Deja que tu Campo Florezca

Leave Your Field to Flower

Escrito por: Emma Grant

Traducido por: PerlaNegra

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Segunda Parte

—¿Harry, verdad? Hola. —Draco dio un paso hacia atrás, hacia la puerta del edificio, preguntándose si podría abrirla de espaldas en caso de que Harry se pusiera peligroso.

—Perdona si te asusté. He estado esperando desde que terminó la reunión del grupo. Luna me dijo dónde vivías.

—¿Luna sabe dónde vivo?

Harry parpadeó. —Aparentemente. Al menos estaba más que contenta de decírmelo.

Se quedaron mirándose el uno al otro durante un momento.

—¿Y qué era lo que querías? —preguntó Draco—. Es tarde. Tengo que trabajar mañana.

—Quería hablar contigo. ¿Puedo pasar?

Draco no pensaba invitar a un completo extraño a su apartamento, Superviviente o no, pero tenía que admitir que sentía mucha curiosidad. —Hay una cafetería que abre hasta tarde, al otro lado de la esquina.

Emprendieron camino hacia allá en completo silencio, ordenaron café y se sentaron en una mesa del rincón. Harry vació un paquete de azúcar en su café, frunciendo el ceño mientras lo hacía, y no dijo nada por varios minutos. Cuando finalmente levantó la mirada, la expresión en su cara era la misma que había tenido anteriormente en el grupo: intensa y casi hostil.

—¿Vamos a hablar o sólo nos miraremos el uno al otro con enojo? —espetó Draco—. No tengo toda la maldita noche.

La expresión de Harry se suavizó. —Disculpa. Es la costumbre, supongo. Sólo quería saber si tú me recuerdas.

Draco puso los ojos en blanco. —Por supuesto que no te recuerdo. Ninguno de nosotros recuerda nada. Es por eso que estamos en esta situación.

—Yo te recuerdo —dijo Harry.

Draco rodó los ojos. —Eso no es cierto. Es imposible.

—Tu nombre es Draco Malfoy. Tus padres eran Lucius y Narcisa Malfoy, y eras su único hijo. Vivías en una mansión enorme con sirvientes y retratos de tus antepasados, y eras un auténtico desgraciado. Tu padre era un cabrón, por cierto.

Draco sintió una oleada de molestia. —¿Por qué debería creerte algo de eso? Seguramente lo estás inventando. Además, escuché que estabas loco.

—Eres gay —dijo Harry—. Tu primer beso fue con un chico llamado Blaise Zabini cuando estábamos en quinto año, y él se lo contó a todo el mundo. Lo negaste durante un tiempo, pero era demasiado obvio para los que te conocíamos.

—Todos saben que soy gay. Eso no prueba nada.

—Tienes varias cicatrices en el pecho.

Draco sintió que empalidecía. —¿Cómo sabes eso?

—Yo te las hice. Y casi te maté, por cierto.

—Alguien debió haberte dicho lo de mis cicatrices. —Varios trabajadores del hospital habían visto su pecho desnudo, aunque él había intentado mantenerlo oculto lo más que le fue posible—. Por otro lado, no tiene sentido que tú seas el único que recuerda todo acerca del desastre. ¿Qué te hace diferente a cualquiera de nosotros?

—Que fui yo el que lo causé —dijo Harry, mirando hacia su café—. Fue culpa mía que eso pasara, y fui maldecido para ser el único que recordara lo que sucedió antes, lo que éramos.

—Completamente demente y con complejo de mártir, por si fuera poco. ¿Qué quieres decir con lo que éramos?

Harry levantó la vista otra vez y pareció pensarlo. Draco estaba jodidamente curioso por escuchar lo que supuestamente recordaba, fuera una locura o no. Al menos, tendría una historia que contarles a Fred y Seamus.

—Lo que pasó esta noche en el grupo, con la silla… ¿te sucede muy a menudo?

Draco entrecerró los ojos. —¿A ti te sucede?

—Sí. ¿Quieres ver?

Draco asintió, y Harry echó un vistazo alrededor de la vacía cafetería para asegurarse de que nadie estuviera viendo. Levantó una mano, con la palma hacia arriba, y su taza de café se elevó de la mesa y se depositó suavemente sobre su mano.

Draco parpadeó, seguro de que se había perdido de algo. —¿Qué fue eso, algún tipo de truco de magia?

Harry bufó. —Oh, por amor a Merlín. Escoge otra cosa, y te lo mostraré de nuevo.

Draco señaló la cuchara que estaba junto a su taza de café, y Harry levantó la mano. La cuchara voló hasta él.

