HTTYD y ENREDADOS no me pertenecen, los uso con fines de diversión no lucrativos.


Trato

En cuanto vio entrar al chico la rubia tomo lo primero que tenía a su alcance, el sartén que estaba a punto de usar, y sigilosamente se posiciono tras el intruso

—Solos al fin—esa fue la señal, sin dudar o flaquear lo golpeo en la cabeza y este cayo inconsciente.

Aun sin moverse del punto en donde golpeo al chico, Astrid lo observo detenidamente, intercalando su mirada con Tormenta y regresándola al chico. No se sentía asustada, a cambio, se sentía un poco expuesta ¿Cómo se atrevió a entrar sin permiso? Mala suerte para él, ¿Creía que se encontraría con una damisela indefensa y asustadiza que podría manipular a su gusto? No, se topo con Astrid, una guerrera —como le gustaba llamarse a sí misma—. Si se era su plan no le estaría saliendo bien.

Se acerco un poco más el, su momento de orgullo había pasado, dejando lugar a la curiosidad, era la primera vez que veía a una persona del exterior que no fuera su madre.

—No se ve tan malo como dice mi madre—comento para Tormenta acortando mas la distancia con el desconocido, inclinándose lentamente.

La pequeña dragona le hizo un recordatorio de lo que se había advertido, a pesar de que no aparentara ser un monstruo no podían bajar la guardia. Así que Astrid, bajo indicaciones de Tormenta, volteo el sartén para poder utilizar el mango para mover los labios del husmeador, dejando ver que efectivamente no era lo que su madre le decía, había colmillos claro, pero eran exactamente iguales a los suyos, como cualquier humano en este mundo posee. Posteriormente removió un mechón de cabello que le dificultaba la vista del rostro masculino. No solo era un rostro masculino, era un rostro masculino muy atractivo, habrá pasado toda su vida encerrada en esa torre pero estaba segura que cualquier chica que viera aquellas facciones estaría totalmente de acuerdo en que no eran nada feas.

— ¿Qué? — susurro un tanto adolorido y somnoliento, volviendo en sí el chico. Situación que duro mucho, gracias a los reflejos de Astrid, recibió otro golpe en la cabeza cayendo nuevamente en la inconsciencia.

—No podemos dejarlo ahí

Meditando un poco la situación y sus relativamente pocas opciones, opto por ponerlo en el armario. Hábilmente lo cargo en su espalda, pero teniendo en cuenta que era más alto que ella, los ´pies arrastraban, era delgado pero al parecer había musculo, no era nada ligero, por lo que le costó un poco de trabajo lograr su cometido. Meterlo en el armario. El primer intento no salió muy bien, se les resbalo de la espalda y no entro ni un poco en el mueble de madera. El segundo intento prometía ser más efectivo y hubiera sido así de no ser porque ella se enredó con su cabello en el momento de meter al chico. Por fon en el tercer intento lo consiguió. Para evitar que las abiertas se abrieran, las bloque con una silla que había cerca.

— ¡Si! Tengo un prisionero, cuando mi madre lo vea, dejara de decir toda esa bazofia de que soy débil.

Tormenta rugió compartiendo la felicidad de su mejor amiga, mientras esta se veía orgullosa en el espejo, manejando el sartén como si de un hacha se tratara. Ahora quedaba otra incógnita, la cual despertó en cuanto Astrid vio a través del espejo la mochila que su prisionera traía, ¿Qué era lo que contenía? Acercándose con tanta curiosidad, tomo sólo lo que había en la mochila. Miro con curiosidad, ese objeto extrañamente hermoso. De no ser por que alguna vez vio una en él un libro no la hubiera reconocido al instante. Era una corona de oro con unos grandes diamantes azules incrustados en el frente, acompañados de otros diamantes blancos más pequeños. El par de amigas miraron con algo de asombro el objeto. Un impulso recorrió la mente de Astrid, así que se coloco la corona y se miro en espejo. Fue extraño ese pequeño momento, sintió como si le perteneciera, como si estuviera destinada a pertenecerle. Tormenta hizo ademan de que no le quedaba, así se que la quito, pero antes de que pudiera empezar a cuestionar esa rara sensación, su madre la llamo.

—Bien, ahora ya no puede negarme el salir, escóndete Tormenta— Hablo decidida y confiada, aventando la mochila y la corona en una vasija del lugar.

Con entusiasmo subió a su madre, para revivir lo mismo de siempre, una conversación en un solo sentido. Tratando con todas su ganas, Astrid pedía atención por un minuto, acercándose lentamente al armario.

—De verdad madre, en cuanto veas esto serás tu quien quiera llevarme a ver la luces flotantes

— ¿Sigues con lo mismo? ¿Es que acaso no entiendes?

—DE verdad madre, ¡tus perspectivas van a cambiar!

Ante el entusiasmo de su hija por salir de la torre, el enojo fluyo, dejo que estalla en todo su ser. Mientras que Astrid ignorando aquello seguía con su postura de salir, tomando la silla para poder quitarla, acción que no sucedió, su madre tomo el cuchillo que ocupaba como si fuera a atacar con él.

