guiónes.- Dialogo
Cursiba: pensamientos
(n/a): Notas la autora, yio :p
.-.-.-. : cambio de escena
-..-..- : Cambio de dia xD

Aclaración: Inuyasha no me pertenece, ni ninguno de los personajes de ese fantastico anime T.T solo usurpo su hermosura xD

--Mi locura--

Las sombras del sol comenzaban a aparecer sobre las amplias planicies del viñedo, un nuevo día había terminado. Los recolectores emprendían el abandono de su tarea diaria, exhaustos de la labor. Con los canastillos rebosantes, comenzaron a caminar hacia el costado de la ascienda, donde se encontraba la bodega de roble.

Con paso lento, fueron entrando de uno en uno.

Una majestuosa figura se veía en el horizonte, cabalgando con los últimos rayos de la tarde. Su contorno altivo se distinguía a lo lejos, rodeando sus pertenencias.

Una mujer tropezó y cayó al verlo pasar junto a ella.

- ten mas cuidado…-le reprendió la tosca voz desde lo alto.

- d-disculpe, no volverá a pasar.- susurro temerosa, bajando la vista.

- más te vale.- sentenció sin siquiera mirarla.

Inuyasha se encontraba orgulloso sobre Yukai, viendo por un costado con sus ambarinos orbes como se levantada torpemente la joven. Nadie se atrevía a ayudarle, todos le temían al hombre sobre el corcel.

- volved a trabajar!.- gritó a quienes se habían quedado a su alrededor, admirando la escena.

La respuesta fue rápida, en menos de diez minutos ya no quedaba nadie en los alrededores. Todos habían partido a sus hogares, a las afuera del amplio territorio Tashio.

- inútiles.-escupió con rabia. Tomó fuertemente las riendas de Yukai, jalándolas levemente a la izquierda. El caballo solo dio un relinchido en respuesta, galopando con gracia a las caballerizas.

Las puertas se abrieron en un santiamén al verlo acercarse. Inuyasha ni les prestó atención a los hombres tras ella, apartándose de su paso.

El olor a heno inundó sus pulmones.

Con su suave pero grácil trote Yukai lo llevó hasta el final del cobertizo, sin orden alguna se detuvo junto a una puertecilla.

- buen chico…- susurró Inuyasha desmontando de un ligero salto. Terminó de quitarle las riendas, dejándolas colgadas a un costado.- hasta mañana…- dijo dándole una palmada de despedida en la cabeza, recibiendo como respuesta un leve relinchido. Sonrió de medio lado.

Se apartó sin más del animal. Con la vista alta, pasó nuevamente junto a esos hombres, que ni sabía cuales eran sus nombres.

Miró sobre su hombro al llegar a la puerta. Ahí estaba, mirando con sus oscuros ojos, comenzando a mezclarse con las penumbras de la apartada esquina, despidiéndose silenciosamente de él, como cada tarde.

El chirrido de la madera cerrándose fue lo último que escuchó.

Sin siquiera elevar la vista hacia el negro cielo, recubierto de un claro manto de estrellas, se encamino hacia la ascienda. No necesitaba mirarlas para saber que se encontraba ahí, su presencia le molestaban. Cuanto tiempo desperdiciado en su niñez admirando los luceros de la noche. Soñando despierto.

- patrañas…- exclamó subiendo de dos en dos los escalones.

La ascienda denotaba un gran deterioro, con el pasar de los años no había recibido ni el mas mínimo de atención, la pintura que alguna vez lucia con gracia y esplendor, ya no había ni rastro de ella. Las tormentas no tuvieron compasión con la gran casa, la dañaron completamente, dejando a la vista los maderos. Parecía que en cualquier momento se venia abajo.

- señor, es hora de cenar.- la voz cansada de Hitomi llegó a sus oídos al entrar.

- no tengo apetito.- dijo sin vacilar en la brusquedad de sus palabras.- tengo trabajo.- le dio una escasa mirada antes de desaparecer tras la puerta de su oficina.

