Los personajes de HTTYD y la historia de Tangled no pertenecen los utilizo con fines de diversión no lucrativos.
De fans para fans
=Valor=
—Sígueme, para que pueda matarte
Hipo estaba a punto de hacer caso, pero los labios de Astrid le decían que se alejara, ¿qué podía hacer? Entonces, los perdió de vista, aunque sabía exactamente a donde se dirigían.
Una vez dentro de aquel bosque, con todas sus fuerzas hizo ademan de golpear a Drago con su codo, pero pareciera que aquel hombre estaba hecho de piedra, solo consiguió enfurecerlo más y en esos momentos odiaba tener tan largo el cabello. Le dio una patada en la espalda baja y por la posición en la que se encontraba, el caminar apresurado y forzado de Drago cayó al suelo pero fue sostenida de su larga cabellera y fue arrastrada de tal manera que ni siquiera tenía oportunidad de levantarse.
Intentaba a cada paso levantarse, pero un jalón brusco la obligaba a caer de nuevo y seguir siendo arrastrada, no le quedo mas tomar parte de su cabello para medio liberar el dolor que sentía en el cuero cabelludo.
"Tengo que liberarme, debo regresar con Hipo" se decía a sí misma con intensión de darse ánimos, de sacar la fuerza suficiente para ponerse de pie y escapara de aquel hombre, pero todos sus intentos y palabras de aliento se iban por la borda, cada vez que medio se ponía de pie, Drago sujetaba con más fuerza su cabello y con un simple movimiento la hacía caer de nuevo, haciéndola ganarse mas golpes, raspones y moretones.
El transcurso fue prolongado y lacerante, lleno de humillación e impotencia.
—Llegamos, a tu nuevo infierno princesa
Volviendo al agarre del cuello, la obligó a avanzar hasta aquella entrada que nunca en su vida había visto pero que gracias a la tortura y el sufrimiento de Haralda antes de su muerte Drago conocía, subieron entre jadeos, golpes y empujones que afectaban más a la chica.
Una vez dentro, el dolor del cuero cabelludo disminuyó cuando la obligó a sentarse en la silla más cercana bajó la amenaza de la espada.
— ¿Ves estas heridas? Ahora cúralas con ese poder tuyo—amenazantemente y haciendo un poco de presión en el cuello con el filoso metal, mostraba algunas heridas sangrantes y leves que había sufrido de su encuentro con Hipo
Astrid solo lo miraba con desprecio, no decía nada, sus manos se aferraban con fuerza a los costados de su vestido, y su respiración aunque era calmada se notaba el esfuerzo que hacía por contenerse.
— No tienes idea de con quién te estás metiendo o pones a funcionar ese cabello tuyo o…— colérico seguía con sus amenazas y aumentando un poco la presión de la espada, un pequeño hilo de sangre empezaba recorrer el filoso metal al momento de ser interrumpido
— ¿O qué? — arrastrando las palabras por fin habló para recibir en enseguida una patada en el vientre que la hizo caer junto a la silla luchando por recuperar el aire3 perdido.
— ¿Quieres saber qué? —sintió otra patada, pero esta vez en su espalda
— ¿Estás segura de que quieres conocer las consecuencias? — grito tomándola nuevamente del cabello , para hacerla caer bruscamente dándole un puñetazo en la costilla, cuando estuvo en el suelo intentó atravesarle el hombro con la espada, pero que suerte que los reflejos despertaron a tiempo para que ella rodara, aunque no suficientemente rápido ya que recibió una cortada en su brazo.
— Yo no me ando con jueguitos su alteza, no me provoques
Con brazos temblorosos y mirando a Drago con un odio infernal, trató de por lo menos sentarse.
— Eres un maldito bastardo—escupió con ira tratando de mantenerse firme y leal ante su decisión de no hacer brillar su cabello.
Pero nada de eso funcionaba, solo avivaba el enojo de su agresor, pues no pasaron ni cinco segundo cuando la tomó nuevamente del cabello y la lanzo al otro lado, golpeándola otra vez, recibiendo aquel golpe en el brazo herido haciéndolo sangrar más.
Aunque las lagrimas ya estaban al borde de resbalar por sus mejillas pálidas, Astrid se quería mantener fuerte, ella sabía que no la mataría, debía resistirse, pero ¿Por cuánto tiempo? Y si mejor cedía, ¿Cuántos años más tendría que soportal sus maltratos? ¿Ser golpeada cada vez que se negara?
