Pues al final me da para dos capítulos más jajaj si os soy sincera me da penita acabar este fic por eso he tardado tanto en actualizar, pero ya iba siendo hora no? xD Este cap es muy fluff, espero que os guste ^.^

Los personajes no me pertenecen. Gracias por la paciencia que me tenéis para las actualizaciones, por vuestros comentarios y por supuesto, por seguir leyendome :)!


Al coger aire Emma hizo una mueca, le dolía todo el cuerpo por la congelación, se tambaleó un poco y se agarró por reflejo a Hook, que la sujetó con mirada embelesada. Regina observaba desde atrás, aliviada de ver que la rubia parecía estar bien, pero deseando ser ella quien la sujetase y no el pirata. La repentina descongelación de Emma había distraído a todos de su confesión, pero sabía que más temprano que tarde llegaría a oídos de la rubia.

Emma se estabilizó sobre sus dos pies y se soltó del brazo de Hook, mirando por encima de su hombro a Regina con una sonrisa cansada.

- Creo que eres la única persona capaz de llamarme idiota sin que me sienta idiota.

Dijo la rubia caminando hacia ella con no mucha estabilidad. Regina la sujetó con una leve expresión de pánico porque hubiese escuchado sus palabras incluso estando congelada.

- Sera que no lo digo con la entonación correcta.

Respondió agarrando bien los brazos de Emma para que no cayese, la rubia rio sin fuerzas, no sabía que congelarse agotase tanto.

- Pero yo…el beso…

Dijo Hook mirando a Emma y a Regina como si de alguna manera hubiese sido engañado.

- No fue el beso.

Respondió Elsa acercándose a las dos mujeres, contenta al ver que Emma estaba bien.

- Solo un acto de amor verdadero podía descongelarla, no es lo mismo que un beso.

Explicó Henry corriendo hacia la rubia y abrazándose a su cintura, Emma siseó un poco de dolor devolviéndole el abrazo.

- Regina os trajo a todos para salvarla, incluso a ti. – Elsa señaló a Hook. – Prefería que tú fueses su verdadero amor a que se quedase congelada.

Regina bajó la vista algo sonrojada, siendo de repente el centro de atención.

- Puso las necesidades de Emma por delante de las suyas.

Terminó Elsa pensativa, ahora que sabía eso, que sabía del auténtico poder del verdadero amor, podía salvar a Anna si volvía a Arendelle.

- Y no creías que tu amor fuese suficiente ¿verdad?

Preguntó Emma a la morena negando un poco con una risita, Regina se encogió de hombros apartando a Henry de la rubia a quien le dolía todo el cuerpo.

- Necesitas descansar.

Dijo la reina en vez de responder, la rubia se apoyó en su hombro asintiendo con un cansado suspiro.

- Necesito entrar en calor, por suerte hay alguien que sabe cómo hacerlo.

Respondió Emma mirando a Regina con una sonrisa torcida. Mary Margaret abrió mucho los ojos como si acabase de adivinar lo que tenía la morena en casa para descongelar.

- Ve a la ciudad con ellos, hablaremos después de como devolverte a casa. Y no congeles nada. – Dijo Regina a Elsa. – Espéranos con tus abuelos.

Añadió a su hijo en un tono mucho más maternal, cogiéndole la barbilla con un dedo antes de desaparecer con Emma en una nube de humo morado sin dar tiempo a nadie para hablar.

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La rubia estaba tumbada de lado con el codo apoyado en el colchón y la cabeza en la mano mientras con la otra acariciaba el pelo de Regina a su lado. Desde luego habían conseguido hacerla entrar en calor lo suficiente para no necesitar ropa y ahora estaban las dos tumbadas perezosamente en la cama.

- ¿Era verdad lo que dijiste?

Preguntó Emma embelesada en la cara de la otra mujer, aunque estaba bastante segura de que lo había sido o no se habría descongelado, pero quería escuchar la confirmación ahora que no estaba cubierta de hielo.

- ¿Lo de idiota? Sí, pero puedo soportarlo.

Respondió la morena riendo, Emma le dio una palmada en la cabeza para mostrar su indignación, aunque perdía autoridad porque también se reía.

- Claro que era verdad.

Susurró Regina mirándose las manos, las mismas que cogió la rubia para besarle tiernamente los nudillos.

- Te negaste a descongelarte hasta que no te lo dije.

Añadió la morena con un falso tono de molestia.

- ¿Sabes? Recuerdo la magia de Elsa golpeándome y lo siguiente que escuché fueron tus palabras. No sé qué pasó entre medias, aunque tampoco me importa mucho.

Emma se inclinó y besó la frente de Regina, que aprovechó para atraparla en un abrazo y mantenerla tumbada sobre ella con la cara a escasos centímetros de la suya, mirando fijamente esos ojos verdes que parecían sonreírla.

