Ya se va acabando la cosa, creo que me dará para un ultimo capitulo lo que me queda de escribir y habremos terminado con este fic ;P jajajaja
Los personajes no me pertenecen. Gracias por la paciencia que me tenéis para las actualizaciones, por vuestros comentarios y por supuesto, por seguir leyendome :)!
La opción de transportarse mágicamente hasta el castillo de Elsa estaba totalmente descartada, ya lo había intentado antes y no había podido, el castillo había sido protegido de la magia, seguramente para prevenir que nadie lo destruyera del mismo modo que se había construido, así que Regina entró rápidamente en su casa a por algo de abrigo y en menos de un minuto volvió a salir dispuesta a seguir a la rubia. Si lo que había pasado entre ellas había sido un ajuste de cuentas por culpabilidad o no ahora no le importaba, no podía dejar que Emma se enfrentase sola a la descontrolada magia de Elsa, no estaba preparada para ello.
Pero al intentar ponerse en marcha se enganchó con algo, o más bien algo la enganchó a ella. Robin seguía allí y la sujetaba del brazo. Le miró con el ceño fruncido y una orden muda de que la soltase.
- ¿Podemos hablar?
Preguntó el ladrón para sorpresa de la morena, de todos los momentos había elegido el más inadecuado de todos.
- Ahora no.
Respondió intentando liberar su brazo. Ni quería ni tenía tiempo para hablar, en su opinión estaba ya todo dicho.
- Emma puede apañárselas sola por un rato.
- Y tú puedes hablar con tu mujer.
Cortó Regina secamente, a estas alturas ya debería estar a medio camino en vez de allí parada sin hacer nada.
- De eso de trata, Regina creo que…tengo dudas…yo…
- Robin, ese es tú problema. Por mi parte no hay ninguna duda.
Volvió a cortarle la reina con una mirada más helada que la nieve que se arremolinaba a su alrededor.
- ¿Qué hay entre Emma y tú?
Preguntó el hombre a bocajarro con la mandíbula apretada, la única respuesta que el dio Regina fue un puñado de humo morado justo donde antes había estado ella.
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Se transportó hasta el bosque, lo más cerca que pudo del castillo de hielo, y avanzó lo más rápido posible hacia él. Si en la ciudad era difícil moverse por culpa del tiempo, cuanto más se acercaba al castillo más fuerte era el vendaval.
No supo cómo consiguió subir las escaleras sin caerse por ellas, pero lo hizo, abrió las grandes puertas del castillo y de repente se hizo el silencio. Allí dentro no había tormenta, todo estaba en calma. O todo lo en calma que podía estar teniendo en cuenta que había una estatua de hielo de Emma idéntica a la Salvadora hasta en el último detalle. Mary Margaret estaba frente a ella probablemente con las manos heladas porque sujetaba la estatua por los hombros. Los brazos de la helada Emma estaban ligeramente abiertos y una expresión decidida había quedado congelada en su cara. Se acercó rápidamente y apartó a Blancanieves prácticamente sin darse cuenta de que la mujer estaba allí, cogió la cara de la sheriff con ambas manos casi sin notar el frio.
- ¿Qué ha pasado?
Pregunto buscando alguna chispa de vida en los ojos helados de Emma.
- Ha sido todo culpa mía.
Dijo una tercera voz, por supuesto la de Elsa que bajaba por las escaleras.
- Estaba intentando ayudarla, hacerla ver que ella podía controlarlo, que solo tenía…
- Yo quería que ella dejase de hablar, que se marchase y entonces…No era mi intención, Emma saltó a protegerla y…
- Fue ella quien se congeló.
Completó Regina la historia que había comenzado Mary Margaret y le había cortado Elsa. Emma y su complejo de Salvadora siempre poniéndola en peligro, cuando la descongelara pensaba dejar de hablarla para siempre.
- Lo que no entiendo es porque sigue congelada.
Apartó la mirada de Emma para mirar a Elsa con furia, la otra mujer bajó los ojos hacia el helado suelo.
- Yo no puedo hacerlo, lo he intentado. No puedo descongelarla igual que no pude descongelar a mi hermana.
Regina volvió a mirar a Emma, aunque ahora fue Mary Margaret quien la apartó a ella para estar cerca de su hija, mirándola con la desesperación en la cara. Regina no se opuso, entendía perfectamente que Elsa quisiera que Blancanieves cerrase la boca, por desgracia había sido Emma quien había pagad por ello. Recordaba que Henry había dicho algo sobre como Elsa podría descongelar a su hermana, se lo había contado el día que le encontraron en el bosque entre la nieve. ¿Qué era? Intentaba hacer memoria.
- ¿Recuerdas a mi hijo? Cuando vino a verte quería decirte una manera de descongelar a tu hermana ¿recuerdas cuál?
Elsa también intentó recordarlo, Mary Margaret las miraba a las dos casi con avidez, esperando la solución que a ella no se le ocurría.
- Si, el chico, me acuerdo de él. Decía…dijo…no lo rec… Amor, un acto de verdadero amor. ¡Eso es! Eso me dijo. Aunque no sé si tenía razón.