Recibió nuevamente una patada, justo en el estomago, esta vez si que perdió todo el aire, y por lo mismo, unas cuantas lagrimas resbalaron.
Este no era un cuento de hadas.
No había príncipe que la rescatara a pesar de su nuevo título de realeza.
Tenía que salvarse a sí misma.
Nuevamente fue tomada de su cabellos, aunque esta vez desde su cuero cabelludo y azotada contra la pared.
— Más vale que pongas a trabajar ese mágico cabello tuyo si no quieres morir
Y nuevamente al suelo, recibió uno y otro y otro golpe por todo el cuerpo, y nuevamente en el estomago, el aire que apenas había recuperado se fue de nuevo.
Debía salvarse.
Cuando por fin pasaron los interminables minutos de recuperación de oxigeno y antes de que recibiera otra patada, habló:
— ¡Ya basta! Lo haré, solo…solo detente
— Eso quería oír.
Recuperando el último aliento, y tosiendo un poco de sangre, aprovechando que Drago se había alejado de ella para tomar las puntas de su cabello y envolver las heridas que desde que llegaron ella se había negado a curar, empezó a cubrir todo su cuerpo, creando una cobija de cabello.
Suspiró profunda y silenciosamente, y casi en un susurro con voz temblorosa empezó a cantar lo más lento que podía, sus heridas requerían de mucho para ser curadas y viéndose en la situación en la que se encontraba, debía de estar totalmente sana, recuperar sus fuerzas para resistir a una batalla con Drago, donde no termine como ahora y recuperar su orgullo que parecía haber sido lanzando al vacio.
El alivio llego a ella lentamente, llenando de vida su ser, cuando la canción finalizó se reincorporó hasta quedar sentada, mirando la sorpresa de Drago mientras se quitaba su cabello que apenas dejaba de brillar.
Satisfacción. Eso era lo que sentía, Drago se apoderó de aquel cabello, no podía ni imaginar lo que podría lograr al tenerlo y más cuando se trataba de la princesa, ¡lo que darían los reyes por tenerla de regreso! Y cuando creyó que no podía ser mejor, volteo a la ventana, divisó a un grupo de chicos que venían en ¿dragones? Y no solo eso, al parecer el líder era ¡el hijo de Estoico!
Pareciera que ese chico pedía a gritos ser asesinado, y él se lo concedería, ¿acaso creyó que por tener unos reptiles de su lado iba a tener la delantera? ¡Por favor! El era Drago Manodura, nadie podía con él y menos aun cuando tenía cuentas pendientes con ese chico.
— Que suerte tienes princesa, seguirás viva durante mucho tiempo y como premio, te dejare que entierres a tu enamorado— dijo maliciosamente y mas para sí, sin dejar de observar la llegad de su contrincante
—…Hipo— susurró distraídamente.
Nuevamente había bajado la guardia, cuando sintió, ya la había tomado del cuello y la llegaba prácticamente arrastrando—a diferencia que esta vez peleaba por deshacerse del agarre de Drago—, la aventó con brusquedad a su propia habitación y justo después de que todo su cabello quedara dentro y la empujara un par de veces, cerró la puerta y la bloqueo.
Perfecto, no solo era su prisionera, si no que era prisionera en aquel lugar donde tuvo tantos sueños y durante muchos años fue su hogar. Intento abrir la puerta, pero obviamente estaba cerrada, debía hacer pero ya, no estaba en su naturaleza quedarse con los brazos cruzados, esperando que algo, además de la lluvia, le cayera del cielo.
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Hipo y compañía llegaron al lugar, lugar que antes le pareció maravilloso al castaño, ahora tenía un toque tétrico ¿acaso era por qué Astrid estaba en peligro?
— Astrid es la princesa de Berk, debemos llamar a los guardias, necesitamos tener un respaldo en caso de que…de que no podamos rescatarla por nuestra mano
— ¿acaso tienes miedo Haddock? —cuestionó con algo de molestia Patán
— No… pero, ¿acaso no recuerdas todo lo que ese hombre hizo? Destruyó todo nuestro pueblo, no sabemos de lo que es capaz ahora o si nos está esperando, no quiero que Astrid muera
Todos voltearon a ver a su líder, que tomo cariñosamente a Tormenta que se acaba de posar en su hombro derecho dándole apoyo que ambos necesitaban.
