guiónes.- Dialogo
Cursiba: pensamientos
(n/a): Notas la autora, yio :p
.-.-.-. : cambio de escena
-..-..- : Cambio de dia xD

Aclaración: Inuyasha no me pertenece, ni ninguno de los personajes de ese fantastico anime T.T solo usurpo su hermosura xD

------..Pertenencia..------

Bankotsu tomó una sonora inhalación, abriendo su portafolio.

- lamento la espera – pronunció el hombre con su hosca voz.- señor, por favor pase…-le indicó al nuevo personaje.

- lo siento, pero fue una sorpresa.- sonrió, mostrando una perfecta hilera de relucientes dientes. Sin apartar un solo momento sus azulados orbes de Kagome, se apartó de la puerta para que Tae procediera a salir.- no pensé que volvería a verte florcilla – exclamó dirigiéndose a ella.

- ¿Kagome? – susurró sango cuando la joven retrocedió un paso, tambaleándose peligrosamente.

Inuyasha cruzó la habitación lo más rápido que pudo, interponiéndose entre ellos.

- hola primito – sonrió cínicamente, ocultando a la joven tras él cuando les dio alcance.

Kagome en vez de seguir retrocediendo, trastabillo hacía la amplia espalda de Inuyasha, sujetándose inmediatamente para no caer.

Sintió la leve presión que sus frágiles manos hacían al sujetar su camisa. Lo mas probable estrujándola entre sus dedos.

Eso solo lo alentó a no apartar la mirada de su primo, quien aun no desintegraba de su rostro la sorpresa.

- ¿Se conocen? – preguntó el hombre desconcertado, intentando mirar a la mujer tras la fornida figura de su primo.

Inuyasha bufó. ¿Conocerse?, la pregunta correcta sería¿Cómo la conocía él?

- qué crees…– sonrió cínicamente cuando vio como el rostro de su primo pasaba de la sorpresa a la ira en solo un pestañeo.

- por amor de dios Kouga, deja de jugar y ven aquí – reclamó Kaede llamándole la atención al mayor de sus hijos.

Kouga apretó los puños cuando vio como Inuyasha sonreía desafiante.

- si madre – respondió dirigiéndose hasta la mujer, con el cuerpo totalmente tenso.

Solo entonces, cuando Kouga le dio la espalda y se alejó, Inuyasha relajo los músculos de su mandíbula.

- Señor Tashio – lo llamó Bankotsu.

Inuyasha lo miró, el hombre ya tenia todo arreglado, frente suyo había un alargado sobre, sellado en un extremo con cera roja, con las iniciales Ts en medio. Hacia tiempo que no veía ese sello, cuando su padre se había marchado, con el habían desaparecido varios objetos de la mansión.

Suspiró girándose, desligando delicadamente las manos de Kagome de su camisa.

La mujer no hacía movimientos. Entonces la miró preocupado. Ella tenía la vista clavada en el suelo, sus manos que solo unos momentos antes estaban a su alcance, ahora caían sin vida a cada lado de su figura.

- oye – la llamó tomándola por el mentón, obligándola a levantar la mirada.

Ella cerró inmediatamente sus ojos, mordiéndose el labio inferior.

- no te preocupes…-susurró acunando su blanquecino rostro entre sus manos.

Kagome relajó sus parpados, y los fue abriendo con suma lentitud. Cuando enfocó bien, vio como Inuyasha le sonreía conforme.

- buena chica – dijo afirmando su frente con la de ella.- solo respira hondamente y se te sentirás mejor – le informó mirándola directamente a los ojos.

Ella solo asintió.

Kouga intentaba no mirar hacia ellos dos¿Por qué Inuyasha y Kagome parecían tan cercanos? Sentía como la sangre hervía en sus venas al pensar que había algo entre ellos.

- vamos…- suspiró separándose, llevándola consigo hacia el sofá.

Todo el mundo estaba en silencio.

Sango aun no lograba entender la actitud de Inuyasha, ni como la presencia de Kouga había afectado tanto a Kagome.

- ¿Qué crees que ocurra? – dijo en un susurro acercándose preocupada a su marido.

Miroku se encogió de hombros. Realmente ni el mismo entendía lo que pasaba.

