¿Creéis que en la serie habrá alguna batalla entre Regina y Elsa? No es que queira una Elsa malvada, pero no nos vamos a engañar, seria algo digno de verse jajajaja Entre que lo sabemso y no yo os dejo otro capi del fic ^_^!
Me autopublicito un poco mas y recuerdo para el que le interese mi otro fic, Earthquake, que parece un poco solitario jajajajajajaja ;)!
Los personajes de OUAT no me pertenecen. Gracias por leer y por vuestros comentarios y espero que os guste =)!
Caminaban a cierta distancia la una de la otra. Cada vez que Emma trataba de que fueran al mismo paso la morena le lanzaba una fulminante mirada para que mantuviese la distancia, y cada vez que trataba de mantener una conversación Regina contestaba con secos monosílabos o directamente no respondía nada.
- No puedes estar enfadada para siempre.
Dijo Emma finalmente sin saber que más intentar.
- No estoy enfadada, pero la última vez que confié en usted, señorita Swan, se las arregló para arrebatarme mi final feliz. No me culpe por mantener las distancias.
Respondió la morena indiferentemente. Emma odiaba que la llamase de usted, y más odiaba aun saber que Regina tenía razón en eso, en que la había quitado su final feliz. O su posible final feliz, eso daba igual. Antes de poder decir nada más, la morena señalo hacia delante, el bosque empezaba de pronto a estar nevado.
- Bueno, no puedo negar que es bonito. A pesar de ser tan blanco.
Comento Emma mientras caminaban entre la nieve.
- Si te pones a cantar renuncio y me doy la vuelta.
Dijo Regina mirando el bosque a su alrededor, notaba la magia allí, magia poderosa. La rubia hizo una mueca hacia ella en respuesta, pero la alcaldesa no lo vio.
- In suuummeeeer…
Murmuro muy bajito Emma, divertida. La morena la miro como si estuviese dispuesta a arrancarle la lengua, sin reírle la gracia, y la Salvadora cerró la boca conteniendo la risa.
Algo más adelante llegaron al pie de unas escaleras de hielo que ascendían hasta un castillo de hielo sacado directamente de la película.
- No puedo creerme que vaya a entrar en el castillo de hielo de Elsa.
Comento Emma a nadie en particular, mirando la helada construcción con la boca abierta por la sorpresa. Regina pisó el primer escalón con cautela, probando su estabilidad antes de empezar a subir despacio, Emma la siguió, resbalando en el segundo escalón y agarrándose a la barandilla para no caerse. La morena giró la cara para mirarla por encima del hombro y la rubia habría jurado que la había visto reírse un poco al verla, divertida.
- Llama.
Dijo la sheriff cuando finalmente terminó de subir las escaleras y se reunió con Regina frente a la puerta. La morena no la hizo caso, en vez de llamar empujo directamente la puerta de hielo que se abrió con un ligero sonido de arrastre. Sin perder la cautela, la Reina entro en el castillo de hielo seguida de la Salvadora, que había sacado la pistola y la sostenía firmemente con las dos manos, cubriéndola la espalda. Como si le hiciese falta.
- ¿Subimos a buscarla o…?
Pregunto Emma dudosa al ver que no aparecía nadie para darlas la bienvenida. Volvió a resbalar en el suelo de hielo y esta vez Regina la sujeto, en un acto más reflejo que voluntario, impidiéndola caer.
- ¿Qué estáis haciendo aquí?
Tronó una voz desde las escaleras que ascendían desde la entrada. Todavía sujeta a Regina, Emma alzó la vista para mirar a la reina de Arendelle, y lo mismo hizo la morena antes de soltar definitivamente a la rubia.
- ¿Ya has encontrado una forma de devolverme a casa?
Volvió a preguntar Elsa suavizando la voz hacia la sheriff, que balbuceo un poco antes de responder.
- No exactamente. Aún no. Pero lo haré.
- Entonces no entiendo que haces aquí.
Respondió la mujer del vestido azul endureciendo la voz otra vez y mirando a Regina con desconfianza, la morena le devolvió la desafiante mirada.
- Yo había pensado que quizá…Gold…Rumpelstiltskin nos ha contado lo que paso y…he pensado que quizá te vendría bien algo de ayuda con…ya sabes…tus poderes. Antes de que vuelvas a casa. Yo tampoco sabía controlar mi magia, pero Regina me ayudó mucho con eso.
