guiónes.- Dialogo
Cursiba: pensamientos
(n/a): Notas la autora, yio :p
.-.-.-. : cambio de escena
-..-..- : Cambio de dia xD

Aclaración: Inuyasha no me pertenece, ni ninguno de los personajes de ese fantastico anime T.T solo usurpo su hermosura xD

----- Y el día llegó -----

El sol lucía en todo su esplendor en lo más alto del azulado cielo. Nada daba a suponer que pronto iniciaría otoño; Donde los árboles pierden su follaje, las flores desaparecen y los animalillos comienzan a recolectar sus provisiones para la siguiente estación: invierno.

- qué estas esperando…-la reprochó Inuyasha deteniéndose a mitad de camino, el ver como se quedaba viendo el despejado cielo.

- solo pensaba – suspiró cansada de la acidez en que se dirigía a ella.- nada te costaría ser un poco mas amable, sabes – susurró intentando seguirle el paso.

Por alguna razón se sentía extrañamente mal; no era que esperara que cambiara su forma de ser con ella por lo que había pasado esa mañana entre ellos¿Era mucho pedir que por lo menos no escapara?

Kagome miró como la camisa se le ajustaba perfectamente, ocasionando que ante cada movimiento de él, o del casi imperceptible viento, se marcaran sus músculos. Quería seguir bajando y recorrerlo por completo, pero no debía, no luego de darse cuenta como su cuerpo reaccionaba ante el suyo.

Debía ser cuidadosa, después de todo, no estaba en busca de una fogosa aventura. Fogosa así se sentía entre los brazos de ese hombre.

Pero no debía, no. Se reprochó recordándose que ella no era como todas las mujeres.

Sus labios se curvaron en una casi imperceptible sonrisa amarga.

- ven, es por aquí - exclamó Inuyasha tomándola inesperadamente de la mano, sacándola de su ensimismamiento.

Kagome bajó la vista a sus pies, tratando de esconder su sorpresa.

No podría entenderlo, realmente no podía. Era un completo enigma el comportamiento de ese hombre; Cuando habían salido del viñedo, se había comportado todo el transcurso del viaje de una manera completamente distante¿Por qué el repentino cambio¿Qué pretendía?

- Kagome, mira…- indicó dándole un leve apretón en la mano.- ese de allí es el señor Tsuki, su familia por generaciones a sido la encargada del resguardo del orden en el lugar.- explicó sabiendo que ella lo escuchaba.- la de allí es su esposa –

Kagome levantó la vista solo lo suficiente como para saber de quienes les estaba hablando. Y se sorprendió con la facilidad con que las personas se llevaban. Alrededor de la pareja que le había señalado Inuyasha, había un círculo de pequeños niños, escuchando al parecer un relato de la mujer.

- es la encargada de la educación de los pequeños – aclaró deteniéndose un instante.- los que están con ellos son Saki y Yuko, ambas atienden la taberna.- explicó señalando algo incomodo al par.

Kagome asintió.

Pero las mujeres se giraron justo en ese momento, como si supieran que estaban hablando de ellas. Ambas se alegraron cuando divisaron a Inuyasha. Quién lo notó.

- vamos – ordenó jalándola. Comenzando a caminar más rápido de lo usual.

Kagome regresó la vista, intentando no tropezar. Qué extraño, podía jurar que las mujeres les habían sonreído. ¿O sería su imaginación?

Miró a Inuyasha, quien parecía algo incomodo.

Cuando estuvieron lo suficientemente lejos, disminuyó su andar.

- sabes, cuando llegué pensé que era un pueblo fantasma – comentó riendo levemente.

Inuyasha se tranquilizó cuando regresó la vista y vio que no los seguían.

- Sengoku geográficamente no existe, en los actuales mapas no esta registrado.- comenzó a explicarle nuevamente, como si se tratara de un guía turístico.- Aunque le cantidad de habitantes es mínima, principalmente constituida de ancianos, adultos y uno que otro infante; los cuales al crecer, aborrecerán vivir en un lugar tan vació y sin vida.- suspiró agobiado.- cada año se ven en el viñedo mas y mas ancianos –

- ¿eso te preocupa? –

- ¿a quién no? esas personas no deberían trabajar, no cuando lo hicieron mas de la mitad de su vida – gruñó.

