Apareció en el pasillo y sacó de su pantalón una llave que la castañita le había dado.

Los voy a matar.

La comadreja estaba encima de Hermione en el sillón, besándola con entusiasmo y ella le recompensaba con gemiditos. Lo único que podía ver de ella era sus pantuflas.

-Stupefy – el ex pobretón salió volando y chocó contra la pared, corrió y lo sujetó del cuello para golpearlo a gusto - ¡NO VUELVAS A TOCAR A MI MUJER! – le gritó a la cara.

-¡DRACO SUÉLTALO! – la voz de Pansy fue un balde de agua fría - ¿¡Qué mierda piensas que haces!? – Soltó a Weasly quel le dio un golpe en la mandíbula, muy fuerte, pero no lo derrumbó.

-¿Estás loco Malfoy? – se volvió para enfrentar a la pareja - ¿Por qué me pegas?

-Yo también quiero saberlo – la única que faltaba salió del cuarto, muy confundida y caminando con un poco de dificultad - ¿Por qué golpeas a Ron? – miró la chimenea con anhelo, ojalá pudiera escapar de ahí.

-Pensé que te estaba besando – murmuró muy bajo.

-¿Qué? Repite eso, no oí – esa mujer de cabello rebelde sería su perdición.

-Pensé que eras tú en el sillón – su voz fue un poco más alta pero aún incomprensible para ellos.

-¡En voz alta Draco!

-¡Que pensé que te estaba besando a ti! – el rubio sentía el rostro arder con pena. Pans y el estúpido ese comenzaron a reír histéricamente.

-¿Por qué? – su prometida parecía indignada pero entretenida por su confesión.

-Lo único que vi fueron sus pies – todos se fijaron en los zapatos de conejo - ¿Qué querían que hiciera?

-Tienes problemas de celos hurón – fulminó con la mirada a el pelirrojo – Lo mejor es que yo y mi novia sigamos lo que estábamos haciendo en mi casa.

-Adiós chicos, Draco, compórtate – su amiga les dedicó una sonrisa antes de ser arrastrada a las llamas.

La serpiente se sentó en una silla con los codos en las rodillas y se pasó las manos por el cabello despeinándolo de manera sexi. Escuchó al motivo de su descontrol correr otra silla para sentarse a su lado. Una suave mano le acarició la mejilla. Reuniendo valor levantó el rostro.

-¿Estás celoso de Ron? – su tono suave, dulce y comprensivo lo hizo sentirse peor. No podía desconfiar de ella – ¿No confías en mí? – Eres adivina.

-No es eso - ¿Cómo explicarle lo que le estaba pasando cuando ni el mismo lo entendía? – Eres muy hermosa, sensual, inteligente, divertida, valiente y muchos están locos por ti – la mueca de incredulidad que le dedicó lo exasperó – ¡Ni siquiera puedo ir al baño!

-¿Ah? – verla rascándose la nuca como una persona normal que no entiende algo lo hubiera hecho reír de no ser por su admisión de un hecho muy humillante.

-Cuando salimos a comer no me levanto al baño porque cuando vuelvo algún tipo está tratando de ligarte – apenas lo dijo su rostro comenzó a arder. Trágame silla.

-¿Por eso comes en seco? – Draco asintió sin mirarla a los ojos – No lo sabía – no había ni un rastro de burla en ella.

-Yo sé que tú no vas a traicionarme pero no puedo evitar sentirme molesto, no tienen respeto por nada – No estaba celoso, solo ofendido, un Malfoy nunca es celoso – ¿Me entiendes? – su respuesta fue un bostezo comunal. Se veía exhausta. La levantó en brazos de nuevo.

-¿Qué haces? – interrogó su chica hundiendo su nariz en el masculino cuello desatándole un escalofrío.

-Te llevo a descansar bonita.


Cuando Hermione se despertó, ya era de noche. Una enorme sonrisa se expandió por su rostro. En la tarde había visto una faceta de Draco muy dulce. No se había dado cuenta de cuanto le importaba, aunque no había admitido sus celos, eran tan obvios. Se movió en la cama hasta dar con algo sólido. Abrió los ojos y se encontró con su prometido, sin camisa y con unos pantalones de yoga. Su rostro estaba tranquilo y en conjunto parecía un ángel provocativo. Él parecía estar dormido por lo que tomó ventaja para mirarlo. ¿Y si paso un dedito por su muy tonificado pecho? No lo hagas Mione, sé fuerte. ¿Más fuerte que un dedo? Ah pasaré la mano. No Hermione, mala, nada de perversiones. Sin dudar más con mucha delicadeza posó su mano derecha en sus definidos pectorales y de ahí la movió por los brazos.

-Si no te detienes, no respondo – sintió su cara arder al ser descubierta. De inmediato comenzó la retirada – Quieres que vayamos lento y lo haremos, pero mi autocontrol tiene sus límites.

-Lo… lo… lo siento – la castaña deseo haber sonado menos afectada - ¿Qué haces así, aquí?

