guiónes.- Dialogo
Cursiba: pensamientos
(n/a): Notas la autora, yio :p
.-.-.-. : cambio de escena
-..-..- : Cambio de dia xD
Aclaración: Inuyasha no me pertenece, ni ninguno de los personajes de ese fantastico anime T.T solo usurpo su hermosura xD
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.-.-Día Cero.1-.-.
El día despertó bullicioso, la lluvia no daba muestras de querer detenerse y caía pesada, el lodo se ceñía escurridizo por todo el paraje siendo en muchos lugares poseedor de posas de agua turbias. El cielo recubierto por una cortina ennegrecida, solo daba esporádicas muestras de luminosidad a los segundos después que los truenos retumbaran en lo alto y los relámpagos centellaran furiosos, ambos demostraban su grandeza de los dioses, Thor golpeteando con ímpetu y Zeus siguiéndolo a cada compás con destellos de poder. El viento mecía arrebatado los arbustos llevando consigo Hojas y Frutos sin distinción, en sus arremetidas golpeteaba fieramente la Casona, casi exigiendo con un vehemente silbido permiso para derribarla.
Privando del desastre que ocurría en el exterior, la Hacienda lejos de ceder ante el fiero poder de la naturaleza, se mantenía implacable sobre sus viejos pero fuertes cimientos, las generaciones pasadas se habían cobijado con vehemencia en la estructura, al igual que lo harían las futuras. El poderío del viento lograba hacer crujir los tablones de la casona, esperando que con tanta insistencia cediese.
Las pocas personas que se encontraban en la casona, pasaban indiferentes ante tanto bullicio del lugar, concentrados cada cual en lo que ocupaba su mente.
Pero para Kagome que iba bajando las escaleras con total parsimonia, ahogaba las ganas de sujetarse la cabeza para reprimir el molesto sonido, sentía que sus tímpanos le retumbaban de tal manera que ya estaba pensando que el ruido era producto del palpitar de su cerebro. Era imposible poder pasar la resaca tranquila en su habitación, no sin un buen analgésico para calmar así las horribles ganas de separar su cabeza del cuerpo con sus propias manos.
Ya estaba por llegar al último escalón, cuando la puerta a un par de metros de ella se abrió de un golpe nada silencioso, que le trajo una nueva oleada de dolor en la sien además de una fuerte ráfaga de viento que la abofeteo, pero ella solo arrugó el seño.
- ¡Me importa un demonio lo que digan! – El gran grito que se escuchó fue aun peor para la pobre mujer, el cual no solo rebotó en todas las paredes de la casona si no en su propia cabeza, y para aun mas pesar de ella, fue seguido por el fuerte azote de la misma puerta que poco antes ya le entregó problemas auditivos.
Kagome quién en ese momento se hallaba al pie de la escalera, vio a los dos sujetos más escandalosos del día, ambos hombres estaban totalmente empapados de pies a cabeza. Aun con su mano derecha bien sujeta a la barandilla y una de sus piernas levemente flexionada, tramó la idea de regresar sobre sus pasos y encerrarse en su habitación. Su cabeza le dolía tanto que le había costado unas cuantas punzadas pensar siquiera en salir de ese lugar.
-Inuyasha, se conciente de lo que estas rechazando…es una buena oportunidad, ¡No seas tan terco hombre! – Exclamó Miroku en respuesta a su primo, con el mismo tono que estaba volviendo loca la salud de la joven aun presente, la que ninguno había logrado advertir aún. Los dos estaban de pie en la entrada, goteando por cada extremo de sus prendas, la tormenta no reparaba en diferencias.
- ¡Terco!...- Rugió indignado desprendiéndose del mojado chaquetón que lo cubría, colgándolo en el perchero a su lado, sin apartar en ningún momento su furiosa mirada del otro hombre.- Yo no soy ningún terco, bien sabes que nunca he estado de acuerdo a hipotecar la vendimia, ¡Y tú vas y pretendes que firme un trato que claramente me dejaría en peor situación!, ¡Piensa un poco primo! Si aceptara tendría una soga mas amarrada a mi cuello… ¡Son unos estafadores de la peor calaña!- vociferó quitándose las botas con violencia.
