Capítulo 1
Suministros
La Roca tenía un problema cuando una embarcación se acercaba a ella, y es que la susodicha no podía atracar propiamente dicho ya que carecía de muelle para hacerlo; y tampoco tenía un apeadero, unas escalerillas o nada por el estilo. Pero eso no significaba que no pudiera parar al lado. Nada más llegar los ponis que la ocupaban echaron el ancla, para evitar que la marea o las corrientes les alejaran del faro; acto seguido yo, usando mi magia, até un fuerte cabo a una de las argollas que colgaban de la parte baja de la torre y se lo lancé a los marineros, los cuales lo interceptaron y lo ataron al mástil; justo después ellos me echaron otro cabo y lo amarré a la misma argolla. De esta forma asegurábamos la sujeción del barco para que no se alejase mucho y además creábamos un puente por el que me pasarían los suministros cargados en fuertes y resistentes sacos de lana.
-¿Todo bien por aquí, Light Keeper?
-Sí, como siempre, hoy ha amanecido bastante calmado…
-Desde luego, hemos aprovechado para traerte unas cuantas cosas… tienes aceite de sobra para el resto de la semana y Billy Willy te ha añadido una baraja por si te aburres mucho…
-Vaya, qué atento, agradéceselo de mi parte…
Los miembros del gremio de fareros son los que me traen los suministros todas las semanas; marineros retirados de sus servicios, grumetes primerizos o ex convictos suelen ser algunos de los tantos ponis que suelo ver entre semana y semana. Tendían a cambiar cada cierto tiempo ya que están rotando por toda Ecuestria, pero el único fijo que yo conocía y que siempre he visto en cada entrega era Wavel Tide, jefe de sección gremial de Vanhoover.
-Claro. El lunes que viene te relevan.
-Sí, ya lo vi en el calendario…
-Tienes también el nuevo reporte del clima para los siguientes días hasta el lunes, por lo que sé estará más o menos tranquilo, así que no creo que tengas problemas…
-Perfecto entonces, me encantan ese tipo de días.
-Sí, a mí también…-asintió Tide, mientras amarraba otro saco a la cuerda inferior.
Normalmente solían ser tres sacos de suministros, pero esta vez habían traído uno más. Una vez que estuvo asegurado, cogí el otro extremo del cabo con mi magia y tiré de él para acercarlo hasta mí, no pesaba mucho.
-¿Y esto que es?
-Un poco más de comida, la prensa y el correo. Se acuerdan mucho de ti por allí…
En cuanto me dijo que era el correo, pude sentir cómo mi corazón saltaba de alegría, animándome un poco más; las cartas de mi mujer y mi hija eran las más especiales de todas, ya que sus anécdotas e historias en la ciudad eran las que más me alegraban el día. Solían ser largas ya que pasaba mucho tiempo desde la última vez que las veía hasta el siguiente relevo, y yo siempre las contestaba con la misma extensión, para que tuvieran noticias de mí.
El sistema de poleas y cuerdas por raíles siempre había sido muy eficaz para transportar los sacos sin que el barco tuviera que acercarse demasiado al faro; en días de mar azorada se hacía especialmente complicado usarlo, ya que el oleaje y la marea tenían al barco en constante bamboleo, y a veces se arriesgaba a chocar contra La Roca si no guardaba la suficiente distancia.
Una vez que terminó el intercambio de sacos, ya que yo devolvía los usados de la última vez, se despidieron de mí y partieron de nuevo hacia la costa. Les observé alejarse hasta que finalmente estuve solo de nuevo con el mar. Terminé de desayunar rápidamente y me metí dentro del faro para desempacar los sacos.
