Deja que tu Campo Florezca
Leave Your Field to Flower
Escrito por: Emma Grant
Traducido por: PerlaNegra
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Parejas: Harry/Draco, Percy/Hermione
Resumen: Draco Malfoy es como los demás Sobrevivientes del desastre… excepto por uno llamado Harry Potter.
Género: Drama/Angst
Clasificación: R
Advertencias: Pre-DH, canon hasta HBP
Notas de la autora:
-Escrito para Lusiology como regalo en los hdholidays del verano del 2007.
-Los pasajes acerca de la brujería fueron tomados directamente de la entrada de Brujería de Wikipedia al 20 de mayo del 2007
-El título proviene de una línea de la canción "Magic to do" de la obra musical Pippin. Si conoces el musical, sabrás el porqué del título. ;-)
Nota de la traductora:
Traducido por petición de Azazel Black, dedicada con cariño para ella como agradecimiento por su fanart y haber adivinado ya-sabe-ella-qué :-)
Deja que tu Campo Florezca
La ventana estaba sucia. Décadas de mugre se aferraban a las esquinas de los cristales, suavemente rodeada por lugares donde ocasionalmente alguien hacía desganados esfuerzos por limpiar. Eso le daba a la escena de afuera una apariencia antigua, y era fácil fingir que lo que estaba mirando era una pintura, algún tipo de paisaje urbano. Los taxis pasaban una y otra vez por ese pedazo de vista, abajo por la calle, llevando sus pasajeros a destinos desconocidos… y muchísimo más emocionantes, seguramente. Un vagabundo estaba en el hueco de un pórtico, acomodado dentro de su raída bolsa de dormir y rodeado de periódicos cuidadosamente extendidos a su alrededor para resguardarlo del frío. Un par de adolescentes coloridamente vestidos pasaron caminando por ahí y lo miraron con curiosidad, pero no disminuyeron su velocidad.
Draco Malfoy apretó un lápiz entre sus dedos y entrecerró los ojos, dibujando un círculo en el aire alrededor del hombre de desgastado rostro. Sintió el impulso de hablar, pero su lengua no logró formular ninguna palabra. Se tragó su molestia y mantuvo el lápiz apuntado hacia la cara del hombre.
—Draco; ¿estás escuchándome?
Ignoró a Rosemary, concentrándose intensamente en la escena que tenía lugar debajo. El hombre no le era conocido, ni tampoco lo era el escenario, pero no podía escapar de la sensación de que debía hacer algo.
—¿Draco? Ya casi es hora.
—Lo sé —respondió, todavía sin voltear a verla. Si tan sólo lograra concentrarse, tal vez…
—Continúas sin haber respondido a mis preguntas.
Se volteó hacia ella con el ceño fruncido. —Ambos sabemos que no tengo respuestas para eso. Sin embargo, te empeñas en desperdiciar mi tiempo y el tuyo al preguntar lo mismo una y otra vez.
Ella sonrió y mantuvo sus ojos fijos en él. —No has estado haciendo los ejercicios.
—No funcionan. Y son aburridos. Estoy ocupado; ¿sabes? No tengo tiempo para ese tipo de mierda.
Rosemary apoyó la espalda en su silla, su expresión era tan condescendiente como siempre. —A veces creo que no quieres estar aquí.
—Qué perceptiva eres; ¿verdad? —Draco se giró de nuevo hacia la ventana.
—Sólo estoy tratando de ayudarte.
—Y el gobierno te paga muy bien por ello.
Una risa. —No tan bien como te lo imaginas, pero sí. Supongo que esto significa que hemos terminado por hoy. ¿Vas a ir al grupo de mañana en la noche?
—No —respondió Draco. Pero sí iría. Siempre iba. No tenía nada mejor qué hacer.
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Draco arrugó la frente… alguien había cambiado de lugar los libros de brujería y no se habían molestado en mencionárselo. Imaginaba quién podía haber sido.