- Estas exagerando - Miroku negó rápidamente tratando de convencerlo – Tú mismo me dijiste que necesitabas una suma considerable de dinero para cubrir con gran parte de los materiales y de los sueldos de los recolectores, ¡¿Con qué piensas pagar si no?!-
- De alguna manera me las arreglaré- Refunfuñó, buscando algo en su cabeza antes de volver a hablar cuando pensó que lo tenía.- Además…-
- No, no podemos esperar – Le cortó, sosteniéndole la mirada con la misma rigidez de su primo, heredada sin duda de la sangre Tashio.- Kagome podría ser tu única esperanza en estos momentos...-
La aludida quien estaba pasos de la histeria por tanto grito que presenciaba, no logró escuchar el resto de la conversación, el impulso de escapar del malestar que la agasajaba fue mas fuerte y la impulsó a desaparecer lo mas rápido y silencioso que pudo a la cocina, rogando que encontrar un poco de paz allí.
- ¿Esa mujer? - El tono despectivo con que Inuyasha se refería a ella no sorprendió a ninguno de los dos.
- El testamento te exige que la necesites, si no quieres aceptar a los prestamistas, tendrás que arreglártelas para que acep…- Una silueta entró al campo visual de Miroku pero desapareció igual de rápido.- Oh…-
- ¿Qué? Te diste cuenta de las sandeces que estabas diciendo? – Preguntó el otro cuando vio como perdía el habla.- ¿Miroku?- Lo llamó al no obtener respuesta, levando una ceja escéptico ante el repentino silencio del sujeto.
Pero su primo estaba con la vista perdida y un poco pálido. ¿Abrían escuchado la conversación? ¿O solo había sido su imaginación la que le estaba jugando bromas? Era casi imposible que no hubiesen reparado en una presencia si se encontraba en la instancia, pero estaban tan enfrascados en la discusión que bien podría habérseles pasado un detalle así, rogaba que ese no fuera el caso, ya que si era así, las opciones eras escasas en ese momento, existían buenas, de las cuales no importaban puesto que no tomarían en cuenta una conversación de Inuyasha y existían las malas opciones…Miroku enlisto ambas y uno se le vino al instante: Tae, pero ella era una buena opción, si…debía ser, ¿quién mas?, era la encargada de la mayoría de las cosas de la casa, mantener preparada las comidas, el aseo del lugar…Pobre mujer, atendía mas labores de las que podía realizar cualquier otro, antes por lo menos compartía las obligaciones con Hitomi, la relación de ambas era como de madre e hija, la anciana se había encargado desde temprana edad en instruir a Tae en las tareas del lugar, desde el mismo momento en que el padre de Inuyasha se la había asignado luego de llegar con ella una noche. Por lo que contaban, la joven mujer tenía solo nueve años cuando quedó huérfana, nadie sabe cómo fue que llego a manos de aquel sujeto, y nadie se sentía lo suficientemente estúpido como para preguntar, ahora mismo ella sobrepasaba por tres años al obstinado de su primo, pero nunca se prestaban atención, el temperamento de ambos chocaba si se mantenían en la misma habitación por mas de diez minutos.
- Ey -
- ¿Ah?...- Miroku vio pasar una mando frente a su rostro, despertándolo.
- ¿Qué te pasa?-
Inuyasha lo miraba con el seño fruncido, su primo podía ser un latoso, pero nunca se quedaba sin palabras.
- Nada, creo que solo me olvide de lo quería decir y me quede pensándolo- Rió tratando de restarle importancia al asunto, no quería preocuparlo por sus alucinaciones.
- Eres un caso perdido, sabes? –Suspiró girándose, subiendo un pequeño escalón que era separado por un metro de la puerta.- No sé como te soporta tu mujer…aunque son tal para cual ahora que lo pienso mejor- Metió una mano en el bolsillo derecho de sus pantalones, le costó un poco ya que estaba apretado por la lluvia. Miroku lo fulminó con la mirada, el sarcasmo era otra característica que venía junto con otras en el gran paquete de la sangre Tashio. Algo de lo que estaba agradecido en esos momentos, era haber sacado más características de la sangre de su madre…
- Tus halagos me alientan a seguir mejorando.- El bufido que recibió en respuesta logro sacarle una risotada.- Espera – No fue muy larga su alegría, se sacó las botas con rapidez y empezó a perseguir a su primo.
