Este me ha quedado un poco flojito, yo lo se U_U es mas una especie de puente para la trama final, se va acabando ya el fic jajajaja ¿Tengo pensado alguno más? (aparte de seguir con los shots) si, os aviso ya xD probablemente empezare a subirlo antes de terminar este, no se, a ver que tal de tiempo jajaja
Como anécdota decir que mientras escribía la escena del despacho sonaba Regina's True Love (estoy escuchando la BSO de OUAT) y no se, me ha hecho gracia jajajaja
Los personajes no me pertenecen. Gracias por la paciencia que me tenéis para las actualizaciones, por vuestros comentarios y por supuesto, por seguir leyendome :)!
Emma despertó, pero no abrió los ojos, estaba bien tal y como estaba. Regina dormía literalmente entre sus brazos, podía notar la piel de la morena contra la suya, cálida y suave, escuchaba la respiración de la reina cada vez que salía de sus pulmones para acariciar el esternón de la Salvadora. La rubia ladeó la cabeza para poder tocar el pelo de la morena con la nariz y abrió los ojos para comprobar que no era ninguna alucinación, ni un sueño, ni ninguna otra persona quien estaba con ella en la cama. Sonrió aguantándose las ganas de romper a reír, no porque fuese una situación graciosa, quería reír de alegría. Se apretó un poco más contra Regina y subió las mantas para quedar mejor arropadas, no se le olvidaba que la noche anterior la morena casi se había congelado ante sus ojos, además desde que Elsa había desaparecido de los muelles el tiempo había empeorado, ni paraba de nevar ni aminoraba el viento y los termómetros habían caído en picado. Storybrooke se estaba congelando sin pausa, y sin embargo en ese momento todo lo que le importaba a Emma era no moverse de donde estaba y mantener a Regina caliente.
La morena despertó también y acaricio el vientre plano de Emma, haciéndola cosquillas.
- ¿Cómo estás?
Pregunto la Salvadora mirándola con ojos tiernos.
- Hace frio.
Respondió Regina con una risita acurrucándose más en los brazos de Emma, a lo que la rubia no se opuso en absoluto.
- Entonces… ¿no vas a matarme por lo de anoche?
La sheriff no había dejado de pensar en eso, en si Regina se arrepentiría de lo que había pasado, o si pensaba que Emma se había aprovechado de la situación.
- ¿Te refieres a por hacerme entrar en calor?
Dijo la reina subiéndose encima del pecho de la otra mujer para darla un apasionado beso que dejó a Emma medio en las nubes con una sonrisa boba.
- Sabía que podía hacerte olvidar a Hood.
Dijo el nombre del ladrón con la misma mueca con la que lo decía siempre, aunque realmente no tenía nada solido hacia el pobre hombre aparte de haber estado con Regina y haberla dejado después. La morena la miró con el ceño fruncido.
- ¿Qué dices?
- Bueno, así ha sonado fatal. Lo que quiero decir es que…en fin, tú estabas tan convencida de que él era tu única posibilidad de ser feliz y todo eso. Y no estoy diciendo que yo vaya a ser tu felicidad, pero lo de anoche no estuvo mal ¿no?
Según hablaba Emma tenía el presentimiento de que estaba metiendo más y más la pata con cada palabra, lo veía en la cara de Regina y en como la mujer se apartó de ella, dejándole un costado frio.
- ¿Intentas sustituir a Robin? ¿Es esta tu manera de arreglar las cosas?
Preguntó la morena llevándose las manos a las caderas y mirando a la otra mujer de pie junto a la cama con evidente disgusto.
- ¿Es así como intentas librarte de tu sentimiento de culpabilidad? Como trajiste a Marian de vuelta te acuestas conmigo para compensar mi falta de pareja.
Emma también se levantó de un salto y Regina dio unos pasos hacia atrás para mantener la distancia.
- ¿Qué? No. ¿Qué estás diciendo? Por supuesto que no.
- Tanta atención, tanta amabilidad… ¿eran solo sentimiento de culpabilidad?
- No ¿Cómo puedes pensar eso? Claro que no, lo habría hecho igual incluso…
- Ya has cumplido tu penitencia, ya me has dado el orgasmo que no va a darme Robin, enhorabuena.
- Te di más de uno.
Regina la miró entrecerrando los ojos peligrosamente y en vez de retroceder Emma dio un paso adelante.