La encontró sentada detrás del escritorio de información, con sus anteojos colocados justo en la punta de su nariz y su largo y crespo cabello torcido dentro de una trenza, con un lápiz metido en medio y sosteniéndola en su lugar. El lápiz era verde y tenía letras de color plata en relieve, con un borrador de color rosa brillante en una de sus puntas. Inclinó su cabeza para tratar de averiguar qué era lo que decía, pero solamente las letras SAB eran visibles. El resto de la palabra desaparecía entre su cabello.
—¿Necesitas algo?
Su escrutinio sobre el lápiz de ella lo había hecho olvidar qué era lo que iba a preguntarle. Apretó los labios y trató de concentrarse.
Hermione sonrió de una manera que le recordó desagradablemente a Rosemary. —Estuviste en Fantasía; ¿verdad?
Apartó los ojos en un intento de ocultar el sonrojo que cubrió sus mejillas. —Alguien quitó los libros de brujería de mi sección.
Hermione suspiró y giró su silla para encararlo. —Yo lo hice. No pertenecen a la ficción, Draco.
—Pero son sobre ficción.
—Bueno, supongo que lo son, por decirlo de alguna manera, pero pertenecen a la sección de la Nueva Era. Ahí es donde la gente espera encontrarlos.
—¿Y tenemos que satisfacer la estupidez de la gente?
Hermione le dio una dura mirada e hizo un gesto con la cabeza para indicarle que un cliente estaba cerca de ellos, examinando los libros de auto-ayuda. —Ese es el motivo, y es ahí donde los quiero tener.
Draco puso los ojos en blanco. —¿Por qué me pones a organizar esa sección si tú vas a pasar por encima de todas las decisiones que yo tome sobre lo que hay que poner ahí?
—Eso es lo único que he movido.
—El día de hoy. Y mañana será algo más. No aprecio el hecho de que tú revises cada pequeña cosa que yo hago.
—Ese es mi trabajo.
—¿Y cuál es el mío?
Hermione suspiró. —¿Fuiste con la consejera hoy?
—Ese no es asunto tuyo; ¿o sí?
—Siempre estás furioso después de ir con la consejera, y la tomas contra mí. Por lo tanto, sí es asunto mío.
Draco frunció el ceño. —No quiero hablar de eso contigo.
—De acuerdo. —Hermione se volteó hacia la pantalla de su computadora detrás de ella y comenzó a picotear el teclado.
Draco observó sus dedos moverse, maravillado ante su velocidad. Por alguna razón, él nunca había aprendido a usar un teclado y le tenía un miedo irracional a las computadoras. Lo cual seguramente era el motivo por el que ella había sido ascendida a asistente de gerente y él no. Los dos habían comenzado a trabajar en la librería al mismo tiempo, pero ella lo hacía mucho mejor.
—Pensé que no querías hablar de eso —dijo Hermione con los ojos enfocados en la pantalla que tenía delante.
Draco quitó un viejo pedazo de cinta adhesiva pegado a la superficie laminada de la ventanilla de información. —Eso no parece molestarte a ti. Ir con la consejera, quiero decir.
Hermione se alejó del teclado y se volteó para mirarlo otra vez. —¿Ya tuviste tu descanso de hoy? —Cuando él negó con la cabeza, ella le hizo un gesto hacia la cafetería de la librería. Draco la siguió.
Se sentaron con sus humeantes tazas en una mesa del rincón, junto a una ventana con vista hacia la pequeña calle llena de comercios e iluminada por el sol de la tarde. Draco observó cómo la crema se derretía lentamente en su café preparado al gusto, y no dijo nada hasta que se dio cuenta que ella no iba a ser la primera en hablar. Levantó los ojos y la descubrió mirándolo, con una paciente expresión en el rostro.
—Para ti es diferente —dijo al fin—. Tú tienes a tu familia.