Inuyasha caminaba con gran rapidez, por lo que lo tenía casi dando trotes tras él, siempre le había costado mantener el paso de su primo, no sabía si lo hacía a propósito, o el caminaba así de rápido, nunca se lo preguntó y tampoco tenía ganas de hacerlo ahora. Trotó dos pasos mas para darle algo de alcance, Inuyasha tenía el rostro serio, bueno, era algo muy común en él…por la misma razón que nunca tenía ni la mas mínima idea que era lo que pasaba por esa cabeza.
- Mira, si vas a seguir diciendo estupideces ahorra el aliento, no quiero seguir discutiendo contigo.-
- Hazme caso, debes arreglar el asunto lo mas pronto posible, el tiempo no esta de tu lado y corre aún mas rápido que tú.-
Ambos entraron al despacho, para desgracia de Inuyasha su primo pensaba seguirlo todo el día hasta que le diera una respuesta o a qué por lo menos intentara pensar en que debía pensar en algo, lo que no tenía ganas de hacer.
- ¿Cuántas veces tengo que repetir lo mismo?, No firmaré.- Irritado se acercó al mini Bar inclinándose luego buscando entre las botellas una en particular.- Así que no molestes.- Se incorporo al encontrarla, pero no lo miró.
Miroku suspiró mientras lo veía llenarse un baso de Wisky, negó cuando le ofreció.
- Oh no sé cómo se me pudo ocurrir intentar razonar con alguien como tú, es imposible.- se dejó caer en el largo sofá afirmándose en el espaldar y se cruzó de brazos, cerró los ojos antes de volver a hablar.- Deja ver, tienes taaaanto de qué escoger…hombre por dios, en una semana mas debes pagarle a tus trabajadores y aún tienes que pagar el transporte de los frutos para que sean procesados, ¿Dónde piensas sacar el dinero en tan poco tiempo? El banco te lo daría casi enseguida, claro…hipotecando, pero vamos resolviendo un problema a la vez.-
Inuyasha aún junto al mini bar escuchaba con desgano. Lo sabía, sabía que tenía que arreglar el asunto estos días, no tenía tiempo para nada, cómo pagar deudas sino poseía el dinero suficiente para los sueldos al mismo tiempo…Todo estaba en su contra, los minutos, las horas, los días iban pasando sin traerle una solución.
- Cómo olvidarlo, si me lo repites cada cinco minutos…- Se empinó de un solo tragó el baso para luego dejarlo con un sonoro golpe, casi rompiéndolo sobre la mesita.
Inuyasha se dirigió al ventanal que se encontraba aun lado de su primo, recargándose en el marco. Vio como ya comenzaba a empañarse…la lluvia escurría zigzagueante por el cristal.
Suspiró
¿Había pedido mucho esperar que la tormenta no durara demasiado?...Ya debía imaginarlo, la naturaleza lo odiaba…el dinero rehusaba ayudarle, su primo le estaba otorgando una jaqueca…todo conspiraba en su contra.
Comparando el diluvio que caía con el día en que Kikyo se había marchado, el sol resplandecía en lo alto…burlándose de su destino. La mujer no había esperado demasiado para irse, y él estaba tan absorto en su abandono encerrado bebiendo…¡Demonios! Hubiese sabido antes todo lo que iba a ocurrir después…tendría que haber puesto mas atención en el monto de dinero que ella exigía…¡Tal cantidad casi lo dejaba en la calle! Y él solo se preocupaba en ese momento de que todo terminara lo mas rápido para no saber mas de ella, que no le importó el dinero que despilfarró para librarse de la mujer…¡Qué entupido fue! Ahora se daba cuenta que no estaría tratando de formular alguna salida si hubiese cantado con ese dinero desde un principio…¡Malditas deudas! Le recordaban cada día su estupidez…Siempre trataba de arreglar los asuntos solo, sin ayuda de nadie…pero ahora era imposible, llevaba ya mucho tiempo desechando tantas cosas…¡Cómo odiaba sentir que no podía valerse por él mismo!…demostrándole así a su padre que no era un inútil como pensaba…¿A quién engañaba? Lo mas probable era que su padre estuviera revolcándose de goce en su tumba al verlo en estos dilemas…y lo peor de todo, era que ese mismo despreciable hombre le había otorgado una salida, cómo si tuviera el conocimiento desde antes de los problemas que tendría…
- Yo digo que firmes…sé que es difícil, nadie dice que es fácil, pero ya es todo…¡No seas cabezota!-
-Silencio Miroku…no quiero oírte más.-
Inuyasha se cruzó de brazos, impasible. Escuchar a su primo era peor que estar frente a los accionistas o cualquier otra persona que tratara de hacerlo reaccionar. Su primo era la única persona que lograba que sintiera que realmente estaba siendo arrogante, el único que podía sacudir su conciencia…
- Mira por esa ventana y dime si estas dispuesto a perder lo que haz estado luchando por tantos años sacas adelante…-
Miroku ya se encontraba frente a Inuyasha, exasperado.
