Si, la verdad es que hay algunas cosas que me gustaría ver en la siguiente temporada de OUAT, pero como no creo que me den el gusto, pues las escribo yo jajajajaja

Bueno, y hoy sin enrollarme mas os dejo el capi! Mil gracias por los comentarios ;)!

Los personajes no me pertenecen. Gracias por leer y contadme vuestras opiniones, buenas y malas ^_^!


En los días siguientes Regina se mostraba cordialmente educaba cuando se cruzaban, la morena ya no parecía querer envenenarla cuando la veía y no había repetido su exigencia de que no quería volver a verla, pero tampoco parecía más cercana, tan solo actuaba como si Emma nunca hubiese estado con ella después de que fuese Hood. Lo cual era una molestia, porque era Emma la que la buscaba, sin saber muy bien porque. Se decía a si misma que se sentía responsable de su actual estado de infelicidad, que se preocupaba por ella después de todo lo que habían pasado, que lo hacía por Henry. Y todo eso sería verdad, claro. Pero también porque simplemente la gustaba estar con Regina, cerca de Regina, hablar con Regina, escuchar su afilado sarcasmo, su tan a menudo cruel ironía, ver esa sonrisa que guardaba con tanta avaricia y solo mostraba en contadas ocasiones y para un reducido número de personas. ¿Abrazar a Regina? Eso era algo nuevo, pero lo cierto es que resultaba que la gustaba Regina, desde hacía tiempo la consideraba una más de su entorno habitual, un elemento fijo de su medio ambiente, una parte de su vida. Y ni siquiera se había dado cuenta de lo metida que estaba la morena en su día a día hasta que no desapareció esa rutina. Al final iba a ser cierto que uno no sabía lo que tenía hasta que lo perdía ¿no? Aunque Regina no daba su brazo a torcer, era tan educadamente correcta como exigía la norma social, pero eso era todo, sin confianza, sin entendimiento mutuo, si hasta ese momento habían sido algo así como un equipo de madres, ya no eran nada.

Para empeorar las cosas apenas veía a Henry, el chico pasaba por el apartamento para ver a sus abuelos y a su nuevo tío, estaba con sus amigos, a veces desayunaba con ella en Granny's e incluso sacaba tiempo para ir a ver de vez en cuando a sus otros abuelos, pero sin lugar a dudas su hijo estaba distante con ella.

- ¿Qué tal estar viviendo otra vez en casa de Regina?

Pregunto despreocupadamente una mañana que había conseguido quedar con Henry a desayunar.

- Bien, es mi casa también después de todo.

Respondió el chico con un encogimiento de hombros mojando un bollo en su taza de desayuno. Emma asintió, le habría gustado una respuesta más completa.

- ¿Y cómo esta Regina?

Volvió a preguntar, esta vez en voz más baja, intentando que sonase tan casual como su otra pregunta. Henry la miró por un segundo y juraría haberle visto entrecerrar los ojos con una expresión muy parecida a la de la reina cuando sospechaba algo.

- Mama está bien.

Respondió secamente. Demasiado secamente.

- ¿Vas a contarme de una vez que es lo que te pasa conmigo o tendré que adivinarlo?

Dijo la rubia sin rodeos, apoyándose en la mesa para inclinarse hacia su hijo con expresión seria.

- Tan solo no quiero hablar de mi madre contigo.

Ciertamente no se esperaba que Henry respondiese, al menos no al principio, y mucho menos que respondiese eso.

- ¿Y…eso porque?

Preguntó cuándo por fin se recuperó un poco de esa inesperada respuesta. Henry soltó definitivamente el bollo para mirar a su madre con los brazos cruzados sobre la mesa.

- Nunca la había visto así, me preocupa.

- ¿Qué tiene eso que ver con que no quieras hablar de ella conmigo?

- Fuese o no su verdadero amor, mi madre estaba bien con Robin. No sé si le querría de verdad, pero estaba feliz.

Emma abrió la boca de la sorpresa, empezando a comprender lo que quería decir su hijo.

- Me culpas de su infelicidad por traer a Marian ¿verdad?

