guiónes.- Dialogo
Cursiba: pensamientos
(n/a): Notas la autora, yio :p
.-.-.-. : cambio de escena
-..-..- : Cambio de dia xD
Aclaración: Inuyasha no me pertenece, ni ninguno de los personajes de ese fantastico anime T.T solo usurpo su hermosura xD
------..¿Relajarce?..------
Las palabras de Inuyasha habían caído como un balde de agua fría sobre Miroku.
- no pongas esa cara – le reprochó- no es como si no lo hubieses pensado ya- comentó incorporándose.
- ¡No puedes! - Exclamó Miroku sobresaltado- ¿Te das cuenta de lo que dices?, sería una maniobra muy suicida… -
- Por todos los santos, ¿¡Crees que No lo sé?!- le contestó en el mismo tono.
Miroku respiro antes de volver a hablar.
- Mira Inuyasha, yo nuca antes te he reprochado nada, es mas…Siempre era el primero en seguirte.- comentó sin quitarle la mirada de reprensión encima, incomodándolo.- pero esta vez no cuentes con migo para algo así.- sentenció serio, antes de girarse y marcharse a la hacienda.
Inuyasha vio con pesar como su primo se alejaba por la irregular tierra, dándole completamente la espalda.
En realidad no esperaba que lo comprendiera, puesto que ni el mismo lo hacia…
¿Pero qué otra salida tenía?
Ya no estaba en condiciones de maniobrar más planes, su padre le restringía claramente sus opciones, o era Kagome, arriesgando que ella lo traicionara y lo dejara en la ruina. O Kouga… ¡Dios! Es que no podía simplemente romperle la cabeza con un martillo, en vez de ofrecerle tan entupidas opciones.
Casarse, lo que no le hacia ninguna gracia en lo mas mínimo.
Convivir con Kouga metiéndose en sus asuntos en toda la oportunidad que tuviera…
El suicidio le parecía más atrayente que cualquiera de esas dos cosas.
Elevo sus dorados orbes cansado hacia el cielo, el cual comenzaba a teñirse de Gris con una rapidez impresionante. Luego de un par de segundos la primera gota de lluvia tocó su rostro, seguida de otra mas tarde y luego de más.
- lo que me faltaba – suspiró cerrando sus ojos, pero un repetido estruendo lo obligó a abrirlos casi al instante.
La lluvia se había desatado con mayor fuerza, cayendo casi con rencor.
Demonios gruño al ver como los vendimiadores comenzaban a marcharse, dejando a la mitad su trabajo.
Volvió la vista hacia el negro cielo, entrecerrando un poco sus ojos para que el agua no entrara en ellos, pero sentía que era casi imposible.
- es como si me estuviese reprochando – susurró con desgana, cerrando sus ojos por unos segundos y sintiendo como las feroces gotas de lluvia lo golpeaban incontables veces.
Si, parecía como si el cielo lo estuviera castigando de antemano.
Otro estruendo rompió sus pensamientos.
Suficiente de lamentaciones, se reprochó girando sobre si para regresar a la casona.
Caminaba con la cabeza en alto, tan altivo como siempre. Incluso se sentía como si ni la lluvia se atreviera siquiera a caer sobre su cuerpo. A pesar de ello, su ropa estaba completamente empapada, pegándose exquisitamente a su cuerpo, torneando sus movimientos con cada paso dado.
La tierra bajo sus pies cedía como cual arena movediza se tratase, sin llegar a llevárselo.
Miró a su alrededor sin dejar de caminar, viendo como ya no quedaba nadie.
- primero el funeral, ahora esto…genial.- masculló apretando los dientes, un día perdido podía reponerse con un poco de esfuerzo, pero… ¿dos?, dos era ya demasiado.
- le doy esta noche para desaparecer.- dijo haciendo referencia a la tormenta. No podía permitirse mas días sin trabajar, con que la lluvia siguiera cayendo por mas días no solo significaba un posible diluvio, si no que el trabajo quedaba reducido a cero y no estaba en condiciones de permitir tal agravio.
Quiso volver a maldecir, pero antes de que las palabras salieran de su boca, estas se quedaron tan impresionadas como su propietario de lo que estaba a un par de metros más allá.
El cuerpo de inuyasha se había detenido por unos segundos en su caminata, sus ojos querían ver aun más, su boca se encontraba seca de un segundo a otro.
