Los personajes y/o historias de HTTYD y Enredados no me pertenecen, los utilizo para dar vida a mis creaciones con fines de diversión no lucrativo, sin embargo los personajes adicionales si son creación mía.
=El comienzo=
El primero en bajar de la torre fue el, exactamente de la misma manera en que había subido. Por las enredaderas. Iba a mitad de camino cuando Astrid se asomó, estaba a nada de pisar por primera vez el pasto, sentir el viento correr por todo su cuerpo, explorar el mundo, ver las luces flotantes, pero sobre todo, de saber lo que es la libertad. Se quedo de pie un momento en la ventana, no dudaba de su elección, pero había tantas emociones encontradas en su interior que no sabía cómo expresarlas. Sin más, Tormenta se aferro a uno de los mechones de su cabello, atoró un poco de este en el gancho, dejo caer el resto y se lanzo sobre el mismo bajando a toda velocidad —dejando atrás a Haddock—. Estaba a nada de tocar el pasto pero se detuvo, observo un momento el suelo. Verde, ¿Qué se sentirá bajo los pies? Con lentitud, colocó primero el dedo gordo y ya sin flaquear bajo ambos pies. Su aventura comenzó. Al fin experimentó la libertad.
—Lo hicimos Tormenta—dijo exasperada una vez que sintió el cosquilleo del suelo verdoso, el viento fresco que soplo por todo su cabello y le movió levemente el vestido. Se acercó al pequeño río que estaba ahí, sumergiendo sus pies y disfrutando que las sensaciones de sentir agua que no previniera del grifo, mucho más fría, con movimientos naturales y piedras que bailaban en el puente de sus pies.
Una enorme sonrisa se marcaba en su rostro y la adrenalina comenzó a correr por todo su ser, precipitándose a todo, comenzó a correr, recorriendo la cueva y saliendo a la verdadera vida.
Haddock la siguió rápidamente, si que estaba realmente emocionada, pero lo que él quería era no tener que llevarla hasta el reino, incluso sintió ganas de regresar y aprovechar que no había nadie en la torre y comenzar a buscar su tesoro. Cuando salió y por fin alcanzo a la chica, vio que estaba sentada en una piedra susurrando algo con su mascota, ¿Cuánto tiempo había pasado desde que salieron?
—Tienes razón, es solo que…. —la guerra interna había empezado, y no por que se sintiera asustada o se estuviera ya arrepintiendo de salir de su preciado "hogar", más bien era que nunca había desobedecido a su madre, sólo se sentía rara.
—Hey, aun estamos a tiempo de volver y podemos olvidarnos de todo esto—Intento deshacer el acuerdo que momentos antes habían acordado, siendo amenazado por el sartén
—Ni lo sueñes, hicimos un trato, soy una mujer de palabra y mientras tú no cumplas con tu parte yo no cumpliré la mía.
—Bien, ya entendí, mejor avancemos My Lady
Astrid parecía una niña de diez años, hasta la más pequeña e insignificante mariposa era razón para detenerse un poco y admirar, conocía mucho gracias a los libros pero a pesar de que algunas cosas las había visualizado de lejos no se comparaba con estarlas viendo de cercas e incluso poder tocarlas. De vez en cuando se quedaba mirando la nada pensando en si lo que hacía estaba correcto, pero siempre se llegaba a atravesar algún animalito que provocaba que se olvidara por completo de lo que estaba pensado.
Haddock no se encontraba muy a gusto. El carácter de la rubia era decisivo, intentó alguna vez hacerla cambiar de opinión nuevamente pero no había ningún resultado. Toda la guardia del reino estaba detrás de él, era arriesgado acercarse, y como si eso no fuera suficiente, también estaban los gemelos y Patán, nunca fueron grandes amigos, aunque tampoco había rencores entre ellos, era más bien una relación de conocidos, que luego se unieron para realizar el robo de sus vidas y después de que él los haya engañado probablemente también estarían buscándolo. No podía arriesgarse, debía hacerla cambiar de opinión y como por arte de magia, otra oportunidad se le presento, de nuevo tenia la vista perdida.