- Sí. No. Hiciste lo correcto, yo habría hecho lo mismo. Pero ella no está mejorando, y desde la última vez que estuviste en casa creo que está peor. No debería haberte llamado.

Respondió Henry bajando la vista hacia su desayuno a medio comer.

- Hiciste bien en llamarme. Regina cree que puede afrontarlo todo sola, pero necesita…

- Me tiene a mí. Sé que no siempre he estado ahí para ella, pero ahora me tiene a mí.

- Apenas eres un adolescente.

- Y tú eres quien trajo a la mujer de su novio.

Eso había dolido, por más ciertas que fuesen esas palabras.

- Vamos Henry, yo no sabía quién era. Sabes que me preocupo por Regina.

- Oh, ¿enserio? Siempre pensé que solo lo hacías por mí.

Ahora el moreno parecía de verdad enfadado, y Emma no podía creerse la razón por la que estaba enfadado. Pero después de todo Henry no dejaba de ser solo un niño, y a ningún niño le gusta que hieran a su madre, sea quien sea.

- Si, bueno…al principio puede…Han pasado muchas cosas Henry, quiero ayudarla.

- Entonces déjala en paz, déjala espacio, tiempo.

Henry apenas se había dado cuenta de que estaba levantando la voz.

- ¿Y dejarla sola con todo esto?

- Me tiene a mí.

Repitió el chico testarudamente.

- ¿Me estas prohibiendo que vea a tu madre?

Pregunto Emma totalmente sorprendida por la conversación que estaba teniendo con su hijo, él siempre había estado de su lado, siempre había sido su más fiel creyente. El chico asintió con un seco gesto de cabeza.

- Soy tu madre, no puedes prohibirme nada, Henry.

Añadió la rubia con la misma mirada seria que tenía el moreno.

- Regina es mi madre, a ti te encontré en internet, pero ella es mi madre. No quiero que la hagas más daño.

Prácticamente escupió las palabras de un grito antes siquiera de pensar lo que estaba diciendo. Emma abrió mucho los ojos, como si acabasen de apuñalarla sin avisar. Eso había dolido, y mucho, sobre todo porque era la pura verdad. Al segundo Henry pareció arrepentirse de lo que había dicho, aunque seguía con el ceño fruncido hacia su madre, sin saber que más decir tan solo se levantó y se fue dejando a Emma clavada en su asiento por las afiladas palabras que acababa de recibir. Ruby se acercó a su mesa mirándola preocupada, claramente había escuchado lo que Henry había dicho, toda la cafetería lo había oído.

- ¿Emma? ¿Estás bien? No le hagas caso, ya sabes cómo son los chicos cuando entran en la adolescencia, todo lo que dicen está pensado para herir a sus padres.

- Eso es cierto, no se lo tengas en cuenta.

Añadió la abuelita desde detrás de la barra haciendo un gesto con la cabeza hacia su nieta como para mostrar un ejemplo de lo que estaba diciendo, la morena giró lo ojos y apoyó una mano en el hombro de la sheriff.

- No, está bien, he vivido antes con un montón de adolescentes, se cómo son. No pasa nada.

Dijo Emma rápidamente antes de que la ofreciesen más palabras de consuelo, lo último que necesitaba ahora era la lastima ajena. Dejó unos billetes en la mesa y también salió de Granny's.

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Pero no estaba bien, claro que no. Una cosa era haber vivido con hirientes adolescentes la primera mitad de su vida y otra era que ese adolescente hiriente fuese tu hijo. Empezaba a entender como se había sentido Regina hacia algunos años, cuando las dolorosas palabras de Henry iban dirigidas a ella y para colmo apareció la madre biológica de su hijo para echar más sal a las heridas. A lo mejor le debía una disculpa a la morena por su poca empatía en aquel momento, o a lo mejor Regina era la única que en aquel momento podría entender cómo se sentía, además ella conocía a Henry mejor que nadie, no por nada era su madre, quien le había cuidado desde que era un bebe. Seguramente por eso es por lo que acabó delante de su puerta, mirando el dorado 108 sin saber si llamar o no. Henry le había prohibido expresamente ir a ver a su madre, Regina le había dejado claro en más de una ocasión que no quería verla, lo más probable es que no fuese precisamente bienvenida en la casa en ese momento.