- cierto, entonces… ¿sus hijos no les envían dinero? – Kagome lo miró directamente, esperando una respuesta.

- No, cuando los jóvenes se van de aquí, se olvidan de todo…Hasta de que alguna vez tuvieron padres.-

- eso no es justo –

- no, no lo es…- afirmó estrechando mas sus manos enlazadas.- Sus padres se sacrificaron duro por darle cada día algo para comer¿y cómo les pagan? yéndose…escapando para no repetir la historia de sus padres.-

Kagome pudo apreciar un leve deje de amargura en las últimas palabras, como si estuviese hablando de él mismo.

Se detuvieron frente a un edificio de madera, antiguo. Daba la impresión de que si alguien se afirmaba en una de sus paredes, este caería.

- llegamos – informó Inuyasha.

Kagome levantó la vista, solo para toparse con un enorme letrero, gastado con los años que decía: Posada Sen

Una campanilla tintineo cuando Inuyasha jaló de la puerta.

El lugar no era muy lujoso, ni mucho menos espacioso, pero era en la única parte del pueblo donde se ofrecía hospedaje.

Kagome entró después de Inuyasha. A pesar de ser de día, la pequeña salita estaba cubierta por una capa de oscuridad, dándole un aire tétrico.

Se estremeció levemente, recordando como la primera noche no había podido dormir por el chirrido de los viejos maderos.

- Viejo Mioga – gritó Inuyasha al instante luego de entrar. Su voz hizo eco en la vieja arquitectura.

- oh, Inuyasha… ¡Qué sorpresa! – exclamó alegre el anciano apareciendo en la instancia. Su paso era lento, pero no parecía preocupado por ello.- ¿Qué te trae por aquí?-

- a mi nada…ella – aclaró jalando a Kagome para que se ganara junto a el.

- hola – sonrió al anciano, luego de dirigirle una mirada enojada a Inuyasha. ¡Qué se creía ese hombre!, ella no era una muñeca para que la zarandearan de un lado a otro.

- oh señorita Higurashi…- dice algo sorprendido Mioga, no solo por la presencia de la joven, si no mas bien por que se acababa de dar cuenta que estaban tomados de la mano.

- a esta despistada se le quedó la maleta con su equipaje – comentó Inuyasha, incomodo por la forma en que los miraba el anciano.

- claro, ahora que recuerdo…esperen un momento.- les indicó con una sonrisa poco usual, mientras desaparecía por la misma puerta por la que había entrado.

- ¿lo conoces? – preguntó Kagome cuando ya no vio al anciano.

- ¿conocerlo? conozco a cada uno de los individuos de este pueblo – bufó como si fuera lo mas obvio.

- valla, tienen que ser muchos nombres – rió comenzando a caminar.

- no muchos – aclaró dándose cuenta como aun la tenia sujeta.

De un solo movimiento la jaló hacia si, tomándola por sorpresa.

Kagome se tambaleo antes de que su espalda chocara contra el pecho de Inuyasha.

- Dios!...me has asustado – se quejó al instante.

- lo se – respondió pasando la mano que tenia junto con la de Kagome por el estomago de la chica.

- no…- suspiró cuando Inuyasha aparto delicadamente su cabello hacia un lado, bajando luego hacía los hombros de la joven, para pasar por su expuesto y suave brazo. Deteniéndose cuando alcanzo su mano libre, capturándola entre la suya. Reuniéndola con el otro par sobre el estomago de Kagome.

- no grites – susurró alcanzando su oído.

- ¡Qué no qué! – exclamó elevando un poco la voz.

- shhh – le reprochó apretándola contra si. Haciendo que a Kagome le faltara el aire al sentir como su cuerpo se amoldaba al suyo en esa posición.

Inevitablemente se sonrojó.

Cuando notó que ella no volvía a hablar, se tranquilizó. Entonces se inclino levemente, alcanzando su altura.

Sintió los labios de Inuyasha posarse casi imperceptiblemente sobre su cuello, escapándoseles un par de suspiros. Entonces ella misma se estrecho más entre los brazos del hombre.