Abrir los sacos de suministros era como abrir los regalos de la Fiesta del Hogar; nunca, o al menos casi nunca, sabías con lo que te ibas a encontrar, aparte de lo usual. La comida era lo más importante, siendo normalmente los dos primeros sacos los que la contenían; usualmente me solían enviar de todo: verduras, fruta, tomate, lechuga fresca, leche en bota, avena, heno, azúcar, sal, pimienta, agua… La vida de los fareros en alta mar solía ser bastante dura, y debíamos de estar bien provistos en todo momento en caso de que el mar se pusiera tonto y no dejara acercarse al barco. En el resto de sacos solía meterse el resto de suministros no vitales, tales como los libros, materiales lúdicos para pasar el rato, prensa, correspondencia y demás cosas. Vi la baraja que Billy Willy me había mandado, unos cuantos libros nuevos recién comprados, los tres siguientes números del Vanhoover Press, el periódico local, la correspondencia (que dejé aparte en mi escritorio) y el inventario de todo el contenido junto con el albarán de envío. Guardé toda la comida en la pequeña despensa de la planta baja, junto a un pequeño cuarto de mantenimiento, comprobé el inventario justo después para asegurarme que lo había recibido todo y firmé el albarán para mandarlo en la próxima entrega.
En cuanto terminé con todo fui a atender lo primero y más importante: la correspondencia. Subí al primer piso, donde se encontraba el salón de estar, biblioteca y estudio, todo en un mismo y comprimidísimo espacio; y es que, aunque no lo pareciera desde fuera, La Roca era un faro de lo más acogedor. Aunque algo apretado, el espacio interior se aprovechaba hasta el último milímetro y no se dejaba ningún hueco. En la planta baja se encontraba una pequeña y austera cocina, con los fogones junto a una ventana, una pequeña mesa redonda, una pila de fregar, varios muebles empotrados tanto en la pared como en el suelo y poco más. Al lado de la entrada estaba la puerta que daba a la despensa, un enano espacio construido entre el suelo y los cimientos del faro, estando siempre fresca durante todo el año. Al otro lado había otra puerta que daba a otro enano cuarto de mantenimiento, donde normalmente guardo el aceite para el faro. Las escaleras en caracol subían por todo el cuerpo del faro pegadas a sus paredes, para aprovechar mejor el espacio. En el primer piso estaba el salón de estar, biblioteca y estudio; todos los muebles y elementos estaban colocados de modo que todo el espacio se aprovechara, formando todo un solo conjunto bastante ordenado aun a pesar de todo. El escritorio se encontraba encajado entre dos anchas estanterías que llegaban hasta el techo, las cuales estaban llenas de libros, algunos ya leídos y otros sin leer; un cómodo y mullido sillón de lectura se encontraba al lado de la segunda estantería, y a su otro lado había un gramófono apagado junto con varias fundas de discos de vinilo en su parte inferior. En el segundo piso estaba mi habitación, un espacio algo más vacío y austero que el resto del faro, el tercer piso lo dejaba como desván para guardar útiles y aparejos varios, y finalmente estaba la cima del faro, coronada por la cápsula de la lámpara.
Aunque, en ese preciso momento, lo más importante era la correspondencia. La primera carta era de mi mujer, Whistle Sound, la abrí sin ni siquiera contener la emoción, sacando un largo pergamino meticulosamente doblado; nada más desdoblarlo pude distinguir enseguida la pulcra letra de mi mujer y comencé a leer.
Mi queridísimo y amado marido
Hola cariño ¿qué tal estás? ¿El mar se está portando bien contigo? Eso espero, aunque teniendo en cuenta lo duro que normalmente eres con él, estoy segura de ello. Esta semana he estado bastante atareada y han ocurrido un montón de cosas, pero no te preocupes que te las contaré todas, sé que te gusta.