Ella asintió. —Probablemente tienes razón. Yo no perdí a mis padres como tú perdiste a los tuyos. Tengo una conexión con la vida que tuve antes, a pesar de que... —Dejó de hablar e hizo una momentánea pausa antes de comenzar otra vez—. No puedo decir que entiendo lo que ha sido para ti y para los otros que también perdieron a sus familias. Así que supongo que eso hace que la experiencia de ir con la consejera sea más fácil para mí.
—Además, te encanta hablar.
Ella sonrió. —También a ti.
—Pero no así. No con Rosemary.
—¿Por qué no?
Draco se encogió de hombros. —Hay algo en ella… No lo sé. Es como si su sola existencia me molestara.
—¿Porque es mujer?
—No. Tú no me molestas. Bueno, no constantemente.
La sonrisa de Hermione se suavizó. —Bueno, yo soy como tú; ¿no? Soy una Superviviente, y ella no. No puede entenderlo.
Draco frunció el entrecejo. —Sí, pero es más que eso. Ella es… no puedo explicarlo.
—No tienes que hacerlo. Después de todo, yo no soy Rosemary.
Bebieron de sus cafés durante algunos minutos, ninguno de los dos parecía listo para regresar al trabajo. Draco luchó por pensar en algo qué decir para romper el silencio.
—¿Quieres hacer algo hoy en la noche?
Hermione sonrió radiante. —Tengo una cita.
Draco levantó su taza hasta sus labios y no dijo nada. Sabía que lo de Hermione y Percy iba en serio, y no estaba en sus planes interferir en eso. Resentía perder a su amiga, pero no era como si estuviera interesado en tomar el lugar de Percy.
Hermione dio un vistazo hacia el mostrador de la cafetería. —¿Por qué no le preguntas a Alberto si quiere hacer algo esta noche contigo?
Draco miró hacia donde un llamativo joven estaba limpiando la máquina del café. El chico sonrió ampliamente cuando se dio cuenta que Draco lo estaba viendo, pero Draco miró para otro lado.
—No me interesa.
—Casi nunca sales con nadie, Draco. Me preocupas.
—No estoy listo para nada de eso.
Hermione se inclinó hacia delante y sonrió. —Sólo llévalo a casa y fóllatelo. No tiene que ser nada más, lo sabes.
Draco la miró furioso. —¿Quieres bajar la voz?. ¡Merlín!
Ella arqueó una ceja pero no dejó de sonreír. —¿Merlín? Has estado pasando demasiado tiempo en Fantasía. Debería reasignarte a la sección Gay y Lesbiana.
Draco rodó los ojos. —Soy feliz en la sección de Fantasía. Creo que antes yo debí haber sido algún tipo de fanático. De ésos que sabían lo que significaban todos los niveles de Calabozos y Dragones.
—Quizá sí. —Ella empujó su silla hacia atrás y se puso de pie para juntar la basura que quedaba en la mesa—. ¿Vas a ir mañana en la noche al grupo?
Draco clavó la mirada en su taza casi vacía. —No lo he decidido.
Hermione se rió. —Lo cual quiere decir que te veré ahí.
Él la observó irse, sintiéndose un poco desconcertado por su alegría. Usualmente la gente alegre lo molestaba, pero en esa ocasión se trataba de una relativa novedad en ella, así que supuso que era algo bueno. Por lo menos, para ella.
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Se quedó de pie frente a la Clínica St. Mary durante casi cinco minutos antes de que Neville apareciera y le diera un golpecito en el hombro.
—¿Tuviste una buena semana? —preguntó Neville mientras arrastraba a Draco hacia la puerta.
—No —respondió Draco.
—Yo tampoco.
Atravesaron el corredor en incómodo silencio. Draco nunca se había sentido muy a gusto cerca de Neville, y nunca había estado seguro de porqué. De muchas maneras Neville no era tan diferente a él mismo; también había perdido a toda su familia.
Doblaron a la izquierda al final del corredor y luego a la derecha para entrar a un salón lleno de sillas plegables. Había aproximadamente unas diez personas pululando por ahí, todos eran rostros familiares, todos de la edad de Draco. Todos Supervivientes.
