guiónes.- Dialogo
Cursiba: pensamientos
(n/a): Notas la autora, yio :p
.-.-.-. : cambio de escena
-..-..- : Cambio de dia xD
Aclaración: Inuyasha no me pertenece, ni ninguno de los personajes de ese fantastico anime T.T solo usurpo su hermosura xD
---El temor de una mujer---
Miroku pudo ver la rabia en el rostro de su amigo, así que preocupado de lo que pudiese pasar prefirió actuar.
- perdone por la pregunta señorita, pero…de qué conoce a Bankotsu?.-
Kagome le quedó mirando un poco extrañada. ¿Había dicho algo malo?.
- …años atrás había hablado un par de veces con él, pero desde ese entonces no lo había vuelto a ver…tengo tan mala memoria que ni recordaba su nombre.- rió nerviosa.- realmente no recuerdo como era, solo unas vagas conversaciones rondan en mi cabeza de vez en cuando…cosas sin importancia, creo que nunca supe que era abogado…así que cuando recibí su llamado y me dijo quien era, tardé un poco en reconocerlo…y .-detuvo sus palabras avergonzada, siempre que estaba nerviosa se ponía a hablar de mas. Suspiró sin ganas. Por eso siempre se metía en problemas.
- no es que quiera ser entrometido, pero exactamente que fue lo que le dijo.- preguntó intentando ser amable.
- eh…me habló sobre una reunión y que debía estar presente en ella, pero debía llegar con anticipación…solo eso.-dijo en un suspiro.
- de seguro…- dijo con voz ronca Inuyasha a su espalda.
Kagome se sobresaltó, sintió esos ambarinos orbes clavarse como agujas sobre ella, se giro incomoda.
- bueno, ni si quiera estaba segura…pero ya me ve, aquí estoy.- comentó cruzándose de brazos, casi abrazándose a si misma.
- bien pudo negarse a venir…-insistió sarcástico.
- claro que lo se…per.-
- ni siquiera lo recordaba bien…claramente pudo haber sido cualquiera.- se burló interrumpiéndola.- o me dirás que no aceptas invitaciones de extraños...-
-…yo.- quedó muda, claro que el tenia razón. Ella había aceptado sin siquiera cuestionarlo. Pero…parecía tan convincente por teléfono.- el es un abogado…por qué engañarme.- soltó como si fuera lo mas obvio.
Inuyasha elevo una ceja incrédulo. Cuando ella vaciló en contestarle en un inicio dio la partida por ganada, pero a qué venia esa excusa tan absurda?. Observó su rostro e inmediatamente vio como se sonrojaba.
Sonrió arrogante.
- debo suponer que no sabe el motivo por el cual está aquí…o me equivoco?.-
Dios, a ese hombre como le gustaba fastidiarla. Lo miró entrecerrando los ojos. Cómo decirle que exactamente no lo sabía…sin quedar como una tonta. Y si la habían engañado?.
- pues se equivoca…lo se perfectamente.- exclamó tratando de sonar segura.
Inuyasha miró hastiado a Miroku unos pasos más atrás. Parecía que en cualquier momento se desmayaría.
Sabía claramente cual era la preocupación de su amigo… y eso de alguna forma lo puso furioso.
- pues Bankotsu no se encuentra aquí…y no creo que se digne a aparecer por el momento.- gruñó regresando a las facciones de la joven.
Kagome comenzaba a exasperarse, y ella no era una persona muy agradable cuando lo hacía. Qué derecho tenía él a gritarle de esa manera!.
- Eso lo sé…- respondió apretando los dientes. Y antes de recibir cualquier otro comentario ácido, comenzó a escarbar dentro del bolso que llevaba colgado de su hombro izquierdo.- esto explica mi presencia aquí…- dijo extendiendo un papel meticulosamente doblado a Inuyasha.- tómelo…-exigió caminando un par de pasos, quedando peligrosamente cerca.- para usted.- le plantó el papel sobre su torso desnudo, que inevitablemente rozó con la punta de sus dedos sintiendo al instante un cosquilleo en el centro de su estomago. Se apartó rápidamente avergonzada, dejando caer la carta.
Inuyasha se mantuvo inmóvil en la misma posición, su cuerpo había respondido ante el breve contacto. No le extrañaba, hacía demasiado tiempo que no estaba con una mujer.