Inuyasha sonrió antes de comenzar a besar la nívea piel expuesta de la joven, intentando mantener sus manos quietas.

Kagome ladeo la cabeza absorta en un mar de sensaciones, recargándola en uno de los hombros de él.

No tenía que levantar la vista para ver si lo estaba disfrutando, solo sentir como suspiraba y gemía cuando el daba leves mordiscos era suficiente.

- dulce…-susurró subiendo hasta su mejilla por un camino de cortos besos.- ven aquí Kagome – gimió en su oído.

Ella volvió el rostro con total anhelo.

Entonces Inuyasha volvió a capturar sus labios por segunda vez ese día.

Mordió casi desesperadamente su labio inferior, adentrándose en ella.

Su lengua recorrió cada rincón, deleitándose con el embriagante dulzor, como bebiendo una droga. Que mas adelante seguramente querría volver a degustar.

Kagome intentaba seguir el desesperado ritmo que mantenía Inuyasha, sin darse cuenta de sus propias acciones. Sin siquiera saber cuantas veces gemía ni que tan alto lo hacia.

- demonios – lo escuchó maldecid un momento después de separarse bruscamente de ella.- cuidado – gruñó sujetándola cuando notó como Kagome casi caía al no tener su soporte.

Kagome estaba lo bastante atontada como para darse cuenta que Inuyasha la había ocultado tras de él cuando Mioga reapareció en la habitación.

Apuño sus manos sobre la camisa de Inuyasha, intentando no caer. Sentía todo su cuerpo de gelatina. Y dolía controlar la intensidad de su respiración.

Pero Inuyasha no parecía sufrir sus mismos síntomas. Se notaba igual de tranquilo que de costumbre.

Kagome afirmó su frente en su espalda. Inhaló profundamente por unos segundos y como si solo eso hubiese sido suficiente, se apartó.

Caminó saliendo de atrás de Inuyasha hasta el anciano sin tambalear ni una sola vez, aun cuando sentía que cada paso era un reto.

- gracias – sonrió recibiendo su equipaje de las arrugadas manos del hombre. Hasta sonreír se le hacía difícil.

- no hay problema, pero es raro que a una jovencita como usted se le olviden estas cosas. Yo que soy anciano es más comprensible – cuando el hombre río su rostro se transformo en una pasa, marcándosele todas las arrugas que había adquirido con el pasar de los años.

- dame eso…- Inuyasha le quito de un manotazo la maleta cuando ella regresó junto a él.- adiós Mioga…vamos- exclamó girándose, dirigiéndose hacia la salida.

- gracias por todo…disculpe – Hizo una leve inclinación en agradecimiento, para luego salir tras Inuyasha.

- ¿qué ocurre? – Preguntó inocentemente Kagome, intentando seguirle el paso.- ¿estas enojado? – volvió a intentar sin éxito.

- no…- fue su seca respuesta.

Kagome miró como una señora pasaba junto a ellos y casi tropezaba al ver a su acompañante.

¿Tan extraño era verlo por el pueblo?, ese agradable hombre realmente parecía sorprendido. Y ahora que veía mejor, todos con quienes se cruzaban tenían la misma cara de asombro.

Desvió ahora su atención a Inuyasha. Se veía algo hastiado.

- yo digo que si, estas enojado – comentó cuando se detuvieron donde habían estacionado el vehículo.

Inuyasha ni siquiera respondió, solo lanzó la maleta a la parte de atrás de la camioneta, para luego abrir la puerta del copiloto.

Kagome entendió la indirecta y con un bufido entró, ajustándose el cinturón automáticamente.

Inuyasha cerró sin la más mínima delicadeza, haciendo que Kagome brincara levemente.

Rodeo la camioneta, pero cuando iba a abrir la puerta, Kagome alargó el brazo y le dio al seguro.

- no permitiré que entres hasta que te calmes – le gritó abriendo el vidrio lo suficiente como para que escuchara.

- Kagome, abre…- amenazó girando la llave en la cerradura, pero ella volvió a darle al seguro.- demonios, abre – gruñó golpeando el vidrio con el puño. Kagome retrocedió al instante, asustada. Volvió a girar la llave, y esta vez ella no se movió de su lugar.

