AQUÍ ESTÁ EL NUEVO.
POR CIERTO TODOS LOS PERSONAJES LE PERTENECEN A J.K ROWLING, :,(
Draco no podía creer su mala suerte, de todas las brujas del mundo tenía que casarse con Granger. Hubiera preferido mil veces a una sangre pura, no por prejuicios sino porque ellas sabrían cuál es su lugar. Aceptarían sus aventuras y no lo molestarían con reclamos e ideas anticuadas de felicidad. Granger ya no era tan horrible como en sus días de Hogwarts, se vestía mejor y la ropa dejaba adivinar un buen cuerpo sin embargo eso no significaba que fuera lo suficiente para que Draco optara por la monogamia.
¡Además la bruja lo odiaba! Se matarían antes de una semana. Avanzaron por el pasillo hasta una oficina.
-¿A dónde vamos? – preguntó molesto por tener que dirigirle la palabra.
Por primera vez desde que dejaron el salón del sorteo, la castaña habló.
-Mira Malfoy – cuando se volvió para enfrentarlo Draco notó que era bastante pequeña, aún con los zapatos altos – Tenemos que arreglar este problema, no podemos casarnos, así que por favor cállate y déjame hacer lo necesario.
-Pensé que estarías saltando de alegría – llenó cada sílaba de sarcasmo – No puedo creer que piensen que mi pareja ideal seas… - la miró de arriba a abajo despectivamente – tú.
-¡Serías muy afortunado de estar conmigo hurón! – estaba roja de la cabeza a los pies, tuvo que reunir toda su fuerza de voluntad para no reírse de ella. Absurda.
-Que me llames así dejó de molestarme hace años – dijo con tono aburrido – Comelibros.
-¡Eso es todo! – la bruja sacó la varita y la apunto a su pecho - Ni tu madre te va a reconocer cuando termine contigo Malfoy.
-No lo harás, no aquí, en tu lugar de trabajo, eres demasiado aburrida para arriesgarte – vio sus palabras hacer mella en la actitud de la castaña.
-No lo voy a hacer – bajó la varita – Pero porque no vales la pena.
-Me harte de hablar contigo Granger – tocó la puerta para escapar de ella, no por miedo, sino por su salud mental – Eres insoportable.
Iba a responder con algún insulto cuando la puerta se abrió. La oficina era muy pequeña para su gusto, demasiado humilde.
-Hermione – saludó una mujer elegantemente vestida.
-Hestia – respondió con voz amable pero con un tinte serio.
-¿A que debo el honor de tu visita?
-Vengo a pedir un cambio de pareja – hasta en ese momento la bruja pareció notar a Draco y sus pupilas se dilataron. También me desea.
-Eso no es posible querida – se aclaró la garganta y les hizo una seña. La futura señora Malfoy se sentó en una de las sillas cercanas, él la copió - Para esto se usó magia poderosa y exacta, si cambian de pareja, ambos sufrirán terribles consecuencias.
-No me importa – interrumpió enojado con las dos mujeres – No pueden creer que yo y ella – apuntó a Granger con el dedo – Podemos casarnos y salir vivos.
-¡Deja de apuntarme con tu horrible dedo! – bramó con su desesperante voz.
-Hay más belleza en mi dedo que en todo tu cuerpo – la vio ponerse más rojo, no le dio tiempo para continuar y se dirigió a la otra mujer – Tienen que estar equivocados.
-No hay errores, observen los resultados de sus cuestionarios, son perfectos el uno para el otro – la bruja sacó dos pergaminos y se los entregó. Granger, como toda come libros, se abalanzó sobre el suyo y comenzó a leerlo, sin opción, él tomó el de ella.
1)Nombre completo.
(alias)
Hermione Jean Granger (Mione)
Le sorprendió que no pusiera comelibros, princesa de Gryffindor o chica de oro, seguramente quiso hacerse la humilde.
2)Fecha de nacimiento.
19 de septiembre.
3)Ocupación.
Jefa del departamento de refuerzo de la ley mágica.
Y aun así no pudo hacer nada contra esa ley, patética.
4)Color de ojos.
Café
Draco sonrió inconscientemente, era su primer punto positivo.
5)Color de cabello.
Café/Chocolate.
Dos puntos para el ratón de biblioteca.
6)Estatura.
1,61 m
Tres puntos para la santurrona.
7)Color de ojos preferido en una pareja.
Gris, celeste o verde.
Eso sólo confirmaba una cosa: estaba tan loca por él como las demás.
8)Color de cabello preferido en una pareja.
Rubio o castaño claro.