Cruzó el salón para llegar hasta donde un larguirucho pelirrojo estaba riéndose con otro chico. Draco sonrió y sintió que era la primera vez que lo hacía en días.
—Fred, Seamus. ¿Qué hay?
Ellos voltearon hacia él y se dieron las manos en forma de saludo. Draco tenía el presentimiento de que alguna vez ellos habían sido grandes amigos, un trío inseparable. Probablemente habían sido los bromistas de su escuela, de ésos que les daban a los profesores todo tipo de problemas.
—Estábamos empezando a creer que no ibas a presentarte esta noche —dijo Seamus.
—Casi no lo hago —respondió Draco, rodando los ojos para darle más efecto—. Odio esta mierda.
—Apuesto cinco libras a que esta linda noche tú finalmente escupirás tus más oscuros secretos —dijo Fred con un guiño—. Si no lo haces, me invitarás una pinta.
—Te la pagaré en cuanto termine esto —respondió Draco, volteándose para echar un vistazo alrededor. Casi todos estaban ahí… Vince y Colin hablaban en voz baja al otro lado del círculo, Luna miraba fijamente hacia la nada y acariciaba su cada vez más hinchado vientre, Neville observaba los movimientos de las manos de ella con algo que era más que anhelo, Hermione y Percy se reían tontamente el uno con el otro.
—Ugh, miren a mi hermano —dijo Fred—. Asqueroso.
Draco bufó. —Al menos ustedes no tienen que escuchar a Hermione hablar sin parar de lo maravilloso que es él.
—A este paso, lo haré. Están… Oigan; ¿quién es ése?
Se voltearon para mirar a un joven que estaba parado en la puerta, luciendo como si no pudiera decidirse a entrar o salir de ahí. Parecía tener la edad de todos ellos, pero Draco no recordaba haberlo visto antes. Vestía completamente de negro, lo cual resaltaba su rostro pálido y atormentado. Hasta su cabello era negro: le caía sobre los ojos y lo traía largo hasta los hombros, de una manera que sugería que le importaba el cuidado de su apariencia y al mismo tiempo, no. Usaba anteojos de montura delgada, pero el rasgo más impactante eran sus brillantes ojos verdes, los cuales estaban revisando la habitación recelosamente. Apretaba los labios hasta formar una delgada línea y parecía como si quisiera estar en cualquier otro sitio menos ahí.
A Draco se le secó la boca y se descubrió a él mismo mirando fijamente a ese hombre, completamente embelesado. No podía recordar haberlo visto antes, pero de alguna manera estaba seguro de que lo había hecho. Había algo familiar en el modo en el que estaba parado, en sus ojos que parecían agujerear el aire, en el modo que apretaba las mandíbulas.
—¿Es ésta su lengua, señor? —bromeó Seamus, buscando entre los zapatos de Draco—. ¿Quiere que le ayude a levantarla?
Draco se encogió de la vergüenza. —Vete a la mierda. No es cierto.
—Sí lo es —dijo Fred, sonriendo travieso—. ¿Voy a averiguar quién es?. ¿Le pregunto si le gustaría un rápido magreo en el rincón antes de que Rosemary llegue?
—¿Quieren callarse? —espetó Draco, tratando de no sonrojarse. Se arriesgó a echar otro vistazo hacia la puerta, y estuvo horrorizado al descubrir que el hombre lo estaba mirando a él con una intensa expresión en la cara—. Vean, ahora ya lo han espantado.
—No lo sé —dijo Seamus—. No parece ser del tipo de los que se espantan fácilmente.
Rosemary entró al salón antes de que los amigos de Draco pudieran seguir burlándose de él. Colocó una mano sobre el hombro del nuevo y lo dirigió hasta una silla, y luego se sentó junto a él. Todos tomaron eso como una indicación para sentarse.
Aquello estuvo en silencio durante un momento. Rosemary miró alrededor del círculo como si mentalmente pasara lista, y luego sonrió. —Antes de empezar, estoy segura de que habrán notado que esta noche tenemos un nuevo miembro en el grupo. ¿Alguien lo reconoce?