- disculpen – tosió el abogado, redirigiendo la atención hacia él.- pero si no es un buen momento y la señorita se siente mal…- comenzó empezándose a preocupar.

Inuyasha lo miró suspicaz. Ese hombre sabía algo con respecto a Kagome.

- por todos los santos…empiece ya.- le ordenó Kouga, perdiendo la paciencia.

Kagome sintió como se le oprimía el pecho con solo escuchar su voz. Tanto tiempo, tanto…y aun no dejaba de temer.

La habitación era amplia y espaciosa, pero parecía que todo lo que la rodeaba: las paredes, el librero, los cuadros, tomaran vida propia y se acercaban cada vez más.

Inuyasha la miró de soslayo. Ella estaba con las piernas lo mas juntas posible, sus manos reposaban nerviosamente sobre su regazo, su cuerpo estaba inclinado, como si sobre su espalda llevara una gran carga; su pecho subía y bajaba de una manera demasiado irregular. Entonces se asustó, Kagome estaba sufriendo un ataque de pánico. La envolvió por los hombros, aferrándola casi con desesperación.

El hombre miró dudoso a Inuyasha, quien solo le hizo solo un ademán para que continuara.

- bien – tomó aire – quiero dejarles en claro que el señor Inu Tashio estaba en todas sus facultades mentales cuando redacto este escrito – sacó un blanco papel del sobre, mostrándoselos.- teniendo eso presente, procederé:

-Yo Inu No Tashio, primer hijo del primer hijo de la familia Tashio Dejo en posesión de cada uno de mis vienes materiales a mi único hijo: Inuyasha. Esperando que con eso darle fe de que no solo esperaba que adquiriera tan importante responsabilidad, si no también cargara sobre sus hombros lo que por tantos años fue el orgullo de la familia.

Inuyasha bufó, solo a su padre se le ocurriría decir algo como eso.

- esa era la primera parte del testamento, ahora procederé con lo restante – comentó el abogado antes de seguir leyendo.

Kagome Higurashi, Hija de Makoto y Sayuri Higurashi.

La aludida levantó perdida la vista.

A esta señorita le dejo a cargo todo lo que respecta con la hacienda, el terreno como tal, más un restante que le será otorgado cuando contraiga nupcias. Transformándose así en la Señora Tashio.

- entonces la señora Tashio obtiene el cincuenta porciento de la vendimia- aclaró Bankotsu, interrumpiéndose en la lectura.

Todos los presentes exhalaron incrédulos.

- espera un momento – gritó Inuyasha – qué quiere decir con la señora Tashio – exigió incorporándose inmediatamente.

- en este documento esta especulado que la señorita aquí presente debe adoptar el apellido Tashio, lo que por consiguiente nos trae a que debe casarse con usted – informó dejando el documento sobre el escritorio.

- no puede ser cierto, esta mintiendo – bramó eufórico Kouga, golpeando lo más cercano: el escritorio.

Kagome tembló, imaginando que el gritó iba dirigido a ella, junto con el golpe.

- ¡casarme! Mi padre debe estar loco – gruñó dejándose caer en el sofá, olvidándose de la joven que estaba junto a el.

- lamentablemente, su padre dejó claras instrucciones de que si ese punto del testamento no era cumplido en un lapso de dos meses – Bankotsu suspiró antes de continuar – el señor aquí presente adquirirá lo que ella debía recibir.- miró a Kouga.

Inuyasha se atragantó con su propia maldición. ¡Debía estar bromeando¡El estúpido de su primo no podía quedarse con la mitad del viñedo¡Eso era aun más ridículo!

- debí imaginar que haría algo así – rió guturalmente, llevándose una mano al rostro – ¿No me deja mas opción? – preguntó con pesar.

Su padre ya se la había dejado buena. Él sabía la rivalidad que había entre Kouga y el mismo a lo largo de su adolescencia. Debía felicitarlo, hasta muerto dejaba todo bien planeado.

No podía hacer mas, era Kouga o Casarse con Kagome.

- no, no hay nada mas – respondió el abogado cerrando su portafolio.

- ridículo. Sería más fácil que me hubiese dejado los bienes directamente a mí– exclamó Kouga algo más calmado.