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El camino de vuelta no fue muy distinto al primero. Lo único distinto era que Inuyasha tenía unas tremendas ganas de darse un tiro. La había vuelto a asustar.

La miró de soslayo por unos momentos. Estaba totalmente rígida sobre su asiento, con ambas manos enlazadas sobre su regazo, y rehuía cualquier contacto visual, desviando el rostro hacía el paisaje que pasaba junto a ella.

- puedo sola…- rehuyo su ayuda, sacando con algo de dificultas su maleta de la parte de atrás cuando llegaron al viñedo.

Se había bajado del vehículo unos segundos después que apagara el motor, sin darle tiempo a Inuyasha para nada.

- ¡Kagome! – Gritó sango recibiéndola desde el pórtico.- ¿Cómo les fue? –

- no ves, ahí tiene su maleta, yo me voy – rugió Inuyasha cerrando con un sonoro golpe la puerta de la camioneta. Luego a pasos agigantados pasó juntó a Kagome, quien se ocultó tras su flequillo.

Gruño cuando pasó junto a sango, no antes de darle una sonrisa ácida y un último comentario:

- no tengo tiempo para tus estupideces –

Sango suspiró, si Inuyasha estaba de tan mal humor….

Desvío su vista hacía Kagome, que venía recién subiendo los escalones con algo de torpeza.

Definitivamente, algo malo había pasado.

- ven Kagome, te acompaño a tu habitación – se ofreció regalándole una amable sonrisa.

- gracias sango – respondió simplemente, sin levantar su vista del suelo.

No quería que vieran sus ojos, esos ojos que siempre la traicionaban. Los que siempre demostraban el temor reflejados en ellos. Cuando intentaba mantenerse tranquila, sosegada; sus ojos delataban el sentir de su alma. Trayéndole problemas.

Siguió a sango en total silencio hasta su habitación. Deteniéndose solo lo necesario para que abriera la puerta.

- sabes que Kohaku estuvo toda la tarde preguntando por ti – sonrió dejándose caer con cuidado sobre la enorme cama.

Kagome cerró la puerta tras de si, con un leve empujón. Dejó la maleta a los pies de la cama y se sentó en una orilla de ella, al lado de sango.

- es un niño encantador – reconoció esbozando una pequeña sonrisa.

- ojalá todos dijesen lo mismo – rió recostándose.- la mayoría de las personas lo catalogan de "pequeño diablo" – dijo haciéndose la afectada.

- ¿Quién puede decir eso de un niño? –

Sango se lo pensó un momento.

- sus abuelos –

- ¡sus abuelos! – exclamó asombrada.

- si, creo que esas fueron las exactas palabras que dijeron la última vez que fuimos a verlos – recordó haciendo una mueca.

- ¿Y qué hiciste? – preguntó Kagome, cayendo junto a sango.

- pedirles perdón – suspiró ganándose una mirada sorprendida de su compañera.

- ¿perdón? –

- si, es que el "pequeño diablo" quemó el peluquín del padre de Miroku – suspiró – lo extraño fue que el día siguiente encontré un encendedor en los pantalones de Miroku, y el no fuma – aseveró comenzando a enojarse – Cuando le pregunté, solo me miro con cara de no saber de que estaba hablando…y ahí quedo la conversación-

- ¿No insististe?...no insististe – rió al ver a sango ruborizarse.

- no realmente –

Sango giró el rostro hacia Kagome. Se le notaba mas relajada, lo que haya inquietado parecía haber desaparecido de su mente.

Bien. Kagome tenía una buena capacidad de superación.

- ¿Qué haces realmente aquí, Kagome? – le preguntó cuando la vio mas relajada.

Kagome suspiró. Le había hecho bien hablar con sango, sus recuerdos habían vuelto a desaparecer.

- realmente no lo se…-suspiró ganándose de costado, encarando mejor a sango. Recogiendo uno de sus brazos como almohada bajo su cabeza.- es extrañó, un día recibí la llamada del abogado directamente en el lugar donde trabajó.-

- ¿Qué tiene eso de extrañó? –

Kagome abrió la boca para responder, pero la cerró al darse cuenta que revelaría más de lo que debía.

- nada, es tonto…solo fue un pensamiento – rió nerviosa.

