Aquí está el nuevo capítulo!
Espero que sea más gracioso que el anterior, por favor dejen sus sugerencias, me ayudaría a continuar la historia.
Está vez no pondré un límite de reviews, de entre todas las sugerencias que lleguen, escogeré una para el siguiente cap... así que si quieren que algo específico pase, comenten
Besos
Estaba completamente adolorida. Enviarle el patronus a Malfoy le había drenado hasta la última gota de energía ¡y ahora no tenía huesos!
Estaba sentada en su oficina esperando por él para soportar su usual enfrentamiento con Alex y de pronto ¡Bam! Un humo rosa entró y cuando se dio cuenta estaba ciega, Harry y Ron llegaron corriendo a mitigar el caos pero ya no había vuelta atrás. Recuperó la vista al llegar a San Mungo pero hace segundos su sistema óseo se había evaporado.
No sentía dolor por el momento pero apenas le dieran la poción crece huesos eso cambiaría.
Acostada en la camilla, mientras esperaba al medimago, aprovechó para pensar en su vida. A Skeeter la habían encerrado por acoso hace casi un mes gracias a la ayuda de su prometido. Ahora salían varias veces por semana, su día preferido era el domingo, porque podía disfrutar del jardín de la Mansión Malfoy. Se sentía cada vez más cómoda a su lado, solamente habían dos problemas: su falta de experiencia con los hombres. Nunca fue del tipo de chica natural en su interacción con el otro sexo. Sólo había besando a 3 chicos: Krum en cuarto, McLaggen en sexto y Ron durante la batalla y al final de su ÚNICA cita. Por eso cada vez que pensaba en besar a alguien como el rubio se sentía insegura ¡Por Dios él se había ligado a más mujeres que todo el resto de sus ex compañeros juntos! Tenía miedo de parecerle demasiado sosa en ese sentido. Suspiró deseando alejar la idea. El otro asunto es que aún no había podido vengarse de él. Observó a sus amigos pasearse de un lado al otro.
-Tienen que calmarse - dijo con la voz que usaba en Hogwarts para obligarlos a hacer tarea.
-¡Tus brazos y piernas parecen hechos de gelatina! - gritó histérico - ¡Soy Harry Potter y si alguien no viene a atenderla me las pagarán!
-Señor Potter el doctor vendrá en unos minutos, cálmese o tendremos que pedirle que se retire – la enfermera parecía aterrorizada ante el asesino de Voldemort.
-¡Que lo intenten! ¡Yo soy el que tiene la marca! – supo que las cosas se habían salido de control cuando el pelinegro usó esa carta.
-¡Puede morir aquí si no la revisan! - añadió Ron dramáticamente – Aguanta Mione, te salvaremos.
-Ronald Weasly, Harry Potter o se tranquilizan o se van – los amenazó.
En eso un misceláneo pasó y se ganó otra ronda de risas.
Sabía que estaban nerviosos pero estaba perdiendo la paciencia. Los iba a sacar cuando una voz la distrajo.
Salió por la chimenea del vestíbulo principal, sin perder un segundo se acercó a la recepcionista. La pelirroja se sonrojó a penas lo vio y comenzó a batir pestañas muy coqueta, el sólo bufó exasperado deseando encontrar a la fuente de sus preocupaciones.
-Buenos días ¿puedo ayudarlo? - le preguntó arrastrando las palabras.
-Sí - respondió cortante y apresurado - Quiero saber dónde está Hermione Granger.
-¿Es su amiga? - buscaba entre los papeles con deliberada lentitud intentando ganar tiempo. La odio.
-¿Qué si es mi amiga? - bajó la voz, volviéndola ronca. Ella se inclinó un poco, creyendo que había caído en sus ridículos intentos de seducción - ¡NO! ¡Es mi futura esposa y quiero verla! - eso la asustó pero estaba seguro de que había entendido el mensaje: no estaba interesado.
-Cuarto piso, habitación 437 - informó temblorosa.
No dijo siquiera gracias y corrió hasta el ascensor.