Frente a él, tenia una perfecta fantasía. Y se sentía arder, ya no sentía esas gotas caer sobre él, y si era así, lo mas probable es que se evaporasen, por que en su vida se había sentido tan excitado como en ese momento con lo que tenia ante el.
Kagome, pensó mientras sentía como la respiración se le hacía mas complicada.
Allí estaba ella, presa de la lluvia al igual que él, pero con la diferencia que ella no sabía que él se encontraba a unos metros de distancia, admirándola estático.
A pesar de que ella ahora llevaba su propia ropa, que era algo recatada para los placeres de Inuyasha, a causa de la lluvia esa misma ropa era tan extravagante como la que le había facilitado sango antes.
El conjunto de kagome era sencillo, unos delgados pantalones ocre, una blusa de manga 3/4 blanca, abrochado hasta el ultimo botón de arriba, unas sandalias y su cabello en una coleta baja. Así se sencilla, pero ante los ojos de cualquier hombre viendo esos mismos pantalones y blusa tan pegada a su cuerpo y casi transparente por la lluvia, no los culparía de creer que el mundo estaba de cabezas.
A pesar de que ella estaba técnicamente de espalda a él, con su vista podía saborear sus suaves curvas. Su cuerpo recordaba esas mismas curvas sobre si, retornando las sensaciones vividas en el cuarto de lavado.
Si antes alguna duda sobre su dedición se mantenía en su mente, atormentándolo, ahora mismo incluso esas dudas desaparecerían por iniciativa propia.
Inuyasha recuperó con un poco de dificultad el control de su cuerpo y a paso sigiloso se fue acercando a kagome, quien aun no caía en la imponente presencia que venía tras ella.
Pero se detuvo a medio camino.
La admiró nuevamente.
Ella estaba tan absorta buscando algo al parecer, por que no dejaba de mirar el suelo alrededor de la camioneta de sango, su flequillo se pegara a su frente, obstruyéndole un poco la vista.
El hombre suspiró, esa mujer era una despistada.
Sango va a matarme, la escuchó quejarse apartando enojada su flequillo, agachándose un poco más para buscar lo que fuera que perdió.
Inuyasha sonrió de medio lado, cruzando sus brazos sobre su mojado tórax.
- Tonta – exclamó imperceptiblemente antes de cerrar los ojos y entrar a la casa.
Por solo unos segundos la idea de casarse ya no le parecía tan mala…
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Ella y sango habían regresado un poco antes que la tormenta se desatara, llenas de bolsas con golosinas, bebidas, uno que otro trago y lo indispensable, una pequeña torta.
Estaba tan ensimismada en su desgracia, que había seguido a sango alrededor de una que otra tienda del pueblo, para comprar quien sabe que cosa.
Ni siquiera pensó mucho en las respuestas que le daba a la mujer junto a ella, que no hacia otra cosa más que contarle una que otra historia sobre los dueños de las tiendas que visitaban.
Incluso en algún momento del trayecto de regreso a la camioneta, sango se había quedado en silencio.
El regreso fue pacifico, ninguna de las dos hablaba.
Solo cuando la estaba ayudando a bajar las bolsas de compras se dio cuenta que todo era para una fiesta.
Y entonces antes que pudiera decir algo, el esposo de sango apareció frente a ellas.
A kagome no le había pasado desapercibido el pequeño murmullo que intercambio con su esposa, ni como sango lo miraba con sorpresa, para después mirarla a ella.
La sonrisa que le dirigió en ese momento, lejos de parecer relajada, parecía forzada. Pero a kagome no le importó.
- Bueno, pero que veo aquí…- había exclamado Miroku al sacar la torta de la camioneta.
-Kagome me ayudo a comprar las cosas para celebrar el cumpleaños de inuyasha- había respondido sango, entrando luego con dos bolsas a la casa seguida por miroku.
Y así fue como producto de la sorpresa, se había quedado estática. Solo reaccionó cuando la lluvia caía sobre ella, despertándola.
El cumpleaños de Inuyasha…era ayer. Ahora que recordaba, sango ya se lo había mencionado dos días antes. Pero con todo el jaleo, dudaba que alguien siquiera se hubiese acorado. Por lo menos ella lo había olvidado…aunque, solo se lo mencionaron una vez, ¿Por qué tendría que acordarse de algo que no la incumbía?
La confundía, todo entorno a ese hombre la estaba confundiendo.
Primero, lo enfrentó, cosa que no se atrevía nunca a hacer ante nadie.