Draco miró alrededor de la habitación para ver las inexpresivas caras de todos. Hasta Hermione estaba mirando al recién llegado con curiosidad.
Rosemary se volteó hacia el hombre, quien se había desplomado en su silla y estaba mirando resueltamente hacia el piso que tenía frente a los pies. —¿Por qué no te presentas tú mismo?
Hubo un largo e incómodo silencio durante el cual el hombre no hizo sonido ni movimiento alguno. Draco tuvo que morderse las mejillas para evitar sonreír.
La sonrisa de Rosemary no decayó mientras miraba a todos los demás. —Él es Harry, y se unirá a nuestras reuniones semanales. También es un Superviviente. Nos hablará de eso cuando esté listo. —Sonrió y esperó un momento más, como si Harry pudiera cambiar de parecer—. Muy bien. ¿Quién tiene hoy algo que compartir?
Hubo silencio durante un par de segundos, y entonces Hermione levantó la mano.
—Puedes empezar a hablar y ya —dijo Rosemary, como siempre decía cuando Hermione levantaba la mano—. No hay necesidad de pedir permiso.
Las mejillas de Hermione se tiñeron un poco de rosa. —Estaba pensando… bueno, deberé proveerles un poco de contexto. Draco y yo estábamos hablando ayer… —le dio a Draco una rápida mirada como pidiendo disculpas—… y se me ocurrió que podía haber una diferencia entre las maneras en que nos sentimos los que tenemos familia y los que se han quedado solos.
—Ya hemos hablado de eso —dijo Neville con un dejo de molestia en su normalmente tímida voz—. ¿De qué serviría traerlo a cuento otra vez?
Hermione parecía sorprendida de que su sugerencia fuera criticada tan rápidamente. —Sí, hemos hablado de eso de vez en cuando, pero realmente no hemos comparado las diferentes maneras en que estamos lidiando con todo. Podría ser de ayuda.
Rosemary asintió ante eso, pero no dijo nada. Miró alrededor del círculo, esperando que alguien más hablara.
Fred soltó un bufido. —¿Diferente en qué sentido?. ¿Algo como tú visitando a tu mami y a tu papi los domingos, mientras que Percy y yo nos quedamos sentados preguntándonos en dónde estarán enterrados los nuestros?
—No me refería a eso. —Hermione se encogió un poco en su lugar.
—Creo que ya entiendo —dijo Percy mientras la tomaba de la mano—. Después de que aquello sucediera, yo no tenía a nadie. Fred y yo ni siquiera recordábamos que éramos hermanos, y ciertamente no teníamos a nadie a quién recurrir. Había sólo un gran hueco en nuestras vidas, y nadie que ayudara a llenarlo.
—Alrededor de la rosa, un ramillete de flores —cantó Luna en voz baja, todavía acariciándose el estómago con las manos.
—En cambio, yo desperté con mis padres ahí para contarme lo que había ocurrido —dijo Hermione, ignorando resueltamente a Luna—. Me explicaron todo acerca de la explosión en la escuela, y de cómo casi todos habían muerto.
—¿Te explicaron porqué ellos no estaban ahí?
Todos se voltearon a mirar a Vince, asombrados de que hubiera hablado. Hasta Hermione, ansiosa como estaba de tener esa conversación, pareció quedarse desconcertada. —¿Disculpa?
Vince hizo un ruido de asco. —¿Por qué tus padres no estaban ahí el día de la explosión como los míos? Tienes un hogar al cual regresar; ¿no? Tienes dos padres que te muestran fotos de tu vida y te dicen quién eras antes de que ese día borrara todo, y eso te da la esperanza de poner en orden tu vida de nuevo. No como el resto de nosotros.
Hermione arrugó la frente y se le quedó mirando fijamente a Vince. —Eso es exactamente lo que quiero decir. Y a todos nos amontonaron en esta terapia de grupo simplemente porque somos supervivientes, a pesar de los recursos que hemos tenido para reconstruir nuestras vidas. Yo sólo… no creo que esté bien.