- ¿segura que no es nada? – insistió sin quitarle los ojos de encima.

- si, segura…-

Su nerviosismo se incrementó. Así qué prefirió saltarse esa parte.

- Me dijo que su nombre era Bankotsu y que era abogado de la familia Tashio…nunca en mi vida había escuchado antes hablar de algún Tashio.- arrugó el seño.

Realmente nunca lo había hecho.

- ¿Qué mas te dijo? – la incitó a que continuara cuando vio que no lo haría.

- Creo que sus exactas palabras fueron: Necesitó su presencia para leer un importante documento en unos días más. Luego solo me dio la dirección –dijo torciendo el labio.- no pretendía venir, pero tuve un pequeño problema con mi jefe…así que se podría decir que escapé.- suspiró sonoramente.

- ¿disputa de opiniones? –

-algo así – afirmó intentando no reír.

Hubo un momento de silenció en el que ambas se adentraron en sus propios pensamientos.

Pero pronto Kagome preguntó:

- ¿Cómo conociste a Miroku? –

Sango se sorprendió un poco, pero esbozó una sonrisa al momento de contestar.

- Fuimos vecinos la mayor parte de nuestra juventud, Un día, creo que yo era dos años mayor que Kohaku, Miroku llego gritando que quería que me casara con él y que tuviésemos muchos hijos juntos.- exclamó – Pensé que estaba bromeando, aun no teníamos ni edad para salir sin nuestros padres, así que lo rechazaba siempre que me lo pedía.- se detuvo un momento para tomar aire – ya cuando crecimos, se volvió mas insistente…Tanto que no lo podía verlo sin tener el impulso de salir corriendo – rió posando una mano sobre su vientre – Me hice la difícil por mucho tiempo, pero pronto me dio miedo de que él se aburriera…Y bueno, el me gustaba mucho, era muy amable y yo sabía que sus sentimientos eran verdaderos. Finalmente acepte años después –

El rostro de Sango brillaba cuando hablaba de su familia. A Kagome le dio un pequeño dolor en el pecho, justo donde se encontraba su corazón.

- No tuviste que haber comido nada…vamos a la cocina para que Tae te sirva tu porción del almuerzo.- comentó incorporándose con algo de dificultad.

Kagome cerró fuertemente los ojos unos momentos antes de incorporarse y seguir a sango hacía el primer piso.

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Inuyasha se encontraba encerrado en su despacho, como cada tarde.

Intentando que las cuentas le cuadraran, pero por más que lo intentara, siempre aparecían nuevos gastos y menos ganancias.

Pronto iniciarían las cosechas y no tenía el dinero suficiente para pagarles a los vendimiadores que vendrían a trabajar, como cada año.

Golpeó con su puño el escritorio.

Unos días mas y tendría el testamento de su padre; Esperaba que por lo menos eso lo sacara de los problemas. Necesitaba ese dinero.

Su padre no sería tan irresponsable como para dejar que su amada viña dejara de existir. No creía que le hubiese tenido mucha confianza en que lo sacaría adelante, nunca se la tenía.

Siempre le repetía que hubiese preferido mil veces que su hermano siguiese vivo para dejarle a el tan grande responsabilidad.

Si su hermano estuviese vivo, sería todo más fácil.

- Inuyasha…- Ingresó inesperadamente Miroku en la instancia.

- dime… – exclamó totalmente sereno, guardando los papeles en uno de las gavetas del escritorio.

- no te va a gustar – dijo recuperando el aire perdido.

- dime qué es y yo te diré si me gusta o no – gruñó mientas se ponía de pie y buscaba una copa de whisky.

- Kagura acaba de llegar – exhaló esperando la reacción de su primo.

Pero Inuyasha no se inmutó en lo mas mínimo.

- me lo imagine –

- ¡Inuyasha, querido! cuanto tiempo – escuchó la exclamación de la mujer a sus espaldas.

- hola Kagura – respondió Inuyasha dándole un sorbo al licor.

La mujer se hizo paso junto a Miroku, quien estaba de piedra.

- Esa no es manera de recibir a tu prima – se quejó con este.

Miroku se sobresaltó levemente, reaccionando.

- lo siento Kagura, bienvenida – Intentó sonreír pero no lo logro muy bien.