- Pero eso ahora no importa. No entiendo porque piensas eso, pero las cosas no son así.
- De repente quiero que te vayas.
Dijo la morena llevándose una mano a la frente con agotamiento.
- No me voy a ninguna parte, creo que deberíamos hablar.
Se quejó Emma.
- Ahora no, necesito estar sola.
- Regina, está helando. Tenemos tiempo de…
No pudo terminar la frase porque con un simple movimiento de mano Regina la hizo desaparecer y apareció en el apartamento que compartía con sus padres, donde estaban ellos dos desayunando con Henry y el pequeño Neal, rápidamente Emma se cubrió con los brazos, pero se dio cuenta de que al menos Regina había tenido el cuidado de materializarla allí propiamente vestida.
- ¿Cómo está?
Preguntó Henry enseguida, antes siquiera de dejar que se recuperase del viaje mágico.
- Bien, Regina esta…bien, se recuperó pronto.
Desde luego estaba lo suficientemente bien como para mandarla allí con magia.
- ¿Cómo lo hiciste? Los médicos no conseguían hacerla entrar en calor.
Preguntó David desde detrás de mostrador de la cocina. Emma abrió la boca sin saber que decir, así que se encogió de hombros.
- Regina tenia…cosas en casa…que sirvieron.
Respondió muy vagamente esperando que eso fuese suficiente, y al parecer lo era porque no preguntaron más sobre eso.
- ¿Y porque no está aquí?
Preguntó Henry, una vez más Emma no supo que responder porque ni siquiera sabía que estaba haciendo ella allí.
- ¿Has pasado la noche con ella?
Dijo de pronto Mary Margaret frunciendo el ceño como si se diese cuenta de algo de repente. La rubia esquivó las dos preguntas y cogió una chaqueta más abrigada dispuesta a volver a la mansión Mills, pero nada más llegar al portal se dio cuenta de que le iba a resultar un poco difícil, el viento arremolinaba la nieve por todas partes y hacia difícil caminar, aunque no imposible. Su madre llego detrás de ella.
- Emma, no puedes salir con este tiempo.
- Pero Regina…
Empezó sin saber cómo continuar, era algo difícil de explicarle a su madre, ni siquiera ella sabía aún muy bien lo que había pasado. Mary Margaret la miraba esperando que continuase sin que su hija lo hiciese.
- Tengo que volver allí, tengo…tenemos…
Tenía que volver a la mansión aunque no sabía cómo hacerlo rápido si Regina no volvía transportarla hasta allí, si ella tan solo tuviese su magia…y de pronto estaba otra vez en casa de la morena, justo en su amplia entrada. Se miró las manos con esa expresión de profundo desconcierto que le era tan común desde que se rompió la primera maldición. Dejo para más tarde pensar en la vuelta de su magia y buscó a la morena, que estaba en el salón con un simple pantalón gris ancho y una camisa blanca. Regina levantó la vista al notar que alguien entraba en el salón y se quedó totalmente sorprendida de ver que era Emma.
- ¿Te has colado en mi casa?
Preguntó claramente molesta, y sin esperar respuesta se levantó atravesando el salón y la entrada para encerrarse en el estudio. Emma resopló con resignación, dejando caer los hombros. Soltó la chaqueta que no había llegado realmente a ponerse y caminó también hacia el estudio. Llamó a la puerta con los nudillos.
- ¿Regina? Esto es infantil.
La morena lo sabía de sobra, que no estaba actuando con su control habitual, pero esa era una cualidad que solo Emma Swan parecía tener, descolocarla por completo. Y ahora mismo no podía…no quería enfrentarla. Emma siempre había estado ahí, había sido una presencia constante desde el mismo momento en que Henry la había metido en Storybrooke, había sido la primera cosa fuera de su control desde que lanzase la maldición, la primera persona que la había enfrentado, la primera que la había obligado a actuar fuera de la rutina que ella misma había creado con la maldición. Incluso después de adoptar a Henry las cosas siguieron exactamente como siempre, con el ligero cambio de que a ella ya le daba igual lo monótona que pudiese resultar la vida, la suya estaba centrada en su hijo. Y de repente llegó Emma y puso todo patas arriba, y rompió la maldición y, curiosamente, fue la primera persona en creer que Regina podía cambiar, que podía hacer algo bueno, la primera persona en verla como Regina y solo como Regina. Emma había pasado de ser una molestia a un apoyo y ella no había querido verlo, y la sola idea de que todo eso hubiese sido solo obligación por parte de la rubia le formaba un nudo en el estómago, pensar que todo el avance en su relación había sido solo por compromiso, hacia Henry o hacia su sentido de culpabilidad, que más daba. Así que no, no quería mirarla a la cara mientras su cabeza le daba vueltas a todo el asunto.
