Quería subir el capi antes del estreno de la cuarta temporada jajaja ¿Alguien mas tiene los dedos cruzados deseando que este temporada no le rompa su corazoncito Evil Regal/Swan Queen? xD
En fin, espero que no se haga muy largo de leer el capitulo X)
Los personajes de OUAT no me pertenecen. Gracias por leer, espero que os guste y que me hagais saber vuestra opinion, para bien o para mal ^_^!
La calefacción en el piso de Mary Margaret estaba puesta al máximo y aun podía notarse el frío en la estancia. El pequeño Neal estaba en su cuna cerca del radiador y cubierto por capas y capas de mantas. David repartió las cuatro tazas de té caliente que llevaba en la mano entre él y las tres mujeres que estaban allí. Emma se levantó a coger la sacarina y dejarla delante de Regina para que se sirviera la que quisiese sin que ese gesto les resultase inusual a ninguna de las dos, si a sus padres les pareció raro no dijeron nada, las dos mujeres habían pasado muchas horas juntas esos días buscando información y era normal que conociesen esos pequeños detalles.
- Aún no hemos encontrado nada.
Dijo Emma cuando su madre pregunto, dejando que el vapor de la infusión la ayudase a entrar en calor.
- Puede que yo sí.
Añadió Regina haciendo lo mismo que la rubia con su taza de té.
- ¿Has investigado sin mí?
Protestó Emma mirándola un poco ofendida.
- Anoche no podía dormir.
Fue a única explicación que dio la morena.
- ¿Qué has encontrado?
Preguntó David antes de que su hija pudiese hablar otra vez.
- Sabía que había visto algo sobre reinos helados en alguna parte, y las cosas de mi madre aún seguían en mi mausoleo, entre sus libros encontré la referencia que estaba buscando.
- ¿Fuiste al mausoleo en mitad de la noche?
Interrumpió Emma con las cejas alzadas, siendo ignorada por los otros tres.
- Pero Arendelle no es exactamente un reino helado, fue Elsa quien lo congelo. Según la película de Disney al menos.
Dijo Mary Margaret que lanzaba miradas hacia su hijo cada cierto tiempo para asegurarse de que seguía tan sano e intacto como el segundo anterior.
- Mientras este permanentemente congelado podría considerarse reino helado, y más teniendo en cuenta los años que han pasado desde entonces.
Regina esperaba tener razón en eso, Arendelle entraba en la descripción de reinos helados, aunque su estado original no fuera ese.
- ¿Qué es lo que hay que hacer?
Preguntó David con el ceño algo fruncido, intuyendo que ahora venía la parte menos divertida.
- Bueno… llegar a un reino helado requiere un corazón igual de frio, y no me refiero a congelado, me refiero a capaz de realizar los actos más horribles.
- ¿Quieres decir…?
- Para llegar a un reino helado hace falta destruir un corazón. En resumen, un asesinato, un anónimo, tan solo porque si.
La habitación quedo en completo silencio, la que parecía más calmada era Regina que observaba a los otros tres esperando su reacción.
- No podemos asesinar a nadie para abrir un portal hasta Arendelle.
Dijo finalmente Mary Margaret como si no hubiese discusión posible en el tema, sin embargo David miraba a Regina de reojo.
- Tu mausoleo está lleno de corazones, alguno de sus propietarios ya debe de haber muerto ¿verdad?
Pregunto el príncipe casi avergonzase de su propia sugerencia y evitando la mirada sorprendida de su mujer.
- ¿Qué tipo de asesinato es si ya está muerto? No, no serviría.
Respondió la reina, que ya había pensado en ello y descartado la idea.
- David, nosotros no matamos gente.
Dijo firmemente Mary Margaret sin poder creerse que de verdad su marido estuviese planteándose la idea.
- No, nosotros no.
Respondió él lanzándole otra nerviosa mirada a Regina, que rio con sarcasmo.
- ¿Qué quieres decir?