Draco nunca había hablado en esas sesiones de grupo y la mayor parte de las noches sólo ponía atención a medias, pero ése era el primer comentario sensato que escuchaba en meses. Esperó para ver quién más contribuía, echando un vistazo alrededor. Sus ojos se detuvieron en Harry, quien estaba mirando a Draco con una intensidad que era casi palpable. Draco tragó saliva, pero se encontró con que no podía quitarle la vista de encima.
—Ella tiene razón —dijo una chica llamada Romilda—. Ninguno de nosotros recuerda nada de nuestras vidas anteriores al desastre, y meternos a todos juntos en la misma habitación una vez a la semana para lamentarnos de cómo no recordamos, no ha ayudado a cambiar eso. Aquello sucedió hace casi un año, y nunca volverá a ser lo mismo. Entre más pronto lo aceptemos, más pronto podremos seguir con nuestras vidas.
—Pero a mí me gusta venir aquí —dijo Neville, luciendo avergonzado—. Las otras personas no entienden lo que es ser un Superviviente. Es un alivio estar junto a las personas que sí lo son, aun si es sólo por un rato.
—¡Cof!. ¡Cof!. ¡Cof! Y no queda ninguno —cantaba Luna. Todos se quedaron en silencio durante un momento.
—Podríamos encontrarnos en un pub cada jueves y sería la misma cosa —bromeó Seamus y todos se rieron.
—Los exhorto a que se reúnan más seguido —dijo Rosemary, sonriendo en su usual manera condescendiente—. Pero tener este tiempo para expresar sus sentimientos es crítico para todos ustedes, les guste o no estar aquí. ¿Draco?
Draco alejó sus ojos de los de Harry y se volteó hacia ella.
—¿Tienes algo que agregar?
Se encogió en su silla y frunció el ceño. —No.
—Escucha, Draco, realmente necesitas abrirte a…
—Dije que no —gruñó Draco y sintió una conocida furia crecer en su interior. Sucedió antes de que pudiera evitarlo… la silla vacía que estaba a su lado comenzó a sacudirse. Cerró los ojos y trató de ignorarlo. Rosemary simplemente desestimaría eso de todas maneras, pensando que Draco había pateado la silla de pura frustración. Pero él no la había pateado.
Cosas extrañas pasaban cuando cualquiera de ellos se enojaba, pero nunca hablaban de eso. Incluso ahora, todos miraban fijamente hacia el suelo, fingiendo que no lo habían visto. Draco abrió los ojos y fulminó a Rosemary con la mirada, retándola a que dijera algo. Pero ella sólo le sonrió inexpresiva durante un momento antes de dirigirse hacia Luna.
Draco frunció el ceño y apartó la vista. Harry continuaba observándolo, y Draco vio que una de las comisuras de sus labios se torcía hacia arriba, apenas ligeramente.
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El pub estaba lleno para tratarse de una noche de miércoles, pero consiguieron encontrar una mesa en un rincón. Seamus y Fred se dirigieron hacia la barra para comprar pintas para todos, y Neville se sentó torpemente a un lado de Draco.
—¿Harry te pareció conocido?
Draco negó con la cabeza. —¿A ti?
—No, pero… —Neville hizo una pausa, arrugando el entrecejo—. Quiero decir, sí me lo pareció, pero tal vez sólo fue porque sabía que debía conocerlo. Pero ustedes dos estuvieron observándose el uno al otro como si se reconocieran. Creí que tal vez…
—¡La cerveza está aquí! —gritó Fred, desparramando las pintas encima de la mesa—. Seamus ya trae las que faltan.
—Gracias a Dios —dijo Draco y le dio varios tragos largos a la pinta más cercana—. Realmente necesitaba esto hoy.
—Me sigues debiendo una —dijo Fred, acomodándose en la silla que estaba junto a él—. Todavía creo que debiste haber invitado a Harry a venir con nosotros esta noche.
