Capítulo 2
En compañía
A la mañana siguiente el día amaneció con nubes muy compactas decorando el cielo y fuertes vientos que dejaron el mar un tanto picado; las olas saltaban sobre la base del faro e inundaban constantemente la pequeña zona de la barandilla, haciendo imposible salir.
Lo primero que hice nada más levantarme fue asegurar la puerta para que el agua no se colase dentro; la había cerrado ayer, pero a previsor no me ganaba nadie. Y si algo sabía después de todos los años trabajando como farero, era que el mar no se andaba con chiquitas.
El desayuno se sucedió tranquilamente mientras iba reordenando la biblioteca con los últimos libros que me habían llegado; desde que se instaló el primer farero la colección no había hecho más que crecer y crecer poco a poco hasta alcanzar la actual cifra de cincuenta ejemplares, todos ellos de diversos temas e índole. Poesía, romanticismo, realismo, filosofía, novelas negras, novelas de folletín… había de todo, cada farero había ido aportando un poco, y yo no iba a ser menos; con esos nuevos libros, sumaba cincuenta y cinco a la cifra total. Las baldas estaban a rebosar, pero aun había espacio para unos cuantos más.
Una vez que terminé de desayunar lo primero que hice fue dedicar unos cuantos minutos al mantenimiento del faro; no era gran cosa puesto que no había mucho que mantener salvo el poner a punto la lámpara para esa misma noche. Simplemente había que subir de nuevo para limpiar la punta del tubo de metal de restos de algodón quemado ya usado, para así tenerlo a punto esa noche. No era nada que no se pudiera hacer en menos de cinco minutos, aunque en lo alto del faro el viento soplaba con fuerza, azotándome la crin y pudiendo ver con más claridad el estado de la mar. Las rachas de viento peinaban las escarpadas y blancas crestas de las olas que arremetían constantemente contra La Roca, cubriendo toda su base y envolviéndola en espuma. No era nada que hubiera visto ya, pero normalmente una situación así asombraba a más de uno cuando la contaba; todos me remarcaban el valor que le echaba a trabajar en un lugar así, pero ya estaba del todo acostumbrado.
Ser farero era algo que estaba arraigado en mi familia por parte de padre; la tradición la comenzó mi tatarabuelo cuidando del faro de Punta de Horseshoe Bay, y sí, mi familia es oriunda de Baltimare. Ese faro fue uno de los primeros en construirse en toda Ecuestria, y mi tatarabuelo tuvo la endiablada suerte de quedarse en uno de los faros paraíso de la costa este del reino. Estuvo gran parte de su vida cuidando de este en concreto, y como normalmente dicen que la sangre siempre tira, mi abuelo le siguió los pasos, aunque esta vez el viejo estuvo trotando por toda la costa este; primero estuvo en el faro de la ensenada de Fillydelphia, el cual está situado en una isla cerca de la costa, y el cual señala el punto exacto de entrada hacia el puerto de la ciudad a través de la estrecha ensenada. Estuvo unos cuatro años sirviendo en este hasta que le trasladaron al faro de Manehattan, también conocido como la estatua de la Amistad, la cual estuvo funcionando un tiempo como faro. Pero luego estuvo cuidando del faro oficial, el cual estaba situado en una punta cercana al puente de Manehatan, a las afueras de la ciudad.