—Bien, ya basta, no sé muy bien qué es lo que ocurre contigo, lo único que sé es que ya estas dudando—se acercó a ella y puso una de sus manos en su espalda brindándole apoyo, ella sólo lo miró—, me duele mucho, pero te libero del trato, estamos a tiempo, toma tu sartén, a tu pájaro y volvamos fingiendo que nada de esto paso.
— ¿Quién dijo que quiero volver? No estoy dudando, sólo considero… no importa, no quiero volver, yo no te libero del trato.
Intento fallido, aunque otra idea surgió al instante.
—Bien, sigamos, pero antes debemos comer ¿Tienes hambre? Muy cerca de aquí hay un lugar increíble para comer, yo invito.
— ¿De verdad? ¡Vamos!
Caminaron alrededor de unos veinte minutos hasta que llegaron a un pequeño puente de madera que guiaba hasta un camino de piedra que llegaba hasta lo que a simple vista parecía una cabaña cualquiera. Tenía una chimenea y a un metro de distancia de la entrada estaba un letrero con un dragón bebé muy tierno. Tal como lo marca la regla "Las apariencias engañan", esa cabaña acogedora era en realidad una taberna. Entraron. Estaba llena de hombres, y no cualquier tipo de hombres. Eran vikingos, o al menos eso querían aparentar, eran el tipo de personas que seguían tanto los estatus de lo que ellos creían mejor que actuaban como vikingos, además en el reino de Berk aun se creía en Odín, Freya, Thor, etcétera.
Astrid abrió los ojos de par en par e instintivamente colocó a Tormenta fuera de la vista de todos, tomando su sartén lista para atacar. Todos los ahí presentes se acercaron, sólo por curiosidad y notando un poco más a la chica. Hablaban al mismo tiempo por lo que no se entendía mucho lo que decían. Haddock también decía algo, venía detrás de Astrid recogiendo su cabello. Quería asustarla para no tener que llevarla al reino, que fuera ella quien rompiera el trato, mas no quería que la lastimaran. El entro en la torre sin su consentimiento, así que en cierto modo es culpa suya que le quitara la mochila.
—Hola—dijo galantemente uno de los de ahí, acercándose a Astrid y tomándola levemente por la muñeca. Grave error. Los reflejos de la rubia se activaron al instante, el agarre fue perfecto para ella, puesto que así le pudo torcer el brazo, haciéndolo bajar la guardia, golpeándolo dos veces con su sartén y para rematar un golpe en la entre pierna que lo hizo llegar al suelo.
Todos, incluyendo Haddock miraban con sorpresa a la "débil" chica, fueron unos segundos de silencio. No sólo había golpeado a un tipo musculoso, si no que era el más rudo del lugar. Haddock identificó al sujeto y se recriminó a si mismo mentalmente. Los problemas estaban cerca.
Apenas iban a comenzar los comentarios por el suceso cuando un chico de pelo largo rubio tomo por los hombros al castaño, obligándolo a darse la vuelta, avanzar en reversa y acorralándolo en la pared más cercana. En efecto, los problemas estaban cerca. Astrid había desbancado a Patán.
—Miren quien decidió volver, tenemos cuentas pendientes Haddock—le recrimino el bravucón sin darle tiempo a reaccionar ante aquella intimidación. Redirigiendo la atención de todos hacia ellos.
—Brutacio, que gusto verte amigo ¿Sin rencores?
El aludido estaba por responder, pero Patán se reincorporó, acercándose a ellos e interviniendo.
— ¿Creíste que te saldrías con la tuya? Sólo nos ahorraste el tiempo de búsqueda. ¡Brutilda!
Al parecer no todos los ahí presentes eran hombres. La chica se acerco hasta ellos y tomo por uno de los brazos a Haddock mientras que su gemelo hacia lo mismo con el otro brazo, Patán estaba preparándose para golpearlo, y como era costumbre en esa taberna, sus fieles seguidores iban a contribuir con la golpiza.
— ¡Hey! Chicos, esto no es necesario—intentaba zafarse mientras todos empezaban acercarse a él.