- como diga, procuraré que nadie le moleste.- indicó casi en un susurro, aun sabiendo que ya no era escuchada.

- otra vez no quiso comer?, pero quien se cree ese hombre!.- exclamó furiosa Tae la cocinera, al ver entrar a la anciana a la cocina.- por dios mujer cambia esa cara…no te preocupes, el señor está bien.- apuntó dejando de lado la cacerola, apartándola del fogón.

- lo siento…no me hagas caso, son cosas de la edad.- se excusó tratando de forzar una sonrisa.- es solo qu…- una fuerte tos no la dejo terminar de hablar. Colocó su arrugada palma derecha sobre su boca, tratando de apaciguar el brusco malestar.

- madre!, no estas bien…por que no descansas?.- gritó asustada Tae acercándose rápidamente, sujetándola del brazo para que no cayera.

La tos no cedía.

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

Inuyasha golpeo fuertemente con su puño el escritorio repleto de papeles, todos esparcidos de forma desordenada.

Demonios. Las cifras no coincidían.

- es estúpido!.- gritó lleno de cólera, afirmando sus codos sobre la superficie, sin importarle arrugar en su paso algunos documentos.- que haré?!.-

Hacía bastante tiempo que se había visto hasta el cuello con deudas, no había pedido préstamos por que sería de pasar de un problema a otro peor. Todo lo llevaba a pagar.

De los años que llevaba al mando, éste no era el primero en que no sabía que hacer, así que de alguna manera tenía que arreglárselas.

Miró nuevamente las cifras que estaban frente a sus ojos, prácticamente escritas con sangre.
Volvió a maldecid por lo bajo.

A quien engañaba?, era bastante dinero…

Para cubrir todo eso tendría que dejar sin pago a todos los recolectores, además de vender una parcela competa…No, ni siquiera con eso alcanzaba. Ni vender su alma le servía.

- qué haré…qué haré?.- se repetía una y otra vez, dándose leves masajes en la sien.

Si no pagaba, tendría que hipotecar el viñedo. No trabajó tantos años para sacarlo adelante luego de la muerte de su padre, para que unos patanes se lo arrebataran.

Tenía que haber alguna forma de poder cubrir las deudas y quedarse con la viña.

Si tan solo tuviese el testamento. Quizás nada de esto estaría pasando…

La herencia de su madre hacía más de ocho años que se le había agotado, luego de los trámites del divorcio, esa entupida de Kikyo se había quedado con más de la mitad del dinero.

En un principió no le importó, solo eran unos par de millones, aun le quedaban mas…Que error había sido eso.

Dentro de una semana cumpliría los treinta, y si no se daba prisa, los pasaría en la ruina total.

El pueblo dependía directamente de la fortuna del viñedo, si este caía, el pueblo se derrumbaba con el.

Debía pensar en algo, todo estaba en sus manos. No podía llamar a la familia por parte de su padre para pedirles dinero. Prefería el claro desastre antes de verse obligado a humillarse de esa forma ante quienes lo abandonaron tras la muerte de Inu Tashio. Aunque no haber querido ir al funeral, no lo había ayudado mucho para ganarse el afecto de ellos. Cómo podía, si el hombre lo había dejado abandonado a su suerte?, sabiendo que sin el testamento tenía muy pocas posibilidades de mantener el orgullo de los Tashio.

Pero ese no fue el único motivo por el cual no asistió a la ceremonia. Él en ese momento tenía que lidiar con un mal peor. El abandono de Kikyo.

- perra…- rió con desagrado al recordarla. Luego de haberle informado que se quedaba sin fortuna. Había quedado destrozada, le exigía que le dijera de qué iban a vivir, como pensaba mantenerla?. No podía creerlo. En total estado de shock escuchó todas sus excusas, Miroku estaba habitación contigua, inevitablemente oyéndolos. Para el final de la noche, se encontraba ebrio, tirado sobre el sofá. Adolorido, angustiado. Se sentía utilizado.

Kikyo no apareció a los días siguientes. Un mes después llegó junto a un abogado, para tramitar el divorcio…

Dos años había durado todo el papeleo.