Clavó sus ojos en el rostro sonrojado de ella. Se le notaba agitada. Eso de alguna forma le agradó, y mucho. Comenzó a abotonarse la camisa, dejando los últimos dos botones de arriba sin tocar, mostrando aun una porción de su bronceada piel. Suspiro para sus adentros.
- bueno…veamos que dice.- habló Miroku, con el papel en la mano. Lo había recogido con desgana, pero qué iba a hacer, realmente quería saber que decía.- aquí vamos.- carraspeo aclarándose la garganta.- señorita Higurashi: lamento molestarla en estos momentos, pero se que lo que le dije por teléfono es algo difícil de comprender. Pero ya ve, todo tiene su motivo…-
Inuyasha no apartaba los ojos de la joven mujer mientras escuchaba palabra a palabra lo que leía su amigo. No era que no le importara, por que no era así. Lo que aun no podía creer era que ella tuviese un lazo con su padre, no parecía ese tipo de joven en busca de las fortunas de los demás. Pero ya se había equivocado una vez, prefería no hacerlo de nuevo.
Justo en ese momento Kagome elevo el rostro, sus miradas de cruzaron, se vio reflejado en esos brillantes luceros y todo a su alrededor desapareció.
-…debería ser suficiente esta explicación para el señor Tashio. Espero no causarle problemas. Bankotsu.-
- espera…qué?- gruño redirigiendo su atención a Miroku. Cortando bruscamente el contacto visual con la joven.
Kagome se mordió el labio inferior. Esos orbes dorados le cortaban el aliento. Además que aun sentía un cosquilleo en la punta de sus dedos.
- eso es lo que aquí dice…no me grites a mi.- se excusó en vano, sin saber que lo que pasaba era que realmente Inuyasha no había escuchado lo ultimo de la carta.
- léeme la última parte de nuevo.- exclamó.
- de acuerdo…- obedeció nervioso por el cambio de temperamento de su amigo.- espero no…-
- esa no idiota!, mas atrás!.- gritó exasperado, mas consigo mismo que por otra cosa.
- pero si lo explica claramente, qué parte de "ella se quedara en la ascienda" no entiendes?.- preguntó comenzando a hartarse.
- no me puedes estar hablando enserio!.- exhaló incrédulo.
- aquí lo dice Inuyasha…-
El rostro se le contrajo por la rabia. Así que era verdad. Miró a Kagome con los ojos llameantes de ira.
Su mirada llena de rencor la daño en lo más profundo, pero no se inmutó, ni aparto el rostro.
- me importa un…Arg!.- gruño elevando las voz.- lo que diga o no Bankotsu.- terminó, conteniendo una lluvia de improperios que tenia en mente.
- sabes que no es así, él te ha ayudado en gran medida con los banqueros, si no fuera por él…-
- calla Miroku...-lo cortó antes que siguiera hablando. Ella no tenía por que saber en los problemas que estaba metido.
- disculpen - tosió incomoda, recordándole a ambos hombres que aun estaba hay.- pero si tienes algún problema con esto…queja te con Bankotsu.-dijo con el rostro serio, dirigiéndose a Inuyasha, quien apretó los puños enojado.
- mide tus palabras antes de dirigirte a mi, niñita…- sugirió entre dientes, molesto.
Solo eso le faltaba, que ella se creyera con el derecho de hablarle de esa manera.
- yo sabré lo que digo y a quien se lo digo…a mi nadie me dice que hacer.-bufó con un tono de altivez poco común en ella.
Intercambiaron miradas furiosas.
- pues aquí se hace lo que yo digo!.- indicó elevando tanto la voz que despertó de un solo brinco a sango.
Kagome inevitablemente tembló de miedo. Estaban discutiendo…no, no podía seguir así. Odiaba las disputas, los gritos, las peleas…los golpes.
Retrocedió dos pasos con temor.
- y-yo no quise…- empezó en un leve susurro, ocultándose tras su flequillo.
- Pero que te pasa! que pretendes!, matarme de un susto.- se quejo en un grito histérico sango, opacando la apagada voz de la joven. Quien volvió a temblar.