Enseguida se habían olvidado de Astrid, puesto que al estar centrados en la pelea donde todos podrían participar, cerraron el círculo dejándola afuera. Brincaba y empujaba con todas sus fuerzas, no podía dejar que lo golpearan, no ahora, lo necesitaba para llegar hasta las luces flotantes, y si todos lo golpeaban al mismo tiempo quien sabe que pasaría. Ya totalmente enojada, fastidiada e incluso algo preocupada, soltó un golpe—acompañado de un grito de batalla—, justo en la nuca de un sujeto que tenía enfrente. Robusto, más alto y grande que ella, rubio, se volteo con una cara de enojo. Nuevamente la atención estaba sobre ella y el sujeto que había golpeado se acercó un poco a ella, y se retiro enseguida, con ambas manos en la nuca intentado contrarrestar el dolor.
—Eso si me dolió, ¿por qué tuviste que ser tan cruel? —su voz sonó mas tierna de lo que debería—A todos les quedo claro que eres más fuerte y mejor que Patán, ¿por qué recordarlo con mi pobre nuca?
— ¡Patapez! —recriminó Patán caminando hasta el pobre chico
— ¡Ya basta! — Esta vez fue Astrid quien explotó—No puedo dejar que lo lastimen, es el único que muy en su contra ha aceptado llevarme hasta las luces flotantes y traerme de vuelta. Toda mi vida la he pasado dentro de una torre, mi único deseo es poder ver esas luces, ¡Y el es mi guía! ¿Quieren golpearlo? ¡Háganlo! Pero después de que cumpla su trato conmigo ¿Es qué acaso no tienen un sueño?
Se había desahogado, y Patán se acerco a ella con toda su actitud de chico rudo, la cual no le duro mucho porque Astrid lo volvió a amenazar, así que en su lugar fue Patapez quien se acerco.
—Yo tengo un sueño, quiero recorrer todas las tierras posibles, recolectar todo tipo de información y datos curiosos, y repartir mis conocimientos, pero en especial, quiero estudiar a los dragones, esas criaturas que sólo los mejores pueden domar.
Todos se concentraron en lo que decía y esta vez fueron los gemelos quieren hablaron.
—Brutacio y yo queremos destruir todo un reino, destrucción, desastre y divertirnos sin que nadie nos arreste por ello.
—Y también queremos un dragón que nos acompañe en la destrucción
— ¡Eso nos gusta! —concluyeron al unisono, en un tono un tanto tonto, con una sonrisa perdida en los labios.
— ¡Qué tonterías son esas! Aprendan a mí, al grande Patán Mocoso, que mi sueño que está por cumplirse es ser el más fuerte de todo Berk, ser envidiado por todos y admirado por las chicas, aunque bueno eso siempre ha sido, tengo suficiente para todas—lo ultimo lo dijo galantemente acercándose a Astrid quien solo lo empujo y se alejo un poco de él, todos rieron por el acto.
Varios mas empezaron contar cual era su sueño ideal, iban desde ser pianistas hasta ser floritas, de ser mimos hasta tener unicornios, había sueños de todo tipo que iban un tanto desacuerdo con sus personalidades de cuando entraron a la taberna.
—Mi sueño es ver las luces flotantes, toda mi vida las he visto desde mi ventana, y siempre están en mi cumpleaños, quiero verlas de cerca. —comento un tanto emocionada Astrid, al notar que todos habían cambiado su actitud a una mas amistosa y demostrando que no eran tan diferentes como solían creer.
— ¿Y cuál es tu sueño? —le pregunto Patapez a Haddock, quien solo veía como todos festejaban y se emocionaban cuando alguien contaba lo que tanto deseaba. — Eres el único que no lo ha contado.
Todos se acercaron al, y unos lo miraron con recelo cuando él no quería hablar. Suspiró con cansancio y se acerco a Astrid. Nadie le quitaba la mirada de encima, así que ya entrando en confianza comenzó a hablar:
—Sí, también tengo un sueño. Sueño con que me encuentro con un amigo, alguien con quien al fin puedo encajar, con quien por fin siento que puedo ser yo mismo y tener un reino.
Nuevamente la bulla empezó, aplausos y brindis se escuchaban por todo el lugar, celebrando que todos tenían muchas cosas en común y que se podían llevar mejor.