Se juró a si mismo, no volver a caer nuevamente en las trampas de una mujer, y así lo había hecho. Nunca mas se comprometió, mujeres iban y venían en su vida, solo como un pasatiempo más.

- concéntrate…piensa en algo.- se exigía apartando de su mente recuerdos innecesarios.

Miró nuevamente el documente frente a él.

- malditos números!.- gruñó arrugando el papel, arrojándolo con rencor hacia la puerta. La cual se abrió sonoramente.

- s-señor!...- gritó apenas sin voz Tae.

- que es lo que pasa mujer?!, por que vienes tan agitada?.- preguntó sin quitarle la vista de encima.

- Es Hitomi…no respira.-dijo recuperando el aire perdido por la carrera.

Retrocedió asustada al ver como Inuyasha se ponía rápidamente de pie y la encaraba.

- dime donde está!.- exigió tomándola bruscamente por los hombros.- donde!.- repitió al no obtener respuesta.

- e-en la sala…-susurró apesadumbrada.

En un par de segundos estuvo en la entrada del amplio salón, quedando paralizado al instante.

Hitomi se encontraba pálida recostada sobre el sofá de tela ocre que se localizaba en un costado, sus dos manos sobre su estomago.

Su blanco cabello cayendo como una cascada, casi tocando el suelo.

Junto a ella se encontraba un hombre, que sinceramente en estos momentos no reconocía.

- señor Tashio, oh…Inuyasha.-

Escucho su nombre salir de la boca de ese extraño sujeto, obligándolo a despertar de su trance.

- Doctor Soske.- le reconoció al momento de vislumbrar su rostro entrado en edad acercándose a el, con el semblante serio.

- lo siento pequeño, pero yo no puedo hacer nada más aquí.- le dijo inclinando la cabeza.

En el rostro de Inuyasha no se vio ningún sentimiento reflejado, sus facciones estaban duras.

- entiendo, gracias de todas formas.- susurró apretando la mandíbula ante la manera tan familiar que aun lo llamaba el medico.

Hacía años que no lo veía, desde que era un niño. La última vez fue cuando tenía ocho años y se fracturó un brazo. Producto de una discusión con su padre.

- entonces me retiro…- dijo tomando su sombrero del perchero.- sabes que estoy en el pueblo para cualquier cosa, Tae sabe como comunicarse conmigo.- informó antes de desaparecer.

- solo esto me faltaba.- gimió molesto al escuchar la puerta cerrarse.- un maldito funeral…genial.- gritó enfadado mirando con rencor a la mujer que por años estuvo a su lado.- dabas menos problemas viva.- le dijo antes de encerrarse nuevamente en su oficina.

-..-..-..-..-..-..-..-..-..-..-..-..-..-..-

Al día siguiente se le anunció a todos del fallecimiento de Hitomi. Fue un duelo silencioso, todos aquellos que estaban familiarizados emocionalmente con la anciana, acordaron vistieres de negro.

La mujer se encontraba dentro de amplio ataúd, de contextura lisa. Su rostro sereno se admiraba desde la pequeña portezuela de vidrio.

El llanto reinaba en la habitación, los pequeños hijos de los recolectores se encontraba jugando fuera de la ascienda, mientras sus padres compartían un ultimo momento con la difunta. Todos le tenían un especial cariño, ella siempre se encontraba con una gran sonrisa, a la orden de todos.

Inuyasha se hallaba encerrado en su oficina, bebiendo su quinta copa de Whisky.

- un día totalmente perdido.- gruñó dejando con un sonoro golpe la copa sobre el escritorio.

Se levantó bruscamente, salió de ahí tomando su sombrero.

Abrió la puerta y arrugó la nariz al recibir inevitablemente el aroma a flores. Pasó por entre el salón, sin tomar en cuenta a nadie.

De manera automática luego de abandonar la mansión se dirigió hacía su derecha, donde había una silla de mimbre. Se dejó caer en ella, como si el mundo estuviese sobre sus hombros. Y era exactamente así como se sentía.