Le recogió el testigo mi padre, el cual se trasladó esta vez a la costa oeste del reino, empezando cuidando del faro de Palomino en la punta de la península que sobresalía cerca del desierto de San Palomino. Aunque era un faro continental la vida era un tanto durilla, ya que estaba bastante alejado de la ciudad más cercana, Las Pegasus, y además le cercaba un desierto. Estuvo allí sólo un par de años y luego le trasladaron a otro faro un poco más al norte de Las Pegasus, en la punta de una pequeña bahía cerca del valle que precedía a las faldas de Smokey Mountain. En esa zona la costa tenía unos fondos muy arenosos y no cubría mucho, lo cual era arriesgado para la navegación pasar por allí, por lo que ese faro era importante. Era un faro continental, por lo que tampoco era duro trabajar allí, la distancia era el único inconveniente, aunque fue ese mismo detalle lo que le permitió conocer a mi madre, la cual trabajaba como proveedora para el gremio de fareros de Ecuestria; todas las semanas se acercaba hasta el faro para abastecerle de provisiones y otros materiales, y aunque no tenía por qué, ella siempre se quedaba más tiempo para hacer compañía a mi padre, del cual se enamoró irremediablemente. Estuvieron construyendo su relación a través de esas constantes visitas y para cuando le trasladaron a su siguiente destino, Vanhoover, ellos ya habían formalizado su relación con intenciones de boda. Mi padre se terminó de asentar en esa ciudad, en la que estuvo cuidando de su faro durante el resto de su vida hasta que se jubiló; entre medias me tuvieron a mí y, por supuesto, seguí los pasos de mi padre hasta acabar en La Roca.
Así a bote pronto puede parecer que estaba destinado a hacer esto, y a estas alturas hasta yo lo sabía; siempre había admirado a mi padre por hacer lo que hacía, por tener un trabajo tan duro y sacrificado, y yo de pequeño quería ser como él. Ser igual de valiente y entregado, tanto a mi trabajo como a mi familia.
-Me alegro de haber seguido tus pasos, papá-pensé en voz baja.
Aunque fue una mañana tranquila aun a pesar del mal tiempo, eché en falta que la pegaso del correo no pudiera pasarse, ya que me hubiera gustado entregarla las contestaciones de las cartas de mi mujer y mi hija; de hecho la conocía bien puesto que la solía ver casi todas las semanas, aunque teniendo en cuenta cómo había amanecido el día era normal que no pudiera acercarse.
Antes de que me pudiera dar cuenta se acercó la hora de comer y bajé a la cocina para prepararme algo rápido; durante los días de mar revuelto como ese las olas solían llegar a salpicar la ventana de la cocina, y a veces incluso se echaban sobre la misma con bastante fuerza. Debido a esto, esa ventana en concreto estaba mucho más reforzada que el resto para evitar que el mar se colara por ahí. El libro de recetas me ayudó un poco a decidir qué comer esa vez, unas verduras asadas consiguieron abrirme el apetito.
Para esa tarde el tiempo empeoró, el viento aulló con algo más de fuerza, incrementando un poco más el tamaño de las olas, las cuales chocaban con más fuerza contra La Roca; por mi parte preferí no pensar en ello y estuve leyendo un poco con algo de música clásica de fondo, la cual simulaba el estruendo de las olas. Sin embargo, no consiguió simular una voz que parecía llamarme desde afuera. Por un momento pensé que era el viento, o que mi cabeza me estaba engañando, pero después de agudizar bien el oído pude oírlo con claridad tratando de elevarse por encima de las olas y el viento.
-¡Light! ¡Ábreme, Light!
Me levanté de mi sillón y me asomé por la ventana para ver el exterior; fue entonces cuando la vi, una pegaso que me era familiar luchaba contra las fuertes rachas de viento y se mantenía en el aire por puro instinto.
-¿¡Windy Mail?! ¿¡Pero que está haciendo aquí esta loca?!-mascullé por lo bajo.
Miré hacia abajo, las olas seguían arremetiendo con fuerza contra la base del faro e inundando toda la zona de la barandilla, lo que hacía del todo imposible abrir la puerta; Windy trataba por todos los medios de mantenerse estable mientras luchaba contra la fuerza del viento, pero estaba claro que no podría aguantar mucho tiempo más en ese plan, por lo que pensé rápido y me dirigí hacia arriba. Nada más llegar a la parte alta pude comprobar por mí mismo lo fuerte que soplaba el viento, despeinándome la crin y azotándome el pelaje con una fuerza tremenda.
-¡Windy! ¡Aquí, aquí!-la llamé agitando un casco.
La pegaso se percató de mi presencia junto a la cápsula de la lámpara y aleteó sus alas para dirigirse hacia donde yo me encontraba; pero el viento la ganó el pulso, consiguiendo desestabilizarla y haciéndola caer en barrena hacia mí.
