Vuelvo con otro capi recién salido del horno xD acabo de terminarlo ahora mismito. Como nota solo decir que no odio a Marian, tampoco es que me guste, me es muy indiferente la verdad, que culpa tendra la mujer de que la hayan traido del pasado jajajaja
Gracias por vuestros comentarios, animan mucho a seguir ^_^! Después de este capi las cosas se animaran mas con la reina de Arendelle, solo digo eso jaja
Lo personajes de OUAT no me pertenecen. Gracias por leer y espero vuestras opiniones ;)!
Al pasar por delante de la habitación de su madre Henry vio cómo la mujer sacaba ropa del armario, aumentando el montón que ya tenía encima de la cama.
- ¿Has perdido algo?
Preguntó entrando en la habitación y sentándose en un hueco libre de la colcha, más por estar aburrido que por tener intención de ayudar.
- No, busco algo que ponerme.
Respondió Regina sin dejar de revisar toda la amplitud de su armario.
- ¿Vas a algún sitio?
- Voy a cenar con Emma después de dejarte en casa de tus abuelos.
Las cejas de Henry casi le desaparecen en las raíces del pelo de la sorpresa.
- ¿Tienes una cita con mi madre?
Preguntó a su madre sin disimular ni un poco lo desprevenido que le había pillado eso, Regina le miró como si esa pregunta no tuviese sentido.
- Claro que no. Emma creé que nos vendría bien desconectar un poco, ciertamente hay cosas que deberíamos hablar y será un buen momento para intercambiar opiniones.
La sorpresa no desapareció de la cara del chico.
- ¿Opiniones sobre qué?
Regina abrió la boca sin saber que responder al principio.
- Sobre…cosas. Elsa, tu, la obvia congelación de la ciudad…
- ¿Yo? ¿Por qué tenéis que hablar de mí?
Protestó Henry en tono desconfiado, su madre le miró con una perversa sonrisita en la expresión antes de romper a reír por la cara de indignación de su hijo.
- Si no es una cita ¿por qué estas poniendo patas arriba tu armario?
Notó el chico señalando el montón de ropa que en ese momento miró Regina como si no se hubiese dado cuenta de que estaba allí. Observó el montón de ropa en la cama casi haciéndose ella la misma pregunta. Henry sonrió con suficiencia.
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Algunas horas después Emma llamó a la puerta de la mansión, algo que ya se estaba volviendo habitual en esos días. Henry le dio un rápido vistazo a su rubia madre para ver como se había vestido para la ocasión y volvió a sonreír con suficiencia, no se había arreglado en exceso, pero si se notaba que había puesto más cuidado al vestirse, igual que había hecho Regina, elegante, pero informal, muy en su estilo habitual.
- ¿Estás listo chico?
Preguntó alegremente la rubia tiritando un poco en la puerta, con las manos en los bolsillos.
- Si, en cuanto baje mama podemos irnos.
En ese momento apareció Regina al principio de las escaleras, bajándolas con dos abrigos en la mano.
- Sera más rápido si no tienes que andar volviendo aquí.
Explicó la morena ante la interrogatoria mirada de la sheriff, quien le dio la razón con un asentimiento de la cabeza. Regina le dio uno de los abrigos a Henry mientras ella se ponía el otro.
- Este abrigo es horrible, mama.
Gruñó el chico sujetando el abrigo por el cuello sin hacer ninguna intención por ponérselo.
- Es el más abrigado que tienes y no hemos tenido tiempo de comprarte otro.
Henry miró a Emma como buscando algo de apoyo, pero la rubia se encogió de hombros.
- Tu madre tiene razón, deberías ponértelo, lo agradecerás cuando no te quedes congelado de camino al coche.
Dijo frotándose las manos y haciéndoles un gesto para ponerse en marcha de una vez, Henry no parecía muy decidido.
- Vamos Henry, no te vera nadie.
Rio Emma desordenándole el pelo con una mano mientras se reía. Finalmente se puso el abrigo y pudieron ir a dejarle a casa de los Charmings.
- Pasaré a buscarte antes de dejar a tu madre en casa.
Prometió la rubia cuando su hijo salió del coche dando una pequeña carrera hasta la puerta del bloque de sus abuelos.
- El chico tenía razón, el abrigo es horroroso.
Comentó la Salvadora con una risa ya que Henry no podía escucharla, Regina también se echó a reír.
- Lo sé.
- ¿A dónde te apetece ir?