Pero Inuyasha no le presto ni la más mínima atención, se había quedado de piedra ante la reacción de ella. Había visto como Kagome retrocedía como un perrito asustado, como había retenido el aire y movías sus labios sin que el sonido lograra salir de ellos…estaba atemorizada, lo había visto en sus ojos.
El explosivo carácter que le había demostrado hace uno momentos atrás se había desvanecido, sin dejar ni el mas mínimo rastro.
- Sangito…tranquila, sabes que no lo hizo apropósito, cierto?.- rogó con voz suplicante a su amigo.
- si…lo siento, no fue mi intención.- se disculpó, sin apartar los ojos de Kagome. Pero la pareja no se dio cuenta de ello.
Kagome rehuyó sus ojos, sabía que la disculpa iba dirigida a ella, pero no quería verlo, no hacía mucho que había dejado de temblar cuado escuchaba gritos, pero en este caso había sido inevitable. Se odio por ser tan débil.
- quien es ella?...- le pregunto un tanto desdeñosa a su esposo. Imposible que la engañara mientras ella dormía placidamente. O podía?
- querida ella es Kagome Higurashi una amiga de Bankotsu, que ha venido por lo del documento.-
-oh…- soltó el aire, al comprender el oculto significado de la presentación.
- señorita….ella es mi esposa, Sango…-
- deja las presentaciones de lado…- lo interrumpió Inuyasha al ver la incomodidad de la joven.
-un placer…- susurró forzando una sonrisa.
Inuyasha arrugo el ceño. Gesto mas falso no había visto, estaba claro que aun estaba inquieta, la forma en que movía su pierna derecha se lo demostraba.
¿Tan asustadiza era qué al mas leve cambio de tono se le contraía el alma?. Realmente eso le había pasado a él. Cuando vio el dolor en sus ojos, quiso golpearse. Nunca antes había perdido tan fácil el control de si mismo como para gritarle de esa manera a una mujer y resulta que cuando lo hacía, la había asustado.
- disculpe señor, pero la comida esta servida…- surgió la voz de Tae desde la entrada de la ascienda.
Sango y Miroku intercambiaron miradas preocupadas, para luego mirar a su amigo.
Inuyasha cerró los ojos en un suspiro, tranquilizándose. Cuando los abrió Kagome seguía igual de nerviosa.
- prepara un puesto mas, tenemos una invitada.- dijo - también prepárale una habitación en el segundo piso.-
Miró nuevamente el rostro boquiabierto de la joven, por lo menos ya le dirigía la mirada. Sonrió de medio lado y le indico con un leve movimiento de cabeza que lo siguiera. Aun sorprendida por el extraño comportamiento de él, Kagome se movió por inercia, como hipnotizada.
- Tu crees que esté planeando algo?, no me parecería justo….- dijo mirando preocupada a su esposo. Aun sin poder creer lo que habían visto.
- lo se querida, Inuyasha no es muy tratable en estas situaciones.- Suspiró con pesar. Y era cierto. De los años que lo conocía nunca lo había visto de esa manera, tan susceptible…bueno, nunca después de lo de Kikyo.
Ella había sido la verdadera razón por la cual su primo seguía esforzándose por no perder el viñedo, ya que de alguna manera, sentía que si lo hacía, ella tendría la razón en haberlo tratado de inútil e incapaz de sobrevivir por si mismo. Hacía unos años todo había ido bien, las deudas eran mínimas, pero en el otoño pasado, la cosecha no prospero como lo esperaban, algo había matado las plantaciones, las uvas estaban agrias e incomibles. Eso había sido lo mas extraño de todo. Costó demasiado dinero replantar hectárea por hectárea. Los arbustos estaban muertos, nos les quedo otra opción que reemplazarlos. La tierra casi había quedado inutilizable.
- esperemos que no se desquite con ella.- exclamó preocupada sango, trayendo consigo a Kohaku, casi arrastrándolo.
Miroku ahogó apenas una risotada. A su hijo le gustaba revolcarse en la tierra, tenia el rostro cubierto de lodo y los pantalones en un estado deplorable.
-si…sería lamentable, parece ser una buena muchacha.-
Realmente estaban preocupados, Inuyasha podía ser un ogro cuando algo no le gustaba. Además de intratable.
- crees que deberíamos advertirle…- susurró a su esposo mientras limpiaba el rostro de su hijo con un pañuelo.
Miroku dudo en contestar.