- ¿Por qué crees eso? – le interrogó Miroku saliendo de su estupor.

El hombre solo sonrió.

- Inuyasha nunca se casará con Kagome…No le pertenece – aclaró mirando a la joven, quien elevó la vista temerosa.- ¿No es así preciosa? –

No podía hablar, era incapaz de moverse y escapar.

Sentía temor por lo que había visto en los ojos de Kouga. El brillo de malicia y de propiedad. Aun la reclamaba como suya, luego de tanto tiempo. Entonces tembló…quería desaparecer.

Kagome dio un pequeño brinco sobre si misma cuando un brazo ciñó su cintura, siendo luego apresada contra su acompañante.

- Inu…-susurró débilmente sobre su pecho.

Inuyasha rió cuando vio el desencajado rostro de su primo.

- ¿estas seguro? –La estrechó mas contra si al sentirla temblar.- por que a mi no me lo parece…-

- apártate de ella – rugió viendo como ella no lo rehuía.

- detente – exclamó Kaede tomando el brazo de su hijo, antes que hiciera una escena.- ya sabía yo que no podías estarte sin pelear un solo momento – le reprochó desde atrás.

- lo siento madre – se disculpó entre dientes, conteniendo el impulso de abalanzarse sobre su primo y quitarle a la mujer de entre sus brazos.

Kanna miró preocupada a su hermano mayor. Se le notaba colérico, y eso no era un buen presagio. Luego desvió la vista hacia la muchacha que estaba con Inuyasha. Kagome, ese era su nombre…nunca podría olvidarla. Suspiró con pesar recordando como día tras día esa mujer perdía el brillo en sus ojos.

Si su hermano no hubiese sido tan cruel. Se lamentó en silenció.

- Madre, estoy cansada¿Podemos marcharnos? – pidió la joven, con voz suplicante.

- tu siempre estas cansada –molestó Hojo cruzándose de brazos. Aun cuando el se sintiera igual que su hermana.

- calla Hojo – lo reprendió su madre – es hora de irnos, claro…si os parece bien – le preguntó a Bankotsu.

- claro señora, lamento las molestias – contestó el hombre.

- vamos hijos – ordenó con voz profunda e intimidante.

Los menores la siguieron inmediatamente, pero el mayor aun no se movía de su lugar.

- hermano...vamos – le llamó Kanna, desde la puerta.

- un momento – indicó girándose hacia el abogado.- con respecto a la transferencia¿Debo estar estos dos meses aquí? – consultó al hombre.

Bankotsu tamborileo los dedos sobre la superficie de su maletín.

- creo que lo mejor sería…- deslizó su atención hacia Kagome y la regresó para contestar – que se mantenga en el pueblo por ese tiempo – respondió con calma.

- entiendo –

Con los puños apretados y ante la atenta mirada de Inuyasha, se fue acercando hasta ellos, hasta quedar a la altura de ambos.

Se inclino sobre Kagome, lo suficiente como para asustarla.

- te veré en unos días mas mi pequeña – masculló entre dientes, sonriendo conforme cuando la vio temblar.- a ti también – exclamó elevando la vista hasta toparse con la fulminante mirada ambarina.

Inuyasha le sonrió con despreció.

- ¡hermano! –

- voy Kanna, no molestes – le gritó incorporándose.

Kagome se encogió.

- calma – susurró Inuyasha recargando su mentón sobre su cabeza, sin apartar su vista de su primo.

Antes de irse Kouga miró por última a la pareja. Sonriendo cuando se cruzó con el temor de la mujer. Ella era suya, y se los demostraría.

Miroku continuó respirando luego de ver como la figura desaparecía tras la puerta.

- ¿puedes llevarla a su habitación? – Pidió Inuyasha dirigiéndose a la esposa de su primo, mientras ayudaba a incorporarse a Kagome.

- claro – respondió la mujer, acercándose.- es un idiota – resopló, tomándola de un brazo al no estar segura que resistiría estar de pie.

Inuyasha se queda de pie junto a Miroku viendo como sango desaparecía con Kagome unos momentos después.