Emma había notado el tono intencionado de David.
- Lo que tu padre intenta decir es que ellos no matan gente, pero yo sí. Es eso ¿no? Yo puedo hacerlo. Dime David, ¿vas a venir conmigo a elegir un corazón? Nunca conocerás la cara de su dueño. ¿O prefieres quedarte aquí sentado mientras voy yo a por uno?
El tono de Regina era duro, sin una pizca de humor. Por supuesto si alguien debía ser la villana le tocaría a ella interpretar ese papel, como siempre. Aplastaría un corazón para mandar a Elsa a su reino y evitar la congelación de Storybrooke, y después todos usarían eso para juzgarla de nuevo y señalarla una vez más como malvada.
- Él no quiere decir eso ¿verdad?
Preguntó Emma mirando a su padre para que negase las palabras de Regina, pero el príncipe se limitó a bajar la vista, incapaz de mirar a ninguna de las tres mujeres.
- Regina no va a matar a nadie ¿de acuerdo? No va a hacer el trabajo sucio para que luego alguien se lo eche en cara. Si nos manchamos las manos nos las manchamos todos.
Siguió la rubia mirando a sus padres con decisión.
- Nadie va a matar a nadie.
Dijo Mary Margaret dando esa opción como descartada.
- Lo sé, lo sé. No quería dar a entender que…es solo que por el momento es nuestra única opción.
Se disculpó David con un pesado suspiro.
- Entonces encontraremos otra.
Emma sonaba totalmente convencida, miró a Regina esperando que la morena hubiese encontrado algo más, pero la reina negó con la cabeza.
- ¿Qué hay de nuestra magia unida? Ya hemos hecho antes cosas que parecían imposibles.
Sugirió la Salvadora.
- ¿Vuelves a tener tu magia?
Preguntó Regina sorprendida, lo último que sabía era que la magia de Emma había desaparecido en los labios del pirata y no había vuelto en ellos.
- Es verdad. Primero tenemos que encontrar la forma de devolverme la magia.
Recordó la rubia con una mueca, años de no saber que tenía magia hacían que olvidara que ahora realmente no la tenía, porque no notaba ninguna diferencia.
- Un beso de amor verdadero rompe toda maldición…
Dejó caer Mary Margaret como quien no quiere la cosa, compartiendo una rápida mirada con su marido, Regina por su parte apretó la mandíbula, todos en la habitación sabían a quien se estaba refiriendo.
- Besar a Hook fue lo que me quito la magia, y besarle otra vez no la ha hecho volver.
Dijo Emma claramente queriendo evitar hablar de ese tema con sus padres.
- Encontraremos algo.
Añadió antes de que David o Mary Margaret pudiesen decir nada más, levantándose para salir del apartamento, seguida de Regina que desde luego no iba a quedarse allí con los Desencantadores y su nuevo principito.
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Hook estaba esperando en Granny's cuando las dos madres entraron a buscar a Henry que se había quedado allí mientras ellas hablaban con sus abuelos. La cafetería estaba llena en esos días, repleta de gente en busca de comida y bebida caliente además del calor humano que generaban muchas personas en una misma habitación. En cuanto vio a la rubia el pirata fue hacia ella y Regina desapareció de su lado en dirección a su hijo.
- Swan, he oído que habéis encontrado una solución.
Dijo a modo de saludo, manteniendo una forzada distancia de ella, obviamente notando que Emma no iba a sentirse cómoda en ese momento teniéndole demasiado cerca de su espacio personal.
- Creíamos que sí, pero no.
Explicó Emma mirando por encima del hombro de Hook como su hijo saludaba a su madre con una sonrisa. Ante la interrogatoria mirada del pirata le explico por encima porque la opción que habían encontrado no era posible.
- La muerte rápida de un personaje anónimo quizá sería preferible a la lenta muerte por congelación de todos nosotros.
