Hola! Creo que hemos ganado cierta encuesta de AfterEllen no? jajajaja en fin.
Aquí traigo otro capitulo mas :)! Gracias por vuestros comentarios, me encanta leeros, no paréis jajajaja
Aparte también he subido un nuevo capitulo de Hearthquake y tengo un tercer proyecto SQ en esta pagina: Swan Queen Tales, oneshots SwanQueeners no se si lo había dicho ya por aquí, pero bueno, un poco de publicidad gratuita para mi x)! jajaja
Los personajes de OUAT no me pertenecen. Gracias por leer y contadme que os parece ^_^!
Que Elsa se instalase en Storybrooke pronto se notó en la ciudad, la nieve se iba extendiendo por el bosque y el frío había llegado hasta las calles. Emma se sentía bastante presionada por parte de los ciudadanos, que esperaban que ella arreglase por si sola la situación, Rumpelstiltskin no dejaba de recordarle lo inestable que podía ser la reina de hielo, y después del encuentro que habían tenido Regina y ella en su palacio de hielo estaba totalmente de acuerdo con él.
- Si sigue aquí mucho más tiempo todo Storybrooke quedara congelado, tiene un enorme poder, pero no sabe controlarlo debidamente, así que cada vez está más extendido. Tu misma has podido notarlo ¿con cuántas mantas duerme ahora señorita Swan?
Decía Gold sentado frente a la mesa del apartamento que aun compartía con sus padres. Emma entrecerró los ojos sin responderle.
- He estado buscando algo que pudiese sernos útil, pero todas las referencias que he encontrado son el cuento de Andersen y la película de Disney. Si estuviésemos en el Bosque Encantado quizá podría encontrar algo más, pero aquí…
Dijo Bella en un tono más amable que el de su marido, con la mano de él entre las suyas, apoyada en su regazo. Emma aún no se creía lo casados que estaban.
- ¿Y si tanto poder tiene no puede simplemente…abrir un portal y marcharse?
Pregunto la rubia a la desesperada, perdiendo la paciencia, todo el mundo le decía lo que tenía que hacer, pero nadie la ayudaba a averiguar cómo.
- Después de este tiempo suponía que ya sabrías que abrir un portal no es tan sencillo.
Respondió Gold sin disimular su tono irritado, cuanto más tiempo permaneciese Elsa en la ciudad más tiempo estaría él amenazado.
- Después de este tiempo ya debería saber a no cargar con los problemas de los demás.
Dijo la rubia de manera cortante, mirando al hombre del bastón desde detrás del mueble que separaba la cocina del salón. Los dos se mantuvieron la mirada por un momento, finalmente fue Gold quien cedió.
- Tienes razón, puede que esté siendo de poca ayuda. ¿Regina aún sigue enfadada? Si consigues que se le pase pronto estoy seguro de que podría ayudar.
Lo pregunto de tal manera que sonaba como si la morena tuviese un enfado pasajero, como si Emma hubiese manchado su camisa favorita o algo así. Pero no era tan sencillo, Regina no estaba enfadada, estaba dolida, herida.
- Yo trataré con el asunto de Regina a mi manera.
Respondió la Salvadora zanjando el tema. Gold y Belle se levantaron para irse.
- Seguiremos buscando.
Dijo la chica saliendo con su marido, despidiéndose con una pequeña sonrisa de la familia Charming, de todos menos de Henry, que volvía a estar con Regina.
- ¿Qué vamos a hacer?
Pregunto Mary Margaret acunando la cabeza del pequeño Neal, que ahora iba a todas partes enrollado en una gruesa manta, Emma no sabía si tenía un hermano o un burrito con pelo. La rubia observaba el bulto que era su hermano sin verle en realidad, pensando sin que se le ocurriese nada, cuando sonó su teléfono. Era Henry.
- Hey chico ¿qué pasa?
Pregunto contenta de poder hablar con su hijo, últimamente pasaba mucho tiempo en casa de Regina, y aunque lo prefería así para que la morena tuviese algo de compañía echaba de menos al moreno.
- Mama, no sé si debería llamarte, pero…a lo mejor deberías venir.
Dijo Henry al otro lado de la línea, con tono preocupado. Emma frunció un poco el ceño, caminando inconscientemente hacia la puerta.
- ¿Ha pasado algo? ¿Estás bien? ¿Estáis bien?
Hubo un corto silencio en el teléfono, como si su hijo estuviese pensándose si debía contárselo o no.
- Bueno, ha venido Robin y…no sé si mama va a estar bien.
Dijo por fin. Emma ya tenía la chaqueta en la mano, preguntándose con que motivo habría ido el ladrón a ver a Regina después del tiempo que había pasado.
- Enseguida estoy allí.