435... 436... 437
Supo que era ahí antes de ver el número, Harry "cara rajada" Potter y Ron "la comadreja que besó a su prometida" Weasly estaban dando alaridos como mujeres en labor de parto. Cada vez que veía al pelirrojo la irritación crecía en él, no podía evitar recordar la foto.
-¡Puede morir aquí si no la revisan! - el grito del ex pobretón le heló la sangre.
-¡Granger! - la llamó al entrar al cuarto, ignorando las miradas de confusión de los ex Gryffindors. Estaba acostada en la cama cubierta por una manta. Ella lo miró sorprendida.
-Hola Malfoy - la sonrisa que le dedicó le erizó la piel, se veía tan frágil.
-¿Qué te pasó? - dio unos pasos hasta estar junto a ella - ¿Estás bien?
-Sí - podía ver la mentira de lejos.
-No le creas hurón – a pesar de jugar Quidditch los sábados mantuvieron los apodos - ¿Recuerdas lo que me pasó con Lockhart? – asintió casi imperceptiblemente sin dejar de estudiar a su prometida – Sus brazos y piernas están sufriendo algo parecido.
-¿Te darán poción crece-huesos? - ella asintió y él sólo pudo imaginar el dolor que sentiría - ¿A dónde irás para recuperarte? - quería cuidar de ella.
-¡A su casa Malfoy! – replicó Potter cuando entró con un hombre de menos de 30, que fue directo a la castaña - ¿Se puede arreglar? – interrogó claramente angustiado.
-Claro Harry – alegó antes de inspeccionar a la bruja - Hola Mione – no le agrado mucho descubrir que ya se conocían, frunció el ceño desconfiado.
-Hola Roger - devolvió ella con una enorme sonrisa.
-¿Se conocen? - todos lo voltearon a ver, sorprendidos por lo duro de su tono, pero hizo a un lado la vergüenza.
-Sí - la chica no dio más información - ¿Y Ron? – cuestionó fijando su mirada en cara rajada, contuvo el deseo de bufar ante su inquietud por la presencia del fósforo.
-Lo envié a buscar los efectos secundarios, estaba histérico y ya no lo soportaba – ella rodó los ojos ante la mención, era obvio que pensaba que Weasly no era el único.
-¡Como tú! - lo acusó la enferma, él no le dio importancia y se fue a para al lado de Draco - ¿Y Rachel? - preguntó dirigiéndose al estúpido medimago.
-Tranquila, de mejor humor - compartieron lo que Draco calificó como una mirada enfermiza - Ven a cenar a mi casa cuando te mejores - eso cruzó los limites.
-Claro - la miró incrédulo ante su cinismo, iba a hablar pero ella no le dio oportunidad - Llevaré a mi prometido.
-¿Quién es el afortunado? - en ese momento se sintió perdido ¿lo iba a llevar a su cita? ¿Qué clase de ideas pervertidas tenía esa mujer?
-El rubio, Draco - su nombre lo hizo reaccionar. El mago se acercó y le extendió la mano.
-Mucho gusto - fijo su vista en la ofrenda y decidió aceptarla - Roger Granger, el primo de Herms - en ese momento quiso lanzarse un Crucio a sí mismo. La abstinencia lo iba a matar.
-Draco Malfoy, es un gusto conocer a mi futura familia política – la expresión del Slytherin se suavizó considerablemente – ¿Estará bien?
-Sí pero tendrá que reposar un par de semanas - la aludida arrugó la cara.
-No importa, Ginny y yo la cuidaremos.
-De ninguna manera, no van a cancelar su viaje por mi culpa, soy perfectamente capaz de estar sola - se cruzó de brazos obstinada.
-¡No lo eres! - respondieron los tres.
-Pero Charlie los está esperando – objetó severa – No pueden ser tan ingratos.
-Sabes que tú eres su punto débil, si sabe que estas enferma el mismo nos obligará a cuidarte – al percatarse de la expresión de molestia que al ex Slytherin no le dio la gana esconder rectificó – Es decir, eres como una hermanita para él.
-Yo te cuidaré - se ofreció sin pensarlo pero no se arrepintió.