Dijo el moreno después de pensar un rato sobre el asunto, Emma le miró sin poder creerse sus palabras, aunque en el fondo entendía porque pensaba así.
- No digo que me guste la idea, o que este bien, solo digo que como última opción quizá haya que sacrificarse.
Añadió Hook intentando explicarse.
- Quieres decir sacrificar a alguien.
- ¿Y si es nuestra única opción? ¿Prefieres dejar que Storybrooke se congele hasta la muerte?
Los dos se mantuvieron una retadora mirada.
- ¿Y serias tú quien clavara el garfio en ese corazón anónimo?
Dijo Emma fríamente.
- Si fuese necesario sí, pero estoy seguro de que nuestra amada reina tiene más práctica que yo en eso de aplastar corazones.
Fue la contestación del pirata, que se ganó una mirada de la rubia más fría aun que el propio Storybrooke.
- Eso no va a pasar.
El tono de la Salvadora daba claramente a entender que esa conversación había terminado, pero antes de poder alejarse del pirata una ola de frio recorrió la cafetería al completo, congelando incluso las ventanas, unos minutos antes de escuchar un grito procedente de la calle. Emma forcejeó con la puerta helada hasta que consiguió abrirla para salir, corrió hacia el lugar donde de oía todo el jaleo, cerca de los muelles. Fuera la calle era casi una pista de hielo, aunque lo que llamó más su atención fue ver a Gold volar por los aires unos metros más lejos, mientras Belle trataba de parar a Elsa. La Salvadora llegó hacia allí, gritándole también a la reina de hielo.
- Se ha acabado mi paciencia, si no puedes mandarme a mi mundo al menos haré justicia a la muerte de mi hermana.
Dijo Elsa con furia en sus ojos claros como el hielo.
- Tu hermana no está muerta, solo congelada, tu puedes descongelarla.
Gritó Henry desde atrás sujeto por Regina para que no se acercase a la zona de peligro.
- No puedo descongelarla desde aquí.
Respondió la reina de Arendelle, aunque sin dirigirle al chico el mismo tono furioso que había usado antes.
- Tienes que darles más tiempo, mis madres encontraran la forma.
Mientras Henry hablaba Emma se había acercado hasta Gold para levantarle con ayuda de Belle, que se echó al hombre a los hombros para sacarle de allí, aunque no fue lo suficientemente rápida porque Elsa se dio cuenta y les lanzó un rayo helado que solo pudieron evitar porque Emma saltó sobre ellos.
- Tienes que hacer algo.
Dijo Henry a su morena madre, que ya le había soltado antes de que el chico hablase y se acercaba a la joven reina rubia. Movió la mano como si fuese un látigo y un chorro de humo morado salió de ella enroscándose alrededor de Elsa. La reina de hielo parecía sorprendida por estar presa, pero se libró del agarre con facilidad, respondiendo con una lluvia de afilada esquirlas de hielo que Regina evitó con un escudo mágico, devolviéndole el ataque en forma de lluvia de fuego. Elsa levantó una plataforma de hielo bajo sus propios pies para atacar desde arriba con afiladas lanzas heladas que la otra reina evito impulsándose a sí misma hacia atrás con un pulso mágico, moviendo las manos en una complicada floritura para destruir la plataforma de hielo. Elsa cayó, pero desde el suelo apoyo las manos en el asfalto y afiladas puntas de hielo salieron bajo los pies de la morena, que una vez más esquivo el ataque con cierta dificultad. Emma había sacado a Gold de allí y ahora corría en ayuda de Regina, algo que la morena no podía permitir, extendió una mano en su dirección para detenerla mágicamente, pero nunca llegó a hacerlo, porque una ráfaga de magia helada la golpeó de lleno en el pecho lanzándola por encima de la barandilla del muelle hacia el agua. El impacto rompió la capa de hielo que había empezado a formarse y la morena empezó a hundirse en el agua helada.
- ¡Mama!
- ¡Regina!