Luego, la noche en que lo confundió, y en el que él la había calmado…era la primera vez que se sentía tan protegida, pero al mismo tiempo indefensa.
…tantas cosas, desde que ese hombre bankotsu había hablado con ella, su mundo se volvió mas enredado de lo que ya era por si solo.
Y para empeorar todo, se le acababan de caer las llaves de la camioneta de sango al barro.
Su suerte no podía ser mejor, se sentía mojada, embarrada. Y sobre todo, una tonta.
El cabello que se le pegaba a la espalda ya le empezaba a pesar, su flequillo se lo había apartado por lo menos seis veces en lo que llevaba buscando las llaves.
La ropa no la dejaba moverse con libertad, se sentía atrapada.
- Sango va a matarme – se quejó mientras se acuclillaba para ver mejor.
Una voz a su espalda la exaltó, pero al girarse al ver quién era, no había visto a nadie.
- ya estas imaginando cosas – era una tonta al pensar que alguien además que ella estaría bajo la lluvia sin protección alguna.
Dios! Casi gritó al escuchar un estruendo sobre su cabeza.
Tembló, pero no del frío…Odiaba las tormentas, demasiado.
- maldita llave… ¿donde estas?- susurro buscándola con mas desesperación.- afín!- exclamó al encontrarla debajo de ella, algo cubierta por el barro.
Otro estruendo aun más fuerte que el anterior la hizo levantarse de un salto, asustada.
Se giró lo suficiente para cerrar la camioneta, y corrió subiendo los peldaños de dos en dos. Lo único que quería era volver a su casa y estar toda la noche oculta bajo las mantas de su cama.
Se sentía fatal…quería desaparecer. Dormir y no despertar más. Solo en su casa se sentía a gusto.
Pero lejos de estar en su casa, al instante después de cruzar la puerta de la hacienda, Su cuerpo chocó con uno mas grande que el de ella, haciéndola tambalearse.
Antes de que su cuerpo se moviera unos centímetros a causa del golpe, unas manos la tomaron por los hombros y la apretaron contra si.
Su cuerpo tembló inconcientemente, reconociendo el otro cuerpo mucho antes que la mente de ella.
A kagome se le fue el aire de los pulmones al elevar la mirada. Esta era parte de su mala suerte… había chocado con el hombre que menos quería ver en ese momento.
- Inu...Inuyasha – susurró sorprendida, tratando de apartarse.
Pero él solo la soltó unos segundos después, girándose sobre sus talones.
- sango quiere que la ayudes en la cocina- le informó sin girar su rostro, deteniéndose unos momentos.- pero primero deberías cambiarte.- agregó con un matiz ronco en su voz, antes de desaparecer.
Kagome se quedo mirando absorta donde Inuyasha se había ido, antes de reaccionar y digerir lo dicho.
¡Estaba empapada!
Corrió a su habitación, con las mejillas sonrosadas.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Cuando llegó a la cocina, sango y Tae ya tenían casi todo preparado.
- Oh! kagome, que bueno que estas aquí, ¿podrías llevar lo que está allí a la sala?- le dijo sango señalando unos platos que estaban en una pequeña mesa.
Kagome asintió, tomó dos y los fue a dejar en una mesa de vidrio que había en el centro del salón, rodeada de cuatro sofás.
Dejó los platos alado de unos posillos que contenían maní, papas, ramitas, entre otras tantas golosinas que compraron.
Cuando iba a regresar por los restantes, apareció sango y Tae con lo demás, indicándole que ya no era necesario.
Tae dejó las copas sobre unos porta-vasos de plástico transparente, antes de retirarse.
- bien, creo que todo esta listo – sango miro alrededor – solo falta que llegue el festejado.- suspiró.
Esperaba que su esposo pudiera convencer al latoso de su primo a participar. Inuyasha llevaba por lo menos, más de veinte años sin celebrar su cumpleaños. Desde que había muerto su madre que las celebraciones eran aborrecidas para él.
- bueno, creo que yo me retiraré a mi habitación.- susurró kagome, pero antes de lograr dar un solo paso, Inuyasha y miroku entraban a la instancia.
Miró al primero, no se le notaba nada alegre. Mientras que el segundo venía con una sonrisa radiante, feliz de su hazaña.
Inuyasha paso junto a ella, sin siquiera mirarla y se dejo caer como un saco de papas sobre uno de los sofás.
Kagome se había girado inconcientemente siguiéndolo con la mirada.