Mientras la fiesta se daba dentro de la taberna. Una mujer miraba con enojo a Astrid por una de las ventanas, envuelta en una capa que la hacía ver más discreta. Ya había llamado a los guardias, puesto que ya sabía quién era Haddock, solo esperaba el momento de la llegada para poder interceptar a Astrid. Pero sus planes no le saldrían como quería.
—Haralda, quien diría que te iba a encontrar aquí—hablo a su espalda un hombre de cabello negro largo, con una cicatriz en la cara, gesto enojado y con una capa de piel de dragón.
Volteó sorprendida la mujer, no se esperaba volverse a encontrar con ese hombre desde que decidió quedarse con Astrid y no mostrarla al mundo nuevamente.
—Drago
— ¿Te salió como esperabas tu plan?
—Esa noche los planes no funcionaron, jamás te volví a ver.
—Esa no es excusa Haralda, teníamos un acuerdo
—Aun sigue en pie, así que en cuanto los guardias lleguen tomemos a la chica, el poder de la flor está en su cabello
Drago se carcajeo guturalmente. Había sido traicionado. Compartir no era un término que formara parte de su vocabulario, y menos después de tantos años. Qué suerte que fuera un hombre rencoroso pero también era listo. Y esas dos "cualidades" eran lo que más necesitaba en ese momento.
—Te perdonare la vida siempre y cuando los poderes de la flor realmente funcionen.
Efectivamente los guardias no tardaron en llegar, solo tuvieron de tiempo de "reanudar" su acuerdo. Uno de los vikingos notó la presencia de los guardias y enseguida impartió el mensaje a todos. Mientras tuvieron tiempo, Haddock tomo de la muñeca a Astrid y seguidos por los gemelos y Patán se refugiaron detrás de la barra.
— ¡¿Dónde está Haddock y sus secuaces?! —fue lo primero que dijeron los guardias al entrar al lugar.
Los cinco refugiados sentían la tensión en el aire, y para ayudarlos a escapar, el barman de lugar les abrió una puerta que los guiaba hasta un túnel subterráneo, sin perder tiempo todos entraron.
—Muchas gracias—susurro como despedida la de la larga cabellera
—Suerte con tu sueño
Momentos después y antes de que Drago y Haralda entraran, ingresó el furia nocturna que estaba tras la pista de Haddock y cual canino empezó con la búsqueda de Haddock, olfateando al aire y por el suelo, quitándose a quien le estorbara y guiando a los guardias. No le fue difícil dar en el blanco, encontró el túnel y fueron tras ellos.
— ¡Alto! —gritó uno de los guardias, alumbrándose con la linterna y emprendiendo una carrera.
— ¡Corran, corran! —espeto Patán encabezando, seguido por los gemelos, luego por Astrid y por ultimo Haddock, quien recogió el largo cabello.
Corrieron un largo tramo hasta que llegaron a una obstrucción de la salida, todos comenzaron a golpear puntos clave que hicieron que esa pared hecha por piedras unidas solo por la fuerza se derrumbara. Abriéndoles paso a un acantilado, de unos quince metros de alto, una represa y justo al otro lado, la "salida".
— ¿Ahora qué? —pregunto algo exasperada Astrid
—No sé, a menos que sepas volar no hay otra forma de bajar—respondió con un toque de sarcasmo el castaño y justo en ese momento los guardias llegaron
Efectivamente no había manera de bajar de ese lugar. A menos que tuvieras una cuerda muy larga que pudieras usar como liana para lograr descender, después de todo esa represa estaba al alcance suficiente para amarrar una cuerda o en este caso cabello.
— ¡Haddock! ¡Baja por mi cabello, es la única forma!
— ¿Estas loca? ¿Cómo supones bajar tú?
—Yo estaré bien, hago rapel todo el tiempo con mi cabello ¡Sólo hazlo!
Y estaba a punto de obedecer a la rubia pero el furia nocturna había llegado hasta a él. Como pudo tomo el sartén de Astrid y comenzó una batalla con aquel dragón negro, mientras que los gemelos y Patán se debatían con los guardias. Para ser la primera vez que Haddock utilizaba el sartén, era muy bueno, tanto que ya estaba considerando conseguirse uno, eso hasta que se distrajo y fue derrumbado por su contrincante.