Emma y Henry habían gritado a la vez, al chico le detuvieron entre Ruby y Mary Margaret, impidiendo que saltase al agua, pero nadie pudo parar a Emma, que aceleró su carrera y sin pensarlo saltó por encima de la barandilla colándose por el agujero del hielo para rescatar a la reina.
- Se supone que tú no haces daño a la gente, que eres buena.
Gritó Henry en dirección a Elsa, todavía sujeto entre los brazos de las otras dos mujeres. En ese momento la reina de hielo pareció darse cuenta de lo que había hecho, de en lo que la estaba convirtiendo la sed de venganza y con el miedo escrito en la cara salió corriendo sin nadie que se lo impidiese, pues todos estaban ocupados mirando hacia el agua, de donde aún no había salido nadie. Contenían el aliento a la espera y cuando Hook y David estaban a punto de saltar también una rubia y empapada cabeza rompió la superficie del agua con una honda bocanada de aire, arrastrando a una inconsciente reina con ella. Las ayudaron a subir y enseguida Mary Margaret empezó a gritar ordenes, pidiendo mantas, cualquier cosa que las ayudase a entrar en calor y un médico, pero Emma no escuchaba nada de eso, tan solo estaba centrada en el cuerpo frio e inerte que tenía entre los brazos. Abrazaba a Regina con fuerza, intentando hacerla entrar en calor, sin darse cuenta siquiera de que su hijo también las estaba abrazando a las dos, o de cuando David las cubrió con una manta. Tan solo reaccionó cuando Regina despertó escupiendo agua violentamente antes de empezar a tiritar sin control. Alguien intentó separarlas, seguramente para darlas la atención médica adecuada, pero Emma se negaba a soltarla, no mientras la notara tiritar de esa manera entre sus brazos, como si no quedase ni un solo milímetro de calor en todo el cuerpo de Regina.
- Mama, tienes que soltarla o no podremos ayudarla.
Dijo Henry en su oído, al parecer no por primera vez, aunque hasta ese momento no se había dado cuenta. Su hijo las separó con cuidado, pero Emma no la soltó del todo, solo lo justo para que pudieran poner una manta térmica alrededor de la morena. La levanto a pulso y la tumbo en la camilla que alguien había llevado hasta su lado, e incluso allí su mano nunca perdió contacto el cuerpo de Regina, que tenía los ojos cerrados con fuerza, incapaz de hablar entre el castañeteo de los dientes. Algunos médicos se movían alrededor de Emma, desistiendo de intentar que la rubia se moviese de allí, pero ella no se daba cuenta, su mirada estaba clavada en la mujer que por un segundo había temido perder en las frías aguas. La propia Emma estaba empapada y temblando, pero nada en comparación con el salvaje temblor de Regina.
- No entiendo porque no entra en calor, su temperatura debería haber empezado a subir.
Dijo una voz desde alguna parte.
- Hay que llevarla al hospital.
Añadió otra voz. Emma suponía que alguno de ellos seria Whale, cada vez que se llamaba a un médico él estaba allí, pero no tenía tiempo de asegurarse de si el doctor estaba por allí, seguía mirando a Regina, que parecía intentar negar con la cabeza.
- N-n-n-n-n-n-o. No. C-ca-c-ca-a-casa.
Escuchó Emma salir de entre los dientes apretados de la morena, sujetó la camilla antes de que se la llevaran.
- Hay que llevarla a su casa.
La rubia estaba temiendo que ese frio no fuese natural, la magia de Elsa la había golpeado de lleno. Quizá la morena tenía algún remedio mágico en casa. Al menos Emma tenia las esperanzas puestas en ello. Los médicos se quejaron, sus padres intentaron hacerla entrar en razón, incluso Henry, pero Emma no escuchaba a ninguno, solo el castañeteo de Regina. Deseó tener su magia para poder llevarse de allí a la morena mágicamente.
- ¡Llevadnos a su casa!
No era una petición, era una orden. Una orden clara, firme y sin derecho a réplica.