Dentro de un par de semanas tenía que contabilizar el dinero de la cosecha del mes, y de acuerdo a eso pagarle a los vendimiadores.

-debería descontarles el día de hoy.- refunfuñó acomodándose con una mano el sombrero sobre los ojos.

La risa de los pequeños jugando entre los arbustos, fue opacada por el ruido de un motor.

Sonrió de medio lado al reconocer el sonido, Hacía tiempo que había aprendido cual era el sonido de la camioneta de Miroku.

- oye!.- lo escuchó gritar luego de unos minutos, juntó a él.

- no molestes…-exclamó ocultándose mejor tras su sombrero. Colocó sus brazos tras su nuca, acomodándose.

- en esa posición pareces vaquero, bastante holgazán diría yo…- señaló divertido Miroku cruzándose de brazos.

- qué es lo que quieres ahora…tus visitas siempre me traen problemas.- se quejó inclinando la cabeza, dejando notar una porción de sus ojos, solo lo necesario para ver al hombre junto a el.

Miroku vestía unos vaqueros gastados, juntos con una camisa negra a cuadros, unas botas de cuero, bastantes sucias. Su cabellos azabache, ligeramente más largo que la última vez, amarrado en una pequeña coleta en la parte baja de su cuello. En sus ojos azules se notaba el nerviosismo.

- bueno, no es para tanto…aunque hoy no estoy tan seguro.- rió dándole un ligero golpe en la espalda. Botándole el sombrero.

Inuyasha levantó una ceja, interrogante.

- sé que la ultima vez no fue muy agradable, pero creo que está podría ser distinta…eso espero.- susurro esto ultimó, por lo cual Inuyasha no lo oyó.

- es muy serio?.- preguntó inclinándose lo suficiente para levantar con una mano el sombrero del suelo, para luego ponerse de pie.

Miroku muy a su pesar asintió.

- sabes que tengo suficiente con todo esto.- le señaló los alrededores con un movimiento de brazo.

- hablé con los socios, y dicen que si las cosas siguen así, quitaran su respaldo…les debes mucho dinero, no creo que sigan dándote ayuda sabiendo que no tienes aun para pagarles.- miró el rostro enojado de Inuyasha.- tienes que hipotecar…-

- no, nunca.- se revolvió el cabello, molesto.

Tenía que haber otra solución, si hipotecaba, de todas formas no tendría manera de recuperar la viña luego, se quedaría sin un solo centavo para cubrir la tarifa mensual que le pondría el banco. Y no solo eso, si no que también no tendría como pagarle a todas las personas que estaban trabajando tan duro para llevar alimento a sus hogares.

- tendrás que arriesgarte, sé que no te conviene…pero que mas podemos hacer?. Si quieres puedo ayudarte con un porcentaje del primer pago.- se ofreció afirmándose en la pared tras el, mirándolo de forma seria.

- no Miroku, suficiente ayuda he tenido de tu parte. Esto tengo que arreglarlo por mi mismo.- susurró encogiéndose de hombros, intentando réstale importancia al asunto, lo cual era imposible.

- deberías dejar la arrogancia de lado…oye, por qué no hay nadie trabajando?.-

- a la vieja se le ocurrió morir, imagina tú donde están ahora.- dijo descendiendo por los escalones, sentándose en el ultimo.

- quién?, Hitomi?!...- gritó sorprendido.- pero que le ocurrió?.-

- nada importante…ahora me dirigía a buscar al párroco.- suspiró mirando los campos vacíos.- luego hacer los tramites…dios!, como si no tuviese nada mas de que preocuparme.-

- esa mujer siempre estuvo a tu lado, es lo mínimo que puedes hacer…-dijo sentándose junto a Inuyasha.

- ahora no me está ayudando en lo mas mínimo.-bufó en respuesta.

Miroku miró con pesar la rectitud en el rostro de su amigo. Tantos años de dolor en su niñez y más luego de la traición de Kikyo le habían devuelto la frialdad, que ni siquiera tras la muerta de la anciana, en su rostro se mostraba tristeza. Suspiro, ganándose inevitablemente la intención de Inuyasha.

