Contraseña

Sam había despertado y había encontrado a un niño junto a su cama, pero lo que más lo sorprendió es que cuando ese niño volteó lucía exactamente como Dean a los 13 años. El niño echó a correr y Sam buscó con la mirada a su hermano en la cama contigua y cuando no lo vio entonces se dio cuenta de lo ocurrido. No sabía cómo pero ese niño era su hermano, así que hizo lo único que podía hacer: correr tras él.

No fue muy difícil alcanzarlo en el estacionamiento. Felizmente era bastante temprano y no había personas alrededor o habrían creído que estaba secuestrando a un niño, ya que Dean empezó a gritar y Sam tuvo que taparle la boca y cargarlo hasta que estuvieron en la habitación. Una vez allí Sam dijo: "Escucha Dean, necesitamos hablar. No temas, no te voy a hacer daño, pero necesito confiar en que no vas a gritar. Te voy a explicar todo así que: ¿permanecerás callado?" Dean asintió con la cabeza, Sam lo dejó libre e inmediatamente Dean se alejó de él y lo miró molesto.

"¿Quién eres?, ¿cómo llegué aquí?, ¿qué has hecho con mi hermano?" preguntó Dean enojado.

"Tranquilo, tranquilo. Dime, ¿qué es lo último que recuerdas?"

Dean no respondió y siguió mirando a Sam con desconfianza. "Escucha Dean, por favor, debes confiar en mí. Dime, qué es lo último que recuerdas"

"Fue a dormir y desperté aquí"

"¿Qué año es para ti?"

"¿Cómo que qué año es para mí?, es 1992 para todos!" Dean comenzaba a impacientarse. Sam sabía que tenía que tratarlo con cuidado, parecía que su hermano no sólo era un niño de 13 años físicamente sino también en su mente y sus recuerdos y no quería asustarlo demasiado.

"Escucha Dean. Tu papá es un cazador de cosas sobrenaturales ¿verdad?"

"¿Cómo sabes eso?, ¿conoces a mi padre?" Si este hombre conocía a su padre entonces quizá la situación no era tan mala como parecía.

"Dean, tú sabes que pueden ocurrir cosas muy extrañas, cosas que aparentemente no tienen explicación, ¿verdad?"

"Sí"

"Bueno, estamos ante una de ellas. Escucha, estamos en el año 2008, yo soy Sam, tu hermano. Anoche nos dormimos en esta habitación y hoy cuando despertaste pues… no sé qué pasó pero parece que retrocediste en el tiempo."

Dean no sabía si reír, llorar o correr otra vez. O este hombre estaba loco, o decía la verdad, o quería engañarlo. Sin embargo había algo en él, algo que le recordaba a Sammy, y su mirada… era la mirada de su hermano.

"Si tú eres Sam entonces dime cuál es nuestra contraseña secreta." Sam no recordaba ninguna contraseña secreta.

"¿De qué hablas?, nosotros no teníamos una contraseña."

"Claro que sí. Ayer me dijiste que temías que un día uno de los monstruos que papá cazaba se hiciera pasar por él y viniera a casa y nos matara, incluso dijiste que temías que el monstruo se hiciera pasar por mí, así que te dije que crearíamos una contraseña para que si alguna vez algo así sucediera pudiéramos reconocernos."

Sam buscó en sus recuerdos y entonces lo supo. Eso había pasado poco después de que él descubriera que los monstruos eran reales y que su padre los cazaba. Sí, ahora podía recordarlo. Pero, ¿cuál era la contraseña? Recordaba que habían estado solos en un cuarto de motel esperando a su padre, Sam le había comentado a Dean sobre la posibilidad de que algún día algún monstruo se hiciera pasar por alguno de ellos terminaran muerte así que Dean para tranquilizarlo había ideado la creación de una contraseña que sólo ellos conocieran. Habían estado pensando en una frase que pudieran usar cuando había pasado un carro de helados con el rostro de un enorme payaso. A Sam no le gustaban los payasos así que le había dicho a Dean que ese carro era lo más horrible que había visto alguna vez. Dean había reído y le había dicho:

"Hey Sammy, ¿nadie sabe que le temes a los payasos verdad?"

"Yo no les temo, simplemente no me gustan".

"Bueno, bueno, ¿qué te parece si esa es nuestra contraseña?"

"¿Cuál, 'payasos asesinos'?"

"No, 'Sammy ama a los payasos'", dijo Dean riendo.

"Muy gracioso Dean, pero mejor busca otra porque no voy a decir eso."

"Lo siento Sammy, pero si quieres que te reconozca tendrás que decirlo." No importó cuanto insistiera Sam por cambiar la contraseña, Dean se había mantenido firme. Lo cierto es que estaba aburrido y le divertía molestar un poco a su hermano menor, además, había logrado su objetivo distrayendo a su hermano.

Lo cierto es que no habían vuelto a hablar de la contraseña nunca más, por eso Sam la había olvidado, pero ahora era lo único que podía lograr que su hermano confiara en él.

"Sammy ama a los payasos", dijo Sam suspirando.

Dean no podía creer lo que escuchaba. Ese hombre en verdad era su pequeño hermano Sam.