Draco negó con la cabeza. —Tiene algo que me asusta. No dejaba de mirarme todo el tiempo.
—Eso fue algo mutuo, por lo que yo observé —dijo Seamus, llegando con dos pintas más—. No sabía que había otros Supervivientes por ahí. ¿De donde saldría?
—Del ala de psiquiatría —dijo Neville, y todos se giraron a verlo—. No, en serio. Escuché a Rosemary hablando de eso con el doctor Stevens.
—¿Ha estado en el hospital desde que ocurrió el desastre? —preguntó Draco.
Neville tomó un sorbo de su pinta y asintió. —Aparentemente lo acaban de soltar hace apenas un par de semanas. Estaba completamente loco. Pensaba que recordaba lo que había pasado antes del desastre, pero todo eran puras tonterías. Lo tuvieron que mantener drogado durante meses, y aún así no se callaba. Escuché a Rosemary decir que creían que le podría hacer bien reunirse con los otros Supervivientes por un rato.
Se quedaron en silencio durante un momento, y Draco imaginó que seguramente todos estaban pensando lo mismo... ¿Qué era lo que Harry recordaba?
—Ah, casi lo olvido —dijo Neville, hurgando dentro de la bolsa de piel que siempre cargaba a todos lados—. Miré esto en una tienda y me acordé de ti, Draco. —Le pasó un pequeño paquete lleno de lápices, todos de diferente color.
Coleccionar lápices se había convertido en un tipo de obsesión, y todos lo bromeaban por eso. Había algo en la manera en que se sentían en su mano que conseguía calmarlo cuando estaba enojado. Cuando tenía un lápiz en la mano, las cosas extrañas no ocurrían. No tenía idea de porqué. —Gracias, Neville.
—Qué fácil de complacer eres —dijo Seamus, moviendo la cabeza en un gesto negativo.
Draco sonrió. —Al menos es un pasatiempo económico.
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Ya era tarde cuando Draco dejó el pub y caminó de regreso al diminuto apartamento que había alquilado hacía un par de meses. Estaba invadido de cucarachas y de gente indeseable, pero era mejor que la casa de rehabilitación en la que había estado desde que salió del hospital. Tenía su privacidad, y eso significaba mucho para él. Había sido muy incómodo tener que vivir con otros hombres, especialmente porque era el único Superviviente que era gay. Los demás no lo trataban diferente a causa de eso, pero él siempre estaba consciente de que los hacía sentir incómodos.
Se preguntó cómo había sido eso en la escuela. ¿Habría salido del armario, o se ocultaba de todos?. ¿Había tenido algún novio?. ¿Sus padres lo habían aceptado?
Ni siquiera conocía el nombre de sus padres, por supuesto. Los Supervivientes cuyos padres no habían muerto parecían tener documentos, pero el resto de ellos no. Era como si de repente hubieran empezado a existir el día que despertaron en el hospital. Draco conocía su propio nombre solamente porque lo habían encontrado vistiendo una camisa con una pequeña etiqueta bordada que decía: "PROPIEDAD DE DRACO MALFOY". Algunos días se preguntaba si aquella camisa realmente había sido de él después de todo.
Se detuvo ante el pequeño pórtico y se buscó entre los bolsillos la llave de la puerta principal del edificio, mientras estaba al pendiente de los drogadictos que deambulaban el vecindario en busca de víctimas fáciles. Una vez casi le habían robado todo su dinero, pero de alguna manera se había encontrado él mismo al otro lado de la puerta de su edificio, sin tener idea de cómo había llegado hasta ahí.
—Draco.
Draco se espantó y se giró. Era Harry, el del grupo, y parecía haberse materializado de la nada ante él.
Nota de Traducción: Lo que Luna canta son versos de una ronda infantil de Mamá Ganso
Este fic es un oneshot largo que dividí en tres partes. Espero que les haya gustado esta primera y esperen la segunda, que publicaré muy pronto. Gracias por leer y comentar!
Muchos besos.