¿Escuché bien? Si no hubiera visto su boca moverse la castaña habría pensado que estaba alucinando.
-¿Ah? - se sintió estúpida por no ser capaz de articular una respuesta.
-¿Estás seguro? - Harry parecía muy preocupado - ¿Tú trabajo?
-Ser el dueño tiene sus ventajas – respondió Malfoy como sí eso solucionara todo – ¿Aceptas? - a Hermione le costó un tiempo procesar que le estaba hablando a ella.
-¿Pueden dejarnos solos? - tenía que discutirlo con él.
-Por supuesto. Aquí está la poción, tómatela - sin decir nada más arrastró a su amigo fuera de la habitación.
-¿No me quieres rechazar en público? - aunque sonó como una broma distinguió su nerviosismo.
-No es eso - el guapo y sexi r... ¿Guapo y sexi? Controla tus hormonas. La serpiente (mucho mejor) se relajó al escucharla - Sólo quiero que aclaremos algo. No me voy a quedar en tu casa.
-¿Por qué? - su futuro esposo se veía ofendido por sus palabras - ¿Tienes algo en contra de mi hogar o mi familia?
-Es que... - se devanó los sesos buscando las palabras adecuadas -... No quiero dormir ahí, sé que ella está muerta pero aún tengo miedo - admitirlo frente a él la hizo sentir terrible. Cerró los ojos muy avergonzada – Todo me recordaría ese día.
-Si te hace sentir mejor una vez me lo hizo a mí - no se movió, no tenía valor para enfrentarlo - Fueron solamente unos segundos pero pensé que me volvería loco, no sé cómo hiciste para soportarlo - Hermione no pudo reprimir más su dolor y comenzó a sollozar. Él se sentó en la cama y le acarició el pelo para calmarla. Cuando pudo hacerlo se desahogó.
-Lo que más odié fue que tú, tu madre y tu padre me observaran – abrió los ojos para soltar todo su resentimiento – Que unas personas que siempre me miraron con desprecio estuvieran para contemplar mi momento más bajo – la mirada de él se endureció pero no le importaba – Hasta hace un par de años aún lloraba antes de dormir. Cada vez que lo recuerdo la humillación vuelve a mí – él iba a decir algo pero no lo dejó – ¡Dime cómo quieres que regrese a ese lugar infernal!
-¿Crees que sólo ustedes sufrieron? – el tono rudo y su expresión de desprecio la enfadaron – ¡Vivimos con Voldemort! – se fue hasta la otra esquina de la habitación seguramente para estar lo más lejos posible de ella - ¡Cada día podía ser el último!
-Conozco el sentimiento – bajó la voz sintiéndose muy cansada de repente – ¿Pero no estaban ustedes luchando por sus creencias?
-Tenía 17 años, sólo creí lo que me enseñaron – por un segundo pareció herido pero de inmediato lo disimulo.
-Yo también tenía 17, tu padre me ofreció convertirme en mortífaga a cambio de mi vida y la de mi familia. A la semana siguiente ellos estaban en Australia y yo me estaba preparando para luchar – fijó su vista en los ojos grises – La edad no es pretexto.
-¡Perdón por no ser perfecto! – otra vez le estaba alzando la voz – ¡Perdóname por tener miedo y no ser un maldito Gryffindor! – cogió el florero y lo lanzó contra la pared, ella no se amedrentó – ¿Sabes Granger? No todos podemos alcanzar tus estándares morales. Tal vez por eso nadie ha querido salir contigo en todo este tiempo. Eres rígida como tabla, no conozco a un hombre tan estúpido como para querer acercarse a ti - cuando terminó el rostro del rubio se contrajo en claro arrepentimiento.
-Vete - lo cortó en seco.
-Granger...
-Cállate, dame la poción y vete – no gritó, se esforzó mucho por no poner ninguna emoción en su voz.
Él le dio la medicina y se sentó en un sillón, cerca de la cama.
-Quiero que te largues Malfoy – sentía su llanto amenazar y no quería que lo presenciara.