El lunes me llegaron un montón de pedidos para la filarmónica de la ciudad, por lo que estuve tallando y cortando flautas durante todo el día; parece ser que va a haber un concierto de flautas para la semana que viene y quieren las mejores flautas que puedan ofrecerles, por lo que me lo han encargado expresamente a mí. Ha sido duro, y me ha tenido toda la semana bastante ocupada, pero tu hija me ha estado ayudando cuando ha tenido la ocasión. Me hace sentirme tan orgullosa de ella cuando lo hace… siempre está dispuesta a ayudar, y lo hace con tanta energía y vitalidad que hasta da envidia. Y eso no hubiera sido posible si tú no hubieras estado allí cuando más lo necesitaba. Sé que tu trabajo está en La Roca y no te lo puedo reprochar, es cierto que no te veo tanto como a mí me gustaría, pero eso no me hace dejar de quererte; porque tú eres mi marido, y sé que me quieres tanto como yo te quiero a ti. Y, aun a pesar de todo, tengo una vida maravillosa. Algunas yeguas chismorrean a mis espaldas y critican que tú no estés aquí, pero eso me da igual. Tu trabajo es tan importante como para a mí el mío, y entre los dos estamos construyendo el futuro de nuestra hija, por lo que sé que merecen la pena.
Tenía que admitirlo, mi mujer siempre se las apañaba para emocionarme como un potrillo, lo que hacía que la quisiera cada vez un poquito más. A veces la echo mucho de menos, pero eran este tipo de cartas las que más me hacían sentir que ella estaba allí, conmigo. Por lo que seguí leyendo.
El miércoles fui a hablar con la profesora de Deep para ver cómo iba su progreso; está aprendiendo mucho, me ha dicho que es una potrilla muy inteligente para tener solo seis años, y aunque no la termina de convencer del todo tu situación laboral, reconoce que tienes mucho valor como para pasar todo ese tiempo en La Roca. Después de todo ella misma está tan contenta como yo con Deep, y la yegua es todo un encanto, por lo que las dos estamos igual de contentas. Todos salimos ganando. Incluido tú.
Para el viernes terminé con la mitad del pedido de flautas, aunque aún me faltaba la segunda mitad; me tuve que dar la matada padre, y si no hubiera sido por Deep hubiera acabado el doble de cansada. No estoy muy segura de si contratar a alguien más que me ayude, ya sé que no tenemos muchos ingresos, al menos con la tienda, pero para encargos como este quizás sí que me vendría bien tener a alguien.
El fin de semana fue algo más relajado, el sábado por la tarde Deep y yo fuimos al parque, merendamos allí y pasamos toda la tarde juntas. Ya me han dicho del gremio que te dan el relevo el lunes que viene, por lo que podremos pasar tiempo juntos otra vez. Lo estoy deseando, ya estoy contando los días. Hasta entones cuídate mucho, y no dejes que el mar te gane. Ya sabes que Deep y yo te estaremos esperando.
Con todo mi amor, tu mujer
Whistle Sound
En cuanto terminé con la carta, la apreté contra mi pecho con todas mis fuerzas; era tan gratificante saber de mi mujer después de todo ese tiempo. Cartas como esa hacían que la estancia en La Roca fuera mucho más llevadera y hasta placentera, por la seguridad que siempre me dan de que tanto ella como mi hija estaban bien. Y, hablando de mi hija, faltaba su carta, la cual fue la siguiente.
Querido papá
¡Me ha dicho mamá que vienes el lunes que viene! ¡Eso es genial, papi! ¿Y sabes por qué? ¡Porque el miércoles que viene es el día de la Apreciación Familiar, y estoy deseando llevarte a clase, presentarte al resto de mis compañeros y contarles lo valiente y genial que eres! Estoy segura de que no todos los ponis se atreverían a irse a la otra punta de Ecuestria y quedarse en medio del mar como lo haces tú. ¡Y es por eso por lo que eres aún más genial!