Preguntó Emma poniendo el coche en marcha de nuevo.
Acabaron en un pequeño local casi escondido en una de las calles de la ciudad que Emma ni siquiera sabía que existía, pero en el que al parecer conocían a Regina muy bien, y no por ser la reina o la alcaldesa. Les dieron una mesa apartada en la que solía sentarse la morena cuando iba por allí.
- No conocía este sitio.
Dijo Emma una vez estuvieron sentadas, mirando el menú.
- Por suerte para mi es algo que le pasa a mucha gente de esta ciudad.
Respondió Regina con la vista puesta también en el menú. La rubia bromeó un rato sobre lo que debería o no pedir hasta que simplemente le dijo a la otra mujer que le recomendase algo de la carta y su sugerencia fue lo que pidió. La conversación fluía con una naturalidad que ninguna habría esperado, por supuesto el tema de la posible chica en la que podría estar interesado Henry las mantuvo entretenidas y divertidas un buen rato. Al menos hasta que la puerta del restaurante volvió a abrirse y entró la familia Hood al completo. Marian llevaba ropa nueva, más propia de ese mundo, y un pequeño Roland estaba colgado de su mano. Regina se puso tensa en su asiento, más aun cuando la feliz familia se dio cuenta de que estaban allí, Roland hizo el amago de ir a decirlas algo, pero su madre no se lo permitió, pasando muy altiva a su lado sin mirarlas seguida por Robin, que si las miró con cierta curiosidad.
- ¿Estás bien?
Murmuró Emma una vez los tres hubieron pasado hacia una mesa alejada de ellas. Regina asintió llevándose el tenedor a la boca y masticando con más decisión de la necesaria.
- Podemos irnos si quieres.
Sugirió la rubia, aunque sería una pena dejar su cena a la mitad aparte de la conversación, estaba teniendo una noche muy agradable.
- No pasa nada, no pienso irme solo porque él haya entrado.
Respondió Regina muy convencida de ello.
- Bien. No hay mayor satisfacción que dejar que tu ex vea lo bien que te lo pasas sin él. Podemos fingirlo si quieres, seguro que le molesta.
Rio Emma inclinándose hacia delante con una mirada cómplice que hizo reír a Regina.
- No hará falta fingir para que lo vea.
Contestó la morena tomando otro bocado y sonriendo con el tenedor en la boca.
- Pero tengo una curiosidad sobre tu viaje en el tiempo…
Siguió la reina, volviendo rápidamente al tono cómodo que tenían antes de la entrada de los Hood, Emma la miró con cautela por la que podría ser la pregunta.
- Me viste como Reina Malvada, al parecer te encerré en una mazmorra, viste como…mataba a tu madre…o al menos pensaste que así fue. ¿Cómo puedes estar ahí sentada como si nada después de ver mi verdadero yo?
Intentó que la pregunta sonase con naturalidad, como si fuese una simple curiosidad y no le preocupase demasiado la respuesta, pero una rápida y nerviosa mirada de sus ojos demostraba que si le importaba la respuesta. Emma se encogió de hombros volviendo a su cena.
- La verdadera tu es la que está sentada frente a mí en este momento, y nadie podrá convencerme de lo contrario.
Respondió con sencillez, Regina levantó la vista de su plato sin poder creerse esa respuesta, casi emocionada por ella, no recordaba la última vez que para alguien había sido Regina, solo Regina. Emma notó la mirada la de la otra mujer en ella.
- Quiero decir, si, te vi toda malvada con pantalones de cuero y vestidos de reina y ese súper escote y asustando campesinos, pero…no sé, no me parecías tú, no eras tú. Tú no eres así, Regina, es más, va a sonar estúpido… - rio un poco sin levantar la cabeza de su plato. – me di cuenta de que incluso te echaba de menos.
Regina la miró sin comprender como podía echarla de menos en el pasado si teóricamente la tenía allí, encerrándola en una mazmorra, para ser más exactos.
- Echaba de menos a la verdadera tú, tus trajes y vestidos elegantes y tus "señorita Swan" y eso. Que no me conocieras me afecto igual que el que mis padres no me conocieran. Supongo que me he acostumbrado a todos vosotros.
Volvió a reír esta vez mirando a la alcaldesa, que no pudo evitar una risita, en parte reflejo de la risa de Emma y en parte falta de una mejor respuesta.
- Mucho me temo que el resto de la ciudad no piensa como tú.
