, ¿quién no se la había visto a esas alturas? Pero el caso era que tener a una inestable reina de hielo en Storybrooke no era precisamente seguro, sobre todo si estaba enfadada. Y teniendo en cuenta además la tendencia de su hijo de correr hacia el peligro sin pensar, algo heredado de su madre biológica, sin duda.

- Supongo que podría hacerla una visita. Si no atiende a razones siempre puedo derretirla.

Dijo la morena con un ligero encogimiento de hombros.

- No te fue tan fácil derretir ayer el hielo de los pies de Gold.

Recordó Emma sin pensar, ganándose una envenenada mirada de Regina, alzó las manos en gesto apaciguador.

- Pero, hey, yo nunca dudo del poder de tus bolas de fuego.

Añadió rápidamente la rubia, la alcaldesa entrecerró los ojos en un esfuerzo por contener una risita.

- ¿Vas a cambiarte antes de irnos o vas a ir así?

Pregunto Emma para cambiar de tema, señalando la bata y el pijama que llevaba la morena. Regina alzó una ceja.

- ¿Irnos?

- No creerás que vas a ir sola ¿no?

- Por supuesto que sí.

- Soy la sheriff.

- Y yo la Reina.

- Es poderosa.

- Puedo manejarlo.

- Podría ser peligroso.

- Como si te importara.

Emma resopló con fastidio, podían estar así todo el día, además ese último comentario había dolido.

- Mira, podemos quedarnos aquí discutiendo o puedes quitarte el pijama y venir conmigo.

Regina apretó un poco más sus brazos cruzados sobre la bata, recordando que aún estaba en pijama, pero manteniendo todo su porte real con él.

- Sé que crees que puedes hacerlo todo tu sola, pero yo también voy a ir. Sabes que somos más poderosas cuando nos unimos.

Completó Emma. Ninguna sabia porque pasaba eso, porque eran más poderosas juntas y eran capaces de hacer cosas imposibles, parar cosas imparables. Suponían que tenía algo que ver con el factor Salvadora y la magia de la Reina, pero eso no explicaba porque sus poderes crecían cuando se combinaban ellas dos. Y Regina no podía negar eso.

- Voy a cambiarme y a dejarle una nota a Henry.

Cedió al final secamente, descruzando los brazos y lanzándole a Emma su mejor mirada de fría indiferencia. La rubia echo a nadar detrás de la otra mujer inconscientemente, para esperar dentro, pero la reina la detuvo.

- Espera aquí.

Dijo duramente, dejando a la rubia clavada en el sitio. Antes de cerrar la puerta, Regina la miro.

- Y, señorita Swan, no piense ni por un momento que somos un equipo.

Aclaró antes de cerrar de un portazo.