-¡Te tengo, te tengo!-exclamé por mi parte, acercándome a la barandilla.
La pegaso acabó aterrizando forzosamente sobre mí y los dos caímos al suelo en el proceso, llevándose Windy la peor parte al golpearse un ala.
-¡Agh, mi ala!
-¡¿Pero se puede saber qué haces aquí, pedazo de loca!? ¡Te podrías haber matado! ¡¿Para qué te acercas estando el tiempo así?!-la espeté, reincorporándome.
-¡No podía dejarte desatendido!-exclamó ella.
-¡Pero si serás burra! ¿¡Y eso que más da?!
La pegaso quiso contestarme, pero un intenso dolor la sobrevino y apenas pudo decirme nada; por mi parte la ayudé a levantarse y nos metimos dentro del faro para resguardarnos de las fuertes rachas de viento.
Una vez dentro la llevé hasta el salón y la recosté en el sillón, tenía el ala derecha ligeramente dislocada y aunque no se quejaba ni nada, se le podía leer una mueca de dolor en su cara.
-No hace falta que te hagas la dura ¿sabes?
-No me hago la dura… simplemente no soy ninguna potrilla-murmuró ella, con un deje de dolor.
Por mi parte esbocé una graciosa sonrisa antes de volver a hablar.
-Tengo un kit médico abajo, ahora vuelvo.
En la despensa guardaba el kit, aparte de todas mis provisiones, ya que era el lugar ideal para la conservación de algunos de los medicamentos que en él tenía; volví al salón sosteniendo el kit con mi magia y me acerqué a ella para tratarla el ala.
-Ahora que lo pienso, es la primera vez que entro aquí… el sitio es acogedor-observó Windy.
-Sí, los faros tienen un encanto oculto a los ojos de los ponis comunes…
-Ah ¿ahora no soy un poni común?
-Sabes que no lo decía en ese sentido…
-Claro, solo quería molestarte.
Ambos nos reímos tontamente mientras que yo iba sacando los útiles necesarios para colocarla el ala en su sitio, tenía una no muy larga y resistente rama que me podía servir de apoyo para enderezarla el ala y como férula para después.
-Vale, no parece nada grave, aunque esto te va a doler un poco…
-Lo sé, tan solo hazlo, no soy de porcelana.
Coloqué la rama horizontalmente encima del ala, así ambas cosas con mi magia y me preparé para tirar, aunque antes saqué un pequeño saquito lleno de arena y se lo tendí a Windy para que lo mordiera.
-No necesito eso…-murmuró ella.
-Vamos, cógelo, no me seas cabezona…
-No me hace falta…
-Windy…
-Ya te he dicho que no…
Pero antes de que me dijera nada más se lo puse en la boca de golpe y, acto seguido, tiré; el ala crujió, al tiempo que la pegaso gimió con dolor y mordía con todas sus fuerzas el saquito.
-¿Lo ves? No ha sido tan complicado…
Windy me miró con desdén y lágrimas en los ojos, parecía querer decirme algo, pero el dolor y el saquito en la boca la impedían decir nada. Con cuidado y mucha calma dejé reposar el ala sobre un cojín mientras iba preparando un ungüento con agua, sal y hierbas medicinales especiales para tratar el dolor y la posterior inflamación. Durante todo ese tiempo ninguno de los dos dijimos nada, tan solo se oía el mar tronando afuera y el tic tac del reloj en la pared, al lado de las baldas de la estantería. Una vez que terminé de aplicar el ungüento en el ala se la recogí con delicadeza, dejando la férula para que sirviera de apoyo y vendándola después.
Una vez que terminé con el tratamiento, Windy escupió el saquito y luego me espetó.
-¡Imbécil! ¡Te dije que no quería el saquito!
-Y yo te dije que no fueras tan cabezona… además ¿esas son formas de tratar a quien te ha ayudado?