Rio Regina, la rubia resopló con fastidio tan inesperadamente que casi hizo dar un bote a la otra mujer.
- Esta ciudad solo ve lo que quiere ver, se deja influenciar demasiado por los títulos, merecidos o no. Tú eres la Reina Malvada y yo la Salvadora, pero no creo haber salvado a nadie desde que llegue aquí.
- Salvaste a Henry y rompiste la maldición.
Le recordó Regina, Emma rio con sarcasmo.
- No salvé a Henry, fallé ¿recuerdas? Le di la poción a Gold. Cuando pensé que Henry había muerto le besé y despertó y se rompió la maldición, pero no lo hice para salvar a nadie, solo quería despedirme.
La rubia sonaba algo distante, como repasando sus recuerdos, era la primera vez que decía eso en voz alta.
- La primera vez que estuve en el Bosque Encantado habría muerto de mil maneras estúpidas si no fuese por mi madre y Mulan, y la segunda vez que fui me atrapaste, solo salvé a…da igual. Soy tan Salvadora como tu Reina Malvada.
Regina observaba a Emma con cierta curiosidad, no sabía que la mujer guardase esos pensamientos, estaba bastante segura de que nadie más lo sabía tampoco.
- A mí me salvaste de un incendio, y cuando Gold me ató en aquella silla. Y de una multitud furiosa cuando se rompió la maldición. Y del espectro. Incluso fuiste a rescatarme de Tinkerbell en Nunca Jamás. ¿Qué más? En cierto modo me has salvado más de una vez de mi misma. Y… no sé, seguro que olvido algo.
Emma nunca habría imaginado que la alcaldesa pensase de esa manera, que se acordarse de esas cosas, de esos pequeños momentos.
- Pero no lo hacía por ser la Salvadora, no estaba siendo la Salvadora, solo estaba siendo…
- ¿Tú?
Completó la morena con una pequeña risa. Emma no supo que decir por un momento así que volvió la atención a su plato, jugando un poco con la comida usando su tenedor.
- ¿Sabes? Cuando llegue aquí pensé que a lo mejor incluso podría tener una vida normal, hice amigos, un trabajo, vivía con Mary Margaret y estaba Henry, entonces aun no le veía como mi hijo, sino como tuyo, pero me gustaba tenerle en mi vida. Incluso tenia alguien con quien discutir – rio mirando a la reina. – Pero cuando se rompió la primera maldición todo cambio para mí, de repente mi compañera de piso era mi madre, y además Blancanieves, y Ruby se convertía en lobo y la gente perdía sus recuerdos por tan solo salir de la ciudad…y volví a sentirme perdida, como si no perteneciese aquí. Lo único que seguía igual eras tú. Nunca he podido verte como la Reina Malvada, incluso después de verte como la Reina Malvada. Curioso ¿verdad?
- Yo lo encuentro reconfortante.
Respondió Regina con una suave sonrisa, ya ni siquiera se acordaba de que Robin estaba sentado unas mesas más allá.
- Aunque tengo curiosidad. Por saber cómo llegaste a ser quien eres, he escuchado muchas historias sobre ello, pero nunca he escuchado tu historia completa.
Emma no sabía de donde había sacado el valor para decir eso sabiendo lo reservada que podía ser la otra mujer con su vida personal. Regina alzó una ceja que consiguió poner el pánico en la cara de la rubia. Rio un poco y decidió que sí quería compartir sus recuerdos con Emma Swan.
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Después de terminada su cena aún seguían sentadas en la mesa, habían pedido una copa cada una y seguían hablando con naturalidad. Hood se había ido hacia un par de horas, mirándolas de nuevo con curiosa confusión sin que ellas ni lo notasen. Ahora estaban hablando de Elsa.
- Si se queda aquí más tiempo la ciudad entera se congelará.
Decía Emma en tono preocupado, había prometido devolver a la reina de hielo a su reino sin tener aún idea de cómo y no sabía cuánto le duraría la paciencia a Elsa.
- Si llegásemos a ese extremo tú te irías de aquí con Henry.
Regina no lo estaba sugiriendo ni preguntando, era un hecho, una decisión ya tomada sin necesitar la opinión de nadie más.
- No voy a abandonaros y dejar que os congeléis.
- ¿Dejarías que se congelase Henry?
- Podría mandarle a él fuera.
- ¿Solo?
- Podríamos irnos todos.
- ¿Y si eso no es posible?
Emma gruñó con frustración.
- Nadie va a congelarse y punto, se me ocurrirá algo.