-Era tú cama o la de Weasly y no tengo deseos de dormir donde Potter hace sus cosas – por fin buscó su mirada, arrugando la nariz con disgusto - ¿Tienes hambre?

-Un poco.

-Bueno, te prepararé algo – con rapidez se puso sobre ella y la beso sólo por un par de segundos – Te llamaré cuando esté listo – suspirando se levantó y salió de la habitación.

Hermione también salió de la cama para cambiarse, se puso la ropa cómoda que solamente reservaba para días libres. Era una camisa que Harry había comprado pero se había encogido y un pantalón corto que tenía desde los 14 años.

Se estaba sujetando el cabello cuando la serpiente entró. Lo vio por el espejo, sus ojos grises admiraron todo su cuerpo y luego tragó.

-Tienes que cambiarte, ya te advertí que tengo mis limites – después de recorrer su cuerpo una última vez salió como si estuviera caminando sobre carbón ardiendo.

Ella no puedo evitar reír en voz alta. Se puso un pantalón para dormir largo y una camiseta blanca para comer. En la mesa solamente había hamburguesas vegetarianas y vino, una extraña combinación.

-Draco sobre tu fiesta de cumpleaños… - tenía que aclarar eso antes de que fuera demasiado tarde-

-La cancelé – la interrumpió antes de tomar un trago de la deliciosa bebida – Tú no entrarás a la mansión y yo no haré una fiesta si mi futura esposa no va.

-Gracias – en un impulso pasó sus brazos por encima de la mesa hasta la nuca de él y lo atrajo hasta ella – Significa mucho para mí – le susurró antes de besarlo. Como siempre él respondió con ganas y sin despegarse rodeó la mesa. La levantó y posó sus grandes manos en la cintura. Ella se abrazó más a él. Cuando profundizaron el beso la castaña gimió, lo que hizo que el rubio parara.

-Deberíamos terminar de comer – comentó jadeando, Hermione asintió sabiendo que era lo mejor.


Tres días. Llevaba tres días cuidando de su prometida. Tres días que se traducían en muchas duchas heladas. El atuendo de la primera noche no salió del closet de nuevo y Draco no sabía si estar agradecido, el cuerpo de Granger en esa ropa gastada era lo más tentador. Estaba acostado en la cama, apoyado en un codo, esperando que ella despertara para que ir a la oficina a recoger unos papeles, por alguna extraña razón no quería dejarla sola. Con delicadeza le acarició el rostro. ¿Por qué tenía que ser tan bonita?

-¿Es costumbre tuya observar a las personas cuando duermen? – la expresión de ella se tornó burlona y no pudo evitar sonreír. Se inclinó y le dio un beso de buenos días. Ella reaccionó como siempre, entregándose. Se separó antes de escuchar un gemido, si llegaba tan lejos en la cama no habría forma de parar. Ella abrió un ojo - ¿Por qué estas despierto tan temprano?

-Porque tengo que ir a mi oficina y quiero que me acompañes – ella se sentó de golpe y le dio un sonoro beso en los labios antes de correr al baño. Soltó una carcajada ante su entusiasmo.

-Me ducharé en el de invitados, te quiero lista en veinte minutos.

El agua helada lo ayudó a relajarse un poco, se puso un pantalón de mezclilla y una camisa tipo polo verde y una jacket de cuero café, sólo iba a recoger unas cosas, no necesitaba un traje.

Su bonita… Wow ¿De dónde salió es? Bueno es bonita, hermosa y ciertamente es mía. Su bonita salió del cuarto con un atuendo muy parecido, las botas negras de tacón alto le añadían unos centímetros pero no los suficientes para hacerla parecer alta. Adorable.

-¿Vamos? – le extendió la mano como una invitación que ella aceptó – ¡Industrias Malfoy, oficina principal!


Entraron en la oficina y sin soltarle la mano, Draco la arrastró hasta el escritorio.

-Buenos días señor Malfoy – Anabeth apareció en la puerta, su enagua era demasiado corta y su voz trataba de ser seductora – ¿Le puedo ayudar en algo? – el doble sentido de las palabras lo incomodó.

-Buenos días Anabeth, ella es mi prometida la señorita Hermione Granger – hasta ese momento pareció reparar en la castaña. La atrevida secretaria le dedicó un gesto de desprecio que enmascaró muy bien – Hermione ella es la secretaria de Presidencia.

-Hola – la voz severa de su prometida lo sorprendió, ella soltó su mano y se sentó en su regazo – Trae dos cafés, sin azúcar, con un poco de leche. Puedes irte – la sonrisa de suficiencia de la castaña fue muy erótica para Draco.

-¿Disculpe? – lo disgustó el tono rebelde que usó con la futura dueña de la compañía.

-La escuchaste, rápido – recalcó Draco, Hermione le dedicó una mirada complacida al rubio, y lo besó con rapidez en la boca.

-¿Esperas algo? – le preguntó burlona a la exuberante mujer.

-No señorita, en seguida los traigo.

Tan pronto como Anabeth salió ella se puso de pie.

-Con razón te gusta trabajar – el resentimiento captó la atención de Draco ¡Estaba celosa!