- hay algo mas cierto?.-

- si…sabes, en el pueblo han aparecido un par de rumores que me tienen preocupado.- sacó de entre sus pantalones las llaves de su camioneta. Comenzó a jugar con ellas.

- no me digas…creo saber de que me hablas.- suspiró tomando una piedra del suelo.

- crees que sea verdad?, que enserio ella haya regresado…-

- Kikyo odiaba todo esto, veo difícil que después de tantos años vuelva…- exclamó lanzando con rabia la roca un par de metros, rozando la camioneta de Miroku.

- dios Inuyasha, no hagas eso, mi aseguradora no cubre choque de rocas voladoras.- gritó llevándose una mano al corazón con dramatismo, obteniendo únicamente una mueca por parte de su amigo.- entonces no estas preocupado de que sea ella?.- preguntó dejando el tono divertido de lado.

Miroku elevo el rostro para ver mejor las facciones de Inuyasha mientras este se ponía de pie.

- realmente no, sería tonto que me alterara por oír que llega una forastera con sus características.- se sacudió el resto de polvo de sus pantalones.

- tienes razón…e-este hay un favor que quiero pedirte.- dijo levantándose nervioso.

- y ahora qué…-suspiró cansado, imaginando de alguna manera lo que se venía.

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

- solo sería por un corto periodo…- pidió persiguiéndolo entre las caballerizas.

- es que no te cansas!, dije que no…- gritó dando zancadas hacia Yukai, enojado de la persecución de su primo.

-vamos, no puedes ser así…solo unas semanitas nada mas.- rogó tratando de no tropezar.

Yukai ya se encontraba ensillado, así que de un ágil movimiento lo montó. Enredó las riendas en su muñeca derecha.

-es que no piensas dejarme tranquilo?.- gruñó enojado al ver aparecer unos segundos después a Miroku montando a Shiro, el hermano de Yukai. La contextura fuerte de este caballo era igual de notoria, la única forma de diferenciarlos era que el corcel de Inuyasha tenía en la parte de atrás de su lomo, una extraña marca blanca, en forma de tres garras.

- qué me dices, aceptas?- preguntó incitando al caballo a seguir al de su amigo.

- si llego a aceptar, me dejarías tranquilo?.-le dijo comenzando el galope, saliendo del establo.

Juntos comenzaron a rodear las lejanías del viñedo, apartándose más y más de la ascienda.

Recorrieron gran parte del amplio terreno. En silencio calculó cuanto tiempo mas podría seguir igual, después de todo…por cada esquina sentía que era una perdida de tiempo y energía seguir preocupándose, pero no se traicionaría a si mismo, se había prometido salir adelante…y así seguiría.

- si llegas antes que yo a la casa te quedas-gritó Inuyasha tomando más fuerte las riendas, girando de un solo movimiento, aumentando la velocidad.

- eso es trampa!.- elevó la voz al verse con clara desventaja.

Al acercarse mas a la ascienda, pudo ver como una camioneta negra entraba por la senda junto al viñedo, dejando una gran nube de polvo en su andar.

Extrañado, comenzó a disminuir la velocidad, golpeando levemente la cabeza del animal.

- o-oye…a-así no se vale.- exclamó agotado Miroku al alcanzarlo, como si el hubiese corrido.

Por qué se le hacia extrañamente familiar ese vehículo?.

- Sango!.- escuchó el grito emocionado de su amigo junto a él.

Inuyasha suspiro agobiado. Más problemas.

- Sangito…no tuviste dificultades en llegar?.- preguntó preocupado Miroku abriéndole la puerta de la camioneta. En que momento había llegado tan rápido allí?. Inuyasha miro a su costado, donde hacía un par de segundos se encontraba su amigo, solo quedaba el caballo.

Del vehículo descendió una bella mujer. Su cabello castaño amarrado en una larga trenza, que caía libremente sobre su pecho.