La miró de reojo ¿lo estaría acosando?
9)Estatura preferida en una pareja.
Alto, no menos de 1,75
10)Número de hijos deseado.
Mínimo 2.
Al parecer tenían algo en común ¿Quién se lo hubiera imaginado?
11)Pasatiempos.
Ir a bailar, leer.
Seguramente aprendió algunos pasos en un libro y a eso le llamaba bailar.
12)Mayor miedo.
Ver morir a un ser querido.
13)Ingresos anuales.
1500 galeones.
Eso era bastante para un funcionario del ministerio, pero una miseria para un Malfoy.
14)Materia favorita en el colegio.
Pociones y transfiguraciones.
15)Comida favorita.
Vegetariana.
16)Color favorito.
Verde y rojo.
17)Música favorita.
Pop, rock, latina (nada romántico)
18)Idiomas.
Búlgaro, sireno, español, inglés, francés, alemán, portugués y chino.
Uno más que él, sabelotodo.
19)Tres palabras que describan su personalidad.
Responsable, leal, persistente.
Si tiene una relación, especifique el nombre de su pareja.
-Eres más engreído de lo que pensé – levantó la cabeza para dedicarle un gesto arrogante.
-No soy engreído, estoy consciente de mis virtudes – se defendió indignado por el comentario.
-Pero no de tus defectos – le entregó el cuestionario a la otra mujer, Draco la imito – No entiendo cómo pueden creer que somos compatibles.
-Porque lo son – la tal Hestia parecía enojada con ellos – Comparten muchos gustos y su descripción física concuerda.
-Sí, pero el físico no lo es todo, ¿qué hay de nuestras personalidades? – Granger estaba exponiendo un buen caso, quiso agregar que el cuerpo de ella no era nada comparado con el de él, pero se contuvo.
-Se complementan, tú necesitas un poco de su "ligereza" – torció la boca al decir la palabra – Y él un poco de tu compromiso.
-Pero…
-¡Nada! – la bruja se levantó – Me voy, ya es hora de salida, lo siento pero no puedo hacer nada por ustedes – dicho eso recogió su bolso y se fue, dejándolos solos.
-Malfoy, creo que necesitamos hablar.
Condujo al mujeriego ese hasta su apartamento. Si tenían que estar juntos el resto de sus vidas, tenían que poner algunas reglas. Se quitó el abrigo y fue a la cocina a hacer café.
-Granger, sé para qué me trajiste aquí pero lamento decirte que no cumples con mis estándares – lo fulminó con la mirada – También quiero café.
-No hay para ti – respondió sin dudarlo, no iba a atender a alguien tan maleducado – Siéntate.
-¿Qué tenemos que discutir? – le preguntó con gesto impaciente tan pronto ella se sentó – Tengo una cita en media hora.
-Eso, exactamente – contó hasta diez intentando no perder la calma – Tenemos que poner algunas reglas.
-No sé quién crees que eres, pero yo no acepto órdenes de nadie – iba a maldecir a esa odioso – Debes aprender cuál es tu posición.
-No me vas a dejar como una estúpida frente a toda la comunidad mágica – sacó la varita y la apuntó al ancho y, según Ginny, tonificado pecho masculino – Nos guste o no, estamos unidos de por vida y creo que tenemos que hacer un esfuerzo.
-Yo no creo lo mismo – la miró como si se tratara de un insecto – Te mantendré, dormiremos juntos, tendrás a mis herederos, pero aparte de eso, no tendrás un lugar en mi vida.
-Así que ¿Podemos salir con otras personas? – él frunció el ceño, parecía que no se esperaba semejante pregunta.
-Tú no, como mi futura esposa, tienes que saber comportarte – Machista. Si él no se comprometía ella tampoco lo haría, no iba a salir con otros chicos, pero él no tenía por qué saberlo.
-Lo siento Malfoy – dijo moviendo las pestañas, como una de esas huecas que coqueteaban con él – Pero no voy a ser la única que se quede en casa.
-Te prohíbo que salgas con otros – con cada palabra que salía de su boca, la tentaba más para maldecirlo – No voy a ser el hazmerreír de la sociedad.
-Entonces creo que tienes que elegir – esa pelea la ganaría ella – O ambos somos fieles, o nos divertimos con otros.
-Comelibros manipuladora, una chica de sangre pura sabría cuál es su lugar – el desprecio con el que dijo esas dos palabras fueron la gota que derramó el vaso. Stupefy pensó con fuerza. El Slytherin salió volando hasta chocar con la pared -¿¡ESTAS LOCA!?