Hizo el amago de colocar una mano en el hombro de la morena, pero por la mirada que le dirigió Regina supo que se quedaría sin mano si lo hacía.
- ¿Has visto mi castillo? ¿De verdad crees que necesito ayuda con mis poderes?
Respondió Elsa alzando los brazos para abarcar el enorme castillo de hielo. Emma tenía que darle la razón en eso, para no saber controlar sus poderes se había construido una buena casa mientras que ella aún tenía que concentrarse para mandar una taza de café a unos metros de distancia.
- Regina es reina también.
Añadió con poca convicción. Las dos reinas le lanzaron la misma mirada y Emma se encogió de hombros.
- Solo quiero ayudar.
- Entonces cumple tu promesa y devuélveme a mi reino.
Ordeno más que pidió Elsa.
- Mira, escucha…
Trató de hablar la rubia otra vez, avanzando hacia las escaleras, pero la reina de Arendelle levanto una pequeña pared de hielo justo cuando iba a pisar el primer escalón, haciéndola caer. Con otro movimiento de mano la pared se ensancho de golpe, lanzando a la Salvadora hacia el otro lado del vestíbulo, deslizándose por el hielo.
- ¡Eh!
Gruño Regina deteniendo la trayectoria de Emma también con magia antes de que chocase contra la pared.
- Cumple tu palabra y no vuelvas hasta que lo hayas hecho.
Dijo Elsa con rotundidad. La morena supo cuál sería el próximo movimiento de la otra reina antes incluso de que lo hiciese por eso pudo bloquear la magia de hielo con la suya, impidiendo que las lanzase por la puerta abierta.
- ¡Marchaos!
Ordeno enfadada. Había empezado a nevar dentro del castillo.
- Suficiente.
Dijo Regina perdiendo la paciencia y devolviéndole la ola mágica a Elsa, que cayó hacia atrás, sorprendida. Se levantó con el blanco ceño fruncido y con un rápido gesto unas púas de hielo crecieron bajo los pies de las intrusas, Regina las evito con otro movimiento aún más rápido, apartándose a sí misma y a Emma de las púas. Elsa no se dio por vencida y creó otra pared de hielo, más grande que la anterior que se deslizaba rápidamente hacia ellas. La nieve se había convertido prácticamente en una fuerte ventisca de nieve a su alrededor. Emma ya estaba en pie y corrió hacia Regina disparando inútilmente contra la pared, la morena alzo las manos creando grandes bolas de fuego que partieron la pared de hielo en varios trozos sin detener su avance. Juntó las manos en una palmada creando una grieta en el centro de la pared de hielo y separó las manos con energía, partiendo mágicamente la pared a partir de la grieta. Los pedazos de hielo pasaron junto a las dos mujeres a toda velocidad sin tocarlas. Todo esto había pasado en apenas unos segundos. Rápidamente Regina se volvió hacia Elsa lanzándola una serie de veloces bolas de fuego que la otra reina detenía congelándolas como podía, aunque no pudo evitar que dos de ellas la alcanzaran, lanzándola hacia atrás. Furiosa, lanzó una lluvia de enormes astillas de hielo sobre las dos mujeres. Regina dio un paso para quedar delante de Emma y crear un campo de fuerza sobre el que se estrellaron las astillas heladas con tanta fuerza que la morena retrocedió dos pasos por el impacto, con una mueca de dolor. Elsa gritó de frustración, extendiendo los brazos y lanzando una ola de magia helada a través de todo el castillo. Regina tuvo el tiempo justo de volver a levantar el campo de fuerza, aunque esta vez el impacto mágico la lanzó hacia atrás, contra Emma, dando con los huesos de las dos en la helada pared del castillo.
- Cumple tu palabra.
Ordeno una vez más Elsa a Emma haciendo un seco gesto con el brazo que lanzó a la Salvadora a través de la puerta, escaleras abajo.
- ¡Emma!
Grito Regina poniéndose en pie y notando como todo el cuerpo le dolía como si tuviese astillas de hielo bajo la piel. Miro a Elsa con una mirada asesina antes de salir ella también por la puerta, bajando las escaleras rápidamente hacia la aturdida sheriff tirada en la nieve. La puerta se cerró con un golpe a sus espaldas.