Ante eso, la pegaso se quedó callada, dándose cuenta de que llevaba razón y llegando a enrojecer ligeramente; en un momento de calma como ese pude observarla un poco mejor. Ya la conocía de antes, era una pegaso de pelaje color crema, crin y cola color castaño y con unos ojos de color rojizo. Su marca de belleza consistía en un sobre cerrado con alas en sus costados.
-Bueno, en eso tienes razón… lo siento, no quería ser tan ruda contigo, es solo que…
Windy quiso seguir, pero parecía que no sabía cómo decir lo que quería decir; yo tan solo esbocé una amable sonrisa y murmuré.
-No pasa nada, sé que siempre eres igual de cabezona…
-Je, a veces no lo suficiente…-argumentó ella, sonriéndome de igual manera.
Ambos nos reímos con complicidad, haciéndonos a la situación.
-Y cuéntame ¿Qué loca y estúpida idea te hizo venir aquí sin considerar el mal tiempo?-inquirí justo después, particularmente curioso.
-Oh, nada en especial, simplemente estaba haciendo mi trabajo… después de todo, no quería dejarte incomunicado así sin más…
-Windy, he estado más veces incomunicado y no me he muerto ni nada parecido… puedo sobrevivir, no tienes por qué arriesgar tu vida solo por eso.
-Ya, pero aun así… nos conocemos desde que empezaste a trabajar aquí, y pensé que seguramente tendrías correo que mandar…
-El correo siempre puede esperar, Windy…
Ante eso la pegaso no dijo nada más y hubo un breve momento de silencio entre los dos, siendo roto por mí al poco rato.
-Bueno, me temo que esa ala no estará bien hasta mañana, por lo que tendrás que quedarte aquí esta noche.
-Sí, qué remedio… al menos así te hago compañía, siempre me has parecido un poni muy solitario.
-Quizás porque tengo un trabajo muy solitario.
-¿Y no te afecta? Quiero decir, a mí me acabaría pasando factura, yo no soy muy de estar sola tanto tiempo…-comentó ella.
-Bueno, siempre me he dedicado a esto, por lo que me he acabado acostumbrando. Además, si sabes manejar tu soledad, no se convierte en algo malo, sino todo lo contrario. La mayoría de los ponis conciben la soledad como si fuera una cosa negativa, pero en realidad eso no tiene por qué ser así. De hecho, cuando se está solo, es el mejor momento posible para intentar conocerse a uno mismo. Si alguna vez has querido hallar tu yo interior o encontrar una forma de desconectar del mundo, esta es la mejor opción.
-Vaya, la verdad es que nunca me lo había planteado así, aunque para mí sería muy complicado, eso desde luego… ¿y no has pensado en tener alguna mascota que te haga compañía? Un gato, por ejemplo…
-No, sería muy cruel tener a un animal aquí, sobre todo a un gato; estos destacan por ser muy independientes, tienden a manejarse mejor en espacios más amplios, aquí en el faro tendrían un espacio muy limitado, y tampoco podrían salir afuera ya que el mar no les dejaría. Se estresarían mucho y caerían enfermos. La Roca no es un lugar para un animal, la verdad.
-Ya veo…
Casi sin darme cuenta, la tarde pasó en un suspiro hablando con ella de todo un poco; Windy aprovechó para ponerme al día con los acontecimientos más recientes de la ciudad, además de otros detalles de menos importancia. Lo cierto es que su presencia supuso un nuevo y distinto enfoque a las tardes, ya que nunca había tenido compañía hasta entonces; puede que sus acciones fueran un tanto arriesgadas e imprudentes, pero ahora su presencia suponía algo nuevo que rompía con la rutina del trabajo y el día a día en el faro.
La estuve enseñando toda la colección de libros que tenía, además de todas mis poesías y escritos; el libro de recetas de la cocina la llamó poderosamente la atención y estuvo dispuesta a ayudarme para hacer la cena esa noche, de hecho la dejé a ella elegir. La costó un poco decidirse, pero finalmente optó por una empanada de avena, heno, tomate, especias y pétalos de margarita, idea original de Long Sign, cuarto farero de La Roca. También dimos un buen uso a la baraja que Billy Willy me llegó a mandar y echamos varias partidas al póker.