Hizo un gesto a sus padres indicándoles que no se preocuparan y que luego les contaría y salió del apartamento.
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Cuando habían llamado a la puerta Regina casi esperaba que fuese Emma, sabia lo cabezota e insistente que podía ser la rubia, su lista de llamadas perdidas era un buen ejemplo de ello, pero se quedó sin palabras al ver que quien estaba en su porche era Robin, con las manos en los bolsillo y expresión tranquila.
- ¿Podemos hablar?
Había pedido, la morena había asentido aclarándose la garganta para recuperar la voz. El ladrón saludo a Henry con un gesto de cabeza cuando el chico asomo desde el piso de arriba para ver quien había llamado. El pequeño moreno le devolvió el saludo y miró a su madre preocupado, Regina asintió imperceptiblemente y el volvió a su habitación poco convencido.
- He oído que fuisteis a ver a esa reina de hielo y que la cosa no fue precisamente bien ¿Cómo estás?
Pregunto Robin con cortesía, todavía con las manos en los bolsillos, parecía estar a la defensiva de algo.
- Perfectamente, gracias.
Respondió Regina con perfecta educación, haciendo un gesto a Robin para que pasase al salón. Él se sentó en el sofá, ella en una silla.
- Quería hablar de lo que pasó en la cafetería.
Empezó el hombre de los bosques, Regina asintió sin decir una palabra, en su opinión lo que había pasado en la cafetería estaba bastante claro.
- He hablado con Marian, me ha contado todo lo que pasó en el Bosque Encantado. O todo lo que debería haber pasado si Emma no la hubiese traído aquí.
La morena hizo una mueca, aun le sabia la boca a traición cuando recordaba eso.
- Es mi mujer Regina, la madre de Roland.
- Lo entiendo.
Dijo la reina con formalidad distante, por supuesto que eso lo entendía, lo que le dolía era la facilidad con que Robin se había olvidado de ella y de ese amor que decía sentir, lo fácilmente que la había pasado por encima sin preocuparse.
- Ella es el amor de mi vida.
Esas palabras dolieron en su recién recuperado corazón, Robin hacían que sonaran casi como una disculpa, pero ella sabía que no lo sentía en absoluto.
- E incluso aunque ya no lo fuese…tú la mataste. ¿Cómo pudiste no decirme que tu mataste a mi mujer?
Hood ahora sonaba acusador, enfadado.
- No sabía que era tu mujer ¿cómo podía saberlo? Además eso no es algo que se diga en la primera cita.
Respondió Regina sin poder evitar ese tono sarcásticamente irónico suyo.
- Cada vez que te miro solo puedo pensar en que tú la mataste.
Dijo el ladrón fríamente.
- Claramente no la mate si ella está aquí ahora.
- Eso no cambia que lo hicieses. Antes de que Emma viajase al pasado.
Con los viajes en el tiempo las líneas temporales eran un lío, podías haber hecho cosas que en realidad no habías hecho y viceversa, tu pasado era tu pasado, pero ya no era solo eso. A lo mejor por eso nadie lo había conseguido hasta ahora, podía volverte loco.
- ¿Quieres una disculpa? No puedo disculparme por aquello, ella había ayudado a Blancanieves y yo la castigué por ello. Era lo que hacía. No solo con Marian, con todo el mundo.
- ¿Cómo puedes decir eso?
Dijo Robin levantándose del sofá y mirándola como si fuese alguna especie de monstruo.
- No tienes derecho a mirarme así, ya no. Sabias con quien salías cuando estabas conmigo, conocías mi pasado como Reina Malvada y entonces parecías bastante más comprensivo.
Regina sonaba bastante enfadada también, le parecía terriblemente hipócrita por parte de Hood haber pasado por alto sus crímenes del pasado cuando decía estar enamorado de ella y que ahora quisiese echarle esos mismos crímenes en cara.
- No es lo mismo, entonces yo no sabía…
- ¿Qué una de mis muchas víctimas había sido tu mujer? Seguro que sí, pero entonces ella no estaba aquí ¿verdad? Puedes pasar por alto todas esas muertes mientras no conozcas sus caras ¿Quién es más monstruoso de los dos, Robin?
Acusó la morena poniéndose también en pie, encarándose con Hood, que apretó la mandíbula y los puños.
- No te atrevas a compararme contigo.
Siseó entre dientes. En aquella voz no había ni rastro de amor, aprecio o cariño, al parecer todo eso se había evaporado en el mismo segundo en que vio a Marian. Seguramente debería ir a presentar una hoja de reclamaciones por el hechizo de Tinkerbell si eso era lo mejor que podía ofrecer como amor verdadero.
- ¿A qué has venido, Robin? ¿A asegurarte de que no te acosaré como una ex celosa? ¿A acusarme de asesinato? ¿A vengarte?