La mujer hizo una mueca de desagrado. Luego se dirigió a su otro primo:

- Estas más guapo desde la última vez que nos vimos – comentó descaradamente.

Inuyasha por primera vez en lo que llevaba la mujer en la habitación, la miró.

Kagura no era una mujer extremadamente hermosa, su cabello siempre recogido en un apretado moño le daba más edad de la que realmente tenía. Siempre llevaba ropa de diseñador, cuidadosamente seleccionada. No podía recordar la última vez que la había visto sin una capa de pintura en el rostro, siempre se las arreglaba para aparecer minuciosamente maquillada.

Sus ojos centellaban con un cinismo solamente comparado al de su padre.

- A si qué Naraku decidió en traerte con él – afirmó dándole un segundo sorbo a su trago, mas largo que el anterior.

- mi padre no quería que viniera, pero ya sabes…quería verte – agregó aparentando timidez.

- bien, aquí estoy…puedes marcharte.- era una orden, que desgraciadamente el cerebro de Kagura no procesó.

- no te preocupes, le dije a mi padre que estaría recorriendo el pueblo – dijo infantilmente.- pero creo que me he tardado demasiado – agrego preocupada.- es mejor que me marche…nos vemos querido – se despidió de Inuyasha lanzándole un sonoro beso.

Se giró y pasó junto a Miroku, pero ninguno de los dos se despidió.

Cuando escucho la puerta cerrarse a su espalda, Miroku explotó.

- esa mujer es una descarada, aparecerse aquí así nada más –

Inuyasha lo miró divertido. Su primo nunca había tenido una buena relación con Kagura, ella siempre estaba molestando a Inuyasha, siguiéndolo como un animal en celo. Pero era Miroku quien cargaba con todo el veneno de esa mujer.

- no veo de que te procuras, si para ella no existes – exclamó Inuyasha terminando su bebida.

- gracias a dios…Pero no entiendo por qué aun la soportas – le reprocha – después de todo es a ti a quien quiere como esposo –

Inuyasha suspiró pesadamente.

- no importa lo que quiera, nunca me casaré con Kagura, ni con ninguna otra mujer – agrego agriamente.

- ¿crees que estén para la lectura del testamentó? –

- ni ella ni Naraku mencionó algo del testamento…- respondió con calma.

Pero algo muy dentro lo inquietaba. Tenía el extraño presentimiento que algo iba a salir mal.

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Los siguientes cuatro días pasaron en un solo soplido.

Esa misma mañana de día domingo había llegado Bankotsu, trayendo consigo el usual maletín de cuero que tenía todo abogado u empresario.

Estaban todos reunidos en el Despacho cuando había aparecido el enigmático hombre, siendo escoltado por Tae.

Para enojo de Inuyasha, se había ido directamente a hablar con Kagome, quien estaba algo sorprendida que el hombre la conociera, cuando ella nuca en su vida lo había visto.

Tras unos minutos de incertidumbre y desesperación para Inuyasha, el hombre regreso juntó a ellos y tras él la joven.

- Señor Tashio, cuanto tiempo – saludo el abogado ofreciendo cortésmente su mano derecha.

- demasiado – respondió estrechándola.

Inuyasha miró ligeramente con el seño fruncido a Kagome, quien se notaba algo pálida.

Bankotsu saludo a los restantes con una leve inclinación de cabeza, para luego sin que nadie dijese algo, dirigirse tras el escritorio.

- bueno, quisiera comenzar…pero aun faltan personas.- comentó recorriendo la instancias en una sola mirada.

Inuyasha enarcó una ceja. Pero fue Miroku quién habló:

- No sabía que habían más personas involucradas con el documento -

- lo lamentó, pero no puedo comenzar sin que estén todos presentes – repitió con su ronca voz.

Sango que estaba juntó a Kagome en una de las esquinas de la habitación comenzó a extrañarse, entonces preguntó:

- ¿Y quienes son los que faltan? –

El abogado estaba por contestar cuando la puerta en la que hacía solo unos momentos había entrado se habría, apareciendo Tae.

- Disculpen…-dijo abriendo lo suficiente la puerta – pasen por favor – indicó cortésmente.