- O lo pierdo por las deudas, o lo pierdo hipotecando…¿Cuál es la diferencia?- Respondió suspirando, mirando solo en ese momento al otro sujeto.
Miroku hizo apremio de todo su autocontrol para no golpéalo. ¡Que obstinado!...Respiro hondamente y contó hasta diez antes de volver a hablar, pero de todas formas sus palabras salieron ásperas.
- Te estas rindiendo sin luchar, no es propio de ti…-
Inuyasha se encogió de hombros.
- No es que no quiera, pero ya me estoy cansando de todo esto…-
- ¿Cansado? Cansados tus trabajadores que no tienen idea de la crisis que estas pasando y trabajan con una sonrisa todos los días, despreocupados…dime, ¿No te da remordimiento decir que estas cansado aún sabiendo eso?-
El reproche se dibujo en su semblante. ¿Cómo hacer reaccionar a Inuyasha?...era tan terco…
- ¡Oh!…dije que estoy cansado, no que abandonaría… ¡No dramatices! – exclamó golpeando el ventanal con el puño, la acción no sobresalto a Miroku ya que seguía con la vista fija en su primo.- Sabes mejor que nadie que no soy lo suficiente tirano como para olvidarme de algo así…- apretó los dientes, apartando solo en ese momento el puño del frío vidrio, dejando una húmeda impresión en el.
Miroku suspiró, entendía la desesperación, ¿Cómo no hacerlo? Llevaban casi la mitad de su vida circulando por ese lugar…eran demasiados los recuerdos, buenos y malos…pero recuerdos al fin.
- Entonces… ¡Qué Inuyasha! Dame algo…lo que sea para ayudarte…solo dime qué harás.-
Un destello siniestro brillo en la mirada del ambarino, el que no pasó desapercibido por el otro. Un escalofrió surcó su espina dorsal cuando ahora una sonrisa torcida se estampaba en el mismo rostro.
- Solo me queda adelantar las cosas…claro, ¡Que tonto! – Rió pasándose una mano por la cabeza. Tenía un salvavidas, lo había desechado momentos antes, pero ya no podía regodearse… Kagome, el plan que tenía requería tiempo, pero… ¿no había dicho Miroku que el tiempo corría aun mas rápido? Tendría que modificarlo, obvio…no necesitaba prestamistas, solo la necesitaba a ella y todo estaría zanjado. Su plan original necesitaba casi un mes…ahora solo le quedaban cinco días…bien, podía lograrlo…replantear algunas cosas, si…¿Por qué no?.
Miroku le dirigió por primera vez una mirada interrogante. Inuyasha se había vuelto loco, tanto estrés le estaba haciendo mal…se reía solo, incluso ahora se veía mas relajado…
- ¿De qué hablas? – Cuestionó curioso, frunciendo el entrecejo.
El afectado tosió aclarando la voz antes de hablar.
- ¿Olvidas que tengo el dinero?...-
- ¿Dinero? Inuyasha, si tuvieses dinero no estaríamos ahogándonos en un baso de agua…no, en un mar de problemas como lo estamos haciendo.-
- Tengo el dinero…solo que tengo que buscarlo -
La sonrisa de Inuyasha restaba mucho de ser la de un loco, cuando se dirigió a la salida Miroku lo siguió sin dudar.