-No me iré, dije cosas que no siento y tienes derecho a estar enojada pero no voy a dejarte sola – por un lado sabía que era verdad y estaba agradecida con él por quedarse, pero por otro lado lo único que la castaña quería era que se fuera, no quería volver a verlo nunca. Él siempre tenía la facultad de hacerla sentir insegura y en ese momento ella lo odiaba por eso.
-No me gusta la caridad. Déjame sola - quería empujarlo fuera de su vida - No creo que tú seas el estúpido que quiere estar cerca de m... - no pudo decir más porque él se levantó del sillón y la besó.
No procesó lo que estaba pasando hasta que ella comenzó a responder. Estaba tan enojado con ella por ser tan buena, tan correcta e incorruptible, molesto con sus padres por hacerlo creer una estupidez y sobre todo furioso con él mismo por no tener ni un poco de valor para cambiar de bando, para ser de los buenos. Cuando vio su expresión herida supo que había ido muy lejos. No la podía dejar, sentía que sí se iba algo se rompería para siempre. Cuando ella le habló con ese tono Draco no pudo contenerse más. No la iba a perder.
Sus labios eran suaves y húmedos. Acunó el delicado rostro entre las manos para profundizar el beso. Ella era adictiva, su sabor, su olor... Succionó el rosado labio inferior rogando por permiso. Ella los separó dándole espacio a su lengua de explorar su boca. Cuando ella gimió, el rubio tuvo que reunir todo su autocontrol para separarse, estaban en un hospital y su cuerpo estaba reaccionando con muchas ganas. La miró a los ojos temiendo lo que vendría.
-¿Qué fue eso? – las órbitas chocolate estaban muy dilatadas, seguramente por la mezcla de sorpresa y deseo, su autoestima creció aún más, si es que eso era posible.
-Hermione - su nombre se sintió bien en la lengua viperina - Me encantas, lo que dije son mentiras, sólo estaba molesto conmigo mismo por todo.
-No te creo - bajó la cabeza para evitarlo pero pudo captar el rubor de sus mejillas.
-Mírame – sintió remordimiento por el tono autoritario pero detestaba no poder estudiar su expresión al hablar – Eres perfecta y cientos de hombres, literalmente, quieren estar contigo, yo soy uno de ellos – eso la hizo alzar el rostro algo que Draco agradeció.
-¿Ah sí? – sonaba escéptica – ¿Quiénes según tú?
-Yo, el italiano ese, Corner, Krum, McLaggen, McMillan...
-¡Para! – suplicó azorada – Entiendo tu punto, pero no puedes lastimarme cada vez que te enojes, no lo permitiré. Tienes que buscar otra forma de lidiar con tus demonios – sintió la esperanza inundarlo, ella estaba cediendo.
-Lo sé Hermione, lo siento – ella dudó un momento lo que hizo que en su mente comenzaran a surgir mil ideas para obligarla a perdonarlo.
-Acepto tu disculpa. Y yo también lo siento, no debí descargar en ti toda mi frustración – se inclinó y la besó de nuevo, pero con suavidad – Draco... ¿ahora... hacemos... esto? – preguntó entre roces.
-¿A... qué... te... refieres? - decidió bajar a su cuello para darle tiempo de contestar.
-A besarnos – succionó un poco detrás de la oreja – Mmmm – esa fue la señal de retirada, ella no estaba en condiciones y si seguía no podría parar. Ambos respiraban con pesadez y eso sólo lo calentó más.
-Yo no tengo intención de parar en un futuro próximo, ¿te molesta? – era una pregunta retórica, ella había disfrutado tanto como él. Su orgullo masculino se infló cuando negó con la cabeza.
-¡Aaaah! – un alarido de dolor salió de los labios de Hermione, que ahora estaban rojos por los besos. Sujetó la delicada mano, la poción empezaba a hacer efecto.
-Aguanta un poco, voy por un doctor...
-No Draco, quédate – cuando escuchó su nombre regresó a su lado y la besó en la frente – Sólo usa el encantamiento aturdidor.