-Si vuelves a hacer referencia a mi estatus de sangre, juro que te maldeciré tan fuerte que no volverás a sentarte.
Se miraron con odio, en una lucha silenciosa, estaba atorada con él de por vida, pero no iba a dejar que la insultara o la hiciera sentir mal. Primero renunciaría a su varita, o lo mataría.
-Está bien, tú ganas – el casanova se levantó del suelo y se sacudió el polvo – Pero te advierto que nuestro matrimonio será un infierno si estamos condenados a estar siempre el uno con el otro.
-¿Crees que no lo sé? – pestañeó muy rápido para disipar unas lágrimas que amenazaban con caer – Estoy atrapada de por vida con un imbécil que me odia y no quiere ni siquiera tratar de mejorar esta seudo-relación.
-No te entiendo Granger – se pasó las manos por el cabello rubio, despeinándolo de una manera sexi - ¿Por qué diablos quieres tratar?
-¡Por que merezco ser feliz! – lo miró directo a los ojos – He sufrido demasiado, desde que supe que soy una bruja. Cada año en Hogwarts tuve que poner mi vida en peligro, después tuve que luchar en la guerra, cuando terminó esa pesadilla tuve que asumir mil responsabilidades para levantar una sociedad que ponía demasiada fe en mí, mis amigos murieron y mis padres no me recuerdan – no quería contarle tanto pero no podía contenerse – Siempre pensé que cuando me casara volvería a tener una vida normal, una familia normal, pero ¡NO! Estoy atorada con un mujeriego arrogante y machista – se acercó a él apuntándolo con el dedo – Así que si me preguntas porque quiero intentarlo, bueno ¡Porque es mi única opción!
La serpiente se quedó con la boca abierta, al parecer imposibilitado para responder.
-¿Sabes qué? Lárgate – fue hasta la puerta y la abrió totalmente – Si quieres ir a tu cita, vete – no iba a rogarle a nadie, ella no se rebajaría.
Al parecer eso lo sacó del trance. Caminó hasta ella y cerró la puerta.
-Tipsy – apareció una bonita elfa.
-¿Necesita algo, mi señor?
-Trae una cena para dos y dile a la señorita Dana que no iré y que no me busque – jaló a Hermione (que ahora se sentía incapaz de moverse por el shock) hasta la mesa de comedor y la sentó en una silla – Esta bien Granger, si tratamos y no funciona, entonces lo hacemos a mi manera, ¿de acuerdo?
-Sí – en tus sueños hurón – Es un trato.
Cuando Draco llegó a su casa en la noche, tenía un enorme dolor de cabeza. La cena no había ido tan bien. Él y la futura señora Malfoy tenían tantos gustos en común como puntos de vista opuestos. Aunque ambos eran fanáticos de la comida vegetariana, tenían distintas razones: él quería verse mejor y ella no podía aceptar comerse a un animal asesinado. Cada tema que salía a relucir terminaba siendo una lucha campal. Era muy difícil mantener una conversación ligera con alguien tan moralista.
Además de eso había perdido su cita con la hermosa Dana, tendría que buscar a otra chica para divertirse las próximas semanas. No iba a dejar que esa loca controlara su vida.
Apareció directamente en su cuarto para evitar el interrogatorio de su madre, entró a su baño personal y llenó la tina con agua caliente, después de casi una hora salió, se secó y se puso un bóxer cómodo. Estaba dispuesto a irse a dormir pero su amigo Blaise estaba sentado en el sillón cerca de su cama.
-¿Qué crees que haces aquí Zabini? – preguntó sin esconder su molestia por encontrarlo ahí.
-Vine para saber cómo te fue – por la sonrisa burlona que tenía el italiano, supo que estaba mintiendo.
-Escupe que quieres – deseaba echarlo de ahí – Quiero dormir.
-Mi pareja, Lovegood, me llevó al departamento de Potter y Weasly. No adivinas a quien encontré allí – Draco bufó exasperado – A Granger, les estaba contando que ustedes quedaron juntos.
-¿Así que fue hasta donde Potter a penas la dejé? – eso no era exactamente adecuado, ir al departamento de su ex tan tarde no era digno de una señora Malfoy - ¿Eso es todo?
-No – por el brillo malicioso en la mirada de su amigo, estaba seguro de que lo siguiente lo iba a molestar – Potter tomó la noticia bastante bien… - hizo una pausa dramática – pero Weasly le ofreció cambiar parejas ¿Sabes?
-¿Y eso porqué me concierne? – mantuvo su rostro carente de expresión pero sintió un poco de rencor contra el pelirrojo, en el próximo partido de Quidditch lo haría pagar.