Ha sido una semana muy entretenida, he estado ayudando a mamá a hacer flautas por las noches, y todas me han salido muy bien. Dice mamá que se me da muy bien tallarlas, y puede que sea mi talento especial. Aunque luego me acuerdo de ti, y siempre me digo que de mayor quiero ser tan valiente como lo eres tú. La verdad es que no sé muy bien qué es lo que quiero hacer, si tallar flautas como lo hace mamá o vigilar faros como tú. ¿Crees que podría hacer las dos cosas? Podría llevarme la madera y las cuchillas conmigo y así mato el tiempo haciéndolas mientras cuido y vigilo el faro. ¡Sí, eso es! ¡Es la combinación de talentos especiales perfecta! ¡Genial, ya sé lo que puedo hacer! Aunque tú me tendrías que enseñar cómo cuidar de un faro…
Oh, mi querida niña… es un sol de poni hasta por carta. Me halagaba que me admirara tanto, aunque la verdad es que no veía a mi hija trabajando ni en La Roca ni en ningún otro faro. La profesión de farero es muy sacrificada, y requería tanto de correr riesgos, sobre todo en este faro, como de consagrar mucho de tu tiempo a ello. Casi sería mejor que siguiera los pasos de su madre. O quizás el futuro la deparaba algo mejor que esto. Aun así dejé estar a las conjeturas y continué leyendo.
Mami me ha felicitado también por todo lo que estoy aprendiendo en la escuela; la verdad es que me gusta mucho ir, mi profe, la señorita Blossom, es una poni muy buena y nos enseña un montón de cosas muy chulas e interesantes. Es muy genial, aunque no tan genial como tú, papi.
El fin de semana descansamos tanto mami y como yo, y luego el sábado fuimos al parque y estuvimos allí toda la tarde; te echo de menos, papi, sé que estás trabajando y tienes que quedarte en La Roca, pero a veces extraño esos días en los que vienes y estás con nosotras. ¡Estoy deseando que venga el lunes para poder estar contigo! ¡Ven pronto, papi, te estamos esperando!
Te quiere tu hija,
Deep Echo.
Era un hecho; yo, todo un aguerrido poni de mar, acostumbrado a serias tormentas y mareas, me veía incapaz de sobreponerme a la dulzura y cariño de mi propia hija. Resultaba incluso gracioso.
Pero esas dos cartas habían sido como dos pedacitos de cielo, y ahora me encontraba más animado que nunca, por lo que aproveché y escribí una respuesta para cada una. Las estuve contando un poco cómo había sido la semana, detalles varios, alguna que otra anécdota, y para mi hija la escribí un corto poema aparte. Y es que después de tanto leer poesía al final se te acaba pegando algo y consigues llegar a escribir tus propios versos; los míos contaban acerca del mar, mi experiencia en él y el paso del tiempo. Y, cuando me faltaba la inspiración, contemplaba la foto que tenía puesta en la mesa en la cual salíamos los tres juntos en la costa y con La Roca al fondo. Me gustaba mucho esa foto, particularmente por lo guapa que salía Whistle en ella; su crin blanca era azotada suavemente por una brisa marina proveniente del este, su pelaje azul claro también se mecía con el viento y sus ojos de color canela que tanto me enamoraron cuando la vi por primera vez se veían tan hermosos como siempre. Su marca de belleza, una clave de sol con una flauta superpuesta, se podía ver en uno de sus flancos. A su lado estaba yo, lanzando una austera sonrisa a la cámara; mi pelaje grisáceo y crin y cola morenas contrastaban ampliamente, además de mis ojos verdes. Mi marca de belleza, una chispa brillante, destacaba también. Y al lado de su madre, mi hija esbozaba una gran sonrisa al tiempo que su pelaje color crema y su crin y cola color castaño claro también eran azotados por el viento. Éramos una familia de unicornios feliz, aun a pesar de la distancia que nos separaba.
En cuanto las cartas estuvieron terminadas las guardé en uno de los cajones para mandarlas en cuanto tuviera la oportunidad; normalmente el barco intentaba acercarse todos los miércoles si el tiempo y el mar se lo permitía, pero como eso no siempre pasaba, una pegaso del servicio postal de la ciudad solía acercarse cada cierto par de días por si necesitaba mandar algo. Con suerte puede que mañana se pasase, y podría aprovechar para enviarlas.
Aunque cartas no era lo único que escribía, aparte de poesía; también me encargaba de anotar en un cuaderno de bitácora todo lo relevante que iba pasando a lo largo del día. La llegada de suministros era de una de las tantas cosas que había que anotar, para dejar constancia de los repartos; también se anotaban incidencias si las había, reparaciones de averías, mantenimiento del faro, avistamientos, entre otras cosas más rutinarias.