Draco frunció el ceño. —Es sólo un truco. No significa nada.

—¿No? —preguntó Harry. Extendió su mano, y donde había estado la cuchara, ahora estaba un lápiz de color verde.

Draco lo tomó y lo giró. Escrito con letra plateada, decía "PROPIEDAD DE DRACO MALFOY". Lo observó fijamente, sin saber qué decir.

—Somos magos, Draco. Tú naciste en una antigua familia de magos, y fuiste a la escuela Hogwarts cuando cumpliste once. Igual que todos nosotros.

Draco negó con la cabeza y dejó el lápiz en la mesa. —Estás loco. No existe tal cosa como la magia o los magos.

—¿Entonces cómo le llamas a esto? —preguntó Harry, apuntando hacia el lápiz. Éste empezó a girar encima de la mesa, lentamente al principio, luego cada vez más rápido hasta que Draco se preocupó de que llamara la atención. De un manazo lo sostuvo contra la mesa, y la sensación de sus dedos aferrándolo mandó una descarga de energía a través de su cuerpo.

—¿Cómo haces eso? —preguntó, dándole vueltas al lápiz sobre su mano.

—Sólo lo hago. Igual que tú.

Draco negó con la cabeza. —Yo no puedo hacerlo. He… nunca he hecho nada más que mover cosas por accidente.

—Cuándo estás furioso o asustado; ¿verdad?

Draco lo observó de nuevo. No podía creer que estuviera sosteniendo esa conversación.

—La taza —dijo Harry—. Imagina la taza en tu mano. Concéntrate.

Draco le dirigió una incrédula mirada, pero Harry sólo estaba esperando. Draco puso los ojos en blanco y levantó la mano, pensando en la taza, imaginándola volando por los aires directo a su palma. En cierto modo eso hubiera sido guay sino fuera una completa tontería. Sus dedos apretaron el lápiz.

Y entonces, estaba cargando la taza, como si momentáneamente hubiese perdido la consciencia, levantado la taza y vuelto en sí. La dejó caer sobre la mesa de la sorpresa.

—Oh, Dios.

—¿Ves? —dijo Harry con un toque de emoción en la voz—. Todavía lo puedes hacer. Todos podemos, si recordamos.

—¡Yo no quiero recordar nada! Magia, locura o lo que sea, mató a mis padres; ¿no? Mató a los padres de todos. Somos los únicos Supervivientes. ¿Qué importa eso ahora?

—Tu padre se revolcaría en su tumba si te escuchara hablar así. Podrá haber sido un cabrón, pero estaba orgulloso de ser un mago. Al igual que tú.

Draco sacudió la cabeza en un gesto negativo. —Estás chalado, eso es todo. Me voy en este instante. —Se puso de pie y se dirigió a la puerta.

—¡Espera! —Harry estaba justo detrás de él, y lo siguió camino abajo por la calle.

—Ya no te escucharé más —exclamó Draco, caminando a grandes pasos por la acera.

—Te conozco, Draco —jadeó Harry mientras corría para alcanzarlo—. Te conozco desde hace diez años. No puedo creer que te conformes con vivir como un muggle común.

—¡No soy un muggle! —gruñó Draco, y entonces se detuvo y se giró hacia Harry—. ¿Qué coño es un muggle?

—Prefieres estar con los Supervivientes; ¿verdad? —dijo Harry, tomándolo del brazo y jalándolo más cerca de él—. No te gusta relacionarte con nadie más que no sea como tú. Preferirías pasarte una tarde completa con Neville Longbottom, que tener una cita candente con el chico lindo de la cafetería donde trabajas.

Draco se lo quitó de encima y dio un paso hacia atrás. —¿Qué coño?. ¿Has estado espiándome?

—Sí —respondió Harry, sonando bastante desesperado—. Durante varios días. Eres el único que yo pensaba que podías recordar.

—Déjame en paz —escupió Draco, empujándolo y buscando torpemente por sus llaves—. Llamaré a la policía.

Se dirigió a la entrada, pero Harry estaba justo detrás de él.

—Por favor, escúchame —pidió Harry, agarrándolo del brazo de nuevo. Draco experimentó una extraña sensación aplastante, y de pronto estaban los dos de pie al otro lado de la puerta, mirándose el uno al otro.

—¿Qué fue lo que hiciste? —preguntó Draco con voz temblorosa.