- lo mejor será apresurarnos, no me fío en dejarla sola.- exclamó con seriedad, entrando a la casa, bajo la mirada de su mujer.
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La comida había transcurrido en total silencio. La incomodidad de Kagome era algo imposible de ocultar. A pesar de los intentos de sango por entablar una charla amena en la mesa, siempre era Inuyasha quien decía la última palabra.
Ella no se atrevía a hablar, cuando se dirigían a ella, solo contestaba con monosílabos, o con unos leves movimientos de cabeza.
Tenía la garganta apretada, entre bocado y bocado debía hacer un esfuerzo sobre humano para no oprimir el rostro por el dolor.
A pesar de todo, Inuyasha no se perdía ningún gesto de la joven, sabía que estaba nerviosa, incomoda. Pero qué iba a hacer, no estaba dispuesto a ser amable con ella para que se sintiera mejor. Suficiente había tenido con invitarla a quedarse, aunque en realidad no le habían dado otra opción. Maldito Bankotsu. Por qué no la había dejado instalada en una de las posadas del pueblo, ahorrándole los problemas de aguantar a la extraña chiquilla.
- estas casada?.- preguntó de pronto sango, sobresaltando a Kagome, y también obteniendo la atención de ambos hombres.
-p-por que lo preguntas?.-exclamó casi sin habla.
- no lo se, pareces alguien casada, o quizás, comprometida?.- se volvió a aventurar sin percatarse de la tensión en el ambiente.
Kagome mantenía fuertemente cerrados los puños sobre su regazo, recogiendo levemente su vestido.
- estuve…comprometida.- exclamó suavemente.
Inuyasha dejo los cubiertos ruidosamente sobre el plato llamando la atención de todos. Por alguna razón estaba enojado. Se levantó sin mirar a nadie, saliendo de la habitación ante el asombro de sus amigos y la mirada confusa de Kagome.
- bueno, creo que tenia cosas que hacer, debes disculparlo…- se excuso sango afirmándose en la mesa para ponerse de pie.- a veces pienso que llevo un elefante en vez de un bebé.- río.- si me sigues, te mostrare tu habitación.-sonrió, mostrando su perfecta hilera de dientes.
- por favor.- dijo devolviéndole la sonrisa.- permiso…- se levanto con lentitud. Cuando pasó junto a Kohaku, el pequeño río agitando sus manitas.
A Kagome se le contrajo el corazón, pero no borró su sonrisa.
- te gustan los niños?.- consultó subiendo las escaleras con lentitud.
- me encantan.- respondió siguiéndola.
El brillo que irradiaba sango era común en una mujer embarazada, y enamorada. Kagome sonrió con pesar, ella nunca tendría ese brillo.
- sabes, Inuyasha no es una mala persona. Luego que lo conoces, claro.- exclamó tornándose seria de pronto. Se detuvieron frente a la última puerta del amplio pasillo.
La sola mención del hombre la había sobresaltado. De eso estaba segura. Sango giró el picaporte y abrió la puerta, con una señal le indicó que entrara.
Luego de poner solo un pie dentro, lo que vio la dejo sorprendida. La cama, iluminada por los rayos solares que se adentraba por el ventanal, relucía en un manto blanquecino. Las cortinas eran largas y de encaje, sin derecho a intimidad.
Las paredes revestidas de un suave papel tapiz, sin estampados, combinada perfectamente con el barnizado piso. Un gran armario se encontraba del otro extremo de la habitación.
La simplicidad del cuarto la cautivó.
Estaba tan ensimismada que no se dio cuenta cuando sango se retiro cerrando la puerta tras ella, dejándola completamente sola.
Con una gran sonrisa se comenzó a girar, se sentía bien, la emoción que había visto en su rostro la había sorprendido.
- le ha gustado?.-
Sangro saltó del susto al toparse cara a cara con Inuyasha, que se encontraba afirmado en una pose despreocupada en el marco de la puerta de su habitación. Justo frente de la de Kagome. Con los ojos entrecerrados.
- por dios, me has asustado.- exclamó procurando no gritar.
él no dijo nada, solo se incorporo y se cruzó de brazos.
- si, le ha encantado.- suspiro ante la insistente mirada del hombre.
Sabia que el quería parecer desinteresado, pero no lo lograba muy bien.