- Quedaos con Henry.
Dijo rápidamente a sus padres. Casi no había terminado de hablar y su hijo ya estaba quejándose.
- ¡No! Quiero ir, quiero ayudar. Necesito saber si está bien. No puedes…
- Henry, por una vez hazme caso a la primera. Quédate con tus abuelos.
De nuevo, una orden imposible de desobedecer.
La ambulancia las llevo a la mansión Mills y dos enfermeros subieron como pudieron la camilla hasta la habitación de Regina, sin que Emma perdiese contacto con la morena en ningún momento.
La reina no dejaba de temblar, la piel había empezado a azularse y los labios a amoratarse, y las mantas no parecían surtir ningún efecto. Emma se metió bajo las mantas con ella, abrazándola de nuevo con fuerza, pegándose a ella todo lo que pudo para trasmitirle calor sin pararse a pensar que las dos aun llevaban la ropa empapada. Regina movió ligeramente la cabeza hacia la rubia cuando la mejilla de Emma tocó la suya, como si buscase inconscientemente esa fuente de calor.
- Tu ca-cara, tu m-m-meji-i-illa. Esta c-cali…caliente.
Consiguió decir la morena, enseguida Emma cubrió la otra mejilla de la morena con la mano para pegarla más a su cara, y al segundo la mano de Regina estuvo sobre la de la rubia, una vez más buscando esa fuente de calor. Emma colocó su mano libre sobre el cuello de la morena notando al momento como el castañeteo disminuía un poco. Empezó a mover las manos rápidamente sobre Regina para que entrase en calor, pero pronto se dio cuenta de que solo funcionaba cuando tocaban piel con piel. Ese pensamiento la detuvo por un segundo, sin atreverse a hacer lo que sabía que debía hacer si no quería que Regina acabase muriendo de hipotermia. Los temblores volvieron a aumentar y eso fue todo lo que necesito para decidirse. Le quitó a la morena el abrigo y la chaqueta que llevaba debajo, levantando las mangas del jersey empapado para calentar los brazos de Regina, sin apartar su cara de la de la reina, quien la tenía prácticamente hundida en el cuello de Emma sin darse cuenta siquiera de que estaba allí, preocupada solo por la urgencia de entrar en calor. Todavía con dudas la rubia metió las manos bajo el jersey de Regina, recorriendo su espalda, el suspiro de alivio de la reina al notar el calor fue automático. Lentamente, con cautela, la sheriff despegó la tela mojada de la piel de la otra mujer hasta sacarle el jersey por la cabeza, antes de darle tiempo a Regina a pensar sobre ello Emma se quitó su propio jersey y pegó su cuerpo al de la morena, dándole más calor. Los temblores bajaban poco a poco, recibiendo calor humano. La Salvadora soltó el botón del pantalón de la reina y pasó lentamente las manos por su cintura para calentar también aquella parte. En ese momento Regina sacó la cara de su cuello para mirarla, Emma paró al segundo, aunque sin apartar las manos de la piel de la morena, que estaba notablemente más caliente que antes, incluso estaba recuperando su color natural. Las dos mujeres se miraron por un segundo, en silencio, Emma no sabía si iba a recibir una bola de fuego por aquello o como mínimo que la echase de allí, pero sin poder evitarlo, sus ojos se fijaron en que los labios de la reina aún estaban helados y sin pensárselo dos veces se decidió a calentarlos también. El hecho de hacerlo con los suyos propios fue más un incontrolado deseo que una verdadera necesidad. Ya no estaba calentándole los labios a Regina, la estaba besando simple y claramente, la sorpresa fue que cuando la reina se recuperó de la impresión le devolvió el beso, sujetando la cara de la Salvadora con ambas manos heladas. Las manos de Emma volvieron a la vida decididas a hacer entrar en calor cada centímetro de Regina, usando cada centímetro de sí misma hasta que el calor se les saliese por los poros a las dos.