- esta casa se esta derrumbando – Comentó descaradamente una mujer de elevada edad entrando al lugar.

- no digas eso madre, no esta tan mal – justificó una segunda mujer, mucho mas joven que la anterior.

-a mi me parece una pocilga – exclamó una voz masculina, siguiendo al par de mujeres.

- hermano…- reprochó nuevamente la segunda mujer.

Inuyasha Ahogo un juramento cuando reconoció a sus nuevos invitados.

- Tía Kaede – saludó Miroku con desgano a la primera mujer, con el mismo tono que saludaba a Kagura.

Pero ella solo respondió con una desagradable mueca.

- ¡Miroku! – Gritó con entusiasmo la segunda mujer, saliendo de detrás de su madre.

- Kanna¿cómo estas? – saludó con el mismo entusiasmo.

- muy bien, algo cansada por el viaje – rió.

- calla niña, haces mucho escándalo – le reprochó su madre.

- no sé por qué la trajo madre…- comentó con desgana Hojo, el segundo hijo.

Miroku miró con desagrado al joven, tanto Hojo como Kanna tenían la misma edad, ambos eran mellizos. Por desgracia Hojo había nacido un minuto antes, proclamándose el mayor. Eran cuatro años mas jóvenes que sango.

Pero había algo que faltaba…

- ¿Dónde está tu hermano Kanna? – preguntó angustiado.

Inuyasha se preguntaba lo mismo¿donde estaba ese detestable hombre?

- Kagome… ¿Estas bien? – preguntó sango llamando la atención inmediata de Inuyasha.

Kagome estaba de piedra, todo su cuerpo temblaba. Tenía la vista fija en un punto tras los recién llegados, de los cuales dos no la tomaron en cuenta.

Nadie podía entender qué le pasaba, la joven parecía ida. Su rostro estaba más pálido de lo usual.

- que sorpresa verte aquí, pequeña mía – dijo un cuarto personaje desde el marco de la puerta, sorprendiendo a todos.

Y antes de que alguien dijese algo, Bankotsu habló:

- Estamos todos, procederé con la lectura del testamento del Señor Inu Tashio –

Continuará…

¿A quién mas le quitan el cable de red? o soy solo yo T.T la malvada de mi hermana me volvió a quitar el cale de red, es una…-respira- bueno, pero ya me las arregle con el cable del teléfono…de nuevo u.uU

Ah! un millón de besos y abrazos para todas, muchas gracias por sus comentarios, me animaron mucho. Saber que si les esta gustando la historia me pone muy feliz.

Danesa-19(Tu rv no me puede faltar, claro que eres una elegida, ya lo veras xP)- Kaorumar( Bienvenida! Muchas gracias por tu comentario, me estampó una sonrisa en el rostro, gracias) INUKANerini (gracias, lo se, pero desalienta un poco cuando no te lo dicen xD) Aabla (¿qué te parece?, ahora esta bien para mi xD) lovelen(lamento eso, me esforzare por no demorarme mas de una semana entre capítulos)SeishimeHaruko (muchas gracias, y bienvenida) fanny-abril(gracias, enserio por tomarte un tiempo para animarme. Y no te agobies, cuando puedas esta bien para mi) Fabisa- rosetteluna(A si que era tu alma la que me metía miedo en la noche. jaja no te preocupes, me encantan tus comentarios son muy animosos xD, trauma cuando inet da problemas, lo se por propia experiencia T.T)

Bueno¡creo que eso eran todos! pues con esa cantidad no tengo para que quejarme xD, solo espero que no disminuya... extraño fácilmente los rv, así que no se extrañen que me queje. Es solo que me encanta leer sus comentarios y espero seguir contando con ellos, son un incentivo para seguir. Aunque me dejen sin cable de red xD

El próximo capitulo esta que quema xD por eso no les adelanto nadita xP…bueno, un poquito:

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- ¿Kagome? – susurró sango cuando la joven retrocedió un paso, tambaleándose peligrosamente.

Inuyasha cruzó la habitación lo mas rápido que pudo, interponiéndose entre ellos.

- hola primito – sonrió cínicamente, ocultando a la joven tras el.

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Nos estamos leyendo

Akari-aoi(Twin2 xD)