- Bankotsu – lo llama sin despegar los ojos de la puerta – dime… ¿Qué pretendía mi padre con esto? –

El abogado se tensa visiblemente.

- no es algo que deba decirte yo – responde eludiendo.

Inuyasha rió ásperamente.

- ¿y quién mas¿Mi padre? – bufó encarando al hombre.

- lo siento, pero no puedo hacer mas – musitó Bankotsu tomando su maletín.

- ¿Y la herencia? – indicó Inuyasha recordando lo que por tanto tiempo lo acongojaba.

- el dinero de la herencia solo será manejado cuando se case con la señorita –

- perfecto – masculló, pasándose una mano por el cabello como signo de frustración.

Si antes no lo hacía, ahora definitivamente odiaba a su padre. ¡Que razón tenía para ponerlo en tan gran problema¡¿Por qué insistía en arruinarle la existencia aun después de muerto!?

¿Y por qué insistía en que se casara con Kagome?...Su padre no tenía como saber que ya no estaba casado con Kikyo.

La duda lo embargó. Comenzó a pasearse de un lado a otro, pensativo.

Eso era cierto. Cuando su padre se había marchado, se había ido sabiendo que pronto de casaría con aquella despreciable mujer. Había muerto antes de enterase que lo había abandonado y pedido el divorcio. A menos que…

Se detuvo de golpe, quedando en el centro de la habitación.

- ya se fue – escuchó decir a Miroku junto a él.

- ¡qué¿¡Como qué se fue!? – exclamó saliendo de sus pensamientos.

Miró hacia ambos lados, solo estaba él y su primo.

- Demonios – maldijo entre dientes. Se le había escapado.

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Luego de salir de despacho, sango hizo exactamente lo que le había indicado Inuyasha: llevar a Kagome a su habitación.

- ¿Te sientes mejor? – Preguntó arropándola bajo las mantas.- Kagome…-suspiró al no recibir respuesta.

Inmediatamente luego de haber entrado, Kagome se había dejado caer inerte sobre la acolchada cama.

Sango no sabía que hacer. No podía abordar el tema viéndola en ese estado, ni en ningún otro.

- sabes, hoy es el cumpleaños de Inuyasha – comentó recostándose junto a ella, esperando poder calmarla.

Kagome temblaba bajo las mantas, si creía que el temor se había disipado de su ser. Si era así…siempre estuvo equivocada.

Casi con desesperación se aferró a la almohada, abrazándose a ella con tanta fuerza que casi se abrazaba a si misma.

¡¿Por qué!? Por que nunca podía huir completamente. Siempre quedando el rastro del desprecio y de los golpes en su piel.

Relajó un poco los músculos cuando sintió la presencia de sango junto a ella, hablándole, tratando de tranquilizarla. Por el momento ya no estaba sola…

- recuerdo como nos burlábamos de él cada año – rió acariciándole el cabello, como si se tratase de una niña intentando dormir mientras se le contaba una historia.- bueno…cuando estábamos aquí. Por el trabajo de Miroku siempre nos mantiene alejados una larga temporada – suspiró – pero no siempre fue así sabes…-

El tono melancólico en su voz obligó a Kagome levantar el rostro, interrogante.

Sango sonrió. Era fácil olvidarse de los problemas propios cuando una persona te muestra los suyos. Y ese era el caso de Kagome.

- no me mires así – rió sentándose.- Miroku también carga la responsabilidad del hermano mayor en la familia –

Kagome se incorporó junto a sango, aun abrazando la almohada.

- la familia Tashio estaba completamente monopolizada por el padre de Inuyasha, al ser él el hermano mayor, dejó a cargo al padre de Miroku otra de las vendimias – comentó feliz de haber llamado su interés, aunque quizás mas adelante Inuyasha la mataría por decir todo lo que estaba diciendo – Y a su hermana Kaede, la mujer que viste abajo…Un porcentaje de las ganancias de cada año – dudó en continuar, pero ya había comenzado – aunque el ultimo hermano no recibió nada, pues tras la muerte del padre de ellos, había tomado una gran porción de la herencia y había desaparecido. El padre de Inuyasha siempre le guardó rencor por esa misma razón…como toda la familia. – Concluyó. No se seguiría arriesgando con ese tema en especifico, si Kagome iba a pertenecer a la familia debía por lo menos sabes algo, pero no demasiado.