-No me engañas Draco, aunque no te guste Granger, no permitirías que te deje por alguien que consideras inferior – el moreno se levantó y caminó riendo hasta la gran chimenea de mármol que estaba en el centro de la habitación. Cuando hubo desaparecido Draco se dio cuenta de algo.
-¡No me dijo que respondió! – se tiró en su enorme cama, pensando en cómo hacer para averiguar la respuesta de la castaña sin parecer obvio. Sonrió complacido consigo mismo. Ya sabía qué hacer.
La plática con sus amigos había ido mejor de lo que esperaba, gracias a la intervención de Luna y la presencia de Zabini, Harry lo tomó bastante bien, Ginny estaba emocionada porque ella se quedara con un chico tan sexi y Ron, bueno, se había comportado como Ron. Le había propuesto cambiar de parejas, pero después de que le explicara lo que Hestia dijo, abandonó la idea.
Ella y Ginny llegaron al departamento después de la 1 de la mañana pero no pudo dormir hasta después de las 3, debido a la incontenible emoción de su amiga, que la había obligado a ver cientos de revistas de vestidos de novia.
Ambas durmieron profundamente, sin soñar. Cuando se levantaron era casi hora de almorzar, la pelirroja se arregló para ir a comer con su prometido y Hermione, después de bañarse y meditar si valía la pena cocinar, decidió servirse un plato de Yogurt con frutas. Encendió la televisión, sintonizó su canal de películas favorito y se dispuso a disfrutar de su almuerzo cuando la puerta sonó.
La abrió con la varita sin levantarse, una de las ventajas de vivir en un edificio para magos, y se sorprendió bastante cuando el mismísimo Draco Malfoy entró.
-¿Malfoy? – estaba vestido casualmente, pero con ropa bastante cara. Se veía muy guapo, sacudió la cabeza para alejar el pensamiento.
-Granger- entró sin esperar que ella lo invitara. Maleducado – Compré este artefacto muggle y no sé cómo usarlo – Sacó un teléfono del bolsillo, último modelo, por supuesto.
-¿Para qué quieres un celular? – ese tipo era indescifrable.
-Blaise dice que es más sencillo que usar la red flu y más limpio – respondió como si fuera totalmente obvio - ¿Puedes ayudarme?
-¿Por qué no se lo pides a Zabini? – no tenía ganas de lidiar con el enorme ego del rubio.
-Pensé que sería una buena forma de "intentarlo" como tú dijiste – le dedicó una mirada sangrienta que hacía que Ron, Ginny y Harry retrocedieran, pero él ni se inmutó. Seguramente estaba ocultando algo - ¿Vas a enseñarme o no?
Le hizo un gesto para que se sentara a su lado. Le explicó cómo utilizarlo para llamar y mandar mensajes. Aprendió muy rápido por lo que decidió enseñarle un poco sobre la red y algunas aplicaciones, pero él pensó que no eran útiles y rápidamente las descartó todas, asegurando que sólo quería dejar de ensuciar sus caros trajes con ceniza.
-¿Me das tu número? – no se había esperado esa pregunta. Él no parecía nervioso ni avergonzado.
-¿Para qué lo quieres? – estaba segura de que él no estaba interesado en comunicarse con ella. Pero había ido hasta su casa para pasar la tarde juntos ¿O no?
-Puedes ser divertido enviarnos textos, además las únicas personas que conozco que tienen uno de estos son mis amigos y no es divertido hablar con ellos – por primera vez desde que comenzó la lección, los ojos grises la miraron - ¿Me lo das?
-Está bien –cogió el teléfono de y guardó su número, después se mandó un mensaje para guardar el de él – Listo.
-¿Cómo guardaste tu información en esta cosa? – preguntó volviendo a concentrarse en la pantalla. Tal vez fue sólo su imaginación, pero a Hermione le pareció que se tensó un poco al preguntarle – Espero que nada cursi como Amor, Cariño o Prometida.
-No - ¿Cómo podía ser tan insoportable un solo ser humano? – Dice Hermione Granger, no haría nada tan tonto como poner prometida.
-¿Por qué? – seguía concentrado en el teléfono, impidiéndole leer su expresión facial.
-Porque creo que aún no estamos listos para tratarnos como dos futuros esposos enamorados y felices, cuando estemos más cómodos el uno con el otro, si es que algún día pasa, lo cambiaré.
-No lo hagas, prefiero tu nombre – se levantó del sillón y le dedicó una mirada extraña – Hasta luego Granger.
-Adiós Malfoy