— Los Thorson y yo iremos por ellos, aun nos tiene rencor y mas porque escapamos, los atraeremos una vez aquí tendrán que escucharnos
Hipo asintió sin expresión en su rostro, que suerte que Chimuelo y Tormenta trajeron a otro dragón mas con ellos, un Pesadilla Monstruosa para ser exactos, de no ser por ambos dragones se hubieran demorado más en llegar.
El trío subió al dragón rojo y regresaron por donde vinieron, mientras que Hipo y Patapez corrieron hasta llegar a la torre.
— Tu quédate aquí, voy a entrar, si muero, no dejes de Drago se aleje de aquí, mantenlo hasta que llegue la guardia del reino y rescaten a Astrid— ordenó subiendo a Chimuelo
— Por tu bien, más vale que no tenga que hacer eso
Tormenta se poso en la cabeza del Furia Nocturna y este subió lentamente, más por precaución que por otra razón. El lugar estaba vacío, no había señales de Drago ni de Astrid, lo que lo puso muy alerta.
Entró.
Tomó la espada que recién había obtenido y comenzó a avanzar, mientras que los dragones regresaron, muy en su contra se colocaron a lado de Patapez, ahora solo les quedaba esperar.
Hipo sabia que Drago se escondía y espera el momento de atacar, no podía bajar la guardia ni un segundo, debía encontrara a Astrid pronto y como si supiera sus intensiones se escucho un golpe proveniente de la única puerta que había a la vista, acompañado de un grito de enojo por no poder salir.
— ¡Astrid!
Movimiento demasiado lento, Drago atacó, lastima para el que sus reflejos eran demasiado rápidos, bloqueo el golpe.
— Por fin te decidiste a morir, hijo de Estoico
— No sin antes matarte
La batalla comenzó, era el golpe de metal contra metal y uno que otro grito lo que resonaba por aquellas paredes. Pero ninguno de los dos pelaba limpiamente, de cuando en cuando y según la oportunidad que tuvieran se soltaban patadas y cuando no era la espada la que chocaba, era el puño de cualquiera de los dos que llegaba con fuerza al costado del contrario.
Por supuesto, el sonido de la pelea llego en seguida a los oídos de Astrid, logrando que se desesperara más, debía salir de ahí sí o sí.
— Muy bien Astrid, es hora, demuéstrale al mundo que no estuviste encerrada comiendo galletas— dijo antes de correr contra la puerta y estamparse en ella sin lograr nada más que dolor, dolor que parecía nada en comparación con lo vivido hace unos momentos.
La batalla continuaba, entre gritos tanto de dolor como de guerra, Hipo había recibido ya su primera herida, mientras que Drago seguía como si nada con algún moretón y ya.
— Ríndete ya niño, no eres capaz ni de matar una mosca, olvídate de vengar a tus padres
— Esta vez no te servirá
Los golpes de metal seguían, pero en cada golpe un recuerdo surgía en Hipo, ¿por qué ahora que necesitaba de toda su concentración recordaba? Una y otra vez se le venía a la mente su padre atravesado por la espada con la que estaba luchando.
—Ya me cansé de jugar contigo
El ardor fue lo primero que sintió cuando la espada de Drago, a raíz de su distracción, le atravesó la pierna izquierda, el dolor era insoportable, la espada había alcanzado el hueso, quedo desbancado por un momento, no evitando un grito de dolor que alerto tanto a la rubia como a los dragones y Patapez.
Aprovechando aquello Drago volvió a atacar, pero el dolor no evito que Hipo bloqueara el golpe, después de todo, sus brazos seguían bien.
Como pudo, siguió pelando desde el suelo, pero no contaba con recibir un pisotón en la herida, escucho como que algo trono al mismo tiempo que lo sintió, de nuevo no suprimió el grito, estaba seguro de que su hueso había sido roto.
— ¿Creíste que te daría una muerte rápida como a tus padres?
Se estaba burlando de él, disfrutando de los gritos de dolor.
La desesperación de Astrid aumentaba, debía salir ¡ya!, con patadas y empujones seguía luchando por abrir esa maldita puerta, en un momento en el que se dejo vencer por la impotencia, aquello bloqueaba su mente se desvaneció, en el techo había unas tablas atravesadas, aquellas con las que hacia acrobacias cuando no las hacia donde se daba la pelea. Arrojó su cabello y empezó a subir, haría que esa puerta se abriera de una buena vez.