- ¿Estás bien?
Pregunto Regina sujetándose un hombro entumecido pos el último ataque de Elsa. Emma asintió con un gruñido de dolor.
- Entonces levántate de una vez.
Añadió la morena recuperando su tono cortante y echando a andar hacia la ciudad. La rubia giró los ojos levantándose con un quejido y siguiendo a la otra mujer.
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A Regina la extrañaba que esos últimos días desde que estuvieron en el castillo de Elsa la Salvadora la hubiese dejado tranquila. No había sabido nada de ella. Ni de Hood. Ni de Elsa ya puestos. Había pasado esos días con su hijo en una nada usual tranquilidad doméstica. Y por supuesto no podía durar. Cuando abrió la puerta cargando las bolsas de la compra, un inconfundible olor a quemado llego hasta ella desde la cocina.
- ¿Henry?
Preguntó algo preocupada acelerando sus tacones hacia la cocina. Su sorpresa fue mayúscula cuando vio que estaba hecha un desastre y que el culpable no era solo Henry, si no también Emma, los dos cubiertos de vete tú a saber qué. Por un momento la alcaldesa no pudo articular palabra.
- Deja que te ayude con las bolsas.
Dijo rápidamente Emma acercándose a ella para coger las bolsas, Regina se apartó con la rabia pintada en la cara y dejo las bolsas en la superficie más cercana que encontró.
- ¿Qué está haciendo en mi cocina, señorita Swan?
Pregunto con furia contenida.
- A Mary Margaret le encanta la tarta de limón y quería hacerle una, por lo del bebe y tal. Y Henry me dijo que conocía una receta muy buena y…
Empezó a explicarse torpemente la morena, era la peor excusa que había escuchado nunca y como Reina había escuchado muchas excusas patéticas de los aldeanos.
- ¿Y que la hizo pensar remotamente que yo le prestaría mi cocina para eso?
- Henry me invito.
El chico miraba a las dos precavido, dispuesto a salir corriendo si empezaban a volar los platos. Claramente eso no había sido idea suya.
- Henry ¿porque no vas a tu habitación?
Dijo Regina con la calma que precede a la tormenta.
- ¿Estoy castigado?
- No cariño.
- Entonces mejor me voy a dar una vuelta.
Decidió el chico saliendo de la casa tan rápido como pudo, dispuesto a poner distancia entre él y lo que fuese a pasar en esa cocina.
- ¿De verdad piensas que me voy a creer que esto ha sido idea de Henry? ¿O que quieres hacer una maldita tarta de limón?
Pregunto Regina furiosa, caminando hacia Emma amenazante, con las manos en las caderas.
- No pareces muy dispuesta a hablar conmigo así que pensé que si la liaba un poco vendrías a gritarme.
Confeso la rubia sin más, encogiéndose de hombros. Regina no supo ni cómo reaccionar ante esa descarada franqueza.
- ¿Has perdido completamente la cabeza?
Pregunto pensándolo de verdad. Emma volvió a encogerse de hombros.
- Se lo mucho que te gusta tu cocina.
Regina miro el estado en que habían dejado la estancia. Más que una tarta de limón parecía que habían soltado un ogro furioso allí dentro.
- Yo lo limpiare.
Dijo Emma dispuesta a ponerse a ello en ese mismo momento, sabiendo que Regina no iba a dejarla sola en su casa y tendría que quedarse allí aunque fuese para ver como limpiaba.
- Para. ¡Para! No quiero que limpies nada, no quiero que hagas nada. Sal de mi casa.
Grito la alcaldesa fuera de sus casillas. No conocía a nadie capaz de descuadrarla tanto como Emma Swan, esa rubia era incorregible.
- ¡No puedes estar enfadada conmigo por salvar una vida!
Le respondió Emma también con un grito, abarcando directamente el tema sin paños calientes.
- No, pero puedo estar dolida contigo por destrozar la mía en el proceso.
Argumentó Regina dolida. Una vez más, esas palabras dolieron a las dos.
- Nunca fue mi intención. Tienes que creerme, lo último que quería era destrozar tu felicidad.
