Pues aquí esto con otro capi :)! Se que a veces tardo, pero intento actualizar los tres fics que tengo abiertos aquí mas o menos a la vez, pero el trabajo me come muchas horas del día y solo tengo un día libre que suelo intentar dedicar a escribir, actualizar y solucionar lo que no puedo hacer a lo largo de la semana jajaja así que perdón por las tardanzas, pero no penséis que me he olvidado ;P!

Muchas gracias a los que os tomáis la molestia de comentar, lo parezca o no, hace mucho para el escritor ^_^!

Los descargos habituales sobre los personajes. Gracias por leerme y espero vuestras opiniones :)!


Emma esperaba a que abrieran la puesta frotándose los brazos para entrar en calor sin poder dejar de tiritar, el tiempo en Storybrooke se estaba quedando congelado de una manera bastante distinta a como fue la primera vez. Se había calado un gorro hasta las cejas, pero no había creído necesitar otras cosas como guantes o bufanda y ahora se arrepentía. Cuando Regina abrió la puerta por fin la saludo con una castañeteante voz y fue hacia el radiador más cercano frotándose las manos, tentada a abrazarse literalmente al aparato.

- Buenos días a ti también.

Dijo Regina sin saber si enfadarse o reír por esa entrada. Emma la sonrió antes de centrarse otra vez en entrar en calor.

- ¿Cómo esta Henry?

Preguntó quitándose la cazadora cuando por fin pudo dejar de tiritar.

- Está en el salón.

Señaló la morena con un gesto de la mano, Emma se dirigió hacia allí quitándose el gorro y colocándose un poco el pelo. Su hijo estaba sentado con las piernas cruzadas sobre el sofá y cubiertas con una manta de aspecto calentito, mientras jugaba a la consola. Frente a él había un plato de sopa abandonado a la mitad y una botella de agua. Emma se sentó a su lado cubriéndose las rodillas con un trozo de manta.

- Veo que te encuentras mejor.

Henry asintió sin apartar la vista de la pantalla.

- Si, mama me preparó un baño caliente anoche, no quería usar a magia. Lo mejor es que puedo estar aquí todo el día sin hacer nada.

Dijo él con una divertida sonrisa.

- Lo que daría yo ahora por un baño caliente.

Murmuro la rubia buscando otro mando para unirse a la partida de su hijo, en vez de eso le colocaron una humeante taza de té delante, ni siquiera se había dado cuenta de que Regina no había ido con ella al salón.

- Esto es todo lo que tendrás, no pienso prepararte un baño.

Dijo la morena sentándose al otro lado de Henry. Emma cogió la taza caliente como si fuese un salvavidas, dejando que el vapor le calentase la cara y la taza las manos antes de soplar un poquito para beber.

- Gracias.

Sonrió ligeramente a la morena a través de la nuca de su hijo inclinada hacia la pantalla.

Emma no parecía haber ido allí para nada más concreto que solo ver como estaban. Se peleó con su hijo por el mando hasta que Henry se levantó a buscarle el otro mientras Regina observaba desde el otro lado del sofá con expresión divertida, le gustaba ver a su hijo contento.

En un momento dado el chico se levantó para ir al baño, o a la cocina o a cualquier otra parte y dejó la partida en pausa, pero en cuanto desapareció del salón Emma la quito y siguió jugando.

- Eso es trampa.

Rio Regina, por toda respuesta la rubia le paso el mando que Henry había dejado allí. La alcaldesa miro el aparato con una ceja alzada, como si no tuviese ni idea de lo que era.

- Te enseñare como se usa, es fácil.

Dijo Emma dándole a la pausa otra vez, Regina cogió el mando.

- Sé cómo se usa, he sido la compañera de juegos de Henry mucho tiempo.

Respondió, aunque aun así no parecía tener ninguna intención de jugar. Emma le hizo un resumen rápido del juego, que ella misma le había comprado a Henry en su año en Nueva York, pero Regina se limitaba a sujetar el mando.

- Vas perdiendo.

Rio la Salvadora lanzándole una burlona mirada de reojo, Regina entrecerró los suyos y empezó a jugar, poniéndose rápidamente al nivel de Emma. Siguieron jugando sin darse cuenta de que Henry no estaba hasta que les llego un olor desde la cocina, Regina apartó la vista de la pantalla y levanto la cabeza olfateando el aire.