Sango aprovechó su despiste para jalarla a uno de los sofás, justo el que quedaba frente al festejado.
Intento reclamar, pero la mujer solo le dijo que se relajara, para luego dejarla sola e irse a sentar junto a su esposo.
¿Relajarse?
Levantó la vista solo lo suficiente como para ver la mesita con las golosinas. Estiró su mano derecha para tomar un poco de maní, tocando levemente el posillo, cuando otra mas grande se cruzó con la suya, rozándole.
Elevó nerviosamente los ojos topándose con dos orbes doradas, escrutándola.
Inuyasha la miraba con el seño fruncido, pero para su desgracia, no la miraba a los ojos, si no un poco más abajo.
Y creía imaginar que era.
Al estar su anterior ropa empapada hasta la mas mínima fibra, y suponiendo que sango la esperaba en la cocina, se había puesto lo primero que salió de su maleta. Unos pantalones cortos, y solo un chaleco sobre su ropa interior superior, así que se lo abotono lo mas rápido posible y luego corrió donde sango.
Pero al parecer el par de los botones superiores no lograron sujetarse correctamente, no realizando así su deber. Mirada normalmente, no se notaba, pero al estar inclinada y desde la perspectiva de Inuyasha, podía verse claramente lo que escondía tras la oscura prenda.
Bajó la vista solo para asegurarse que realmente era lo que pensaba, pero antes de lograrlo, los ojos de inuyasha se incrustaron en los suyos. Incapacitándola de cualquier acción.
Contuvo la respiración al ver el fuego en la mirada del hombre frente a ella, junto a sus duras facciones.
Todo el silencio de la habitación, seguía igual, pero las luces, el entorno, parecía desaparecer…sentía que se encontraba dentro de otra realidad, ante una encrucijada que la tentaba…
No supo con exactitud cuanto tiempo estuvieron así, perdiéndose en el oscuro abismo del otro.
Su mente le gritaba, le gritaba a viva voz que despertara. Pero no podía, estaba atrapada por el fuego ambarino…
- un brindis…por el festejado.-
Logró escuchar la voz de miroku a la lejanía, sacudiéndola abruptamente del trance.
Kagome abrió enormemente los ojos al darse cuenta que su mano seguía rozando con la de inuyasha, exaltada la retiró con rapidez, pasando a tomar su copa en el camino.
Se sentó lo mas recta que pudo, incomoda, casi hundiéndose en el sofá.
No miró a Inuyasha, pero lo sintió soltar una maldición antes de elevar su copa con desgana.
Cuando miroku termino de dar su breve pero prolongado discurso sobre su amigo, era el turno del festejado de hablar.
Kagome colocando su brazo izquierdo sobre su pecho, se protegió inconcientemente. Mientras que el derecho lo recogido de tal manera que le permitiera tomar un sorbo bastante largo de lo que fuera que le habían servido, después del primer brindis su copa se había visto vacía en cosa de segundos, miroku fue quien le llenó a copa nuevamente.
Intentó no ser tan conciente del hombre que iba a hablar.
- mierda miroku, no me pidas tanto.- le reclamó pasándose una mano con desesperación por la cabeza.- de acuerdo…- se rindió con desgana al ver a su primo sonreír con terquedad.
Inuyasha se puso de pie, suspirando mentalmente.
Minutos antes su primo lo había asaltado en el despacho, intentando convencerlo de que necesitaba despejarse y ¿que mejor manera que una fiesta por su pasado cumpleaños?
No le encontraba gracia, así que se negó mil veces ante las continuas suplicas de su amigo. Pero era testarudo…demasiado.
Y le había jugado sucio…
Miró a la pareja de casados, esperando a que hablara. Giró su vista un poco, topándose con una joven que al parecer ya iba por su tercera copa.
Arrugó un poco el seño.
Kagome estaba tomando demasiado rápido. Ni el mismo era tan tonto como para beberse su trago en diez segundos.
- dios…- susurró enojado, odiaba esto, las fiestas, las reuniones…todo.
Era por eso mismo que su primo iba a las juntas con los acreedores y socios en su lugar.
Tomó aire, realmente no tenia nada que decir…
- Inuyasha, si no vas a hablar, por lo menos ten la sensatez de dejarme ir por la torta.- le reclamó enojada sango al no ver ningún indicio de palabras por parte de él.- ya regreso- suspiró desapareciendo.