- ¿Cómo esperas que vuelva a confiar en ti, Emma? La primera vez que creí que podía confiar en ti acabaste uniéndote al resto del pueblo para lincharme por matar a Archie. Y cuando de verdad confiaba en ti trajiste a la esposa de Robin.
Emma aún se sentía culpable por lo de Archie, su súperpoder le había dicho que Regina no mentía y aun así se había vuelto en contra de la mujer. En su defensa, las pruebas eran demasiado evidentes, aunque resultasen ser una manipulación.
- Yo no podía saberlo. No podía saber quién era ella.
Dijo la rubia acercándose a Regina con una mirada culpable y las manos abiertas en gesto de desprotección.
- Lo sé. Y aun así no puedo arriesgarme a confiar en ti de nuevo. Ni en nadie. Porque cuando se trata de felicidad la mía siempre va en último lugar, es siempre la que sacrifican sin remordimiento.
Respondió la morena en un ataque de vulnerabilidad que sorprendió a las dos.
- Se supone que yo debía traer los finales felices, no arrebatarlos.
Murmuro Emma culpable, con los hombros caídos.
- Los villanos no tienen finales felices.
Dijo Regina en el mismo tono, apoyándose en la encimera.
- Tú no eres una villana.
Contestó Emma sin saber cómo consolar a esa mujer a la que siempre acababan arrebatándole todo de una manera u otra. Se le cayó la mandíbula de sorpresa al ver como la reina empezaba a llorar sin poder evitarlo.
- ¿Entonces que soy? ¿Por qué siempre pierdo?
Dijo Regina girándose hacia la otra mujer y golpeándola el pecho con furia, sin llegar a hacerla daño de verdad. Emma no pudo más que alzar los brazos para envolverla en ellos, en un inconsciente gesto de consuelo. Y finalmente Regina se dejó romper por un momento, delante de Henry no podía, pero con Emma sí. A pesar de todo, con Emma sí. Era curioso que aún se sintiese cómoda con la rubia, incluso protegida. Pero eso no cambiaba lo que había pasado, no cambiaba que no podía confiar en nadie.
- Déjame ayudarte Regina, déjame compensarte. Mereces ser feliz.
Dijo Emma todavía con la morena entre los brazos, sin saber cómo detener su llanto.
- ¿Y cómo ibas a ayudarme? ¿Volverás al pasado otra vez y te impedirás a ti misma traer a Marian?
Pregunto Regina apartándose por fin de la rubia, secándose los ojos. Sabía que incluso aunque existiese esa posibilidad Emma no lo haría, no dejaría morir a la mujer sabiendo que podía evitarlo.
- ¿Por qué estas convencida de que esa es tu única manera de ser feliz? Él ni siquiera ha venido a verte desde que volvió su esposa. Siento decírtelo, pero desde mi punto de vista ese amor no era tan verdadero.
Comento la Salvadora aun a riesgo de enfadar más a Regina, o peor, herirla más. Pero la morena solo rio sin gracia.
- Lo sé. Pero era todo lo que tenía.
Respondió mirándola con los ojos brillantes por las lágrimas.
- Pero no es todo lo que tendrás.
Aseguro Emma en un tono que sonaba a promesa. Una promesa que Regina ya no podía creer.
- Sal de mi casa, por favor.
Pidió amablemente a pesar de todo.
- Tengo que recoger todo esto.
Se resistió la otra mujer. Regina hizo un simple gesto con la mano y una nube de humo morado recorrió la cocina dejándolo todo impecable y en su sitio. Emma cogió una taza y la dejó caer al suelo testarudamente.
- Vete. Preocúpate de devolver a esa Reina de Hielo a su iceberg y no de enfadar a la Reina Malvada. Esto no cambia el que no quiera verte.
Respondió la morena cortante, sonando ya más como ella misma. Otra vez, esas palabras hirieron a Emma, que dio unos pasos hacia la puerta de la cocina.
- Aun así, si alguna vez…si necesitas algo, lo que sea. Llámame, vendré y luego si quieres puedes volver a odiarme.
Dijo la rubia antes de salir definitivamente. Regina se apoyó en la puerta del frigorífico con un suspiro. El problema era que no la odiaba. La Reina Malvada habría acabado con ella, pero Regina ni siquiera podía odiar a esa mujer, y menos por ser simplemente lo que era: la Salvadora.