- ¿Dónde esta Henry?

Emma pauso el juego dándose cuenta entonces de que su hijo no había vuelto.

- ¿Henry?

Llamó. El chico asomo la cabeza por la puerta.

- Por fin os despegáis del juego, luego diréis que soy yo el que se queda embobado con ellos.

- ¿Qué es ese olor?

Preguntó Regina.

- He hecho la comida.

Explicó el chico como algo obvio.

- ¿Por qué no has esperado a que la haga yo?

- Estabais tan concentradas jugando que no quería molestaros.

Las dos mujeres se miraron, dándose cuenta entonces de que habían ido moviéndose hasta quedar las dos hombro con hombro bajo un lio de manta en el centro del sofá.

- ¿Puede quedarse Emma a comer?

Preguntó el moreno señalando a su rubia madre, pero mirando a la morena. Ellas volvieron a cruzar una mirada.

- No creo que consigamos sacarla de nuevo a ese frío, así que supongo que sí.

Respondió Regina. Henry y Emma formaron una sonrisa idéntica en sus caras.

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Una vez terminada la comida Henry desapareció en dirección al salón con la excusa de que como él había preparado la comida le tocaba a ellas recoger. A Emma le resultaba a la vez extraño y cómodo estar haciendo algo tan tremendamente doméstico como recoger la mesa en casa de Regina con la propia Regina.

- ¿Cómo va lo de devolver a Elsa a su reino?

Preguntó la morena dejando una pila de platos junto al fregadero, Emma nunca entendería como con todas las comodidades con las que había equipado la casa, a Regina no se le había ocurrido incluir un lavavajillas cuando lanzó la maldición.

- He quedado con Belle para investigar sobre magia, hielo y portales entre mundos. Creo que incluso vamos a ver la película, al menos esa parte suena divertida. Ella también quiere investigar sobre los viajes en el tiempo ya que ella llegó de…allí.

La Salvadora terminó con un hilo de voz, dándose cuenta del momento que seguramente le estaría recordando a la otra mujer, la miró con cautela esperando algún tipo de reacción, cualquier reacción, incluso que la tirase un plato, pero Regina parecía muy tranquila mientras echaba algo de lavaplatos en una esponja y abría el grifo para empezar a fregar los platos.

- Eso será más difícil, que yo sepa nunca antes se había hecho. Hay rumores de un mago oscuro en el País de las Maravillas que consiguió el poder, pero no tuvo tiempo de usarlo.

Comentó Regina. Emma la apartó del fregadero, remangándose las mangas de la camisa y cogiendo ella la esponja para fregar los platos.

- No es necesario que me friegues los platos.

Era casi una queja con ceño y todo, la rubia se encogió de hombros.

- Me has invitado a comer, es lo menos que puedo hacer.

Un recuerdo que ya parecía muy lejano cruzó la mente de la reina, cuando otro miembro de la familia de Emma le había dicho algo muy parecido, ofreciéndose a fregarle los platos. La situación era diferente, pero solo de pensar en el posible paralelismo se sonrojo un poco.

- ¿Vendrás mas tarde a ver a Henry?

Preguntó aclarándose la garganta, más que nada por decir algo, intentando que sonase lo más neutro posible, una mera curiosidad, sin querer que la otra mujer pensara que quería su compañía o algo así. Emma sonrió, mordiéndose la lengua para no recordarle que hasta hacia poco no quería verla por allí y ahora le preguntaba que si iba a volver.

- En realidad David y Mary Margaret me han preguntado que si podía llevarle para que le vean, al pequeño Neal le gusta.

Todavía se le atragantaba un poco pronunciar el nombre de Neal para referirse a su hermano, aunque sabía que sus padres lo habían hecho con las más nobles intenciones, como siempre.

- Oh, sí, claro, a Henry le gustara.

Accedió Regina de manera algo torpe, no tenía ningún plan para esa noche más allá de pasarla con su hijo, pero tampoco pasaba nada si se quedaba sola en casa con un libro o algo parecido.

- A mí no me apetece mucho lo de la noche familiar con un bebe y todo, no es que no quiera a mi hermano, entiéndeme, pero he cubierto el cupo de niñera por hoy. Había pensado en salir a tomar algo, a cenar quizá, aunque todavía no tengo con quien.