- ¿Por qué me dices esto? – inquirió dudosa Kagome.

Sango suspiró antes de contestar. Tomó una de sus manos entre las suyas, despegándola de la almohada y la miró directamente a los ojos.

- deberás casarte con el actual propietario de toda la riqueza Tashio, Kagome mírame – le ordenó seria cuando intento apartarse – Ahora que se ha leído el testamento, ya no hay razón para que la familia no permita que Inuyasha adquiera el control, pero para hacer eso debe casarse contigo –

- no, no pueden obligarme – dijo estremeciéndose.- no lo haré – negó retirando bruscamente el agarre en su mano.

- escucha, no es opcional…si no lo haces, todo quedara entre Inuyasha y él – prefirió no nombrarlo, temiendo en su reacción.- Inuyasha no tiene mas opción…por nada del mundo puede permitirse el lujo de dejar que él ponga sus manos en las cuentas, si lo hace, las desmantelará…todos se irían a la ruina – musitó tomándola por los hombros, obligándole a no seguir huyendo.

- no…no tengo por qué - Quiso zafarse, pero no tenía fuerza.

- …por favor escúchame – le zarandeo un poco – ¿viste a toda esa gente en el pueblo¡¿La viste?! – repitió cuando no obtuvo respuesta.

- si –

- toda esa gente depende de Inuyasha, sin él no tendrían el dinero suficiente para vivir correctamente. Si el viñedo desaparece, ninguno de ellos tendrá trabajo – sentenció seria.

Kagome sintió como su vista se nublaba. No podían obligarla a casarse, no podían. Se repitió ahogando un gemido cuando las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos.

- lo siento – suspiró sango llevando sus manos al rostro de la joven – ¿no podemos dejar que eso pase o si? –

Kagome negó con la cabeza, incapaz de hablar sin sollozar.

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La mañana siguiente fue un reto para Kagome bajar a desayunar. Se sentía lo suficientemente mal como para no levantarse por varios días.

Se llevó una mano a la cabeza. Las punzadas aun no desaparecían y aun tenía los ojos enrojecidos por el llanto que no la dejó dormir en toda la noche.

Afortunadamente solo estaba ella y sango en el comedor. Los hombres se habían ido a trabajar muy temprano y el pequeño Kohaku aun seguía atrapado en el mundo de los sueños.

Miró el desayuno frente suyo e hizo una mueca. Sabía que como se encontraba, comer significaba vomitar luego.

Los nervios le encogían el estomago.

- toma aunque sea el té, es de menta…te relajara – sugirió sango frente ella.

Kagome asintió, dejando que el tibio líquido se deslizara por su paladar hasta su garganta.

La mujer le sonrió conforme.

- no quiero ser inoportuna ni nada pero ¿te molestaría acompañarme al pueblo? – consultó dejando con suavidad la taza sobre el pequeño plato. Para luego ponerse de pie.

- esta bien –

Kagome imitó su acción anterior y la siguió hasta la salida.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

- no pienso ayudarte en eso – le gritó Inuyasha a su primo, aumentando el paso.

Miroku aumentó el suyo.

- ¡si no es tanto! Solo te pido ese pequeño favor…no puedes decirme que no – le reprochó herido.

Inuyasha gruñó, había pasado una pésima noche y no estaba de ánimos para las peticiones absurdas de su primo. Detuvo súbitamente su andar, ocasionando que Miroku chocara de lleno con el.

- pero… ¡Sango! – gritó desde atrás Miroku al divisar a su esposa salir de la casona.

La mujer le sonrió y le hizo una seña de que saldría.

Inuyasha no apartó los ojos de Kagome cuando esta salio tras sango, cabizbaja. Había estado dos veces parado frente a su puerta la noche anterior, con la mano estrujando el picaporte, debatiéndose entre entrar o no.

No sabía como podía llorar tanto esa mujer, por culpa suya se había desvelado.

- esto es entupido – maldijo entre dientes girándose, regresando por el mismo camino por el que venían.

- cuídense…- gritó Miroku colocando sus manos alrededor de su boca para aumentar la frecuencia.