En cuanto el sol se puso y el salón se quedó en penumbra, paré la partida repentinamente.
-Ah, es la hora-murmuré por mi parte.
-¿Para qué?-inquirió ella, curiosa.
-Para encender la lámpara… ¿quieres acompañarme?-la sugerí.
-Oh, sí, siempre he tenido curiosidad por ver cómo es…
Dejamos las cartas en la mesa, bajé un momento a por el aceite y el algodón, y subimos hasta la terraza; el viento seguía soplando con fuerza y las olas continuaban chocando contra La Roca. La luz anaranjada del sol se proyectaba sobre la revuelta superficie del mar, confiriéndole un extraño color pardo e iluminando débilmente la figura del faro.
-Vaya, que vistas más bonitas…-comentó ella, observando el paisaje.
-Sí, la verdad es que los atardeceres en alta mar son particularmente fotogénicos…
Nos metimos en la cápsula e hice lo habitual para encender la lámpara, siendo observado atentamente por Windy; moví las lentes dispuestas alrededor del tubo para poder acceder hasta él y lo encendí tras llenar el depósito de aceite. Luego volví a reajustar las lentes adecuadamente.
-¿Qué son esos paneles de cristal?-inquirió en ese momento Windy.
-Son las lentes, antes se usaban unas completamente planas, pero estas son muy distintas ¿ves que cada una tiene una serie de pequeñas y cortas láminas de vidrio dispuestas en forma de anillos circulares y con grados de inclinación diferente?
-Sí…
-Sirven para crear la señal lumínica correspondiente cuando la plataforma está girando, están además tratadas para que la luz se vea más blanca de lo normal y brille con más fuerza, además de crear los destellos apropiados para cada faro, ya que cada uno tiene su propia señal lumínica establecida. Estas lentes se llaman lentes de Trotsnel, fueron creadas por un famoso físico de nombre homónimo.
-Oh, qué interesante…
-Bueno, no es lo más interesante del mundo, pero con estas lentes la luz de la lámpara se ve más lejos. Nos han facilitado bastante la vida, la verdad…
Tras las pertinentes explicaciones puse en marcha la plataforma cargando la pila mágica y salimos afuera para comprobar la señal.
-¿Cuál es la señal de este faro?-quiso saber Windy.
-Dos destellos rápidos, seguidos de uno largo y luego por uno corto.
A la primera vuelta pudimos los dos comprobar el efecto de las lentes, brillando de la misma forma que yo dije.
-¡Vaya, funciona!
-Sí, es bastante efectivo… esto ya está, vamos dentro.
En cuanto nos metimos en el faro la noche se echó enseguida sobre Ecuestria y Windy sugirió que empezáramos a hacer ya la cena, ya que nos llevaría un buen rato; eran las nueve y media, por lo que acepté con sumo agrado y estuvimos haciendo la cena juntos. Como era una empanada teníamos que preparar la masa de hojaldre e ir calentando el horno, además de ir mezclando todos los demás ingredientes; Windy se encargó de la masa mientras que yo iba mezclando la avena, el heno, el tomate, las especias y los pétalos de margarita, al tiempo que iba vigilando el horno de cuando en cuando con el fuelle y comprobando la temperatura. La pegaso demostró una buena habilidad de cocina, explicándome que todo lo que sabía hacer era gracias a su madre, la cual la enseñó desde muy pequeña.
Una vez que la masa estuvo lista, la rellené con la mezcla y Windy la tapó con otra capa de masa, estando lista para meter en el horno.
-Bueno, pues ya está… eran treinta minutos ¿no?-recordó ella.
-Sí…
-Vale, pues si quieres me quedo yo y vigilo el horno…
-No, no hace falta, observa…
Hice brillar mi cuerno y un aura de color opaco envolvió al fuelle, el cual comenzó a soplar él solo unas cuantas veces y luego se paró.
-Hechizo de movimiento continuo, soplará cada cinco minutos hasta la hora-revelé yo justo después.