Llamó al timbre.

Al cabo de un momento la puerta se abrió y Regina apareció tras ella.

- Señorita Swan, que inesperada visita.

Dijo la morena con toda su distante educación, aunque sonrió un poquito, casi a modo de bienvenida. A lo mejor Henry no le había contado nada, o a lo mejor sí y por eso sabia como se estaría sintiendo en ese momento.

- ¿Puedo pasar?

Pregunto Emma. Regina alzó un poco las cejas.

- Que me lo preguntes es toda una novedad, por regla general sueles entrar sin más.

Respondió con sarcasmo, aunque haciéndose a un lado en una clara invitación a que pasara.

- Supongo que Henry ya te ha contado lo que ha pasado esta mañana.

Dijo frotándose el cuello con la mano en un nervioso gesto.

- Henry no me ha contado nada sobre nada.

Contestó la reina haciéndola un gesto hacia la puerta de su despacho, era algo así como su lugar para hablar. De Henry, al parecer.

Emma le explico rápidamente lo que había pasado esa mañana, intentando no sonar dolida, no quería entrar mucho en detalles, pero según iba hablando y con las preguntas directas de Regina no pudo evitarlo. Se preguntó si la morena estaría contenta en ese momento de que a ella también la hubiese herido alguien cercano, alguien en quien confiaba.

- Supongo que así es como te sentías tu cuando…

Hizo un gesto con la mano, sin querer terminar la frase.

- ¿Cuándo era a mí a quien le decía cosas dolorosas?

Completó Regina por ella.

- Si, señorita Swan, estoy familiarizada con eso, sé cómo se siente.

Emma quiso pedirle que no volviese a llamarla señorita Swan, pero no era ese asunto el que la había llevado allí.

- Supongo que esto debe de ponerte de buen humor.

Comentó sin poder evitarlo, mirando algún punto del suelo, pero levantó la vista al escuchar el suspiro de Regina.

- Lo cierto es que no. Por más que me enternezca esa vena protectora de mi hijo hacia mí, no debería haber dicho eso. Es algo que no le deseo a ninguna madre.

La rubia sonrió un poquito, agradecida por ese entendimiento que ella no había sabido mostrar años atrás.

- Además Henry te adora, seguro que ahora está sintiéndose culpable.

- Creo que ya no me adora tanto.

Contestó Emma de mala gana, Regina resoplo con molestia.

- Si las cosas hubiesen sido al revés y yo te hubiese hecho daño, él jamás me perdonaría. Pero ¿a ti? dale un par de días. Un par de horas más bien. Cuando se está enfadado se dicen cosas sin pensar, cosas de las que quizá te arrepientas más adelante.

- ¿Cómo cuando tú me dijiste que me mantuviese alejada de ti y que no querías verme?

Pregunto Emma tentativamente, mirando los ojos oscuros de Regina, que por un segundo no respondió, luego asintió lentamente.

- Puede.

Ambas mujeres se miraron por un momento, en un cómodo y comprensivo silencio.

- Nunca quise hacerte daño.

Susurró Emma finalmente, sin apartar la mirada.

- Lo sé.

Fue lo único que dijo Regina sin quitar la mirada tampoco.

- ¿Crees que puedo subir a ver a Henry? Sin que me grite, quiero decir.

Preguntó la rubia señalando hacia arriba, Regina la miró sorprendida.

- Él no está aquí, no le he visto desde que salió a desayunar contigo. Supuse que estaría con Mary Margaret.

- Vengo de casa y por allí no ha pasado.

Respondió la sheriff frunciendo un poco el ceño, con cierta preocupación.

- ¿Te ha dicho que tuviese algún plan hoy?

Le pregunto a Regina, que negó con la cabeza. No era nada raro que una madre no supiese donde estaba su hijo adolescente durante el día, pero siendo Henry y estando en Storybrooke con una reina de hielo allí y el chico enfadado no podía significar nada bueno. Ambas madres cogieron sus abrigos y salieron de la casa a toda prisa, para quedarse paradas ante la reja del jardín pensando donde podría estar.

- Allí.