- Aún no te entiendo –
- Si te digo que tengo el dinero, es por que lo tengo…- Sonrió satisfecho, se acercó a la puerta para abrirla.- Solo tengo que buscarlo…- Repitió dando así por terminada la discusión.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Kagome suspiró recostándose en uno de los sofás de la sala.
Había pensado que en la cocina podía encontrar un poco de paz, pero no…tarde se dio cuenta del error…cuando entró se encontró con Tae malavareando con las ollas y los vegetales del almuerzo, mientras además intentaba asear el lugar. La pobre mujer al verla, no hizo falta que le dijera algo, con solo ver en sus ojos una pizca de esperanza…no pudo decirle que no.
Así que pasó la mayor parte de la mañana ordenando la cocina…
Suspiró incorporándose lo suficiente para tomar la tacita flameante de la mesita, sorbió un trago de las infusiones de hierba que se había preparado...aspiró un segundo el vapor. Esta era la mejor manera que tenía para relajarse…dejó la tasa en la mesa.
Ahora solo tenía que esperar a que su cabeza dejara de palpitar…cerró los ojos y se estiró masajeando los costados de su frente. ¿Desde cuando que bebía? Se preguntó arrugando el seño al notar como aunque tratara, el dolor no se iba. Oh…si, ahora recordaba…seis años de eso…seis años que no había tocado un baso de licor por temor…
Ahogó las ganas de gritar.
¿Por qué entonces no dudó del liquido la noche anterior?... se sentía una idiota, ella sabía que después del primer trago de cualquier cosa con licor, no recordaría nada… ¡Cómo era posible! Si…cuando el alcohol saludaba su paladar, su mente se apagaba… sabía que ella seguía funcionando, pero casi inconcientemente, sus amigas años atrás la habían puesto al corriente informándole una que otras cosas que ella no recordaba… ¡Horrible, simplemente horrible! Por mas que tratara, no llegaba a su mente nada de lo de la noche anterior, su último recuerdo era el alejarse de Inuyasha y estar muy incomoda mirando a Miroku que hablaba con la copa en alto… después de eso… ¡Nada! Su mente estaba en blanco…oh, como odiaba el alcohol…
Tan ensimismada estaba en sus pensamientos, que no noto a Sango hasta que se sentó junto a ella.
- Que día mas latoso…- expresó con desgano.
La mujer comenzó a mirarse las uñas a la lejanía, con ese simple gesto Kagome pudo notar que tan aburrida estaba.
- ¿Quieres? Sobraron de ayer…- Le ofreció una bolsa con galletas de chocolate.
- Gracias…- Sacó una y se la llevó a la boca algo incomoda. Temía recibir algún comentario de anoche…si tan solo supiera a que atenerse…
- Oye…tengo una duda.- La castaña devoró otra galleta antes de volver a hablar.- ¿Has visto a mi esposo?...llevo toda la mañana buscando y no logro dar con él, no estaba cuando desperté-
La otra mujer dejo salir casi de una bocanada el aire que había estado conteniendo…
- Yo…
Pero antes que pudiera responder, el hombre apareció en la habitación, algo agitado las miró por un momento debatido antes de caminar donde ellas. Su mujer recién se había echado otra galleta a la boca, por lo que no dijo nada, solo se preocupo de masticar sin dejar de verlo, impaciente.
- ¿Han visto a Inuyasha? –
Ambas negaron.
- El muy astuto desapareció cuando…tropecé- tosió distorsionando esa ultima parte- …ahora no lo encuentro- regañó acariciándose la nariz, algo colorada por el repentino golpe. El recuerdo de la puerta chocando contra su rostro lo hizo estremecerse, ese patán le había aventado la puerta que separaba el pasillo de la entrada, la cual era de dos sentidos, con toda intención…
- Querido… si no supiera que afuera se esta desatando una catástrofe te aseguraría que lo buscaras en el establo, pero como ese no es el caso debe encontrarse en su habitación…- Razonó avergonzando al hombre, pero sacando una sonrisa en la otra mujer.- Pronto estará el almuerzo, no creo que tengas que seguir buscando…solo espera.-
- Si, tienes razón…- Se sentó junto a su mujer. Estiró la mano para quitarle una galleta, pero ella le alejo el paquete sin mirarlo y se comió otra galleta como si nada. Suspiró… ¿Por qué insistía? Su esposa cada vez era más tacaña con la comida…
- No veo cual es el apuro, ¿no se ven todos los días?-
La pregunta de Kagome sorprendió a la pareja, que la miraron extrañados…logrando que se sintiera incomoda.