Kagome levantó la vista al escucharlo, pero su mirada se desvió inmediatamente hacia la figura que se alejaba.

- Inuyasha – susurró sintiendo como el corazón se le encogía.

¿Qué pensaría él con respecto a todo?...

Suspiró despejando su mente. Ya no tenía nada que hacer, no se preocuparía aun por eso…Miró al cielo para relajarse, pero una densa capa de polvo la hizo toser.

- vamos – gritó sango llegando con su camioneta, estacionándola junto a Kagome- tenemos mucho que hacer - exclamó abriéndole la puerta desde adentro.

- ¡Inuyasha!

escuchó la voz de Miroku gritar antes de entrar en el vehículo. Luego desvió la vista más allá de sango para ver como corría para alcanzarlo.

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Vio la camioneta de sango desaparecer juntó a Kagome. Suspiró para sus adentros, imaginando que no llegarían hasta muy entrada la tarde.

De alguna forma era perfecto, le daba tiempo para pensar como enfrentar el tema con Kagome.

- ¿Piensas casarte cierto? – asaltó Miroku desde atrás.

Inuyasha miró sobre su hombro, su primo se veía claramente agitado. Entonces sonrió.

- cuando recuperes el aire te responderé – se burló girándose hacia él.

Este estaba con ambas manos sobre sus piernas, levemente inclinado y respirando con dificultad.

- no es gracioso…- exclamó levantando el rostro.

- para ti – resopló poniéndose en cuclillas frente a su primo.

Miroku elevó el rostro, sonriendo.

- sango habló con ella ayer – le informó incorporándose, ya mas calmado.

- me lo imagine – suspiró manteniéndose en la misma posición.

- entonces… ¿Te casas? – insistió mirando hacía abajo a su primo.

Inuyasha levanto la vista, con un brillo de determinación.

- Qué crees – musitó poniéndose de pie.

Entonces Miroku supo su respuesta.

- ¿Qué harás con respecto a Kouga? – preguntó entonces.

Las facciones de Inuyasha se tensaron antes de contestar.

-

Continuara…

¡Otro capitulo más! que felicidad n.n! Qué tal?, les gustó?...con lo del testamento, les digo de una…ese es solo el comienzo de los problemas que le dejó su padre a Inuyasha. Aun falta ver por qué Bankotsu mando a llamar a Miroku y su familia.

Se aclaró la duda de quien era el primo!, pero ahora salieron varias mas…Solo espero no aburrir.

Seishime(Pero que buena deducción!! le haz dado en el clavo con lo de quien era el primito xD) marru-freackyvampirex2(gomen, me vi realmente tentada a contestarte, pero arruinaría la intriga xD y grx por dejar uno en el capitulo anterior a ese...asi me gusta xP) sakdren - fannyabril(jeje ahí esta el hombre xD, grx, ya arregle mis problemas con el cable, me lo devolvieron xP) Kaorumar( no creo que seas la única con lo de la relación entre InuNo Y kag, pero aun no toca aclarar eso xD…una estrategia estaría buenísima xP) lovelen(espero que aun te queden uñas xD por que para el próximo las necesitaras xP) TLAP( si, soy mala…hasta tengo mi risa: muajajaja xD) Danesa-19(jajaja pues vamos! que la LENTIUM no es mala marca! y son las mejores para tirar por la ventana xP) rosetteluna(el síntoma de locura debe estar por las nubes ahora, cierto? xP, pues me rió mucho contigo, sigue así xD)

Bueno, ahora nos vemos en el próximo capitulo…que va a estar arriba como digo siempre. Dependiendo de ustedes xP Si le ponen ánimos con los comentarios, lo pueden leer a más tardar el martes, si no…ya seria mas adelante.

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- Kagome, aléjate– le gritó comenzando a correr hacia ella.- demonios – gruñó al ver como no reaccionaba.

- Inu…a-ayúdame – chilló afirmando su espalda contra el árbol, deslizándose por este cuando sus piernas no resistieron su peso.

- no te muevas – volvió a gritar, buscando a su alrededor algo que le pudiese servir como arma.

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Nos leemos…

Akari-aoi