Regina miró una vez más la figura congelada de Emma sin saber si ella podría salvarla, no sabía así se atrevería a intentarlo, las posibilidades asustaban a esa parte de sí misma que se protegía de todo dolor. Además se suponía que el verdadero amor solo funcionaba si las dos personas lo sentían ¿no? ¿Y si su amor no era suficiente? ¿Y si Emma no sentía lo mismo? Por suerte para Regina contaba con la familia de la rubia para ahorrarle esa prueba de fuego. Mary Margaret se puso de puntillas para alcanzar la frente congelada de Emma. Las tres mujeres contuvieron el aliento a la espera de que la rubia empezase a descongelarse, pero no pasó nada, Emma seguía exactamente igual. Mary Margaret la besaba en las mejillas con lágrimas corriendo por las suyas y susurrando algo, sin que pasase nada.
- Deshaz la protección mágica de tu castillo.
Dijo de pronto Regina volviéndose hacia Elsa, la reina de hielo la miró sin comprender.
- Necesito salir de aquí y será más rápido si puedo usar magia.
- No sé nada de una protección mágica.
La morena no podía creerlo, no era posible que esa chica hubiese creado un castillo de hielo de la nada perfectamente protegido de cualquier magia ajena sin saberlo. Pero al parecer así era. Desde luego los poderes de Elsa eran algo digno de estudiarse, pero no en ese momento.
- Hay una protección mágica alrededor del palacio, concéntrate, visualízala, y quítala. Tú la has creado, tú puedes quitarla.
Instruyó Regina intentando sonar calmada para calmar también a Elsa, que asintió y cerró los ojos para concentrarse. La morena esperó tratando de disimular su tensión y notó claramente cuando la barrera calló, en ese mismo segundo desapareció en una de sus nubes de humo mágicas. Si Mary Margaret pensó que la había abandonado ese pensamiento le duró poco, porque unos minutos después volvió a aparecer con David y Henry.
- ¡Mamá!
Gritó el chico nada más ver la estatua de su rubia madre. Igual que había hecho Mary Margaret, David besó la frente de su hija con todo su amor de padre, pero igual que con su mujer no pasó nada. Henry estaba abrazado a la figura de hielo murmurando "despierta mamá, por favor, despierta mamá." Pero tampoco surtía efecto. Empezaban a desesperarse, Regina entre ellos. Si ni siquiera su familia creada del amor verdadero podía hacer nada contra esa maldición de hielo ¿Qué podría hacer ella que apenas recordaba cómo era amar de verdad? Volvió a desparecer del castillo de hielo en otro pase mágico.
- ¿Mamá?
Dijo Henry mirando hacia el espacio vacío donde había estado Regina, sin entender porque se iba en un momento en que necesitaban su magia con tanta urgencia.
- Olvídate de ella Henry, hay que descongelar a Emma.
David seguía mirando a su hija como si fuese a ver la respuesta reflejada en la superficie helada de sus mejillas.
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Regina volvió lo que pareció una eternidad después, llevando con ella nada más y nada menos que a Hook. El pirata se lanzó con desesperación hacia la estatua de la sheriff y los demás se apartaron para dejarle espacio. Regina se mantenía a una prudencial distancia, con la cara girada sin querer mirar la escena directamente. Hook colocó su mano tiernamente en la mejilla de Emma, completamente decidido a poner todos sus sentimientos en ese beso y presionó sus labios contra los otros más fríos.
El silencio casi se podía cortar mientras todos esperaban a que el beso del pirata funcionase, pero parecía que Emma se negaba a ser descongelada porque la capa de hielo que la cubría no se derritió ni un poquito.
- No lo entiendo… Vamos Swan.
Murmuró Hook besando a Emma de nuevo, y una tercera vez, con dolor en su expresión.
- Ella no está…
David no era capaz de terminar la frase, era impensable para todos que Emma estuviese muerta debajo de todo ese hielo.
- No, no lo está.
Dijo Regina perdiendo la paciencia. Mientras el pirata le daba otro beso a la congelada Emma, la morena le apartó sin miramientos de un empujón, volviendo a acunar las mejillas de Emma con las manos.
- Estás bien ¿me oyes? Estás bien. Respira, vamos. Abre los ojos. Vuelve. Estás bien, todo está bien, solo vuelve. Vamos. Abre los ojos, por favor. No me hagas esto, ahora no. Te quiero, idiota. No me hagas esto. Vuelve.
Nadie daba crédito a las palabras de la mujer que estaba en ese momento abrazada con fuerza a la estatua de hielo como si quisiese derretir ese maldito hielo a fuerza de calor corporal. Aunque la sorpresa fue aún mayor cuando empezó a deshacerse el hielo y Emma fue recuperando el color. Llevado por la emoción, quizá pensando que su beso había funcionado, ahora fue Hook quien apartó a Regina de la Salvadora. Emma parpadeó confundida cuando finalmente el hielo desapareció de su cara.
- ¿Hook?