— ¡Haddock! —Fue Astrid quien le grito desesperada, pero llego a su salvación del chico, los gemelos. Orden de Patán
— ¡Haddock! ¡Haz lo que ella te dice! Pero te advierto que si no cumples con su trato, la próxima vez no te ira muy bien
—Patán…
— ¡Vete! —fueron Brutacio y Brutilda los que interrumpieron, tomando como podían al dragón para darle tiempo al castaño, quien no perdió un segundo más y se lanzo por el cabello de la rubia.
Una vez abajo—y aun bajo órdenes de Astrid—, comenzó a correr. Ya tenían inmovilizados al trío de nuevos amigos, así que el furia nocturno se dio prisa e intento agarrar a la rubia, pero justo a tiempo ella había lanzado y asegurado su gran melea, por lo que salto y se escapo de las garras del dragón. El problema fue que no contaba con que el lugar de donde colgaba no estaba totalmente fijo, por lo cual con su peso al balancearse, la represa se rompió, liberando los litros y litros de agua que contenía.
— ¡Corre! —nuevamente era Astrid, cayendo hábilmente a lado del ya corredor quien ayudo recogiendo la otra mitad del cabello que ella cargaba.
No sólo el tsunami estaba detrás de ellos, también lo estaban bastantes escombros. Los pulmones de ambos empezaban a quemar y sus piernas a flaquear por tanto esfuerzo, la salida estaba a nada de ellos. La desesperación aumentaba a cada paso que daban, hasta que por fin entraron y siendo encerrados por los mismos escombros que ya habían rebasado al agua.
Para su mala suerte no era la salida, era una especie de cueva que estaba lo suficientemente profunda para figurarse a la salida. La entrada ya estaba totalmente cerrada y el agua comenzó a subir junto a los nervios. Ambos empezaron a golpear las paredes, si antes funcionó, tenían la esperanza de que funcionaría nuevamente. Golpeando y buscando algún punto clave para poder salir, el agua les llego rápidamente hasta el pecho, dificultando así la búsqueda que daría la salida.
—No se puede ver nada—dijo Haddock saliendo por tercera vez del agua junto a Astrid.
—Esto es el fin…. No, Haddock, no podemos morir aquí
—Tranquilízate, no podemos hacer más…y es Hipo.
— ¿Qué?
—Mi verdadero nombre es Hipo, si vamos a morir quiero que al menos alguien sepa como es mi verdadero nombre
—No hables como si…—simplemente no pudo terminar la frase, era obvio que morirían en ese lugar. El agua ya estaba rozando sus labios y el cambio de actitud de su compañero indicaba su despedida.
Ambos se quedaron callados unos segundos, el agua subió más. Hipo, como es su nombre real, al ser un poco más alto que ella, la tomo como pudo de la cintura y la elevo lo suficiente para que el agua solo rozara su barbilla. Ambos se dirigieron una mirada nostálgica y como pudieron sonrieron. En relativamente poco tiempo ya empezaban a llevarse mejor y a agradarse mutuamente. Respiraron hondo y el agua los cubrió a ambos. Debajo del agua y aun consientes se tomaron de las manos, gesto que hizo sentir bien a la rubia hasta que perdió el conocimiento.
Tarde pero seguro, y según yo esta vez no falle en la ortografía y narración, pero cualquier error de antemano gracias por hacérmelo saber C;
Sin mas espero que les haya gustado, como se los prometí esta mas largo y como ya se dieron cuenta las cosas empiezan a cambiar un poco.
Para los que siguen "Pequeñas aventuras en Berk" esta semana ya estaré actualizando ^^ sólo tengan un poco de paciencia.
¿Qué mas? El nombre Haralda es de origen escandinavo, por eso es Haralda y no Heralda, lo comento por si surge alguna confusión y/o duda.
Como digo siempre: Los reviews son el alimento del escritor. Espero con ansias sus comentarios ^^
Se despide Risu-chan xD
PD: En FB subo avisos acerca de los fics, así que si no le han dado like a mi pagina que comparto con una grandisima escritora de fanfiction, búsquenla como Risu-chan xd & Ivorosy, el link esta en mi perfil que futuramente estaré modificando.