-No sé de qué hablas – alegó acercándose a ella y rodeándola con sus brazos.

-De la modelo que tienes como secretaria – replicó intentando soltarse.

-Es muy hermosa, es cierto – aguanto las ganas de reírse para ver hasta dónde podía llegar - ¿Te molesta?

-No, no tiene por qué molestarme. Suéltame – aunque ella usaba toda su fuerza era ridículo siquiera pensar en que pudiera ganarle al enorme y musculoso Slytherin.

-Además es muy inteligente – continuó divertido.

-Me alegra, suéltame – su voz sonó furiosa. Con todas sus fuerzas intentaba alejarse de él.

-Y muy divertida – dijo apretándola más.

-¡Déjame! – ordenó a punto de llorar.

-Lo siento – ya la broma no parecía graciosa - ¿Te sientes mal? - ¿la habría lastimado? Bruto, acaba de recuperar sus huesos.

-¿Te has acostado con ella? – la pregunta tomó a la serpiente descolocado ¿Le mentía o le decía la verdad? – Responde.

-Una vez hace ocho meses – aceptó no queriendo esconderle más cosas, lo de la italiana vulgar era suficiente – Juro que fue sólo esa vez.

-Quiero que la eches – sus ojos estaban llenos de agua y su voz sonó como una súplica, no entendía porque le afectaba tanto verla así.

-¡Anabeth! – la desvergonzada entró con una sonrisa ante el llamado de su jefe.

-Dígame señor Malfoy – si eso era lo que Granger quería, no se lo negaría.

-Estas despedida, recoge tus cosas y pasa por tu cheque a personal – le informó la futura señora Malfoy con total seriedad.

-Draco por favor dime que es una broma – la rubia caminó hasta él e intentó agarrarlo del brazo. La castaña se lo impidió - ¿Cuál es el motivo?

-Mi prometida quiere que te vayas y para mí, eso es suficiente – le señaló la puerta, dando el tema por cerrado.


-Hermione ¿Qué fue eso? – la pregunta del hurón la dejó desconcertada. No confiaba en él cerca de mujeres hermosa, después de todo, ya la había engañado una vez.

-Draco en las últimas semanas tú me has empezado a importar – con esa pequeña confesión se ganó una mirada cargada de un sentimiento que no pudo identificar – Sé que ella es mucho más hermosa que yo y me hizo sentir… - Insegura. Jamás lo diría – Si esto va a funcionar necesitar alejar la tentación.

-Tú eres mi única tentación. Eres mil veces mejor que ella – estudió el atractivo rostro buscando algún indicio de mentira – Eres la primera chica que me preocupa, me desafía y me provoca, todo con la ropa puesta – bajó la cara, avergonzada por sus palabras – Mírame cuanto te hablo – otra vez ese detestable y sexi… ¿Sexi? Tendrás que buscar algo para normalizar tus hormonas Granger. Otra vez ese detestable e irritante tono autoritario – No sé qué siento por ti, pero me importas, no te voy a lastimar.

-Toma lo que sea que necesitas, quiero que nos vayamos a casa – él asintió y se inclinó para darle un beso en la frente.

-Dame un minuto.



-Sí.

-No.

-Sí.

-No.

-Sí.

-No.

-No.

-Sí-

-Genial, iré a cambiarme – feliz con su victoria corrió hasta la habitación.

-Granger ven acá que esto no ha terminado – le gritó su prometido desde la sala – No saldremos hasta que estés totalmente recuperada.

-Malfoy ya terminó mi reposo, hoy es tu cumpleaños y quiero llevarte a celebrarlo – ya lo había decidido.

-Lo haremos después, no hoy y no en una de esas cosas mortales – debatió a través de la puerta.

-Un parque de diversiones no es letal – se cambió la playera y los zapatos. Él no dijo nada más. El que calla otorga ¿No? Salió a la sala sonriendo pero se detuvo en seco.

-Señorita Granger – la elegante mujer se acercó extendiendo la mano – Un gusto en conocerla.

-Ya nos conocíamos señora Malfoy, en su mansión, hace unos años – respondió sin malicia, como un reflejo, cuando vio a los dos rubios palidecer rectificó – Pero es un gusto verla de nuevo.

-Quería hacerle una visita, pero creo que no soy oportuna – se revolvió afligida, seguramente por el comentario de su nuera – Siento haberla molestado.

-¡No! Espere… - se iba a arrepentir toda su vida por lo que iba a hacer – Vamos a salir ¿Nos quiere acompañar?

-No es necesario Her… - Draco no parecía convencido pero su madre le ganó la partida.

-Por supuesto que iré.


Gracias por sus comentarios!

a los no registrados

Lorena: Gracias por seguir leyendo, espero sacarte al menos una sonrisa.

bello: Gracias por decir que soy tu favorita, espero no decepcionarte, en el próximo cap irán a un karaoke y tal vez tenga que bailar la macarena jajajaja

arimales: actualiz veces por semana, así que no te aburras.

Espero que les guste el cap!

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