Inuyasha se sentó nuevamente, enojado.
Empezaba a odiar a esa mujer…
- kagome, querida… ¿me ayudas?- la llamó desde la cocina.
La nombrada tardó unos segundos en reaccionar, dejó con total descuido su copa, vacía, sobre la mesilla.
- voy – le respondió poniéndose de pie apenas, tambaleándose levemente.
El cumpleañero elevó una ceja, esa muchacha estaba más mareada de lo que parecía.
Kagome apenas avanzaba un poco y se detenía para no perder el equilibrio, hasta que finalmente se perdió tras la puerta de la cocina.
- no deberías servirle más, creo que tiene suficiente como para toda una vida…-
Miroku se sobresalto al recibir la crítica de su primo.
- relájate, tampoco es como si tuviese que manejar.- rió en respuesta, viendo como ambas mujeres regresaban.
¿Relajarse?..
Inuyasha volvió la mirada hacia kagome, quien venia totalmente absorta en no perder el equilibrio mientras traía dos platos con un pedazo de torta en cada uno.
Casi tropezó unas cuantas veces antes de lograr llegar salva a su asiento.
Luego miró confundida uno de los plato, no sabiendo que hacer con el.
Sango le entregó uno a miroku y se sentó con un gran trozo de pastel en su plato, mucho más grande que el de cualquiera.
El único que faltaba era inuyasha, quien no le quitaba de vista a la mujer frente él, que aun miraba extrañada el segundo plato sobre su regazo.
- kagome, puedes pasarle ese a Inu por favor.-
La confundida mujer miró a su interlocutora por un momento, antes de asentir.
- aquí tienes – le ofreció el plato junto con una radiante sonrisa al saber realmente que hacer con ese segundo objeto que había traído consigo.
Inuyasha dudó…dudó en recibirlo.
La sonrisa tan despreocupada de la mujer, lo descolocó.
- ¿no lo quieres? –
Vio como sus labios se transformaban en una mueca algo triste ahora.
Negó, para agrado de kagome, quien estiró un poco más su brazo.
- gracias.- procuró no despegar sus ojos de ella, estiró su mano para quitarle el plato.
Ella solo sonrió.
Los siguientes minutos fueron raros.
Kagome se notaba más relajada, hablaba con más seguridad con sango. Incluso respondía riendo una que otra vez ante las locuras de miroku.
Inuyasha no le quitaba la vista de encima, se le hacia extraña su forma de actuar. Sus hombros rígidos con anterioridad, caían relajados. Su postura recta, había sido cambiada por una de total despreocupación.
Otra…pensó al verla ir por su séptimo trago.
Pero a pesar de tener ya varios grados de alcohol encima, a kagome no se le trababa la lengua ni nada, era algo torpe, eso si…varias veces casi se le resbalaba la copa de las manos, y era cada vez mas difícil para ella dejarlo correctamente sobre la mesa.
Él, el aun ni había terminado su segunda copa. Algo totalmente raro en él.
- bueno, ya es tarde, el sueño me mata… ¿vamos querido?- habló en medio de un bostezo sango, jalando de la camisa a su esposo.- mañana limpiare todo esto…estoy cansadísima.- exclamaba mientras arrastraba a miroku escalera arriba, quien solo asentía.
Y así fue como en la habitación solo quedaron ellos dos.
Kagome intentaba enfocar su vista en su copa, para tomarla de la mesa.
- suficiente –
La mujer miró extrañada al sujeto que le había quitado su vaso justo cuando lograba dar con el.
-aun le queda- se quejó estirando el brazo.
-no, ya no.- y de un solo movimiento, inuyasha se tomó el resto.
Kagome perdida, lo miró de lado, preguntándose donde estaba su trago. Le costo reaccionar, pero cuando lo hizo se intento levantar, molesta.
- eso era mío!- recalcó tambaleándose, pero logrando milagrosamente no caer.
El hombre bufó antes de ponerse en pie.
De tres zancadas quedo junto a kagome, quien intento retroceder.
- caerás –
La sujetó de la cadera, antes que sus palabras se hicieran realidad.
Ella solo atinó a pegar su cuerpo al de él. Sin darse cuenta en lo que esto le provocaba a Inu.
Aun cuando sabía que ella lo había hecho inconcientemente, no pudo reprimir la corriente eléctrica que recorrió su cuerpo al sentir nuevamente el de ella tan apegado al suyo.