—Yo no lo hice —respondió Harry, suavizando su expresión—. Fuiste tú. —Dio un par de pasos hacia atrás y se pasó una mano por el cabello—. Siento haberte asustado. Es que he estado solo en esto por casi un año. Nadie me cree. Nadie más recuerda. ¿Puedes imaginar lo que es eso?

Draco no pudo pensar en nada qué decir para responder eso. Negó con la cabeza.

—Ya me voy. Pasaré mañana por la librería, en caso de que quieras hablar conmigo un poco más. Sólo piénsalo, por favor. —Abrió la puerta que daba a la calle y salió por ella, dejando a Draco solo en la entrada.

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Las prácticas y creencias que han sido denominadas como "brujería" no constituyen una sola religión identificable, gracias a que se encuentran en una amplia variedad de culturas, tanto en el presente como en la historia; sin embargo esas creencias generalmente sí involucran elementos religiosos repartidos entre espíritus o deidades, la vida después de la muerte, magia y rituales. La brujería está generalmente caracterizada por el uso de la magia. En el siglo XX han surgido prácticas modernas que se hacen llamar por sus mismos practicantes como "brujería", y pueden ser ampliamente subsumidas bajo el título del Neopaganismo. No obstante, como las formas de Neopaganismo pueden ser muy diferentes y tener orígenes mucho muy variados, estas representaciones pueden variar considerablemente a pesar de compartir nombre.

Draco frunció el ceño ante la página. Nada de eso tenía sentido, y nada le sonaba remotamente familiar. Todos los libros que había encontrado decían más o menos lo mismo, enfocándose en la historia y en las culturas tradicionales. Ninguno decía si la brujería era real o no.

Adelantó varias páginas.

Seguramente la característica más obvia de una bruja es la habilidad para conjurar un hechizo, siendo "hechizo" la palabra usada para indicar el significado empleado para lograr una acción mágica. Un hechizo podía consistir en una serie de palabras, una fórmula o un verso, una acción ritual o una combinación de éstos.

Esa mañana había tratado de levitar su taza de café, un tenedor, su tostada y el cepillo de dientes, pero no pudo hacer más que se movieran un poco. No tenía idea porqué había funcionado con la taza de café de la noche anterior, o qué era lo que había hecho diferente. No había dicho un hechizo ni nada. Por supuesto, en ese entonces había estado con Harry… así que tal vez Harry había sido el que lo hizo todo, engañando a Draco para que creyera que él también había podido hacer magia.

Cerró el libro de un golpe y lo regresó al estante. Eso era una locura. Entonces Harry podía mover cosas con la mente. Seguramente esa no era una habilidad tan poco común. Y no lo convertía en un mago, ni en ninguna tontería de esas.

Se embutió las manos en los bolsillos y encontró el lápiz que Harry le había dado la noche anterior. Lo sacó y lo observó durante un momento, y entonces, el lápiz levitó por encima de su mano. Lo miró flotar ahí, y no estaba seguro de qué pensar.

—¿Draco?

Atrapó el lápiz en el aire y se volteó para descubrir a Harry parado detrás de él. Lo miró con enojo para disfrazar su sorpresa. —No te esperaba tan temprano.

Harry se encogió de hombros. —No quiero interrumpirte. Sólo pasé para ver si deseabas seguir hablando conmigo.

Draco había pasado una buena parte de la noche preguntándose qué le diría a Harry si éste realmente se presentaba de nuevo por ahí, tratando de convencerse de que le diría que se fuera a la mierda y olvidara todas esas tonterías. Pero entonces, recordaba la manera en que Harry lo había acercado a él en el calor de la discusión, y eso lo hacía pensar cosas completamente distintas.

Se sonrojó y apartó la vista. —Salgo hasta dentro de un par de horas.

—Puedo esperar.

—No tienes que…

—Draco; ¿te importaría…? —La cabeza de Hermione apareció al otro lado de la esquina, pero se interrumpió cuando vio a Harry—. Ah. Hola.

Harry volteó hacia ella y la expresión de su cara cambió completamente. —Hermione. ¿Cómo estás? —Parecía como si deseara caminar hasta ella y tocarla, pero no se atreviera.

Hermione lucía sorprendida. —Sabes mi nombre.

—Por supuesto que lo sé —respondió Harry, pero pareció contenerse de decir más. Sólo le sonrió.

Ella se giró hacia Draco, arqueando una ceja. —¿Estoy interrumpiendo algo?

Draco le dirigió una molesta mirada. —No.

—Sólo estaba tratando de hablar con Draco para invitarlo a almorzar —dijo Harry.