Dijo Emma que había notado perfectamente lo que el tono de la morena quería decir.

- Conozco un local en el que le pondrán a tu pirata un cubo entero de pescado crudo con ron para él solito por muy poco dinero, puede llevarte a cenar allí si no te importa el olor. La iluminación es tan mala que incluso os pondrán velas.

Contestó Regina con sarcasmo apoyada en la encimera de la cocina mirando fregar a Emma, que rio.

- Es difícil decirle que no a un cubo de pescado crudo, pero había pensado que podías acompañarme tu.

La Salvadora se encogió un poco de hombros al contestar, poniendo los platos en el escurreplatos según los iba lavando. Regina levantó una ceja.

- A las dos nos vendría bien salir y relajarnos un poco, tomarnos algo de tiempo solo para madres. Creo que Henry tiene novia y deberíamos hablar de eso.

Añadió mirando a Regina con un movimiento de cejas que hizo reír a la morena.

- ¿Crees que nuestro hijo tiene novia?

Preguntó la morena sin dejar de reír. La facilidad con la que decían "nuestro hijo" era increíble, ni siquiera se habían parado a pensar en lo raro que podía soñar eso para alguien que no conociese la historia completa, tan solo era algo natural, la forma correcta de decirlo.

- O eso o queda con alguna chica para hablar de chicos, cualquiera de las dos cosas se merecería una conversación entre sus madres.

Respondió Emma riendo también mirando como Regina no dejaba de hacerlo.

- A lo mejor tienes razón.

- Puedo dejar a Henry en casa de Mary Margaret y luego pasarme a por ti si no quieres venir allí. Podemos ir a por ese pescado crudo si te apetece.

Ofreció la rubia con una risita, enjuagándose las manos y cerrando el grifo de una vez.

- No me está proponiendo una cita ¿verdad, señorita Swan?

Ese sí, ese si era su señorita Swan. Había una ligera sonrisa ladeada en la boca de Regina al preguntar, mirándola con ojos divertidos.

- Para nada. Solo dos madres tomándose una noche libre.

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Hook la alcanzó cuando iba de camino a ver a Belle. O más bien debería decir que la había estado esperando sentado cerca de la biblioteca, bastante seguro de que pasaría por allí.

- Swan.

Saludo con una amable sonrisa. A veces casi no podía reconocer al pirata desvergonzado y peligroso al que había conocido en el Bosque Encantado, aquel Hook desde luego tenía más chispa que este nuevo Hook con ojos de cachorrito y expresión suplicante. Emma dejó que llegase hasta ella y caminase a su lado.

- ¿Dónde te has metido? Casi no te he visto desde que me besaste en Granny's.

Dijo el pirata, Emma arrugó un poquito la nariz en un gesto culpable, era cierto que no le había hecho mucho caso a Hook desde entonces, pero había tenido otras cosas de las que ocuparse: Elsa, por ejemplo. Y Regina. Había estado casi evitando al pirata sin darse cuenta mientras pasaba tiempo tratando de llegar hasta la morena después de traer a la mujer de su novio del pasado.

- He estado algo ocupada.

No habían hablado de ese beso, Emma había preferido no pensar mucho en él, aunque sabía que Hook si lo había hecho, y que además se habría hecho muchas ilusiones al respecto. No podía culparle, ella le había besado, pero ¿qué otra cosa podía hacer? Fue casi un impulso, se dejó llevar por el momento, por el emotivo gesto de Hook dando algo tan valioso como su barco para ir a buscarla. Había sido un bonito gesto, pero un solo gesto no hace que te enamores de alguien por que sí.

- Sí, he visto a la chica hielo. ¿Necesitas una mano?

Preguntó el alzando la mano buena con una sonrisa sincera. Regina habría gastado alguna broma cruel sobre la elección de palabras de Hook y Emma rio un poco al imaginarlo, por lo que el moreno pensó que se estaba riendo de su chiste fácil.

- Voy a ver a Belle ahora mismo para eso, ella va a echarme las dos manos y espero que también algo de información.

Respondió Emma, no sin agradecer el gesto del pirata.

- Te tenía por una mujer de acción no de libros.

- Para pasar a la acción primero necesito saber cómo, y eso puede que venga en los libros.