-Ni en tus sueños – no iba a maldecirla – Llamaré a tú primo, te dará algo para el dolor.
-No, usa Desmaius – escrutó el rostro extrañado, ella nunca pediría algo así – No me gusta tomar pociones para dormir, tampoco para el dolor.
-¿Por qué? – no estaba seguro de si debía creerle o no.
-No te voy a contar – hizo un puchero muy dulce y Draco capturó sus labios de nuevo cayendo en la tentación, pero los dejó cuando ella volvió a quejarse.
-Eso es todo, voy por tu primo.
-No por favor – se quedó quieto expectante – Odio el sabor, casi siempre me hechizo yo misma pero no puedo sujetar mi varita.
Esperó que se riera de él, creyó que era una broma pero no fue así. Se rio fuerte. Muy fuerte. Está chiflada. Ella parecía indignada, pero él no podía parar, la bruja más valiente y lista del mundo no era capaz de tomar medicinas.
-No es gracios... ¡Aaaah! – eso detuvo el buen humor del mago.
-Te guste o no, voy por tu doctor.
Hermione se despertó a la mañana siguiente en el hospital. Se estiró. ¿Tengo huesos de nuevo?
Hizo la prueba de alcanzar su varita y lo logró ¡Yey!
Draco no estaría ahí, como por su culpa tuvo que tomar pociones le gritó que no quería verlo al despertar. Me hizo caso.
-Mione ya estás despierta – hasta ese momento no se había fijado que en la silla de la esquina estaba su prima Rachel, muy sonriente.
-Hola Rach ¿Qué haces aquí? – se sentó con cuidado, sin sentir dolor alguno.
-Vine a visitarte – se acercó a la cama se acomodó junto a ella – Él estaba muy preocupado, lo tuve que forzar para que fuera a tomar un baño. Creo que ha cambiado.
-Yo también lo pienso – decirlo en voz alta la hizo sentirse liviana – De todas formas tengo que darle una lección.
-Por supuesto – concedió la pequeña brujita.
Los hermanos Rachel y Roger Granger eran los únicos miembros de la familia que recordaban a Hermione. Siendo brujos ella no tuvo necesidad de borrarles la memoria. Se graduaron de Beauxbeatons hace diez años, tenían 27 y eran ex miembros de la orden. Ahora Rach era la editora de la revista Witches. Cuando compró la historia de Malfoy e Isabella Bernardi voló a contárselo a su prima. Ella decidió no hacer nada hasta después de que la revista saliera. No estaba ni molesta, ni herida con la aventura ¡Esa noche había salido desastrosa! Ella sabía que él no la amaba. Las cosas eran distintas ahora, si Draco tuviera una aventura en ese momento lo mataría.
A pesar de todo eso, ella lo haría pagar por mentirle. Cuando la historia fuera publicada el siete de junio, dos días después de su cumpleaños, lo haría sufrir y rogar por perdón. Nadie nunca se enteraría de la verdad. De eso estaba segura.
-¿Cómo están mis padres? ¿Y Samy? – cuando regresó los recuerdos de los Granger se dio cuenta de algo horrible: nunca podrían acordarse de ella. Puso tanto empeño que simplemente no podía deshacerse, ellos la conocían como Hermione Potter, la mejor amiga de los gemelos.
-Están muy bien, harán una enorme fiesta por sus dieciséis años – la castaña supo que no estaba invitada - ¿tú cómo estás? – demandó evitando el tema incómodo.
-Bien, felizmente comprometida – aseguró con ironía.
-Pues yo creo que si estás feliz – debatió con una sonrisa burlona.
-Nos estamos llevando bien, él no ha tenido ni una sola aventura – no estaba segura a que se debía el cambio.
-Lo sé – le dio un beso en la frente – Me voy pequeña, tu hombre debe estar por llegar – se bajó de la camilla – Nos vemos cuando te mejores.
-Adiós Ra – a penas su prima salió inició una búsqueda frenética por su teléfono. Vagó por toda la habitación. Hasta que vio lo que parecía ser su bolsa de viaje debajo de la cama, se agachó para intentar alcanzarla.