- Regina, sé que no quieres hablar conmigo, pero estas equivocada, las cosas no son como crees.
Otra vez no hubo respuesta del otro lado de la puerta.
- No me he colado en tu casa…bueno, en teoría sí, pero no ha sido voluntario.
Hablar con la puerta estaba empezando a dejar de ser divertido.
- ¿Sabes? Puedo entrar si quiero, pero preferiría que me abrieses la puerta.
Emma se concentró para usar su magia, pero nada pasó. Intentó recordar que es lo que había hecho las otras veces que había usado su magia, recordó el puente, había actuado por instinto, sabía que no quería caer. Así que se centró en lo que quería ahora, y en vez de en su magia se centró en Regina. La morena volvió a sorprenderse cuando vio a Emma materializarse frente a ella en medio de una nube de humo blanco, no sabía que podía hacer eso, ni siquiera sabía que había recuperado su magia.
- ¿Pero cómo…?
- Es lo que intentaba decirte, no me he colado, he…aparecido.
- ¿Desde cuando tienes magia otra vez?
Preguntó Regina claramente ofendida de que Emma se lo hubiese ocultado.
- Desde esta mañana, al parecer. -Respondió la rubia levantando una significativa ceja.- Es lo que intentaba decirte, mi magia ha vuelto y creo qu…
Sonó el timbre y Regina salió del despacho como si le fuese la vida en ello, había sido salvada por la campana, literalmente. Pero al abrir la puerta fue aún peor, nada más y nada menos que Robin era quien estaba al otro lado. Se miraron un momento sin hablar, Regina por la sorpresa y Hood sin saber muy bien como excusar su presencia allí.
- Nos están trasladando del bosque, por el tiempo y…quería comprobar…quería saber si tú estabas bien. He oído lo de tu pelea con Elsa.
Regina no supo que responder, estaba todavía sorprendida de ver al ladrón allí. Hood levantó la vista para mirar detrás de ella, donde había aparecido Emma y ambos se miraron retadores por encima del hombro de Regina antes de que Hood volviese a mirar a la morena esperando la respuesta.
- Estoy bien.
Respondió secamente, tenía muy fresco en la memoria la última visita de Robin Hood a su casa, igual que sus palabras.
- Me alegra ver que no resultaste herida.
Añadió el ladrón más que nada por alargar la visita, lanzando rápidas miradas a Emma.
- Me hirieron, en cierto modo. Emma me salvo.
Aclaró la reina, quería ver la cara de Robin ante esas palabras, y estaba segura incluso sin girarse de que en ese momento Emma estaba sonriendo al hombre con suficiencia. La mandíbula del ladrón se apretó.
- Hood, si no te importa tenemos cosas que hacer y hace frio con la puerta abierta. Marian debe estar esperándote.
Habló finalmente la Salvadora, bajando lentamente las escaleras para quedar firmemente plantada al lado de Regina.
- Si, mejor me voy. Quizá deberías ir a ayudar a Mary Margaret, Emma, puede que necesite ayuda.
Se rindió por fin, sin ningún tipo de malicia al hablar de Blancanieves. La rubia frunció el ceño.
- ¿Qué quieres decir?
- Ha ido al castillo de hielo. Intentaron detenerla, pero aun así se enfrentó a la tormenta de nieve para ir hasta allí, cree que puede calmar a Elsa.
Explico Hood sorprendido de que Emma no lo supiese, la rubia se quedó blanca en ese momento, ella ya había comprobado de primera mano la magia de Elsa, inclusive cuando la usaba sin quererlo, sabía lo peligroso que podía ser.
- ¿Cómo se lo ha permitido David?
- Intentó detenerla, pero Blanca le mandó a evacuarnos.
Sin decir nada la Salvadora apartó a Robin de la puerta para enfrentarse a la tormenta e ir en busca de su madre.
- ¡Emma!
Gritó Regina intentando ir detrás suyo, pero apenas se podía ver nada más haya de unos metros y la rubia pronto desapareció de la vista.