- Digo… -
- No, tienes razón…solo que creo que me estoy volviendo un psicópata…si eso tiene que ser, psicopatizo a mi propio primo.- El tono burlón debatía con la franqueza… ¿Se estaría volviendo un psicópata?... Ya se estaba dando miedo a él mismo.- Ya pero, cambiando de tema… ¿Qué tal tu estancia en la casa? ¿Estas incomoda? –
¿Incomoda?, ¿Lo normal no sería preguntar si estaba cómoda? Levantó la vista dudando que responder… en ningún momento se había parado a pensar en cómo se sentía en esa casona… ¿Qué contestar? Vivos recuerdos golpearon su memoria y en todos estaba el ambarino…Se encogió sonrojándose.
- Estoy bien…
- Que dices hombre…es obvio que se siente incomoda, estar en la misma casa que tu primo pone de los nervios a cualquiera – exclamó Sango pasando por alto la respuesta de la otra.
- No, en realidad no…- se ruborizó, había contestado demasiado rápido.
Los esposos intercambiaron una mirada.
Debía admitir que la perspicaz era su esposa, pero incluso una reacción así él podía reconocer el nerviosismo.
- No es necesario que intentes ser amable…conocemos lo suficiente a Inuyasha, siempre ha sido de lo mas antisocial.- Sango sonrió tomando una de las manos de Kagome entre las suyas, consoladora.
- Claro, siempre ha sido así… -Afirmó Miroku elevando un dedo frente a las mujeres, acercándose.- Desde pequeño se escapaba de las reuniones familiares…era un diablillo escurridizo, la servidumbre nunca daba con él…- Negó recordando, luego echó una ojeada a ambos lados y bajó el tono de voz volviendo a mirarlas.- Un día se escondió en las alacenas y se quedo dormido, paso toda la noche allí…-
Inuyasha irrumpió en el sitio y se quedo parado junto a la puerta, escuchando el relato de su primo. El rostro se le contrajo cuando se reconoció como el protagonista de la historia.
Kagome reparó en él, no supo que hacer, se le aceleró al pulso con solo ver como apretaba la mandíbula y fruncía el entrecejo, decía claramente lo descontento que estaba con la situación. Quiso decir algo para que Miroku dejara de hablar, pero cuando iba a abrir la boca, Inuyasha le negó con la cabeza y levanto un dedo sobre sus labios para que callara. Camino lentamente con la vista fija en la nuca de su amigo.
-…Toda la casa se volvió loca buscándolo, pero nadie daba con él…después de pasado el medio día la mujer que estaba preparando el almuerzo gritó tan fuerte que todos corrimos a la cocina…la pobre mujer lloraba desconsolada del susto al encontrarlo entre las especias.- Siguió contando bajando mas el tono, volviéndolo casi en un susurro.- Ahora como no puede entrar a las alacenas, se encierra en su despacho o se escapa en Youkai antes que nos demos cuenta, antipático siempre ha sido… poco amigable, insufrible, apático…si eso también lo sabemos.-
Sango asentía ante cada descripción, con los ojos cerrados. Kagome se revolvió nerviosa. Una mueca de disgustó se formó en las facciones del otro hombre, ahora de pie tras el ferviente narrador, el que seguía hablando casi sin parar.
-… La mayor parte del tiempo se comporta como un verdadero ogro.-
- ¿Quién es un ogro?- La voz ronca llegó tal fría ráfaga de viento.
Miroku sudó y movió sus labios formulando una pregunta muda a Kagome, cuando ella asintió el hombre tembló girando el rostro y elevando la mirada hasta las facciones de su amigo.
- Inu…Inuyasha…q…qué c…coincidencia…- El nombrado se cruzó de brazos, logrando que al otro se le trabaran más las palabras.- digo…ya sé que…que esta es tu casa y todo…- Rió poniéndose de pie, posando un brazo tras su nuca.- a lo…a lo que me refiero…es…pues…-
- El almuerzo esta servido…- Informó Tae interrumpiendo al pobre hombre que ahora sudaba hielo, se quedo mirando al grupo, la tención en el ambiente era sofocante. Con una mueca de desagrado y murmurando una que otra cosa se retiró secando sus manos en el delantal.