Dijo la rubia llegando por fin ante la puerta de la biblioteca. Los dos se pararon allí, la rubia hundió las manos en los bolsillos, cambiando el peso de un pie a otro para mantenerse en un mínimo movimiento intentando no quedarse helada allí fuera.

- Puedo ayudaros a investigar, o lo que sea.

Se ofreció Hook. Emma se mordió la lengua para no hacer una broma que pusiese en duda que él supiese leer, después de todo solo estaba tratando de ayudar.

- No creo que a Belle le guste mucho tenerte aquí. Ni a Gold que estés cerca de su esposa.

Respondió encogiéndose se hombros. Hook asintió, dándose por vencido por el momento.

- Entonces ¿puedo verte luego? Podemos ir a alguna parte esta noche.

- En realidad ya tengo planes.

No quiso sugerirle el bar del pescado crudo del que la había hablado Regina. Hook alzó una ceja y frunció la otra, en una desconfiada expresión de celos, pero no dijo nada, tan solo asintió dejándolo pasar y se despidió de Emma, que entró de una vez en la biblioteca donde ya la esperaba Belle con una pila de libros sobre una mesa de dos sillas, una en la que estaba ella y otra sin duda destinada a Emma. Levantó la mirada del libro un momento y miró a la rubia casi con disculpa.

- Sé que parece un montón, pero hay tan poca información que tendremos que rebuscar mucho.

La Salvadora asintió con un suspiro, por lo menos la calefacción estaba puesta.

- Pero tengo esto y palomitas.

Agregó Belle levantando el DVD de Frozen, en realidad lo de la película era más por tomarse un descanso que porque pensasen que de verdad iba a serles de utilidad.

Después de un rato leyendo en silencio Emma no lo soportó más y habló.

- Así que te has casado con Gold.

No era una pregunta ni un reproche, solo un hecho. La sonrisa que cruzó la cara de Belle por esa simple mención la ilumino la cara por un momento.

- Sé que ha sido repentino y que deberíamos haberos invitado al menos a los más cercanos, pero queríamos que fuese algo íntimo. Algo nuestro.

Emma le sonrió tiernamente al escucharla, le alegraba verla tan feliz, aunque no podía evitar preguntarse si Belle sabría exactamente con quien se había casado.

- Me alegro por vosotros, de verdad.

Dijo sinceramente.

- Sé que mucha gente no lo entiende, que muchos no entienden que veo en él, o como puedo ver algo de bondad en Rumple.

Habló Belle después de unos minutos de silencio, sin apartar la vista del libro.

- La mayoría no entiende porque confío en él, bien que lo sé. Pero yo sé que Rumple no es el monstruo que todos quieren hacer de él. Sé que puedo confiar en él, que pase lo que pase nunca me hará daño.

- Ves en él lo que nadie más quiere ver.

Completó Emma aprovechando la excusa para dejar un poco la lectura.

- Exacto. A veces me gustaría gritarle a los demás que tan solo tienen que darle una oportunidad, que él ya no es como antes, sacudirles hasta que se les caiga la venda de los ojos… Pero la mayor parte del tiempo me da igual lo que piensen, y a él también. Y al final te acostumbras a que te miren como si estuvieses loca.

Belle terminó con una risita, pasando una hoja de su grueso libro.

- ¿Nunca te preguntas como es posible que ames al villano?

Preguntó Emma con más curiosidad por la conversación que por encontrar la información que estaba buscando en los libros.

- Quizá lo haría si lo viese como un villano.

Respondió la bibliotecaria con sencillez, encogiéndose de hombros. Emma sonrió.

- Para ti él es tan solo Rumple ¿verdad?

Dijo sin dejar de sonreírla, Belle asintió, por la sonrisa de la otra mujer habría jurado que la entendía a nivel bastante personal.

- ¿Te pasa a ti eso con Hook? Ya he oído algo sobre vosotros dos.

La chica intentaba que no sonase como si la estuviese juzgando, el pirata no era de su agrado y tampoco tenía intención de cambiar eso, pero si a Emma le gustaba no sería ella quien se lo reprochase.

- ¿Qué? No. Solo digo lo que veo en ti y en Gold.

Respondió la rubia encogiendo un hombro y volviendo su atención al libro con resignación. Belle rio un poco por la mortificada expresión de su amiga y se levantó de la silla con la película de Frozen en la mano, haciendo un gesto a Emma para que se tomase un descanso.