—Ya veo —dijo ella, y le sonrió a Draco—. Hoy está un poco lento, así que; ¿por qué no te tomas temprano tu hora de almuerzo? —Draco le dio una dolorida mirada, pero ella lo ignoró—. Tómate el tiempo que gustes. Te cubriré si regresas tarde.

—No tienes que hacer eso —dijo Draco, pero ella agitó una mano a manera de despedida y se alejó, caminando con lo que definitivamente era un alegre contoneo. Draco meneó la cabeza—. ¿Te das cuenta que ella piensa que esto es una cita?

Harry estaba mirando fijamente el punto donde ella había desaparecido. —Está bien para mí si lo está para ti. Y a todo esto; ¿cómo está ella?

Draco se encogió de hombros. —Bien, supongo. Mejor que la mayoría de nosotros. Tiene novio; ¿sabes? —Observó la cara de Harry en espera de una reacción, pero él sólo sonrió.

—Me da gusto. Se merece ser feliz. Entonces... ¿listo para irnos?

Caminaron por la calle con rumbo a una pequeña cafetería, y no volvieron a decir palabra hasta que estuvieron sentados con sus bebidas frente a ellos.

—¿Ustedes dos eran pareja? —preguntó Draco al fin.

—¿Te refieres a Hermione? —Harry se rió—. No. Ella era como una hermana para mí. Era una amiga grandiosa. —Un velo pareció cubrir su rostro, y se quedó viendo fijamente a la mesa.

—Me imagino que debió haber sido difícil ser el único que recuerda —dijo Draco, aunque continuaba creyendo que lo que Harry "recordaba" eran patrañas. Se quedaron sentados en silencio durante un momento más, y Draco empezó a preguntarse porqué Harry había querido invitarlo a almorzar en primer lugar—. Anoche dijiste que pensabas que yo también podría recordar. ¿Por qué?

—Porque tú estabas ahí cuando ocurrió. Tú y yo fuimos los únicos que sobrevivimos ahí, así que creí… bueno, eso ya no importa.

—¿Quieres dejar de hablar en código?. ¿Ahí dónde?. ¿Qué fue exactamente lo que pasó?

Harry suspiró. —Es una larga historia, y no estoy seguro de que vayas a entender mucho de ella.

—No soy un completo idiota; ¿sabes?

—No es por eso. Es que no tienes un contexto de lo que sucedió, y no estoy seguro de cómo explicarlo para que no parezca un completo disparate.

Draco se acomodó en su silla. —Haz la prueba.

Y así, Harry empezó a hablar. Le contó a Draco acerca de un mundo en el que ambos habían vivido, uno que era completamente diferente a ese en casi todos los sentidos. Le contó a Draco acerca de la escuela a la que habían ido, de cómo habían tomado clases para conjurar hechizos, para hacer pociones, y para trabajar con plantas y animales exóticos. Habló acerca de un mago malvado que había tratado de controlar aquel mundo, y de la profecía que había afirmado que Harry sería el único que lo derrotaría. Pero había una maldición de la que Harry no tenía conocimiento hasta que fue demasiado tarde, una que borraba las memorias de todos los magos que sobrevivieran la muerte del mago malvado… todos menos el mismo Harry. Y así, ese mundo sería destruido de todas formas, y no había nada que Harry pudiera hacer al respecto.

—Por lo que todo fue mi obra, como verás —dijo, e hizo una pausa mientras el camarero ponía sus emparedados en la mesa—. Y no sé si se pueda hacer algo para revertirlo.

Draco mordió su emparedado, masticó durante un momento y tragó. —Estás consciente de que todo esto suena completamente loco; ¿verdad?

Harry sonrió. —Sí, lo sé.

—Quiero decir, es un engaño terriblemente conveniente. Estás tan estresado por la pérdida de tu memoria que inventaste esta ilusión tan extravagante e increíblemente detallada, en la cual tú eres el héroe de la historia, el bueno que pelea contra el malo. Ah, y la maldición es perfecta, porque explica porqué eres el único que recuerda.

La sonrisa de Harry decayó un poco. —No me crees; ¿verdad?

Draco hizo una pausa para tomar un trago de su bebida. —Me gustaría creerlo, ciertamente. Suena mucho mejor que la versión oficial, donde dicen que hubo una explosión de gas en nuestra escuela de internado durante un fin de semana familiar, y donde la mayoría de los alumnos y padres de familia murieron.

—¿Y tú crees que eso fue lo que realmente pasó?

—Por supuesto. Hubo testigos que nos encontraron tirados e inconscientes, y que vieron la escuela reducida a escombros.