Al final, entre las cartas y la bitácora, la mañana se pasó casi sin que me diera cuenta y la hora de comer se acercó rápidamente; y mejor que mejor para mí, ya que la cocina era otra de las tantas distracciones que tenía. De hecho, había sido la más famosa distracción de la gran mayoría de los fareros que habían guardado La Roca, llegando a escribir entre todos ellos un libro de recetas creadas y concebidas en el propio faro y que se había quedado en el mismo desde que se creó; no había ninguna otra copia, por lo que era un recetario único en todos los sentidos. Yo mismo había probado a hacer algunas de las recetas que había en el mismo, saliéndome bastante buenas, e incluso llegando a crear las mías propias y añadiéndolas al libro. Aunque lo cierto es que lo poco que sabía de cocina había sido gracias a mi mujer, la cual me enseñó un poco para poder manejarme decentemente. Y ahora, entre lo que ella me enseñó y la practica constante en la pequeña cocina del faro, mis habilidades culinarias eran mucho mejores que antes.
Para ese día opté por un estofado de hierbas, heno y tomate que llegó a crear Old Gate, el tercer farero que tuvo La Roca. Y, contra todo pronóstico, me salió casi tan bueno como lo hacía el viejo Old Gate. Después de comer quise leer un poco, pero entre que estaba algo amodorrado y el sillón de lectura era bastante cómodo, acabé por dormirme casi sin darme cuenta.
Me despertó un ruido de agua y espuma familiar que ya tenía oído demasiadas veces; normalmente no solía dormirme así sin más por las tardes, ya que luego me costaba aún más conciliar el sueño por las noches. Aun así lo dejé estar y me acerqué a la ventana de ese piso para observar el panorama; al parecer el mar se había despertado conmigo y se encontraba un tanto picado en esos momentos. Las olas no eran muy grandes, pero tronaban con fuerza contra La Roca, salpicando espuma hacia arriba cada vez que lo hacían. No era nada grave, pero por pura precaución opté por asegurar la puerta con un par de barras de hierro que apoyé entre la superficie de la puerta y la pared. Normalmente era algo que solía hacer antes de acostarme, para evitar que el mar se colara dentro del faro, pero aun así preferí asegurarme. El viento soplaba con más fuerza que esa mañana, puesto que podía oírle silbar desde casi cualquier rincón del faro.
-Me comentó Wavel Tide que no habría muchos problemas… consultaré el reporte del clima.
Hablar solo era algo que solía hacer constantemente; al contrario de lo que la mayoría de los ponis suelen pensar no era nada malo, sino todo lo contrario, al menos para mí. Me ayudaba a encontrarme conmigo mismo en los momentos más duros, así como a ordenar mis ideas y recordarme ciertas cosas que normalmente me olvidaría si no lo hiciera. Y el reporte del clima era una de esas cosas.
Ese reporte me adelantaba en primicia todos los movimientos de la fábrica del clima en Cloudsdale y me mostraba cual iba a ser el clima durante toda la semana próxima; aunque a mí sólo me afectaba durante los tres siguientes días, vi que un constante movimiento de nubes de este a oeste por toda la franja de Vanhoover me iba a dejar con una marejada continua y con vientos de entre quince y diecisiete kilómetros por hora. Nada muy serio, aunque el mar iba a estar bastante animado debido a esto.
-Me parece que se acabaron los desayunos afuera…
No siempre lo hacía, sólo cuando la mar estaba tranquila, aunque de vez en cuando me subía hasta lo más alto y me quedaba en la terraza, ya fuera leyendo o haciendo otra cosa. Miré la hora, las cuatro menos cuarto. Aún tenía toda la tarde por delante.