- por dios Miroku!, estoy embarazada, no invalida…apártate.- gruño enojada con una mano sobre su abultado vientre de cuatro meses.

Era increíble como las hormonas trasformaban a una amable y alegre mujer de un momento a otro en una más temperamental y con poca paciencia.

- Como estás sango?.- preguntó Inuyasha acercándose a la pareja, jalando las riendas de Yukai y Shiro con una mano.

- bien…y tu?, como te va con el viñedo?, esta igual de hermoso que la ultima vez que lo vi.- sonrió olvidándose de su mal humor.

- no preguntes querida, lo vas a enojar.- le dijo Miroku cerrando con el cuerpo la puerta trasera de la camioneta, sosteniendo en sus brazos a un pequeño igual que él.

Sango y Miroku tenía ya seis años de casados, la misma edad que su primogenitito, el que yacía entre los brazos de su padre, durmiendo.

La boda había sido sencilla, aquí en el viñedo; con los hermosos colores de la primavera adornando la alegría de la pareja. Era increíble como tantos años de insistencia por parte de Miroku habían dado resultando a la hora de conquistar a la joven mujer.

Inuyasha siempre molestaba a su primo diciéndole que Sango se había terminando casando con el por aburrimiento que por otra cosa.

Pero viéndolos ahora era difícil creer eso. A la espera de su segundo hijo, se les notaba mas enamorados el uno del otro.

- Inuyasha nos ha invitado a quedarnos una temporada.- rió sujetando mejor al pequeño en sus brazos.

- si…- bufó entregándole las riendas de los animales a uno de los capataces que pasaba por ahí. Dándole un par de órdenes.

- y como esta Hitomi?, es extraño que no aya salido a recibirnos.- consultó comenzando a caminar, junto a Inuyasha.

- Murió- dijo simplemente, dejando a mitad de camino a la mujer.

- pero co…-

- mas tarde te lo contaré…- le cortó de manera brusca.

Sango cerró automáticamente la boca, con el seño fruncido siguió a su esposo y a Inu, hacia dentro de la casona.

Cuando pasaron por el salón, este se encontraba solitario. Ni rastros de flores en el suelo.

De seguro se encontraban todos en la capilla del pueblo. Intuyendo de que en el lapso de tiempo que no estuvo, el párroco había llegado a llevarse a la anciana. Y con ella se fueron los trabajadores.

- Tae!...-gritó llamándola, la mujer apareció un par de segundos después.- prepara dos habitaciones…-ordenó.

- si señor, por aquí…- indicó el camino, siendo seguida por una enojada sango que no dejaba de mirar de mala manera a su anfitrión, hasta el ultimo momento de desaparecer en lo alto de la escalera.

Miroku se reunió con el en la oficina, luego de dejar al pequeño Kohaku en su habitación. Se sentó con pereza en un apartado sofá, junto a un amplio librero.

- tenemos que hablar…- exclamó de manera sería, mirando los ambarinos ojos de Inuyasha.

- lo sé…- susurró saliendo de detrás del escritorio, para sentarse junto a Miroku.

-..-..-..-..-..-..-..-..-..-..-..-..-..-..-

Al dia después de que Miroku le dijera lo que tanto tiempo había esperado, no se sentía tan bien como quería.

Debería estar feliz de saber que la mujer con el testamento había aparecido, y que llegaría en cualquier momento donde él. Librándolo de mas de algún problema en los que estaba metido.

Pero?, y si todo salía mal?...después de todo no tenía como saber lo que estaba escrito en el.

Suspiró cansado, galopando sobre Yukai.

No sacaba nada con preocuparse ahora, tenía cosas mejores que hacer.

Miró como sango se encontraba meciéndose en la silla de mimbre del cobertizo, aparentemente adormilada.

- No te alejes mucho!.- le gritó Miroku a su hijo saliendo de la ascienda, trayendo consigo una manta, con la cubrió con delicadeza el cuerpo de su esposa.

Kohaku corría y jugaba junto a los hijos de los recolectores.

