Ese día habían cambiado las cosas.
La persona que lo había despertado fue un muchacho, que le pareció un año menor que el, de cabello castaño y ojos parecidos a los suyos. Su nombre era Simon Gómez y a Leo le pareció una de las personas más amables que había conocido.
Al chico le gustaban los videojuegos, jugar al tenis y al fútbol y al parecer todas las chicas pasaban de el y de su grupo de amigos que se conformaba por Daniel, un chico un poco robusto con el cabello negro y los ojos verdes, Pablo, un poco reservado, de cabello marrón y amante del fútbol.
Después de unos días de pasar los recreos con ellos se dio cuenta de que esto del coqueteo y de las novias no les iba.
Sólo se ocupaban de lo suyo y no les importa a mayor cosa el resto del mundo.
Se pasaba los días en la misma rutina, que a pesar de su monotonía, le gustaba.
Estudiaba, salía, se iba a la casa de uno de sus nuevos amigos y a veces hacia la tarea con ellos, después daba una vuelta por el barrio y cuando llegaba a su casa temporal siempre le tenían una cena deliciosa y caliente. Podría acostumbrarse a esto.
Lo que le preocupaba era que había demaciada su vida estaba siendo muy tranquila y la vida de un semidiós no se supone que sea así.
Sabía que si los monstruos no querían darse un rico almuerzo de semidiós con el, era cosa para preocuparse. Sabía que la calma precedía a la tormenta. Por esta razón Leo siempre iba preparado para todo. En su cinturón de herramientas llevaba un dispositivo que el mismo había inventado, este localizaba a monstruos a cinco km a la redonda, por los cielos y bajo tierra. También llevaba un puñal de bronce celestial que al usarse daba una descarga eléctrica, aunque no estaba seguro si al monstruo o al que lo empuñaba, provisiones para varios días y hasta mantas, por que todos sabemos que es mejor prevenir que lamentar.
En aquel momento se encontraba en su habitación trabajando en algo que había empezado a hacer sin siquiera darse cuenta que era, sólo se había dejado llevar por sus manos.
Después de un rato entro una de sus "hermanas" pequeñas .
-Oh! Que lindo-exclamo Andrea- que rosa más bonita, ¿para quien es?
Leo miro lo que tenía entre sus manos y se dio cuenta de que efectivamente era una rosa de alambres de cobre retorcidos de maneras y ángulos distintos para formar los pétalos y el tallo.
- No lo se-respondió Leo- pero no esta terminada aún, cuando lo este buscare a quien dársela, ¿vale ?- igual ya se le había ocurrido una candidata perfecta para recibirla.
Hola mis queridos amigos, tiempo sin veros.
Para empezar les deseo un feliz año nuevo (atrasado).
Les dejo este cap. Disfrutadlo.