— ¡Ya basta Astrid! — fue un grito casi gutural, mientras que el cuchillo fue enterrado hasta la mitad en la vieja madera de la mesa en la que momentos antes, la madre de la aludida partía unos higos.

Astrid quedo helada, nunca había visto esa actitud en su mamá, ese odio en sus ojos mezclado con posesión. Sólo retiro su mano de la silla sin quitarle la vista de encima a su "cariñosa" madre, Quien se acerco hasta tomar los hombros de la joven, con un poco mas de fuerza.

—Nunca saldrás de esta torre—sentencio la madre, dándole aires de maldición a aquella pequeña oración

—A lo que me refería era a que si me regalabas pintura hecha de caracoles, ibas a querer llevarme a ver las luces flotantes, por que las pintaría tan reales que no sería necesario salir—respondió con algo de tristeza la rubia

—Sabes que es un viaje de tres días Astrid

—Pensé que sería mejor, el mundo de afuera es peligroso

—Está bien Astrid—respondió con mas suavidad y volviendo a la fachada de madre comprensiva, abrazándola con amor y depositando un beso en su cabeza.

Luego de unos minutos en los que Astrid acomodo las suficientes provisiones para tres días, su madre bajo de la torre y emprendió el viaje. Astrid dejo salir la rabia que contuvo luego de que pidiera esa dichosa pintura de caracol, no soportaba más el estar encerrada en ese lugar. Entonces algo hizo click en su cabeza, ¿Quién mejor para guiarla hasta las luces flotantes que una persona del exterior?

Quito la silla e ipso facto la puerta se abrió y el chico cayó. Nuevamente lo levanto en su espalda, pero esta vez lo acomodo en la silla amarrándolo con su larga cabellera, lo puso en medio del lugar, justo donde lo iluminara una luz proveniente el techo, para poder así quedar ella entre las sombras y no ser descubierta por el prisionero.

Tormenta voló hasta el hombro del preso. Mientras esperaba la señal, Astrid acomodo el resto de su cabello de manera que no fuera sencillo encontrar la fuente de este. Una vez que tomo su posición en una de las estructuras de la torre, tormenta con un poco de sutileza parecida a la de su mejor amiga introdujo su cola en la oreja del preso, logrando así el despertar un tanto brusco de este.

— ¡Ah! —grito sacudidamente ocasionando que la dragona callera de su hombro.

Volteo un tanto paranoico por todos lados y fijándose especialmente en lo que mas destacaba del lugar.

—Eso es…. ¿Cabello?

Sin saber exactamente el por qué, empezó a sentir un poco de pánico, así que intento soltarse del amarre que lo tenía preso en la silla, descubriendo que con lo que estaba atado también era cabello.

—De nada te servirá forcejear—hablo con firmeza desde su escondite la propietaria de dicha cabellera, dando un salto y colocándose en otro punto ciego para el chico— ¿Quién te dio mi paradero?, ¿Acaso alguna especie de mercader en busca de mi cabello?

— ¿Qué?

— ¿Quién eres? —pregunto manteniendo la firmeza y saliendo a la poca luz del lugar, mostrando de una vez por todas quien era.

El preso abrió un poco más los ojos, la chica no era para nada fea. Le resulto bastante atractiva, por lo que su lado de "galán" no se mantuvo en las tinieblas y se dejo relucir al saludarla como sólo el sabia:

—Hola preciosa, soy Haddock.

—Astrid— corrigió arrastrando las silabas, apuntándolo con su sartén y acercándose un poco más a él, intentando infundirle miedo.

—Salud. Como sea, sólo dame lo que traía y me voy ¿De acuerdo? No tengo tiempo para esto.

— ¡Já! Escondí la mochila donde jamás podrás encontrarla.

Haddock dio una mirada rápida a su alrededor, descubriendo el lugar más obvio.

—Está en la vasija ¿Cierto?

Adiós luz de nuevo. La rubia se sintió un tanto ofendida al ser descubierta, por lo que lo golpeo una vez más. Con cuidado movió una de las tablas de los escalones y escondió ahí solamente la corona, la mochila la hizo a un lado y nuevamente se coloco frente a él. Tormenta lo despertó de la misma manera, pero esta vez reaccionó a tiempo para no salir volando como la primera vez.

—Ahora sí, esta donde jamás la encontraras, ¿Por qué viniste aquí? ¿Qué es lo que quieres de mí?

— ¿Qué? A ver, a ver, yo sólo estoy aquí porque era perseguido por un dragón, vi la torre y me refugié, no sé quién eres, y lo único que quiero de ti es que me des la mochila que traía conmigo.