-Me fascina el panorama pero no creo que deberías estar haciendo eso Hermione – se congeló al escuchar la masculina voz de su ¿novio?
-Draco… - sus manos estaban temblando – Hola.
-Hola… - caminó hasta ella la levantó en brazos.
-¿¡Qué crees que haces!? – movió pies y manos para intentar escapar.
-Te regreso a donde debes estar – dijo poniéndola en la cama – Te ves mejor.
-Me siento bastante bien – los labios del rubio se veían tan tentadores, si estiraba un poco el cuello podría sacar la lengua y lamerlos lentamente… Pervertida, piensa en helado. Bueno podría ponerles helado también… Arrrg intenta controlarte – Tú pareces cansado.
-Dormir es lo último en lo que pienso cuando una mujer hermosa está acostada en una cama cerca de mí, con una bata que le queda grande y deja al descubierto sus lindos hombros – la sencillez con la que se expresó hizo que Hermione se sonrojara y escondiera la cabeza entre las manos – Te lo voy a pedir otra vez, mírame cuando te hablo – sintió los níveos dedos vagar por su cuello, alzó el rostro y fue sorprendida con un beso. Sin perder un segundo pasó sus brazos por la nuca de la serpiente, para pegarlo más a ella. Él gruño al sentir su entusiasmo y aprovechó para atacar con su lengua. Ella lo copió y pronto, sin saber cómo, estaba debajo de él, la necesidad de tomar aire lo hizo descender por su cuello.
-Para… Mmmm… Draco… Detente – no estaba segura de que él pudiera entender sus palabras entrecortadas.
-¿Por qué? – preguntó frenando pero sin separarse - ¿No te gusta?
-No es eso – como pudo se liberó del cuerpo masculino y se sentó con la espalda recargada a la cabecera – Creo que estamos yendo muy rápido – él no alegó nada, se enderezó y tomó posición a su lado – Y no quiero que mi primera vez sea en… - se paralizó tan pronto como lo soltó.
-¿Eres virgen? – el tono de incredulidad la hizo querer que la cama se la tragara ¿Y si me hago la dormida? No. ¿Habrá algún hechizo que vuelva a una cama un agujero negro?
-Vete – rogó escondiéndose debajo de las sabanas.
-Oh vamos no seas infantil – le dio un manotazo al escucharlo reír – No te puedes esconder ahí para siempre.
-No lo haré, cuando me traigan mi desayuno usaré la cuchara para cavar un hoyo hasta el otro lado del mundo donde comenzaré una nueva vida – eso hizo que el soltara una nueva oleada de carcajadas. Por favor llévame ahora.
Ese era definitivamente uno de los mejores días de su vida. Hermione Granger, una de las mujeres más sensuales que él había conocido. Su prometida, la futura madre de sus hijos era virgen. Él sería su primer y último hombre, ningún bastardo depravado tendría la oportunidad de disfrutar de su hermoso cuerpo. Quería saltar y bailar la macarena. Hace un minuto estaba frustrado porque ella no quiso seguir lo que estaban haciendo, pero en ese momento, a pesar de su molesta dureza, estaba dichoso.
-No tienes por qué estar avergonzada – quería ver su adorable cara sonrojada – Por favor, necesito que me mires cuando hablamos – ella dejó de sujetar la ropa de cama, él lo tomó como su autorización para retirarlas, con mucho cuidado se deshizo del escudo. Tenía los parpados apretados y una expresión de congoja inigualable. Se desternilló de la risa.
-Si lo que quieres es mofarte, sabes dónde está la salida – reprochó ella, cuando por fin tuvo acceso a esos hipnotizantes ojos cafés el deseo volvió a aflorar. Con cuidado se inclinó hacia ella, para darle tiempo de quitarse si estaba muy enojada - ¿Me vas a besar?
-¿Quieres que lo haga? – interpeló rozando su narices, lo que le envió una descarga eléctrica por todo el cuerpo.
-No – definitivamente no esperaba eso. Arrugó la frente pero se relajó cuando ella sonrió – Cierra los ojos y mantén tus manos atrás. Yo quiero hacerlo.