Dijo con el ceño fruncido sin querer siquiera plantearse la opción de abandonar Storybrooke dejando allí a todos sus seres queridos. Regina dio un recatado sorbo de su copa mirando sin mirar algún punto sobre el mantel.
- Puede que se me ocurra a mí.
Habló la morena después de un rato, pensativa. Emma la miró casi ansiosa por saber que era lo que estaba pensando.
- Nosotros llegamos a este mundo desde el Bosque Encantado, varias veces además, de diferentes maneras. Tu llegaste con un armario que ya no existe, otra opción sería el barco que el pirata ya no tiene, las judías mágicas que no tenemos y…como llegamos aquí esta vez y la primera.
- Con una maldición.
La deducción era obvia, pero no había pensado nunca en ello. Una maldición había llevado a los cuentos de hadas hasta ese mundo dos veces.
- Pero para ello alguien tendría que renunciar a lo que más ama…
Murmuró Emma, y Regina aprecio el hecho de que no asumiese que tenía que ser ella quien lanzase una nueva maldición.
- Esa maldición nos trae a este mundo sin magia, el de Elsa es diferente.
Comentó Regina, repasando mentalmente todo lo que sabía sobre maldiciones sin recordar nada de reinos helados.
- ¿Habría que usar una maldición diferente?
Por toda respuesta la morena asintió.
- ¿Cuál?
Volvió a preguntar Emma, cas con cierto tono esperanzado ante la idea de una posible solución.
- No lo sé, tendría que investigar un poco.
Respondió Regina con un suspiro derrotado, pero la rubia no se sentía para nada derrotada, de repente tenían al menos una posible opción, tenían algo con lo que trabajar.
- Bien, nos pondremos a investigar.
La morena rio un poquito por el plural de la frase.
- Ahora deberíamos ir a por Henry.
Dijo haciendo un gesto a la camarera para que les llevase la cuenta.
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Henry volvía a llevar el monstruoso abrigo cuando se metió en el coche.
- ¿Qué tal la cena?
Pregunto en tono burlón mirando a la morena de sus dos madres a través del retrovisor.
- Agradable.
Respondió la reina de forma muy correcta, aunque claramente divertida.
- Tu madre es incapaz de admitir que se lo ha pasado genial con una campesina.
Rio Emma empezando a conducir.
- Eres la hija de Blancanieves, realmente eres una princesa.
Le recordó su hijo.
- Cierto, eso me gusta más.
- ¿Qué tal la noche con tus abuelos?
Preguntó Regina a su vez, girando los ojos por lo parecidos que podían llegar a ser esos dos.
- Genial, Mary Margaret ha hecho fajitas y yo estoy intentando que la primera palabra del pequeño Neal sea "Henry" Me pregunto si me dejaran que le saque a pasear alguna vez.
El bebé se había quedado con el sobrenombre de "el pequeño Neal" a Henry también se le hacía raro llamar a su tío como a su padre. Sus dos madres rieron, intercambiando una mirada.
- ¿Por qué a las chicas les encantan los bebés?
Dijo Emma mirando como su hijo se sonrojaba a través del espejo.
- No porque es mi tío y soy el más cercano a su edad de la familia.
Respondió el chico con poquísima convicción.
- ¿Así que no es por alguna chica del colegio?
Preguntó Regina girando la cabeza para mirar a Henry por encima del asiento, que se había sonrojado aún más.
- ¿De que estáis hablando?
- Dios mío, estas totalmente rojo. Te gusta alguien.
Canturreó Emma riendo sin parar.
- Sea quien sea quiero conocerla, no pienso permitir que el hijo de la reina salga con una campesina.
Regina habló en tono serio, pero claramente no hablaba en serio.
- Es verdad, ahora que no soy una campesina yo tampoco puedo permitirlo.
Contribuyó la rubia dándole la razón a la otra mujer.
- Odio tener dos madres.
Gruñó Henry desde el asiento de atrás mirando por la ventana en un intento de fingir indiferencia, muerto de vergüenza mientras sus madres reían en los asientos de delante.
- Eso es mentiras, nos adoras.
Le contradijo Emma totalmente convencida.
- ¿Preferirías no tenernos a alguna de las dos?
Preguntó Regina con una divertida ceja levantada, finalmente Henry no pudo más que reír.
- No.
Respondió mientras sus madres seguían bromeando, resignado a tener que soportar lo mismo que cualquier otro hijo.