- bien -
- espera- lo detuvo al verlo girar sobre si mismo-…que harás ahora?, no te desquites con ella por los errores de tu padre.- rogó angustiada.
- eso…es algo que a ti no te importa.- contesto de soslayo, antes de cerrar la puerta.
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Ella siguió a su esposo, casi pisándole los talones. Tenía que saberlo, a como diera lugar. No se quedaría con la duda.
- que pretende Inuyasha con todo esto!.- grito tan fuerte que varios vendimiadores detuvieron su trabajo.
- no te alteres, le hace mal al bebé.- dijo calmadamente Miroku, caminando entre los arbustos.
- como quieres que me calme cuando tu primo esta tan extraño!...- exclamó elevando los brazos con rabia al cielo.
- no creo que te sirva de mucho desquitarte conmigo.- expresó sin mucho animo. Siempre era lo mismo, cuando sango estaba de malas, el era el receptor de su cólera.
- para colmo le dio la habitación que esta justo frente la suya!, sabes lo que es eso! verse todos los días las caras al levantarse.- siguió incrédula.
- le se, lo se.- suspiró con pesar, no lo había escuchado. Nunca lo hacia cuando tenia un ataque de hormonas, como decía el medico.
Tanto berrinche era normal en su esposa en este ultimo tiempo, si no era eso, se ponía demasiado sentimental y lloraba por todo.
Una gota callo por su cabeza al recordar como hacia una semana habían visto por décima vez Bambi dentro de la misma semana, y sango como cada una de ellas, había llorado desconsolada, gritando que la vida era cruel…que ese pobre ciervito no merecía tanto dolor siendo tan joven. Que la madre era una desalmada, como podía dejar a su familia sola, solo por un simple disparo.
Buenos y uno que otro disparate más.
- querida…- suspiro llamando su atención, al llegar al porche.- se que Inuyasha es…-dudo buscando la palabra adecuada.- denso, pero él no hará nada hasta saber exactamente quien es esa chica. Además, mira a tu alrededor.- indicó tomándola suavemente de los hombros, girándola hacia la vendimia.- crees que se arriesgara a perder todo esto.- susurró afirmando su mejilla en el cabello de su mujer, abrazándola desde atrás.
Con sus castaños ojos recorrió lentamente el amplio terreno que estaba ante si, sintiendo el suave aliento de su esposo rozando su mejilla. Era verdad, Inuyasha no era tan tonto como para dejar que su resentimiento lo dominara, por mucho odio que sintiera, mayor era su sentido de responsabilidad para con los trabajadores. Algunas familias llevaban más de dos generaciones trabajando allí. No podía…no debía fallarles, ni a ellos, ni a si mismo.
Desafortunadamente a veces, bueno. La mayoría del tiempo era un hombre de armas a tomar, eso era lo que mas le preocupaba en estos momentos.
-por que no hablas con el…- pidió cubriendo sus manos con las suyas.
- si así te sientes más tranquila.- suspiró besándola en la mejilla, luego de soltar el abrazo. Para regalarle una ultima sonrisa antes de adentrarse a la casona, en busca de su amigo.
Sango rió sintiéndose afortunada. Tenía un excelente marido que la amaba, un hijo sano y feliz, y otro que venia en camino. Se toco su abultado vientre. No podía pedir más.
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Kagome se dejo caer sobre la acolchada cama, por alguna razón se sentía feliz. La habitación por si sola la había hecho olvidarse de todo su temor.
Se incorporo quedando sentada, con el rostro sin expresión. No había sido miedo lo que sentía hace unos momentos atrás. Cuando Inuyasha gritó no había sido a él al que escuchó, al contrario, habían asaltado a sus oídos una voz mas tosca y bruta, de otra persona.
- tonta.- se reprendió poniéndose de pie, junto al ventanal, el cual abrió de par en par.
Cerró los ojos complacida, sentir el viento mecer sus cabellos la tranquilizaba. No tenía que preocuparse, ya la peor parte había pasado. A demás que si no podía llevarse con Inuyasha, no le importaba. Aun estaba sango y su familia. Parecían ser muy amables.
Inhaló profundamente, abriendo los parpados.