Chimuelo, ya no pudo quedarse por más tiempo, así que subió con Tormenta en su cabeza, divisaron a Hipo en el suelo, creándose un charco de su sangre. Drago estaba a punto de volver a golpearle la pierna pero el Furia Nocturna, disparó, lo alejó de él y este se dirigió al dragón que acaba de entrar al lugar, Tormenta fue directo con Astrid mientras que las llamas comenzaban a consumir el lugar.
Drago había decidido deshacerse del dragón antes de terminar con Haddock, pero Chimuelo se defendía increíblemente, mientras se posicionaba frente a Hipo, tanto para evitar que las llamas llegaran a él como para evitar que Drago se volviera contra el nuevamente.
— No me va a detener un simple lagarto
Chimuelo rugió con ira como respuesta, Hipo trataba de recuperarse, su nuevo amigo le estaba brindando tiempo para tomar de nuevo la espada y seguir, solo que no contaba con que el disparó de Chimuelo, la alejara tanto.
—…Chimuelo, cúbreme, iré por mi espada— dijo lo más silencioso que pudo, quedándole claro al Furia Nocturna que era ahora que debía mostrar la lealtad que se había ganado el ladrón de la corona.
Se arrastraba para no ser blanco de Drago y porque así llegaría mas rápido que si se levanta, pero al fuego que rápidamente se esparcía por el lugar le dificultaba un poco el avanzar.
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Tormenta llego hasta donde Astrid, intentando hacerle ver su presencia con rugidos que no sobresalían del escándalo de la pelea que había.
Astrid se lanzó, utilizando como liana su cabello, pateando con ambas piernas la puerta, esta vez el resultado había sido mucho mejor pero seguía sin éxito.
— ¡Ábrete de una vez! —gritó ya enojada a la puerta golpeándola con su puño.
Como por arte de magia o más bien por suerte, la rubia escucho el rugir de Tormenta.
—… ¿Tormenta? ¡Tormenta! — sintió un enorme alivio, cuando volvió a escuchar el pequeño rugir —Tormenta, tienes que ayudarme a salir de aquí, hay algo bloqueando la puerta
La pequeña Dragona lo notó desde que llego, la cerradura tenia atravesado un pequeño fierro, así que empezó a lanzarle fuego, con la esperanza de que al estar tan caliente, y con los golpes de Astrid se pudieran deshacer de él, pero no quedaba mucho tiempo y eso solo lo sabia Tormenta, el fuego estaba a nada de llegar hasta la habitación de la rubia.
— Yo seguiré golpeando la puerta— avisó a su única amiga y volviendo a tomar su cabello como liana.
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Hipo estaba a punto de llegar a la espada cuando lo diviso Drago, intentado atacarlo y tomando desprevenido al dragón, lanzó la espada que sin duda alguna le iba a caer al castaño, pero, una vez que te ganas la lealtad de un dragón no hay nada que ellos no hagan por ti.
No lo evitaría a tiempo, así que la única salida que Chimuelo encontró fue su cola, la espada cortó su cola.
— ¡Chimuelo!
El dragón rugió pero enseguida ataco de nuevo a Drago, quien entre jadeos, tacleadas y golpes logro sacar de la torre al Furia Nocturna, aunque ya no podía volar, pudo evitar caer estruendosamente así como Hipo conseguir la espada y levantarse, —sus emociones lo invadieron tanto que logró ponerse nuevamente de pie—, para empezar con otro choque de metales.
La pierna no le permitía moverse libremente, de hecho se encontraba en un solo pie, batallando por no caerse y como si eso no fuera poco, el fuego limitaba cada vez más la zona donde peleaban y quien sabe cuanto tiempo mas le quedaba antes de que las tablas comenzaran a caer sobre ellos.
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Como era de esperarse, la habitación de Astrid se empezaba a llenar de humo.
— ¡Vamos Tormenta! — mas para animarse a ella misma que a su amiga, los ojos le empezaban a arder por el humo que entraba.
Tormenta ya había calentado el poco metal que ahí había, solo quedaba confiar en la fuerza de su compañera, que le diera tiempo de poder salir de ahí antes de terminar atrapada entre el fuego.
Se había vuelto a subir para tener mas impulso y que por fin pudiera salir de ahí, a punto de lanzarse escucho el grito de Hipo nuevamente seguido del ruido de algo cayendo con fuerza, algo grande y pesado.