Dijo Regina señalando hacia el bosque, sobre una zona parecía haber una ventisca de nieve. Si Emma estaba allí y Regina también, era casi seguro que sería Henry quien estaría en mitad de esa ventisca.

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Encontraron al chico intentando caminar a través de la nieve y el viento, le vieron caer y levantarse un par de veces antes de llegar definitivamente hasta él. Estaba blanco como el papel y tenía los labios algo azulados. La dos se colocaron a su lado en un protector y cálido abrazo, luchando también contra la fuerza de la ventisca.

- ¿Ha sido Elsa?

Preguntó Emma gritando por encima del sonido del viento, Henry asintió medio tiritando.

- Voy a matar a ese pedazo de hielo.

Gruñó Regina levantando un brazo para protegerse la vista de la nieve, intentando caminar hacia el castillo de Elsa. Emma no fue lo bastante rápida para cogerla y no quería soltar a Henry. Por suerte el chico consiguió hacerse oír.

- ¡No! ¡No! Ha sido culpa mía, yo la he provocado. La tormenta de nieve ha sido un accidente. ¡Vuelve!

Regina miró a su hijo con la nieve arremolinándose a su alrededor, tirando de su pelo y de su abrigo.

- Vámonos a casa.

Pidió Henry todavía abrazado a Emma. La morena lanzó una última mirada al castillo que se levantaba a unos metros de ellos y volvió con su hijo, abrazándole por el otro lado antes de transportarse a casa en una nube morada. Antes habían tenido que hacer todo el camino a pie al no saber dónde estaba Henry exactamente, por suerte no tenían ese problema para volver. Se materializaron directamente en la habitación del chico, donde Regina empezó enseguida a quitarle la ropa mojada y fría por la nieve.

- Puedo hacerlo solo.

Dijo Henry algo avergonzado, Emma puso una mano en el brazo de Regina, en un inconsciente gesto.

- Tienes diez minutos y cuando entre quiero verte metido en esa cama.

Cedió la morena saliendo de la habitación con la otra mujer.

- ¿Cómo se le ha ocurrido ir allí?

Pregunto Emma nada más salieron, bajando a la cocina con Regina para buscar algo caliente con que alimentar a Henry.

- Seguramente pensó que podría arreglar las cosas de alguna manera heroica, no se puede negar que lleva tu sangre.

Respondió la morena todavía tensa por la preocupación, pero en su voz no había ningún indicio de ataque hacia la otra mujer, que no pudo evitar reír un poco.

- Tú le educaste, todo ese royo heroico viene de ti.

Compartieron una divertida mirada mientras Regina ponía algo de caldo a calentar.

- ¿Crees que Elsa le habrá hecho algo?

Preguntó la morena preocupada después de un rato.

- Henry parecía estar bien, aparte de un poco frío. Supongo que ahora nos lo contara.

Contestó Emma acercándose de manera automática para pasarle un bol que Regina cogió para meter el caldo humeante. Volvieron a subir y encontraron a Henry justo donde su morena madre le había dicho que estuviese, metido en la cama arropado hasta la barbilla. Se sentó contra el cabecero para coger el caldo y calentarse las manos mientras lo soplaba.

- ¿Qué demonios hacías allí?

Preguntó Emma impaciente, la preocupación claramente notable en su tono.

- Pensé que podría hablar con ella, contarla que ella podía romper la maldición de su hermana con un gesto de amor verdadero. Al principio parecía escucharme, pero luego se asustó, decía que no podía romperla porque era culpa suya. Empezó a hacer mucho frío y a nevar. Elsa me dijo que me fuese, pero supongo que no fui lo suficientemente rápido.

Contó Henry dando un tentativo sorbo al caldo y quemándose la lengua.

- ¿Qué te hizo pensar que no te pasaría nada si ibas solo?

Preguntó Regina sin poder creerse la facilidad con la que su hijo se exponía al peligro.

- Tan solo quería hacer algo, ser útil. Quería hacer bien al menos una cosa.

Respondió el chico lanzando una rápida mirada a sus dos madres antes de bajarla hasta su cuenco de caldo.

- Iré a buscarte otra manta.