El brillo tardecido del cielo anaranjado bañaba su calmado rostro. Ver como el sol comenzaba a ocultarse en la lejanía, era un panorama hermoso, como sacado de un cuadro. Los vendimiadores comenzaban a retirarse de su labor, con alegres rostros, conformes con su día de trabajo.
Algo llamó su atención, obligándola a mirar un poco mas allá, extrañada se percató como una cuatro por cuatro entraba en el terreno, dejando tras de si una gran nube de polvo.
Se acercó mas al borde cercado de la ventana, sacando su cabeza para ver mejor el vehículo que se detenía en la entrada, junto a la camioneta de sango.
Su cabello colgó libremente bajó su rostro, aun no había tenido tiempo de peinárselo, estaba hecha un desastre, pero solo ahora lo recordaba.
Arrugó mas el ceño al ver como un hombre descendía del automóvil, un oscuro sombrero se ceñía sobre su cabeza, dejando ver solo una larga cabellera azabache amarrada en una coleta baja sobre su ancha espalda.
- quien podrá ser.- se preguntó alejándose de la ventana, cuando ya no pudo divisar al hombre, el cual había entrado a la casa.
- no es asunto mío…-suspiró recostándose en la cama.- nada aquí es asunto mío…-dijo en un susurro, sus ojos comenzaron a cerrarse por el cansancio.
Pronto se quedo profundamente dormida.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Inuyasha, sentado tras su escritorio veía aburrido como Miroku hablaba y hablaba quien sabe que cosas.
Después de la mención del nombre de Kagome, había hecho oídos sordos a todo lo que le siguió.
Por qué tanto Miroku como Sango insistían en que tenía que tratarla bien?. O que no debía incomodarla?. Quien creían que era, un entupido que permitía que lo manejaran a su antojo?. Pues si era eso estaban muy equivocados, si el quería hacerle la estancia en la ascienda un calvario, lo haría.
Sonrió arrogante al recordar la primera reacción de ella luego de haberle rozado sin querer. Y ella que había pensado en hacerle frente.
- por que no dejas de decir boberías, tú y tu esposa me tienen arto.- exclamó enojado, dejando con las palabras a medio camino a Miroku.
-estamos preocupados.- suspiró.- sango teme que hagas algo indebido.-
Inuyasha elevo una ceja incrédulo.
- quien cree que soy?, no contestes.- gruñó al verlo sonreír.
- bueno no te enojes, yo ya cumplí con decirte.-
- le temes a tu esposa.- se burló.
- se podría decir que prefiero no hacerla enojar.- río nervioso.
Ambos se miraron divertidos. Pero su atención fue rápidamente desviada a la puerta que se acababa de abrir, estruendosamente.
-señor…el…-gritó agitada Tae entrando como alma que lleva el diablo al despacho.
-que ocurre mujer.-se incorporo serio.
- me han dicho que tienes problemas con la finca, Inuyasha.- dijo un hombre desde atrás de la joven, la cual estaba mas blanca que un papel.- qué tan cierto será eso.- dio dos pasos, los suficientes como para que lo reconocieran.
Miroku casi se cae de la sorpresa, no esperaba que su tío se adelantara tanto en llegar.
Pero al contrario, a Inuyasha se le acelero el pulso. Ese hombre no tenía nada que hacer en su casa.
- qué haces aquí.- ladró apretando los puños sobre el escritorio. Conteniendo la cólera que comenzaba a inquietarlo.- Naraku.- escupió su nombre con rencor.
El sujeto solo sonrió con cinismo.
Miroku aun no podía salir de su estupor. Si antes habían problemas, ahora con la llegada de él, todo empeoraba.
Continuara…
Bienvenidas a una nueva entrega de este fic, bueno, me demore un poquito en actualizar por los exámenes. Pido disculpas por eso. Prometo no demorarme tanto para el próximo capitulo, bueno, que tal?, les ha gustado?, díganme T.T
Sus review me dejaron muy feliz, aunque alguien por ahí adivino una parte del testamento xD.
Como disculpa les dejo un adelantito del próximo capitulo.
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La rabia lo consumió, en un instante se encontraba tomándola por los brazos, girándola de manera brusca hacia él.
- al contrario de ellos, a mi no me gusta verte rondando por mis tierras…así que no te cruces en mi camino si no quieres tener problemas.-
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Nos leemos!
Akari-aoi(Twin2 xD)