-Vaya, qué útil…
Mientras que la cena se hacía estuvimos esperando retomando nuestro juego de póker que dejamos inconcluso; aunque estaba versado en el arte del juego de cartas, Windy resultó ser mejor jugadora que yo, ganándome varias veces.
-Huy, qué poco entrenado te veo…
-Eso es porque no acostumbro a jugar en compañía, el solitario es el único juego al que puedo jugar cuando estoy solo…
Ante eso Windy esbozó una mustia mirada, cosa de lo que reparé.
-Hey ¿y esa cara?
Windy abrió la boca para hablar, pero por un momento no pareció decir nada; justo después un olorcillo a pan cocido subió por las escaleras y ella reaccionó.
-Ah, ese es el horno, iré a ver…
Antes de que yo pudiera decir nada, la pegaso se levantó y encaró las escaleras, bajándolas rápidamente; por mi parte me quedé en el sitio, mirando ceñudo el hueco de las escaleras. Windy era una buena poni, bastante alegre y optimista, aunque a veces tendía a hacerse la dura; pero por un brevísimo segundo me pareció ver a una poni completamente distinta, como si de repente me hubiese mostrado una faceta de ella que desconocía.
Me levanté y me dirigí a la cocina, donde ella se encontraba vigilando la empanada mirando por el cristal del horno; la pegaso se percató de mi presencia y murmuró.
-Parece que no le queda mucho…
La miré por un momento y decidí hablar.
-Windy ¿está todo bien?
-Ah, sí, claro que sí…
-¿Segura?
-Sí, por supuesto ¿por qué no iba a estarlo?
-No pareces muy convencida…
-Estoy bien, Light…
Ambos nos quedamos en silencio por un momento, lo único que se oyó entonces fue el crepitar de las brasas del horno y el oleaje afuera, chocando contra La Roca. El fuelle volvió a soplar un poco más y Windy apartó la mirada, visiblemente azorada.
-¿No te apena?-inquirió entonces ella de forma repentina.
-¿El qué?
-El estar aquí, tú solo, en medio de la nada… si nadie con quien hablar… es un poco triste ¿no?
-Bueno, ya hablamos de eso… pero te lo vuelvo a repetir, es simple rutina, mi trabajo, lidio con ello y punto. Además, el saber que en tierra mi mujer y mi hija me esperan me da fuerzas también, por lo que no estoy realmente solo.
Windy levantó entonces la vista, mirándome con cierto gesto que no supe identificar del todo.
-Ya veo… es bueno saber que tienes a alguien que piensa en ti.
-Sí, desde luego.
En ese momento el aura que envolvía al fuelle se desvaneció, bastando con eso para que la pegaso cambiase de tema.
-Oh, parece que esto ya está…
Abrí el horno y lo confirmé, estando la empanada lista para comer; la cena transcurrió en un incómodo silencio del que Windy parecía no querer salir, ya que no me dijo absolutamente nada salvo algún que otro comentario acerca de lo bien que había salido la empanada. Yo me encontraba ciertamente extrañado, durante toda la tarde había estado hablando tranquilamente con ella, y ahora todo parecía haberse enrarecido en cuestión de minutos. Estaba claro que algo la pasaba, pero preferí no presionarla, al menos por ahora.
Una vez que terminamos de cenar subimos arriba y estuvimos leyendo un poco a la luz de los candiles que antes encendí. No hablamos en ningún momento, cada uno estuvo enfrascado en su libro y así fue durante unos cuantos minutos pero que me parecieron horas. En un momento dado ella cerró su libro y comentó con voz queda.
-Estoy cansada, me gustaría irme ya a dormir…
-Ah, sí, sobre eso, arriba solo tengo una cama.
-Es igual, dormiré en el sofá.
-¿Estás segura? Puedo quedarme esta noche en el sofá si quieres.
-No, no quiero ser un estorbo…
-No eres ningún estorbo.
Aun así la pegaso no dijo nada más, acomodándose en el sofá; por mi parte marqué el libro y me levanté para coger una manta en el armario de arriba y dársela.