- Oh el almuerzo…no dejemos que se enfrié, vamos vamos…- Tomó la mano de su esposa y la arrastro hasta el comedor, acelerando el ritmo cuando pasó junto a su primo, que no dejó de mirarlo hasta que desapareció con la mujer que trataba de que las galletas en su otra mano no cayeran. Luego miró a la única persona que quedaba en el lugar con él…ella le dirigió una sonrisa nerviosa, entonces sin saber por qué, soltó un suspiro relajando su cuerpo y le respondió la sonrisa.
A Kagome se le fue el aliento… ¿Le estaba sonriendo a ella? Sin poder evitarlo se le quedo mirando maravillada de sus facciones masculinas, su frente que siempre estaba fruncida ahora mostraba unas tenues líneas de expresión, sus cejas grabadas de la misma tonalidad de su cabello…sus mejillas algo elevadas dado la pequeña mueca de su boca que aún mantenía.
Sus castaños ojos se detuvieron en ese lugar…recordaba el contacto con sus labios, la corriente eléctrica que recorría su cuerpo con solo el roce… Se sonrojó ante el hormigueo que invadió sus labios con el recuerdo.
Volvió a mirarlo y se extraño al ya no verlo sonreír, estaba serio…mirándola.
Abrió enormemente los ojos ¿La abría descubierto?...se sentía avergonzada, sabía que no podía leer su mente, pero siempre había sido demasiado transparente.
- ¿Vienes? – Exclamó ronco. No era tonto…el deseo que vio en sus ojos mientras se posaban en sus labios era imposible de ocultar…Entonces todo el buen humor que tenía fue despachado y cambiado por el apetito de devorarla, tirarla sobre el sofá…arrinconar sus curvas contra su cuerpo, cubrir su pequeña boca con la suya… ¡Se iba a volver loco! - ¿Vienes o no? – Se giró para dejar de mirarla, poniendo sus manos en puño con tal fuerza para si calmar el ardor de su cuerpo.
Kagome levantó la vista sorprendida y asintió aun sabiendo que no la veía, se puso de pie y lo siguió.
-
Ya todos sentados en sus respectivos lugares, comiendo. Inuyasha daba fugaces miradas a Kagome, poniéndola nerviosa…y lo mejor, él lo sabía.
Sonrió llevándose un trozo de carne a la boca…sí ella actuaba así, su plan no tendría contratiempos…no se notaba reacia a su presencia, o asustada como antes…eso era bueno, no tendría que forzar demasiado.
Volvió a mirarla, casi carcajeo cuando vio que se le resbaló el tenedor de los dedos, para luego girarse y sonreírle a sango diciendo que no le pasaba nada cuando la castaña llamó su atención. Inuyasha dibujó una mueca, satisfecho. Ahora se daba cuenta que no le importaba que fuese ella su salvavidas…no le era desagradable pensar una forma de lograr tener el dinero…Incluso ahora podría disfrutarlo… ¿Por qué no? El movimiento de la mujer llamó su atención.
Kagome se llevó dudosa la copa de jugo a los labios, levanto un poco la cabeza para beber el líquido.
El ambarino apretó su copa, admirando su níveo cuello…Si…lo disfrutaría, de eso no tenía duda.
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Continuará…
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15-02-09: 22.45hr's
!Bien! hermosos sus Review's me encanta saber lo que opinan de la historia, no dejen de hacerlo...me gusta saber las reacciones que les da lo que escribo :P Bueno, explicaré algo, el por qué del titulo si es que no leyeron entre lineas...Día cero, por qué Inuyasha se replantea su estrategia...desde el día 1 al 5, tiene para llevarla acabo, viene una "Día Cero.2" por que dividi el capitulo, tengo que pulir la otra parte...será entretenido, se los aseguro xP...Bien bien, me llegó un consejo y no se si logre realizarlo?, me dices ya? xD, Saludos y nos vemos en el proximo capitulo!!!, espero ansiosa sus opiniones n.n!
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Akari-aoi