- me acaba de llamar Bankotsu, dice que llegara en cinco días para leer el testamento.- le dijo a Inuyasha cuando esté desmontó del corcel.

- así que por eso están aquí…-

-si, el abogado nos llamó unos días antes, avisándonos que debíamos estar presentes para la lectura del documento.- explicó acercándose a su primo.- aunque parece que no somos lo únicos…-

- ella también lo estará.- terminó por el, suspirando.

Qué debía pensar, su padre había dejado riquezas en manos de una extraña. Sería ella su amante?. Siempre se preguntó lo mismo, que papel debería haber ocupado esa mujer para que se le confiara algo tan valioso.

No recordaba haberlo visto en compañía femenina luego de la muerte de su madre. Siempre pensó que por honor al amor que le tenía, quizás nunca fue así…y todas las veces que Inu Tashio desaparecía, los pasaba junto a ella.

- no creo que ella trabaje para ti.-le escuchó comentar, sacándolo de sus pensamientos.

- de que hablas?.-

- allí…- le señaló con la mano.

Extrañado, siguió con la mirada la dirección que le señalaba Miroku. Los Rayos de la tarde, le dieron directo en los ojos, obligándolo a entrecerrarlos.

Una Joven venía caminando a tropezones hacia ellos. A pesar de la clara distancia que aun los separaba, Inuyasha se sorprendió al ver con nitidez su esbelta figura.

Vio como su cabello bailaba con el viento. No advirtió que lo tenía todo revuelto y desordenado, quedando la antigua liga que lo amarraba, en alguna parte de su cabellera. Vio su rostro, de facciones finas; Compuesto por unos labios carnosos y carmesí. Sus mejillas ruborizadas, contrastando con su blanca piel. Y su par de ojos pardos con un toque verde, resguardados por unas espesas pestañas.

- Inuyasha?...oye…- lo llamó Miroku sin obtener respuesta. Agito una mano frente a sus ojos, pero ni así respondió. Su amigo no le quitaba la vista de encima a la joven. Hasta parecía que ya no respiraba.

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

- oh genial!, es que no podían dejarme mas lejos…- se quejó Kagome entrando en el recinto de los Tashio.

Le estaba agradecido el señor que la había ayudado a llegar, trayéndola en su camioneta desde el pueblo. Sin el lo mas probable es que aun estaría perdida.

Suspiró marchando con mas velocidad por el camino de tierra hacia la ascienda, que gracias a dios estaba cada vez mas cerca.

Lo que decían en el pueblo era verdad, esto era hermoso. Al verse rodeada por los arbustos, llenos de frutos parecía un sueño.

Los recolectores tan sumergidos estaban en su labor que ni cuenta se daban de la extraña mujer que pasaba junto a ellos.

- lo que me faltaba!.- gritó enojada cuando se quedo sin el soporte de su tacón derecho, al tropezar con una piedra.

- a quien se le ocurre ponerse estas cosas para el campo…tonta!- se reprendió inclinándose para sacarse los zapatos, quedando descalza.

Se enderezó. Inhalo y exhalo un par de veces, y continuó caminando.

Mientras mas se acercaba a la gran casa, pudo ver como unos niños correteaban divertidos un pequeño animalito, que aun no reconocía.

Mas atrás se hallaban dos sujetos…Mirándola.

- vamos Kagome, camina…no te pongas nerviosa, es normal…-se repetía, pero era imposible no ponerse nerviosa, luego de comprobar que el hombre con la mirada ámbar no le quitaba los ojos de encima.

- es guapo.- susurró para si misma, mientras sus mejillas inevitablemente se teñían de rosa.

Aunque aun se encontraba lejos, pudo comprobar su alto porte. Su holgada camisa azulada, desabotonada, dejando a la vista su macizo y bien bronceado torso, cubierto por una amplia capa de vello rizado, el cual seguía hasta desaparecer en el principio de sus pantalones gastados, ajustados perfectamente a su cuerpo.

Extrañamente le comenzó a faltar el aire.