Dijo la morena levantándose del pie de la cama, donde estaba sentada con Emma, dándola una mirada a la rubia antes de salir.

Madre e hijo se quedaron en silencio por un momento escuchándose solo los ligueros soplidos de Henry al cuenco.

- ¿Tu estas bien?

Preguntó Emma finalmente, el moreno asintió.

- Solo tengo frío.

Al menos sus respuestas ya no eran tan secas y cortantes.

- Siento lo que te dije esta mañana, no lo pienso realmente, lo sabes ¿no?

Añadió un poco después torpemente, mirando a su madre con timidez y culpa.

- Bueno chico, no se puede negar que es la verdad.

Trató de reír Emma.

- No lo es. Regina es mi madre y tú también. Esta mañana solo estaba enfadado porque soy incapaz de ayudar a mama y hacerla sentir mejor. No sé qué hacer, así que simplemente me enfade.

- No pasa nada.

Tranquilizó la rubia con una sonrisa, dando un cariñoso apretoncito a la rodilla de su hijo.

- Si pasa, no puedo hacer sentir bien a mama y encima te hago sentir a ti peor. No quiero que pienses que yo…

Se cortó a media frase, sonrojándose un poco y volviendo a mirar su cuenco, que ya parecía más seguro para beber. Emma levantó las cejas esperando a que terminase la frase.

- Sé que aun te sientes como una huérfana, como si no pertenecieses a ninguna parte. No quiero que pienses que yo también voy a abandonarte.

Esas palabras cayeron directas en su estómago, no sabía que su hijo se hubiese dado cuenta de eso, no pensaba que nadie se hubiese dado cuenta. Había decidido quedase en Storybrooke donde estaba su familia y su hogar, pero eso no evitaba que aún se sintiese como una extranjera, un añadido a unas vidas ya construidas. Agradeció que Regina decidiese volver en ese momento con la manta. Arropó a Henry y recogió el cuenco cuando el chico se lo terminó.

- Ahora te dejaremos descansar.

Dijo con una sonrisa, dándole un maternal beso en la frente y saliendo con Emma de la habitación.

- Tenías razón en una cosa, Regina.

La morena levantó una curiosa ceja mientras bajaban las escaleras.

- Una madre no debería dejar que su hijo la vea débil. No deberíamos cargarles con esa responsabilidad. Es horrible sentir la lastima de la persona que se supone que debes proteger.

Explicó Emma llegando al final de la escalera y dejando la mano en la barandilla por un momento.

- Henry no te ve débil, tú eres su heroína.

Respondió la morena sin saber muy bien porque la otra mujer le estaba contando eso.

- El creé que debe protegerme, y a ti. Es solo un crío, debería estar preocupado…no sé, de que le salga su primer pelo en la barbilla y empezar a notar que a sus compañeras le salen tetas y esas cosas.

Regina rio un poquito por las palabras de Emma, aunque no le quitaba razón. Sin darse cuenta la rubia acabó contándole lo que tenía a Henry preocupado sobre ella, su sentimiento de abandono.

- No eres débil, eres humana.

Dijo Regina cuando termino.

- Tú también.

Respondió Emma. Estaban frente a la puerta de la casa, la rubia lista para irse.

- Ves contándome como esta.

Dijo la sheriff señalando escaleras arriba, la morena asintió.

- Y se acabó ser cordial y educada conmigo. No estás sola, Regina. No es solo Henry quien se preocupa por ti, ¿de acuerdo?

Afirmó Emma dando un paso hacia la otra mujer, clavando su mirada en la suya.

- No tiene que preocuparse por mí, señorita Swan.

- Y nada de llamarme señorita Swan de esa manera.

Añadió la rubia algo molesta.

- ¿De qué manera?

- Como si no te importara, o como si acabases de conocerme. Sabes mi nombre, úsalo.

Prácticamente era una orden, algo bastante divertido para Regina, teniendo en cuenta que la que daba las órdenes era ella, por algo era la reina.

- Vendré mañana a ver a Henry….Vendré mañana a veros.

Se autocorrigió Emma, dándole antes de irse un beso en la mejilla tan rápido que la morena ni lo vio venir.