- Mi hijo creció sin madre por tu culpa.
Esa acusación también la dolió, no se había parado a pensar en cómo la vería ahora mismo el pequeño Roland.
- Eso no responde al porque has venido.
Dijo Regina obligándose a sí misma a mantenerse de una pieza. No dejaba de ser duro que la persona que hacia tan poco decía amarte a pesar de todo viniese ahora a destrozarte de esa manera.
- Supongo que solo venía a decirte lo que he dicho, si alguna vez hubo una oportunidad para nosotros, ya no existe. Tan solo creí que debía cerrar el asunto correctamente.
Una mera formalidad, eso era, una acción moralmente correcta, ni un solo rastro de cariño. Hood pasó por su lado para salir de la casa sin decirla nada más, dejándola allí de pie tratando de sujetarse los trozos.
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Antes de que Hood pudiese cerrar la puerta de la casa, Emma la alcanzó y metió el pie entre el marco y la puerta para impedírselo.
- Emma ¿vienes a ver a Regina? ¿Cómo va el asunto de esa Elsa?
Pregunto el ladrón que le había pillado desprevenido esa repentina aparición de la rubia.
- Va bien.
Respondió distraídamente, no le apetecía hablar con él, solo quería entrar a comprobar en qué estado había dejado a la morena.
- Por cierto, Emma, quería agradecerte por devolverme a Marian. Hook me dijo que tú fuiste quien la salvó y quiso traerla aquí.
- Cierra la boca.
Gruño la morena con una mueca de disgusto cerrando la puerta en las narices del ladrón.
Caminó lentamente hasta asomarse al salón, donde estaba Regina sentada en el sofá con la cabeza vencida, el pelo le ocultaba la cara, pero por los temblores de sus hombros era fácil adivinar que la reina volvía a estar llorando. Se acercó sin hacer ruido y se sentó a su lado, envolviéndola en sus brazos. Inconscientemente al principio Regina se dejó abrazar, pero al levantar la cabeza y ver quien era se apartó, secándose las lágrimas con el dorso de la mano.
- ¿Qué hace aquí señorita Swan?
- Yo la llame.
Dijo una voz preocupada desde la entrada del salón, Henry estaba allí de pie observando a su madre, dio un paso hacia ella para ser el quien la reconfortara, pero la morena volvió la cara para secarse rápidamente todas las lágrimas, reuniendo fortaleza para mostrar a su hijo.
- No pasa nada cariño, estoy bien.
Dijo con una temblorosa sonrisa y los ojos aguados, sin convencer a nadie.
- Henry, ¿por qué no vas a pasar algo de tiempo con tu nuevo tío? Abrígate.
Propuso Emma, mientras el chico estuviese allí Regina se empeñaría en ser la dama de hierro que tan bien se le daba aparentar. Su hijo miraba a la morena preocupado, sin querer dejarla allí en ese estado, pero Emma le dio un pequeño apretoncito del brazo asintiendo ligeramente con la cabeza para tranquilizarle, ella se haría cargo de todo. Henry se agachó para abrazar a su madre, dejando un beso en su mejilla antes de salir.
- Estoy bien.
Repitió la morena cuando Henry hubo salido por la puerta.
- No lo estás.
Negó la rubia poniendo una mano en su hombro que la reina se quitó de encima con un violento movimiento.
- Puedes gritarme si eso va a hacerte sentir mejor. O pegarme. Lo que quieras. Sé que es culpa mía.
Al menos la parte que se refería a inmiscuirse en la felicidad de Regina, voluntariamente o no. Por un segundo pensó que la morena de verdad iba a golpearla, había ira en sus ojos marrones, pero en vez de eso las lágrimas volvieron a correr libres y se refugió en el pecho de Emma de manera natural.
- Si él me hubiese querido de verdad, si estábamos destinados habría dado igual cuantas esposas trajeras del pasado. Él solo…se deshizo de todos esos sentimientos que decía tener como quien se quita una tirita vieja.
Escucho la rubia la voz triste de la otra mujer desde debajo de su barbilla.
- ¿Tan fácil es? ¿Olvidarte de una persona a la que dices amar, pasarle por encima como si nunca la hubieses querido y volverte en su contra de esa manera?
Emma levantó la cara de Regina colocando una mano bajo su barbilla para que la mirase.
- No, cuando de verdad quieres a alguien no lo olvidas, no lo superas. Y nunca lo abandonas.
Las dos mujeres se miraron por un momento, la tristeza pintada en la cara de Regina. Emma no pudo evitar pensar que incluso así estaba hermosa. Y entonces se dio cuenta, casi con pánico por lo que implicaba esa revelación, de que no sabía cómo iba a explicarle a Hook que su relación no iba a ninguna parte.