-Toma, las noches en alta mar suelen ser frías.
-Gracias-murmuró ella, cogiéndola entre sus cascos.
-Buenas noches-la dije educadamente.
-Buenas noches…
Apagué los candiles antes de subir, quedándose el salón en una densa penumbra; Windy se arrebujó en el sofá con la manta y no se volvió a mover. Por mi parte subí a mi habitación con el último candil encendido, comprobé que la lámpara seguía encendida y me metí en la cama. Traté de dormirme, pero no pude, no tenía sueño en realidad; normalmente me solía quedar leyendo hasta que el cansancio me vencía para así dormirme antes. Pero esta vez, todo era distinto. La rutina había cambiado de repente y Windy había aparecido, acompañándome esa noche. Y a eso le sumaba, además, lo rara que había estado desde que la mencioné que jugaba al solitario. Ya era extraño de por sí, y resultaba francamente contradictorio por su parte. Por la tarde ella misma me dijo que no soportaría estar mucho tiempo sola. ¿Y ahora de repente se comporta de esa forma? No tenía sentido, lo mirase como lo mirase.
Aun así traté de no pensar en nada más y quise dormir, pero me fue imposible; di varias vueltas en la cama varias veces, buscando una postura cómoda, pero no hubo manera. Por un instante rumié en bajar un momento a por el libro y seguir leyendo para ver si así me entraba el sueño, pero al poco rato de pensarlo oí unos pasos subiendo las escaleras; me quedé muy quieto, haciéndome el dormido, y al segundo siguiente vi a la silueta de Windy pasando al lado de mi cama y dirigiéndose hacia arriba. Llegó a la penúltima planta y oí la puerta que daba acceso a la barandilla superior abrirse; por alguna extraña razón temí por ella y me levanté, siguiendo su estela.
La noche era bastante cerrada, una luna cuarto menguante decoraba el cielo bajo un gran manto de estrellas; el viento soplaba con más suavidad y la marea estaba un poco más calmada. Vi a Windy apoyada en la barandilla en cuanto el haz de luz de la lámpara pasó a su lado; tenía una expresión de infinita tristeza en su rostro, y miraba al mar como si fuera a encontrar en él lo que más anhelaba. Me acerqué a ella hasta ponerme a su lado, apenas se inmutó.
-¿No puedes dormir acaso? Porque yo tampoco…
La pegaso no dijo nada, tan solo siguió mirando al mar lánguidamente; pero al poco rato, llegó a hablar.
-A veces… siento como si estuviera fuera de lugar. Como si no perteneciera a ningún lado…
-¿Y eso por qué?
-Pues porque… porque…
Sin embargo, la pegaso apenas pudo articular ninguna palabra más; en cambio se giró, me miró por un momento, y en un visto y no visto me cogió de las mejillas y me dio un suave beso en los labios. Justo después el tiempo volvió a correr con normalidad y todo adquirió un poco más de sentido. En cuanto la lámpara dio otra vuelta y nos iluminó con su haz, ella se apartó de mí con los ojos llorosos; por mi parte la miré con cara de póker y murmuré.
-Windy… soy un poni casado.
-Lo sé… lo siento, no debería haberlo hecho, yo… me vuelvo abajo…
Antes de que la poni pudiera moverse, la corté el paso alzando una pata.
-No, espera.
-Light, por favor…
-No, Windy… me halaga que te hayas fijado en mí, pero sabes que no es posible.
-No me lo hagas más difícil de lo que ya es…-musitó ella.
-No tiene por qué acabar así…
-Para mí sí…
-¿Y por qué? ¿Por qué, Windy, por qué? Explícamelo…
Ante eso la pegaso dejó escapar una mueca de tristeza y las lágrimas se asomaron a sus ojos antes de sollozar.
-¡Pues porque sí! ¡Porque siempre he estado sola! ¡Porque te mentí durante todo este tiempo, no quiero estar sola, me aterroriza quedarme sola! ¡Y entonces te conocí a ti y sentí que quizás podrías entenderme, por estar aquí trabajando tú solo, pero estabas casado, y yo me sentía peor que nunca, y… y…!