Otra cosa que me gustaba hacer era leer la prensa para poder enterarme de todo lo que había pasado en el continente desde la última vez; era la única forma que tenia de informarme acerca de la última hora, y normalmente me solían dar tres números seguidos, para que no me perdiera nada. Los dos primeros fueron algo más escuetos que de costumbre, contando cosas acerca de la economía local y sucesos varios. Pero el tercero me sorprendió, ya que en primera plana se podía ver la foto de ni más ni menos que una alicornio lavanda al lado de las princesas Luna y Celestia, con el siguiente titular en letras bien grandes: ¡Coronación de la alumna de la princesa Celestia, Twilight Sparkle! ¡Nueva princesa en Ecuestria!
-Vaya, vaya ¿y esto?
Personalmente yo no soy ningún cotilla ni nada por el estilo, aunque la noticia me cogió bastante por sorpresa; al parecer la poni de marras había hecho algo extraordinario que la había hecho ganarse un par de alas y un nuevo título real. Me pareció un tanto extraño, y en ocasiones como esa me alegraba gratamente estar alejado del mundo. En esos momentos la ciudad debía de ser un hervidero de chismorreos y cotilleos; y teniendo en cuenta lo que les gustaba a los vecinos conjeturar, toda la ciudad debía de estar en su jauja ahora mismo.
-Meh, cualquier cosa sirve para hacer que la gente hable…-murmuré por lo bajo, pasando al siguiente titular.
Salvo eso, que era la noticia más sonada y a la que más bombo daban, el resto del periódico se quedaba muy corto en comparación, y personalmente me daba igual a quien coronaban o dejaban de coronar, por lo que me cansé enseguida y decidí hacer otra cosa.
En cuanto a lectura se refería, me tiraban mucho los clásicos y las novelas de aventuras; Daring Do estaba bien hasta cierto punto, el primero fue el mejor de todos y me gustó, pero a partir del tercero se vuelve repetitivo y predecible. Tenía entendido que entre los jóvenes hacia furor, quizás fuera por eso, porque está más orientado a un público juvenil. Aunque lo que más leía últimamente era filosofía. Resultaba bastante gratificante, y ayudaba a ver las cosas con más perspectiva. Y, desde mi punto de vista, me daba argumentos para esgrimir en el caso de que me sobrevinieran preguntas retóricas. ¿Qué somos? ¿A dónde vamos? Esas eran algunas de las cuestiones que a veces me abordaban. Dicen que la vida proviene del mar… y yo siempre estoy en el mar, por lo que quizás la respuesta tarde menos en llegarme. Aunque supongo que antes tendría que comprender al mar, y éste no suele ser muy receptivo, que digamos. O quizás tan solo lo estoy pensando demasiado.
Entre la lectura, la música y el murmullo de las olas chocando contra La Roca siempre consigo abstraerme de la realidad, lo que hace que el tiempo pase más rápido. La luz del sol poco a poco se va moviendo, envolviendo en sombras el salón y recordándome que se acercaba el momento. Cuando eso ocurría pausaba mi lectura y subía hasta lo alto del faro, aunque antes tenía que preparar un par de cosas. Concretamente el aceite y unas cuantas gasas. Una vez que lo tengo todo, subo hasta lo alto del faro y observo mi alrededor.
