Hambre
Tsukiyama sabía que era lo le impulsaba a seguir a lado de ese híbrido, no era respeto o cariño, mucho menos admiración era un sentimiento más profundo, algo que solo se encontraba en lo profundo de sus entrañas.
Y ahí estaba de nuevo, enfrente de ese dormitorio con olor a desgracia. —Kaneki-kun..—esperó un momento después de tocar la puerta, no estaba seguro si entrar o no. Kaneki podía reaccionar de mil y un maneras. Al final los gemidos de dolor provenientes de la habitación lo empujaron a abrir esa dichosa puerta.
—Kaneki-kun, ¿te encuentras bien? — intentó hacer la mejor sonrisa mientras se sentaba sobre la cama a lado de la persona, o ghoul, hecha un ovillo en un rincón.
— ¿Qué quieres Tsukiyama?— preguntó bebiendo el café que el otro le había ofrecido.
—Pensé no podías dormir, escucho tus lamentaciones desde mi alcoba, mon amour— si bien era cierto que la razón por la que había ido a verle era por haberle escuchado, no iba a decirle que en realidad había estado afuera de su cuarto apenas todos apagaron las luces.
— Yo…no puedo dormir.
—Lo he notado.
Al instante se le ocurrió una espléndida idea— Si no puedes dormir yo puedo quedarme, hacerte compañía—. Kaneki se le quedó mirando unos momentos, el peli morado pudo notar como abría y cerraba los labios queriendo articular palabra; al cabo de un minuto o tal vez dos el pequeño solo asintió con la cabeza.
Tsukiyama solo sonrió, Kaneki debía estar muy mal para haber accedido, seguramente señal de su mente rota.
Gateando por la cama lograron deshacerla y meterse entre las cobijas— Tsukiyama.
—¿Sí, cariño?—respondió observando como el otro le daba la espalda.
—Si intestas hacer algo, te sacare las entrañas sin dudar.— Pudo ver como su ojo izquierdo cambiaba levemente de color.
Ahí estaba el lado sádico que al mayor tanto le gustaba. No tanto como el lado dulce de cuando le conoció pero seguía atrayendo, como un vino amargo.
—Sería incapaz, Kaneki-kun.— haciendo melodiosa su voz en el nombre del otro mientras intentaba mirar más allá del cuello de la camisa azul que usaba.
Cerró los ojos para abrirlos instantáneamente al sentir dos brazos sobre su pecho.
—¿Ka..neki.-kun?— se quedó observando al menor que parecía respirar lentamente.
Está dormido.
Después de esperar 15 minutos se atrevió a acercar el cuerpo contrario aún más. Con una mano envolvía su cintura y con la otra acariciaba sus cabellos, un hormigueo parecía recorrer todo su ser proveniente del tacto con el cuerpo contrario, sin poder resistirse más enredó sus piernas con las otras y hundió su cabeza en el cuello blanco del menor.
—Uno…—comenzó a contar mentalmente— ...dos...—soltó un suspiro—...tres...—no pudo soportarlo más, esa esencia, ese olor, una mezcla de café con sangre, combinado con el olor misteriosamente dulzón a sudor, delicioso, esa textura suave, y el dulce sonido del retumbar de su corazón. se le hacía agua la boca, quería probarlo, saborearlo, comerlo, intoxicarse de él.
Sacó la lengua, sin importarle si el chico despertaba o no, y lamió el cuello del contrario, de abajo hacia arriba, tierna, delicadamente, con sumo cuidado, como si fuese un terrón de azúcar. —¡Magnífico!— pensó, no podía creer la chispa electrizante recorriendolo desde su cabeza a la punta de los pies.
— ….mhn….—se quedó de piedra, probablemente Kaneki se había despertado, se había dado cuenta, y seguramente, lo mataría y se lo comería, aunque lo último no sonaba tan mal, ser devorado por esos labios aparentemente suaves color rosa.
Espero y espero, pero el menor no parecía haber despertado. Se preguntaba si era por la pastilla que había echado en su bebida. Seguramente era porque Dios quería que Kaneki fuera devorado por él.
Bajó sus manos suavemente, acariciando el cuerpo de Ken por sobre sus ropas. Quería comérselo, devorarlo, ser uno con él, sacarle las entrañas y besarle con su propia sangre en boca.
Volvió a lamer su cuello pero esta vez más fuertemente, como un gato limpiando se pelaje, era demasiado, se separó apenas unos centímetros dejando un hilo de baba .
Estaba sonrojado, excitado, solo una pequeña probada de su amor y lo ponía loco.
Se separó del cuerpo tibio del otro, contempló su rostro, tan dulce, tan triste, tan trágico, un verdadero mártir. Amaba todo eso de él, haber sido uno de los testigo de la tragedia ajena había sido como un dulce postre, y podria apostar todos sus restaurantes a que su historia apenas comenzaba. No sabía si reír o llorar por su último pensamiento. Era orgásmico tener a Kaneki a su merced, drogado y dormido, le daban ganas de corromper hasta la última célula de aquel.
De alguna manera se las arregló para recostar boca arriba a Kaneki y subirse sobre él sin aplastarlo poniendo todo su peso en rodillas y manos. Se excitó de nuevo y pudo escuchar como sus tripas rugían de hambre. Delicioso, volvió a aparecer en su mente.
Se inclinó un poco observando detenidamente sus largas pestañas negras. Le amaba.
Se inclinó aún más, pudiendo sentir la respiración cálida del otro. Increíble. Abriendo la boca y bajando lentamente, poniéndose un auto tortura, relamiéndose los labios mientras los acercaba al los contrarios, hasta finalmente tocarlos, besarlos, lamerlos, chuparlos, hizo todo hasta que finalmente pudo meter su resbaladiza lengua a la pequeña boca del otro. Restregó su lengua con la otra, contra sus dientes, paladar y encías, se apartó bruscamente ¡TRES BIEN! mordiéndose su propia lengua volvió al ataque. Empujando su lengua hasta la garganta haciendo que el hilo chorreante de sangre pasara, podía sentir como involuntariamente Kaneki bebía de su lengua, mezclando saliva con sangre. Paseaba sus manos sobre ambos pezones del otro.
Cuando la herida de su lengua se curó, después de varios minutos se separó. Seguía escuchando como su estómago seguía haciendo ruido. Se levantó de la cama, cobijando bien al cuerpo, por poco violado del peliblanco, y sin más salió de la habitación como si nada hubiese pasado.
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Cambiado de ropa y con su máscara puesta comía en un oscuro callejón de la ciudad, manchado de sangre y restos de cuerpos por doquier.
Le había prometido a Kaneki no cazar más humanos o a sus amigos, pero a veces tenía que llenar ese vacío en sus entrañas, y para él, el solo era una probadita del joven que despertaba un hambre de toda una vida en él.
Este es un one shot súper viejo que he decidido corregir, gracias por leer.