- Si llego a saber que solo tenía que convertirme en cubito de hielo para que me llamases idiota de esa manera, le haría pedido a Elsa que lo hiciese antes.

Bromeó la rubia con una risita, pero Regina no rió, seguía mirándola con intensidad. Emma creyó ver una pequeña chispa de miedo, pero no le dio tiempo a asegurarse porque la morena puso una mano en su nuca y la besó fieramente. Hoy casi la había perdido y ese pensamiento aun le daba escalofríos, necesitaba sentir a Emma cerca, pegada a ella, quería quitarse de la memoria la imagen de su cuerpo convertido en estatua de hielo.

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Había algo profundamente satisfactorio en tener a Regina abrazada a su cintura, con la cabeza apoyada en su pecho, como si la reclamara como suya o como si nunca fuese a permitirle moverse de allí, y a Emma no le importaban ninguna de las dos cosas, acariciaba la espalda de la morena trazando círculos con la yema de los dedos y mirando por la ventana.

- Nadie diría que fuera está helando.

Dijo con una risita. Allí dentro no hacia ni pizca de frio, más bien al contrario.

- ¿Tu estas bien?

Pregunto Regina besándola el hombro.

- Perfectamente. Es más, ahora mismo me siento capaz de hacer cualquier cosa, como si pudiese mover montañas con las manos.

Rio la Salvadora pegándose más a la morena.

- Es verdad, ¿cómo no me dijiste que tenías tu magia otra vez?

Regina levantó la cabeza de su pecho para mirarla indignada por esa falta de información.

- ¡No me diste tiempo! Yo misma lo acababa de descubrir. Cuando me mandaste a casa lo único que quería era volver aquí lo más rápido posible, y de repente ¡puff! aparecí en tu entrada.

- No lo entiendo, ¿cómo…?

Emma la cortó mirándola con ceja alzada y una sonrisita de lujuriosa suficiencia. La respuesta a la pregunta que Regina no había termino de decir era más que obvia para ella.

- Oh, claro.

La morena volvió a apoyar la cabeza en el pecho de Emma.

- Te dije que no era ningún tipo de…compromiso, deuda, penitencia o lo que sea que pensaras.

Dijo la sheriff apoyando la cara en la coronilla de Regina, aspirando su olor con una placida sonrisa.

- Yo no…no quería volver a ser la segunda oportunidad de nadie.

Confesó la morena sin mirarla, incluso ahora que había admitido en voz alta lo que sentía y aun teniendo a Emma abrazada de esa manera, seguía teniendo cierta inseguridad.

- No eres mi segunda oportunidad, eres mi primera opción.

Regina rio un poquito por estas palabras.

- ¿Y si no te quisiera?

- Iría a por mi segunda opción.

- ¿Hook?

La morena no pudo evitar hacer una mueca al decirlo.

- No, tú. Eres también la tercera, y la cuarta… Eres mi única opción. O al menos la única opción que quiero tener.

Respondió Emma riendo y levantando la cara de Regina para poder besarla a sus anchas durante largos y placenteros minutos.

- Y eso lo habrías sabido antes si no me hubieses echado.

Añadió la rubia con una risita rozando la nariz de Regina con la suya.

- ¿Qué tienes pensado hacer con Elsa?

Preguntó a continuación volviendo a acomodar su cabeza en la almohada, no tenía ninguna prisa por moverse. Regina no respondió, la verdad era que aún no tenía ni idea de cómo devolverla a su hogar, dibujaba patrones sobre el estómago de Emma mientras pensaba.

- ¿Dices que te sientes capaz de cualquier cosa ahora mismo?

Preguntó cuándo una idea se le cruzó por la cabeza. Podía no funcionar, probablemente no funcionaria, no tenía mucha fe en ello, pero era lo único que se le ocurría en ese momento y no perdían nada por intentarlo.

- ¿Vas a hacerme mover montañas?

Bromeó Emma riendo.

- Todavía no. – Rio también Regina. – Solo estaba pensado…yo me siento igual, y quizá…

- ¿Podamos abrir tú y yo un portal?

Completó Emma que tampoco tenía mucha confianza en esa idea.

- Quizá. Combinando la magia de Elsa. Antes era imposible intentarlo porque no tenías tu magia, y ahora la controlas…más o menos…podríamos intentarlo.

- Pero creía que era imposible hacer eso.

Regina se encogió de hombros aun tumbada sobre la rubia.

- No sería la primera cosa imposible que hacemos cuando nos unimos.

Respondió levantando la cara para mirar a Emma, que le devolvió una sincera y genuina sonrisa.

- Intentémoslo entonces.

En ese momento la Salvadora se creía capaz de eso y más, sobre todo si se combinaba con Regina. La morena tenía razón, juntas ya habían hecho en el pasado cosas que se suponían imposibles.

- Por cierto. – Añadió mirando a la morena, no podía creerse que casi se le olvida decirlo. – Te quiero, idiota.