- no me hagas esto- le susurró sobre el cabello, apretando mas el agarre en sus caderas.
Su respiración se estaba entrecortando, la tenía entre sus brazos, pero no podía tocarla…aun cuando su cuerpo se lo gritaba, se lo exigía acaloradamente.
Ella estaba ebria…no estaba en sus facultades.
Mmmm sintió que se quejaba, acomodándose en su pecho.
Inuyasha se extraño por alguna razón, el cuerpo de la mujer apenas y si se sostenía solo.
La movió un poco, lo suficiente para mirar su rostro…
-perfecto…- suspiró al encontrarla apaciblemente dormida.
Se inclinó un poco, pasando su brazo izquierdo por detrás de las piernas de la joven, tomándola en brazos.
Cuando se incorporó, la cabeza de kagome rodó, quedando sobre su hombro izquierdo, rozando levemente con la nariz su cuello. Uno de sus brazos descansaba sobre su pecho, mientras el restante caía a un lado de su cuerpo, colgando.
De un pequeño salto, inuyasha la acomodó mejor.
- le dije a miroku que ya habías tomado suficiente- regañó caminando en dirección a las escaleras.
Por su culpa, ahora debía llevarla a la habitación, como tal pareja de casados…que ironía.
Subió a tientas los peldaños, ya que no tenía la facilidad de encender la luz.
Kagome apenas se movía entre sus brazos…La última vez que recordaba llevar una mujer en brazos, así como en ese momento…era…no, realmente nunca había pasado.
Siempre era él el que era arrastrado a una habitación, sin necesidad del trámite del camino, en algunas ocasiones ni la habitación fue necesaria.
Resopló al llegar al final de la travesía, estaba justo frente al cuarto de kagome.
Como pudo giró la manija, intentando que la mujer no cayera en uno de sus intentos, la puerta cedió con facilidad.
Iba a entrar, pero su cuerpo se dejo de mover…estaba algo espantado.
- esto es entupido- se reprochó, sujetando mejor a la mujer en sus brazos, adentrándose a la penumbra de la habitación.
Apenas había caminado un par de pasos cuando algo se interpuso en su camino.
Maldijo por lo bajo.
Esa mujer dejaba tirada su maleta en cualquier lado.
Se acercó a la cama, afirmó una de sus rodillas sobre ella, hundiendo el lugar. Y se inclinó para depositar a la joven.
Inconcientemente inuyasha la dejo con total cuidado, como si la fuese a despertar.
La mujer se quejó al sentir la falta de calor humano junto a ella, pero se revolvió un poco para acomodarse.
Estaba tan oscuro, que inuyasha apenas podía ver su dormido rostro, pero sentía su calmada respiración chocar contra la suya.
Descendió un poco más, de tal manera que sus mejillas se rozaran, y se quedó así un momento. Aspiró el aroma de su cabello, unas cuantas veces antes de finalmente apartarse.
Se alejo lentamente de la cama.
Cuando ya estaba tomando el picaporte para jalar la puerta con el, escuchó un leve murmullo a su espalda.
Solo unos segundos bastaron para salir de su estupor, y finalmente cerrar la puerta tras de si.
- buenas noches…- dijo quedamente, alejándose hacia su habitación.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Kagome abrió sus ojos, su cuerpo le pesaba y la cabeza le palitaba horriblemente.
Pero por más que forzaba su vista, no lograba distinguir nada.
Todo era oscuridad, ningún sonido a su alrededor, ni el de su propia respiración.
Estiro sus manos frente a sus ojos, pero no las vio. Intentó ver a sus pies, pero todo era negro.
Estaba asustada.
Se abrazó a si misma, y se encogió.
Hacía frío
Empezó a caminar, o eso creía; lentamente, con cuidado, tentando el camino, tenía la leve sensación de que caería en un abismo.
Plaf plaf
De pronto escuchó…agudizó su oído.
Plaf plaf
Volvió a oír desde atrás.
Kagome contuvo la respiración, sonaba como si un gigante estuviese caminado.
Giró su rostro, lo suficiente como para ver tras ella.
Verde…juraría que por unos segundos vio un resplandor verde.
Retrocedió dos pasos al voltearse por completo debido a la sorprendente luz.
Temía hablar, así que con una de sus manos tapó su boca.
Abrió enormemente sus ojos, al ver como otro destello aparecía mas cerca que el anterior, esta ves, era doble.
Dios…
Las luces no desaparecían, se estaban moviendo…donde ella.