Se lanzó con todas sus fuerzas, la puerta, por fin se abrió, siendo recibida por una onda de calor enorme, entonces lo divisó, Hipo estaba atrapado en una tabla enorme que reconoció enseguida como las tablas del techo, el fuego ya estaba en las paredes. Corrió hasta donde estaba Drago, por el pequeño camino que aun quedaba libre de fuego y siendo cuidadosa de que el cabello no se quemara.
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El dolor en la pierna ya insoportable y el calor del lugar no ayudaba en nada, esa batalla empezaba a ser perdida para él.
Nuevamente los recuerdos lo atacaron, sentía que estaba reviviendo todo, el fuego, la destrucción, Drago y el miedo por perder a alguien. Aunque su fuerza aumentó, gracias a todo lo que recordaba, no funcionó, Drago divisó que una de las tablas estaba a punto de caer a espaldas del chico, por lo soltó otra patada a la pierna, sin poder evitarlo grito mientras caía, momento en el que vio caer la tabla, pudo esquivarla pero su pierna no, como si todo lo que Drago hizo no fuera suficiente ahora estaba atorado en un pedazo enorme de madera que se incendia en un extremo, justo la pierna que ya de por si lo mataba de dolor.
Drago se acercó para burlarse nuevamente de él:
— ¿Cómo es posible que aun sigas de pie? ¿Acaso no lo ves? Yo gané
Entonces vio de reojo como se acercaba la rubia, ¿cómo pudo escapar? No le permitiría hacer nada, seguía riendo y viendo a Hipo, quería actuar como si no la hubiera visto.
En cuanto estuvo lo suficientemente cerca, golpeó el aire, esta vez sería diferente, Astrid pelearía.
— ¡Astrid no! ¡Vete!
—No Hipo, pelearé
Haddock intentaba salir de ahí, Drago se carcajeo antes de pelar con ella. Hipo lo sabía, ella no estaba experimentada como para mantenerse en una pelea como esa y menos con alguien como Drago.
No supo como lo hizo, pero logro deshacerse de la madera que lo tenía atado, solo que no podía levantarse, así que a lo único atinó fue lanzarle su espada a la rubia.
Astrid la atrapo en el aire, la blandió y logro herir a Drago el brazo izquierdo, su pelea fue detenida porque cayó otra madera en medio de ellos, solo que eta estaba completamente en llamas.
— No sabes lo que acabas de hacer princesa, has marcado el rumbo de tu sufrimiento eterno
— Por mi cabello, todo lo que haces es por mi cabello, ¡y lo único que hace es curar!
—Eso es lo tú crees, y aunque así fuera, eres la princesa perdida, ¿sabes lo que no darían tus padres, los reyes, por tenerte de vuelta?
Drago estaba lo suficientemente cerca de la ventana, y tanto el castaño como ella lo habían notado, Hipo comenzó a arrastrarse hasta el lentamente, Astrid entendió lo que eso significaba, debía mantenerlo distraído.
— Mis padres…
—Sí, tus verdaderos padres, aquellos que a pesar de no tenerte con ellos durante veinte años seguramente te aman, amor que no recibirás
El castaño estaba cada vez más cerca, Drago estaba cegado por el enojo que sentía y la satisfacción del sufrimiento que recibiría el resto de su vida aquella chica.
— Y todo eso….por culpa de mi cabello
— ¡Ja! Y apenas lo notaste, niña crédula.
La rubia tomo inconscientemente un mechón de su cabello, toda su vida había estado encerrada, de vez en cuando su "madre" la trataba de mala gana, como lo que era, una prisionera, cuando al fin logra salir, el precio a pagar fue grande y todo por su cabello.
Tomó con fuerza la espada que aun sostenía.
— Pero, eso tiene arreglo
Hipo se acerco aun más.
Ella lo sabía desde el principio, tenía que salvarse ella misma, en la vida real, no hay príncipes al rescate de damiselas en peligro y ella tampoco era una damisela en peligro. Y si no lo hacía ahora, nunca podría estar en paz.
— ¡Se acabo! — con un movimiento rápido tomo todo su cabello, como si fuera peinarlo, se lo puso de un costado y a la altura de su pecho lo cortó.
El brillo de su cabello se perdió enseguida, dejándolo de un rubia tan pálido que parecía ser blanco.