- el calor…- se justificó secretamente, terminando de dar los últimos pasos para quedar bajo ellos.

-disculpen, yo…espero no llegar en un mal momento.- preguntó asustada de estar interrumpiendo algo.

- no para nada…- contesto divertido Miroku, mirando por un costado a Inuyasha que aun no reaccionaba, aunque su semblante seguía igual de serio.

- oh que bien…pues yo venía a ver al señor Tashio.- dijo nerviosa, sin saber a cual de los dos mirar.- es usted?.- se dirigió al hombre de ojos azules, con mirada interrogante.

- soy yo…- dijo una voz ronca desde su espalda, ocasionándole una corriente eléctrica por todo el cuerpo.

- disculpe…- se giró nerviosa.

En el rostro de Miroku se leía fácilmente la diversión. Hacía tiempo que no veía a una mujer temblar de solo escuchar a su amigo.

- quien es usted?.- preguntó con el mismo tono.

Con paso decidido lento pero firme se fue acercando hasta la figura potente de Inuyasha, aunque por dentro se encontraba hecha un nudo de nervios, no se los demostraría.

- Soy Kagome Higurashi…- dijo conteniendo el aire. Ahora que estaba frente a frente a él se daba cuenta de lo alto que era.

Inuyasha entrecerró los ojos, mirando como se reacomodaba nerviosa el vestido.

Por unos momentos, cuando la vio a lo lejos pensó que era Kikyo. Eran similares. Pero ahora que la tenía a unos pasos, se daba cuenta de lo equivocado que estaba. La mujer que estaba frente a sus ojos, difícilmente podía ser confundida con alguien mas…parecía ser única.

- y que la trae a por estos lados…señorita Higurashi.- consultó interrogante Miroku, al verse carcomido por la duda…No tenía todo el tiempo del mundo para observar como esos dos se quedaban en completo silencio.

- bueno, pues no lo sé…solo me indicaron que debía estar aquí antes del domingo- dijo simplemente, girándose hacia su interlocutor, con tanta agilidad que sus cabellos bailaron frente al rostro de Inuyasha. Trayéndolo un agradable fragancia a rosas, la cual lo mareo.

Inuyasha maldijo secretamente a su amigo, por que ya no podía mirar las facciones sonrosadas de la joven. Y luego se maldijo a si mismo por estar pensando en esas cosas.

- quien se lo dijo?...-

- pues…creo que su nombre era Bankotsu.- indicó dudando.

Había dicho Bankotsu?. Los dos hombres se miraron sorprendidos.

Inuyasha regreso su vista hacia el perfil de la joven. Es que acaso era ella?...La amante de su padre.

Continuara…

Bien! quería actualizar el sábado, pero mi PC se puso mañosos T.T
Pos me reporto con el "primer" capitulo…algo loco según yo :p Pues ya llegó Kagome!!El próximo capitulo se viene con arto movimiento, y muchos gritos y discusiones xD Imagínense, ambos tienen un temperamento similar, terremoto! jijiji pues, y si sale todo bien, también se sabrá que dice el testamento…creo :p
DIOS! toy feliz!! Sus reviews me alegraron demasiado! me emocioné tanto al recibirlos T.T Espero con todo mi corazón que les haya gustado este capitulo!. Pues ya saben…sugerencias bien recibidas!, tomatazos también n.n!...
el próximo capitulo estará listo según lo que me digan ustedes :p

AH! y por si las dudas, Inuyasha se casó a los veinte años, con esa edad terminó el capitulo anterior. De ahora en adelante, Inuyasha tendrá treinta, bueno…los cumplirá el mismo día que dijo Kagome…el domingo(día en que se leerá el testamento), para el cual faltan unos seis soles :p
Miroku es un poco mas joven, tiene veintiocho, sango veinticiete…Kohaku seis xD
pues y Kagome veinticeis xDD Me gusta la diferencia de edad entre Inu y Kag :D y creo que esas eran todas las dudas…cualquier otra, no vacilen en consultar. ;D

Akari-aoi (Twin2 xD)