Volvió a girar, bruscamente, dándose a la fuga.
Debía correr, escapar…tenía miedo.
Corre…su mente se lo pedía, pero su cuerpo le pesaba, haciéndole difícil la tarea.
Miró rápidamente atrás, casi tropezó al notar unos blancos colmillos junto a las luces…
Regresó la vista al frente, sorprendiéndose.
El paisaje en algún momento había pasado de negro abismal a ser el viñedo Tashio.
Quiso gritar, pero de su boca no salió ninguna palabra.
Se desesperó aun más.
La casa…
Intentó buscarla, pero cada ves que intentaba correr a ella, sentía que se alejaba mas y más.
Zigzagueó por las viñas, buscando a alguien…quien fuera.
El llanto la invadió, estaba sola…
Quiso girar, pero estaba aterrada…escuchaba un gruñido a su espalda.
Se despistó, tropezando en el camino cayendo de bruces al suelo.
No, no, noo…
La desesperación era horrible. No tenía fuerzas para ponerse de pie.
- aléjate!- gritó al ver un par de patas y garras frente a ella.
Con temor levantó la cabeza…
Un lobo la miraba directamente a los ojos, gruñendo, mostrando sus afilados colmillos…
--
Un rayo de luz atravesó la habitación, seguido segundos después por un estruendoso sonido.
Kagome abrió enormemente sus cristalinos ojos, aun aterrada.
-un sueño…-susurró agitada, mirando a su alrededor.
Todo su cuerpo temblaba. Había sido tan real…las sensaciones de pavor no querían desaparecer de su mente, incluso la adrenalina de la carrera se mantenía en su agitada respiración.
Se sentó como pudo, ocultando su sudado rostro entre sus manos, y entonces sollozó.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Inuyasha se encontraba recostado, escuchando la tormenta.
Con su vista fija en el techo, totalmente a oscuras, se permitió dejar fluir sus pensamientos.
Pero sola una cosa venía a su mente.
Deudas
Esas cifras que no lo dejaban tranquilo.
Años de trabajo, de esfuerzo… ¿de qué sirvieron?, para qué un día tenga que depender de alguien mas para no perder el viñedo?, que ridiculez…
Suspiró antes de maldecir.
Tiempo atrás se había jurado nunca más mezclarse de lo estrictamente necesario con una mujer, es más, se las arreglaba de maravilla en ese asunto.
Pero ahora una mujer era lo único razonable que tenía, claro…comparándola con kouga, cualquiera sería mejor opción que él.
Su padre le daba dos meses, para casarse… ¡dos meses!
- ni aunque me diera un millón de años, estaría conforme…- bufó girando en dirección a la ventana.
La lluvia golpeteaba irregularmente el cristal, formando una posa en el balcón.
- aléjate!-
El sonido de un gritó lejano llamó su atención, incorporándolo.
- pero qué…-
Agudizó su oído, pero solo el sonido de un estruendo fue lo que llegó.
- estoy cada ves mas loco…-dijo apretando la mandíbula.
Se recostó nuevamente, con algo de duda.
Miró a su alrededor…podía jurar que había escuchado la voz de kagome.
Feh…ya estaba imaginando cosas.
Cerró sus ojos, el sueño nunca llegó…pero aun en su cabeza retumbaba ese efímero alarido.
-
Continuara…
Perdón!! perdón, perdón perdón perdón! oh dios mios! perdón!, no tengo escusa por todo lo que me he demorado, lo siento en el alma...aceptare cualquier reclamo, es lo minimo que puedo hacer y.y, nunca pensé en demorar tanto en actualizar...mas de un año, es demaciado...me siento faltal con ustedes. bueno bueno, pero ya...volví! y para quedarme! larguito deje el capitulo, como muestra de disculpa...si mas de alguna se aburrió de esperarme, lo comprenderé ó.ò, espero que el capitulo haya sido de su agrado, me esmere en él, ya que estoy algo oxidada, diganme que tal, si?...los nervios me matan...me lo meresco, lo sé. Pero a pesar de mi ausencia, quede sorprendidicima en recivir hace un poco atras, aún Rv, en la historia, yo creo que eso me hizo hacer un click para volver a escribir....les agradesco un monton!....bueno, ahora me largo, las veré pronto!, no lo duden, no pienso volver a desaparecer por lo menos hasta haber terminado este fic, saludos n.n!!
Akari-aoi [renovada!!]