En ese momento, Hipo se lanzó contra Drago, quien consternado por lo que había ello la rubia, no notó el movimiento, perdió el equilibrio y cayó, dejando una imagen demasiado desagradable para los que abajo esperaban.
Las manos de Astrid temblaron, volvió a tocar su cabello que aun permanecía largo pero ya no era igual, entonces reaccionó, se acerco a Hipo y vio la gravedad de su herida.
— ¡Por Odín! Hipo, todo va estar bien si
Pero ambos lo sabían, su cabello ya no tenía poderes.
— Esta bien Astrid, eso era justo lo que tenía que hacer, si no querías pasar el resto de tu vida siendo perseguida por personas como Drago.
Ambos se miraron y se brindaron una leve sonrisa cuando otro pedazo de madera cayó.
— Tengo que sacarte de aquí— dijo tomándolo de la cintura para ayudarlo a reincorporarse, siendo cuidadosa de no lastimar mas su pierna.
— ¿Necesitan ayuda?
— ¡Patapez!
Había subido junto a Patán —el único que había domado a ese dragón rojo— hasta la ventana, les ayudaron a subir al dragón para poder bajarlos.
Chimuelo los recibió junto a Tormenta que había salido en el momento en que Drago había sido lanzado.
La guardia del reino estaba esperando por ellos, en cuanto vieron a Astrid, hicieron lo prudente, una reverencia, y siguieron las ordenes que iban más en forma de favor de llevar a atender a Hipo en compañía de Chimuelo, que no quería alejarse de él.
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Semanas después y por petición de Astrid, al fin fue a ver a los reyes, no se sentía lista de verlos ese día que fue rescatada, además de que querías estar al pendiente de Hipo.
Cuando llego al palacio, la llevaron hasta un balcón que tenía vista al pequeño lago donde toda su pesadilla había comenzado. Se sentía muy nerviosa.
Las puertas se abrieron dejando ver a un hombre con una barba que estaba unida por las patillas a su cabello, era bastante robusto, alto de cabello castaño claro de ojos café obscuro, que aunque había tristeza en sus ojos se notaba la seguridad. Con el venia una mujer unos cinco centímetros más baja que él, cabello rubio ondulado a l altura de los hombros, de unos ojos tan azules como los de Astrid de complexión mediana.
Se miraron por algunos momentos, hasta que la reina decidió acercarse.
— ¿Hija? ¿Eres tú? — con timidez toco el rostro de la más joven, que al sentir el tacto cálido y cariñoso no supo qué hacer.
El rey se posiciono al lado de ambas mujeres, y entonces, lo supieron, ella era su hija, a quien no pudieron rescatar la noche en que había sido raptada de su propia cuna, por quien le rezaban a los dioses que volviera a ellos, a la que cada año le lanzaban linternas con la esperanza de que las viera y le sirvieran de guía para regresara a su casa.
Astrid sonrió cuando sus padres la abrazaron, por fin estaba en casa, por fin sentía el cariño que nunca creyó recibir por parte de Haralda.
Esa misma noche, fue llamado todo Berk, para anunciarles que la princesa había regresado.
Con un vestido rojo de manga larga, con escote en "V", entallado hasta la cintura y un poco esponjado, que le cubría los pies y su cabello peinado en una trenza de lado junto a su peculiar diadema que atravesaba su frente, fue que se presentó y la coronaron frente a todo Berk.
Y entre tantas personas que aplaudían y festejaban su regreso, diviso a un grupo de amigos que venían en compañía de dragones, Patán con su pesadilla Monstruosa, Lo gemelos con un Cremallerus, Patapez con un Gronckle y A Hipo, con su Furia Nocturna. Esté ultimo le sonrió con cariño a lo que respondió de la misma manera tocando la corona que gracias a él había llegado antes a sus manos.
Y yo que creí que actualizaría hasta mañana pero bueno, que mejor que hoy.
Pues nada mis queridos lectores, ya solo falta un capitulo mas, el preciado final.
Espero que les haya gustado, porque como ya se dieron cuenta, hice unas modificaciones, que no van para nada con lo que es la historia de Enredados y lamento si esperaban que así fuera el rescate de Astrid, lo siento pero en mi mente funciona mas como lo escribí C:
Espero sus comentarios y (lo repito) que les haya gustado mucho este episodio.
Sin mas y esperando actualizar el domingo o antes, se despide Risu-chan xD
bye-bye!