Harry entrecerró los ojos. —¿Y por qué ninguno de los Supervivientes tiene quemaduras debido a la explosión? Todos están perfectamente bien, excepto porque de repente sufrieron un caso masivo de amnesia.

—Supongo que todos los que sufrieron quemaduras, murieron.

—Eso no tiene sentido. Debió haber habido un número de personas que sobrevivieran aún con heridas. ¿Y por qué tus padres murieron y tú no? Si era un fin de semana familiar; ¿no habrías estado con ellos?

Draco frunció el ceño. —¿Rosemary te instó a que hicieras esto? Ella siempre está tratando de hacerme hablar de todas estas cosas.

—No seas ridículo. —Harry empezó a cortar su emparedado en pequeñas piezas—. La única razón por la que me dejaron salir del hospital fue porque dejé de intentar hablarles acerca de esto. ¿Por qué me querrían diciéndoles esto a los demás Supervivientes?

Draco picó su comida durante un momento, su apetito había desaparecido desde hacía rato. Había algunos huecos en la explicación oficial del desastre que siempre le habían molestado, pero nunca había pensado mucho sobre eso. Hacía tiempo que había decidido que el pasado no importaba, que conocer la historia completa no cambiaba nada. Suspiró. —De acuerdo, está bien. Dices que yo estaba ahí cuando pasó. ¿Estaba ayudándote?

—No. No me estabas ayudando.

—¿Éramos amigos?

Harry lo miró a los ojos. —No.

—¿Nos conocíamos al menos?

—Sí. Lo que pasó fue que… nunca nos llevamos bien y… —Harry apretó los labios—. No estábamos peleando en el mismo bando.

Draco sintió un extraño retortijón en el estómago. —¿Estás diciendo que yo trabajaba para el malo? —Harry asintió—. No puedes esperar que yo me crea eso.

—Te dije que sería difícil de explicar…

—No, lo que me acabas de contar es la increíble historia de cómo tú desencadenaste el desastre al tratar de salvar el mundo, y luego me sueltas el hecho de que yo fui una de las personas de las que tú estabas tratando de salvarlo. ¿Qué esperas que haga?

—Que me ayudes a arreglarlo —respondió Harry con tono suplicante.

Draco empujó su plato y se paró. —¡Es completamente ridículo! No voy a perder más tiempo escuchando estas estupideces. —Arrojó algunas libras sobre la mesa y salió de ahí, empujando la puerta de la cafetería tan fuerte que las bisagras chillaron.

Miró por encima de su hombro varias veces en su camino de regreso a la librería, pero Harry no estaba siguiéndolo.

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—Draco¿qué estás mirando?

Draco ignoró a Rosemary y continuó observando hacia afuera de la ventana, al vagabundo que aparentemente había decidido hacer del pórtico su hogar. Su desgreñado cabello era de color claro y lo traía completamente enmarañado. Draco se preguntó porqué simplemente no se lo cortaba y ya. Cuando él había despertado en el hospital tenía el cabello largo hasta los hombros, y lo primero que había hecho al salir de ahí fue cortárselo.

—¿Vas a hablarme de algo hoy?

Draco negó con la cabeza. No había dicho ni una sola palabra desde que había llegado, y no tenía nada que decirle a Rosemary ni a nadie más. Lo que fuera que hubiese sucedido en el pasado no importaba ya. De todas maneras, lo más seguro era que no valía la pena recordarlo.

—Hermione me dijo que habías pasado un poco de tiempo con Harry. Ella cree que ustedes dos están saliendo. ¿Es verdad?

Draco frunció el ceño y miró a través de la ventana otra vez. Tenía varios días sin ver a Harry, y no le importaba. Harry sufría de delirios, y no era bueno para Draco pasar su tiempo con alguien así. Aun si era extremadamente atractivo.

Rosemary esperó varios minutos, y entonces suspiró. —Si no vas a cooperar, estas citas no tienen sentido. No tienes que venir si no quieres hacerlo.

Draco soltó un bufido. Odiaba ese "programa de tratamiento" en que lo habían alistado, pero no podía dejarlo por diversas razones. Por mucho que quisiera dejar el pasado atrás y seguir adelante con su vida, no parecía poder conectarse con ella.

—Entonces supongo que es todo por hoy —dijo Rosemary. Se puso de pie y caminó hacia la puerta—. Espero verte en el grupo de mañana en la noche.

Draco se quedó parado y mirando por la ventana un par de minutos más, observando al vagabundo de afuera. No tenía nada mejor qué hacer.


Gracias por leer :-)