El color anaranjado del atardecer se reflejaba en un mar algo bravo y nervioso; altas y picudas olas coronadas por remolinos de espuma se echaban hacia delante con un ruido envolvente, chocando contra las rocas y el faro, al tiempo que un insistente viento me revolvía los pelos de la crin. De todo el día, ese era mi momento preferido. Solía esperar un poco antes de encender el faro, dejándome llevar por el momento y contemplando una vez más el paisaje que tan bien me conocía ya. Al poco rato distinguí la figura de una goleta acercándose desde el norte. Normalmente no solía hacer muchos avistamientos, pero cuando lo hacía, siempre repetía el mismo procedimiento. Lo primero de todo y más importante era identificar la embarcación, y mi catalejo me ayudó a hacerlo; esa goleta en concreto era el HHS Armonía, y navegaba a toda velocidad gracias al viento favorable que había. Una vez identificado, pasé a saludarlo mediante una serie de señales lumínicas usando un reflector aparte del de la lámpara. El gesto de saludar en el mar se usaba mucho, comúnmente se hacía entre dos barcos que se encuentran navegando, ya que ninguno de los dos tendría la absoluta certeza de volver a verse. Además, en el caso de que alguno de los dos barcos no fuera visto de nuevo, el otro podría dar constancia de su saludo para evidenciar que podría seguir navegando. En mi caso lo hacía por simple educación, y además podía advertirles del riesgo de la zona, por lo que lo hice igualmente; usando mi magia y dirigiéndola hacia el reflector, emití dos destellos largos y uno corto, seguido de uno rápido y otro más largo. Después esperé un poco y, al cabo de unos pocos minutos, me respondieron el saludo desde el barco, el cual viró a estribor unos pocos grados y continuó con su camino. Por mi parte sonreí, satisfecho por el trabajo bien hecho.
El galeón tardó unos cuantos minutos más en alejarse hasta que finalmente se perdió en la distancia. Para entonces el sol ya se había puesto del todo y su brillo comenzaba a apagarse, razón de más para encender ya el faro.
El proceso de encendido no era muy difícil, tan solo era necesario unos cuantos litros de aceite y varios algodones empapados en brea; en la cápsula la lámpara se encontraba montada sobre una plataforma giratoria, y consistía en un tubo de metal rodeado por una serie de lentes de cristal, concretamente seis. En lo alto del tubo se encendía la luz colocando los algodones empapados en brea que había que encender, pero antes se debía de llenar la cápsula de aceite para que la luz permaneciera encendida durante toda la noche. El tubo se encontraba conectado a una cápsula bajo la plataforma rodante, se podía llenar si se levantaba una tapa que había al lado de la parte superior del tubo. Con unos cinco o seis litros de aceite era suficiente, el faro consumía bastante más de lo que parecía a simple vista, y para la siguiente noche casi siempre sobraba un poco de aceite. Una vez que estuvo llena, aseguré los algodones antes de prenderlos con mi magia; una chispa centelleó entonces ante mí, hubo una ligera llamarada y la lámpara se encendió. A primera vista uno podía preguntarse perfectamente que cómo era posible que una simple llama pudiera llegar a alumbrar con la suficiente potencia como para que otros barcos pudieran verla. La respuesta era mucho más sencilla incluso. Las lentes que rodeaban la lámpara eran las que se encargaban de reflejar su luz de tal forma que ésta pudiera llegar a verse desde la suficiente distancia; y no sólo eso, sino que también cambiaban el color de la luz, pudiéndose ver de un color blanco intenso y brillante. Una vez que la lámpara estuvo encendida y las lentes posicionadas para que se viera aún mejor, llegó la última parte de mi trabajo: poner en marcha la plataforma giratoria. Para ello usaba una pila mágica que cargaba yo mismo usando mi magia; se inventaron hace relativamente poco tiempo, los últimos avances en ingeniería mágica habían permitido concentrar en un solo lugar la suficiente magia como para que ésta pudiera mover dispositivos mecánicos como el que hacia girar a esa plataforma. Era del tamaño de un taco de madera y tenía capacidad para que durara durante toda la noche; lo único que tenía que hacer para cargarla es sostenerla con mi magia y agitarla con todas mis fuerzas. Debido a esto la gran mayoría de fareros eran unicornios, ya que eran los más idóneos para este tipo de trabajo. Antiguamente se usaban palancas que luego encantaban mediante un hechizo de movimiento continuo que duraba toda la noche, aunque era bastante engorroso, y el hechizo a veces podía llegar a fallar. Una vez que la pila estuvo cargada la puse en su sitio, poniendo en marcha la plataforma inmediatamente. La lámpara comenzó a girar, emitiendo un largo haz de luz hacia el mar gracias a las lentes.