Algo en su interior le decía que Haddock no mentía, así que tomó a Tormenta entre sus manos y se alejo un poco de él. ¿Será alguien de fiar? Aunque debía admitir que era la única forma de cumplir su cometido, ¿Y si el mundo del exterior sí era tan terrible como su madre lo pintaba? Bueno, iría con él y acaba de demostrar que débil no es. Ahora la cuestión era ¿Aceptará? Después de todo la corona parce importarle mucho, ¿Será suficiente para manipularlo y regresar a salvo a casa?

—Es todo lo que tenemos Tormenta...ya se, es una locura pero…velo de esta forma, mi madre no se dará cuenta y volveremos a tiempo… ¡no conozco a nadie más!

El castaño estiro un poco el cuello con una cara de sorpresa y cuestionamiento en un inútil intento de escuchar la conversación entre la "mascota" y la chica. Momentos después la discusión acabo y ambas voltearon a ver tan rápido que fácilmente se les pudo haber roto el cuello.

—Bien, Haddock, hagamos un trato— comenzó Astrid con la postura de una mujer de negocios. Caminando hacia donde se encontraba el mural de las luces flotantes, haciéndolo lo girar a él con todo y silla, logrando que cayera de cara, lo cual dificultaba la vista del mural pero no le era imposible verlo. Una vez que la rubia alcanzo la cortina que cubría su más reciente obra, la abrió—. Cada año, en el día de mañana, hay unas luces brillantes que son lanzadas sin falta alguna.

— ¿Te refieres a las linternas para la princesa? —respondió con dificultad desde el suelo

—Con que eso son, sabía que no eran estrellas—comentó para sí—.Escucha, si me llevas a ver esas linternas y me traes de vuelta, entonces, sólo entonces te devolveré la mochila

—Mi relación con el reino no es muy buena que digamos, y estoy seguro que ahora no me le agrado en lo más mínimo a los reyes

Astrid y Tormenta se miraron con determinación. La rubia salto de donde estaba y en un movimiento alzo al chico, dejándolo en vertical frente a ella. Lo miro con advertencia a los ojos y esta vez recibió la mirada que esperaba. De miedo. Pero ipso facto fue cambiada por una más relajada.

—No quería hacer esto pero me obligaste, usare mi arma más poderosa— Haddock se volteo tan sólo un segundo para regresar con una cara de galán-mata corazones-vuelve loca a las mujeres. Astrid ni siquiera se inmuto y harta de ese juego, sacudió la silla logrando lo que esperaba. Seriedad en el chico combinada de susto.

—Me llevaras a ver las luces flotantes o le dirás adiós a tu preciada mochila.

No tenia mas opción, debía llevarla sí o sí al reino y cumplir con la parte del trato que le proponía. Había pasado muchas dificultades para tener la corona en sus manos como para que una chica sin esfuerzo alguno se la quitara.

—Te llevo, ves las linternas, te traigo de regreso y tendré la mochila ¿Correcto? Ok, tu ganas, te llevare a ver las linternas.

— ¡Sí! —grito exasperada soltándolo, y golpeando nuevamente su cara.

El primero en bajar de la torre fue el, exactamente de la misma manera en que había subido. Por las enredaderas. Iba a mitad de camino cuando Astrid se asomó, estaba a nada de pisar por primera vez el pasto, sentir el viento correr por todo su cuerpo, explorar el mundo, ver las luces flotantes, pero sobre todo, de saber lo que es la libertad. Se quedo de pie un momento en la ventana, no dudada de su elección, pero había tantas emociones encontradas en su interior que no sabía cómo expresarlas. Sin más, Tormenta se aferro a uno de los mechones de su cabello, atoro un poco de este en el gancho, dejo caer el resto y se lanzo sobre el mismo, bajando a toda velocidad —dejando atrás a Haddock—. Estaba a nada de tocar el pasto pero se detuvo, observo un momento el suelo. Verde, ¿Qué sentirá bajo los pies? Con lentitud, colocó primero el dedo gordo y ya sin flaquear bajo ambos pies. Su aventura comenzó. Al fin experimento la libertad.


Ya se, es corto muy corto, pero no quería dejarlos sin un capitulo esta semana, les prometo que el siguiente estará mas largo, la semana pasada se me complico escribir como Odín manda, pero esta semana me organizare mejor C:

y bueno, gracias por todos esos reviews de verdad no esperaba tantos, me hacen muy feliz C': también por eso decidí subir otro episodio, aunque corto pero peor es nada ¿No?
Trato de responder todos los reviews, pero luego con las prisas no respondo todos, en especial los guest, gracias también a ustedes, son muchos y se los agradezco y no, no me molesta en lo absoluto leer todos y cada uno de sus reviews (Sí, lo digo por ti Darkblue12) me encanta saber lo que piensan y si les esta gustando ^^

ya hable mucho xD perdon si existe alguna falta ortográfica S:

Sin mas se despide Risu-chan xD

Los reviews son alimento del escritor, estaré ansiosa por leerlos en este capitulo también C':

¡Nos leemos!

PD: Denle like a mi pagina de Face que comparto con una gran escritora de fanfiction Risu-chan xd & Ivorosy el link se los dejo en mi perfil ^^