-Traviesa – murmuró acatando las órdenes. Era la primera vez que ella era tan atrevida. Primero rozó cada párpado, la nariz, la mandíbula y cuando llegó a su cuello el pulso de Draco iba a mil por hora, jadeó un poco, anhelando el contacto boca a boca. Intentó mover los brazos para controlar la situación pero ella se lo impidió.
-No, ya sabes las reglas – con mucho esfuerzo regreso a la posición inicial. Ella se acercó a la boca, beso la comisura y después… nada – ¿Todavía te quieres burlar de mí?
Abrió los ojos de inmediato para verla entrar en el baño.
-¡Regresa acá Granger!
Cuando le dieron de alto, más tarde ese mismo día, Draco decidió no dejarla sola. Fue a su mansión a recoger ropa y algunos papeles. Estaba alistando las cosas tan rápido como podía, Hermione y la comadreja estaban solos, Potter y la loca pelirroja estaban ocupados haciendo preparativos.
-Amo, la señora quiere verlo – no había escuchado a Typsi y la impresión lo hizo volar la maleta.
-¿Ya regresó? – pensó que tenía más tiempo.
-Sí, lo espera en el estudio.
-Arregla este desastre y empaca todo lo necesario para dos semanas.
Cuando entró al estudio su madre estaba sentada con un periódico, tocó la puerta, ella hizo un gesto con la mano. Se dejó caer en una silla frente a ella, tomó una de las tazas de té que estaban servidas y la esperó.
-Buenas tardes hijo – saludó bajando El Profeta. Casi ríe por el inusual tono formal.
-Madre me alegra verte ¿Cómo estuvo tu viaje por Europa? – le siguió el juego aunque no tenía deseos de saber porque quería evitar el tema central.
-Oh Dragón no me tortures – Narcissa Malfoy era dulce y un poco infantil – Cuéntame todo ¿Cómo es ella?
-Te habías tardado – ella le sacó la lengua de una manera muy poco madura y Draco le correspondió - ¿Qué quieres saber? – tomó un trago de la bebida caliente.
-¿Voy a ser abuela pronto? – escupió todo el té en el rostro de su mamá sorprendido por la pregunta – Querido si no sentías deseos de responder, nada más tenías que decirlo.
-Lo siento mamá pero ¿Cómo preguntas eso? – Necesito escapar, esta conversación ya la tuve y no la voy a repetir.
-Draco te he dicho mil veces que no tienes que sentirte avergonzado, es completamente normal que quieras mantener relaciones sexuales con una bruja tan hermosa como Granger – se iba a arrancar las orejas con sectunsempra
-¡Ma! Te lo he dicho mil veces, no voy a hablar de eso contigo – Que alguien me salve por favor.
-Soy una mujer moderna hijo, no creas que yo no tengo necesidades – ok, eso lo decidía, avada kedavra era el ganador – Todavía ahora que tú padre no está, las visitas domiciliarias que ofrece Azkaban son mi consuelo… - la imagen mental fue devastadora, nunca volvería a dormir.
-¡Si dices una palabra más no tendré hijos hasta los treinta! – eso fue todo lo que necesito la hermosa mujer para callarse. Le dedicó una mueca llena de resentimiento.
-Manipulador.
-Soy tu hijo – ambos sonrieron a eso – Me voy, me quedaré un par de semanas con ella. Tuvo un accidente y no puede estar sola, la dejé con Weasly pero debo regresar rápido – eso le recordó que la había dejado con su ex, maldita foto, siempre lo molestaría
-¿Estará bien?
-Si la tocó lo mataré, si no pues me imagino que estará bien – respondió confundido por la preocupación de su madre por la integridad de la comadreja.
-Me refería a mi futura nuera – sintió el rostro arder. Nunca había sido el tipo de persona que se avergonzaba, pero en ese momento quería desintegrarse – Es bueno ver que te interesa. Dale mis saludos.
-Lo haré – sin perder tiempo huyó, rogando que su prometida aceptara usar el Obliviate en él.