Una vez que terminé con todo salí de la cápsula de cristal que encerraba la lámpara y me aseguré de cerrarla bien para evitar que una ola la apagara. Tras eso, observé el haz de luz. El faro de La Roca tenía asignada una señal lumínica específica, como todos los demás faros, y esta consistía en dos destellos rápidos, seguido de uno largo y luego por uno corto. Estos destellos eran producidos por las propias lentes, las cuales eran vitales para el correcto funcionamiento del faro. En cuanto confirmé la señal, como todas las noches, pude retirarme y volví a meterme en el interior.
Usando mi magia y varias velas, encendí las luces tanto de la cocina como del salón y dejé una lámpara de aceite más pequeña encendida por si tenía que moverme por el resto del faro. Aún era algo pronto, pero opté por empezar a preparar la cena, prefiriendo hacer esta vez algo más elaborado; no fue fácil decidirme, pero al final elegí hacerme un asado de verduras, queso y hojaldre, parecido a una empanada pero sin cubrirlo por encima, idea de Lone Care, segundo farero de La Roca. Se requería al menos una hora entre prepararlo y hacerlo al horno lentamente, lo que garantizaba un sabor único. Y en ese momento tenía todo el tiempo del mundo y nada que perder, por lo que me dispuse a prepararlo todo. De fondo, puse en el gramófono un disco con un poco de música clásica que resonó por todo el faro, animando un poco más la estancia. Mientras se iba preparando todo en el horno, aproveché y anoté el avistamiento anterior en el cuaderno de bitácora, además de repasar el inventario de esa misma mañana una vez más; tenía aceite para toda la semana hasta la próxima vez que repusiera, pero ya lo haría mi compañero que me relevaba el lunes.
La espera mereció la pena ya que un agradable olorcillo comenzó a subir por las escaleras, lo que me avisó también; bajé a la cocina para controlar un poco el horno, avivando el fuego con el fuelle un poco más. Cinco minutos después la cena estuvo lista y me la comí en la cocina en compañía de un buen libro. Estaba tan deliciosa como yo bien me esperaba y fue todo un placer el comerla.
El resto de la noche la pasé en compañía de más libros y una suave melodía que me ayudaba a concentrarme un poco más en mi lectura; al contrario de otros tantos ponis que necesitaban silencio para seguir la trama de un libro, a mí no me importaba leer acompañado de otro sonido, ya sea la música del gramófono o la propia música del mar que todos los días parecía tocar para mí. Éste continuó revuelto durante toda la noche, las olas chocaban contra La Roca llegando a empapar toda la parte inferior de la base del faro, el cual apenas notaba el embate del mar. Tanto él y como yo habíamos visto situaciones peores, y esas olas no tenían ni punto de comparación con otras que sí que llegaban a hacer temblequear la estructura entera. Fue una noche tranquila y placentera, llena de olas, música y literatura.
Pero en cuanto dieron las doce no pude más y decidí meterme en la cama. Apagué las luces tanto de la cocina como del salón, paré el gramófono y me subí a mi habitación, donde la camita me esperaba. Antes de meterme en ella comprobé que la lámpara seguía encendida, por si las moscas, y en cuanto vi el haz de luz girando en la noche a través de una de las ventanas me quedé un poco más tranquilo.
Debido a la siesta de esa tarde me costó un poco más dormirme; pero al cabo de un buen rato escuchando el ruido de las olas de fondo como si fuera una nana que el mar me cantara, me fui sumiendo poco a poco en los sueños hasta caer dormido.
Aquí está un nuevo capítulo de La Roca, que por cierto me está gustando cómo me está quedando; puede que parezca un escenario muy limitado y no haya mucho que explotar, pero en realidad veo mucho tirón por parte del prota. Además, habrá un par de capítulos en los que abandonará La Roca por relevo y los pasará con su familia, en esos podré trabajar el fondo un poco más y darle algo más de variación a la trama. Los detalles técnicos como el libro de recetas o la forma de pasarse los suministros entre el barco y el faro son reales, así como la forma de encender el faro. Y eso es todo, comentad, dejad reviews y todo eso. ¡Nos leemos!