Finalmente no pudo más y Windy se echó a llorar sobre mí; por mi parte la envolví entre mis patas para tratar de reconfortarla todo lo posible, pero para ella fue aún más doloroso. Sus llantos resonaron por toda esa zona del mar, fundiéndose con el oleaje. Estuve esperando en esa pose a que se calmase, tardó un buen rato en hacerlo, pero poco a poco sus sollozos fueron amainando hasta que lo consiguió; la pegaso me miró de soslayo, ligeramente ruborizada, hablándome de seguido.
-Lo siento por ponerte en este papelón… creerás que soy una tonta…
-No, para nada… no tiene nada de malo enamorarse de alguien.
Windy agachó las orejas con gesto avergonzado.
-¿Desde cuándo?-quise saber.
-Desde que te conocí. Siempre te había visto como un poni solitario, y por un instante pensé que podrías entender cómo me siento, pero tenía miedo de abrirme a ti, principalmente por lo que pudieras pensar de mí, por lo que opté por ocultarte mi verdadero ser. Yo siempre he estado sola, Light. Mi madre murió cuando sólo tenía seis años y mi padre me abandonó poco tiempo después, por lo que crecí en un orfanato, siendo una don nadie y perdiendo mi identidad. Siempre pensé que nunca encontraría a nadie con el que poder empatizar, hasta que apareciste tú. Pero en cuanto supe que estabas casado, mis esperanzas murieron una vez más. Aun así seguía viniendo aquí aunque solo fuera para verte.
Su historia me dejó francamente frío, ya que no me esperaba algo así de alguien a quien yo creía alegre y dicharachera. No pude evitar sentir pena por ella, pero no era precisamente eso lo que necesitaba de mí en esos momentos, sino mi apoyo y amistad.
-Windy, entiendo cómo te sientes, nunca habría pensado que hubieras tenido una vida tan difícil. Puede que antes te sintieras sola, pero ahora no tiene por qué ser así; aunque yo no pueda devolverte lo que sientes por mí, eso no significa que no pueda ayudarte a seguir adelante. Tienes que ser fuerte, demuéstrame que puedo volver a ver a la Windy que originalmente conocí. La que siempre sonreía todos los días al verme.
Mis palabras parecieron tener efecto en ella, ya que esbozó una débil aunque sincera sonrisa.
-Sí, como esa misma…
-Oh, Light… ¿harías eso por mí de verdad?-inquirió ella, emocionada.
-Claro que sí. No estarás sola nunca más, Windy…
La pegaso parpadeó, sin poder evitar emocionarse más de la cuenta, y comentando de seguido.
-Si tuviera que argumentar que por qué me enamoré de ti, esa sería una de las razones; eres tan buen poni… tu mujer tiene mucha suerte.
-Y seguramente habrá por ahí algún semental que puede tener la misma suerte contigo…
Ella tan solo sonrió, dejándome un poco más tranquilo; justo después me abrazó de nuevo, pudiendo sentir toda su gratitud y amor por mí.
-Gracias, Light…-susurró Windy.
No dije nada, tan solo la devolví el abrazo, fundiéndonos en el momento; la noche se volvió un poco más clara y las estrellas brillaron con un poco más de fuerza. El haz de luz dio otra pasada, iluminando las crestas de las olas.
Y aquí está el segundo capítulo de La Roca; he estado echando cuentas y puede que le dé carpetazo en dos o tres capítulos más, dependiendo de cuanto contenido pueda añadirle. Comentar que he corregido una cosilla, he cambiado los términos reflectores por lentes y he ajustado este detalle para que sea un poco más preciso con los detalles reales en los que se basa. Me ha gustado mucho cómo me ha quedado este capítulo, aunque lo cierto es que originalmente pensé que Light le fuera infiel a su esposa, pero luego deseché el detalle puesto que no casaba tanto con la temática de la soledad que quiero tratar en este fic. Y eso es todo, espero que os haya gustado, comentad, dejad reviews y todo eso. ¡Nos leemos!
